ANNA LIZARAN, por Yolanda Aguas

ANNA LIZARAN,  actriz.

Video “Homenatge a Anna Lizaran”  es  (c)  TeatralNet

Ya no es mágico el mundo. Te han dejado. Ya no compartirás la clara luna ni los lentos jardines.  Ya no hay una luna que no sea espejo del pasado,  cristal de soledad, sol de agonías. 

 

Sólo me queda el goce de estar triste, esa vana costumbre que me inclina al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

(JORGE LUIS BORGES, 1964)

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(Escuchen su maravillosa voz, en una escena de la película de VENTURA PONS:  El porqué de las cosas)

(Y una divertida entrevista en RADIO BARCELONA. CADENA SER):

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DECLARACIONES DE ANNA LIZARAN :  LO QUE PENSABA SOBRE SU PROFESIÓN, con motivo del estreno de la película de VENTURA PONS:  ACTRICES (Actrius – 1997):

“He hecho alguna cosa en el cine, pero lo mío ha sido el teatro.  La primera película fue precisamente con Ventura Pons: El vicari d’Olot.

Me gusta trabajar con él, sobre todo después del monólogo de El porqué de las cosas. Te deja ensayar y eso siempre se agradece.  Me gustaría aprender con él este oficio, tocar techo.  Sabe que puede contar conmigo.  Cuando vi E.R. (obra teatral de Josep María Benet i Jornet) en el teatro pensé que el papel que hago en la película sería el que me gustaría para mí, por eso cuando me llamó le dije que sí, ahora, con quién sea y cómo sea.  Y la elección de actrices no ha podido ser mejor.

Para mí el actor es la persona que puede ser lo que no es en la vida, pero no como terapia sino como juego.  Yo puedo estar por la mañana comprando en el supermercado ajos y patatas y por la noche sé que puedo ser el rey Lear o una puta alcohólica.  El teatro es una gran mentira sincera, aunque en la vida también hay momentos de una intensidad muy fuerte.

Soy buena espectadora, pero prefiero hacer teatro que verlo. O incluso dirigir, algo que hice recientemente y me lo pasé en grande.  Yo nunca tuve ninguna maestra, ninguna Empar Ribera como la de la obra.  Soy de Esparraguera, ya sabe, pastorets, la Passió, muchos grupos amateurs.  Estuve con Comediants y ahora ya hemos celebrado los 20 años del Teatre Lliure.  Son muchos en una compañía, sé que puedes cansarte como se cansan los matrimonios, pero por ahí ha pasado mucha gente.

Me considero muy buena actriz, aunque conozco mis limitaciones y ya no me interesa luchar por según qué.  Sé que me hago mayor y que hay papeles que se me escapan, pero no me sabe mal.  También pienso, sin nostalgia, en unas cuantas interpretaciones deliciosas.  Cada momento es el momento y cuando se llega a una cierta edad es cuando el actor o la actriz consigue ese poso de vivencias donde buscar.  ¿La popularidad?  No me interesa mucho.

Una es muy dura consigo misma.  La crítica a veces tiene razón, a veces ninguna, porque el teatro no es una ciencia exacta, es algo vivo y cambia con cada función, aunque se trate de la misma obra.  En cualquier caso, el público siempre tiene la razón, a él le debemos nuestro trabajo.  Soy de las que piensa que al público se le puede educar, que en teatro tiene que haber cosas asequibles o cosas más experimentales y que lo popular no es sinónimo de malo, ni lo experimental, de sublime.

No moriré encima de un escenario, sería un susto para quienes te están mirando y afortunadamente en la vida hay muchas cosas con las que disfrutar aparte del teatro.  No soy una fanática ni del teatro ni de la interpretación.  Todo llega, los momentos de éxito y de declive.  Y te lo has de tomar todo con calma.  ¿El consejo a una actriz que comienza?  Que se arriesgue mucho, que busque, que no tenga miedo al ridículo, que se moje el culo.  Equivocándose es como se aprende”.

1358005860455Azdak. El circulo de tiza caucasia B. Belcht TNCGalatea en el TNCGalactia. Escenes d'una excucio. TNCLizaran-Alicia-Perez-Lliure-Gracia_EDIIMA20130113_0164_14Lizaran-ROS-RIBAS-TEATRE-LLIURE_ARAIMA20130112_0130_10Mme Kampf EL BALL TNCViolet. mare de AGOST TNC

Su trabajo en AGOST, en el TEATRE NACIONAL DE CATALUNYA:   Memorable e histórico.

DECLARACIONES DE ANNA LIZARAN :  su trabajo con el prestigioso TEATRE LLIURE:

“En el LLiure, la obra la elige el director, así ha sido siempre.  En alguna reunión se intentó decidir títulos colectivamente, pero la cosa no salía.  Los actores, a menudo, van encadenando trabajos: mientras representan una obra, ya ensayan otra.  Eso va muy bien para los dos personajes.  Unos de los contrastes más fuertes que he vivido en ese sentido es cuando trabajaba en la función de Danza de agosto y ensayaba Quartet:  los personajes eran uno la antítesis del otro.   Aprovechas lo que te guardas en uno, lo das en el otro.   Favorece tu faceta de actriz.  Te hace estar muy despierta.  Los primeros diez años del LLIURE esta alternancia era continua y físicamente resultaba agotador, ahora está más dosificado”.

En los años de los que hablaba ANNA LIZARAN, los actores hacían algo más que meterse en la piel de dos personajes: “hasta limpiar los lavabos.  Estábamos tan firmemente convencidos de la importancia de sacar adelante el Lliure… Al acabar un espectáculo, en la última función, desmontábamos la tramoya entre todos.  Ahora ya hay gente que se encarga específicamente de esas tareas, pero te queda esa cosa sufridora, que yo creo que es muy característica de los actores del Lliure: te preocupas del conjunto, se te va el ojo a un roto en el decorado, a un clavo que sale…”

1979 La bella Helena1986-87 La senyora de Sade (Ros Ribas)2000 La nit de les Tribades (Ros Ribas)1977 Leonci i Lena1985 La señorita Julia (Ros Ribas)1990 Maria Estuardo (Ros Ribas)2000 El jardín de los cerezos (Ros Ribas)2006 La tempestad (Ros Ribas)1983-84 Al vostre gust (Ros Ribas)

CONMOCIÓN EN LA FAMILIA DEL TEATRO AL CONOCER EL FALLECIMIENTO DE ANNA LIZARAN:

(LA VANGUARDIA – Editorial del día 15-01-2013)

La relación de obras en que ha participado, de papeles que ha interpretado y con los que ha despertado la admiración de la audiencia, es larga. Cada aficionado al teatro tendrá sus preferencias, pero muchos coinciden en señalar sus actuaciones en La bella Helena, La senyoreta Júlia, Un matrimoni de Boston o Agost como logros para el recuerdo.

El prestigio de una actriz se construye, obviamente, a base de papeles exitosos. Y esos papeles exitosos los construye la actriz echando mano de una serie de recursos interpretativos que, en el caso de Lizaran, eran abundantes y de gran calidad. Quienes estos días la han despedido en nuestras páginas –críticos como Joan-Anton Benach y dramaturgos y directores como Sergi Belbel, Pau Miró o Ventura Pons, entre otros– han subrayado su pasión, su sensibilidad, su poderío, su entrega, su ternura, su humor, su perfeccionismo… Y estas han sido, en efecto, como reconocerán tantos espectadores, algunas de las muchas cualidades de Lizaran; de ese haz de talentos que convierten a una creadora de la escena en una figura enorme y única. Lizaran lo ha sido, porque ha llevado su profesión a un nivel de excelencia que pocos alcanzan.

Y por ello la evocamos ahora con tristeza, dado el vacío que abre su pérdida, pero también con infinita gratitud por tantas veladas en las que su arte interpretativo nos sedujo, nos maravilló y nos conmovió.

(EL PAIS –  por MARCOS ORDÓÑEZ 16-01-2013)

DE PIE, SEÑORAS Y SEÑORES

Ya somos, de golpe y para siempre, los que diremos “nosotros vimos actuar a la Lizarán”. La enorme Anita, salvaje y generosa, payasa y trágica, impúdica y sutilísima, con un talento más allá de toda medida y un corazón más grande que el Camp Nou. Qué escándalo, qué despilfarro. Tantos discípulos que ya no podrán aprender de ti, tantos espectadores que van a quedarse sin una nueva dosis de poesía y felicidad. Todas las obras que ya no harás, todas las películas en las que podrías haber actuado. Ha muerto Anna Lizaran y ha llegado el frío.

Teníamos que vernos. Teníamos que llamarnos. Está visto que no puede dejarse nada de un día para otro. Mi mujer te vio la noche de tu muerte. Hacía tiempo que no teníamos noticias. Te asomaste un momento a despedirte. Veíamos por televisión a Norma Aleandro en un episodio de En terapia, con Diego Peretti. Dijo: “¿Has visto? Ese gesto, esa mirada es de la Lizaran”. Vale, Anita Ariel, mensaje recibido. Y luego, a primera hora de la mañana, la desvelada crónica de Jacinto Antón, y en la cabeza un verso, como una jaculatoria, como un estribillo obsesivo, aquel verso de Chora, de Josep Maria de Sagarra: “Aquesta gràcia de la terra / no creguis que amb la mort hagi acabat”.

Cuánta gracia, cuánta vida, cuánto teatro. Ahora tendría que venir la enumeración de tus trabajos, pero no: demasiadas interpretaciones culminantes, no caben, desbordan este artículo como desbordabas tú el escenario, siempre en el tono, siempre en la verdad, en comedia y en drama. Dejémoslo en primera y última. La primera fue, en mi memoria, un triple deslumbramiento, La nit de les tríbadesLa bella Helena, Les tres germanes, en aquel irrepetible Lliure del 78. En la última, Dues dones que ballen, de Papitu Benet, también en el Lliure, tragabas cincuenta pastillas bailando Something stupid. Decías: “Estoy harta de morirme, en las últimas temporadas ya me he muerto mucho”. Y era verdad: ForastersAgostDues dones… Por eso te apetecía tanto hacerLa Bête, pero ya no hubo tiempo. Querías volver a reír, tú, que te reías de la luna, que no concebías la vida sin risa, que cuando te preguntaron, muy serios, muy sorprendidos, por qué habías elegidoArsénico y encaje antiguo para tu debut como directora, respondiste: “Porque es muy divertida”.

Las grandes (la Espert, la Sardá, la Machi) sois tremendamente divertidas. ¿Te acuerdas cuando la Espert fue a tu camerino a llenarte de elogios, la noche en que os conocisteis, y tu te quedaste muda y al cabo de un rato contestaste “Creo que mañana me compraré una nevera”? Y aquella gloriosa borrachera durante la gira de Godot, cuando te levantaste en el bar con la irónica majestad de Tallulah Bankhead y le dijiste a Jesús Castejón “Esta noche iré caminando hasta el hotel”, y el hotel estaba enfrente, al otro lado de la calle. No cruces esa calle, Anita. Quédate un rato más, tómate la penúltima y cuéntanos otra historia. Vuelve a recordarnos los nombres de los perfumes y los alegres alcoholes que elegías para cada obra, un pequeño toque tras las orejas, un corto trago antes de salir a escena. Vuelve a decirnos que lo peor de Agost era estar tanto rato en aquella habitación tan alta, casi en los telares, sin poder orinar, y nosotros sabíamos que decías eso, humilde como todas las grandes, para quitarle importancia a la torrentera de plácemes. Vuelve a hablarnos de tus proyectos, vuelve a ponerte tu careta de perezosa incorregible, tú, justamente tú, que como cuenta Belbel eras incapaz de hacer una italiana sin echar toda la carne en el asador, como si cada ensayo fuera estreno. Escucha lo que dice de ti María Delgado en Contemporary Theatre Review: “Tenía la alegría de Judi Dench, el ingenio de Maggie Smith, la terrestre humanidad de Pauline Collins, la fiereza de Helen Mirren, la intensidad vocal de Fiona Shaw”. Sopla un viento fuerte, no te oigo, echas a andar, te nos vas hacia nuestro pasado, hacia el país de los grandes muertos y las grandes noches. La reina Lizaran acaba de efectuar su salida de escena y se dispone a entrar en el hotel, al otro lado del telón. De pie, señoras y señores.

1977 Ascensió i caiguda de la ciutat de Mahagonny1977 La cacatua verda1977-78 Titus Andrónic1978 Hedda Gabler1978 La vida del rei Eduard II d'Anglaterra1980 El misántropo (Ros Ribas)1976-77 1 Cami de nit1980 Jordi Dandin (Ernest Serrahima)1980 El balcó (Ros Ribas)1983 Advertencia per a embarcacions petites (Ros Ribas)1985 Un dels ultims vespres de Carnaval (Ros Ribas)1987-88 Lorenzaccio Lorenzaccio (Ros Ribas)1989 Las noches de Figaro (Ros Ribas)1990 Capvespre al jardí (Ros Ribas)1992 El dol escau a Electra (Ros Ribas)1992 El parc (Ros Ribas)1996 Lear o el somni d'una actriu (Ros Ribas)2005-2006 Un matrimonio de Boston (Ros Ribas)homenatge-a-anna-lizaran-1

(EL PAIS –  por JACINTO ANTÓN 14-01-2013)

Lágrimas, risas, aplausos y besos por Lizaran

La última función de Anna Lizaran fue de las que no se olvidan. Su familia, compañera Irene y amigos orquestaron una ceremonia de despedida laica maravillosa. No podía irse la Lizaran de bolo, ese bolo definitivo del que nadie regresa, parafraseando al Bardo, de mejor manera. Una verdadera multitud, con la profesión teatral en masa, abarrotó la capilla del tanatorio de las Corts en el mejor reparto de la historia de la escena reciente. Todos eran secundarios. Entre los presentes, Eduard Fernández, Josep Maria Pou, Enric Majó, Imma Colomer, Àlex Rigola, Frederic Amat, Xavi Clot, Maife Gil, Daniel Martínez, Lluís Soler, Pere Arquillué, Oriol Broggi, Rosa Maria Sardà, Carme Sansa…. Entre los políticos, Pasqual Maragall, el alcalde Xavier Trias y el consejero de Cultura, Ferran Mascarell. La gran estrella yacía en el ataúd y destellaba en una pantalla mientras sonaba la voz de Sílvia Pérez Cruz cantando Plora amb mi.

En una ceremonia llena de momentos emotivos destacó el sonetí de la Rosada de Toldrà interpretado al violín por la sobrina nieta de Anna Lizaran, Maria Florea. Elisenda Roca, gran amiga de Anita, condujo parte del acto y recordó a la actriz en el escenario y en la intimidad haciendo llorar y reír alternativamente a los asistentes en una verdadera montaña rusa de emociones desbordadas de la que nadie salió indemne. “Era imposible no quererla”, sintetizó Roca, tras recordarla sufriendo con el Barça o su obsesión con poner lavadoras. El periodista televisivo Josep Lluís Merlos, primo hermano de la Lizaran, mezcló genialmente sentimiento y bromas para evocar a una mujer capaz de tantos registros emotivos. “¡Ni Xirgu ni hostias, Anita es la más grande!”, exclamó, arrancando una ovación. La imaginó de gira en Citerea o en Mahagonny, o cabalgando en la grupa del caballo de Joaquin Murrieta –aquí Lluís Homar, en primera fila, por alusiones, apuntó en voz alta: “¡Yendo a comprar una nevera!”. Recordó Merlos la frase de la actriz “tocaros que son cuatros días” e invitó a todos los presentes a besarse, lo que la gente hizo sin reservas. El Cant del Ocells provocó una oleada de tristeza casi física, punteada de suspiros. Sergi Belbel tomó la palabra para recordar la polivalencia de la actriz y la mujer, capaz de todos los papeles del Auca. “La mejor en todo, como actriz, mujer, amiga”. Predijo que un día “seremos envidiados al decir: ‘yo trabajé con la Lizaran, yo ví a la Lizaran o la Lizaran me dijo esto o aquello’”.

Destacó cómo era “insuperable en el renegar: nadie decía ‘Merda’ como tú”. Y la evocó en el palco del FC Barcelona con una bufanda para taparse la boca y poder insultar con los peores denuedos al árbitro sin que nadie se enterara de que era ella la que gritaba. Se le rompió la voz al acabar: “Sensa tu la vida serà una verdadera merrrrda. Te querremos siempre”. La ceremonia tuvo incontables momentos inolvidables. Concluyó con un audiovisual con imágenes de la carrera de la actriz, incluidas unas inéditas de sus ensayos de La Bête en el Teatre Nacional de Catalunya (TNC), obra que no pudo llegar a estrenar. El actor que la sustituyó, Jordi Bosch, se emocionó visiblemente al verla con el mismo disfraz que usó luego él. El acto acabó con todos los asistentes puestos en pie y un larguísimo aplauso que arreciaba por momentos como una lluvia sobre los cristales. La última salida de escena de Anna Lizaran se produjo mientras los empleados de la funeraria sacaban su ataúd y sonaba una fanfarria. A algunos entonces les desbordó la emoción: Joel Joan lloraba a moco tendido y Julio Manrique acudió a consolarlo. Montse Guallar se manifestaba huérfana. Un pequeño corro juntó fuera ya a Fermí Reixach, Toni Sevilla y Homar, viejos camaradas del viejo Lliure. Mientras la multitud se desperdigaba un frío insoportable parecía llegarte hasta los huesos. Cayó el telón. Anna Lizaran se ha marchado y qué difícil va a ser acostumbrarse.

(LA VANGUARDIA –  por XAVIER ANTICH 21-01-2013)

 SE LLAMABA ANNA LIZARAN

Y a nadie que la haya visto en un escenario puede extrañarle la conmoción que su muerte ha provocado. Otros, estos días, lo han recordado desde la proximidad amistosa y las confidencias por haber compartido intimidades. Yo, como otros miles de espectadores teatrales, no la conocí en persona. Y sin embargo, desde 1980, cuando la descubrí en aquel incendio de pasiones desatadas que se produjo en el Teatre Lliure de Gràcia con aquel prodigio que fueron las representaciones de El balcó de Jean Genet, no he dejado de asistir a sus creaciones como si fuera alguien muy próximo.

Una práctica habitual, quizás bienintencionada, hace que, ante cualquier muerto del mundo de la cultura o la política, se hable, a menudo con aspavientos exagerados, del difunto, y a hacer elogios que sólo pueden expresarse con la tranquilidad que el viento se lo llevará con la misma frivolidad que se dicen. Y, así, somos capaces de convertir a un poeta de domingos en un candidato olvidado por el Nobel o a un político franquista en el responsable del retorno de la democracia. Sin embargo, en el caso de Anna Lizaran, sobre la que se han escrito cosas elogiosísimas estos días, nada ha sido exagerado ni fuera de medida, porque ella ha sido, sin duda, una de las grandes damas del teatro europeo de nuestra época.

El gran Lluís Pasqual la convenció en 1976 para volver de París, donde estaba siguiendo los cursos de Lecocq, y formar parte del equipo fundador del Teatre Lliure. “Un lugar”, escribió hace años Pasqual, “donde todo el mundo, arriba y abajo -y esta frontera queríamos disolver- vive un mundo, una experiencia diversa y próxima. Que está allí, pero que también está dentro”. Un teatro con vocación pública, de construcción de espacio en común, de experiencias compartidas, de verdad sobre nuestro mundo. Un teatro que quería hacer mucho más que teatro. O, dicho de otra manera: que quería hacer teatro de verdad. Teatro que hablara desde la vida, y que devolviera la vida más rica, más sutil, más densa. Nada de teatro como entretenimiento, para ocupar el tiempo, para pasar el rato. Entonces, de eso, se decía, y creo que justamente, teatro de arte. Y en este cometido, Anna Lizaran, fue una pieza clave de una renovación esencial del teatro catalán, comparable a la que se estaba produciendo aquellos años en el teatro europeo: en París, en Milán, en Berlín…

Anna Lizaran recordaba una anécdota a raíz de la preparación de un montaje ya mítico, La nit de les tríbades, la obra del beso en la boca con Muntsa Alcañiz, en que, por primera vez, veíamos en escena, y de bien cerca, emocionados, los amores de una mujer por otra mujer. Era una obra, decía la Lizaran, en la cual el riesgo, como siempre, era teatralizar demasiado, y en la que se pretendía, como también casi siempre, “interpretar a partir de nosotros mismos, con nuestros gestos habituales, nuestra manera de hacer”. Preparando la obra, recordaba la Lizaran, hicieron, a sugerencia de Fabià Puigserver, una prueba. Carlota Soldevila tenía una perra, Masha, que siempre estaba en el Lliure con ellos. Y, cuando trabajaban, Masha lo sabía perfectamente, y se ponía a dormir en el taller del lado de la sala de ensayo. Sólo salía cuando reconocía, y lo hacía siempre, desde la otra sala, que el ensayo se había acabado y en las conversaciones, el tono de las palabras y el ambiente se hacía audible que ya se había acabado el teatro. Con esta obra, Puigserver propuso que había que engañar a Masha, conseguir que se presentara en el ensayo mientras trabajaban, convencida, sin embargo, de que ya habían acabado. Y cómo decía, pícara, y muy contenta, Anna Lizaran, lo consiguieron a menudo, varias veces. Eso fue el Lliure de aquellos años. Y eso era Anna Lizaran, la vida en escena, la verdad teatral, siempre, hasta este terremoto que fueron las representaciones de Agost, en el TNC, la obra más vista del teatro catalán y que permanecerá en las retinas y la memoria de miles de espectadores.

Cada uno tendrá, entre los pasadizos del recuerdo, la función en la que descubrió a la Lizaran, sabiendo que tenía enfrente un prodigio. La despampanante La bella Helena, la sutileza de la Primera història d’Esther, el hachazo de La senyoreta Júlia, el emocionante Leonce i Lena -con una divertidísima Lizaran de rey-, los increíbles ejercicios de transformismo de Al vostre gust o Quartet, el drama de Una jornada particular… La Lizaran habría podido decir, quizás lo dijo, lo que repetía a menudo Maria Casares: “Hago teatro para estar en peligro”. Porque siempre era ella: no porque se pusiera, ella, en cada papel, cosa que le habría sido muy fácil, sino porque cada papel era una forma de explorar la fragilidad y la vulnerabilidad de las identidades que recreaba o, también, la fortaleza del carácter, a veces, incluso, en el momento de hundirse o hacerse trizas.

En Camí de teatre, Lluís Pasqual explicó una historia bellísima, a raíz de descubrir, estupefacto, una vez, que una misma mujer, a la que no conocía, había ido al teatro tres veces a ver la misma obra. “¿Como es que ha venido tres veces seguidas a ver el espectáculo?”, le preguntó. Y ella, como la cosa más natural del mundo, le contestó: “¿Sabes?, en el teatro, te sientes menos sola…”. Sé que, por eso mismo, porque muy a menudo nos ha hecho sentir menos solos, somos miles los espectadores conmocionados por la muerte de Anna Lizaran que, en el momento de su desaparición, sólo podemos sentir una gratitud infinita y, además, las ganas irreprimibles de decirlo en voz bien alta.

1993 Quartet (Ros Ribas)2011 Dues dones que ballen (Ros Ribas)1999 Esperando a Godot (Ros Ribas)2012 Valere, la Bestia de David Hirso. Dir. Sergi Belbel.

Dejamos un video muy bonito que un admirador hizo por ella:

Y otro más…

(c)  Las fotografías que aparecen en este post son propiedad de sus autores:  Teatre Lliure y Teatre Nacional de Catalunya (se han utilizado para nuestro homenaje a ANNA LIZARAN).

(c)  Los textos que adjuntamos de la prensa especializada, por el fallecimiento de Anna Lizaran,  son propiedad de sus autores y  respectivos periódicos. 

(c) Los videos que hemos adjuntado en este homenaje a la gran ANNA LIZARAN, son propiedad de sus autores.

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