LOS PARAÍSOS PERDIDOS (Dir. BASILIO MARTÍN PATINO), por Yolanda Aguas

“Nuestras almas tenían que atraerse con tanta más fuerza porque hasta entonces habían estado cerradas contra nuestra voluntad.

Nos encontrábamos como dos torrentes que ruedan desde lo alto del monte y echan fuera de si la carga de tierra y piedras y madera podrida y el inerte caos que los frena para abrirse paso el uno hacia el otro y llegar a confluir en aquel punto donde, atrapándose uno al otro con la misma fuerza, unidos en una misma corriente majestuosa, comienza su peregrinaje hacia el inmenso mar”.

HÖLDERLIN, Hyperion

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Cada vez que hago una lista de mis películas españolas preferidas, LOS PARAÍSOS PERDIDOS de Basilio Martín Patino figura siempre entre las 5 primeras.   Pasan los años, algunas se mueven arriba o abajo en el ranking, llegan nuevas y otras desaparecen de la lista, pero esta obra maestra del cine español permanece inamovible entre los 3 primeros puestos.

Al final de este sincero homenaje al cine de Basilio Martín Patino, haré un pequeño resumen de las excelentes críticas que obtuvo en su estreno, en 1985, entre la más prestigiosa prensa cinematográfica española y entre los periodistas internacionales acreditados en el Festival de Venecia donde participó en la Sección Oficial de 1985.     Me parece muy oportuno incluirlas porque, sinceramente, hoy en día es muy difícil encontrar una película que reciba unas críticas tan unánimes y positivas como las que esta obra maestra recibió en todo el mundo.

Para comenzar a hablar de esta joya del cine español (rodada en las ciudades de Toro y Zamora), de justicia es mencionar a las personas que trabajaron en ella:

Guión y Dirección: BASILIO MARTÍN PATINO

Productor Ejecutivo: JOSÉ LUIS GARCÍA SÁNCHEZ

Fotografía: JOSÉ LUIS ALCAINE

Montaje: PABLO DEL AMO

Música:  CARMELO BERNAOLA

Intérpretes: CHARO LÓPEZ, ALFREDO  LANDA, MIGUEL NARROS, JUAN DIEGO, ANA TORRENT y FRANCISCO RABAL.

El cine de Martín Patino apenas ha sido comercial, jamás se ha dejado influir por las corrientes del momento o las exigencias de la taquilla.  Su personalidad ha estado siempre por encima de cualquier presión comercial.  Eso le ha permitido realizar un cine personalísimo que ha sabido enamorar a un público que siempre le ha sido fiel.   Sin duda se trata de un director único dentro del panorama cinematográfico español.

En 1965 rodó “Nueve cartas a Berta” que ha sido definida como la primera película moderna del cine español.  En 1971 rodó “Canciones para después de una guerra”, en 1974 “Queridísimos verdugos”, en 1976 “Caudillo”, en 1985 “Los Paraísos Perdidos”, en 2002 “Octavia” y, su último trabajo – un documental sobre el 15M- fue estrenado en marzo de 2013, “Libre te quiero”.

La historia que narra esta preciosa película de LOS PARAÍSOS PERDIDOS, es la de una hija de exiliados republicanos (Charo López) que vuelve a España para asistir a la muerte de su madre y hacerse cargo del legado cultural que hereda, junto a una vieja casa perteneciente a la familia.   Durante sus primeras semanas en España, el personaje interpretado magistralmente por CHARO LÓPEZ repasa sus recuerdos, reflexiona sobre el tiempo irreversible y realiza la traducción del “Hiperión” de Hölderlin que le sirve de refugio emocional.    Es también el reencuentro con los lugares y personas que compusieron su entorno antes del exilio.   Pero es, sin duda, la traducción que lleva a cabo lo que se convierte en cauce privilegiado para sus reflexiones sobre “los paraísos perdidos”: el futuro negado, el exilio, el desarraigo y  la posibilidad de mantener la esperanza.

Este es el cine que yo amo:  ése que me permite reflexionar al mismo tiempo que asisto a la proyección, contemplando  la belleza interior de todo aquello que el director o directora nos plantea.

Una gran película que cuenta con interpretaciones inolvidables de Alfredo Landa, Juan Diego, Miguel Narros, Ana Torrent y Francisco Rabal.  Y una actriz, Charo López, que mostró con este trabajo, el motivo por el que es una de las más grandes actrices de la historia de nuestro país.  

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Lo que dijo la crítica en 1985:

Martín Patino ha imaginado y hecho su película Los paraísos perdidos como quien, idea a idea y sonido a sonido, elabora un poema.  El resultado responde milimétricamente a la forma de composición.  El filme, más que relato, es poema; más que narración de un acontecimiento exterior, es documento de una pausa interior; más que un desarrollo dramático, es una composición lírica.  De ahí que busque, antes que las leyes de la novelación o la dramatización, las de la armonía.  Los paraísos perdidos es un poema y, como tal, música.

(…) Es por ello un film que no se puede contar, de la misma manera que es imposible contar el sonido del aria de Juan Sebastián Bach con que su autor desvela la estela nostálgica que dejan de las idas y venidas de su protagonista, el retorno de ésta –en otro acorde, este hablado, de Hölderlin- a “las regiones abandonas de su vida”.

En Los paraísos perdidos no hay acontecimientos urdidos y encadenados en una trama argumental, sino sólo esa fluencia, una duración sin desgarros.  Nada ocurre fuera del desnudo y envolvente paso del tiempo, atrapado en su suave movimiento y no en sus bruscas detenciones.  Los paraísos perdidos es poema, música y, como tales, sólo tiempo:  ese tiempo interior de la vida que llamamos muerte o, en su imagen exterior, camino hacia ella, envejecimiento.  Lo dicho encubre una evidencia de tipo técnico, que puede decirnos algo más de la naturaleza profunda del filme.  Los paraísos perdidos es un documental antes que una ficción.  De ahí el predominio del montaje sobre la puesta en escena; del ritmo y la cadencia sobre las situaciones.  Patino es, por ello, fiel a sí mismo, a su intransferible experiencia personal del cine.

En Los paraísos perdidos hace un alarde de esa maestría: es un filme documento prodigiosamente montado.  La perfección , que roza lo sublime, de la cámara de Alcaine y la intensidad y acoplamiento, que roza la filigrana, de la banda sonora con la imagen, colman de rara hermosura a esta compleja obra cinematográfica, en la que los actores parecen levitar en ese interior de las imágenes.  Patino ha manejado una materia cinematográfica exquisita y difícil, que como tal va a resistirse al consumo fácil propio del cine de argumento y de acontecimiento.

En la casi totalidad del filme, su autor es consecuente con el alto riesgo de su aventura poética, y esto le honra.

(Angel Fernández-Santos. EL PAIS. 2 de diciembre de 1985)

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Los paraísos perdidos es una de esas pocas películas que nos hacen olvidar que estamos en el cine, para dejarnos deslumbrados con el resplandor de la obra maestra, situada en ese altísimo terreno en que un filme, un libro, un gran cuadro “se equivalen”.

(…) “Belleza del mundo, indestructible, fascinante en tu eterna juventud. Tú existes. ¿Qué son pues, la muerte y todo el sufrimiento de los hombres?”  Yo creo que la respuesta del filme es que si el hombre es una pasión inútil, hay en él y en el mundo más cosas dignas de admiración que de desprecio.

Más que contarnos una historia, que indudablemente la hay en Los paraísos perdidos, Basilio Martín Patino nos propone en su película un gran poema cinematográfico. No interesa tanto la secuencia natural de los hechos como su orquestación, que nos conduce de la mano de la belleza a una aceptación de la condición humana, de la irremediable olvidanza de la historia, de la necesidad de convivir con la desesperanza y la realidad.  No se trata de una película “fácil”, pero el esfuerzo que nos exige vale la pena.

(Joaquín Aranda.  HERALDO DE ARAGÓN.  11 de diciembre de 1985).

Una mujer, encarnada por la bellísima Charo López, que recuerda a la lejana Ava Gadner.  Como siempre, los hombres, cuando se refieren a sus propios sentimientos, cuando se deciden a poner al desnudo su sensibilidad, prefieren hacerse representar por una figura femenina. ¿De qué pensamientos, de qué emociones se hace un filme como Los paraísos perdidos?

(Anna María Mori.  LA REPUBLICA. 27 de agosto de 1985)

La Voz de la protagonista recitando a Hölderlin convierte la estructura narrativa en ritmo, música y reflexión a la vez, con un efecto de intensidad y de rigor acorde con una dirección limpia y esencial, sin concesiones a los convencionalismos.  Y al mismo tiempo personalísima, equilibrada, con una visión crítica, rigurosa y profunda.

(Claudio Trionfera. IL TEMPO.  27 de agosto de 1985)

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NOTAS:

Los extractos de las críticas de la película son propiedad de sus autores y respectivos periódicos. 

Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.  

Las fotografías que aparecen con planos de la película son “capturas de pantalla” realizadas por el equipo de CINET-FARÖ.

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