EL SÉPTIMO SELLO (Dir. Ingmar Bergman), por Yolanda Aguas

Hubieras gozado más de la vida despreocupándote de la eternidad. En este último instante, goza al menos del prodigio de vivir en la realidad tangible antes de caer en la nada. (…) 

Al borde de la vida el miedo nos hace crear una imagen salvadora y esa imagen es lo que llamamos Dios. (…) 

Sentado aquí, con vosotros, que irreales resultan todas esas cosas, pierden su importancia.

(Diálogos del filme)

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No descubro nada, lo sé…, al afirmar que EL SÉPTIMO SELLO (1957) de Ingmar Bergman es una de las grandes obras maestras del cine.

Película en la que se encuentran todas las posturas que uno puede tener frente a la existencia de Dios y todas quedan evidenciadas en el final cuando termina la última cena.  Preguntas como ¿existe Dios? Si es así ¿es el Dios del Corán o el de la Biblia? ¿Cuándo morimos hay otra vida?  Son las cuestiones que la Humanidad viene haciéndose desde el inicio de los tiempos en todas las culturas y creencias.

Para reflexionar sobre estas cuitas existenciales, el genial director sueco (para muchos de nosotros el mejor de la historia) se sirve de un caballero feudal que regresa de las Cruzadas adonde fue a luchar por su fe en los llamados Santos Lugares.  Regresa con un escudero y encuentra a su país devastado por la peste.

Bergman nos describe un mundo que se hunde en la incertidumbre, en su ignorancia y en su temor, que busca una respuesta que no encuentra, donde los personajes se ven perdidos.  El séptimo sello es una película de interrogantes, de búsqueda de la gran verdad que se esconde tras el misterio de la muerte y la presunta vida eterna que nos espera si es que los libros sagrados son ciertos.

La idea de una partida de ajedrez entre el caballero y la muerte atrapa desde el principio, aunque se vea poco de dicha partida, más que nada es el disparador de la trama y sirve de catalizador en algunas escenas fascinantes.  La grandeza es que esta película rodada en 1957 sigue de plena actualidad, ya que el mundo no sabe en qué creer, Dios ha muerto tanto para nuestros contemporáneos como también está muerto en la película.

La inspiración para componer este filme le llegó a Bergman por medio de las representaciones bajomedievales de las pequeñas iglesias suecas de los alrededores de Estocolmo a las que el director, cuando era niño, acudía en compañía de su padre, pastor luterano.

En ese sentido, no podemos observar el filme como una película de rigor histórico, ya que la cronología de las Cruzadas y el momento en el que el protagonista regresa a Suecia no tienen sentido sino como una visión subjetiva de una serie de hechos que impactan a Bergman y que por medio de su carácter existencialista y apocalíptico pueden buscar como referente estas pinturas góticas en tabla, así como las esculturas representativas del Apocalipsis y otros pasajes de la Biblia.

La fabulosa fotografía de Gunnar Fischer en blanco y negro es impactante, con una planificación muy cuidada hasta el más mínimo detalle.  En algunos momentos, sin duda, resulta dantesca.  La espectacular procesión de penitentes en busca de la misericordia divina es inolvidable o la presunta bruja condenada a la hoguera porque dicen que ha visto al Diablo.

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El resto de personajes que habitan este filme conforman a la perfección el conjunto de seres que sortean con mejor o peor fortuna su tránsito por la vida y su camino hacia la muerte.

Jof y Mia, que acaban de tener un niño, cantan canciones simples – incluso parecen ridículas- que son una metáfora de la Sagrada Familia en su huida hacia Egipto para evitar la matanza de Herodes.  Son los únicos personajes que se salvan, que huyen de la muerte, gracias a las visiones de Jof que puede ver a la Muerte y, anteriormente, a la Virgen María.

El resto baila la danza de la muerte, condenación de los personajes que no son puros, que viven inmersos en sus miserias y pecados.  Evidentemente, es significativa la partida de ajedrez del caballero feudal, Antonius Block, con la Muerte en la que se juega la vida.  La Muerte es implacable, nadie escapa de ella, aunque momentáneamente se salve la familia de cómicos por su inocencia.  Pero también este filme representa la imagen de un mundo que se autodestruye, que se hunde en la pobre y la enfermedad.  Un mundo donde la Muerte acecha en cada rincón, donde nunca se sabe si tendremos futuro y donde los interrogantes reciben el silencio como respuesta.   Una gran obra maestra que debemos ver una y otra vez.

Es significativa la partida de ajedrez del caballero feudal, Antonius Block, con La Muerte en la que se juega la vida. La Muerte es implacable, nadie escapa de ella, aunque momentáneamente se salve la familia de cómicos por su inocencia e ingenuidad.
Pero también este filme representa la imagen de un mundo que se autodestruye, que se hunde en la pobreza y la enfermedad. Un mundo donde la Muerte acecha en cada rincón, donde nunca se sabe si tendremos futuro y donde los interrogantes reciben el silencio como respuesta.
Una gran obra maestra de revisión imprescindible.

La película obtuvo en 1957, el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes.  Y en 1960, la Espiga de Oro como Mejor Película en la SEMINCI de Valladolid.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.

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