CAMILLE CLAUDEL 1915: JULIETTE BINOCHE a la HOGUERA, por Francesc Mazón Camats

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Bruno Dumont escoge tres días en la vida de Camille Claudel, notoria escultora en la cincuentena, encerrada en un asilo psiquiátrico de Montdevergues cerca de Avignon por su familia (su madre). Lejos de Paris, de su fama, de su arte, de su vida bohemia y desordenada (discípula, modelo y amante de August Rodin) a causa del estallido de la guerra.

Encerrada, aislada por sus transtornos paranoicos, pero que en sus momentos de lucidez escribe a su familia, suplica a sus amigos, a sus médicos la dejen libre, le permitan volver a su estudio (según ella saqueado por emisarios de Rodin, a quien no ve desde hace veinte años). Solo tres días para mostrar al espectador (paciente) como el abandono, la soledad, el tedio y la nada van anulando la voluntad de esta mujer apasionada e inestable reduciéndola a una pasiva alienada de mirada perdida. Tan solo la anunciada visita de su hermano menor, el célebre poeta, dramaturgo y místico iluminado Paul Claudel le proporciona la esperanza de la posible libertad.

El ascético silencio del film, concede solo la palabra a estos dos ilustres extraviados (palabras recogidas de sus cartas y escritos) en la forma de cuatro o cinco monólogos, donde la belleza de la  forma presenta la terrible, insoportable verdad de su locura. Rodeados por el opresivo silencio, o los gritos, las risas de las pacientes- reclusas y las escasas y sigilosas voces de las monjas- cuidadoras (todas interpretadas por las propias pacientes, las enfermeras y los doctores del hospital  Saint-Rémy-de-Provence donde se rodó el film).

Film de un realismo extremo, una austeridad casi insoportable y prueba de fuego para una actriz superdotada, en la cima de sus recursos y su propio arte: Juliette Binoche. “La Binoche“ resiste sin ningún artificio, sin maquillaje, desmejorada, despojada de cualquier glamour, desde la primera secuencia donde la desnudez de su cuerpo, parece querer librarla para el resto del film de  falsas adherencias.

En primeros planos sostenidos, admiramos sus dos largos monólogos, donde un imperceptible travelling llegará a un close-up de su rostro casi desencajado, como una nueva Falconetti, en su particular martirio. A su alrededor sin dejarla nunca sola  el resto de pacientes nos parecen al principio figuras monstruosas y terribles, salidas de las pinturas negras de Goya (inspiradas según el director en los primitivos maestros flamencos) para lentamente humanizarse y ofrecernos la más cercana a Camille, una sonrisa profundamente humana.

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Dos ascensiones puntúan estos duros, poco accesibles viacrucis: el de Camille-Binoche junto a un pequeño, oscuro grupo de enfermas y monjas que conduce a la cumbre de una colina, desde donde contempla un paisaje hermoso y desolado. Donde ruge el Mistral y la soledad.

El otro de Paul Claudel (magnífico Jean-Luc Vicent, en su primer papel en el cine) donde acompañado por un monje de sonrisa permanente y beatífica, entre el budismo y la idiocia, siguen el pedregoso camino hacia un pequeño promontorio. Allí el discurso cada vez más exaltado del primero lo llevará a una revelación mística, frente las torres del monasterio, acompañados por el vuelo incesante de un moscardón.

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Algunas rupturas de tono relajan esta opresiva atmósfera, la cómica secuencia del ensayo de una obra de teatro “Don Juan” por enfermos desmemoriados  o la muy extraña secuencia del poeta escribiendo en su celda monástica, el torso desnudo (por lo visto Claudel acostumbraba a escribir así o bien totalmente desnudo) ejercitando un ritual onanista con sus músculos. Mi preferida es la maravillosa primera aparición del poeta, en un paisaje solitario, al anochecer, donde pronuncia de rodillas, su primera invocación, una secuencia casi mágica.

El plano final de Juliette- Claudel, sentada  de nuevo al tibio sol contemplando un paisaje que ya no veremos, nos lleva a una especie de disolución, de abandono en el vacío. Camille Claudel nunca saldrá de esta cárcel-sanatorio, donde morirá treinta años después y será enterrada en una anónima fosa común.

Los caminos de Dreyer y Bresson son insondables, como el silencio de Dios de Bergman. Es un film difícil pero fascinante y la mejor interpretación de una actriz única por su capacidad de riesgo.

Anímense solo dura 93 minutos.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.

UNA CALA VESTIDA DE NEGRO, por Yolanda Aguas

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Si Georgia O’Keefe hubiera pintado un retrato de Charlotte Rampling, creo que habría sido un cuadro abstracto titulado: “Cala vestida de negro”.   Eso pensé cuando la vi entrar en el palco escénico del Teatro Gayarre de Pamplona el pasado domingo 24 de noviembre de 2013.

Descalza y vestida de negro, caminó firme hasta casi tocar al público, y de pie – con los brazos muy pegados a su cuerpo – comenzó a declamar el primer poema de Sylvia Plath “Lady Lazarus”, mientras su compañera de espectáculo teatral, Sonia Wieder-Atherton, interpretaba al violoncelo la Suite nº 2 opus 80, Declamato (largo) de Benjamin Britten.

He vuelto a hacerlo,

Una vez por decenio

me las compongo…

Especie de milagro andante, mi piel

que destella como una pantalla de lámpara nazi,

mi pie derecho

pisapapeles,

mi rostro sin rasgos, delicada

tela judía.

Arráncame el paño,

oh enemigo mío.

¿Infundo terror?…

Estos fueron los primeros versos que pudimos escuchar en su voz, en su profunda y cálida voz, cuando el espíritu de Sylvia Plath comenzaba a invadirlo todo por la atmósfera que Charlotte y Sonia estaban creando.

Cada poema interpretado estaba acompañado por una postura física de Charlotte Rampling completamente diferente. Era su voz, sí…, pero era todo su ser el que daba vida a la obra de la poeta americana.  Cuando Sonia Wieder-Atherton interpretaba la música de Britten, Charlotte quedaba inmóvil y callada, pero su rostro seguía mostrando el sentimiento que la música producía en su interior.  Incluso pude observar cómo alguna lágrima acariciaba suavemente su rostro, lágrima que acompañaba su turbadora mirada.

Fascinante, así fue su presencia en escena.  Conmovía con su voz y conquistaba con su gesto.  Apenas una butaca como atrezzo y en ella depositó todo su encanto.  ¡Qué espectáculo tan hermoso¡

Muchas veces la escuché afirmar que el éxito de un actor depende más de que sea fotogénico que guapo: “la fotogenia, esa manera de atraer y devolver la luz, es lo único que puede durar, mientras que la belleza es por naturaleza evanescente”.   Y cuando la tuve tan cerca en Pamplona durante la rueda de prensa y posterior conversación con ella (casi en privado) comprendí que tiene mucha razón.  No es que sea guapa, es que simplemente atrae la luz para luego irradiarla, iluminando a todo aquel que tiene cerca.  Pudorosa y prudente, alguien que prefiere escuchar a hablar, sin duda alguna esta mujer proyecta una imagen de serena elegancia y misterioso mundo interior.

El recital está compuesto por nueve poemas de “Ariel”, extractos de “Three Women” y una “Love Letter”.  La música de Britten: Suite nº 2 y Suite nº 3.

Los poemas fueron interpretados por este orden: Lady Lazarus, The Night Dances, Edge, Ariel, Letter in November, extractos de Three Women, Daddy, Wintering, Medusa, Contusion y Love Letter. 

Contrastaba el modo enérgico con el que la violonchelista Sonia Wieder-Atherton interpretaba la música de Britten con el tono delicado en que la actriz declamaba los poemas más íntimos de Plath.  Contrastaban las notas atemperadas de Britten con la exaltación en la voz y en la mirada de Charlotte…  para luego, casi como en un milagro, unificarse todo en una perfecta simbiosis creativa: Plath y Britten, Rampling y Wieder-Atherton.

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Afirmaba Charlotte Rampling que la segunda parte de su vida profesional en el cine llegó de la mano del director François Ozon: “fue como encontrar un gran amor. François me permitió pasar la transición a la madurez.  Con el director establezco una relación muy íntima, me convierte en un instrumento de música, en un violín o un piano, para que interprete la música a través de mí“.

Creo que con este espectáculo tan personal creado por Rampling y Wieder-Atherton, la actriz británica -afincada en Francia- ha podido encontrar el camino para alargar su presencia en el teatro.  Quizá no tarde mucho, quizá encuentre ese espectáculo nuevo que ella quiere crear.  Y esa será una excelente noticia para todos nosotros.

Sonia Wieder-Atherton, es una solista muy solicitada por las grandes orquestas.  Toca con frecuencia con los pianistas Imogen Cooper, Elisabeth Leonskaja, Laurent Cabasso, Georges Pludermacher y, el exquisito músico francés, Bruno Fontaine.  Una compañera de viaje ideal para la Sra. Rampling.

He visto muchas representaciones teatrales a lo largo de mi vida, he visto trabajar a los más grandes… pero lo que pude ver el pasado domingo en el Teatro Gayarre de Pamplona y el lunes en el Teatro Arriaga de Bilbao, es una de las propuestas escénicas más hermosas que he tenido el placer de contemplar.

Sospecho que volverán a visitar nuestro país…  ¡Ojalá¡ Si es así, no se lo pierdan…

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CRÉDITOS:

“THE NIGHT DANCES” / “DANZAS NOCTURNAS”

Benjamin Britten – Sylvia Plath

CHARLOTTE RAMPLING (voz) / SONIA WIEDER –ATHERTON (violoncelo)

Creación: Sonia Wieder Atherton y Charlotte Rampling

Ayudante de dirección: Emmanuelle Touati

Puesta en escena: Sonia Wieder Atherton

Creación luces: Franck Thevenon

Dirección General: Damien Dufaitre

Producción. Les Visiteurs du soir

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NOTA:  Las dos fotografías oficiales del espectáculo THE NIGHT DANCES son propiedad y autoría de Damien Dufaitre.

Las dos fotografías de Charlotte Rampling y Sonia Wieder-Atherton saludando al final del recital son propiedad y autoría de Yolanda Aguas.

Encuentro con CHARLOTTE RAMPLING, por Yolanda Aguas

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Para mí siempre fue una incógnita qué sentiría al tener a mi lado a Charlotte RamplingEsta singular e inmensa actriz británica que tiene fama de ser extraña, diferente e impredecible.

Con motivo de su mini gira por España con “The nigh dances”, recital poético acompañado de la música de Britten e interpretación al violonchelo por Sonia Wieder-Atherton, se celebró en el Teatro Gayarre de Pamplona una rueda de prensa el sábado 23 de noviembre.  CineT-Farö quiso estar allí.

La gerente del Teatro Gayarre de Pamplona, Gregoria Navarro, presentó de una forma muy cálida a las dos artistas, instantes después de su aparición en el hall del teatro pamplonés.  Fue emocionante verlas llegar.

Charlotte Rampling tiene una presencia física que impresiona, no descubro nada – lo sé -, es casi intimidatoria.  Fue su preciosa sonrisa la que hizo que todos nos relajáramos al tenerla tan cerca, su sonrisa y sus “buenas tardes” en español.

Charlotte Rampling explicó que presta su voz y su fuerza a los poemas de Sylvia Plath en un recital en el que quiere “lanzar al público” unos textos escritos para ser “leídos en voz alta”, acompañados por la música de Benjamin Britten, interpretada por la violonchelista Sonia Wieder-Atherton.

“The nigh dances” (Danzas ocultas), el recital de la actriz británica que ha manifestado que lleva la voz de la estadounidense Sylvia Plath en ella. La actriz y la violonchelista Sonia Wieder-Atherton detallaron en la rueda de prensa ofrecida en Pamplona cómo, gracias a  “encuentros e ideas”, fue surgiendo un proyecto que cuando llegó a las manos de Charlotte Rampling ésta no pudo más que decir: “esto lo cojo, esto lo tomo, esto es para mí”.

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Ambas se conocían por haber trabajado en un proyecto de músicas de Europa del este y de poesías de Rilke y decidieron que querían seguir trabajando juntas en más profundidad”, según ha señalado la violonchelista.  La poesía de Sylvia Plath “apareció como un cometa”, recordó Wieder-Atherton, quien añadió que la idea de utilizar la música de Britten llegó al mismo tiempo. Como un “descubrimiento” ha calificado la actriz la obra de Plath, de la que ha destacado su fuerza, por eso, ha dicho que quiere “lanzar esa poesía al público, mostrarla”.  A partir de ahí surgió “una historia de energía“, con un contenido muy moderno, fulgurante y fulminante”, tras lo que señaló que cuanto más trabajaban sobre el proyecto más sentían que “Plath y Britten se podían compaginar”.

Los poemas los eligieron entre las dos, pero luego el trabajo lo desarrollaron por separado. La actriz que se encontraba rodando en Estados Unidos ensayaba en solitario los textos, mientras que la violonchelista trabajaba la música.  Los ensayos conjuntos fueron muy cortos, les bastaron cuatro días para ver que “esto funcionaba”, explicaron ambas, para remarcar que los poemas son una música, están hechos para ser leídos en voz alta, tal y como consideraba su propia autora.

“Llevo la voz de Sylvia en mí, es lo que intento hacer”, ha manifestado Rampling al ser preguntada sobre la dificultad de recitar poemas y extractos de la correspondencia y del diario de Plath, una poeta de la cotidianeidad y muchas veces del hastío, la primera en recibir el Premio Pulitzer tras su muerte.

“Meterme en el personaje es mi trabajo, no es una cuestión de dificultad, es un tema de conectar con el autor”, confesó la actriz, quien remarcó que en este caso la conexión entre la escritora y ella “es lo importante y es lo que ha sucedido”.

Respecto a sus proyectos teatrales Rampling, quien comentó que lo último que hizo fue “El baile de la muerte” y también ha representado obras de Chejov, comentó que ahora está buscando “otra cosa, más moderno, más nuevo, que nunca se ha hecho”. “A lo mejor voy a crear algo totalmente nuevo”.

En el recital que se presentará hoy, domingo 24 de noviembre en el Teatro Gayarre de Pamplona y mañana, lunes 25 de noviembre en el Teatro Arriaga de Bilbao, interpretará poemas de “Ariel” y otras recopilaciones recitadas en inglés y extractos de la correspondencia y diarios recitados en inglés, subtitulados en castellano y euskera.

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Tras finalizar la rueda de prensa, pude disfrutar de una breve pero encantadora conversación a solas con Charlotte Rampling.  Hablamos de sus gustos literarios, del momento actual del cine europeo y de su último trabajo con el director francés Françoise Ozon (“Joven y bonita”). 

En esos minutos inolvidables a su lado,  disfruté de su increíble mirada color azul grisácea, de su voz profunda y cálida y de su serena elegancia.

Un mito del cine que en las distancias cortas se humaniza y se muestra accesible.

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NOTA:  Las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de Yolanda Aguas.

OTOÑO JAPONÉS: “Tokio Kazoku“ y “Soshite Chichi ni Naru“, por Francesc Mazón Camats

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Coinciden en cartel dos films japoneses: “Una familia de Tokio” y “De tal Padre, tal Hijo“, dos puntos de vista de un tema estrechamente vinculado a su ancestral cultura: la familia,  los lazos entre padres e hijos, la tradición y el progreso, lo viejo “Tokio Kazoku” de Yôji Yamada y lo nuevo “Soshite chichi ni Naru“ de Hirokazu Kore-eda.

Dos magníficos films, Espiga de Oro en Valladolid, el primero; Premio del Jurado en Cannes y del Público en Donostia, el segundo.

Vuelve a nuestras pantallas el cine de un país Japón, cuya industria fue durante casi todo el siglo XX, la más importante y poderosa  de Asia: Kurosawa, Mizoguchi y Ozu, fueron los primeros y únicos nombres que los cinéfilos  conocimos y admiramos. Kurosawa, el más popular, dinámico y cercano; Mizoguchi, refinado , exquisito narrador de un mundo fantástico quizás ya desvanecido y Yasujirô Ozu, magistral, el más humano y difícil en su majestuosa sencillez.

A partir de los años 80, llegaron otras cinematografías orientales: China, Corea del Sur, Taiwan o Honk-Kong que ocuparon su lugar, ahora ha vuelto Japón, aunque quizás, nunca se fue.

Yôji Yamada ( Osaka 1931 ), celebra sus 50 años como director, haciendo un Homenaje y una reflexión contemporánea al clásico “Tokio Monogatary” 1953  del maestro Ozu. Revisitar un clásico, consagrado por las diferentes encuestas cinéfilas mundiales, como una de las diez mejores películas de todos los tiempos, parece para el mundo occidental una osadía absurda, suicida, casi blasfema. Pero quizás, no es igual para el mundo oriental, donde el respeto a los antepasados, es el mayor homenaje.

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Yamada decide respetar al máximo la historia y contarla de nuevo, como haría un viejo narrador acercándola a el nuevo público, actualizando tan solo aquello que hoy no interesa y respetando la esencia, el alma de la historia: un matrimonio mayor decide visitar a sus hijos, que viven y trabajan (casi como esclavos) en Tokio. Estos no pueden  atenderlos como debieran y deciden colocarlos en un lujoso hotel de la ciudad, tan solo el menor Shuji (novedad de la actual versión, en la anterior había muerto en la guerra) y su novia Noriko (alma, aura en las dos versiones de la bondad y el sereno respeto a los mayores) actúan con el corazón, en realidad son dos jóvenes con trabajos precarios, dos posibles perdedores en un Japón actual en crisis profunda, de pisos minúsculos y atestados, de trabajos estresantes y vidas aparentemente vacías.

El director recoge el pesimismo de Ozu, que expresaba desde el misticismo Zen, su punto de vista sobre la deriva de su país en la posguerra nuclear, y la imposición de la cultura de los vencedores que suponía la perdida  de los lazos familiares y de las tradiciones. La serena tristeza de la nuera, viuda de guerra, era el único personaje en mantener su dignidad. Inolvidables Chishu Ryu (el Padre) y Setsuko Hara (Noriko, la nuera).

Dos secuencias magníficas de la actual versión, toda la que se desarrolla  en el hotel, especialmente el fragmento de los ancianos, sentados en el borde de la cama contemplando desde la ventana, la inmensa noria gigante y la reflexión del padre: “Te acuerdas cuando fuimos a ver en un cine de Hiroshima  aquella película titulada “El Tercer Hombre” y lo que decía desde lo alto de la noria su protagonista Orson Welles…”. Y el estupendo final, del funeral y la última comida familiar, en el tranquilo pueblecito al otro  lado de la bahía. Si con la versión de Ozu, yo estaba en el lugar de los hijos; ahora con la de Yamada, me siento ya en el melancólico lugar de los padres.

También de padres e hijos habla el film de Kore-eda (Tokio 1962). Estilísticamente  muy alejado del anterior, con una soberbia utilización de la luz, la planificación y la música (las variaciones de piano Goldberg sobre Bach, un piano que se convierte en el film en instrumento de sentimientos no expresados, y también de disciplina y tortura infantil). El director toma aquí una historia mil veces utilizada desde los clásicos hasta la actualidad, tanto en sus variantes dramáticas, como en las cómicas. De hecho el inicio me recordó poderosamente “La Vie est un long fleuve tranquille“ 1988 de Étienne Chatiliez, nada que ver.

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La anécdota de los recién nacidos cambiados en el hospital que crecerán en familias totalmente opuestas, es aquí solo el punto de partida de una historia mucho más profunda y dramática: la paternidad, los vínculos de aprendizaje, de convivencia y los de sangre; en el marco de un Japón, cada vez más dividido entre triunfadores sociales: el arquitecto protagonista que vive en un apartamento lujoso, con una sumisa  y anulada esposa. Padre y marido exigente y ausente que repite instintivamente el mismo modelo que recibió y que lo ha llevado a una negación de su capacidad para expresar y comunicar sus sentimientos.

Y al otro lado, el padre desmañado, electricista que trabaja y vive de su pequeña tienda, en un barrio modesto. Feliz y comunicativo padre de tres niños  que van a su aire. No hay aquí buenos o malos, culpables o víctimas, todos tienen sus razones, como en los films de Renoir. Incluso la teórica malvada del relato, la enfermera vengativa por su frustrada maternidad, tiene en una magnífica escena clave, hacia el final, la llave de su redención, cuando provoca inesperadamente en el protagonista, el click que abrirá la tempestad  intima de su mente y quizás su propia liberación. La manera como Kore-eda dirige a los niños, actores fantásticos en su naturalidad y también su complejidad. La sutilidad y el tempo  calmado para explicar los sentimientos callados, encuentran en dos magníficas secuencias  su mejor expresión: el picnic familiar en la orilla del rio y la conmovedora reacción de las dos madres y al final del film, el reencuentro entre padre e hijo en esos caminos que se bifurcan y se unen. Una maravilla de film, no se lo pierdan.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.

LA VISITA DE LA GRAN DAMA: NORMA ALEANDRO en escena, por Francesc Mazón Camats

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La gran actriz argentina está de gira por España con “Master Class“ la obra de Terrence McNally que ganó el año 1995, los Tony’s a la mejor obra y también para Zoe Caldwell la actriz que la estrenó en Broadway, convirtiéndola en un enorme éxito y en el  relanzamiento de la obra de la Callas.

Norma Aleandro la estrenó a su vez en Buenos Aires, obteniendo un éxito sin precedentes y la ha reestrenado ahora quizás como una despedida del personaje que la consagró.

Cuando su estreno allí, el año 1995, una buena amiga me habló entusiasmada del montaje y especialmente de la magnífica actuación de la actriz y me regaló el programa original que aún conservo.

Ahora Norma Aleandro es La Callas en el Teatre Borras de Barcelona que se ha convertido para la ocasión en un auditorio, donde La Divina va a impartir unas clases magistrales. Desde su entrada en escena y con una sola mirada al patio de butacas, domina totalmente la situación. La Aleandro  es la dueña y señora absoluta, nos tuvo agarrados (y bien agarrados) toda la obra.

Aunque ella se defina como una “artesana del Teatro”, su sola presencia, su voz, su mirada lo desmiente: es plena sabiduría escénica, control absoluto y dominio de todos sus recursos para mantenernos atentos a un leve gesto o entonación.

La obra de Terrence McNally es solo lo que promete su título una “Master Class” – Lección Magistral- que una María Callas en decadencia, perdida la voz (su portentoso instrumento), impartió desde el otoño de 1971 a la primavera del 1972 en la Juilliard School de NewYork, ante un público tan selecto como especial: Franco Zefferelli, Lillian Gish, Leonard Bernstein, Placido Domingo, Elizabeth Schwarzkopf o Ben Gazzara…, todos los que eran alguien en el mundo cultural de la época.

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Tres cantantes/alumnos y un reservado pianista Santiago Rosso la acompañan en el escenario, todos estupendos en sus respectivos perfiles. Puntuados por las arias que han escogido para la audición:  La Sonámbula de Bellini , interpretada por una tímida y rubensiana soprano Lucía Silva (como la enorme Callas de sus principios); el ufano y optimista tenor Marcelo Gómez con sus arias de  Tosca de Puccini,  maravillosamente  comentados por la Callas, quizás el mejor fragmento de la obra.

Finalmente la última y más desafiante  soprano Carolina Gómez que se atreve con la Lady Macbeth de Verdi (vestida de opereta). Van recibiendo las estocadas verbales de la irónica y muy cáustica Diva. A ratos malvada, en otros mujer profundamente herida (un homenaje a Margo Channing/Bette Davis, el mejor monstruo sagrado teatral del Cine), pero siempre en guardia  como una Tigresa, recuerden su imagen abandonando iracunda el camerino de la Ópera Lírica de Chicago.

Tan solo la tercera se enfrentará a ella, devolviéndole una estocada, casi mortal, “No todas queremos perder la voz , como Usted “. No querría olvidar la presencia casi muda y sarcástica, como un Buster Keaton inesperado, del tramoyista  Hugo Argüello que entra y sale de la escena, posiblemente ya de vuelta de tantas Divas…

Enorme, magistral  lección de la Sra. Norma Aleandro, una de las mejores actrices del momento. Gran ocasión para disfrutarla y dejarse devorar por su Callas, tan terrible como profundamente humana y en el fondo tan vulnerable.

Apoteósica aclamación de todo el público en pie, una velada teatral inolvidable.

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Nota: Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.

NORMA ALEANDRO (Una persona muy querida), por Yolanda Aguas

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Es una persona muy querida.  No sé si este artículo será leído por la Sra. Aleandro y desconozco si le agradará o no.  Lo cierto es que cuando pensaba en el título para él, dudé en elegir uno que hiciera referencia a su persona o a su dimensión como actriz.

Opté por la primera opción.

Creo que también la propia María Callas – a quien Norma Aleandro da vida estos días en su gira por España con Master Class – hubiera preferido ser más querida como persona y no ser tan admirada e idolatrada como artista.

Ojalá pueda preguntárselo en unos días, cuando ella visite nuestro Teatro Principal de Zaragoza.  Ojalá…

A lo largo de sus espléndidos 77 años, Norma Aleandro ha tenido un sinfín de vivencias –intensas, valientes y, en varias ocasiones, peligrosas – que la obligaron a exiliarse en nuestro país durante unos años.  Vive rodeada de amor, por su familia, amigos y compañeros de profesión. Renunció a Hollywood y a trabajar más en Europa para seguir estando cerca de su familia en Argentina.  A ellos, a su familia, les hace regalos y siempre está pendiente de sus cosas.

Todos la adoran (entendiendo adoración como amor sincero e incondicional).  Todos ellos destacan de ella su maravilloso carácter, su alegría (sabe contar chistes magistralmente), su sencillez y su compromiso con todo aquello que ama: su país, sus amigos, su trabajo… 

Sus amigos de profesión se deshacen en elogios hacia ella:

Mercedes Morán, su compañera en la obra “Agosto” Tracy Letts, en su montaje argentino, dice de ella: “trabajar con ella fue más importante que ganar un premio importante. La amé en el escenario porque con sólo mirarme me convertía en su hija. <<Agosto>> me permitió acercarme, disfrutarla, admirarla, aprender y conocer a la niña que conserva intacta, como sólo las grandes saben hacerlo”.

Cuando sus compañeros hablan de ella a veces mezclan sus grandes virtudes como ser humano y el respeto que despierta como actriz (una de las mejores del mundo).  Dicen que es casi imposible definirla.

Alfredo Alcón (el gran actor argentino, inolvidable su Rey Lear con el Centro Dramático Nacional de España) dice que le gustaría ser poeta para poder reunir las palabras que la describan. “Me quedo tonto con las palabras. Ella es de todas las maneras posibles como amiga, como actriz. Es una aventura conocerla. Su intensidad, su sutileza, su inteligencia”enumera quien fue su pareja y, ahora, un gran amigo.

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A Ricardo Darín le sucede lo mismo: “Es muy difícil hablar de ella. Es un privilegio que tenemos. Su energía, su sentido del humor. Es muy precisa trabajando. Tan inteligente, tan observadora. La pieza encaja en el lugar donde va cuando ella aparece. Todos estamos enamorados de Norma”.

Hija de Pedro Aleandro y de María Luisa Robledo, la primera vez que pisó las tablas tenía sólo trece años y su abuela la llevó al teatro a ver a sus padres. Como estaba enferma la actriz de 11 años que trabajaba en la obra, encontraron en Normita una perfecta suplente. Norma Aleandro recuerda con nitidez el vestido feo, las alpargatas sucias que le quedaban demasiado grandes y las trenzas que se le impusieron a su peina habitual.

Unos minutos más tarde y arriba del escenario, empezaría lo que podría haberse convertido en un trauma. Encontró que sus padres se peleaban con palabras horrendas, que nunca había escuchado. Él la alzaba e intentaba tirarla por la ventana recortada de la escenografía pintada. Su madre, inmóvil, hacía de muerta tirada en el suelo. “No abrió ni un ojo; ni un guiño me hizo. Tan buena actriz era.” Norma, con tan sólo trece años, vivió toda la escena como real, entre lágrimas y chillidos, que la convirtieron en una actriz de éxito instantáneo. Allí escuchó por primera vez los aplausos desde aquel lugar negro y oscuro que luego conocería de memoria y le daría tantas alegrías: el escenario.

Desde entonces hasta hoy día, Norma Aleandro ha demostrado su talento como actriz, guionista, directora de cine y teatro.

Ha obtenido innumerables premios por sus grandes interpretaciones en cine y teatro: La historia oficial, Sol de Otoño, El hijo de la novia, Cama adentro…  y todas las películas que rodó con Leopoldo Torres Nilson…

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Destacamos de forma especial:

1995 Mejor actriz en el Festival de Cannes por “La historia oficial”

1996 Concha de Plata Mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián por “Sol de otoño”.

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Sin embargo, y a pesar de todos los premios que no podemos enumerar porque son muchos, creo que ella nunca ha olvidado sus orígenes. Nació en 1936 en un hogar humilde, en el 400 de la Avenida de Mayo, Buenos Aires. En una buhardilla, en lo alto de una de esas construcciones de fines del siglo XIX, se oyeron los primeros llantos de Norma Aleandro. Criada por su abuela Pepita, ya que sus padres actores, Pedro Aleandro y María Luisa Robledo, salían en largas giras para mantener la economía familiar, tuvo una infancia dura. Junto a su hermana, la actriz María Vaner, vivían en un hogar donde no faltaba la comida pero no tenían para excesos o vacaciones.

Su abuela (española), nació también en un hogar humilde y rústico de Arévalo, en el norte de la provincia española de Ávila, en el campo y con la desdichada ascendencia de familia de mujeres solas, creció Pepita. De muy jovencita se fue con su madre y su hermana a trabajar en el servicio doméstico en Madrid. Y llegó a trabajar como cocinera en familias de la nobleza española.

Sin duda, toda esta historia familiar imprimió carácter a la joven Norma Aleandro.  Ella se define como una mujer fuerte (que no dura) por las experiencias que ha tenido que superar.

Ahora tenemos el privilegio de tenerla de nuevo entre nosotros.  Está de gira por España con su Máster Class, interpretando a otra mujer sublime: María Callas.

Ambas conviven en el escenario para deleite de todos los espectadores.

Bienvenida, querida Norma, bienvenida…

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Nota: Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.

 

EL CLUB DE LAS PRIMERAS ESPOSAS (Dir. Hugh Wilson), por Yolanda Aguas

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The First Wives Club, es una película de 1996, dura 103 minutos, se estrenó en España el 16-01-1997 y en Estados Unidos el 20-09-1997. Fue producida por Paramount Pictures con un presupuesto de 26.000.000 de dólares.

Bette Midler, Diane Keaton y Goldie Hawn son tres mujeres abandonadas por sus maridos que les han dejado por mujeres más jóvenes. Stockard Channing y Maggie Smith, tienen pequeños papeles pero es un placer inmenso verlas trabajar.  Tres mujeres con tres historias diferentes. Después de ayudar a sus maridos a llegar al éxito, cada una de estas mujeres ha sido dejada en favor de una mujer mucho más joven. Pero el trío es de armas tomar y Brendan, Elise y Annie están dispuestas a devolvérsela a sus maridos.

Sobre una historia de Olivia Goldsmith, el director estadounidense Hugh Wilson, autor también de la estupenda “Tess y su Guardaespaldas”, refleja en la gran pantalla la vida de estas tres mujeres cerca de los 50 años que deciden fundar un club con un único objetivo: vengarse de sus maridos.

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Una divertidísima sátira sobre la guerra de los sexos, repleta de diálogos chispeantes, gags geniales y tres increíbles estrellas en plena forma. Bette Midler, Goldie Hawn y Diane Keaton interpretan a tres neoyorquinas de mediana edad, que tienen en común mucho más que una larga amistad. Tras años de ayudar a sus esposos a subir la escalera del éxito, cada una ha sido reemplazada por una joven y curvilínea modelo.  Pero el trío se encuentra decidido a convertir su dolor en algo de provecho. Así, trazan un inteligente y enrevesado plan para golpear a sus ex-maridos donde más les duele, ¡en la cartera! Esta divertida comedia demuestra que tomarse la justicia por su mano nunca ha sido tan divertido.

La película comienza cuando las cuatro amigas de universidad – en el día de la graduación – se prometen estar siempre unidas por su amistad. Pero la vida las separa. Tres de ellas se reúnen de nuevo 20 años después por un motivo triste, el funeral de Cynthia (Stockard Channing). La más prometedora y la más lista de las cuatro amigas se habia tirado desde el balcón de su lujoso apartamento por no superar su divorcio.

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Elise (Goldie Hawn) es una actriz con éxito, que está temiendo por su aspecto físico. No puede aceptar el papel que le corresponde a su edad. Quiere ser la joven Monique y no su madre. Aún menos quiere participar en una película junto con la joven amante de su ex-marido.

Brenda (Bette Midler) tiene unos pocos kilos de sobra y un sentido de humor increíble. También tiene un hijo adolescente y está luchando para sacar adelante su vida,  mientras su ex paga con el dinero del negocio familiar los caprichos de su jovencita novia.

La optimista  humilde Annie (Diane Keaton) no puede enfadarse con nada y nadie, hasta que su marido le pide el divorcio de una manera muy arrogante, para casarse con la joven terapeuta familiar. La misma a la que Annie pagaba un dineral por aconsejarla sobre su vida y su autoestima.

Reunidas de nuevo,  Elise, Brenda y Annie llegan a la conclusión que juntas pueden vengarse de sus ex-maridos. Tirando sus anillos de boda  en la copa de champán ponen los fundamentos del Club de las Primeras Esposas. Y entran en acción…

A veces es necesario ver películas que nos hagan reir, que nos entretengan sin más pretensiones.  Mucho mejor si además de todo esto, la película es un deleite total por la presencia de tan excelsas y magníficas actrices.

Una película que nunca decepciona, y que hay que ver con cierta frecuencia.

Diversión y risas. ¿Hay algo mejor?

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