ESTIMADA ANNA, recordando a la Lizaran, por Francesc Mazón Camats

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Ha pasado ya un año desde el 11 de Enero del  2013, cuando Anna Lizaran i Merlos nos dejó. Un año sombrío, incluso durante el tórrido verano, interminable en este otoño/invierno de nuestro descontento. En este largo túnel que parece conducirnos de nuevo al temible punto de partida, nos consuela recordar la voz, la risa, la presencia de nuestra Anna.

La Gran Lizaran, de orígenes humildes, padre mecánico, madre modista; nacida  un 31 de agosto de 1944 (Leo magnífica) en Esparreguera, a los pies de Montserrat, un pueblo que cualquier catalán de cierta edad, asocia con “La Passió”, una tradición teatral de origen medieval que convoca a la mayoría de sus habitantes en sus representaciones. Anna y su hermana mayor, Lola, iniciaron en La Passió sus primeros pasos teatrales, siempre la pasión por el teatro. Poco después de sus estudios en el Centre d’Estudis Experimentals, se incorpora en la creación de un grupo mítico del  teatre del carrer  “Els Comediants” (1972/74), posteriormente marcha a París para seguir los cursos de Jacques Lecoq (1974/75) y finalmente, imantada por Fabià Puigserver participa como fundadora del Teatre Lliure, el año 1976, en la sala de la Cooperativa La Lleialtat del Barrio de Gràcia, el resto es Historia del Teatro Catalán contemporáneo.

Generosa, divertida, trabajadora (infatigable ), tozuda y ACORAZADA como dijo la estupenda Elisenda Roca en su funeral. Esa auténtica primera dama, esa “alma” del espacio mágico que es el Lliure de Gràcia, nos obsequió a los teatreferits barceloneses con un auténtico recital del mejor teatro clásico y contemporáneo. Aprendimos a disfrutarla a unos escasos dos palmos de distancia, desde aquel “Camí de Nit“ del 1976 inaugural, hasta su emocionante despedida temporal, el 2000, como Mme. Ranevski, Lubov Andreivna en “L’Hort dels Cirerers” de Chejov, nuestro espacio de los sueños debía cerrar por graves problemas estructurales.

Como un soplo, habían pasado 34 años, 34 temporadas ininterrumpidas. Parecía mentira en el frágil panorama teatral catalán, disponer de un teatro estable, que nos ofrecía la posibilidad de conocer en montajes siempre creativos y con una compañía de actores y actrices que crecían artísticamente ante nosotros, a tantos autores, obras y géneros. De Shakespeare a Genet, de Moliere a O’Neill, de Tennessee Williams a Bertolt Brecht, de Offenbach a Koltés…. La Lizaran se atrevía con todo: el drama, la comedia, la tragedia y la opereta… Nos deslumbró en cada entrega, aprendimos a admirarla y no poder prescindir de ella.

En Madrid fue Pedro Mari Sánchez quien la dirigió en “El Cántaro Roto” de Heinrich von  Kleist, su presentación en los escenarios de la capital. Almodóvar, siempre al tanto, le ofreció un papel en “Tacones Lejanos”, pero el cine no era su medio natural, no le ofreció trabajos a su altura como acostumbra a suceder con las divinas de los escenarios.

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Fotos: ROS RIBAS

 (Las tres fotografías de “El cántaro roto” incluídas en este artículo son cortesía de Pedro Mari Sánchez, quien aparece en la tercera fotografía en un momento de los ensayos en el Teatro Albéniz de Madrid. Gracias)

Además, su mundo, su jardín estaba aquí en Barcelona (lo comprenderán,  era culé hasta las cachas…) y en nuestros escenarios se convirtió en nuestra Peggy Ashcroft, también nuestra Elaine Stritch. Fue nominada y recibió todos los premios teatrales nacionales. Cuando el TNC, donde había debutado en 1998 con “Galatea” obra y personaje poco conocidos de J.M. de Sagarra, le ofreció a Galàctia, la pintora de “Escenes d’ una Execució” de Howard Barker, el Julio de 2002, el triunfo fue absoluto. Nuestra Anita del Lliure, era ya La Lizaran, la mejor actriz del cambio de milenio.

Su De Filippo “Dissabte, Diumenge i Dilluns“ donde substituía a otra magnífica, Mercè Sampietro, fue uno de los éxitos más populares y apoteósicos  del TNC. Única, irrepetible, en un país que se lanzaba por la senda de los recortes en Sanidad, en Educación y especialmente en Cultura, que parece ser para nuestros gobernantes una anticualla, algo prescindible, lleno además de personas “non gratas”, “no afectos”. Anna tuvo aun la suerte de protagonizar una doble (e inesperada) despedida, en el viejo Lliure, Marzo del 2011, “Dues Dones que Ballen“ de Josep M. Benet i Jornet, su compañero generacional, que le regaló su mejor papel cinematográfico en “Actrius” de Ventura Pons.

Y en el TNC (Teatre Nacional de Catalunya), como  Violet la madre monstruosa de “Agost”, con la que reímos y lloramos. Se la veía algo cansada en el escenario, pero lo atribuimos a aquellas endiabladas escaleras de la gigantesca casa de muñecas, decorado algo grandilocuente, donde una familia tejana disfuncional se despedazaba.

Un resfriado, un problema médico inconcreto… Anna ya no pudo estrenar “La Bête“. Su muerte tan brutal, impactó a todos. Ahora que tanto la necesitábamos… ¡Queremos tanto a Anna…!

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son autoría y propiedad de:

ROS RIBAS para el Teatre LLiure y Teatro Albéniz (El cántaro roto).

DAVID RUANO para el TNC (Teatre Nacional de Catalunya)

las utilizamos rogando vuestro permiso al tratarse de un sentido homenaje a la gran ANNA LIZARAN.  ¡Gracias¡

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