EL MALENTENDIDO (Aut. Albert Camus), por Yolanda Aguas

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Cayetana Guillén-Cuervo hizo una promesa a su padre, el añorado Fernando Guillén, poco antes de su muerte.  Y cumplió la promesa: revisar de nuevo un montaje que representaron sus padres en los años 60s.  Hacía mucho tiempo que el texto  de Albert Camus no se veía en los escenarios españoles.  La última vez fue hace quince años protagonizado por Encarna Paso y dirigido por Juan Calot.

“El malentendido” de Camus, narra la historia de Marta (Cayetana Guillén Cuervo) que desea escapar de su vida gris en un país de Europa.  Regenta un pequeño hotel junto a su madre (Julieta Serrano).  Tras años de malvivir frustadas e infelices, deciden asesinar a sus clientes para robarles con el objetivo de escapar de ese tenebroso lugar y vivir junto al mar.  Un último asesinato y podrán dejar atrás una vida de muerte y apatía.  Pero lo que no sospechan es que la última víctima que llega al hotel es el hijo (y hermano) (Ernesto Arias) que veinte años antes las abandonó.  Él, en lugar de identificarse nada más llegar, prefiere adoptar la fachada de un extraño para poder observar a su madre y hermana antes de sorprenderlas y llevarlas con él hacia una vida mejor.  Él pretende regalarles la luz que tanto anhelan.

El complejo y exigente texto de Camus, muestra del más puro existencialismo del que era uno de sus máximos exponentes, refleja la angustia vital, el profundo vacío en el que nacen y se mueven sus personajes, la negativa de un Dios que deja tirados y abandonados a sus hijos.  Todo ello, esos profundos elementos filosóficos, es lo que Camus desarrolla en esta obra teatral.  Y por momentos, esas reflexiones del autor francés llegan a golpearnos en la cara de un modo directo.  Difícil texto, lo es…, especialmente sus últimos quince minutos en los que la hija (una sorprendente y magnífica Cayetana Guillén Cuervo) da toda una lección de desesperanza y frustración por la vida que le ha tocado vivir.

La propuesta de Eduardo Vasco no facilita al espectador que pueda relajarse.  No creo que sea un problema del montaje, la dificultad radica en la complejidad del texto – filosófico y literario -.  Un texto que precisa mucha atención por parte del público, un esfuerzo considerable.

No nos parece que eso sea malo, por el contrario, a veces está muy bien que el espectador sea pieza fundamental de una propuesta teatral.  Es un signo de respeto hacia nosotros.

De vez en cuando, entran en escena un acordeonista y una intérprete que toca la viola, lo que otorga al montaje un elemento muy gratificante que sirve de alivio entre tanta angustia existencial.

Los intérpretes logran (a pesar de las dificultades antes expuestas) superar todos estos inconvenientes.  Una gran y muy segura Julieta Serrano, nos demuestra su experiencia teatral y su maestría sobre un escenario.  Serena, firme y tierna en los momentos que se requiere.  Muestra cómo el final de una vida puede llegar en el momento elegido.

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Cayetana Guillén Cuervo, me dejó gratamente impresionada con su interpretación. Nunca la había visto trabajar en teatro, y esta primera vez me pareció excelente.

Ernesto Arias, es el típico actor muy curtido en teatro.  Su personaje no provoca demasiado entusiasmo en el público, pero si nos ceñimos a la interpretación  podemos decir que es correcta.

El anciano criado, interpretado por Juan Reguilón (personaje que permanece callado pero que es esencial) le falta algo de seriedad. Algo falla en la propuesta del director, cuando en un momento final de la obra, su presencia provoca risas entre el público.

Y, por último, Lara Grube, está muy convincente como la esposa del hijo pródigo.

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En conjunto, es una propuesta interesante, a pesar de algún que otro punto que no terminó de convencerme.

Un gran (y difícil) texto de Camus, que desarrolla magníficamente esos malentendidos, errores o equivocaciones que son propios de la condición humana.  Errores que a veces pueden llevar a las mayores tragedias.

Aconsejamos ver esta obra, por la recuperación del texto y por dos interpretaciones (Julieta y Cayetana) verdaderamente memorables.

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NOTA:

Las fotografías oficiales insertadas en este post son autoría y propiedad de DAVID RUANO.

 

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