ROBERT ROSSEN: ¿Víctima o Traidor?, por Francesc Mazón Camats

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Este mes de Febrero se cumplen 48 años de la muerte de Robert Rossen, guionista, director y productor del mejor Hollywood clásico, el de los años 40s y 50s que fue diezmado por la terrible caza de brujas McCarthista.

Algo que parece tan lejano que muchos lo ignoran o pretenden haberlo olvidado, pero que con diferentes nombres parece volver cíclicamente.

El gran crack del 1929, la terrible depresión de  los años 30s que alcanzó como un tsunami  escala mundial y acabó  con la más devastadora guerra conocida. El periodo que siguió la guerra fría, significó una época de terror, atrapado el mundo científico, cultural y especialmente el cinematográfico entre  totalitarismos. En este clima de angustiosa ansiedad,  debemos situar a Robert Rossen, sentenciado con simplismo como un traidor/ delator.

Rossen nació el 16 de Marzo de 1908 en New York, en el entonces obrero y miserable Lower East Side. Sus padres judíos rusos habían emigrado al Nuevo Mundo, huyendo de la miseria y los pogroms antisemitas. Creció en las calles muy pobres de una ciudad muy rica, rodeado de delincuentes, buscavidas y obreros al borde de la marginalización. Tuvo multitud de pequeños trabajos, llegando a ejercer de boxeador semiprofesional  y jugador, pero el Sueño Americano le ofreció la posibilidad de estudiar Literatura en la New York University. Con el estallido del crack económico empieza a trabajar en el mundo, muy activo, del teatro radical de carácter social/ realista. Colabora como dramaturgo y director con diferentes grupos, especialmente con el llamado Group Theater, auténtico semillero de dramaturgos, actores y escenógrafos como: Clifford Odets, Harold Clurman, Elia Kazan o John Garfield… todos resultarán heridos por la caza de Brujas, unos como víctimas, otros como delatores.

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El éxito de algunos trabajos suyos, especialmente su obra “The Body Beautiful“ que llegó e presentarse el 1936 en Broadway, atrae el interés de los cazatalentos de Hollywood. La Warner Bross, una de las majors  más interesadas en temas sociales, le ofrece un ventajoso  contrato  como guionista. Seguirán diez años 1937/1947, en los que ofrecerá magníficos trabajos, de carácter variado pero siempre interesados en el contexto social: “Marked Woman”, “They Won’t Forget”, “The Roaring Twenties” o sus tres trabajos para el actor más carismático del periodo, John Garfield: “Dust Be My Destiny” (Defiendo mi vida) ,“The Sea Wolf” y “Out of the Fog”. Se cerrará este periodo con una obra maestra del cine negro “The Strange Love of Martha Ivers” el mismo año 1947 que debuta en la dirección con “Johnny O’Clock” (la mayoría de estos films fueron prohibidos por la censura franquista). Rossen trabaja en este periodo en el Sindicato de guionistas, enfrentándose enérgicamente a la Warner en la mejora de salarios y de condiciones laborales, también será uno de los organizadores del Comité de Escritores de Hollywood movilizados contra la guerra civil española y el auge del fascismo. Aproximadamente desde el año 1937 hasta el 1947, Rossen militará en el partido comunista.

Será el film “Body and Soul“ (Cuerpo y Alma) con guión de Abraham Polonsky (otro blacklisted)  del 1947 que lo consagra, un enorme éxito crítico y de público, mítico film noir del mundo del boxeo, de nuevo con el primer rebelde con causa  John Garfield.

Este reconocimiento le permite debutar como productor independiente, consiguiendo por tanto el control final de sus películas. En 1949 estrena la que será una de sus obras maestras “All the King’s Men” (estrenada en TVE, a finales de los 60s con el ambiguo título de “El Político”), recogerá la mayoría de premios anuales: cuatro Globos de Oro (dos de ellos para Rossen como guionista y productor/director), y tres Oscars.

El mismo año 1949 empiezan sus problemas y los de la mayoría del mundo cinematográfico izquierdista, progresista o simplemente liberal.

La HUAC (Un American Activities Comittee) que había iniciado sus actividades hacia 1947, en el ámbito científico y la creciente histeria del espionaje en torno a la bomba atómica. El senador Joseph McCarthy dirigirá sus pasos hacia Hollywood para obtener mayor publicidad y difusión a su cacería anticomunista. En este primer ataque, Rossen formará parte de los 19 testigos inamistosos (que se negaron a declarar) con la confección de las primeras listas de comunistas y radicales, teóricamente  infiltrados en Hollywood, los llamados 10 de Hollywood. Rossen intentará escapar del enrarecido y crispado clima, viajando con su familia a México donde produce y rueda un extraño film taurino “The Brave Bulls”, boicoteado por Hollywood, supone un fracaso económico. El mismo año 1951 es citado de nuevo a declarar, Rossen sin escapatoria, acepta declarar su antigua militancia, pero afirma no pertenecer ya al partido y se niega a dar ningún nombre.

En ese mismo periodo descrito como A Season of Fear, la época del miedo, se desata en el mundillo cultural y del cine el pánico a ingresar en las listas negras (también la hubo de grises) que suponía la total exclusión y la pérdida de cualquier trabajo. El director  Edward Dmytryk , condenado a la cárcel, abre la veda de la delación, para blanquearse y recuperar el trabajo, facilita al comité una lista de 26 nombres de antiguos compañeros. Elia Kazan, Clifford Odets y otros  hacen lo mismo. Y empieza una histeria  terrible que supuso denunciar a amigos, incluso a la propia pareja para salvar la piel. Tiempo de Canallas como definió en su libro, la ilustre Lillian Hellman (blacklisted y compañera del escritor Dashiell Hammet, que fue enviado a la cárcel).

Muchos actores o directores escapan a Europa. Joseph Losey, Jules Dassin, Sam Wanameker… otros se autoexilian como Charles Chaplin, John Huston o Orson Welles que sentenció este periodo:

“De mi generación somos muy pocos los que no hemos traicionado nuestra postura, los que no dimos nombres de otras personas. Es terrible y uno no se recupera de semejante traición. Es muy diferente la delación de un francés ante la Gestapo, para salvar la vida de una esposa o un amigo. Lo malo de la izquierda americana es que se traicionó para salvar sus piscinas (…) fueron las mismas izquierdas las que se demolieron, dando paso a una generación de nihilistas“.

Después de dos años en paro, en los que morirán dos actores muy vinculados a él, Canada Lee y John Garfield, ambos por colapsos cardíacos,  por el feroz hostigamiento a que fueron sometidos por la HUAC y el FBI. A Robert Rossen se le retira el pasaporte y con ello la posibilidad de encontrar trabajo en Europa. En 1953, acorralado, Rossen solicita declarar, a puerta cerrada, para rehabilitarse. Confirma una lista de nombres, previamente delatados. Consigue de nuevo el pasaporte, pero su mundo interior y su salud se hunden. Según posteriores declaraciones de su hijo, empieza a beber en exceso, lo que agravó su diabetes. Se rompe su primer matrimonio y Rossen viaja a Europa , donde permanece cuatro años. Acepta en Italia un encargo “Mambo” con Silvana Mangano y filma en España “ Alejandro el Magno “ con producción y guión propios, un digno fracaso que supone una triste reflexión sobre el poder político. Después rueda un anodino melodrama interracial “ Island in the Sun” que supuso su regreso a los estudios de Hollywood en 1957. La decadencia y muerte por alcoholismo de MacCarthy y el encarcelamiento por corrupción de su mano derecha Joseph Pernell, suponen el fin del MacCarthismo, no sus consequencias.

Robert Rossen inicia su última etapa, en 1959 con “They Came to Cordura” extraño y mal recibido western, mutilado y alterado su final por la productora. Le seguirán  sus dos obras maestras absolutas: “The Hustle “ y “Lilith “.

En 1961 se estrena “The Hustler” (El Buscavidas) magnético y muy atmosférico film sobre un compulsivo jugador de billar, perdedor/ganador, en un denso ambiente  de corrupción y desengaño.

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Filmado en una soberbia fotografía en B/N  y cinemascope de Eugen Shuftan y el control absoluto de Rossen que volvía a ser productor, guionista y director, se convierte inesperadamente en un absoluto éxito de crítica y público (hasta el extremo de relanzar la afición por el billar), una galería de actores en estado de gracia, desde Paul Newman (sin duda en su mejor trabajo, hasta el momento) a Piper Laurie (casi olvidada actriz menor de los 50s) o los inmejorables George C. Scott y Jackie Gleason ). Nueve nominaciones a los Oscars y mejor director para la Asociación de Críticos de NewYork, entre otros muchos reconocimientos.

Para Rossen el juego representaba otra forma de expresión artística, las diferencias entre perdedores y ganadores (tan obsesivas en la mentalidad americana) podían ser mínimas. Sobre un esquema argumental parecido al de Body and Soul, Rossen profundiza al máximo creando un tapiz de personajes mucho más complejos, más turbios y profundamente humanos en su fragilidad, su torpeza o su maldad.

Animado por la entusiasta acogida, Rossen se dispone a trabajar en el que se convertirá en su film/testamento, su salud se había agravado. Quizás consciente de ello, el director intentará con su adaptación de una  novela de psicopatología sexual de J.R. Salamanca, ofrecernos su obra más personal, oscura y compleja. La que plantea a la vez un lirismo extremo y un ambiente más convulso, malsano y pesimista.

Tanto su protagonista, una enferma mental, Lilith (llamada así, como la primera mujer, diabólica, de Adán, por independiente y sexualizada) como su teórico cuidador/enamorado/salvador Vincent Bruce, tan frágil y enfermo como ella, acabarán destruidos.

Magnífico e incomprendido film (en su época), de una belleza extraña y fascinante (como un cristal, dañado en su interior) con una excepcional fotografía de  Eugen Shuftan (de nuevo! ) y una partitura musical extra-ordinaria de Kenyon Hopkins. Un rodaje agotador, agravado por la actitud narcisista y caprichosa del divo Warren Beatty, el único fallo  de un film que fue maltratado  (incomprensiblemente) en su presentación en el Festival de Venecia, por su propio presidente Luigi Chiarini, en septiembre del 1964, hará  pronto 50 años.

Cahiers du Cinema en abril del 1966, poco después de su muerte el 18 de febrero de 1966, le dedicará un extenso homenaje, donde incluirá  el sincero  y profundo artículo  de Jean Seberg “Lilith et Moi” consciente de que Rossen le había regalado su mejor papel y trabajo para el cine: “Rossen era un hombre complejo, angustiado, analizándose, preguntándose continuamente… Quizás deberíamos ver la causa de esta angustia, en el enorme trauma del McCarthismo, cuando su época y su mundo (interior) literalmente se hundieron”.

(… ) “Recuerdo la Pascua judía que pase con la familia de Rossen, la comida, las miles de velas encendidas en toda la casa, mientras Rossen cantaba canciones rituales, en compañía de sus hijos y tengo la impresión que había en él, y en su film Lilith, algo muy precioso y secreto, que no encontraré nunca más”.

Los films “All the King’s Men” y “The Hustler” fueron declarados en 1997 y 2001, respectivamente, por el Archivo Nacional de los Estados Unidos, significantes cultural, histórica y estéticamente.

El 2002, el prestigioso crítico David Thomson  escribía: “Lilith es una rareza, el único de los films de Rossen, que parece hoy apasionado, misterioso y extremadamente personal, merece seguir creciendo…”.

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NOTA:  Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.

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