JOSEP MARIA POU (Entrevista. Parte 1 de 3), por Yolanda Aguas

Zaragoza, 3 de Abril de 2014.

A veces los sueños se cumplen y nos hacen creer que todo es posible en la vida.  Para nosotros, conversar tranquilamente con Josep María Pou, era uno de esos sueños.   Él vino a Zaragoza, tras veinte incomprensibles años de ausencia en los escenarios de la ciudad, para representar la obra “A cielo abierto”, y nos concedió la entrevista que leerán a continuación.

A pesar del cansancio -llevaba todo el día de promoción- , fue muy generoso y nos regaló mucho más tiempo del solicitado.

Es un hombre culto, de conversación fluida y brillante, y descubrimos gratamente que – además – es muy divertido.

Nos hubiera encantado hablar con él de todos sus trabajos, uno por uno, pero las entrevistas no lo permiten por razón de tiempo.  Sin embargo, nos quedamos con la satisfacción de saber que en sus planes futuros está la idea de escribir un libro donde hablará precisamente de eso, de todo lo vivido en cada una de sus funciones teatrales.

Es un maestro, no descubrimos nada al decirlo, de la interpretación y de la dirección teatral. A veces parece un mago porque todo lo que pasa por sus manos lo convierte en éxito de público y crítica.

Josep Maria Pou, nos concedió esta entrevista que bien podría definirse como una master class, otra ¿y van?…

POU e Irene al fondoPOZA y POU

David Hare, el autor del texto, fue a verles a Barcelona cuando estrenaron la versión catalana.  ¿Puede compartir con nosotros lo que le expresó al ver la obra?

Sí, cuando estrené la obra en el 2003, él vino a Barcelona a ver el montaje que hice con Marta Calvó y dirigido por Ferran Madico.  David estuvo cuatro días enteros con nosotros.  Le invitamos no sólo a que viniera a ver la función, sino a que él interpretara en el Teatro Romea (con el mismo decorado de “Celobert”) un texto que él había escrito que se llamaba “Vía Dolorosa”, donde él publicó su experiencia de un viaje a Israel.  Es un texto muy famoso que él interpretó por todos los teatros del mundo y que luego lo han hecho también otros actores.  Yo tuve la suerte inmensa de que él vino a Barcelona, estuvo allí cuatro días con nosotros, vio la función un par de veces y le gustó muchísimo.

Cenando una noche en un restaurante de Barcelona, me cogió aparte para decirme que le había sorprendido y que le había encantado mi trabajo.  En Inglaterra, esta función ya la habían interpretado 3 ó 4 actores porque allí se estrenó en el año 1995.  Le habíamos contado que yo iba a hacer otra obra suya que se llama “El beso de Judas” (The Judas Kiss), maravillosa obra, donde el protagonista es Oscar Wilde y yo iba a hacer de Wilde.  A él le entusiasmó porque pensó que yo podría hacer un Oscar Wilde perfecto.  Luego, junto a Calixto Bieito – Director Artístico del Romea – , en otra cena donde él se enamoró de Barcelona, era la época en la que él estaba nominado al Oscar por el mejor guión adaptado de “Las Horas”…

Maravillosa película, de mis preferidas…

Sí, y maravilloso guión…, y eso impidió que él se quedara más días en la ciudad porque tenía que irse directamente a Los Ángeles para asistir a la ceremonia, sino él se habría quedado más horas con nosotros.  Y conseguimos, no sé si por el éxito de “Celobert” y de la reacción del público, que él se ofreciera a escribir una obra para que la estrenara yo, para que se estrenara en Barcelona y ¡localizada en la ciudad de Barcelona¡  Nos despedimos con su promesa, pero luego nunca más supimos nada.  Calisto mantuvo contacto con él durante un tiempo y él seguía diciendo que lo haría… pero ninguno de nosotros insistió, eso es verdad, para reclamarle nada.  Lo cierto es que sí, tuve la suerte de conocerlo y al poco tiempo fui a Londres para el estreno en el National de una función suya que se llama “The Permanent Way”, que era una diatriba contra la privatización de las líneas de trenes en Inglaterra. Fue un éxito muy grande del Nacional y también tuve la suerte de cenar con él en el National.  Pero sí, él vio el trabajo que hicimos en Barcelona y lo alabó mucho.

El año pasado retoma la obra, esta vez en castellano, y elige a la gran Nathalie Poza para acompañarle en esta nueva aventura.  Fue compañera suya en la serie de televisión “Policías”, en “Lex”…  y tras “A cielo abierto”, el verano pasado la dirigió de nuevo en “Fuego” de Duras en el Festival de Teatro de Mérida.   ¿Qué destaca en Nathalie por encima de todo? 

POU y POZASaludando POU y POZA

Esta mañana, en la rueda de prensa celebrada en el Teatro Principal de Zaragoza, afirmó que Nathalie es actualmente una de las tres mejores actrices españolas.

Sí, Nathalie es una de las dos o tres mejores actrices en este momento.  Seguro, segurísimo…  Es una actriz ¡como la copa de un pino¡  Es increíble y no sólo por sus cualidades de actriz, que las tiene, sino por la manera como entiende el teatro.  Me siento muy identificado con Nathalie porque es una persona que entiende el teatro y el oficio de actor como lo he entendido yo toda mi vida y no es fácil encontrarse compañeros que entiendan el teatro de esa manera.  Es casi como una especie de sacerdocio que requiere tu dedicación y tu compromiso.  Compromiso con los textos que eliges, compromiso con el beneficio o el daño que le puedes hacer al público interpretando un texto determinado o no.   Yo siempre he estado muy preocupado por eso.

Yo sabía, desde hace muchos años, desde que conocí a Nathalie en “Policías” que cuando yo hiciera esta función en castellano tenía que hacerla Nathalie.  Cuando yo decidí montarla el año pasado, lo primero que hice fue llamarla y le dije “guárdame las fechas porque quiero hacer esa obra en español contigo”.  Ella me dijo sí ¡de inmediato y entusiasmada¡  Ella, como ya has visto, está genial en esta obra.  Tan genial está que ella ha conseguido que yo haga mi personaje mejor de lo que he venido haciéndolo en los últimos trece años.

¡Están los dos magníficos¡ hay momentos en que me caen las lágrimas…

¡Y a nosotros¡

Carme Elias piensa que el teatro es una respiración conjunta entre actores y público, en la que la aportación del espectador es “esencial”, pues se genera una combinación de emociones que determina el resultado final, lo que define como un “estado emocional maravilloso” y que cada función de teatro es una experiencia irrepetible, un acto que nace y muere y que puede terminar de manera muy diferente en función del público que crea esa “respiración conjunta” junto a los actores. 

¿Está de acuerdo?

¡Totalmente¡ De acuerdo 100% y 1000%o , esa es una teoría, es una opinión que yo vengo defendiendo desde hace años y años.  Yo lo expreso de esta manera: Si el público fuera consciente, que no lo es, de hasta qué punto su actitud en el momento de la función condiciona que la representación de ese día sea buena o mala, o mejor o peor, se asustaría.  El público es el auténtico responsable de que aquella función de aquel día en el que él está dentro del teatro sea buena o sea mala con su actitud.  Nosotros salimos a escena y nos alimentamos de la energía que manda el público.  A veces es una energía absolutamente a favor, es decir, con ganas de ver el espectáculo, con predisposición para parar su vida durante dos horas y meterse en la vida que nosotros le ofrecemos.  Otras veces te encuentras con un público que está más despistado, que se ha metido en el teatro quizá no con las ganas que debiera porque alguien le ha llevado… y nosotros para eso tenemos una hipersensibilidad y esto lo notamos enseguida.  Cuando te encuentras con un público, sin necesidad de mirarles, porque no les ves, sin necesidad de hablar con ellos, simplemente por su respiración o por su aliento, allí se crea una atmósfera –como una especia de burbuja- en la que te encuentras metido con el público en la misma burbuja.  Cuando notas eso, sabes que la función va a ser genial y eres absolutamente feliz.  Esa felicidad que propicia el público hace que tú hagas una función genial, que tú seas mejor actor que nunca.  Eso, por suerte, se da muy a menudo, bastante a menudo…

Y también, se da el caso contrario y notas que no hay una burbuja, que hay dos burbujas: la tuya y la del público.  En ese caso yo les digo a mis compañeros “no hay que abandonar”.  Lo peor que puede pasar, y es lo que hacen algunos actores y eso es malo, es que cuando se dan cuenta de que ellos están en una burbuja y el público está en otra no hay manera de que esas dos burbujas se fusionen para hacer una sola, los actores abandonan, dicen “hacemos la función para nosotros y allá ellos y que entiendan lo que quieran, que cojan lo que quieran o que disfruten lo que quieran”.   Eso es lo peor que le puede pasar a un actor.  Lo que tiene que hacer el actor es luchar para que la burbuja de afuera empuje con la máxima fuerza posible para que se fusione con la otra, y si lo haces, lo consigues, seguro.  O tener el magnetismo para conseguir quela burbuja de abajo suba hasta el escenario para fusionarse con la nuestra, eso es un placer.  Yo he vivido días en los que “el público estaba frío” (como se suele decir), con una cierta lejanía.  Notas que a los diez o veinte minutos ya los has hecho tuyos, ya respiramos conjuntamente y eso es uno de los mayores placeres de estar encima de un escenario.  Sin público no hay teatro, no hay oficio nuestro y nosotros no somos nada.  El público es fundamental.

“El Teatro de los niños” que le regalaron en su infancia ¿marcó su niñez y definió su personalidad?

Yo no sé si definió mi personalidad, no lo sé… no me atrevo a decir eso, pero sí es verdad que me marcó.  Lo sigo conservando en mi casa y de vez en cuando lo desenvuelvo y lo coloco encima de un mueble y lo vuelvo a guardar para que no se estropee porque es una joya.  La verdad es que está muy estropeado y está muy viejo porque jugué mucho con él.  Y, atención, porque ya había jugado mi padre muchísimo con él.   Me lo regaló mi padre y a él se lo regalaron de niño.  Es la primera edición de un teatrito de los que hizo Seix Barral, una auténtica joya, algunos se venden en tiendas de anticuarios a precios elevadísimos, y te digo una cosa, es de principios de siglo…

Exactamente, de 1915…

Pues eso… (sonríe), mira… estaba calculando ahora, mi padre nació en 1911 y a él se lo regalaron de pequeño.  Lo tuvo toda su vida y él me lo regaló a mí.  Una vez, un anticuario lo vio y me ofrecía el oro y el moro por él.  En cualquier caso, eso me marcó, no me atrevo a decir que el teatrito, pero sí jugué muchísimo con ese teatro que tenía sus decorados, sus personajes que yo cambiaba y ellos entraban y salían.  Puso en marcha mi imaginación y mi capacidad de fabulación y eso quizá me llevó a lo de ser actor.  Yo he tenido la suerte inmensa, brutal de haber nacido en una familia que iba mucho al teatro, que le gustaba el teatro.  A mis padres les gustaba el teatro y todos los domingos iban al teatro, y a veces otros días más por semana.  Eran grandes espectadores de teatro.

Por otra parte, en mi casa se leía muchísimo y había una enorme biblioteca, lo que no era habitual en una familia de clase media.  Había una habitación grande dedicada a biblioteca con libros hasta el techo y de ellos un altísimo porcentaje, yo diría que un 50%, era teatro.  Eran colecciones enormes, aquellas como “La Farsa” y “La Escena”, se publicaba mucho teatro en los años 30 y 40.  Todo eso estaba en mi casa, yo desde pequeño respiré teatro sin haber nacido en una familia de teatro.  Mis padres eran espectadores de teatro y a mí me parecía normal que los domingos por la tarde fuéramos al teatro y creía que todo el mundo hacía lo mismo.  Mi madre nos ponía la ropa del domingo y era fascinante.  Yo creía que todo el mundo hacía lo mismo, que eso era lo normal y  luego descubrí que no.  No era solamente eso, luego entre semana, mis padres iban al teatro y cuando volvían, al día siguiente nos contaban la obra que habían visto.  Yo creo que mi vocación nace de ahí, forzosamente nace de ahí, de la suerte inmensa que tuve de nacer en esa familia con ese interés y el teatrito también forma parte de eso.

Siempre he pensado que usted es un actor-director tan respetado (y muy querido)…

Me consta (sonríe), me siento querido, sí…

porque a lo largo de su carrera ha tratado de igual forma a su público. Yo lo veo como un hombre que con sus propuestas teatrales ha intentado ayudar y educar al público que siempre le ha seguido. ¿Cree en el principio de la reciprocidad?

Total sí, ¡claro que creo¡.

Cuando eres educado son educados contigo, cuando eres generoso son generosos.  Creo que este mundo se basa mucho en eso y para la convivencia es imprescindible la reciprocidad o la comunión entre la gente.  A parte de eso, has dicho una cosa que me satisface muchísimo, dices que he sido un actor/director que ha procurado siempre educar a su público.  No tanto en educar, pero sí es verdad que yo le tengo un respeto brutal al público, y ya desde el principio de mi carrera, desde muy al principio, yo me hacía un ejercicio y me decía “vamos a ver, si hay una gente a la que yo no conozco de nada, que deciden salir de su casa, gastarse un dinero y comprar una entrada…”

Viajar para verle trabajar en el Teatro de otra ciudad diferente a la de ellos…

Viajar para ir a ver lo que yo hago…, yo no puedo de ninguna manera, a esas personas que hacen ese ejercicio de enorme generosidad, defraudarles haciendo funciones estúpidas, funciones tontas que les hagan perder el tiempo.  Y ese ha sido siempre, y sigue siéndolo, mi gran compromiso con el público.  Que esas dos horas que cada uno de los espectadores, si añadimos viajes son muchas más, dedican a ir a ver lo que yo hago, yo tengo que corresponder a todo eso ofreciéndoles algo de muchísima calidad que les sirva a ellos para sus vidas.  Que no solamente les sirva para esas dos horas, sino que cuando salgan de esa función el recuerdo de ese espectáculo o las reflexiones que les genere ese espectáculo les sirvan para muchísimo más o les sirvan para encontrar respuestas para su vida.

Esa ha sido, y sigue siendo, mi obsesión en el momento de decidir qué función hago.  Me hago siempre esa reflexión.  Y si analizas todas las funciones que he hecho, todas ellas hacen reflexionar al público porque ofrecen temas de reflexión.  A veces con mucho humor, a veces como “Los chicos de historia”, con un espectáculo casi musical.  Hablo sobretodo, atención, y ahí debo establecer una diferencia, cuando digo eso hablo de mí como actor.

Sí es verdad que en los últimos años, en los diez últimos años, donde yo tengo también una carrera paralela como director que empezó con “La Cabra”, he dirigido algunas funciones que quizá alguna de ellas no respondía a eso, pero no me alejaba mucho de ello.  Lo hice conscientemente porque sabía que esas funciones estaban de la mano de alguien, estaban colgadas de la percha de alguien, de la mano de alguna actriz que iba a conectar muy bien con el público y que iba a conseguir esa comunión.   Me refiero, por ejemplo, a las funciones que he hecho con Concha Velasco, que para mí ha sido ¡increíble y fantástico¡ poder contactar con Concha, convivir con Concha en el momento de la creación.

No hablo de “La vida por delante” que era un texto fantástico de Romain Gary, maravilloso y que fue un gran éxito.  Luego, Concha y yo nos permitimos el lujo de hacer “Lo que yo quiero es bailar”, que quizá era un espectáculo más frívolo pero que era una fórmula de función no muy habitual en España.  Que una gran estrella como Concha Velasco saliera al escenario a reflexionar sobre su vida y a pedirle al público que lo hiciera también sobre su vida, eso no era muy habitual.  Mientras ensayábamos “La vida por delante”, Concha me decía “tenemos que pensar otro espectáculo, quiero hacer otro espectáculo contigo” y yo también quería y queremos hacer muchos más juntos.  Ahora nos hemos dado un respiro.  Cuando Concha me decía eso, yo recordé un espectáculo que había visto en Londres y en Nueva York a cargo de una actriz espléndida a la que adoro, Elaine Stritch, donde ella hacía un espectáculo más o menos igual.  Siguiendo ese modelo construí ese espectáculo de Concha que es magnífico.

¿Es más feliz por lo que usted hace por el teatro o por lo que el teatro hace por usted?

Es una pregunta muy difícil de contestar porque las dos cosas son ciertas, las dos cosas me dan el mismo tipo de felicidad.

Por supuesto, el hecho de que yo vea, compruebe, note que lo que hago llega al público y al público le sirve, lo disfruta y lo aprecia y me lo hace saber con sus aplausos de manera inmediata, y con sus comentarios después y con lo que comentan unos con otros con lo que escriben, me hace muy feliz, por supuesto…  Si mi trabajo cayera en tierra baldía pues me sentiría muy mal.

Al hilo de sus palabras, ¿me permite citarle textualmente?

Sí, por favor…

“Quienes te conocen del teatro, se acercan respetuosamente y te saludan o hacen algo, que es de lo que más me gusta del mundo y que también hacen algunos telespectadores, no dicen nada pero te sonríen y, ese gesto, esa mirada, esa medio sonrisa de complicidad es para mí la mejor prueba de que tu trabajo llega…”  ¿Esa es la muestra de amor que usted más valora de su público?

(sonríe)… Por supuesto, por supuesto… ¡y eso ocurre todos los días¡  Yo me siento afortunadísimo por ese respeto, y eso sigue siendo vigente.  Y, es verdad, soy muy sincero.

Me acuerdo de cuando dije eso.  Es un privilegio, el hecho de que llegues a la ciudad que llegues, en un sitio donde no conoces quizá a nadie, donde no has vivido nunca, pero has trabajado en el teatro y la gente te ha visto o te conoce por la televisión o el cine y vas por la calle y la gente, simplemente, te ve…y de repente se queda un poco asombrada de verte allí y se queda parada o simplemente te hace una sonrisa de complicidad en la que te está diciendo “sé quién es usted, le reconozco y hasta me gusta su trabajo”, pero no quieren molestarte.  Yo siempre digo “no me molestan nunca”.  Cuando alguien te para en la calle o donde sea y te viene a decir “señor Pou, su trabajo me gusta mucho”, pero ¿cómo va a molestar? ¡No molesta en absoluto¡ (sonríe) ¡yo me lo comería a besos¡, sea hombre o mujer o lo que sea… (ríe) la persona que se acerca a decirme eso.

Ahora bien, la otra parte de la pregunta “¿soy feliz por lo que yo hago para el teatro?”: Yo no creo que esté “haciendo algo por el teatro” en términos generales…  Pero sí es cierto que en la parcela que me corresponde tener, el espacio que yo tengo dentro del teatro en España en estos momentos, llevo cuarenta años en el teatro y digamos que de esos cuarenta años, en los últimos veinte yo he tenido ya un cierto poder.   Lógicamente, uno va confeccionando su carrera y cuando llega a un punto, uno tiene un cierto poder para decidir qué espectáculos quiere hacer o no.  En razón de eso, sí que siento que he hecho algo por el teatro, en el sentido de que por ejemplo las últimas quince obras de teatro que yo he hecho, ha sido así porque las he elegido yo, he decidido yo hacerlas y han resultado muy bien, al público les han gustado mucho.  A mí me hace muy feliz haber, de alguna manera, propiciado que el público pueda disfrutar con aquellos textos que a lo mejor, si no los hubiera hecho yo, no los hubiera hecho nadie y el público no hubiera podido disfrutar de ellos.

(Esta entrevista sigue en: JOSEP MARIA POU – (Entrevista. Parte 2 de 3 –)

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NOTA:  Las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

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