JOSEP MARIA POU (Entrevista. Parte 2 de 3), por Yolanda Aguas

(Esta entrevista es continuación de: JOSEP MARIA POU – Entrevista. Parte 1 de 3 –)

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De todos los personajes que ha interpretado… ¿ha tenido la necesidad de juzgar a alguno de ellos, o su forma de enfrentarlos ha sido siempre con comprensión?

Uy…¡  (ríe), por supuesto que cuando decides hacer un personaje ya le has juzgado.  Es decir, a ti te llega un guión o un texto de teatro y lo lees y aquel personaje te gusta o no te gusta y si tomas la decisión de hacerlo ya le has juzgado, y significa que le aceptas.

Lo que puede pasar luego es que ese personaje no tenga nada que ver contigo, o sea un asesino en serie y tú no lo eres, etc.  Se produce una paradoja enorme en el arte del actor, es que para poder dar credibilidad al personaje, que en eso consiste el oficio, que el público se crea que no es al actor al que está viendo sino al personaje y tú tienes que darle la verdad, tienes que darle tu verdad, entonces tienes que entender el personaje, tienes que querer al personaje.  No puedes interpretar un personaje del cual estés en contra.  Y ahí es donde hay que rebuscar, y a veces pasar por caminos muy tortuosos en tu mente y hasta en tus entrañas, en tus emociones, en tus sentimientos.

Caminos para entender, comprender y llegar a querer a personajes que, en tu vida real, si no fueras actor, despreciarías su comportamiento.  A eso hay que llegar ¿no?  Ese es un mecanismo que forma parte del oficio.  Alguna vez me ha tocado hacer personajes con los que no compartía absolutamente nada, pero con los que no compartes nada o que te dan un cierto repelús, es verdad que esos personajes estaban escritos, conformados y formaban parte de una obra tan maravillosamente bien escrita por un autor, que decías “bueno, me compensa estar haciendo esta función”.  La parte que yo aporto es una parte de un personaje que no me gusta, pero qué bien que haciendo yo esa parte que no me gusta y que no quiero y me estoy obligando a querer, hace posible todo el resto de la función.  No sé si me explico…

Y en la vida… ¿está liberado de juzgar a los demás?

Bueno…, uno no puede evitarlo.  Cada día tienes que estar emitiendo juicios.  Yo soy mucho de “vive y deja vivir”, procuro hacerlo precisamente porque reclamo muchísima libertad, la he reclamado siempre para mí, reclamo una enorme libertad para mí y respeto muchísimo la libertad de los demás.  Creo que el ser humano está sujeto a tantas y tantas contradicciones y condicionantes que nunca se debe juzgar a nadie por lo que veas o pueda hacer en un momento determinado.  Las circunstancias cambian tan rápidamente y obligan a las personas tan rápidamente… No, no, no… No me gusta, y sobre todo, puede que exprese opiniones pero no soy de juicios condenatorios.

El teatro siempre ha sido una prioridad para usted… “Ser actor era ser actor de teatro.  Hay dos carreras: de actor y de estrella.  Las dos son lícitas pero tienes que elegir”.

¿No encuentra a nadie que reúna ambas cosas?

Sí, por supuesto… (sonríe), lo que pasa es que eso lo decía hablando sobre todo de la gente joven, la gente joven de los últimos años.  Ahora cuando hablas con la gente joven que quiere ser actor, no quieren ser actor, quieren ser “actor de series de televisión”, lo cual quiere decir que quieren ser estrellas, quieren ser muy populares, que la gente les pida autógrafos, quieren hacer las alfombras rojas de los festivales, quieren salir en las portadas de las revistas y además ganar muchísimo dinero.  Eso es lo que les importa más que el hecho de incorporar personajes, hacer grandes textos, todo eso de lo que venimos hablando en esta conversación, Yolanda, que yo entiendo que es mi oficio.  A eso me refería.

Es lícito que alguien decida ser una estrella en este aspecto, pero creo que eso se acaba muy pronto, es muy difícil luego mantener eso sin tener una base de actor.  Hay quien por ese camino descubre el placer de ser actor de la otra manera y se funden las dos cosas.  Me refería con eso que yo creo que cuando uno decide ser actor y se mete en eso, está tan absorbido con su trabajo también (por lo que le gusta su trabajo, por el hecho de ensayar, de encontrar el personaje, de hacer una función por otra) que uno no se preocupa de las consecuencias.

Realmente los buenos actores son los que están continuamente luchando por hacer el personaje lo mejor posible, por conseguir textos mejores que los anteriores.  Todo el empeño y las ganas, casi como una mula con las orejeras, están puestas en el trabajo y no nos preocupamos, permíteme que me incluya en ese grupo, al menos yo no lo he hecho nunca, de la repercusión de mi trabajo o nunca he sido realmente consciente.

Luego dicen “te has convertido en un personaje importante, la gente habla maravillas de ti…”.  No soy demasiado consciente. ¿Por qué? Porque he empleado el 100% de mis capacidades únicamente en preocuparme de mi trabajo, no en preocuparme de los efectos secundarios de mi trabajo.  Como yo, muchísima gente.  Lo cual me lleva a pensar que los actores que se dedican con intensidad a su trabajo y a intentar mejorar día a día, llegan a convertirse en estrellas, si ser estrella es algo, si ser estrella significa que hay una cantidad de gente que es capaz de moverse para ir a ver tu trabajo.

Ser estrella no significa más que eso.  Si es así, bienvenidas sean esas estrellas.  Ser estrella se consigue con el trabajo bien hecho de cada día.  Como efecto secundario me parece estupendo, lo que me parece mal, y a eso me refería, es esa gente que ya de entrada sólo quieren ser estrellas.

Permítame nombrarle a los actores que marcaron la vida de muchas personas, entre ellas la suya:  José Bódalo…

¡Oh¡ ¡El más grande actor¡,  Yo creo el mejor actor que ha habido nunca en este país, por lo menos desde que yo estoy vivo y he podido ver actores, incluso en filmaciones anteriores.  El más grande actor con el que tuve la suerte de trabajar a su lado en el escenario varias veces.

Luisa Sala, José Mª Prada, Irene Gutiérrez Caba, Mayrata O’Wisiedo, , José María Rodero, Pablo Sanz, Ana María Vidal, Amelia de la Torre, Encarna Paso…

¡Oh, oh…¡  Todos esos son mis maestros, ¡todos¡

Nómbreme usted a los que actualmente considera que pueden ser los  “actores-guía-modelo-maestros” para los jóvenes actores que comienzan…

Hombre… (sonríe) Me obligas a algo que es dar nombres…

Le obligo, le obligo… (reímos)

Te diré nombres, pocos… y siempre pensando que hay más.  Es decir, me estás diciendo en definitiva, con un circunloquio que te de los nombres de los que yo creo que son los grandes actores del momento.

(no puedo evitar reír…¡me ha pillado¡)

Con un circunloquio, pero me estás pidiendo esto…

Sí…

Yo creo que son dos grandísimos actores, grandísimos, completísimos actores: José Luis Gómez y Josep María Flotats.  Ellos deben ser dos modelos imprescindibles.

Bien es cierto que estoy citando a actores de una determinada edad.  A lo mejor me faltaría tiempo para reflexionar, pero hablamos sólo de actores, de hombres.  Yo creo que es un grandísimo actor también: Miguel Rellán.  Me parece un enorme actor.

Hay muchos actores que me gustan y que pueden ser modelo.

Me gustaría poderte dar nombres de actores más jóvenes, pero es que creo que los actores más jóvenes, que los hay muy buenos y pueden llegar a ser maestros, pues van a llegar a ser maestros.  De todas maneras me atrevo a darte el nombre de un actor joven (de las últimas generaciones) que hace mucho teatro, ha hecho algo de televisión, no es demasiado conocido quizá todavía y que yo creo que es un actor sublime:  Pablo Derqui.  No sé si le has visto en la serie “Isabel la Católica”, él hacía el personaje del rey Enrique IV.  Es un actor que en Barcelona ha hecho unos trabajos brutales, es un actor que a mí, cada vez que le veo, me pone la piel de gallina y eso para mí significa algo, me indica que es un grandísimo actor.

Quizá habría más, pero me comprometo a decirte éstos.

Con la certeza de que todos tenemos luces y sombras, ¿su faceta como actor le ha permitido vehicular su oscuridad?

Sí, ¡seguro, seguro¡ (ríe)

Sí, la mayor parte de actores lo somos para escondernos debajo de los personajes.  Somos actores para disimular nuestra parte oscura.  A lo mejor no somos capaces de enfrentarnos al mundo tal como somos y queremos desaparecer debajo de otros, por eso nos disfrazamos de otros y nos hacemos pasar por otros.  Los psiquiatras y psicólogos saben mucho de eso porque también han estudiado mucho a los actores.

Y hay una cosa, que es muy positiva,: los actores tenemos la suerte inmensa de poder vivir tantas vidas distintas que siempre llega el momento de que un personaje te obliga a explorar tus zonas más oscuras, y a sacar la luz, aunque sea dentro de la ficción verdades tuyas muy oscuras que al saber que están metidas dentro de la ficción tú las sacas sin ningún pudor, pero tú sabes que son verdades oscuras pero se las prestas a otro personaje para que él las haga.  Y las enseñas sin que el público sepa que son tuyas, son del personaje….Es complicado, pero creo que mi explicación se comprende.

Perfectamente…

A sus 70 años, en plenitud de su infinito talento ¿le cuesta más adentrarse en determinados territorios como actor?  ¿Es más sutil el margen entre el personaje que finge ser y la persona que realmente es?

No, no, no… al contrario.  Con los años, en este oficio vas perdiendo el miedo y el pudor.  Al principio de tu carrera te da mucho miedo meterte de lleno en los personajes o asumir los personajes y entregarte de lleno.  Luego, poco a poco, te lleva a ello el oficio.  La fusión entre tú y el personaje, cuando coges uno que te gusta, por ejemplo el personaje de “A cielo abierto” es uno que yo adoro, de lo mejor que me ha pasado en la vida, ese ser atormentado y muerto de amor que es Tom, yo le entiendo perfectamente, le conozco muchísimo, me identifico mucho con él, no digo que yo viva lo mismo que él, pero le entiendo y me identifico y le quiero muchísimo, es un ser loco de amor y es un ser además muy inteligente, que sabe que su tiempo se está acabando, que eso de ser un multimillonario que va por el mundo arrasando, y ese capitalismo salvaje en el que él vive no tiene sitio en un mundo futuro más justo, y entiende perfectamente que el camino de Kyra es el ideal, el de colaborar con los demás y comprometerse con los más desfavorecidos, y entiende que ya no tiene sitio en este mundo, y él es lúcido y lo entiende pero por amor está dispuesto a hacer lo que haga falta y hasta suplicar, como suplica al final…

Yo a ese hombre le entiendo de maravilla y me hace feliz hacer cada día a este hombre en escena, pero lo quiero decir es que hace unos años, quizá a mí me hubiera dado pudor y me hubiera costado hacer un personaje como éste.  O entregarle toda mi verdad a un personaje como éste.

Ahora no.  A medida que pasan los años has perdido todo el pudor a enseñar tus miserias.  Sacas tus miserias y se las prestas al personaje ya sin ningún pudor porque has llegado a la conclusión de que tú vives a través de tus personajes.  Yo estoy convencido de que yo soy el que soy en este momento, hoy jueves 3 de abril de 2014, a mis casi 70 años y en Zaragoza, estoy convencido de que soy el que soy porque he ido creciendo y formándome a través de los personajes que he interpretado, más que de lo que yo he aprendido en la vida real.  Seguro.

(Esta entrevista sigue en: JOSEP MARIA POU – Entrevista. Parte 3 de 3 –)

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

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