JOSEP MARIA POU (Entrevista. Parte 3 de 3), por Yolanda Aguas

(Esta entrevista es continuación de: JOSEP MARIA POU – Entrevista. Parte 2 de 3 –)

Foto penumbrasPou rueda prensa

Siempre le he escuchado hablar con mucha pasión de su trabajo ¿nunca ha tenido una crisis ni ha querido parar?

Ahora… (ríe)

¿Ahora?

Sí, pero no por crisis.  Soy un ser absolutamente apasionado, no entiendo que se pueda hacer algo sin pasión.  Lo he sido siempre, es una virtud y un defecto, pero ya ves cómo me expreso, es mi forma de ser.  Yo le pongo pasión a todo porque no sé hacerlo de otra manera, y si hay algo que no me apasiona, no me meto en ello, no lo hago.

Tengo la suerte de poder elegir y hago aquello que me apasiona.  Todos los momentos de mi vida dedicados al teatro y a mi trabajo, que no son sólo aquellos de las horas de trabajo.  Es decir, yo tengo la suerte inmensa de que mi trabajo no está ceñido a ninguna hora.  La función comienza a las 19 h de la tarde y termina a las 21:30 h de la noche, pero yo sigo trabajando porque llego a mi casa y leo funciones, leo textos nuevos…  O viajo para ver funciones que se hacen en Londres, en Nueva York, en Berlín.  A veces voy únicamente para ver la función.  Todo eso es trabajo, vivo inmerso en el trabajo.

Sí, es verdad que ahora, en este momento, cuando he llegado a esa edad, a esos 70 años para los cuales todavía me faltan cuatro meses, cuando uno empieza a cumplir años y empieza a pasar de los 65, que es una línea oficial del retiro, cuando dices “coño, la gente a los 65 años se está retirando”, yo llevo a mi alrededor gente, industriales, gente de la abogacía y de la universidad, que tienen mi misma edad y que yo les conozco porque hemos crecido juntos, que se tomaron su retiro a sus 65 años, y ahora están viajando por el mundo y tomándoselo con calma.

Yo voy corriendo como un loco, estoy ensayando en Barcelona, dirigiendo “El Zoo de Cristal” de Tennessee Williams para estrenar en mayo en el Teatro Goya, estoy haciendo la gira de “A cielo abierto” con lo cual estoy en Barcelona de lunes a miércoles dirigiendo, como sólo puedo estar tres días, lo hago desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche –prácticamente-, con un tiempo para comer algo rápido y luego me vengo aquí a Zaragoza como hoy a hacer la promoción, lo siguientes tres días hacemos la función, a la semana siguiente vamos a Valencia.

Yo no lo necesito para vivir, podría prescindir de todo ello, para vivir no lo necesitaría, lo hago porque me gusta.  Pero es verdad que creo, lo he empezado a ver ahora, pasando de los 65, 66, 67, 68 y los 69 que tengo ahora, que debo rebajar mi actividad, que de alguna manera ya he hecho muchas cosas, muchas…

Echo la vista atrás y digo “ya he hecho muchas cosas”.  No solamente en el teatro, sino en la radio… y ahora escribiendo artículos en El Periódico de Cataluña desde hace unos años, también haciendo traducciones y más cosas que no se saben.

Por ejemplo…

Yo he facilitado información a compañeros.  En mi profesión paso por ser algo así como un “banco de datos”, un señor que sabe todo de lo que se estrena en el mundo.  A mí, por ejemplo, me llaman (y desde hace muchos años, ¡eh¡) desde el principio hace cuarenta años, me llamaban directores, productores o actores y me decían “José María, tú que eres el que más sabe del teatro que se hace en el mundo, dime alguna función que yo pueda hacer”.  Yo les decía “pues mira, lee esa función que yo creo que es muy importante que la hagas tú”, y la han hecho.

Estoy muy satisfecho de esa parte, que no se sabe, que nadie conoce, pero yo sé que hay muchas funciones que se han hecho y que han gustado mucho al público.  Se han hecho porque en algún momento yo le dije a algún actor o algún director “lee esa función”.   Eso me satisface, es decir, creo que ya he hecho muchas cosas y que debo dedicarme un poco a mí mismo.

Como he dicho, yo soy un gran espectador de teatro y yo creo que he aprendido mucho más de teatro viendo teatro que haciéndolo.  Y ver el teatro me produce un placer inaudito, o sea ir al teatro como espectador casi me gusta más que ir al teatro por la puerta de atrás y salir al escenario.

Quiero dedicar gran parte del resto de mi vida a premiarme a mí mismo (ríe) yendo por el mundo o simplemente viendo el teatro que se hace en mi país, que hacen mis compañeros y que normalmente no puedo ver porque coincidimos en horas.  Quiero poner un orden, quiero bajar el ritmo, eso es verdad, ahora pero no porque esté en crisis sino porque me lo merezco.

¿Es usted un hombre miedoso?  ¿le teme a algo?

Sí, a algunas cosas soy terriblemente miedoso.  Le temo a la enfermedad, lógicamente.  Le temo al deterioro físico y mental.  Le temo al hecho de que pueda perder facultades, no solamente facultades artísticas, sino facultades.  Sí, le tengo terror a eso, pero a nada más.

En el teatro aprendes, sales cada día a enfrentarte con el público y para eso se necesita un valor y un coraje para salir a escena.  Inconscientemente cada día, aunque no lo pienses, eso te curte muchísimo.  No le tengo miedo a la muerte, soy muy egoísta y yo lo cuento a veces en plan simpático o gracioso pero es verdad, quiero decir no le tengo miedo a la muerte, le tengo miedo al dolor físico o a las enfermedades degenerativas que pudiese llegar a tener, o problemas de ese tipo, pero soy un egoísta ¡no quiero morirme¡  Es decir, mentira, no es que no quiera morirme, llegará un día que me moriré pero me jode mucho, con perdón, pensar que yo voy a morirme y otra gente vaya a continuar viviendo…  (reímos) ¡y eso no lo puedo soportar¡ me jode muchísimo que yo vaya a desaparecer y otra gente vaya a continuar viviendo, yendo al cine, yendo al teatro…

En eso estamos totalmente de acuerdo… (risas)

Yo digo “si a mí me dicen que el próximo domingo nos vamos a morir todos, pero todos a la misma hora, me parece fantástico, ¡ningún miedo a la muerte¡ De aquí al domingo diré “pues oye que desaparecemos todos…” y me parecería fantástico.

Vamos que le da rabia todo lo que se va a perder cuando muera (risas)

¡Claro¡  porque soy de espíritu curioso y apasionado.

Hay un libro (que usted tiene) “The HALF” que es de fotografías de actores preparándose para salir al escenario.

¡Ah, sí¡  The Half, lo que aquí llamamos “los treinta minutos” que es de fotografías maravillosas hechas en los camerinos.  ¡Uy¡, no solamente lo tengo sino que ese libro desde que salió, hace unos siete u ocho años, he regalado más de treinta ejemplares de este libro a gente que quiero.

¿Cuál es su ritual en el camerino antes de salir a escena?

The Half, como sabes, es el “aviso” de que faltan treinta minutos para salir a escena y es ése toque de alerta que a los actores nos pone como “¡ya¡”.

Justamente se lo contaba al señor con el que estaba hablando antes,  cuando tú has llegado, y me ha encantado.  Es un neurocirujano que dirige el Departamento de Psiquiatría de un hospital, sigue mi carrera desde hace años y él tenía mucho interés en hablar conmigo para conocer, desde el punto del vista de la Psiquiatría, cómo preparo mis personajes.  Me ha parecido fantástico ese enfoque a mi trabajo.

Sí tengo un ritual, y cada actor tiene el suyo y sus manías.  El mío es llegar al teatro dos horas antes. ¿Por qué?  Mi ritual consiste en separar, en poner una cosa que yo llamo “tierra de nadie”, una franja de dos horas entre el mundo real y el mundo de la función, el mundo en el que me voy a meter.  Yo no puedo, como algunos actores hacen, llegar al teatro media hora antes de empezar la función, corriendo y corriendo… vestirse deprisa y entrar en escena.  Sería incapaz, no puedo y, además, no me gusta aunque lo haga gente a la que quiero.  No me gusta, creo que no es bueno.  Creo que hay que poner tierra, lo que yo llamo “tierra de nadie” y curiosamente he hecho ahora una función que se llama así.

Sí, la obra de Harold Pinter…

Eso es, fantástico texto.  Hay que poner tierra, hay que poner en medio una franja que no pertenece ni a un mundo ni a otro.  De modo que llego dos horas antes y entro en mi camerino.  El camerino siempre es la prolongación de la casa de uno, notas como si estuvieras en casa.  Entro en mi camerino, me pongo cómodo, me suelo poner un albornoz o una bata y me siento o me tumbo en un sofá que tengo, a nada.  No a prepararme para el personaje, no a concentrarme, no a realizar ejercicios de concentración y a machacarme con eso…no, no… al contrario, a relajarme.  A seguir con mi vida diaria pero ya en el espacio del teatro.

Me pongo a leer prensa o sigo con el libro que esté leyendo en ese momento, el mismo que ya leía por la mañana, pero lo hago ya en mi camerino donde estoy relajado.  ¿Por qué?  Porque en las paredes está colgado el vestuario de mi personaje y porque encima de la mesa están los útiles:  el reloj, la corbata o los gemelos de mi personaje y, sin querer, sin darme cuenta, estoy ya en esas dos horas que estoy en mi camerino, estoy impregnándome del personaje aunque esté haciendo otras cosas.

¿Alguien tiene acceso para poder entrar en su camerino en esas dos horas previas?

Sí.  Digamos que en la primera hora y media sí, pero más allá de eso no.  A mí me gusta incluso la convivencia, es decir, me gusta que los compañeros que van llegando al teatro pasen por mi camerino y comentamos algunas cosas, pero nunca haciendo grandes tertulias.  Los actores cada uno va llegando y se va a su camerino.  Ahí sí, y no me importa que me llamen a la puerta y venga alguien a hablar conmigo cinco minutos o algo así.

Lo que sí es sagrado, donde no permito que venga absolutamente nadie son los treinta minutos.  Cuando el regidor viene y me dice “treinta minutos”, esos minutos que son cuando yo empiezo a vestirme, cuando empiezo una ceremonia que es ponerme la ropa del personaje, que puede ser un ropaje maravilloso cuando es de época o puede ser un simple pantalón y una camisa, pero ya son del personaje, esos treinta minutos son para absolutamente para mí.  Ahí sí que nadie puede molestarme, y si llama alguien a la puerta no le dejo entrar ni nada de eso.

Y cuando me dicen “Señor Pou, vamos a empezar”, ese momento previo a la función, salgo de mi camerino y entro en el escenario de un modo natural, relajadísimo porque llevo ya dos horas en ese mundo – no acabo de llegar – y estoy ya absolutamente impregnado.  Eso es lo que yo necesito.

Montserrat Roig me escribió una vez…

Oh¡ Montserrat, ¡cómo la quería yo a Montserrat¡

Yo también…, ella me dijo que “la literatura es eso: momentos mágicos en que dos soledades se encuentran.  El que lee y el que escribe son complementarios”. 

Sí, claro… totalmente de acuerdo. Uy ¡qué maravilla de definición, qué maravilla¡

Usted que lee con pasión las autobiografías de los grandes actores… ¿publicará la suya?   ¿Nos regalará “momentos mágicos” a su lado, de una forma más íntima?

Mira, me lo han propuesto dos o tres veces en los últimos cinco años.  Siempre he dicho que no.  Digo siempre que no porque me da un pudor enorme y porque pienso –y lo digo muy sinceramente, no con falsa modestia- “¿a quién puede interesarle, quién puede tener interés en leer mi biografía, es decir, mi vida?”.  He dicho que no, y he dicho “bueno, dejemos la puerta abierta para algún momento”.  Me propusieron, incluso, un libro de conversaciones, me dijeron “no escribas tú tus memorias, hacemos un libro de conversaciones, es decir hacemos una larga entrevista durante varios días o meses”, y dije que tampoco.  Ya llegará el momento, todavía no.

Ahora, por ejemplo, me acaban de proponer una editorial catalana una cosa que me ha gustado muchísimo.  Eso es posible que lo haga, pero te voy a decepcionar porque no tiene nada que ver con un libro de memorias que abarque toda la época de mi trabajo.  Hay una editorial catalana que ha creado una colección preciosa que consiste en que personajes de la vida política, social y cultural con una cierta proyección pública, escriban sus memorias de infancia.  Sus memorias desde el primer recuerdo hasta los catorce años.  Me lo propusieron y eso sí lo he aceptado, no sé cuando lo voy a hacer, me han dado un plazo de tiempo.  Lo acepté porque de repente me apetece revivir y obligarme a reconstruir mi infancia que de alguna manera también puede tener interés porque es como una zona lejana y no me compromete tanto.

Ahora bien, te digo una cosa, yo he heredado de mi padre una afición enorme que es a guardarlo todo.  Mi padre tenía una vocación enorme de bibliotecario, de archivero.  No pudo serlo, digamos oficialmente, por circunstancias familiares, de la guerra…etc.  No pudo terminar la carrera ni pudo estudiar para ello, pero lo era.  En casa él guardaba todo y tenía unos archivos inmensos de todo lo que se refería al mundo del teatro y a la cultura.  Todo eso, lógicamente, lo he heredado yo.  Como había visto a mi padre siempre guardando y clasificándolo todo, yo tengo guardado absolutamente todo, todo de mi carrera, todo el material: programas, críticas, cosas que no tiene nadie, que son las notas de los ensayos que yo he ido tomando de trabajos con grandes directores, etc.

¡Fantástico¡

Todo eso, sí es verdad, que yo lo tengo guardado y eso no lo voy a tirar nunca.  Yo creo que he ido guardando todo eso para algún día reunirlo y ofrecerlo.  Estoy convencido.  Hace unos años se publicó una página web mía que sigue pero que no está vigente.  Ya está dado el encargo a una nueva empresa para fabricar una página web nueva y supongo que en tres o cuatro meses estará terminada.  La anterior la hizo una empresa que empezó con muchas ganas pero las relaciones fueron muy difíciles, la empresa también tuvo crisis y la página se quedó como congelada.  A mí eso me da mucha vergüenza, pero yo tampoco tengo tiempo para ocuparme de ello.  Por ese motivo ya contacté, hace medio año, con otra empresa que está confeccionando la nueva y quieren que sea especialmente maravillosa.  Como yo decía en aquella página web, yo quiero volcar en esa web ¡todos¡, todos los documentos y toda la información que yo tengo de todos los espectáculos.

Yo he realizado cuarenta y tantos espectáculos a lo largo de cuarenta y cinco años.  He vivido cuarenta y cinco años del teatro español último y puedo contar muchas cosas y tengo muchos documentos que no son de alcance público y que a la gente que le llega el teatro puede ayudarles a entender cómo ha sido y como es nuestro teatro.

Y eso, por supuesto, que lo voy a volcar en esa nueva página web, con tiempo, requiere mucho tiempo.  Pero sí es verdad que ronda por mi cabeza desde hace tiempo la idea de hacer un libro que no tiene nada que ver con eso que se llama autobiografía o memorias.   A mí me gustaría hacer un libro – y lo voy a hacer – y esa es una de las razones por las que estoy diciendo “quiero rebajar m ritmo de trabajo para dedicarme a mí”.  Dedicarme a mí quiere decir dedicarme tiempo para hacer eso y ahora no lo tengo.  Hacer un libro en el que yo simplemente hablara, no de mi vida, sino que hablara cronológicamente desde el “Marat Sade” que yo estrené…

En el 68…

En el 68 ó 70…

En el 68 fue “Marat Sade” con Marsillach, y en el 70 hizo “Romance de Lobos” con José Luis Alonso.

Sí, eso…, en el 68 y que fue mi primer espectáculo profesional, “Marat Sade”, hasta el último que es éste de “A cielo abierto”.  Bueno, aunque hay otros posteriores en la creación, o “El Zoo de Cristal” que estoy dirigiendo ahora.  Contar la historia de cada espectáculo, es decir, desde que me ofrecieron el personaje o el trabajo, el proceso de ensayos, hasta la noche del estreno, las críticas, etc.  Y recoger de cada espectáculo todo el material que yo tengo.

Serán una especie de memorias porque es contar qué me pasaba a mí y qué pasaba a mi alrededor mientras estaba haciendo ese espectáculo.

¡Eso será precioso¡ Será precioso…

Esa es la fórmula del libro, donde cada capítulo sería un título de obra.  Estaría el capítulo de “Marat Sade”, el de “A cielo abierto”, el de “La Cabra”…, ceñido a eso.  Esa fórmula me está gustando, estoy empezando a pensar en ello y cuando pienso mucho en algo quiere decir que lo voy a hacer (ríe).  Pero para poder hacerlo necesito tiempo.  Necesito dejar de trabajar tanto – cara al público – como lo estoy haciendo ahora.  ¡Y lo voy a hacer, seguro¡

Por último, ha trabajado en varias ocasiones con la sublime Carme Elías… 

¿Para cuándo la próxima vez?

Ví a Carme, precisamente, el domingo pasado haciendo “Doña Rosita la soltera” en el TNC (Teatre Nacional de Cataluña), en Barcelona.  No la había podido ver antes y fui el domingo nada más llegar de Avilés.  Me gustó muchísimo, por supuesto.   Yo quiero a Carme mucho porque me sentí muy unido a ella en un momento determinado de mi vida.  Era cuando ella y yo hicimos con Josep María Flotats el “Lorenzaccio”, en el Poliorama de Barcelona.  Ella hacía el personaje de la Marquesa  y yo el Cardenal Cibo y teníamos dos grandes escenas juntos y aquello nos unió enormemente, nos entendimos muy bien y nos quisimos muchísimo.  Yo sé que ella me aprecia mucho.  A mí me hubiera gustado infinitamente seguir trabajando con Carme.  Creo que es una grandísima actriz, creo que es, aparte de bellísima que ya es un tópico decirlo, es una actriz inteligentísima y eso se nota.  La inteligencia se nota mucho, y es una actriz con una sensibilidad increíble.  Su sensibilidad creo que es lo que más me llama la atención de Carme como actriz.

Me hubiera gustado trabajar muchísimo más con ella y las circunstancias nos han llevado a no volver a trabajar juntos desde entonces.  Coincidimos en la película “Sevigné”, en un par de secuencias que me gustaron especialmente.  Nos vemos a menudo, pero…, ella y yo lo comentamos muchas veces.  Ella me dice “¿Pou?”, y yo le digo “Carme ¿qué pasa, por qué no trabajamos juntos?” pues no lo sé.  No ha habido nunca la posibilidad.

Tengo una espina clavada con Carme.  Ella, no creo que desvele ningún secreto y no quisiera molestar a nadie con ello y si es así pido perdón, me ofreció y me pidió que yo fuera su compañero de reparto en “84 Charing Cross Road”, en aquella magnífica función.  Cenamos una noche, Carme y yo, y me dijo: “me gustaría hacer esa función y me gustaría mucho que tú la hicieras conmigo”.  ¡Y yo la hubiera hecho encantado¡ pero no podía…  Tenía ya otros contratos que me ocupaban un año y medio por delante y ella quería hacerla ya enseguida y no podía esperarse.  Me sentí muy mal por no poder hacerla, o sea, me halagó muchísimo que Carme quisiera hacer conmigo esa función y me dolió mucho, en el alma, tener que decirle  “Carme, no puedo”.   Sé que ella lo entendió, eran compromisos que yo tenía anteriores y que tenía que cumplir, pero a pesar de ello me siento mal.  Sé que me hubiera gustado mucho hacer esa función con Carme y sé que hubiéramos disfrutado mucho los dos porque además es una función que me gusta mucho, mucho, mucho…

Y luego, pues no ha habido ocasiones.  Más tarde, siendo yo Director del Teatro Goya de Barcelona, aún cuando no íbamos a trabajar juntos en el escenario pero era algo que yo generaba, le ofrecí a Carme que hiciera la protagonista de “Un marido ideal” de Oscar Wilde.  Ella hace Wilde ¡como nadie¡  Recuerdo que me reuní con ella y se lo ofrecí, pero ella no pudo hacerlo.

Me parece una actriz grande, de las grandes de este país, de las cuatro o cinco grandes de este país.  Creo que ha madurado y está madurando de una manera excepcional y estoy deseando volver a trabajar con ella.

El domingo viéndola hacer ese personaje en “Doña Rosita la soltera”, además ya de primera actriz con una cierta edad, recordaba a Carmen Bernardos, yo me acordaba de ella que lo había hecho con Nuria Espert y Encarna Paso en el María Guerrero, la última vez que se montó “Doña Rosita” y dirigida por Lavelli.  Me emocionaba viendo a Carme ahí, haciéndolo con ese peso, con esa solidez, con esa serenidad con la que hace, sobretodo, el tercer acto…

Y que es puro Chejov…

¡Puro¡ es como el final de “El jardín de los cerezos”, es maravilloso.  Esa es Carme, una actriz y una persona que yo quiero muchísimo.

Ojalá encuentren el texto, la obra y el momento que les permita volver a trabajar juntos.

¡Ojalá encontremos el momento¡ pero esta profesión tiene eso, que a veces nos lleva por direcciones diferentes y no es fácil.  Carme y yo somos grandes amigos, nos vemos muchísimo y sería un placer enorme para mí.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

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