DIANA VREELAND: Al paso, al trote, AL GALOPE…, por Francesc Mazón Camats

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Todo en el pequeño Teatre Akadèmia de Barcelona sugiere que vamos a vivir una velada de teatro inolvidable.

Diana Vreeland nos recibe en su apartamento neoyorkino de Park Avenue, en un fascinante salón decorado en rojo (como en una de las míticas escenas del muy glamouroso Vincente Minelli). Una divina, desesperada, disparatada y finalmente desencadenada Diana va a hablarnos de todo, de todos… de ella. Acaba de volver de Europa (Londres, Milán, Madrid, París…), donde había escapado para no afrontar la cruda realidad: despedida, descabalgada de su trono de suma sacerdotisa de la moda. Habla sin parar, como dijo su contemporáneo Truman Capote en una extraña mezcla de la duquesa de Windsor y un chofer de taxi neoyorquino, intentado evitar otra dramática realidad, está sin blanca, no sabe qué hacer con su futuro.

Un monólogo vertiginoso y aparentemente caótico que salta del presente al pasado, de su trabajo, donde se mezcla frivolidad y arte, de su familia, su niñez, llena de exquisitez y extravagancia Sus conocidos… nombres, muchos nombres. Me recordó la maravillosa secuencia del musical “The Bells are ringing” de Minelli, donde una pobre mindundi de Brooklyn es invitada a una exquisita fiesta en el Upper East Side, donde todos los invitados recitaban con las inimitables rimas de Cole Porter (otro exquisito) el quien es quien de lo más in del momento, a lo que nuestra pobre Judy Holliday respondía invariablemente: Rin Tin Tin.

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Diana Vreeland fue la divina reina, casi mejor Zarina/tirana  del mundo de la moda, del diseño, del estilo… a lo largo de cuatro largas décadas. Impuso a fotógrafos, modelos, modistos o diseñadores y sobre todo a sí misma. Fue amada, imitada y caricaturizada con mal disimulada envidia que se acercaba a veces al odio. En “Funny Face” 1957 de Stanley Donnen, bajo la máscara de la temible editora de moda Maggie Prescott, la maravillosa Kay Thompson. Una década más tarde, en 1967 en “Qui êtes-vous Polly Maggoo?” de William Klein, con el aspecto más surrealista, de la autoritaria Miss Maxwell/Grayson Hall. Hoy día su posible discípula, podría ser Anna Wintour, pero la distancia es abismal.

https://www.youtube.com/watch?v=eB5ipZMS4kw

Sólo Carme Elias in the top, podía ser  – en la actual escena teatral – esa criatura mítica, elegante, sarcástica, fascinante y a ratos imposible, insoportable. Carme lucha con un texto endiablado, auténtica montaña rusa, donde cabe todo, lo dramático, lo cómico, lo caricaturesco o lo patético.

En un hermoso y abigarrado decorado de Ramón Ivars  que pretende captar la atmósfera que la rodeaba. La Elias es capaz de pasar en minutos de la altivez a la vulnerabilidad.

Consigue algo muy difícil, hacernos creer que ella puede ser el patito feo que impuso su imagen a golpe de talento y personalidad, incluso cuando nuestra divina recuerda con irónica amargura las crueles palabras de su madre: “Es lamentable que tengas una hermana tan guapa y que tú le tengas estos celos terribles. Y eso por descontado es lo que te hace tan absolutamente intratable”. Su fascinante madre la llamaba “Mon affreux petit monstre”.

Carme Elias está maravillosa tanto en el registro cómico como cuando habla de sus recuerdos de una impagable familia real española.   Magnífica en el dramático, cuando escenifica el final trágico/majestuoso de la emperatriz Elizabeth/Sissi, deliciosa mimando las danzas de la Paulova o Nijinski y conmovedora cuando explica el patético final de su adorado esposo.

Una de las interpretaciones más completas y emocionantes de la Elias, con la que añade una nueva perla a su corona.

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(Diversos detalles del magnífico trabajo de Ramón Ivars – en la fotografía saludando junto a Carme -).

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NOTAS:

Las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

Las fotografías insertadas de las tres películas mencionadas, son propiedad de la colección privada de FRANCESC MAZÓN CAMATS.

XII Premios Max de las Artes Escénicas (PALMARÉS), por CineT Farö

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Los Premios Max de las Artes Escénicas

Organizados por la Fundación SGAE desde 1998, los Premios Max, cuyo galardón está diseñado por el poeta y artista plástico Joan Brossa (Barcelona-1919/1999), impulsor de uno de los colectivos renovadores del arte español de posguerra, se han consolidado a lo largo de estos años como el reconocimiento más amplio en el ámbito de las Artes Escénicas en el Estado español.

Este 2014 supone un punto de inflexión en su trayectoria con la adopción de un nuevo reglamento que conlleva una profunda renovación de su estructura, algo fundamental para adecuarse al contexto actual.

El comité organizador de los Premios Max está integrado por los autores Ana Diosdado, Ramón Barea, Mariano Marín, Miguel Murillo, Carme Portaceli, Ricard Reguant, Juan Carlos Rubio, Rosángeles Valls, Eva Yerbabuena y Antonio Onetti, presidente de la Fundación SGAE.

Mejor Espectáculo de Teatro

Un trozo invisible de este mundo de Producciones Cristina Rota, S.A. y Teatro Español

Mejor Espectáculo de Teatro Musical

La flauta mágica – Variaciones dei Furbi de Compañía Dei Furbi / Baubo, SCCL

Mejor Espectáculo de Danza

Lo real / Le réel / The real de Compañía Israel Galván

Mejor Espectáculo Infantil

El bosque de Grimm de La Maquiné

Mejor Espectáculo Revelación

The Funamviolistas de 8co80 Gestión Cultural S.L.

Mejor Autoría Teatral

Pere Riera por Barcelona

Mejor Autoría Revelación

Juan Diego Botto por Un trozo invisible de este mundo

Mejor Adaptación o Versión Teatral

Carles Alfaro y Rodolf Sirera por L´Estranger

Mejor Composición musical para espectáculo escénico

Maika Makovsky por Forests

Mejor Coreografía

Israel Galván por Lo real /Le réel / The real

Mejor dirección de Escena

Carles Alfaro por El lindo don Diego

Mejor Escenografía

Rebecca Ringst por Forests

Mejor Figurinista

María Araujo por El lindo don Diego

Mejor Dieseño de Iluminación

Valentín Álvarez por Un trozo invisible de este mundo

Mejor Actriz

Emma Vilarasau por Barcelona

Mejor Actor

Juan Diego Botto por Un trozo invisible de este mundo

Mejor Intérprete Femenina de Danza

Eva Yerbabuena por ¡Ay!

Mejor Intérprete Masculino de Danza

israel Galván por Lo real / Le réel / The real

Mejor empresa o producción privada de Artes Escéncias

Tanttaka Teatroa por Soinujolearen semea (El hijo del acordeonista) y Komunikazioa-Inkomunikazioa

Tres premios especiales   

Además de las 19 candidaturas a concurso a los Premios Max de las Artes Escénicas, se han concedido tres premios especiales: Honor, a María de Ávila; Contribución a las Artes Escénicas, al Teatro Central de Sevilla; y Aficionado, a ESCENAMATEUR.

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NOTAS:

La información de los galardonados está facilitada por la web oficial de PREMIOS MAX.

Las fotografías son propiedad de sus autores.

 

ADRIANA OZORES (Entrevista), por Yolanda Aguas

Adriana Ozores visitó Zaragoza para interpretar la obra “Petit Pierre”, dirigida por Carles Alfaro, en el Teatro Arbolé y dentro de la programación “Sin Fronteras”.

Actriz singular, exquisita en su calidad interpretativa y en su creatividad, tuvo la amabilidad de concedernos la entrevista que leerán a continuación.

Fue una conversación agradable, por su contenido y porque pudimos comprobar que es una mujer tan directa como su talento interpretativo.

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Decía Diderot en su “Paradoja del comediante”: “… los gestos, los tempos, el manejo de la voz y los sonidos, el furor…Todo forma parte de una imitación con la realidad configurada a partir de la memoria.  Al acabar la representación, el actor no padece dolor alguno ni melancolía, no está turbado, simplemente se despoja momentáneamente de todos esos recuerdos, hasta que llega un nuevo ensayo”.  Esa es, según Diderot, la paradoja del comediante: un actor no debe sentir nada, son los espectadores los que deben sentir. 

¿Está de acuerdo con esta filosofía?

Estoy de acuerdo en una parte, pero en la otra parte me resultaría muy difícil llevarlo a cabo ¿no?  La parte en la que el actor cuando sale del escenario se despoja del personaje, estoy muy de acuerdo, creo que debe ser así.

Creo que sí, que se hacen trabajos previos en casa pero cada uno hace el tipo de trabajo que sabe o que ha aprendido o lo que sea…  Sí, estoy de acuerdo con no llevarse ese traje, esa máscara a casa.

Sin embargo, no sentir con el espectador, no sentir mientras estamos representando… eso quizás en otra época pues sí tenía sentido, donde el teatro era mucho más una declamación o realmente más una máscara.  Hoy en día no se trabaja así, tú estás ahí y estás sintiendo lo que te está pasando, siempre con una doble visión, no eres un loco que te has metido dentro de ese personaje ni eres ese personaje.  Tú tienes que tener la doble visión del fuera y del adentro, pero el adentro es real también.

¿Cómo penetra usted en el interior de los personajes que interpreta?

Cada uno tiene su método, yo suelo construir los personajes creando imágenes y vivenciando esas imágenes.  Es eso: creo las historias, creo la autobiografía, una autobiografía que es muy aleatoria.  Puede ser seria o no, quiero decir hacerla en serio o no hacerla en serio…

A veces, he trabajado personajes partiendo del externo hacia el interno y me ha salido el interno.  Otras es trabajando la parte interna sale un externo, una manera de expresarme.  A veces lo he hecho al revés, me he puesto una ropa, he caminado de una manera y ha salido el personaje desde lo externo.

“Petit Pierre” es un texto sencillo y lleno de humanidad, ¿buscan que al salir del teatro el público salga con mejores sentimientos y más ganas de vivir?

Realmente eso es una consecuencia de nuestro proyecto, de nuestro fin… En teatro tú no te planteas “quiero que el espectador salga de esta manera o de esta otra”…  No te lo planteas nunca, te planteas hacer bien tu trabajo, honestamente.  Contar la historia que tú quieres contar, que se puede contar de muchas maneras y contar bien esa historia, lo más genuinamente posible, con todas las capacidades o no capacidades que tenemos.  No te planteas nunca la consecuencia de lo que tú haces.  No…, bueno hay otro tipo de teatro que sí (sonríe), pero en principio igual no es el que a mí más me interesa.

¿Qué significa para usted el teatro?

El teatro significa muchas cosas para mí.  Significa sobretodo familia, fundamentalmente eso.  Me gusta mucho  mi trabajo y lo respeto mucho, pero quizá mis pasiones estén en otro lugar.

Es algo que me ha sido dado y que yo he recibido como un regalo porque así es y que me ha ayudado mucho en la vida y me ha ido muy bien en la vida.  Pero si me pregunta si esa es mi gran pasión…No… (ríe), no en el sentido de que yo no voy a ver obras de teatro si no es porque me apetece por los compañeros.

Quizá mis pasiones, mis pasiones íntimas, estén en otro lugar.

Es usted una actriz de culto, ¿le gusta o le incomoda esta etiqueta?

No sé… a veces cuando una dice “¡Ay¡ yo a lo mejor me he querido hacer respetar”, igual me gusta ¿no? Pero a veces es un peso.

¿Un peso?

A veces, es un poco, sí… (sonríe)

¿Qué es actuar para usted? ¿Una pasión, una forma de terapia o sólo un trabajo?

No tanto una pasión, sí diría una forma de terapia y “sólo un trabajo” no.  Es un trabajo, porque no deja de ser un trabajo muy bonito y, en muchos momentos, muy gratificante.

Aunque no la conozco, tengo la intuición que usted está muy alejada de los fastos del cine y toda la falsedad que lo rodea ¿Vive más feliz?

Yo creo que la gente que lo vive bien no está oprimida por eso.  Hay compañeros y compañeras que lo viven con alegría y entregándose a eso se sienten cómodos. No es mi caso, me agobia un montón y sería una tortura para mí.

He conseguido, más o menos, irme defendiendo como he podido y la verdad es que en ese sentido pues sí, yo puedo coger un tren, un metro, un autobús, un tren de cercanías… y eso me gusta.

Es exagerado decir o creer que una actriz o un actor siempre tiene cuatro o cinco guiones para elegir…  ¿Le ha sucedido en alguna ocasión?

Cuando dice eso, se refiere a tener tres o cuatro guiones que te gusten…

Sí, así es…

Claro…, porque muchas veces, y no necesariamente tienes que ser una Penélope Cruz o una gran estrella, puedes tener varias cosas encima de la mesa.  Lo que sucede es que hay cosas claramente que no vas a hacer, ni por tu trayectoria, ni por tu personalidad, ni por nada…  Pero es cierto lo que dice, encima de la mesa tienes “lo que vas a hacer”, es así.

García Márquez decía: “en el trabajo literario uno siempre está solo. Como un náufrago en medio del mar”.   ¿Cómo se siente una actriz momentos antes de salir a escena? ¿Cómo son sus “treinta minutos”? ¿Alguien tiene acceso a su camerino?

Bastante nerviosa, intentando concentrarme, intentando hacer bien mi trabajo y dar lo mejor que tengo.

Y en esos treinta minutos previos, no entra nadie a mi camerino porque necesito esa concentración que si estuviera de cháchara, ahora entra uno y besos para aquí y besos para allá… pues no podría hacer ese ejercicio de concentración.

Pero antes y después, sí…

¿Hasta qué punto influye la sociedad en cómo percibimos y afrontamos el trabajo que realiza una actriz?

Yo creo que ahí hay como dos cosas.  Creo que idolatrar tiene algo más del deseo de ese público por lo que significa la fama o por lo que significa el reconocimiento o el no anonimato. Tiene más que ver con esa sociedad que anhela eso que no con el deseo real de conocer a esa persona o de conocer su trabajo o de interesarse culturalmente por lo que está haciendo.

Yo creo que cuando simplemente se idolatra a un actor y se llega a esos extremos, a mí me parece que habría que mirárselo.

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 En las imágenes, Adriana Ozores, Jaume Policarpo y Esteban Villarocha (Gerente del Teatro Arbolé).

Me encantaría preguntarle por cada uno de sus trabajos… pero no tenemos tiempo suficiente.  Por favor, permítame elegir alguno:

TEATRO:

Trabajó en cinco ocasiones con Adolfo Marsillach, una con Pilar Miró y otra con José Luis Alonso.

¿Cómo fue su experiencia al trabajar con ellos?

Adolfo dio un vuelco definitivo al concepto que se tenía del teatro clásico en este país.  Hizo una cosa estupenda, se le criticó mucho y a trancas y barrancas tuvo que hacer ese trabajo de transformarlo en algo más actualizado, más ligero, más auténtico… No se trabajaba con esa declamación (como hablábamos antes), sino que se hacía un trabajo mucho más de verdad.

En algunos momentos era una persona difícil, muy inteligente y a mí me quería muchísimo (se emociona y sonríe).  A nivel privado, le tengo que agradecer cosas muy, muy bonitas.

Con Pilar Miró hice muy poquito cine y no puedo hablar en ese aspecto, pero en teatro me pareció que era una persona que no le interesaba excesivamente el teatro.  El trabajo que se hacía en los ensayos pues… no sé… (sonríe), ella estaba un poquito al margen.

Sin embargo, “La verdad sospechosa” de Juan Ruiz de Alarcón, fue una obra en la que usted tuvo unos compañeros magníficos…

¡Claro¡ allí estaba Emilio Gutiérrez Caba, que fue prácticamente quien llevó el trabajo de verso, hasta Carlos Hipólito, José María Pou…

La gran Sonsoles Benedicto…

Sonsoles, que es tan maravillosa… Ahí había un arrope, una concha fantástica para poder trabajar.

¿Y José Luis Alonso? Con el que hizo “El alcalde de Zalamea”, usted también vivió esa forma de ensayar tan precisa que permitía llegar al estreno sin nervios?

Mumm…, mi experiencia es otra.  Yo vi lo que hizo con Jesús Puente, vi lo que hizo con él.  José Luis trabajaba de una manera que a él lo que le interesaba era ver el resultado final del actor y realmente el resultado que buscaba era fantástico.  Hay que tener en cuenta también que era un hombre que a nivel visual, de escenografía y de imagen sabía muchísimo de teatro.  Él se preparaba las funciones en casa en un pequeño teatrito.

El trabajo que yo hice con él a mí me costó muchísimo…, muchísimo entenderle.  Él buscaba un resultado y yo no sé trabajar desde ahí.  Yo tenía que saber lo que era una mujer violada, tenía que conocer eso y hacer un proceso desde mi interior.  A veces, él me decía “no Adriana, tú tienes que hacer esto, te tienes que arrastrar por el suelo y hacerlo así…”, y yo le miraba y pensaba “¡no me lo puedo creer¡ o sea me está pidiendo de alguna manera, que le imite”.  ¡Yo soy incapaz de hacer eso¡.

Estuve tan insegura toda esa función, todas las representaciones con él… y a mi amiga Blanca Apilánez – a la que adoro – siempre le decía entre cajas “por favor Blanca, mira… es que no sé lo que estoy haciendo, no sé…” (se lo dije el último día).  Luego, el resultado sería uno u otro… pero la procesión iba por dentro.

Yo no entendí a José Luis… no le entendí.  Quizás sea un problema mío, que yo no le supe entender, pero lo que vi es que su forma de trabajo era de otro tiempo, creo yo.

CINE:

En cine destaco cuatro películas, no porque no haya más, sino porque éstas me gustan especialmente:

“Plenilunio” de Imanol Uribe, “Cuando vuelvas a mi lado” de Gracia Querejeta, “La suerte dormida” de Ángeles González Sinde y “Heroína” de Gerardo Herrero.

“Plenilunio”… sí, para mí también es una de las películas que más ilusión me hizo rodar.  El trabajo fue bonito, ahí tenía un compañero que es Miguel Ángel Solá que es un rey.  Me enseñó una cosa muy importante: cuando yo hablaba con él y le decía “es que esto yo no lo tengo claro, esta frase no me sale así y tal…”, él me respondía “pero… ¿tú no hablas con el director?”.  Yo le decía “hombre, el director me dice que esto lo tengo que hacer así y lo tengo que hacer así”, y entonces él me dijo: “No…, tú habla con el director”.

Miguel Ángel me enseñó que somos un igual al director, que no hay una jerarquía que te impide expresar lo que tú eres.  Para mí esa enseñanza de Miguel Ángel fue básica, aparte del cariño con el que hizo la prueba conmigo, porque yo hice una prueba para conseguir ese papel.  El cariño con el que me trató… no sé, le tengo un especialísimo cariño.  Fue un placer trabajar con él.

“Cuando vuelvas a mi lado” de Gracia Querejeta, una directora a la que admiro mucho…

¡Esa fue una película estupenda¡ (sonríe).  Nos lo pasamos muy bien.  Gracia me parece que es una directora magnífica, sabe mucho, mucho, mucho… de todo, de lo humano, de lo técnico, mucho… sabe mucho.  La verdad es que se trabaja muy bien con Gracia y tenemos una relación bonita y una amistad.

“La suerte dormida” de Ángeles González Sinde…

Creo que es una gran película de Ángeles.  Fue un trabajo difícil porque estaba basado en un hecho real, también era la primera película de Ángeles como directora.  Yo estuve muy a gusto y tuve unos compañeros excelentes, tanto mi padre (Pepe Soriano), como el que hacía de mi amante, era estupendo.  Fue una película muy bonita, estoy muy contenta.

“Heroína” de Gerardo Herrero…

Me gustó mucho hacerla y me pareció arriesgado por parte de Gerardo querer contar la historia particular.  Contar la historia pequeña de Carmen Avendaño, me parece que había una historia grande que es toda la labor social que hizo, que es inmensa.  No se puede ser más lista, esta mujer es tan inteligente y la labor que ha hecho tan profunda…, en este país y no sólo en este país, con respecto al tema de las drogas y todo eso… Gerardo prefirió contar la historia personal, la privada, la familiar, qué repercusión tenía toda esa explosión social que tuvo esta mujer.

A mí me pareció muy bonito y se hizo realmente ese trabajo de profundidad de las consecuencias familiares de la salida de esta mujer de casa y que asumió esa responsabilidad tan grande.

Es un trabajo muy bonito, Gerardo es estupendo dirigiendo, es un director muy apasionado, muy respetuoso, al máximo… con el actor, con el trabajo.  Él respeta la parte artística, y fíjese que es un productor ¡eh¡  Gerardo da lo mejor que tiene cuando dirige.

TELEVISIÓN:

Ha tenido una presencia importante en series de televisión que están en la memoria de todos, algunas de ellas son míticas, por ejemplo: “Turno de Oficio” 1985 de Antonio Mercero.

Fue una oportunidad grande que me dio Antonio porque yo, prácticamente, no había hecho nada en televisión.  Recuerdo que yo estaba para un capítulo y luego me dieron alguno más porque les gustó mi trabajo.  Ese recuerdo está como muy lejano (sonríe), muy lejano en el tiempo.

“Los hombres de Paco” (2005-2009), en el que usted tuvo momentos realmente brillantes, muchos no comprendimos que su personaje desapareciera de la serie.

Trabajar en  “Los hombres de Paco” fue estupendo.  Los primeros guiones eran magníficos, llenos de sentido del humor, ¡con unos actores…, por Dios¡  Cuando yo conocí Paco Tous dije “¿pero qué es esto? Este actor, esta forma de trabajar tan divertida…”.  Para mí no había sido capaz de reconocer en gente tan joven todo el bagaje del ADN que tenían los actores de los años 50 y 60 en este país, en toda la época mítica de Berlanga, etc, etc…

Yo les miraba y decía “¡pero es que hacen lo mismo¡ Lo saben hacer tocando la misma tecla”. ¿Cómo es posible que esa gente le transmitiera a esta gente joven el mismo ADN? Y es una manera de hacer.  Cada cine, el italiano, el francés, el americano, tiene su propio ADN y me resultó tan curioso ver cómo el ADN se transmite también en la profesión, y me encantaba verles, me encantaba… porque era volver a ver todo aquel cine, volver a ver a mi familia, volver a ver muchas cosas.  Me gustó mucho esa serie, tengo muchos amigos de esa serie.

“La Duquesa” (2010-2011), uno de sus mejores trabajos…

“La Duquesa” tuvo un director, un gran director, que es Salvador Calvo.  Un gran, gran director…  Yo recuerdo que el dossier del guión que tenía Salvador podía tener como quince centímetros de grosor, por el trabajo que hizo de investigación de la Duquesa de Alba y de toda la historia de su familia.  Nos ceñimos a nuestro guión, contando nuestra historia pero con muchísimo detrás de preparación.

Fue un trabajo bonito, conocí cosas tan bonitas…, tuve la oportunidad de estar en el Palacio de Liria, no como “Pedro por su casa” porque ellos tienen unas normas.  Lo que hay ahí es que no se puede creer… no se puede creer de belleza tras belleza: de salones, de pinturas de Goya, de Tiziano, de Fra Angélico… ¡Es increíble¡

Lo que más me gustó, no tanto por la interpretación (que también) fue sobretodo conocerla a ella y ver lo que ha hecho con su legado, tanto en Dueñas como en Liria, que es lo único que vi.

(reflexiona)  El respeto con el que cuida la herencia que le dio su padre.  Cuida de ese patrimonio con un respeto real, me fascina con qué responsabilidad máxima se ha tomado eso. Si tú ves cómo tiene cuidada cada pieza, cada sala, como es la biblioteca… y de eso ella es la responsable de lo que deja aquí.  Eso para mí tiene un valor muy grande.

Adriana, su trabajo en “La Duquesa” fue impecable. Realmente estábamos viendo a la Duquesa de Alba…

¡Claro¡ porque ahí había un trabajo fantástico del director, como decía antes.

Y un gran compañero, Carlos Hipólito…

Y Carlos…, mi compañero tan bonito… (sonríe).

En todos estos años de profesión, ¿quién o quiénes han sido sus maestros? ¿De quién ha recibido más enseñanza?

(reflexiona…) Tendré muchos, pero en este momento no los recuerdo.  Te encuentras maestros muchas veces, pero recuerdo especialmente una película que hice con José Luis Borau.  Era lo primero que yo hacía un poquito diferente a las películas que ya había rodado antes.  Había trabajado mucho con mi familia…  Es una película que se llama “Niño nadie”, y José Luis Borau, en un momento en que yo tenía un plano en que tenía que mirar al horizonte, ¡qué mal lo haría¡ que José Luis me dijo: “Adriana, cuando tengas que mirar a un sitio, no mires… piensa, piensa, piensa en lo que sea, en el bosque, en un árbol, no hagas nada externo”.  Para mí esa enseñanza fue tan importante…porque para mí eso es el cine.  Eso es el cine, es no hacer nada externo, que lo interno llevará a una expresión, la que sea.

Y esa enseñanza ha sido para mí un pilar, la de José Luis Borau.  Y otro pilar, es el de Miguel Ángel Solá, o sea reconocerme sin una jerarquía.  Reconocer la no jerarquía y ponerme en el mismo lugar que el director.  Eso es el segundo pilar, importantísimo en esta profesión.  A veces, y también dentro de ese ADN de los 50 y 60, tenemos un legado de…, bueno ya lo sabe usted también, que le voy a contar, de putas, maricones y gente de mal vivir.  Eso se viene arrastrando, “El viaje a ninguna parte”…

Sí, comprendo…

Hasta que llegó un momento en que ya eso no podía seguir así.  A veces es normal, lo seguimos viendo, lo sigo viendo en compañeros, en la gente más joven, incluso en gente muy mayor y con muchísimo prestigio, de la gente con peso en este país, manteniendo una jerarquía que no quiere decir falta de respeto, es que no tiene nada que ver…

Eso sucede también en cualquier profesión, en todos los trabajos sucede eso…

¡Claro…¡ Cuando alguien te da ese tesoro, como me lo dio a mí Miguel Ángel, es decir: “Adriana, no… Una cosa es el respeto y otra es que te espetan por encima de ti como si tú fueras una hormiga que no pueda decir, opinar y ¡defender¡ una cosa en la que tú crees”.  Por supuesto… Yo diría que esos dos han sido mis maestros.

Y para finalizar, Adriana, ¿Cuál ha sido el papel que más difícil le ha resultado defender o el que le haya exigido más compromiso para lograr una verosimilitud?

El más difícil que me ha resultado sacarlo adelante yo le diría, sin dudarlo, el personaje que hice en “El alcalde de Zalamea”, Isabel…  sin dudarlo.  Yo padecía, ¡madre mía’ no entendía nada, es que no entendía ni lo que estaba haciendo, ni lo que salía porque como yo no estaba en mí… ¡yo estaba fuera¡

Me está sorprendiendo mucho…

¡Claro¡ Yo estaba fuera, yo sufrí mucho.

 Y ¿qué personaje, íntimamente, le ha dado más a usted?

Yo creo que íntimamente de los que más me ha dado, porque para mí ha sido un regalo, es “Petit Pierre”.  O sea, poder expresar lo que yo quiero y como a mí me da la gana y eso es gracias a Carles Alfaro, que para mí es un gran director por eso y por otras muchas cosas.

Es un director que trabaja absolutamente desde dentro, dándote tanto a priori, que a veces te sientes, en el vacío no, lo siguiente al vacío, pero de ahí salen cosas muy bonitas.

Gracias Adriana, ha sido muy amable.

Gracias a usted.

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NOTA:  Las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

 

 

 

 

 

 

 

PETIT PIERRE (Dir. Carles Alfaro), por Yolanda Aguas

4+6+

¡Qué maravilla¡  Permítanme comenzar con esta precisa exclamación por la gran noche de teatro vivida el pasado viernes 23 de mayo en el Teatro Arbolé de Zaragoza.

Una velada de teatro que demuestra una verdad absoluta: casi siempre lo más simple es lo más grande.  Pero que el término simple no confunda, detrás de este fantástico montaje hay una labor impecable de Diseño espacio escénico, Realización espacio escénico y Elementos de tracción mecánica. De lo mejor que he visto en mis muchos años de espectadora teatral.

La obra está escrita por la autora canadiense Suzanne Lebeau, dedicada al teatro desde su juventud, cuyas obras son una decidida y arriesgada propuesta de renovación del lenguaje y los contenidos dirigidos al público juvenil.   Para Adriana Ozores, Lebeau “es una mujer de gran calado y conciencia con la educación de los niños, sin embargo el tipo de educación que promueve no es nada suave, pues es la antítesis del ocultismo y la apuesta decidida por contar a los pequeños la realidad tal como es, sin edulcorantes para que conozcan la realidad”.

Tras tres años de ausencia en la escena teatral, la extraordinaria actriz regresa a los escenarios con esta obra y lo hace debutando con una compañía, Bambalina Teatre Practicable de Valencia, de la que solo expresa halagos “La experiencia ha sido maravillosa. La gente de la compañía es de las pocas que trabajan por amor al arte hoy en día, porque respetan lo artístico por encima de otras consideraciones”.

La obra se basa en la historia real de Pierre Avezard (interpretado admirablemente por Jaume Policarpo), un granjero francés discapacitado que durante 40 años elaboró un mundo paralelo, aislado de las tremendas convulsiones que sacudieron la Europa del siglo XX, y poblado por pequeños seres de hojalata articulados que giran en torno a un enorme carrusel.

La obra cuenta con una escenografía increíble diseñada por el propio Jaume Policarpo, y una bellísima iluminación de Víctor Antón.   Cuentan con la dirección del gran Carles Alfaro, prestigioso director teatral.

Una obra que me trajo el recuerdo, ya en sus primeros minutos, de la estupenda novela “La Voz Melodiosa” de la inolvidable escritora catalana Montserrat Roig.  En esa novela, el personaje protagonista vivía una situación similar a Petit Pierre, Alpargata – el protagonista de Roig – vivía aislado desde niño en un piso de Barcelona, protegido por su abuelo,  y sólo salía por la noche – ya adulto – para tumbarse en los jardines a contemplar las estrellas.

Hay un momento en que los dos protagonistas de “Petit Pierre” alzan la mirada para hablarle a Dios… y en ese preciso instante pensé que ésa era otra forma de “contemplar las estrellas”.  Escena bellísima, por la iluminación de Víctor Antón, por la ternura que desprende la interpretación de Jaume Policarpo y por la precisa y preciosa dicción de Adriana Ozores, una actriz que nunca debería alejarse de los escenarios porque emociona infinitamente.

¡Gran velada de teatro, de las mejores que he vivido¡

5+1+

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ

El CINE SEGÚN DURAS: Destruir dijo ella, por Francesc Mazón Camats

Podríamos dividir  en tres grupos la relación del Cine con Marguerite Duras: en primer lugar, las adaptaciones de algunas de sus más famosas novelas por otros directores cinematográficos; en segundo lugar, sus textos, guiones o diálogos como encargos de otros cineastas y finalmente su propia filmografía, su obra como autora/realizadora.

Cronológicamente, fueron las adaptaciones o versiones de otros lo primero que pudimos ver en la pantalla. Marguerite cobró y calló, pero poco después empezó a manifestar su desencanto, ninguna de estas adaptaciones le gustaban, llegó a decir que se sentía humillada y deshonrada por esos films”.

En 1958 (rodaje en Tailandia, en 1957) se estrenó “Un Barrage contre le Pacifique” (This Angry Age), dirigida por René Clement y producida por el todopoderoso Dino De Laurentiis que impuso a su mujer (la excelente) Silvana Mangano, como protagonista de la adolescente Suzanne/Marguerite. Miscasting  total, Silvana en la pantalla jamás podría ser una adolescente aniñada y frágil. Por otro lado el reparto era estupendo pero abigarrado: Jo Van Fleet, como la madre, se robaba la función; Tony Perkins (substituyendo al difunto James Dean) como el hermano vagamente incestuoso y Alida Valli como la amante del hermano mayor. Tuvo cierto éxito, pero la Duras lo odió, sintiéndolo como una simplificación / mixtificación de su obra.

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Siguió en 1960, una magnífica versión de “Moderato Cantabile” de Peter Brook, con Palma de Oro en Cannes para su protagonista Jeanne Moreau y estupendo trabajo de Jean-Paul Belmondo. Para algunos críticos, una aburrida pedantería, para otros una poderosa versión de la típica heroína durasiana, Anne Desbarèsdes, una desolada Anna Bovary  hundiéndose en la depresiva vida de provincias y tanteando un improbable adulterio para escapar del tedio mortal.

En 1967, se estrenó brevemente en verano, en Francia “The Sailor from Gibraltar”, rodada un año antes, como segunda parte de una proyectada trilogía de amor de Tony Richardson  hacia Jeanne Moreau (el primer film “Mademoiselle” a partir de un texto de Jean Genet, había provocado la controversia en Cannes 1966), ante la actitud comprensiva y desvalida de su entonces esposa y madre de sus hijas, Vanessa Redgrave, que había aceptado un breve papel de amante abandonada.

El rodaje fue un cúmulo de despropósitos y complicados lances de amor, pasión y odio. Tony estaba cegado de amor  por Jeanne que se dejaba querer, hasta que se encaprichó locamente por un joven y hermoso marinero griego y escapó con él, interrumpiendo el rodaje. Ian Bannen, un totalmente inadecuado protagonista, desataba su malestar y su ira con todo el mundo; Vanessa parecía sumirse en la depresión (por cierto su breve papel, fue lo único que la crítica alabó) y Orson Welles, llegó, cobró, rodó unos pocos días, antes de escapar a Yugoeslavia, intentando acabar uno de sus films perdidos

El resultado, según la crítica, fue un desastre, pero en realidad es un film maldito e invisible (jamás se ha editado en DVD, apenas se distribuyó, fuera de Francia y UK). A este fracaso, siguió otro aun mayor, la versión de Jules Dassin de “10,30 PM Summer”, filmado en las afueras de Madrid, con Melina Mercouri, Romy Schneider y Peter Finch (y un jovencísimo Julián Mateos) triangulo sentimental/erótico de vértice lesbiano. La Duras se enamoró locamente de la Mercouri, esposa del director Jules Dassin en horas bajas y confusas, todo ahogado con mucho alcohol. Marguerite encontraba maravilloso el film, cuando la magia se esfumó, lo detestó.

Prácticamente nadie llegó a verlo. Estos dos fracasos cerraron temporalmente la etapa de sus adaptaciones.

El segundo bloque, sus guiones y textos para el cine, resultaron mucho más exitosos. La perla de la corona es una obra maestra absoluta “Hiroshima, mon amour” encargo de Alain Resnais a La Duras  y film de culto, del que ya hemos hablado en CineT-Farö.

En 1961, el festival de Cannes concede dos Palmas de Oro al Mejor film a “Viridiana” de Buñuel y “Une Aussi Longue Absence” de Henri Colpi. El escándalo y posterior éxito del mítico film de Buñuel , oscurecieron injustamente la maravillosa poesía del segundo, con un guión coescrito por Marguerite y Gérard Jarlot (su entonces abrasivo amante) en una historia vagamente inspirada en el terrible episodio de la Duras  y el incierto regreso de su marido Robert Antelme de los campos de exterminio nazis. Con dos extraordinarias interpretaciones de Alida Valli y Georges Wilson.

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En 1965, la BBC le encarga un guión para su prestigiosa serie de 1h. Love Stories,de ahí surgirá  “La Música” con una fascinante Vanessa Redgrave y Michael Craig, que La Duras reelaborará más tarde como obra teatral y su primer film propio.

Otro injusto semifracaso fue “La Voleuse” (La Ladrona) dirigida en 1966, por Jean Chapot con coguión y diálogos de Marguerite Duras, una magnífica Romy Schneider en el dramático papel de una mujer que pretende recuperar el hijo que dio en adopción.

Cansada de lo que ella creía traiciones a su obra, la Duras salta a la arena y rueda su primer largometraje, en 1967, una nueva versión para el cine de “La Musica” que significará el principio de su larga colaboración  con su musa fílmica: Delphine Seyrig, una de sus amigas más inquebrantablemente fieles.

Los aires de revolución estallan finalmente en Francia, en Mayo de 1968.

Marguerite salta a la calle, a las barricadas y las interminables asambleas de artistas, creadores y estudiantes. Se siente  rejuvenecer, se acerca a los jóvenes radicales, entre ellos su hijo Jean “Outa” Mascolo

Con ellos creará en su casa de Neauphle, en las afueras de Paris, una especie de comuna artística, donde rodará la mayoría de sus films. Casi nadie cobraba, pero Marguerite proveía de magnífica comida que ella misma cocinaba y cama. Todos la adoraban, aunque a veces se comportase como una pequeña tirana, la enanita reina de los bosques y las aguas. De ahí surgen “Détruir dit-elle” 1969, la más radical deconstrucción del Mayo 1968. “Jaune le soleil” 1971, con Sami Frei y Michael Londsale, uno de sus actores fijos o “Nathalie Granger” 1972, quizás su film más accesible con la Moreau (otra de sus grandes amigas), Lucia Bosé, y la aparición de un jovencísimo clochard/hippie Gérard Depardieu, en su primer papel en el cine, como vendedor de lavadoras.

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El salto cualitativo y la cumbre de su filmografía, será ”India Song” presentada en Cannes 1975, con una divina Delphine Seyrig como lánguida y etérea Garbo en un palacio de una Indochina reinventada, con los exteriores de un palacete abandonado de los Rothschild en el Bois de Boulogne  y los interiores en el enorme y desolado salón de un piso burgués deshabitado, cerca de su casa. Las hermosas imágenes de Bruno Nuytten, funcionaban  desincronizadas con los magníficos diálogos de la Duras y una narcótica y envolvente partitura musical de Carlos d’Alessio.

Fue un inesperado éxito de crítica y público y se ha convertido en un film de culto. Siguió con un arriesgado experimento “Son nom de Venise dans Calcutta désert” utilizando la misma banda sonora, sobre las imágenes de los antiguos escenarios abandonados, ausentes de vida humana.

Sus siguientes films son fracasos cada vez más alejados del público.

“Baxter, Vera Baxter” adaptación de su obra teatral “Suzanne Adler” o su radical propuesta “Le Camion” 1977, al no encontrar dinero suficiente, optó por leer ella misma el posible guión, en la cabina de un camión que a veces se convierte en el comedor de Neuphle, junto a un impasible Gérard Depardieu como camionero, difusión limitadísima.

En 1979, se adentró en las aguas estancadas del heroinómano Philippe Garrel y su troupe de divinos snobs, con  Dominique Sanda a la cabeza en “Le Navire Night”1979.

Después de pequeños trabajos para video/TV, empezó a flotar la sensación de deja-vu. El alcoholismo crónico de la Duras se convirtió en un terrible proceso autodestructivo, Marguerite se sentía  deprimida y fracasada. En 1985 estrena el que será su último film, para ella el mejor, “Les Enfants”, su momento parecía haber pasado, y era objeto de sarcasmos o de crueles burlas a propósito de su terrible aspecto.

Ironías del destino la aparición de su novela La Amante, se convierte en un best seller mundial y un notable éxito crítico.

Su versión para el cine firmada por J.J Ainaud en 1992 será un Hit erótico/exótico que ella detestará absolutamente. Después su muerte y un largo silencio. El nuevo siglo parece haber recuperado un cierto interés  por Marguerite Duras: una nueva adaptación de “Un Barrage contre le Pacifique” 2008, firmada por Rithy Panh, con la sublime Isabelle Huppert como madre y nuestra Astrid Bergès-Frisbey  como Marguerite.

Actualmente se está rodando en Francia una nueva versión de 10,30PM Summmer titulada  “Orage”. Quizás a sus cien años la relación de la Duras con el cine no ha acabado.

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NOTA:  La colección de fotografías insertadas en este post son propiedad particular del autor de este artículo: FRANCESC MAZÓN CAMATS.

GORDON WILLIS (Director de Fotografía), por Yolanda Aguas

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Ha fallecido uno de los más grandes: GORDON WILLISDirector de fotografía -.

Culminó un estilo en el que ya no se seguían los paradigmas de clásicos y se apostaba por las sombras y el contraste, mezclados con el naturalismo que dominaría los 70 y la tendencia de la sub-exposición, que sin embargo le acabaría granjeando el apodo de “El Príncipe de las Tinieblas” (se lo puso su amigo y también director de fotografía, Conrad Hall).

Gordon Willis, director de fotografía de clásicos como la trilogía de El Padrino y varias de las películas más conocidas de Woody Allen como Annie Hall o Manhattan, ha muerto a los 82 años. “Es una pérdida enorme“, dijo Richard Crudo, presidente de la American Society of Cinematographers, “Era uno de los gigantes que cambió absolutamente la imagen de las películas“. Willis recibió en 2010 un Oscar honorífico por su trayectoria y fue nominado anteriormente por Zelig, de Woody Allen, y la tercera entrega de El Padrino.

Su trabajo aportó un imaginario único y a menudo impactante a toda una serie de películas desde Manhattan o el thriller Todos los hombres del presidente, sobre el escándalo de Watergate.

En películas de suspense como El último testigo y Klute, por la que Jane Fonda ganó su primer Oscar, la cámara de Willis evocaba un estado onírico que según los críticos elevó las películas al estatus de clásicos. Willis, originario del barrio de Queens en Nueva York, trabajó a menudo con Francis Ford Coppola, Pakula y sobre todo con Allen, con quien hizo ocho películas, incluidas Manhattan, en blanco y negro, Annie Hall, La rosa púrpura de El Cairo, Interiores, Broadway Danny Rose y Recuerdos.

En una de las últimas entrevistas que concedió hablaba sobre su idea de la dirección de fotograífa para las nuevas generaciones y de una de las escenas de Marlon Brando en El Padrino de Coppola: No hay una fórmula. La fórmula sale de ti. Ya sea una luz cenital u otra cosa. Simplemente sucedió, se trataba de lo que era necesario para esa película o esa escena en particular. Así que lo hice. Lo curioso es que es que el diseño de todo aquello, o más bien la intención tras el diseño fue idea de Marlon Brando, porque Marlon tenía aquella cosa que usaba para su maquillaje (refiriéndose a lo que se metía en la boca para deformar su rostro), y la luz cenital era la forma más efectiva de lidiar con él. En realidad no te interesa ver sus ojos. Hubo un gran revuelo en Hollywood con eso, “no se pueden ver sus ojos”. Es verdad. No se puede.

Su muerte sólo es física porque su trabajo, como la imagen de las dos figuras bajo el puente de Queensboro que charlan al son de Rhapsody in Blue vivirá para siempre en la memoria de todos los que amamos el buen cine.

Descanse en paz.

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NOTA:  Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.

42 FESTIVAL I. CINE DE HUESCA (Premios honoríficos), por Yolanda Aguas

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Teatro Olimpia de Huesca y Sede de la Oficina Permanente del Festival I. Cine de Huesca

Fotos:  Yolanda Aguas

Ayer 14 de mayo, se dieron a conocer las primeras noticias importantes de la 42 Ed. del Festival Internacional de Cine de HuescaSu director, Jesús Bosque y la Directora Artística, Azucena Garanto, revelaron los premios honoríficos de la edición que se celebrará del 16 al 21 de junio.

Carlos Saura recibirá el Premio Luis Buñuel y Adriana Ugarte el Premio Ciudad de HuescaLa dirección del Festival ha destacado la importancia de los dos galardonados:  Carlos Saura como uno de los cineastas europeos más importantes de la Historia del Cine y Adriana Ugarte como una actriz que tiene una proyección ilimitada por el talento que va demostrando con sus últimos trabajos en el cine, teatro y televisión.

El galardón a Carlos Saura se produce 23 años después de que la propia organización del certamen reconociera la obra del cineasta hasta esas fechas con el Premio Ciudad de Huesca, que recogió el propio realizador en la edición del año 1991.  Según ha explicado el director del certamen, cuando fue recompensado con el Premio Ciudad de Huesca, Saura tenía una obra consolidada pero todavía tenía un largo camino que recorrer en el mundo del cine.

Con la concesión del Premio Luis Buñuel, destinado al reconocimiento de trayectorias largas y consolidadas en el mundo del cine, la organización de festival quiere rendir un nuevo homenaje a una figura del mundo de cine que acumula reconocimientos en certámenes internacionales como Berlín, Cannes, Venecia o San Sebastián.

Bosque, tras resaltar la vinculación de Saura con Huesca, su ciudad natal, ha expresado su convicción de que el cineasta aragonés, el único que acumulará los dos principales galardones que concede el festival oscense para reconocer la labor de personalidades del cine, merece el Premio Luis Buñuel, realizador al que siempre se sintió vinculado.

La joven actriz Adriana Ugarte, a quien el propio Saura dirigió el año pasado en una representación en escena del auto sacramental del Siglo de Oro El Gran Teatro del Mundo, recibirá a su vez el Premio Ciudad de Huesca en reconocimiento a una trayectoria emergente pero consolidada tanto en el mundo de la televisión como en el del cine.

El director del Festival ha explicado que Ugarte se encuentra inmersa en la producción de la adaptación para el cine de la obra de Luz Gabás “Palmeras en la nieve”, lo que obligará a ajustar las agendas a fin de posibilitar su presencia en Huesca.

Respecto al desarrollo del Certamen Internacional de Cortometrajes, la dirección del Festival ha seleccionado un total de 78 cortometrajes de 26 países de distintas partes del mundo sobre los más de 1.700 presentados.

Estos cortometrajes, según ha explicado la directora artística del festival, Azucena Garanto, competirán por los premios correspondientes a las categorías Internacional, Iberoamericana y Documental.

Garanto ha destacado la calidad de las producciones presentadas por sus autores, que ha atribuido tanto al prestigio del certamen como al hecho de que el festival oscense esté cualificado por las academias cinematográficas de Hollywood y de España para la preselección de trabajos para los premios Óscar y Goya.

Según declaró Jesús Bosque: “Internet nos ayuda a propiciar el aumento de participación gracias a la plataforma online, además de que pueden optar a los Oscar y los Goya”. Por su parte la encargada de la selección de trabajos, Azucena Garanto, manifestó que los temas más representados son los conflictos familiares y la crisis. “Temas candentes que la gente utiliza en el cortometraje con diversos géneros a los que se suman nueve cortos de animación”.

Una semana antes del inicio del Festival de Cine – tendrá lugar del 16 al 21 de junio – se desarrollarán otras actividades paralelas. “No queremos contraprogramar con la sección oficial del Festival y por eso tendremos una especie de “prelaurentis” de cine”, incide Bosque mientras detalla la celebración de dos exposiciones del Centro Cultural Matadero y Palacio Villahermosa.  Además se sumará la última actuación en la Sala Genius de la Artlab Big Bang, así como, un pase de cine y gastronomía. “Es un firme compromiso con Huesca y su capitalidad gastronómica con la proyección de la película “Bon Appetit” mientras se puede degustar los platos del filme”.

Los PREMIOS que entregará el Festival Internacional de Cine de Huesca serán los siguientes:

CONCURSO IBEROAMERICANO DE CORTOMETRAJES
Se celebrará en el transcurso del Festival y se concederán los siguientes premios:
•Premio DANZANTE: 5.000€ y trofeo.
Quedará automáticamente clasificado para participar en la categoría de Cortometrajes de los Premios de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences – Hollywood de la temporada correspondiente.
•Premio ESPECIAL CACHO PALLERO: 2.000 € y diploma.
•Premio JINETE IBÉRICO: 2.000 € y trofeo.
Concedido por el INSTITUTO DE ESTUDIOS ALTOARAGONESES a la mejor ópera prima española -entendiéndose la 1ª y 2ª realización-, salvo que el premio Danzante fuese otorgado a una obra de producción española, en cuyo caso este premio recaería en la segunda obra española más valorada por el jurado correspondiente.

CONCURSO INTERNACIONAL DE CORTOMETRAJES
Se celebrará en el transcurso del Festival y se concederán los siguientes premios oficiales:
•Premio DANZANTE: 5.000€ y trofeo.
Quedará automáticamente clasificado para participar en la categoría de Cortometrajes de los Premios de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences – Hollywood de la temporada correspondiente.
•Premio ESPECIAL ALBERTO SÁNCHEZ: 2.000 € y diploma.
•Premio JURADO DE LA JUVENTUD: 1.000 € y trofeo.
Concedido por la FUNDACIÓN ANSELMO PIÉ SOPENA a la mejor ópera prima -entendiéndose la 1ª y 2ª realización-.
•Premio FRANCISCO GARCÍA DE PASO: trofeo.
Al cortometraje que mejor resalte la defensa de los valores humanos.

CONCURSO DE CORTOMETRAJE DOCUMENTAL
Se celebrará en el transcurso del Festival y se concederán los siguientes premios:
•Premio DANZANTE: 5.000€ y trofeo.
•Premio ESPECIAL JOSÉ MANUEL PORQUET: 2.000 € y diploma.
Al mejor corto documental producido en un país iberoamericano, salvo que el premio Danzante de este mismo concurso fuese otorgado a una obra de producción iberoamericana, en cuyo caso este premio recaería en la segunda obra iberoamericana más valorada por el jurado correspondiente.

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NOTA:  Las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.