MULHOLLAND DRIVE (Dir. David Lynch), por Yolanda Aguas

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De vez en cuando llegan películas que nos dejan impactados, bien por su belleza visual o por un guión singularmente genial.  En el caso que nos ocupa, con Mulholland Drive de David Lynch el impacto obedece a ambas cosas.

En marzo de 2002 llegó a nuestras salas de cine una de las mejores películas del inclasificable director americano, una de las más inquietantes, extrañas y hermosas películas de su magnífica filmografía.

Con una sofisticada puesta en escena, a lo largo del relato el espectador debe ejercitar su inteligencia para comprender el desarrollo y las vivencias de los personajes que transitan por él.  Por momentos, esos personajes –numerosos a lo largo del film- despistan al público que asiste a la proyección porque no todos están suficientemente bien desarrollados.  No debemos olvidar que la idea original de esta película era para rodar el episodio piloto de una serie de televisión para la cadena ABC.  La serie no salió adelante y el director optó por rodar Mulholland Drive como un largometraje, con todo lo que ello supone y más en una mente tan diversificada como la que posee el genio americano.

De la misma forma que la calle de Mulholland Drive serpentea desde Los Ángeles hasta Hollywood, se van entrelazando y confundiendo lazos y misterios en una historia distinta de la época dorada de la meca del cine. Betty (Naomi Watts) llega a Los Ángeles decidida a convertirse en estrella de cine.  Adam (Justin Theroux) es un joven director de moda que descubre que la Mafia es la que manda en su película.  Rita (Laura Harring) es una joven enigmática que pierde la memoria tras un accidente de coche en el que resultan muertos dos hombres que aparentemente retenían a la joven en contra de su voluntad.  Sin saber quién es, elige un nuevo nombre cuando ve el cartel de una película de Rita Hayworth. Misterios perfectos, tristes ilusiones, amor en el Hollywood de la posguerra.

Se trata de una historia fascinante sobre el misterio de seres encadenados a un deseo y a una obsesión que deambulan en el marco incomparable del Hollywood clásico.  El director comentaba al respecto: “Quieres saber de verdad quién eres y la amnesia se parece de alguna manera a la interpretación.  Un gran actor o una gran actriz renuncia a su propia identidad y se convierte en otra persona.  Todo el mundo, incluso yo, a veces tiene ganas de perderse y entrar en un mundo nuevo. El cine te da esa oportunidad”.

A los intérpretes del film ya señalados, añadimos de un modo muy especial a la mítica actriz, bailarina y cantante ANN MILLER.  Aquí interpreta a Coco, la vecina de Betty (Naomi Watts).  Ann Miller, legendaria artista conocida como “la reina del claqué” intervino en numerosas y míticas películas de los años dorados de Hollywood como Vive como quieras de Frank Capra, 1938.  Posteriormente protagonizó números musicales en Broadway, como The George White Scandals.  En la pantalla grande, participó en films musicales como Easter Parade (Charles Walters, 1948) o Un día en Nueva York (Gene Kelly, 1949).

Ann Miller era – simplemente – genial.  Es nuestro deseo dedicarle un artículo completo en las próximas semanas.

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Cuando se habla del mundo onírico –no exento de surrealismo- de David Lynch, es imposible olvidar de un elemento fundamental en su obra: la música.   Música compuesta, una vez más, por Angelo Badalamenti, que ayuda a crear perfectamente la atmósfera opresiva de Mulholland Drive.

Una de las escenas más potentes (y no es poco, ya que este filme está repleta de ellas) es el momento en que Rebeca del Río interpreta a capella y en español la canción de Roy Orbison: Crying, en un teatro.

Creo recordar que algún crítico de cine español escribió algo así como “no queda más que aplaudir y rendirse ante la mirada de Lynch.  Un hombre que juega con nosotros como Dios. Aún cuando se contempla Mulholland Drive por segunda vez (afortunado aquel que ate todos los cabos en el primer visionado) uno tiene la sensación de que David Lynch la ha planeado, escrito y filmado bajo el devastador efecto de las drogas.  Éste es el sueño y su deseo de homenajearse a sí mismo…”.

“Mulholland Drive”, un thriller impecable, fascinante y envolvente.  Una elegante fantasmagoría, lo más fuerte que el director ha creado desde la serie de tv “Terciopelo Azul”

Una película que atrapa como un sueño del que no queremos despertar.

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Nota:  Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.

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