ADRIANA OZORES (Entrevista), por Yolanda Aguas

Adriana Ozores visitó Zaragoza para interpretar la obra “Petit Pierre”, dirigida por Carles Alfaro, en el Teatro Arbolé y dentro de la programación “Sin Fronteras”.

Actriz singular, exquisita en su calidad interpretativa y en su creatividad, tuvo la amabilidad de concedernos la entrevista que leerán a continuación.

Fue una conversación agradable, por su contenido y porque pudimos comprobar que es una mujer tan directa como su talento interpretativo.

3+2+

Decía Diderot en su “Paradoja del comediante”: “… los gestos, los tempos, el manejo de la voz y los sonidos, el furor…Todo forma parte de una imitación con la realidad configurada a partir de la memoria.  Al acabar la representación, el actor no padece dolor alguno ni melancolía, no está turbado, simplemente se despoja momentáneamente de todos esos recuerdos, hasta que llega un nuevo ensayo”.  Esa es, según Diderot, la paradoja del comediante: un actor no debe sentir nada, son los espectadores los que deben sentir. 

¿Está de acuerdo con esta filosofía?

Estoy de acuerdo en una parte, pero en la otra parte me resultaría muy difícil llevarlo a cabo ¿no?  La parte en la que el actor cuando sale del escenario se despoja del personaje, estoy muy de acuerdo, creo que debe ser así.

Creo que sí, que se hacen trabajos previos en casa pero cada uno hace el tipo de trabajo que sabe o que ha aprendido o lo que sea…  Sí, estoy de acuerdo con no llevarse ese traje, esa máscara a casa.

Sin embargo, no sentir con el espectador, no sentir mientras estamos representando… eso quizás en otra época pues sí tenía sentido, donde el teatro era mucho más una declamación o realmente más una máscara.  Hoy en día no se trabaja así, tú estás ahí y estás sintiendo lo que te está pasando, siempre con una doble visión, no eres un loco que te has metido dentro de ese personaje ni eres ese personaje.  Tú tienes que tener la doble visión del fuera y del adentro, pero el adentro es real también.

¿Cómo penetra usted en el interior de los personajes que interpreta?

Cada uno tiene su método, yo suelo construir los personajes creando imágenes y vivenciando esas imágenes.  Es eso: creo las historias, creo la autobiografía, una autobiografía que es muy aleatoria.  Puede ser seria o no, quiero decir hacerla en serio o no hacerla en serio…

A veces, he trabajado personajes partiendo del externo hacia el interno y me ha salido el interno.  Otras es trabajando la parte interna sale un externo, una manera de expresarme.  A veces lo he hecho al revés, me he puesto una ropa, he caminado de una manera y ha salido el personaje desde lo externo.

“Petit Pierre” es un texto sencillo y lleno de humanidad, ¿buscan que al salir del teatro el público salga con mejores sentimientos y más ganas de vivir?

Realmente eso es una consecuencia de nuestro proyecto, de nuestro fin… En teatro tú no te planteas “quiero que el espectador salga de esta manera o de esta otra”…  No te lo planteas nunca, te planteas hacer bien tu trabajo, honestamente.  Contar la historia que tú quieres contar, que se puede contar de muchas maneras y contar bien esa historia, lo más genuinamente posible, con todas las capacidades o no capacidades que tenemos.  No te planteas nunca la consecuencia de lo que tú haces.  No…, bueno hay otro tipo de teatro que sí (sonríe), pero en principio igual no es el que a mí más me interesa.

¿Qué significa para usted el teatro?

El teatro significa muchas cosas para mí.  Significa sobretodo familia, fundamentalmente eso.  Me gusta mucho  mi trabajo y lo respeto mucho, pero quizá mis pasiones estén en otro lugar.

Es algo que me ha sido dado y que yo he recibido como un regalo porque así es y que me ha ayudado mucho en la vida y me ha ido muy bien en la vida.  Pero si me pregunta si esa es mi gran pasión…No… (ríe), no en el sentido de que yo no voy a ver obras de teatro si no es porque me apetece por los compañeros.

Quizá mis pasiones, mis pasiones íntimas, estén en otro lugar.

Es usted una actriz de culto, ¿le gusta o le incomoda esta etiqueta?

No sé… a veces cuando una dice “¡Ay¡ yo a lo mejor me he querido hacer respetar”, igual me gusta ¿no? Pero a veces es un peso.

¿Un peso?

A veces, es un poco, sí… (sonríe)

¿Qué es actuar para usted? ¿Una pasión, una forma de terapia o sólo un trabajo?

No tanto una pasión, sí diría una forma de terapia y “sólo un trabajo” no.  Es un trabajo, porque no deja de ser un trabajo muy bonito y, en muchos momentos, muy gratificante.

Aunque no la conozco, tengo la intuición que usted está muy alejada de los fastos del cine y toda la falsedad que lo rodea ¿Vive más feliz?

Yo creo que la gente que lo vive bien no está oprimida por eso.  Hay compañeros y compañeras que lo viven con alegría y entregándose a eso se sienten cómodos. No es mi caso, me agobia un montón y sería una tortura para mí.

He conseguido, más o menos, irme defendiendo como he podido y la verdad es que en ese sentido pues sí, yo puedo coger un tren, un metro, un autobús, un tren de cercanías… y eso me gusta.

Es exagerado decir o creer que una actriz o un actor siempre tiene cuatro o cinco guiones para elegir…  ¿Le ha sucedido en alguna ocasión?

Cuando dice eso, se refiere a tener tres o cuatro guiones que te gusten…

Sí, así es…

Claro…, porque muchas veces, y no necesariamente tienes que ser una Penélope Cruz o una gran estrella, puedes tener varias cosas encima de la mesa.  Lo que sucede es que hay cosas claramente que no vas a hacer, ni por tu trayectoria, ni por tu personalidad, ni por nada…  Pero es cierto lo que dice, encima de la mesa tienes “lo que vas a hacer”, es así.

García Márquez decía: “en el trabajo literario uno siempre está solo. Como un náufrago en medio del mar”.   ¿Cómo se siente una actriz momentos antes de salir a escena? ¿Cómo son sus “treinta minutos”? ¿Alguien tiene acceso a su camerino?

Bastante nerviosa, intentando concentrarme, intentando hacer bien mi trabajo y dar lo mejor que tengo.

Y en esos treinta minutos previos, no entra nadie a mi camerino porque necesito esa concentración que si estuviera de cháchara, ahora entra uno y besos para aquí y besos para allá… pues no podría hacer ese ejercicio de concentración.

Pero antes y después, sí…

¿Hasta qué punto influye la sociedad en cómo percibimos y afrontamos el trabajo que realiza una actriz?

Yo creo que ahí hay como dos cosas.  Creo que idolatrar tiene algo más del deseo de ese público por lo que significa la fama o por lo que significa el reconocimiento o el no anonimato. Tiene más que ver con esa sociedad que anhela eso que no con el deseo real de conocer a esa persona o de conocer su trabajo o de interesarse culturalmente por lo que está haciendo.

Yo creo que cuando simplemente se idolatra a un actor y se llega a esos extremos, a mí me parece que habría que mirárselo.

7+8+

 En las imágenes, Adriana Ozores, Jaume Policarpo y Esteban Villarocha (Gerente del Teatro Arbolé).

Me encantaría preguntarle por cada uno de sus trabajos… pero no tenemos tiempo suficiente.  Por favor, permítame elegir alguno:

TEATRO:

Trabajó en cinco ocasiones con Adolfo Marsillach, una con Pilar Miró y otra con José Luis Alonso.

¿Cómo fue su experiencia al trabajar con ellos?

Adolfo dio un vuelco definitivo al concepto que se tenía del teatro clásico en este país.  Hizo una cosa estupenda, se le criticó mucho y a trancas y barrancas tuvo que hacer ese trabajo de transformarlo en algo más actualizado, más ligero, más auténtico… No se trabajaba con esa declamación (como hablábamos antes), sino que se hacía un trabajo mucho más de verdad.

En algunos momentos era una persona difícil, muy inteligente y a mí me quería muchísimo (se emociona y sonríe).  A nivel privado, le tengo que agradecer cosas muy, muy bonitas.

Con Pilar Miró hice muy poquito cine y no puedo hablar en ese aspecto, pero en teatro me pareció que era una persona que no le interesaba excesivamente el teatro.  El trabajo que se hacía en los ensayos pues… no sé… (sonríe), ella estaba un poquito al margen.

Sin embargo, “La verdad sospechosa” de Juan Ruiz de Alarcón, fue una obra en la que usted tuvo unos compañeros magníficos…

¡Claro¡ allí estaba Emilio Gutiérrez Caba, que fue prácticamente quien llevó el trabajo de verso, hasta Carlos Hipólito, José María Pou…

La gran Sonsoles Benedicto…

Sonsoles, que es tan maravillosa… Ahí había un arrope, una concha fantástica para poder trabajar.

¿Y José Luis Alonso? Con el que hizo “El alcalde de Zalamea”, usted también vivió esa forma de ensayar tan precisa que permitía llegar al estreno sin nervios?

Mumm…, mi experiencia es otra.  Yo vi lo que hizo con Jesús Puente, vi lo que hizo con él.  José Luis trabajaba de una manera que a él lo que le interesaba era ver el resultado final del actor y realmente el resultado que buscaba era fantástico.  Hay que tener en cuenta también que era un hombre que a nivel visual, de escenografía y de imagen sabía muchísimo de teatro.  Él se preparaba las funciones en casa en un pequeño teatrito.

El trabajo que yo hice con él a mí me costó muchísimo…, muchísimo entenderle.  Él buscaba un resultado y yo no sé trabajar desde ahí.  Yo tenía que saber lo que era una mujer violada, tenía que conocer eso y hacer un proceso desde mi interior.  A veces, él me decía “no Adriana, tú tienes que hacer esto, te tienes que arrastrar por el suelo y hacerlo así…”, y yo le miraba y pensaba “¡no me lo puedo creer¡ o sea me está pidiendo de alguna manera, que le imite”.  ¡Yo soy incapaz de hacer eso¡.

Estuve tan insegura toda esa función, todas las representaciones con él… y a mi amiga Blanca Apilánez – a la que adoro – siempre le decía entre cajas “por favor Blanca, mira… es que no sé lo que estoy haciendo, no sé…” (se lo dije el último día).  Luego, el resultado sería uno u otro… pero la procesión iba por dentro.

Yo no entendí a José Luis… no le entendí.  Quizás sea un problema mío, que yo no le supe entender, pero lo que vi es que su forma de trabajo era de otro tiempo, creo yo.

CINE:

En cine destaco cuatro películas, no porque no haya más, sino porque éstas me gustan especialmente:

“Plenilunio” de Imanol Uribe, “Cuando vuelvas a mi lado” de Gracia Querejeta, “La suerte dormida” de Ángeles González Sinde y “Heroína” de Gerardo Herrero.

“Plenilunio”… sí, para mí también es una de las películas que más ilusión me hizo rodar.  El trabajo fue bonito, ahí tenía un compañero que es Miguel Ángel Solá que es un rey.  Me enseñó una cosa muy importante: cuando yo hablaba con él y le decía “es que esto yo no lo tengo claro, esta frase no me sale así y tal…”, él me respondía “pero… ¿tú no hablas con el director?”.  Yo le decía “hombre, el director me dice que esto lo tengo que hacer así y lo tengo que hacer así”, y entonces él me dijo: “No…, tú habla con el director”.

Miguel Ángel me enseñó que somos un igual al director, que no hay una jerarquía que te impide expresar lo que tú eres.  Para mí esa enseñanza de Miguel Ángel fue básica, aparte del cariño con el que hizo la prueba conmigo, porque yo hice una prueba para conseguir ese papel.  El cariño con el que me trató… no sé, le tengo un especialísimo cariño.  Fue un placer trabajar con él.

“Cuando vuelvas a mi lado” de Gracia Querejeta, una directora a la que admiro mucho…

¡Esa fue una película estupenda¡ (sonríe).  Nos lo pasamos muy bien.  Gracia me parece que es una directora magnífica, sabe mucho, mucho, mucho… de todo, de lo humano, de lo técnico, mucho… sabe mucho.  La verdad es que se trabaja muy bien con Gracia y tenemos una relación bonita y una amistad.

“La suerte dormida” de Ángeles González Sinde…

Creo que es una gran película de Ángeles.  Fue un trabajo difícil porque estaba basado en un hecho real, también era la primera película de Ángeles como directora.  Yo estuve muy a gusto y tuve unos compañeros excelentes, tanto mi padre (Pepe Soriano), como el que hacía de mi amante, era estupendo.  Fue una película muy bonita, estoy muy contenta.

“Heroína” de Gerardo Herrero…

Me gustó mucho hacerla y me pareció arriesgado por parte de Gerardo querer contar la historia particular.  Contar la historia pequeña de Carmen Avendaño, me parece que había una historia grande que es toda la labor social que hizo, que es inmensa.  No se puede ser más lista, esta mujer es tan inteligente y la labor que ha hecho tan profunda…, en este país y no sólo en este país, con respecto al tema de las drogas y todo eso… Gerardo prefirió contar la historia personal, la privada, la familiar, qué repercusión tenía toda esa explosión social que tuvo esta mujer.

A mí me pareció muy bonito y se hizo realmente ese trabajo de profundidad de las consecuencias familiares de la salida de esta mujer de casa y que asumió esa responsabilidad tan grande.

Es un trabajo muy bonito, Gerardo es estupendo dirigiendo, es un director muy apasionado, muy respetuoso, al máximo… con el actor, con el trabajo.  Él respeta la parte artística, y fíjese que es un productor ¡eh¡  Gerardo da lo mejor que tiene cuando dirige.

TELEVISIÓN:

Ha tenido una presencia importante en series de televisión que están en la memoria de todos, algunas de ellas son míticas, por ejemplo: “Turno de Oficio” 1985 de Antonio Mercero.

Fue una oportunidad grande que me dio Antonio porque yo, prácticamente, no había hecho nada en televisión.  Recuerdo que yo estaba para un capítulo y luego me dieron alguno más porque les gustó mi trabajo.  Ese recuerdo está como muy lejano (sonríe), muy lejano en el tiempo.

“Los hombres de Paco” (2005-2009), en el que usted tuvo momentos realmente brillantes, muchos no comprendimos que su personaje desapareciera de la serie.

Trabajar en  “Los hombres de Paco” fue estupendo.  Los primeros guiones eran magníficos, llenos de sentido del humor, ¡con unos actores…, por Dios¡  Cuando yo conocí Paco Tous dije “¿pero qué es esto? Este actor, esta forma de trabajar tan divertida…”.  Para mí no había sido capaz de reconocer en gente tan joven todo el bagaje del ADN que tenían los actores de los años 50 y 60 en este país, en toda la época mítica de Berlanga, etc, etc…

Yo les miraba y decía “¡pero es que hacen lo mismo¡ Lo saben hacer tocando la misma tecla”. ¿Cómo es posible que esa gente le transmitiera a esta gente joven el mismo ADN? Y es una manera de hacer.  Cada cine, el italiano, el francés, el americano, tiene su propio ADN y me resultó tan curioso ver cómo el ADN se transmite también en la profesión, y me encantaba verles, me encantaba… porque era volver a ver todo aquel cine, volver a ver a mi familia, volver a ver muchas cosas.  Me gustó mucho esa serie, tengo muchos amigos de esa serie.

“La Duquesa” (2010-2011), uno de sus mejores trabajos…

“La Duquesa” tuvo un director, un gran director, que es Salvador Calvo.  Un gran, gran director…  Yo recuerdo que el dossier del guión que tenía Salvador podía tener como quince centímetros de grosor, por el trabajo que hizo de investigación de la Duquesa de Alba y de toda la historia de su familia.  Nos ceñimos a nuestro guión, contando nuestra historia pero con muchísimo detrás de preparación.

Fue un trabajo bonito, conocí cosas tan bonitas…, tuve la oportunidad de estar en el Palacio de Liria, no como “Pedro por su casa” porque ellos tienen unas normas.  Lo que hay ahí es que no se puede creer… no se puede creer de belleza tras belleza: de salones, de pinturas de Goya, de Tiziano, de Fra Angélico… ¡Es increíble¡

Lo que más me gustó, no tanto por la interpretación (que también) fue sobretodo conocerla a ella y ver lo que ha hecho con su legado, tanto en Dueñas como en Liria, que es lo único que vi.

(reflexiona)  El respeto con el que cuida la herencia que le dio su padre.  Cuida de ese patrimonio con un respeto real, me fascina con qué responsabilidad máxima se ha tomado eso. Si tú ves cómo tiene cuidada cada pieza, cada sala, como es la biblioteca… y de eso ella es la responsable de lo que deja aquí.  Eso para mí tiene un valor muy grande.

Adriana, su trabajo en “La Duquesa” fue impecable. Realmente estábamos viendo a la Duquesa de Alba…

¡Claro¡ porque ahí había un trabajo fantástico del director, como decía antes.

Y un gran compañero, Carlos Hipólito…

Y Carlos…, mi compañero tan bonito… (sonríe).

En todos estos años de profesión, ¿quién o quiénes han sido sus maestros? ¿De quién ha recibido más enseñanza?

(reflexiona…) Tendré muchos, pero en este momento no los recuerdo.  Te encuentras maestros muchas veces, pero recuerdo especialmente una película que hice con José Luis Borau.  Era lo primero que yo hacía un poquito diferente a las películas que ya había rodado antes.  Había trabajado mucho con mi familia…  Es una película que se llama “Niño nadie”, y José Luis Borau, en un momento en que yo tenía un plano en que tenía que mirar al horizonte, ¡qué mal lo haría¡ que José Luis me dijo: “Adriana, cuando tengas que mirar a un sitio, no mires… piensa, piensa, piensa en lo que sea, en el bosque, en un árbol, no hagas nada externo”.  Para mí esa enseñanza fue tan importante…porque para mí eso es el cine.  Eso es el cine, es no hacer nada externo, que lo interno llevará a una expresión, la que sea.

Y esa enseñanza ha sido para mí un pilar, la de José Luis Borau.  Y otro pilar, es el de Miguel Ángel Solá, o sea reconocerme sin una jerarquía.  Reconocer la no jerarquía y ponerme en el mismo lugar que el director.  Eso es el segundo pilar, importantísimo en esta profesión.  A veces, y también dentro de ese ADN de los 50 y 60, tenemos un legado de…, bueno ya lo sabe usted también, que le voy a contar, de putas, maricones y gente de mal vivir.  Eso se viene arrastrando, “El viaje a ninguna parte”…

Sí, comprendo…

Hasta que llegó un momento en que ya eso no podía seguir así.  A veces es normal, lo seguimos viendo, lo sigo viendo en compañeros, en la gente más joven, incluso en gente muy mayor y con muchísimo prestigio, de la gente con peso en este país, manteniendo una jerarquía que no quiere decir falta de respeto, es que no tiene nada que ver…

Eso sucede también en cualquier profesión, en todos los trabajos sucede eso…

¡Claro…¡ Cuando alguien te da ese tesoro, como me lo dio a mí Miguel Ángel, es decir: “Adriana, no… Una cosa es el respeto y otra es que te espetan por encima de ti como si tú fueras una hormiga que no pueda decir, opinar y ¡defender¡ una cosa en la que tú crees”.  Por supuesto… Yo diría que esos dos han sido mis maestros.

Y para finalizar, Adriana, ¿Cuál ha sido el papel que más difícil le ha resultado defender o el que le haya exigido más compromiso para lograr una verosimilitud?

El más difícil que me ha resultado sacarlo adelante yo le diría, sin dudarlo, el personaje que hice en “El alcalde de Zalamea”, Isabel…  sin dudarlo.  Yo padecía, ¡madre mía’ no entendía nada, es que no entendía ni lo que estaba haciendo, ni lo que salía porque como yo no estaba en mí… ¡yo estaba fuera¡

Me está sorprendiendo mucho…

¡Claro¡ Yo estaba fuera, yo sufrí mucho.

 Y ¿qué personaje, íntimamente, le ha dado más a usted?

Yo creo que íntimamente de los que más me ha dado, porque para mí ha sido un regalo, es “Petit Pierre”.  O sea, poder expresar lo que yo quiero y como a mí me da la gana y eso es gracias a Carles Alfaro, que para mí es un gran director por eso y por otras muchas cosas.

Es un director que trabaja absolutamente desde dentro, dándote tanto a priori, que a veces te sientes, en el vacío no, lo siguiente al vacío, pero de ahí salen cosas muy bonitas.

Gracias Adriana, ha sido muy amable.

Gracias a usted.

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NOTA:  Las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

 

 

 

 

 

 

 

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