EL JOC DE L’AMOR I DE L’ATZAR: RETORNO DE FLOTATS A CASA, por Francesc Mazón Camats

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La comedia en tres actos de Pierre de Marivaux, en la mejor tradición de las comedias dramáticas de Molière y los ecos aun vivos de la Commedia dell’Arte italiana es una muy lógica y coherente elección de nuestro actor/director más francés Josep Maria Flotats, para su tan esperado regreso a casa, el TNC (Teatre Nacional  de Catalunya).

Estrenada en Paris en 1730, por una compañía de cómicos italianos, se  ha convertido con los años en la obra más representada (en Francia) del autor. El típico juego de embrollo, donde amos y criados intercambian sus papeles para intentar descubrir si la persona que les ha sido destinada es digna de obtener sus sentimientos. En este caso el divertimento gira hacia un tono más serio, al mezclarse el amor con los posibles conflictos de clase social; todo observado con una extraña mezcla  de malicia, voyeurismo y campechanía por parte de Orgon, el padre de la joven dama Silvia y Mario, el hermano de ésta. Un Àlex Casanovas que el mismo Flotats lanzó a la fama como el muy joven protagonista  del  “Despertar de la Primavera” de Frank Wedekind, el 1986 en el Teatre Poliorama de BCN.

No obstante Marivaux respetaba los parámetros y las estrictas normas del teatro francés de la época, especialmente la Bienséance, el buen gusto, evidente en la belleza del texto, de la palabra (hermosa versión en catalán de Salvador Oliva); también en los límites argumentales, acabado el juego, cada clase volverá a su condición y posición social. Faltaban unos 50 años para que todo este mundo estallase y saltasen por los aires, con la revolución, los códigos y  los juegos de disfraces del Antiguo Régimen.

En este montaje de Flotats, son las mujeres que conducen el juego. Tanto Silvia, la dama y su animadversión al matrimonio, como la doncella Lissette y su pícara y desinhibida actitud frente a los juegos galantes, excesivamente sexualizados por un histriónico  Rubèn de Eguia como Arlequín. Es posible que pensada la obra para una troupe de cómicos italianos, muy dados al trazo grueso, los excesos fuesen aceptados por la estricta sociedad de la época. Pero a partir de la recuperación clásica de la obra de Marivaux, a finales del S.XIX, por la Comédie Française, se acentuaron el juego y la caricaturización de  algunos personajes en sus múltiples versiones. La más radical, la de Alfredo Arias en 1987, con un arriesgado montaje que hacía actuar a todos los personajes con máscaras de simios.

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En este montaje de Flotats, sobrio y elegante, encaja mucho mejor, la contención, la politesse  del falso Bourguignon que la garrulería de un demasiado actual  Dorante/Arlequín.

Es sin duda obligación de un teatro nacional ofrecer un clásico como este, con todos los medios y un exquisito gusto (admirables decorados y vestuario) en la dirección y el conjuntado equipo de intérpretes. Pero es de justicia felicitar especialmente a las dos damas jóvenes: Mar Ulldemolins, deliciosa  Lissette, travestida de señora y a Vicky Luengo, compleja, atormentada y muy ilustrada señora  (una feminista avant la lettre ).

Personalmente querría destacar a Bernat Quintana en el rol más difícil y contenido de Dorante/Bourguignon, quizás el que mejor ofrece en su interpretación el aroma de una época pretérita, antes de la revolución.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.

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