LUISA GAVASA: Profeta en su tierra, por Yolanda Aguas

Luisa Gavasa, actriz aragonesa, recibe innumerables muestras de cariño cuando visita Zaragoza, la ciudad donde nació.  Ella sabe que es querida y admirada.  José Antonio Labordeta decía que nuestra tierra es una tierra dura y exigente en sus afectos, pero que cuando entrega el cariño lo hace a manos llenas y sin fecha de caducidad.

El pasado mes de junio, se presentó el rodaje de la última película de Paula Ortiz, otra mujer aragonesa, basado en la obra “Bodas de sangre” de Federico García Lorca y que Paula ha titulado “La Novia”.   Ya entonces, Luisa fue la reina de la rueda de prensa celebrada en el Festival de Cine de Huesca.

Ahora, el Festival de Cine de Zaragoza le ha concedido el Premio Augusto a su trayectoria.  Premio que recibió arropada por su familia, amigos y profesión, y donde el público, una vez más, la ovacionó interminablemente.

Esta conversación con Luisa, se celebró en los encuentros patrocinados por Cafés Orús “Cafés de Cine” dentro del marco del Festival de Cine de Zaragoza.   Espero que disfruten de esta entrevista tanto como lo hice yo.

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¿Una actriz puede separar el momento de la interpretación con los sentimientos que provoca en el público y alejarse de sus propias sensaciones?

Sí y no.  Estoy de acuerdo en la medida que tú no puedes creer constantemente todo lo que estás interpretando.  Sin embargo, sí es cierto que si no sientes algo no puedes comunicar.  Es realmente una paradoja.  No sé si te lo sabré explicar bien porque ni siquiera sé si sabría explicármelo a mí misma.

Yo no puedo trabajar sin la emoción, también es cierto que la trabajas desde la ficción.  Tú trabajas desde lo verosímil, más que desde la verdad, tienes que hacerte creer.

¿En qué fuentes bebes para lograrlo?

Las fuentes para que el espectador te crea son muchas.  Unas te llegan desde la verdad, otras te llegan desde cómo representas esa verdad.

Sí que creo que tiene que haber una emoción, sobre todo en el cine.  Una cosa que he aprendido en el cine, quizá es una realidad que me ha llegado tarde, es que es más difícil mentirle que al espectador del teatro.

En el teatro, a partir de la fila 8 nadie te ve la cara.  Hay una serie de técnicas, y no lo digo en el sentido peyorativo, una serie de armamentos que los actores disponemos para trascender a partir de la fila 9.  Sería dramático que la fila 20 no te vean, no te entiendan, no te crean.  Yo creo que con un primer plano en cine, no le puedes mentir a la cámara.  Creo yo…

Me has hecho dos preguntas muy complicadas para empezar, querida mía… (sonríe)

Toda actriz tiene un comienzo, ese momento en que decide que quiere ser actriz.  Tu camino comenzó en Barcelona, estudiaste en la Escuela Adrià Gual junto al inolvidable director Ricard Salvat.  ¿Cómo fueron esos primeros años de formación?

Llegué a esa Barcelona de una manera absolutamente casual.  Yo había terminado aquí (en Zaragoza) Filología Inglesa, gracias al empeño de mis padres yo hablaba 4 idiomas y a mi padre le hacía ilusión que me matriculase en Periodismo y así lo hice.  Mi destino iba a ser Madrid, aunque yo por supuesto pensaba hacer allí teatro.  A esa edad yo lo tenía muy claro.

Como te decía, de forma casual, una gran amiga mía (lo somos desde hace cuarenta años) era la pareja de un gran pintor catalán: Armand Cardona Torrandell.  Armand era un grandísimo pintor, de la época de Tàpies y Ràfols-Casamada, y muy amigo de la familia Salvat.  Viajé a Barcelona para ver a mi amiga Maite y a Armand y ellos me llevaron a un colegio maravilloso que lo dirigía Joan Salvat, el hermano de Ricard Salvat.  Llegué con 22 años y cargada de la fuerza de mi juventud.  Le conté a Joan todos mis proyectos y, principalmente, que quería ser actriz.  Ese día, casualmente, Ricard fue al colegio y Joan le habló de mi y de mis sueños y quiso conocerme.

A partir de entonces, yo le di un giro copernicano a mi vida y decidí quedarme en Barcelona para ser actriz profesional.  Regresé antes a Zaragoza para comunicárselo a mis padres.  Mi padre lloró amargamente, fue la primera vez que le vi hacerlo, cuando le dije que yo no quería ser periodista, que yo quería ser actriz y quería prepararme en Barcelona.  Lloró profundamente, pero al día siguiente mis padres me dijeron: “te queremos, eres nuestra hija y eres libre para elegir tu camino.  Te vamos a apoyar siempre y si quieres ser actriz adelante con los faroles…”. Así que me fui a Barcelona a estudiar en la Escuela de Teatro Adrià Gual.

Yo no pertenezco a la generación que estudió en la Cúpula porque llegué cuando la Escuela se reconstruyó en Hospitalet de Llobregat, con gente como Jordi Cadena, el nieto de Adrià Gual…  Fue una etapa bellísima que duró dos años, me permitió aprender catalán, me permitió interpretar a Espriu…  El carnet de actriz profesional que yo tengo es de Barcelona, con el yugo y las flechas, cuando lo enseño por aquí a gente joven se mueren de risa…

(nos reímos)

¡Estábamos las putas, los toreros y las actrices… todos incluidos en el mismo sector con el mismo carnet¡

Cuando estábamos rodando “Amar en tiempos revueltos”, recuerdo cuando les enseñé el carnet a mis compañeros jóvenes… es que no podían contener la risa.

Me estás haciendo preguntas, Yolanda, que me tocan la vida….  Yo conozco a las hijas de Ricard Salvat desde niñas, y a la más pequeña la vi nacer.  Sigo teniendo mucha relación con Joan y Neus Salvat y con Ricard estuvimos hablando justo una semana antes de su muerte.  Me estás hablando de personas que van mucho más allá de mi carrera.

Ricard Salvat era un gran especialista en la obra de Bertolt Brecht.  ¿Trabajaste Becht con él?

No.  Hice con él un proyecto que era trabajar la vida de un poeta, Joan Salvat-Papasseit.  Yo entonces no hablaba catalán, hice el personaje de Margot, la enfermera francesa, con lo cual mi catalán con acento era perdonable y como yo hablaba francés pude defender el papel bastante bien.  Hice “Ronda de muerte en Sinera” (Ronda de mort a Sinera) de Salvador Espriu…

¡Qué bonita¡

¡Sí…¡  De las grandes experiencias de mi vida, la representamos en el Grec.

Después hice “Urfaust”, el Fausto primigenio de Goethe, lo recordaré siempre porque yo estaba embarazada de mi hijo.  Allí trabajé con Vicky Peña, ella interpretaba a Margarida y yo a Marta.  Más tarde, en Madrid, hicimos “Noche de guerra en el Museo del Prado” de Alberti…  y espera… me dejo algo, me dejo algo…  (sonríe), porque creo que hicimos algún montaje más.  En cualquier caso, Ricard es una persona que me marcó en la vida, como actriz y como persona.

Yo era profesora en el colegio de su familia y hacía teatro por las tardes y algunas mañanas.  Fíjate, hace cuatro días hablé con Joan, todavía mantengo la relación con él.

Ricard Salvat es uno de los grandes referentes de mi vida como actriz.

Dicen que la felicidad depende, en buena medida, del tipo de gente de la que nos rodeamos. ¿Con qué tipo de personas te gusta estar?

Con la gente generosa.  Eso lo tengo clarísimo.  Luego hay gente con la que te puedes entender mejor a nivel intelectual, etc… pero con la que gente con la que siempre voy a estar bien es con la generosa.

Y si yo les preguntara a tus amigos ¿qué crees que destacarían de ti?

La generosidad… (sonríe)

¿Crees en el principio de reciprocidad?

Sí.  La vida me lo ha demostrado.  Creo profundamente.

Cuando conoces a alguien, ¿eres más de escuchar o de hablar?

De piel.  Soy de piel.

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A nivel profesional, ¿qué vivencia te ha marcado más?

(reflexiona unos segundos y se emociona)

Fíjate… me cuesta todavía hablar de ello.  (Sus ojos se llenan de lágrimas)

Creo que haber rodado las “Bodas de sangre” con Paula Ortiz.  Creo que es el personaje que más me ha tocado.  Sí…, hacer esa madre que va al encuentro del hijo muerto.

Tengo muchas ganas de ver la película de Paula Ortiz – “La novia” -.  Estuve con vosotros en el Festival de Cine de Huesca, cuando se hizo la presentación del rodaje.  Me encanta Alex García…

¡El primer corto que él hizo, lo hicimos juntos¡  ¡Es tan rico¡

Es un hombre tan atractivo, y a veces esa belleza puede jugar en contra de un gran actor.  Ojalá tenga suerte y encuentre en su camino a directores que confíen en el gran talento que él tiene.

Yo creo que sí, en “La novia” hemos sido tan bien cuidados por Paula…  Creo que el guión que ha escrito Paula es de una gran belleza.  La fotografía… y los actores nos hemos dejado el alma.  Desde luego, hablo en nombre de todos, porque ha sido un rodaje difícil y si no hubiera existido esta implicación conjunta no saldría lo que creo que va a salir.

Luisa, eres una mujer que siempre tiene la sonrisa en la cara…  ¿Crees que sonreír es una forma de expresar belleza?

Creo que es un elemento de empatía, de demostrar “estoy feliz, estoy bien, estoy a gusto…”.

No podemos obligar a nadie a que nos escuche, pero podemos llamar su atención e involucrarlo en una conversación con algo que sea de su interés ¿no?

Totalmente de acuerdo.

La capacidad de escucha tiene que ver también con la capacidad y la voluntad de querer comprender al otro.  ¿El teatro podría ser un medio para ejercitar esta afirmación?

Yo creo que el teatro ha sido un medio que ha pretendido siempre empatizar, mostrar, defender, cuestionar…  El teatro es un arma para todo.  Según el momento, sirve para despertar conciencias, para arrancar sonrisas, para provocar emociones.  No deja de ser un arma, por eso nos tienen tanto miedo.

¿Qué recuerdos tienes más presentes o con mayor intensidad de tu recorrido inicial como actriz?

Mariano Cariñena, siempre…  Era un ser especial, y ¡la persona más divertida que yo he conocido en mi vida¡  Su humor, evidentemente, provenía de su gran inteligencia.  Era fantástico.

Luisa, la interpretación puede ser una forma de terapia para una actriz, sin embargo… ¿algún personaje o alguna obra te ha sacado puntualmente de tu equilibrio?

Sí, y curiosamente las dos veces han sido dos madres.  En teatro, la madre de “Seis personajes en busca de autor” de Pirandello.  En cine, la madre de “La novia”.  No es que me hayan sacado de mi equilibrio, más bien me han llevado a situaciones de mucha angustia.

¿Qué repercusión tuvo en tu carrera el éxito de la película “De tu ventana a la mía”?

No lo sé… desde luego las productoras de cine no se volvieron locas llamándome (sonríe).  Para mí tuvo una gran repercusión de poder darme cuenta de que podía entrar en el cine, de que entraba por la puerta grande de la mano de Paula, de que por fin una espina se me iba y que con eso ya me conformaba.  Todo lo que pudiera venir después sería por añadidura.

Yo me acordaré siempre que tras el pase de la película para los actores, Maribel Verdú me abrazó llorando y me dijo “Luisa, ¿tú sabes que hay un antes y un después para ti?”.  Yo le dije “mira no sé… porque este oficio es muy raro”.

Fue más significativo a nivel personal para mí, al comprobar que yo podía hacer un trabajo que nunca hubiera creído ser capaz de hacer o que no sabía si podría hacerlo.

¿Puedes compartir con nosotros las amistades importantes que mantienes dentro de la profesión? 

Sí.  Con Ana Turpin (desde hace muchos años), creo que soy casi como su madre.  Y desde hace muy poco, con Ana Fernández que ha sido uno de los grandes regalos que me ha hecho Paula también con la película.  Ana es una gran persona, una gran actriz, una gran amiga.  Y Consuelo Trujillo, son dos regalos que me ha hecho esta película.

Y, desde luego, tengo una gran amistad y desde hace muchos años, con María Luisa San José.  Fuimos vecinas de urbanización durante quince años.

También hicisteis teatro juntas…

Sí, trabajamos juntas en teatro.  María Luisa es una bellísima persona.

Has trabajado en teatro, cine y televisión.  Siendo medios tan diferentes ¿cuál prefieres?

En este momento el cine.  Quizá porque me ha llegado más tarde.  Yo soy feliz ante la cámara, lo reconozco.

Con una carrera tan amplia como la tuya, Luisa, has trabajado con grandes compañeros.  Yo quisiera destacar a dos actores que me gustan especialmente: Álvaro de Luna y Luis Bermejo.

¡Maravillosos¡  Quiero creer que la calidad humana no va reñida con la calidad artística y que esa gente maravillosa y generosa como es Álvaro y como es Luis, luego lo muestran delante de la pantalla o encima de un escenario.  También es cierto que luego hay actores estupendos que no tienen esa talla humana…

No… he vivido alguna decepción.

¡Claro¡  Pero yo quiero creer, porque me gusta creerlo, que las bellezas del alma se ven luego en los escenarios y en las pantallas.

Álvaro es un ser profundamente hermoso, somos amigos.  Ahora vamos a interpretar juntos a un matrimonio en una película.  Nos queremos mucho y tenemos el mismo representante.

Le das un abrazo de mi parte cuando le veas…  De todas las entrevistas que he realizado a lo largo de mi vida, la que le hice a él es una de mis preferidas.

Lo haré…

Y con Luis me sucede igual, es un actor generoso y trabajé muy a gusto con él en la película de Paula.

Para finalizar, Luisa, a los espectadores nos gusta mucho saber qué hace un actor en su “media hora” previa a salir a escena.  ¿Qué haces tú?

¡Morirme¡  (rie)  Estar callada, estar sola… y en el último momento, cuando voy a salir al escenario, digo “papá échame una mano”. Pienso en él.

Es una sensación que hay que vivir para comprenderlo.

Muchas gracias Luisa, he disfrutado mucho de este encuentro contigo.

Gracias a ti.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son autoría y propiedad de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

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