PABLO DERQUI: Actor de emociones, por Yolanda Aguas

Es amable, agradable en el trato que envuelve con su preciosa voz.  No le conocía personalmente, pero fue verle y de inmediato me gustó.  Otras veces no sucede eso: llegas para entrevistar a alguien a quien admiras y descubres que esa atracción profesional no se extiende a la personal.

Pablo Derqui llega a Zaragoza para representar – en el Teatro de las Esquinas – la obra dirigida por Andrés Lima, “Desde Berlín”, junto a la magnífica actriz Nathalie Poza.

Y desde estas líneas confesamos que ya se ha unido a los actores que amamos de verdad: Peter O’Toole, Daniel Auteuil, Jeff Bridges, Kevin Spacey, Jeremy Irons, Josep María Pou, Eduard Fernández, José María Rodero, José Bódalo, José María Prada…

Pablo Derqui ha llegado… y lo ha hecho para quedarse.

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En su “Paradoja del comediante”, Diderot decía que “un actor no debe sentir nada, son los espectadores los que deben sentir”.  ¿Estás de acuerdo?

Yo personalmente tiendo a pensar un poco así.  Quizás otros compañeros pensarán de otra manera.

Me gusta pensar que el que tiene que emocionarse en el teatro es el espectador y no tanto el actor.  Es cierto que cuando tú tiendes a repetir o a fingir muchas veces, porque los actores no dejamos de ser fingidores (sonríe…), una emoción durante bastante tiempo… al final acabas supuestamente sintiéndola o padeciendo las consecuencias como si eso lo hubieses sentido de verdad.  Eso sí que es cierto.   Tú finges que estás muy triste durante unas cuantas horas y acabas estando jodido al final (se ríe…), pero precisamente por la repetición.

A mí me gusta pensar que los actores somos deportistas de la emoción.  Al fin y al cabo las emociones, o lo que nos lleve a sentirlas no dejan de ser músculos, son músculos emocionales.  Somos gente que ejercita el músculo emocional, y claro… es poco inteligente padecerlo de verdad porque acabarías muy hecho polvo.

En este caso, en “Desde Berlín”, salimos tocados al final de la función, es cierto… pero es más catártico que otra cosa.  Estás relajado, pues eso sí que daría la razón a esta manera de pensar.

¿Qué es para ti el teatro? ¿Cómo lo definirías?

Me gustaría decir que es un acto ceremonial.  Se crea cierta liturgia extraña.  El actor es diferente con público que sin él, pero muy diferente…  No sé qué tipo de conexión se genera, ni qué tipo de cosas se nos ponen en marcha a los actores cuando hay público, pero sí es cierto que es muy diferente.  Del mismo modo que para una persona cuando está en un teatro, pasa de ser una persona a ser público.  Y la sugestión que vive en el día a día es muy diferente a la que tiene o siente en un teatro.  Se crean magias, se crean sinergias diferentes.  Sí, tiene algo de litúrgico y eso es lo que lo hace mágico.

Debido a tus trabajos en televisión, “El síndrome de Ulises”, “Ventdelplá”, “Hispania” o, más recientemente, tu magnífico  Enrique IV de Castilla en la serie “Isabel”, eres un actor muy conocido, más popular.   Yo sé que normalmente todavía puedes pasear por Barcelona muy tranquilo, nadie te molesta por la calle… pero es evidente que ya debes sentir el cariño del público. 

¿Te agrada ese reconocimiento? Y, quizá, ¿ser también respetado por tu trabajo?

Yo siento que existe una diferencia fragrante entre la televisión y el cine o el teatro…  Más en concreto con la televisión.  Si uno hace un personaje que llega o que se ve mucho es exponencial la cantidad de gente que te ve en la televisión.  Es muy grande la diferencia con el teatro.  Desde que he hecho más televisión he notado más que la gente me dice cosas cuando me ve en la calle.  Y cuando se te reconoce el trabajo, es cierto que es muy, muy agradecido porque al fin y al cabo tú trabajas para ganar dinero, sí…para pagar el alquiler y tal, pero sobretodo – y eso lo he descubierto ahora – para que la gente te diga que le gusta tu trabajo.  Lo haces para que la gente se emocione.

Retomando lo de antes, a mí me gusta trabajar mi músculo emocional pero para que el que se emocione de verdad sea el público.  Y cuando te lo reconocen por la calle es un subidón, es decir “¡Hostia¡ vale la pena que yo siga haciendo esto porque de repente todo es armónico ¿no?”.  Luego también hay otra cosa que sí, que hay reciprocidad en positivo pero también la hay en negativo.  Uno cuando está expuesto sabes que inevitablemente también le vas a caer mal a mucha gente, y eso también lo he notado.  He notado que le caigo bien o que le interesa mi trabajo a mucha gente y a otros no sólo no les gusta sino que lo detestan…

O simplemente sienten envidia, que es parte de la condición humana…

Me da igual ¡eh¡, porque eso ya sería justificarlo.  Pero es cierto que uno cuando más se expone, más recibe.  Para bien o para mal.

Pues ahora me gustaría contarte una cosa: hace unos meses entrevisté a Josep María Pou.  Durante aquella inolvidable y preciosa hora de conversación con él me atreví a preguntarle que me indicara aquellos actores que, en la actualidad, él consideraba unos maestros.  Me citó a Josep María Flotats, José Luis Gómez y Miguel Rellán… y luego añadió: Me gustaría poderte dar nombres de actores más jóvenes….  De todas maneras me atrevo a darte el nombre de un actor joven (de las últimas generaciones) que hace mucho teatro, ha hecho algo de televisión, no es demasiado conocido quizá todavía y que yo creo que es un actor sublime:  Pablo Derqui.  Es un actor que en Barcelona ha hecho unos trabajos brutales, es un actor que a mí, cada vez que le veo, me pone la piel de gallina y eso para mí significa algo, me indica que es un grandísimo actor

¡Madre mía¡ Gracias…  que lo diga este hombre…  Gracias…

Antes de comenzar la entrevista te he comentado que me gustaría mucho que me hablaras de tu trabajo junto a Eduard Fernández en la serie “Pere Casaldàliga”.  La serie basada en el libro que Francesc Escribano escribió “Descalç sobre la terra vermella”, Premio Gaziel de 1999, en el que habla de la vida difícil y ejemplar del obispo y poeta catalán en la comunidad brasileña de São Félix do Araguaia, en la selva del Mato Grosso.

Hace poco volví a ver un encuentro que ambos tuvisteis entorno a vuestra común interpretación del Roberto Zucco de Koltés, y que me parece una delicia para el espectador que ama el teatro.  En esa serie trabajas también con una actriz que en CineT Farö adoramos: Mónica López.

De entrada, y mucho antes de conocerle,  a Eduard ya le admiraba mucho por su trabajo. Creo que es un actor con mucha veracidad en su manera de hacer.  Sé que puede sonar a repetir tópicos, pero es lo que siento de verdad.  Lo admiro y me encanta siempre verle trabajar.  Tuve la suerte de poder interpretar un personaje mítico que él hizo antes y que fue un pelotazo, el primer éxito que él tuvo…

Sí, su Roberto Zucco en el Teatre Lliure en 1993

Sí, y dirigido por Lluis Pasqual.

A un periodista, se le ocurrió que Eduard y yo nos encontráramos y habláramos de nuestra experiencia al interpretar el testamento teatral de Koltés.  Simplemente el hecho de compartir esto con él fue muy bonito.  Pero antes tuvimos la oportunidad de conocernos mucho más cuando rodamos “Pere Casaldàliga” en Brasil.  Nos fuimos al Mato Grosso, en medio de la nada, donde todavía reside este misionero que allí está considerado como un santo y que interpretó fantásticamente Eduard Fernández.

Allí pude disfrutar del trabajo de Eduard y, sobretodo, nos conocimos mucho más a nivel personal.  Eduard es alguien muy apasionado con lo que hace y eso es algo admirable.  Yo me ponía cerca de él para ver si se me “pegaba algo” (sonríe…).  Es alguien que se deja el alama.  Para ponerte un ejemplo, Casaldàliga era mucho más flaco que él en ese momento, y él tenía que perder mucho peso, pero de una manera bárbara.  Imagínate que, en Brasil y con 40ºC,  se ponía bolsas de basura debajo del vestuario, tomaba té e infusiones cada dos por tres, líquido y líquido…  y perdió como 15 ó 20 kilos, ¡fue una barbaridad¡  Es alguien que se toma el trabajo así de apasionadamente.
Y así consigue las cosas que consigue… Ha sido un placer disfrutar con él.

Y luego Mónica López, que también es una actriz fantástica y pude compartir muchos momentos con ella.  Estuvimos dos meses y medio perdidos de la mano de Dios, a diez horas en autobús de la civilización, y por eso tuvimos tiempo de hablar y compartir cosas del trabajo y de la vida.  Mónica es una actriz con un gran recorrido y con una amplia capacidad.  Tiene un amplio registro, además de ser super bella.  Una de las cosas que dice mucho a su favor es que, ella es canaria…

Y habla perfectamente catalán…

¡Y hace teatro en catalán¡ Eso dice mucho de ella porque los catalanes son muy suyos con su teatro… ya sabes  … (nos reímos… y pensamos: “y cuánto nos gusta el teatro que hacen”)

Pues ella es una de las referentes actuales del teatro en Cataluña.

Pablo, felicidades por tu reciente Premio Butaca por la obra L’orfe del clan dels Zhao” (El huérfano del clan de los Zhao)  dirigida por Oriol Broggi.

¡Muchas gracias¡

Te espera pronto un nuevo trabajo junto a él, Una jornada particular, junto a Clara Segura…

Otra que tal…

Sí… ¡otra¡ 

¿Oriol es el director que mejor te comprende o el que mejor te va comprendiendo?

(me mira y sonríe ampliamente…)

Repetir, ya sabes lo que significa… (nos reímos) puede ser una relación tan potente como la que, por ejemplo, tienen Andrés Lima y Nathalie Poza…

Bueno… ¿quién sabe?  Las relaciones con los directores son diferentes.  Cada uno es diferente, se crean relaciones muy curiosas de amistad que rayan la familiaridad “amigo-familia”.   Con Oriol nos hemos hecho muy amigos, nos hemos entendido mucho y a mí es un director que me interesa porque está haciendo un tipo de teatro que a mí me gusta.

No es que yo vaya a trabajar siempre con él, no tengo ni idea… pero también él me está reconociendo el trabajo, proponiéndome textos que también me interesan mucho.  Tanto Oriol, con el que me gusta trabajar,  como con las propuestas que me hace.   Un actor es él mismo pero también los papeles que consigue.  O sea, yo puedo hacer trabajos buenos pero gracias a papeles buenos, y Oriol me los está proponiendo.

De todos los personajes que has interpretado, ¿has tenido la necesidad de juzgar a alguno de ellos? O ¿tu forma de enfrentarlos ha sido siempre con comprensión?  Y ya te hago otra pregunta, en la vida ¿estás liberado de juzgar a los demás?

¡Jo¡ …  (me mira riendo…)

Sí…  (nos reímos mucho por mi última pregunta)

En el trabajo sí que evidentemente, con algunos más que con otros, hay personajes que sin querer te vienen los prejuicios.  Estaba pensando precisamente ahora en el Roberto Zucco del que hablábamos antes.  Éste es un personaje complicado a nivel moral, es un asesino en serie y que Koltés sitúa en el centro de su obra y le pone como protagonista de esta elegía, es un héroe en el Roberto Zucco, y claro… justificar a un asesino en serie es muy complicado.  Sobre todo este tío que tiene un referente histórico real, si bien no es tal cual porque Koltés lo toma como excusa y hace un canto alegórico al sinsentido de la vida.  Pero sí, es un personaje real con víctimas por el camino, dejó viudas, etc.  Al principio yo tuve muchos reparos porque tenía que defenderle, y en este caso lo que hice y lo que tiendo a hacer en muchos casos cuando me asaltan algunos reparos, es seguir la partitura o enamorarme del texto.  Si te gusta el texto es por alguna razón y entonces debes centrarte básicamente  en lo que quería contar el autor a través de ese personaje, que quizá pueda ser reprobable a nivel moral, pero despreocuparte de todo eso y seguir la partitura, que es lo que hice con Roberto Zucco.

¿En la vida?  No, no…  yo tengo prejuicios como creo que casi todo el mundo.  Me parece natural que todo el mundo los tenga.  La cuestión es cómo lo llevas ¿no?  Cómo los gestionas, que la gente actúe prejuiciosamente me parece un error.  Como decíamos antes, en mi caso estando tan expuesto, más expuesto que una persona de la calle que no trabaja en el teatro, cine o televisión, me tengo que comer los prejuicios que puedan tener conmigo.  No lo justifico pero lo entiendo.  Yo intento no tenerlos, pero los tengo.

Pablo, ¿qué es actuar para ti? ¿Una pasión, una forma de terapia o sólo un trabajo?

Es… sólo un trabajo, ¡que me apasiona¡  Y a veces me resulta bastante gratificante a nivel moral, psicológico sí… , pero es un trabajo.

Y como todos nos movemos entre las luces y las sombras, ¿esta faceta tuya de actor te permite caminar mejor en las zonas oscuras que puedas tener?

¡Sin duda¡ No sé si para bien o para mal, pero ¡sin duda¡  Sí, sí… las exploro y las transito todo lo que puedo y más.

A mí me suelen dar personajes “oscuritos” siempre, y en un principio yo tenía como reparos y pensaba: “pero ¿porqué? ¡coño¡”  Yo quería ser un ídolo de adolescentes. (se ríe…)

¿Te gustaría hacer comedia?

¡Por ejemplo¡  Sí, además la comedia también tiene muchísimas sombras.  De hecho, cuantas más sombras tiene la comedia mejor es.  Yo pensaba al principio: “¡joder¡ ¿yo nunca voy a tener éxito entre los adolescentes, ni ser galán de moda? ¿No se van a enamorar de mi las mujeres?”…

(me hace reír mucho…, me gusta su sentido del humor)

Y ya… ¡desistí¡  Y ahora mismo me doy cuenta que es un valor, es una suerte que me surjan personajes que tengan más claroscuros que claros, o que tengan las dos cosas por igual.  En lo claroscuro está siempre lo más interesante, precisamente.

¿Hay algo que te incomode de tu profesión?

Sí, hay muchas cosas.  De entrada, y ahora que se habla tanto de eso, el pánico escénico.  Es algo que yo tengo muy presente.  Pasa mucho ¡eh¡  Antes de entrar en escena, sientes un terror muy curioso.  Con el tiempo te acostumbras a él, pero no se te pasa, te acostumbras.

Esta es una de las cosas que más me incomoda, puede ser… sí.

Hablando con un compañero hace un tiempo, me contaba que es común también en actores que pueden haber llevado cuarenta años de profesión ¡o más…¡ que de pronto les sobrevenga esto: el pánico escénico.  Puedes pensar “no puede ser”, pues sí… somos humanos.

¿Cómo es tu “media hora” antes de salir a escena? La famosa media hora… ¿Tienes algún ritual o no?

Sí, yo tengo mi hora.  Es una hora que la tengo medida.  Tengo que entrar una hora antes al escenario en el que vamos a hacer la función y tengo que hacer mis estiramientos, que tienen que ser siempre los mismos y con su orden determinado.  Yo soy muy consciente de que no tiene ningún sentido, pero es más mental que otra cosa.

Estiro siempre el cuerpo con el mismo orden, después ejercito la voz, y después paso el texto entero de la función corriendo…  en la escena.  Y entonces ya puedo hacerla tranquilo.  Y si no lo hago, estoy bastante inquieto.

Pablo, ¿quiénes son tus actores de referencia? ¿En quiénes te has mirado o te han aportado más enseñanza?  Y no me refiero sólo a aquellos con quienes hayas tenido contacto personal…

Hay muchísimos actores que me muestran cosas de las que yo tengo que aprender, me doy cuenta…

Claro, los más inmediatos son con los que yo he trabajado y que he admirado más de cerca.  En el cine hay muchísimos…

Eduard Fernández es un actor que admiro.  El fallecido Philip Seymour Hoffman, ¡Dios mio,  vaya pedazo de bestia como actor¡  Son gente que transmite una tranquilidad, una paz interior a la hora de hacer que hace lo complejo aparentemente super simple.  Tú los ves actuando y esos son los que realmente me fascinan.

El otro día, por ejemplo, estaba viendo de nuevo “Lolita” de Kubrick.  Es una de mis películas favoritas, y James Manson me parece un actorazo.  En un principio me daba tirria porque me parece un British y tal… pero hay unas escenas…   Hay una en concreto de “Lolita” que es cuando él – que está casado con Shelley Winters, ¡otra actriz increíble¡, y le dice que se quiere casar con él y él está deshecho porque se llevan a la niña de excursión y no sabe si la volverá a ver…  La escena empieza con él llorando, le llega la carta de amor de que se quiere casar y entonces es como la oportunidad de volver a ver a la niña… y entonces acaba riendo.  Esa escena es un ejemplo de maestría interpretativa.

Y casi para terminar, Pablo, no quiero entretenerte demasiado…

No… es un placer hablar contigo, ¡es un gusto¡

Ya tendremos tiempo más adelante, espero…  En San Sebastián, cuando vayas a la Sección Oficial para defender alguna película y te vea en la rueda de prensa en el Kursaal.  Nathalie ya estuvo allí con “Malas Temporadas”…

¡Ah, vale… eso¡  ¡Dios te oiga¡

(reímos…)

Ya como espectador, no tanto como actor, ¿qué textos son los que más te llegan? ¿Qué autores están más cerca de ti?

Igual yo me siento más cercano a autores costumbristas.  Yo suelo ser muy ecléctico, pero por inercia lo primero que me sale es Mike Leigh.   ¿Te refieres a autores teatrales?

Sí…

Me viene a la cabeza un texto emblemático, aunque hay muchos, de verdad hay tantos…

Tengo en la cabeza un texto que para mí ha sido una piedra de toque en mi vida teatral, y es “Unas voces” (Some voices) de Joe Penhall, dramaturgo inglés.  Habla de la esquizofrenia, es una historia preciosa sobre un personaje que es esquizofrénico, de la que creo hay también una película que la hizo Daniel Craig basada en la obra de teatro de Joe Penhall.

Habla de la esquizofrenia pero desde el costumbrismo un poco afectado que luego acaba siendo abrumador.  Es tremendo, cuanto menos carga o cuanto menos se le nota el interés efectista al autor, yo creo que es más punzante después para el espectador y en este caso, Joe Penhall lo hace con esta obra.

Yo tiendo a pensar que, de entrada, el costumbrismo que aparentemente no quiere contar nada y nos la cuela.  Como cuando notas la intención de los autores… ¡ay¡

Hace como un año y medio, Héctor Alterio me hablaba de la suerte que él había tenido en su larga carrera porque había tenido a grandes mujeres a su lado.  Bromeaba y mencionaba que estar entonces con Lola Herrera y Magüi Mira era casi como “tener un pequeño harem”.  Yo le dije inmediatamente que él había tenido “muchos harenes” y le puse ejemplos…

Tú tampoco puedes quejarte…  Nuria Espert, Nathalie Poza, Bárbara Lennie, Mónica López… y muy pronto, Clara Segura.  Compañeras de trabajo muy buenas…

¡Muy buenas¡ ¿Ves? Otra de las cosas que te contaba antes, una es un buen texto – que es el gran salario que podemos tener los actores – y unos buenos compañeros.

En este caso, Nathalie es más de la mitad de mi trabajo.  Ella es una tremenda actriz y es lo que hace que yo pueda crecer en escena.

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He tenido la suerte de poder hacerlo con compañeras muy buenas.

Próximamente trabajaré con Clara Segura, que me parece la atleta emocional número uno.  Y claro, son oportunidades para aprender más todavía.

¡Muchas gracias Pablo¡

Un placer… gracias a ti.

Mientras le veo alejarse, me vienen a la mente esos actores british que a él inicialmente le producen tirria…  y que yo creo se acercan, con respeto, -como presencias – para protegerle y hacerle el pasillo, sabedores que ahí va un gran actor.

Guardo mi grabadora, y pienso ya en el próximo encuentro con él para seguir disfrutando de su excelente conversación y de su agudo sentido del humor.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

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