CHARO LÓPEZ (Entrevista), por Yolanda Aguas

Charo López está inmersa en una gira nacional con la obra “Ojos de Agua” que la ha traído estos días al Teatro Principal de Zaragoza.

Tras la rueda de prensa celebrada el viernes 13 de marzo, nos concedió la entrevista que podrán leer a continuación. 

Una de nuestras actrices más importantes, con una trayectoria de cincuenta años, que está viviendo una etapa plenamente creativa en su colaboración con el grupo de teatro Ron Lalá.

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Ahora está protagonizando en teatro “Ojos de Agua”, texto de Álvaro Tato y producción de Ron Lalá.  Define su personaje como “una mujer libre de ataduras con el mundo, en absoluta libertad, que se inventa sus propias leyes y no pertenece a nadie”.  Da la sensación que en esta obra está disfrutando mucho…quizá con la que más.

A mí me encanta porque, de entrada, yo soy la actriz del “no”.  Si no me hubiera gustado…, pero es que no cabía de felicidad.  Por cómo se desarrolló el proyecto, todo indicaba que teníamos una sintonía estupenda y que ellos me aportaban una frescura tremenda y yo cincuenta años de profesión, con lo cual nuestro encuentro fue muy atractivo.

En este personaje me encuentro como pez en el agua porque, por una parte está escrito a la medida de lo que deseaba hacer Álvaro Tato (el autor), y por otra porque el texto está escrito para mí.

Por ejemplo, hay momentos en los que la actriz de “Ojos de Agua” cuando interpreta el personaje de la Celestina dice “hice de mi labor mi vida”, ahí ya está contando que es una mujer independiente, dice que ha trabajado… ¿En qué trabajaba?, claro… como entonces no había ministerios, era alcahueta, era facilitadora de encuentros entre hombres y mujeres…

Contestando a tu pregunta, yo me siento absolutamente feliz haciendo este papel.

¿Cómo nació esta colaboración con la compañía Ron Lalá?

Fue en el momento en el que Yayo Cáceres estaba en el Teatro Clásico dirigiendo una obra extraordinaria que se llama “En un lugar del Quijote”.  Un amigo, de estos que surgen inopinadamente en la vida y a los que una les debe muchísimo que se llama Lope García Tamariz, me dijo un día ¿por qué no vamos hoy al teatro?.  Yo le dije “bueno… pues vamos”.  Fuimos al teatro, vimos la función “En un lugar del Quijote” y a la salida nos fuimos a tomar una cervecita…   Allí sentados, vimos bajar a los actores (los cinco actores) de Ron Lalá, de los que yo en ese momento estaba ya absolutamente enamorada, ¡de todos¡

Luego bajó el director, Yayo, y nos sentamos todos juntos y nos pusimos a hablar.  Uno de ellos, el autor Álvaro Tato me dijo: “¿A ti qué te gustaría hacer, hija? (sonríe).  Yo le respondí: “A mí, estar con vosotros”.  Él me insistió: “Ya… pero ¿de qué te gustaría hablar?”.  Y yo le dije: “pues mira… de cuando se llega a esta etapa de la vida, de la pérdida de los amigos, de la pérdida de la belleza, de la pérdida de la juventud, de muchas cosas que tienen que ver con esta edad, de este período que estoy iniciando, por cierto…” (bromea).

La verdad es que Álvaro estuvo tan receptivo y tan maravilloso… que me dijo: “mañana te llamo y hablamos”, y así lo hizo.  Me preguntó después: “Oye… ¿a ti te gustaría hacer La Celestina?”.  Le respondí: “A mí me parece que esto es una locura…”.

Y ahí empezó una historia que a mí me parece que es de las más interesantes y más divertidas y más plenas que he vivido en mi carrera.  Yayo Cáceres, Álvaro Tato y yo empezamos a encontrarnos en casa y comenzamos a hablar, hablar, hablar…  Yo a vaciarme, ellos me preguntaban…  Nos reíamos, yo lloraba mucho, de ahí que la obra se llame “Ojos de Agua”.  Yo lloraba porque recordar ciertas cosas me hacía llorar.  O leer ciertos pasajes, como el de la vejez.  Ahí se fue creando algo muy hermoso que se llama “Ojos de Agua”, que hemos estrenado y que a mí me parece que es uno de los trabajos más duros, más plenos y en el que soy más yo.

Vacío mi propia vida, con un momento… a lo cual me han ayudado muchísimo, por supuesto, Yayo Cáceres (director) y Álvaro Tato (autor).  Álvaro entendió muy bien lo que yo le preguntaba, él entendió muy bien que La Celestina daba cabida a todo lo que yo le contaba, y siempre bajo la determinación de aproximar el teatro clásico a la gente actual,  y que la gente actual se aproximara al teatro clásico.  Por eso hemos terminado haciendo esta versión de La Celestina que se llama “Ojos de Agua”.

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Su vida profesional ha estado unida siempre a los grandes autores.  Es imposible disociar su nombre al de los grandes poetas y escritores de la literatura universal: Hölderlin, Gonzalo Torrente Ballester, García Márquez…  Su trabajo es sinónimo de calidad y compromiso.

¿Le ha pesado en algún momento esta responsabilidad?

No, es lo que he buscado siempre: que mi trabajo sea compromiso con lo que se cuenta ideológicamente y compromiso con el trabajo actoral.  Eso solamente lo puedes conseguir con un texto con el cual tú te comprometas.  Como te he dicho antes, yo soy la actriz del “no”.  Cuando yo no veo que un proyecto no puede fluir de acuerdo a unas coordenadas que yo considero vitales para arrancar en un proyecto no lo hago. Es preciso que me lo crea, que conecte con él, que sepa que va a ser útil a una generación – que es la mía – y también a los chicos jóvenes.  Como ahora, contarles que el Teatro Clásico no muerde es fantástico, es una labor maravillosa.  Pero también a las mujeres de mi generación a las que les chifla la obra.

Sí, he representado a autores grandes y a veces no.  He trabajado con directores que escribían sus propias funciones, sus propias películas: Mario Camus, Montxo Armendáriz… que  – es verdad – son grandes autores.

Sí, en el teatro siempre he estado con grandes detrás que me han apoyado y que me dan seguridad.  Yo no puedo salir al escenario y hacer cualquier cosa.  Fíjate lo que fue “Tengamos el sexo en paz” de Darío Fo.  Estuve diez años haciéndola, fui dos veces a Argentina.  Hice dos giras por España.  Cuando un autor es grande…¡ya está¡  Lo que tienes que hacer es intentar hacerlo lo mejor posible, tener un buen director y estar segura que va a conectar con el público.  Para mí es fundamental eso: la conexión con el público. Salir únicamente a lucirme con un texto sin conectar con el público no me interesa.

Hace unos días Blanca Portillo, que está interpretando ahora “El testamento de María”, afirmó que nunca más volverá a hacer un monólogo.  Usted ya tiene varios en su currículum teatral.

¿Se siente cómoda en ellos?

Sí, claro…  A mí me parece un placer inconmensurable hacer un monólogo.  Como vengo de una experiencia maravillosa de monólogos y, aunque ninguna es igual a la anterior, ésta es otra igual de enriquecedora, igual de potente y ante la cual tengo el mismo miedo a la hora de salir.  Miedo no, pánico, pero no ese pánico escénico del que ahora todo el mundo se hace dueño.  No…, ese es un pánico que yo no sé cuál es.  El verdadero…, el que te desmayas.  Yo no tengo pánico escénico, ¡yo me quiero matar antes de salir a escena¡ ¿Por qué?  Pues porque no sabes en qué disposición se encuentra el público esa noche.  Si vienen de una boda, si van a una boda, si es tarde, si han cenado, si no han cenado…  Si yo les parezco una actriz que les apetece ver, si han entrado ahí porque el marido acompaña a la esposa o la esposa al marido…

Una sale sin saber, es muy incierto hasta que, – y esto les pasa a todos los actores que en el mundo hay – , una vez que has pisado el escenario… (suspira hondo) el cuerpo se templa.  El corazón deja de latir a esa velocidad, te sientes, te oyes y ya lo que te apetece es lanzarte a contar tu texto.  O sea, yo no estoy a favor o en contra de los monólogos, lo que pasa es…  Verás, estamos en un momento un poco difícil económicamente de ahí que haya esta barbaridad de monólogos, y si no bajan el 21% de IVA seguirá habiendo más, pero ojalá sean todos como los que hace Blanca, Rellán (que interpreta uno maravilloso llamado “Novecento”).  La prueba es que, si son de esta calidad, la gente va a verlos.  Nosotros tenemos el teatro lleno.

¿Cree, como Diderot, que “al acabar la representación, el actor no padece dolor alguno ni melancolía, no está turbado, simplemente se despoja momentáneamente de todos esos recuerdos, hasta que llega un nuevo ensayo”?. 

Sí.  Es una pregunta como para estar una tarde hablando de esto.  Pero sí, estoy de acuerdo que un actor se despoja, y ya hasta el próximo ensayo empieza a ser uno mismo.  Totalmente de acuerdo.

Charo, ¿cómo es la gente con la que a usted le gusta estar?

De todo tipo.  Estoy con gente de la profesión, con gente que son mis amigos de toda la vida, con mis amigas…  El mundo que me rodea es el mundo en el que vivo.

Y ¿qué cree que dirían sus amigos de usted?

Eso no tengo la más mínima idea, no…  Hay que llamarles y preguntárselo a ellos.

¿Algún personaje (o alguna obra) le ha sacado puntualmente de su equilibrio habitual?

No, no…  de mi equilibrio no me puede sacar nada.  Puedo entrar en el desequilibrio que sigue siendo tan mío como el equilibrio, pero no…una obra de teatro desde luego que no.

En la vida, Charo, ¿qué cosas le perturban o le incomodan?

La presión.  No la soporto.  La presión para lo que sea: para correr, para ir, ir a sitios… no lo soporto.  Tanto que yo he optado por no coger el teléfono.

¿Actuar para usted es sólo un trabajo?

Si fuera sólo un trabajo buscaría otro más remunerativo.  Es una forma de vivir la vida, que a mí me apasiona porque podría haber sido profesora, podría haber sido muchas otras cosas.  Yo elegí éste trabajo, que es el más bello, el más rico, el más hondo… El mejor trabajo posible para mí.

En su profesión existe una profunda competencia, es un trabajo muy difícil, muy exigente. ¿Es posible que dos primeras actrices sean amigas sin que la rivalidad planee peligrosamente entre ellas?

Sí.  Yo considero que es posible.  Soy amiga de muchas actrices, las admiro, las respeto porque sé lo duro que es este oficio.  Por supuesto que es posible.

Borges decía que “el teatro es el arte en el que un hombre finge ser lo que no es y otro, el espectador, finge que se lo cree”.  Es un juego… pero ¿es un juego en el que al final de la partida hay tablas o alguien resulta ganador?

Es ganador si lo que tratas de hacer encima de un escenario llega al público.  Si lo que estás haciendo es un esfuerzo máximo por ganar dinero y contar estupideces pues no eres ganador, eres perdedor antes de empezar.

¿Al terminar la función es cuando usted mira por primera vez las caras del público?

No, yo miro al público nada más salir al escenario.  Lo que quiero es decirle que “estoy aquí, ¿cómo estás?  Te voy a contar esta historia”.  Yo lo hago amigo mío y lo traigo al escenario.

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No tenemos tiempo en esta entrevista para hablar de toda su carrera porque es muy amplia.  Me gustaría, si a usted no le molesta, destacar algunos trabajos que me parecen de los más importantes. 

Su colaboración con:

MARIO CAMUS: “Fortunata y Jacinta” (1980), “La colmena” (1982) y “La vieja música” (1985)

MONTXO ARMENDÁRIZ: “Secretos del corazón” (1997)

GONZALO SUÁREZ: “Ditirambo, La Regenta, El extraño caso del doctor Fausto, La parranda, Los pazos de Ulloa, Epílogo, Don Juan en los Infiernos, El detective y la muerte…”

Con la perspectiva del tiempo, ¿qué sensaciones le quedan de todos estos trabajos?

Es que son muchos años, muchas películas, muchos planos, muchos guiones… No tengo sólo un recuerdo especial.  Son tres personas que me han ayudado a crecer, a hacerme actriz, que me han dado papeles muy bonitos, extraordinariamente bonitos.

Son personas a las que quiero muchísimo y de las que guardo el mejor recuerdo posible y con las que espero volver a trabajar.

Hay un director, muy querido para mi, Basilio Martín Patino…  Usted protagonizó una obra maestra “LOS PARAÍSOS PERDIDOS” (1985)

“Los paraísos no existen sino en la medida en que los echamos de menos, como una necesidad de mejorar nuestra existencia” (B. Martín Patino).

El personaje que usted interpretó, alter ego por otra parte del propio director, se refugia en su intimidad traduciendo “Hiperión” de Hölderlin, como una huída a otro punto interior, a otros paraísos más gratificantes.

¿Qué significa esta película en su obra? Y, si me permite la pregunta: ¿Es importante también en su vida personal?

Trabajar con Basilio Martín Patino siempre es algo muy poderoso, muy enriquecedor.  Esta película es muy importante para mí, pero son muchas… todas las que antes has mencionado.  Mi experiencia de trabajar con Basilio fue extraordinaria.

Hace dos años tuve un encuentro inolvidable con él.  Sucedió en el Festival de Cine de San Sebastián.  Allí le expresé que Los paraísos perdidos es una de mis películas preferidas. Él me dijo que ya no la recordaba, y que si podía contársela.  Yo lo hice, le conté su propia película.  Entonces yo no conocía que él estaba en el inicio de su enfermedad.  

¡Fíjate¡ Pobrecito… (se emociona), le mando un beso desde aquí.

No puedo pasar por alto su trabajo en una gran serie de TVE, basada en un relato corto de Gabriel García Márquez: “Me alquilo para soñar”.  Cuando entrevisté a su director, Ruy Guerra, él me dijo que había disfrutado mucho trabajando con usted.

Fue estupendo trabajar con Ruy porque era un director con el que yo no había tenido antes oportunidad de colaborar con él.  Yo le admiraba muchísimo.  Él me envió este texto de García Márquez, lo leí y me pareció tan extraordinariamente bello… que me encantó ir a Cuba para rodar.

Y la suerte de trabajar con Hanna Schygulla y con Fernando Guillén, personas a las que quiero mucho, y estando en Cuba respirando muchas cosas muy especiales.  Lo recuerdo con mucho cariño.  Fue maravilloso.

¿Fernando Guillén fue uno de los mejores compañeros de trabajo que ha tenido?

Y sobre todo con el que más he trabajado.  Por supuesto, aparte del trabajo, le he querido mucho y hemos sido muy amigos.  Me ha gustado mucho estar con él siempre.

¿Como espectadora le interesa el mismo tipo de teatro que le atrae como actriz?

Como espectadora voy a ver teatro y hay funciones con las que me encuentro identificada y otras que en absoluto.  No, yo solamente me identifico con lo que hago, y respondo por lo que hago, y doy la cara por lo que hago y me comprometo por lo que hago.  El resto de los escenarios están abiertos a quien quiera hacer una obra.  Con frecuencia me relaciono en el mejor sentido más positivo y otras veces pues no.

A los espectadores nos gusta mucho saber cómo son sus “treinta minutos” antes de salir a escena. ¿Podría compartirlo con nosotros?

Normal, sin alharacas.  Me voy vistiendo, maquillando, peinando…  El texto lo voy diciendo desde el momento que entro en el camerino y cuando me dan la salida, salgo sin más problema.

Muchas gracias Charo…

Gracias a ti cariño, eres muy amable.

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NOTA: Todas las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

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