ELISABET GELABERT (Entrevista), por Yolanda Aguas

De vez en cuando, a lo largo de la historia teatral, nace una actriz que llena de magia un escenario.  Una actriz que posee una de las voces más hermosas de nuestra escena, que sabe modular como muy pocas.

Su presencia da seguridad a sus compañeros y a sus directores.    Ése es el caso de Elisabet Gelabert.  

Podría nombrar a otras actrices como ella, actrices que tienen un CV teatral deslumbrante que lo han logrado casi sin hacer ruido.  Con un trabajo profundo, serio y lleno de excelencia.  Puede que hasta ahora no haya hecho protagonistas, ¡tampoco los necesita¡  Es una de las grandes, como lo son Peggy Ashcroft, Cándida Losada, Encarna Paso, Teresa Lozano, Berta Riaza…  ¡Todos de rodillas¡

Coincidí con Elisabet en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.  Ella estuvo presentando, junto a Carlos Vermut, su película “Magical Girl”.  Le solicité una entrevista en profundidad, y aquí está.

E. Gelabert en el SSIFFEG 01

Comenzaste con José Luis Gómez, a los 22 años fue tu debut en teatro ¿Cuándo y cómo nació tu vocación para ser actriz?

En realidad yo empecé con Carlos Ballesteros en una escuela de teatro clásico municipal que existía en el Ayuntamiento de Madrid.  Luego estuvo unos años cerrada y ahora creo que está otra vez funcionando.  Allí fue donde yo empecé y donde me subí por primera vez a unas tablas.  Yo tenía 17 ó 18 años, algo así…   Y el primer trabajo en un infantil, una versión que él hizo de Los cómicos de la legua, me dio mi primera oportunidad.  En realidad, mi primer contrato lo tuve con Carlos Ballesteros.

Yo siempre he dicho que el principio ha sido con La Abadía porque también ha sido lo más continuado y, un poco, porque yo era también más consciente de lo que estaba haciendo.  Antes era muy cría y tampoco sabía muy bien lo que hacía (sonríe), era más el impulso de querer, querer hacer…  que la conciencia de lo que estaba haciendo.

¿Tienes antecedentes familiares en la interpretación?

No, ninguno.

¿Ser actriz  es sólo un trabajo para ti?

No…, ser actriz es mi vida.  Es lo que yo soñé de pequeña y sigo soñando…  Estoy aquí pero sigo soñando con otras muchas cosas por hacer en esta profesión.  Ocupa mucho más de mi ser que simplemente unas horas al día de trabajo o un sueldo al mes.

En estos 19 años de trayectoria, has trabajado con grandes compañeros y directores.  ¿Quién o quiénes son tus verdaderos maestros? Y aunque no hayas trabajado con ellos o no les conozcas personalmente ¿a quién admiras en la profesión?

Maestros han sido: José Luis Gómez, Vicente Fuentes (un maestro de voz maravilloso que sigue trabajando, y trabajando muy bien), Mar Navarro (una maestra de cuerpo) y Lenard Petit (una persona no conocida en España, que es un maestro de Chejov, de una técnica en la que se profundiza mucho en La Abadía y de la que yo, a veces, doy clases con mucha humildad.  Esta persona en concreto y su manera de transmitir me abrieron muchas puertas para trabajar de una manera que continúa, que persigo…).

Si me lo permites, voy a citarte: “A mí todavía no me ha dado por el monólogo, lo que me gusta es trabajar en grupo, sentir los hilos invisibles que se van tejiendo entre mis compañeros y yo y saber que me puedo tirar a donde sea porque me van a recoger”.

Pienso lo mismo, y sigo pensando que tampoco me sigue dando por el monólogo.  Una cosa es tener un protagonista y un personaje de peso y jugar.  Cuanto más tiempo juegas en escena más divertido es y mejor se lo pasa una, para mí eso es el deseo de protagonizar.  Para mí es eso: es jugar más tiempo, no es estar yo sola en escena, eso no es ser protagonista para mí.

Tus palabras me recuerdan a las que Meryl Streep pronunció al recibir el Premio Donostia en el 2008.  Ella dedicó su premio a todos los compañeros que le habían dado la réplica a lo largo de su carrera porque eran el 50% de su trabajo. ¿Piensas lo mismo?

Sí, absolutamente.  A mí me gusta y disfruto trabajando con el otro, con mis compañeros.  El primer trabajo que hice, vamos a considerarlo el primero, que fue “Entremeses” (con el que ahora he vuelto) se basaba en eso.  Es un trabajo de elenco muy profundo y muy conectado.  Yo me enganché a esa manera de trabajar y me sigue fascinando.

Háblame del trabajo que realizas como profesora en el arte “de la escucha en escena”…   Recuerdo ahora la escena final de Las Horas: Meryl Streep escuchando a Julianne Moore…   Esa gran importancia que tiene el saber escuchar…

No me gusta decir profesora ni me gusta decir que doy clases.  Primero, porque no tengo una formación académica sobre el tema y me acerco siempre con una humildad enorme.  Comparto las cosas que sé con las personas que están interesadas en mi manera de trabajar.  Es más un compartir conocimientos y experiencias que un enseñar, porque yo no creo que tenga que enseñarle nada a nadie.

Desde esa humildad, desde ese afecto, desde ese saber cómo se encuentra uno al empezar ¿no?  Y esas ganas y esa torpeza también…, es desde donde voy hilando con las diferentes técnicas que he ido aprendiendo a lo largo de mi vida profesional y, sobretodo, a lo largo de mis años en La Abadía. Allí hemos tenido la suerte y el privilegio de encontrarnos con maestros de un montón de disciplinas de todo el mundo.

Una va haciendo su propio rompecabezas, uniendo piezas de aquí y de allí de todo lo que aprende.  Mi aprendizaje es lo que yo lo intento transmitir… ayudar y, sobretodo, hacer hincapié en la importancia del otro, escuchar al otro porque el actor no está solo en escena, incluso cuando está solo no lo está.

Elisabet, ¿cuál es el término que mejor te define?

¿Cómo actriz?

Sí, como actriz y también como persona…

¡Uf¡ No sé…  Soy muy poco de etiquetas (sonríe).  No sabría… yo creo que soy verdadera.  Sí, yo creo que soy una persona bastante verdadera.  No voy a decir auténtica porque me parece que no soy quien debe decirlo.

Me cuesta mentir, me cuesta mentir en escena y me cuesta mentir en la vida.  Para mí es difícil poner una cara que no se corresponde con lo que estoy sintiendo en ese momento (sonríe).  Lo disimulo bastante mal.

Si las hay… ¿Qué cosas te hacen salir huyendo?

La falsedad, la mediocridad…

¿Con qué visión de lo que debe ser el teatro -ofrecida por un autor o un director- has sentido mayor afinidad?

Con Vallé Inclán.

Borges decía “de cuantos defectos he tenido en mi vida, el peor de todos ha sido el no haber sabido ser un hombre feliz”.  ¿Qué es para ti la felicidad?

En este momento de mi vida es tener serenidad y, sobretodo, saber que las personas que quiero están bien.  Mi profesión me importa mucho pero según maduras te das cuenta que no es solamente eso.  Siempre digo que el día que me muera no creo que me recuerde solamente en un escenario, recordaré las caras de la gente que quiero y momentos especiales con familia, con amigos, con amores…  Para mí la felicidad es una serenidad emocional.

¿Eres perfeccionista en tu trabajo o dejas algún margen para la improvisación?

En general soy bastante perfeccionista, pero con la seguridad que te van dando los años también me dejo sorprender más que antes.  Ya no necesito tenerlo todo atado, pero es verdad que esas improvisaciones no salen de la nada.  Si dejo ese margen para que algo surja, que no está preparado, es porque hay una base muy preparada.  O hay un conocimiento muy grande de la escena, de la circunstancia, del timing de ese momento en concreto. Ahí sí que igual me permito no controlar y soltar las riendas pero porque debajo hay una base muy firme.

¿Te mueven ahora las mismas razones para actuar que cuando empezaste?

Sí, fundamentalmente sí.  Hay otras más…  Cuando eres más joven no eres tan consciente del público, del que te está mirando, de que siempre estás haciendo algo para otro.  Estás más pendiente de ti misma, estás demasiado entimismado (sonríe).  Cuando creces te das cuenta de que estás dando algo a los demás y que lo interesante es, además, esa comunicación: lo que pasa entre lo tuyo y lo de ellos ¿no?

Ese punto es el que ahora a mí me interesa más y en el que me fijo más.  Me gusta mucho observar las reacciones del público, qué cosas les interesan, qué les llega de nosotros, qué se llevan…

Como dice Juliette Binoche: “la interpretación es una declaración de amor”…

¡Qué bonito¡  Pues sí…

Como espectadora, no como actriz, me gustaría saber con qué autor/es te identificas más… ¿Qué  autor te llega especialmente?  Por ejemplo, eres más de Chejov o de Shakespeare…

¡Me gusta mucho Chejov¡

¡A mí también¡

Me gustaría mucho interpretarlo con dedicación…  Chejov lo que tiene es esa ligereza por encima de todo…  que parece que no pasa nada.   Yo tengo poca experiencia con él, sólo lo he hecho con Gerardo Vera en su “Platonov”.  Además esa obra era un Chejov un poco extraño, temprano, sin terminar y difícil… no sé si estaba muy conseguido ese espectáculo.  Éramos muchos personajes, era una cosa grandiosa.

Es un trabajo muy complicado hacer bien un Chejov.  Me gustaría algún día tener dos meses y medio o tres meses para ensayar un Chejov profundamente y poder conseguir que algo de esa atmósfera que él tiene salga a la luz.  Cuando veo espectáculos de Chejov que han conseguido eso, ése es el teatro, es una delicia, es maravilloso.

Las giras teatrales te llevan a muchos lugares.  Francis Bacon decía que “los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la madurez, una parte de experiencia”.  ¿Compartes esta opinión?

Sí, sí, sí…

El teatro es cultura y educación para el espectador… pero ¿qué es para ti el teatro?

Yo creo que es más arte.  A mí me gusta verlo como algo más artístico.  Tanto desde mi punto de vista de actriz como de espectadora.

A mí me gusta ver arte. Me encanta la pintura, la escultura, la música.  Me parece que es arte.  La definición de cultura me parece un poco aburrido, incluso me sale el espíritu rebelde-adolescente sentirlo así.  El término de cultura me parece algo como aburrido ¿no?  Me parece que el arte es bastante más universal, es algo que lo puede hacer un artesano de una tribu africana (que no tiene una formación académica de ningún tipo) o un erudito de un país del primer mundo.  Me siento más identificada con el concepto de ARTE, me parece más libre, más universal, más vivo.

Tienes un CV teatral impresionante: José Luis Gómez, Hans Gunter Hayme, Gerardo Vera, Andrés Lima, Miguel del Arco, Alex Rigola…  Es pura delicatessen…

¡Muchas gracias¡

Sólo te falta trabajar con Pou, Flotats y Gas…  Muy pocas actrices han trabajado con todos estos genios…  Pienso que esto no es una casualidad, que si lo has logrado es porque detrás hay un trabajo tuyo importante… ¿Qué sensaciones te llegan cuando los periodistas te lo recordamos?

Soy muy autoexigente, muchísimo… Yo me abrumo de oírte estas palabras… (sonríe). Soy demasiado autoexigente.  Estoy muy contenta, satisfecha y estoy feliz.  No sólo por haber trabajado con ellos sino porque además siempre he repetido, nunca me he quedado en un único espectáculo.

Con Gerardo he trabajado como en cinco espectáculos, con José Luis Gómez en catorce obras en La Abadía, muchas de ellas con él.  Con Miguel del Arco, todavía no hemos repetido pero estamos ahí…, voy a rodar una película con él este verano: “Las furias” se va a llamar, junto a Emma Suárez, Bárbara Lennie, Nuria Espert, José Sacristán…

Con Andrés Lima también hice dos espectáculos, con Alex Rigola estuve a punto de hacer “El público”, pero por incompatibilidad de fechas no pude.  Para mí, lo bonito es trabajar con alguien y saber que has conectado tan bien que te quieren para su siguiente espectáculo.  Yo estoy muy satisfecha con esto pero pienso que me queda tantísimo por hacer que no creo que haya conseguido nada.

En estos años de trayectoria has tenido unos compañeros de trabajo magníficos: Luis Bermejo, José Luis Torrijo… Y en teatro y cine, recientemente has trabajado con la actriz de moda: Bárbara Lennie. En teatro: Veraneantes de Miguel del Arco, y en cine: Magical Girl de Carlos Vermut. 

¿Cómo es trabajar con ella?  Me han contado que como persona es muy agradable…

Bárbara es muy amiga mía.  Como has dicho, nos conocíamos de “Veraneantes”, ella es una actriz muy joven, ahora tiene 30 años, y entonces tenía como 26 o 27.  Me sorprendió mucho porque a pesar de su juventud demostraba una madurez…  Yo le decía “eres tan vieja como el teatro”, esa frase de “Eva al desnudo” (sonríe).  Yo recuerdo que un día se lo dije en una nota…

Es una chica jovencísima, pero desde siempre ella ha pertenecido a esta profesión.  Tiene una inteligencia escénica brutal, una gran intuición y es muy madura, muy intensa también en escena.  Ahí nació una amistad que continúa ahora y de la que las dos estamos muy felices.  Ahora le están pasando muchas cosas buenas y yo estoy a su lado.  El día de los Goya, yo no pude ir a la ceremonia porque tenía función, pero al terminar mi chico y yo cogimos un taxi y nos fuimos con ella a celebrarlo.  Estábamos todos felices por ella.

Tu colaboración con Alex Rigola es una de las más importantes en teatro.  Tiene, además, la circunstancia de que interpretabas el mismo personaje que la gran Judy Davis (que es una de nuestras actrices preferidas)….

¡Es fantástica¡ Sí, a mí también me encanta.

Supongo que no te dejarías influir por su interpretación en la película…

Vi la película en 1992, pero no volví a verla durante los ensayos con Alex.  Además, Judy Davis es una actriz que a mí me encanta, la admiro muchísimo y recordaba perfectamente su papel, recordaba su energía, su histrionismo y dije “no, no…”  Ni tenía la edad que ella en la película.  No, no la vi.

Para mí supuso el encontrarme otra vez con la comedia.  Llevaba muchos años, muchísimos, sin hacer comedia.  En “Veraneantes” Miguel lo llevó por el lado más gamberro, en ocasiones, aunque tenía sus partes trágicas.  Es verdad que mi personaje tenía algo de payasa, pero en “Maridos y Mujeres” fue reencontrarme con la comedia y por eso disfruté muchísimo.

Y ahí trabajaste con actores magníficos: Israel Elejalde, Luis Bermejo, Miranda Gas, Nuria Mencía y Alberto Jiménez.

Sí… (sonríe), con Israel Elejalde que también es amigo mío, con Luis con el que ya había trabajado en La Abadía.  Miranda fue la única persona que no conocía, Nuria que también era una gran amiga de hace muchos años, y Alberto con el que hemos hecho miles de giras juntos.  O sea que fue muy divertido.

Fueron unos ensayos preciosos, muy familiares porque éramos muy poquitos.  La escenografía era como un cuadradito de tresillos y nuestros ensayos también eran así, algo pequeñito, íntimo, buscando esa intimidad del terapeuta con su paciente –en ocasiones-, y otras la intimidad de las parejas, con sus conversaciones de altas horas de la noche.   Y para conseguir eso, Alex logró una atmósfera de ensayos muy agradable.

¿El cine de Woody Allen te interesa?

¡Me encanta¡  Ahora se le critica mucho y es verdad que hay películas que no me muero por ver -de las últimas que estrena-, y no me vuelven loca pero… eso no quita que ya haya rodado “Annie Hall”, “Hanna y sus hermanas” o “Manhattan”.  Por esas películas le admiraré eternamente.  Me parece uno de los grandes.

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No me puedo resistir a preguntarte por tu participación en una obra que me gustó mucho: “Platonov” de Chejov, dirigida por Gerardo Vera para el Centro Dramático Nacional.  Vi la función en la Sala Gran del TNC.  Pere Arquillué, Mónica López, Carmen Machi… fueron algunos de tus compañeros.   Antes me comentabas que quizá esta función hubiera requerido más ensayos previos…

¡Me encanta trabajar con Gerardo¡ Después de mi colaboración con él en “Platonov”, llegó mi participación en “Maribel y la extraña familia” con el personaje de Rufi (una de las tres amigas prostitutas de Maribel), pero lo representé sólo en Madrid, no salí de gira.

La historia es un poco larga, en realidad Gerardo quería reponer “Agosto” y Carmen Machi no podía, y me llamó a mí para que yo hiciera el personaje de Bárbara.  Finalmente Amparo Baró estaba malita, su pareja también estaba mal, etc…  y el proyecto se cayó.  Pero Gerardo me dijo que pensaba montar “Maribel y la extraña familia” y que quería que yo hiciera Rufi (la amiga que tiene un poco más de carácter de las tres).  Luego hacia otro personaje más, se llama Katia Morlands.  Gerardo se lo inventó para la función, aunque el personaje existió realmente: era una cantante de la época.  Fue muy divertido.

¿Viste el montaje que hizo Sergi Belbel para el TNC (Teatre Nacional de Cataluña), con la inolvidable Anna Lizarán?

No…, no pude verlo.  Yo sé que se han hecho grandes montajes en todo el mundo.  Creo que en Argentina lo hizo…

Norma Aleandro

Norma…

Si tienes ocasión, cuando pases próximamente esas semanas en el Romea con “Entremeses”, haz lo posible por ver la grabación que tienen en el TNC.  Es grandiosa…

¡Me encantaba Anna Lizarán¡  Es una de las grandes actrices de este país a las que siempre he admirado.  ¡Me hubiera encantado ser como ella¡

Elisabet, la columna vertebral de tu carrera es el teatro…

Sí, sí… totalmente.

Pero tu paso por las series de televisión también es importante.  Has participado en series de éxito (Isabel la Católica, Acusados, Herederos, El Comisario, Motivos personales, Hospital Central…).  En tv prima la rapidez con la que se trabaja, que quizá sea un elemento diferenciador con el cine y el teatro.  ¿Piensas lo mismo o encuentras otras diferencias?

La tele es muy difícil, es muy difícil…  Yo cada vez admiro más a los actores que trabajan mucho en televisión.  A Michelle Jenner la admiraré eternamente.  Me parece que lo que hizo con “Isabel” fue magnífico. Interpretar con esa rapidez, con ese ritmo diabólico y conseguir tanta concentración en una toma, y repetir esa misma emoción en otra toma más…, me parece un gimnasio para el cine brutal.

Tus participaciones en cine, como en el teatro y la televisión, considero que son fantásticas. 

Gracias…

No hacer protagonistas no significa que una actriz no sea igual de importante (o más) que las que encabezan un elenco…  La maravillosa Peggy Ashcroft, cuando interpretó junto a John Gielgud su Cordelia en “El rey Lear”, dijo “no hay papel pequeño para una gran actriz”…

Yo pienso lo mismo ¡eh¡ Yo admiro a actrices y actores que siempre han estado haciendo papeles pequeños, les admiro profundamente.

Tu debut fue con Iciar Bollaín.  Primero en el 2001 con “Amores que matan” y luego en 2003 con “Te doy mis ojos” que te valió tu primera nominación a los Goya, como Actriz Revelación.  Ella confió en ti desde el principio, pero en estos últimos años no ha habido una continuidad…

Sí, es verdad.  No me ha vuelto a llamar.  (sonríe)

De hecho hicimos tres cosas: Un cortometraje, en el que ella me hizo la prueba y fue lo primero que yo hice para una pantalla, creo… que se llamó “Amores que matan”.  Luego hicimos “Te doy mis ojos”, y lo último yo actué con ella en una película que dirigió Santiago García Leani.  Se llamaba “La noche del hermano”, en el que ella tenía un papel pequeño y yo hacía de su novia, interpretábamos a una pareja de lesbianas.

Luego han pasado los años y no hemos vuelto a coincidir profesionalmente.  Ella ha venido alguna vez a verme al teatro.

Y próximamente de nuevo el cine, de la mano de Miguel del Arco.  Feliz ¿no?

Sí, sí… muy contenta.  Me encanta el guión, es maravilloso.  Lo ha escrito también él, es un guión precioso y voy a estar rodeada de amigos.  Estará Bárbara…, tiene una pinta estupenda.

Ahora sigues con la gira teatral de “Entremeses”, una obra con la que debutaste en La Abadía en 1996.  No deja de ser curioso que hayas regresado a tus inicios profesionales… 

Sí, ha sido muy curioso.  Un poco perturbador.  Estamos más maduros, porque ha pasado toda mi carrera en medio: todos los directores con los que he trabajado, todas las experiencias que he tenido y volver a hacer los mismos papeles…  Bueno, tengo la suerte que uno de los dos personajes ha variado.  Hago el mismo de hace 20 años y uno es diferente.  Eso también es como estimulante.

Aunque la verdad es que ahora, haciéndolo cada día lo haces nuevo igual.  Tanto el que hacía en aquella época como el nuevo que interpreto.  La verdad es que son cosas de la vida.  Inma, una compañera que está también en “Entremeses” y que estuvo al principio, dice que es como volver a hacer el amor con tu primer novio (risas), y ¡es verdad¡  Es una sensación muy rara.  Tiene partes muy bonitas, y tiene partes muy perturbadoras.

Y en teatro ¿tienes algún proyecto en el horizonte?

José Luis Gómez quiere hacer una versión de “La Celestina” y me ha ofrecido estar…

¿El texto clásico o tendrá innovaciones?

Tendrá innovaciones porque no lo va a hacer con todos los personajes.  Lo va a reducir como a seis personajes, me parece…  Tampoco quiero hablar mucho porque es un proyecto, y él -además- va a actuar.   Está todo en los principios… No te puedo concretar mucho pero sería para el 2016.

Anna Lizarán me presentó a Alex Rigola…  Fue en 2005, en el Lliure de Montjuic.

¡Ah¡ mira…  Ella falleció cuando nosotros estábamos haciendo “Maridos y Mujeres” en Madrid, y le dedicamos la función.  Durante todo el tiempo que estuvimos en gira y allí, escribíamos en una mesa, con tiza, “Dedicado a Anna Lizarán”.

¿Cómo son tus “treinta minutos”? ¿Tienes algún ritual antes de comenzar la función o como me dijo hace poco Charo López “no eres de muchas alharacas”?

¡Yo no soy de muchas alharacas¡ (ríe).  Me gusta el silencio, ¡cosa que es muy difícil de conseguir en esta compañía porque es muy ruidosa y somos muchos¡  Hay compañeros que canalizan sus nervios o intentan calentar su energía o prepararse de otra manera…

A mí me gusta el silencio y la concentración, pero sin tampoco impedir que alguien entre en mi camerino (que comparto con otra compañera porque no me gusta estar sola).  Me gusta maquillarme con cierto silencio, y conectar un poco con lo que voy a empezar a hacer en escena.

Y luego… (ríe de nuevo), -cosa absurda- tengo desde hace unos años un gatito pequeñito de esos japoneses, que me regaló Manuela Paso (otra gran actriz y gran amiga mía).  Me lo llevo y me lo paso por encima de la cabeza y hago lo mismo con toda la compañía (ríe a carcajadas) y como somos tan absurdos los actores, pues ahora es como que si no lo hacemos es como que nos falta algo… Vienen a buscarme al camerino para que les pase el gatito por su cabeza…

¡Muchas gracias Elisabet¡

Gracias a ti, un placer.

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NOTA: Las fotografías insertadas son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

 

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