GETT: EL DIVORCIO DE VIVIANE AMSALEM (Dir. Ronit Elkabetz y Shlomi Elkabetz), por Yolanda Aguas

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Fue una de las películas más interesantes que vimos en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en la sección PERLAS.

Tras 20 años viviendo juntos, 4 hijos en común y a pesar de ser una buena esposa y madre, Viviane se da cuenta de que no es feliz junto a Elisha (Simon Abkarian) y decide separarse legalmente. Un proceso que le costará sudor y lágrimas; además de años de falsas ilusiones, ataques de ansiedad y humillaciones. Un juicio que se alargará durante cinco largos años debido a la incompetencia y negativa de Elisha a aceptar el divorcio. Él tendrá la última palabra frente al tribunal rabínico presidido por Solomon (Eli Gornstei) que ante la falta de hechos objetivos, como maltratos o violencia física, no verá razones para conceder el indulto, intentando en todo momento reconducir sin éxito la situación y persuadir a la mujer para que vuelva al hogar y no rompa la armonía familiar.  Sobra decir que los miembros del tribunal (todos hombres) intentan agotar física y psicológicamente a Viviane con el objetivo de que ésta abandone su lucha.

Ésta es la tercera parte de la trilogía escrita y dirigida por los hermanos Ronit y Shlomi Elkabetz, tras  To take a wife (2004) y Los siete días (2008).  Tres obras para la gran pantalla basadas en la lucha por la independencia de la mujer en Israel. Tres trabajos que tienen al personaje de Viviane Amsalem como protagonista, una mujer valiente que luchará por sus derechos en un entorno hostil.

El divorcio de Viviane Amsalem, es aparentemente una película sencilla que nos acerca al sentir de los protagonistas con primeros planos que harán que el espectador sea testigo directo de la impotencia y ataques de histeria de una mujer que no ama a su marido; y la pasividad de un hombre que intentará por todos los medios, que su esposa vuelva a casa, aún sabiendo que son infelices juntos.

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Un pulso entre la desesperación de Viviane y el orgullo de Elisha que pondrá en el punto de mira la Ley por la que las mujeres en Israel quedan bajo la voluntad de su marido tras el matrimonio.  Un ejemplo más de machismo y dominación, donde la mujer se convierte en un mero objeto que no tiene voz ni voto. Es una muestra de lo que ocurre en Israel donde la mujer no puede divorciarse sin el consentimiento de su marido; donde sus palabras y sentimientos no tienen la suficientemente fuerza para ser escuchados y menos atendidos.

La protagonista de esta película, Viviane Amsalem (Ronit Elkabetz), casi siempre vestida de negro y peinada de forma discreta; a la que los jueces prohibirán hasta que se toque el pelo; se dejará la piel y la paciencia en la sala del Tribunal esperando el ansiado “Guett”, el documento que rompa oficialmente las cadenas de un matrimonio fracasado.

Se trata de un interesante drama que transcurre bajo el techo de la sala del tribunal y su sala de espera. La película se instala en la fuerza de un guión inmejorable, el arrojo de los intérpretes y un magnífico juego de planos.

Destaca la interpretación cargada de matices de Ronit Elikabetz, quien también asume las funciones de dirección junto a Shlomi Elkabetz. El papel complicado y desgarrador de una mujer cansada y casi superada por los acontecimientos, que no descansará hasta llegar al final de esta situación. Junto a su abogado Carmel (Menashe Noy), un profesional del derecho que defenderá a capa y espada a su cliente, enfrentándose al tribunal en numerosas ocasiones. Enfrente, la otra parte litigante formada por el marido de ésta, Elisha (Simon Abkarian) y su hermano el rabino Shimon (Sasson Gabay), encargado de su defensa.

Una película intensa de dos horas de duración, en la que desgraciadamente comprobamos que las mujeres siguen sufriendo la desigualdad, la falta de libertad e independencia en Israel y – por extensión –  en muchos lugares del mundo.  También hay varias escenas que siendo tan dramáticas y ridículas (por increíbles para la mujer occidental con derechos) provocan grandes dosis de hilaridad.

Atentos a la breve, pero fantástica, aparición del gran actor Mandy Patinkin (uno de los dos presidentes del Tribunal).

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.

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