NOVECENTO (Dir. Raúl Fuertes), por Yolanda Aguas

 “Yo le digo a Federico (Fellini): Déjame en paz, déjame transformarme a solas…”  (Marcello Mastroianni)

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Alessandro Baricco escribió en 1994, un texto hermoso e intenso, que describe y delata la grandeza y miseria de la condición humana. Es la historia del mejor pianista de todos los tiempos, aquel que jamás descendió del barco donde nació y que dedicó su vida a alejar el miedo con la música.  Habla de la amistad, de la dificultad de vivir intensa y plenamente, de los deseos más íntimos, del amor.

Un texto de esta magnitud requiere la presencia de un gran actor.   Y en España lo interpreta uno inmenso: Miguel Rellán.

A Miguel Rellán le quedan en el rostro las huellas arqueológicas de tantos personajes que ha desarrollado, de tantas conductas humanas. Su distanciamiento diderotiano –ése que habla de asumir la paradoja del actor: no emocionarse para emocionar– planea sobre él sutilmente.  Por mucho que haya trabajado ese distanciamiento, es un actor que vive en el presente y en la memoria de su público.  Los personajes que ha creado en sus 50 años de profesión, le acompañan como una presencia pegada a él.  Es el Rellán de “El viaje a ninguna parte”, de “Tata mía”, de “El Crack”…

Cuando el actor sale a escena, sólo está él y su público.  No hay nada más.  O quizá sí…  Hay un tercer componente: la imaginación.  Al igual que cuando leemos un libro, donde dos soledades se encuentran para complementarse, la complicidad del público es fundamental.  La maestría de este actor lleva al espectador hasta dentro de ese transatlántico y le hace escuchar la música que “Novecento” interpreta al piano.  Camina con él por la sala de calderas y entre los pisos de primera, segunda y tercera clase.  En este viaje de amistad y de vida, el público viaja también, guiado -como si fuera el flautista de Hamelín- por la magistral voz de Miguel Rellán.

¡Qué difícil es imaginar a otro actor para interpretar al trompetista Max Tooney¡  Rellán dota a su personaje de un toque de ternura, de naturalidad, de aparente sencillez.  Es una creación magistral para un personaje difícil.  Que nadie se engañe, Miguel Rellán está prodigioso, dando espacio al tempo justo en cada pasaje del texto.  ¡Cómo mira, cómo piensa, cómo respira…¡  No es únicamente su narración, es su imponente presencia escénica.  Lo llena todo.

Carme Elías, a quien él quiere y admira (con la que trabajó en “Absalon” y “Turno de oficio”), piensa que el teatro “es una respiración conjunta entre actores y público, en la que la aportación del espectador es esencial, pues se genera una combinación de emociones que determina el resultado final”.  Al finalizar la función en el Teatro de la Estación de Zaragoza, hubo un coloquio con Miguel Rellán, moderado por Cristina Yáñez, y él reconoció que esa noche había sido mágica para él porque había notado  la complicidad del público.

Valiente, entregado, conmovedor…  así es el Miguel Rellán de “Novecento”. 

¡Qué gran noche de teatro¡

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NOTA: 

Las fotografías oficiales de Miguel Rellán en “Novecento” son autoría de Jerónimo Álvarez para Bucharta, S. L.

Las fotografías de Miguel Rellán al final de la función y en el coloquio posterior, son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CineT Farö.

 

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