BANGKOK (Aut. Antonio Morcillo López): Pajaritos y pajarracos, por Francesc Mazón Camats

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Un aeropuerto sin aviones, ni pasajeros, un pobre anciano estafado…

¿Un avión con presos y torturadores con destino incierto, quizás algún sumidero  en países exóticos, quizás Bangkok…?

Dos únicos personajes, aparentemente inofensivos en una situación absurda, que arranca con diálogos de humor negro, casi esperpénticos para ir avanzando hacia una progresiva pesadilla kafkiana, siempre desde la trivialidad de la crisis, tan presente.

Esta pequeña obra, 80 escasos minutos, premiada con el SGAE de Teatro del 2013, de un nuevo autor, Antonio Morcillo López, dramaturgo y director de escena, premiado anteriormente con el Marqués de Bradomín y un par más de SGAEs por otras de sus obras, nos habla de una inquietante y absoluta actualidad, de un presente angustioso.

¿Es ese señor mayor, sobrio y digno, en realidad un estafado jubilado que desea ir a Bangkok para desaparecer? y ese joven infeliz, con carreras, muchos másters y una familia que mantener  ¿un guardia de seguridad  de un aeropuerto desierto o un cetrero de halcones que cazan pajaritos dañinos? Cada giro del diálogo nos arrastra a una nueva posible dimensión, nada es lo que parece. Pajaritos y pajarracos, imagen de una generación perdida, peligrosos controladores, subversivos hackers  informáticos… ancianos adorables que perdieron a sus hijos en aeropuertos inexistentes y puede que sin reconocerlos, los manden a oscuros centros de detención… Pura tragedia griega contemporánea, con diálogos humorísticos, absurdos, desesperados, amenazadores, ecos del teatro del maestro Harold Pinter.

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Un teatro urgente, necesario, que nos habla del ahora mismo o del ayer que no acaba nunca, como decía Isabel Coixet.

Dos magníficos actores en el escenario: Dafnis Balduz, el joven guardia amable y hostil, infeliz soñador o peligroso hombre oculto, interpretando con firmeza una creciente sensación de paranoia y miedo. El anciano y frustrado viajero, que desvela progresivamente aspectos terribles de sí mismo, puede que inconfesables de su trabajo, quizás del poder amenazado, sin perder nunca del todo su amable, tranquilo aspecto, espléndido Carlos Álvarez Nóvoa.

Recordé todos aquellos apacibles torturadores del cine conspiro-paranoico de los años 70s, ejemplificados en un mayestático Laurence Oliviertrabajando” amablemente a su presa Dustin Hoffman, con el instrumental del dentista en Marathon Man.

Un escenario casi vacío, sala de espera a la nada, pantallas sin mensajes, la voz lejana de un chino Wei que cuida de los hurones, la posibilidad de que todo sea cierto  o simplemente la pesadilla de un pobre infeliz que ve pasar su vida en uno de los paisajes desolados que esta terrible e inacabable crisis nos ha dejado como decorados de un  futuro maravilloso que nunca llegará. Dirigida con seguridad por el propio autor en la Sala Villarroel, dentro de la temporada del Grec 2015, montaje que viajara más tarde a Madrid.

Hay que verla y discutirla, maneja y critica con tranquila ferocidad una serie de terribles sugerencias… “Temblar después de haber reído“.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad del maestro DAVID RUANO.

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