CREC en un SOL DEU: Un solo DIO, por Francesc Mazón Camats

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Volver al Teatre Lliure de Gràcia, es para muchos espectadores de mi generación, como volver a casa. Supongo que también para la Sardà, Rosa Maria Sardà, una de las grandes, en todas las disciplinas, ámbitos y géneros del Arte Dramático. Con la Sardà hemos reído, en tiempos muy difíciles, también emocionado y llorado. Su voz y su dicción del verso de Josep Mª de Sagarra, en el Hostal de la Glòria de 1992, suena aun en mi cabeza, como el agua clara y limpia de una lengua maltratada.

Debutó a inicios de los 60s, en el teatro de aficionados, donde se formó. Después como profesional en el teatro en catalán de resistencia. Se hizo popular y querida por sus dramáticos en TVE- Catalunya desde Miramar, hasta que el año 1969, un joven Ventura Pons  la lanzó como protagonista de la versión catalana de “El Knack” (aquella comedia tan in de Ann Jellicoe, que había hecho furor en Cannes dirigida por Lester, el quinto Beatle) traducida por Terenci Moix, un éxito sorpresa en el pequeño Windsor de la Diagonal, eran modernos en una época bien cutre, siguieron siendo amigos y colaboradores para siempre.

Su debut en el Teatre Lliure se produce en la temporada 1979/80 (la tercera de una nueva gran aventura teatral en BCN) con un doble monólogo “Rosa i Maria” un texto de Irineusz Iredinski, en traducción de Moix y Miquel Martí i Pol y dirección del prometedor  Lluis Pasqual; volvió a la casa, la nueva temporada, esta vez con “ El Balcó” de Genet, de nuevo con Pasqual y después colaboró siempre que pudo, en su apretadísima agenda como gran cómica, comunicadora  y actriz única e irrepetible…

Pero en mi memoria del Lliure, otra obra “ER” de Benet i Jornet, su Pepitu, esta vez en versión cinematográfica de Ventura Pons “Actrius” 1996, registró para siempre a nuestras tres divinas, La Espert, la Lizaran y La Sardà,  en un duelo tragicómico inolvidable, contemplado por una aprendiz de altura, Merce Pons.

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Ahora vuelve de nuevo, tentada por Lluís Pasqual, con otro desafío, tres monólogos/ soliloquios de un nuevo y brillante autor  Stefano Massini, actual director del Piccolo Teatro de Milan, “Creo en un Solo Dios” tres mujeres de distintas creencias, cruzan sus historias y destinos en Palestina, Tierra Santa, donde unos dioses monoteístas y el odio parecen fundirse en una misma cosa…

Presentada en días alternos con otro monólogo anterior del mismo autor “Dona no Reeducable”, pero si este monólogo es una obra espléndida y atroz, el triple monólogo de la Sardà  es mucho más complejo y no del todo resuelto. Solo un personaje, el de la profesora de historia, Eden Golan, es magnífico, avanza en un arco dramático inexorable desde la comprensión y aceptación del Otro, hacia el miedo. Se doblega ante los argumentos fanáticos que la rodean en una lenta disolución, tan humana, ante el terror como superviviente de un atentado atroz, donde se siente tocada por el halo de la muerte. La Sarda esta perfecta, emocionante, dolorosamente cercana… Los otros dos personajes, no disponen de ese desarrollo dramático, la joven estudiante palestina es una iluminada fanática desde el principio y nada o casi nada se nos explicará de sus motivos. Mientras que la militar norteamericana, pragmática y ajena a todo, tiende a la caricatura  (La Sardà, nos la ofrece con ese humor sutil, marca de la casa) pero el texto la presenta solo, como contrapunto cómico al horror cíclico y cotidiano.

Rosa Maria Sardà defiende con coraje el reto de una obra y un tema difícil y espinoso, donde ser objetivo o neutral parece imposible. Muchos de sus momentos nos conmueven profundamente, como ese lento y progresivo silenciamiento autoimpuesto por la profesora ante sus locuaces amigos o esas terroríficas pruebas por las que pasa la joven y sus amigas, hacia la autoinmolación, te llegan a doler…

Pero resulta muy difícil defender al chivo expiatorio, a la mártir  que todas las religiones llevan a sus altares, religiones de esos dioses únicos y terribles que parecen exigir más sangre, contra la leche y la miel prometida. Un odio secular implícito en el título italiano “Credo in un solO DIO” parece ser la única respuesta posible ante la indiferencia de una gendarme que está de paso…Terrible obra, magnífica y valiente Sardà, ¡una de las grandes!

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NOTA:  Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.

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