SUSI SÁNCHEZ (Entrevista), por Yolanda Aguas

La primera vez que intenté entrevistar a Susi Sánchez fue el 12 de noviembre de 2010.  No me permitieron ni preguntárselo y ella ni siquiera se enteró.  Lo único que logré fue que me dedicara mi ejemplar de “Final de partida” de Samuel Beckett, que esos días iba a representar en Zaragoza junto a José Luis Gómez. 

Cuando me entregó ese ejemplar con su dedicatoria, le dije: “Ojalá algún día podamos conversar tranquilamente de su trabajo. Me encantaría”.  Pues bien, cinco años después se ha cumplido ese sueño. 

Brillante y generosa en su discurso y amable en el trato.  Así es Susi Sánchez, una de nuestras mejores actrices, una de las más grandes.

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El pánico de un escritor es un folio en blanco.  ¿Qué le asusta a una actriz?

Yo imagino que la pesadilla recurrente de una actriz o un actor – y los compañeros lo comentamos de vez en cuando, porque siempre la tenemos – es salir al escenario y no saber qué tienes que contar, cual es la historia que tienes que contar, cual es la obra que tienes que hacer.

Hubo una época muy larga de mi vida, en la que a pesar de que me entusiasmaba mi trabajo, mi profesión, sentía pánico escénico…  A pesar de ese pánico trabajaba, los compañeros me decían que tener miedo es normal, y se trabaja también con el miedo ¿no?  Uno hace ejercicios, se relaja, se concentra, intenta de alguna manera estar en su eje para poder ofrecer el trabajo de una manera tranquila y ordenada, pero a veces el miedo te paraliza.  Yo creo que el mayor miedo de un actor, en general, es que se le vaya el texto, quedarse en blanco.

Eres una actriz de culto – profundamente respetada por tus compañeros y admirada por los jóvenes actores -, ¿te gusta o te incomoda esta etiqueta?

Siempre es más agradable que te respeten a que te odien ¿no?  (Sonríe)  pero nunca me he sentido referente de nada.  A lo largo de los años, simplemente he ido desarrollando una manera de trabajar y una inquietud por seguir investigando dentro del trabajo. Quizá esto es lo que les llame más la atención a la gente joven, porque es cierto que no hay demasiada gente de mi generación que se mantenga con esa inquietud.  Yo observo incluso que hay actores más jóvenes que no tienen tanta inquietud por la investigación a la hora de trabajar. Por, digamos, desarrollar más el trabajo, por crecer y desarrollar más sus capacidades como actores.  Probablemente para alguna gente joven pueda ser como un pequeño faro, como una guía, una luz que indique un poco hacia donde se puede seguir, cual es el camino en lo que son los procesos del actor.

Verdaderamente, llegados al punto donde yo he llegado ahora, siento que es inabarcable, es decir, no tiene fin.  Cuando era joven, hubo un momento que yo sentí que no sabía cómo crecer más y sufrí muchísimo.  (guarda silencio un instante)

Fue entonces cuando me metí en el Estudio de Juan Carlos Corazza.  Cuando entré tuve que salir a la semana, no podía estar… Yo tenía una conciencia clarísima de la edad que tenía (ríe), era una mujer mayor y todos los demás actores podían ser mis hijos.  Pero volví al cabo de un año, estuve haciendo terapia, estuve dirigiendo mi edad real, mi estado, mi situación real…  A partir de ahí volví y ahí sentí que se abría como una ventana hacia algo desconocido infinito.  Y lo que siento a día de hoy es que sigo en ese caminito, es decir, no sé a dónde llegaré pero la sensación que menos me agrada es sentirme que me atasco, que me puedo repetir como actriz.

¿Qué parte no te gusta o te molesta de tu profesión?

La parte más frívola, esa es la que menos me interesa.  Las alfombras rojas, los photocalls… Tener que ir a probarte ropa para todo esto, me gustaría poder ir en vaqueros y bien abrigada si hace frío o fresquita si hace calor. Punto.  Entiendo que hay toda una parafernalia en torno a esto que no es lo que más me gusta en el trabajo.

No eres la primera actriz que me confiesa esto.  Es algo que pensáis muchas, y es curioso también que todas sois grandes actrices…

(Susi sonríe…)

¿Eres una actriz que atrapa a sus personajes o en alguna ocasión ha sucedido lo contrario?

Yo me he dado cuenta que en muchos casos la energía del personaje – la energía, no el personaje entero – a veces se queda un ratito después de la función.  Se pueden hacer ejercicios para liberarte, pero puede ser gustosa, depende del personaje que hagas.  Si es una tragedia y el personaje sufre mucho no tiene sentido quedarte con ese regustillo, te puedes limpiar, pero no me ha pasado nunca quedarme atrapada por el personaje.  Además, el hecho de actuar es liberador, curiosamente…  entonces la posibilidad de quedarme atrapada por el personaje se aleja mucho con la idea que yo tengo como actuación.

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Decía Diderot en su “Paradoja del comediante”: “… los gestos, los tempos, el manejo de la voz y los sonidos, el furor…Todo forma parte de una imitación con la realidad configurada a partir de la memoria.  Al acabar la representación, el actor no padece dolor alguno ni melancolía, no está turbado, simplemente se despoja momentáneamente de todos esos recuerdos, hasta que llega un nuevo ensayo”.  Esa es, según Diderot, la paradoja del comediante: un actor no debe sentir nada, son los espectadores los que deben sentir. 

¿Estás de acuerdo con esta filosofía?

Yo creo que el actor es un transmisor, es un canal de la historia, es un canal emocional, es un canal mental, de tripas, visceral… de la historia.  Es un canal que sirve para proyectar esa historia en el espectador.

Un actor pone al servicio del personaje todo su ser, en el sentido de contar con toda su experiencia vital, todo su mundo emocional, toda su inteligencia.  Creo que el actor, una vez que acaba la función, cierra ese canal, se corta de alguna manera y entras en tu vida normal porque si no te vuelves loco.  Yo creo que el que tiene que vivir sus emociones fuertes finalmente es el espectador.

Hay tragedias que si tú las subrayas y te vuelves loca haciéndolas, el espectador se queda frío porque de alguna forma le estás quitando, le estás robando la capacidad de vivir lo que tiene que vivir como espectador.  Somos canales y yo creo que debemos tener mucha atención con no hacer un alarde de las capacidades que puede tener un actor, sino más bien ser simplemente un canal, tener una comprensión lo más precisa posible de la historia para poderla transmitir.

García Márquez decía: “en el trabajo literario uno siempre está solo. Como un náufrago en medio del mar”.   ¿Cómo te sientes momentos antes de salir a escena? ¿Cómo son tus “treinta minutos”?  Aunque ayer me decías que en tu caso es una hora…

Cuando era más joven seguía un ritual bastante fijo (sonríe), ahora ya no.  Lo que hago depende mucho del día, de cómo me encuentre ese día, depende de la función que tenga que hacer.  Aún siendo una preparación personal, en privado, después – juntos antes de salir a escena – me gusta y siento la necesidad de tomar la fuerza de los compañeros.  Tener la sensación de hacer piña, de que somos un edificio construido con todos nosotros que somos los ladrillos.  Te pongo este ejemplo porque una vez tuve un sueño que tuvo que ver con esto: que un ladrillo es importante siempre y cuando tenga al lado a otros que sujeten también.  Si falta ese ladrillo se puede caer el edificio y por eso tengo cada vez más fe en el trabajo en equipo.  Creo que todos somos “ladrillos” y que juntos organizamos la belleza del edificio que puede ofrecerse ese día.

¿No te interesan los monólogos? ¿Nunca has pensado interpretar un monólogo?

Sí, lo he pensado algunas veces, pero no…  El monólogo me parece una cosa dificilísima, creo que es muy complicado y yo prefiero trabajar con gente.  Me gusta más trabajar con compañeros, tener a alguien que me mira en escena y alguien a quien mirar yo, me gusta más.

El teatro es la columna vertebral de tu carrera como actriz.  Decía Borges: “El teatro es el arte en el que un hombre (o mujer) finge ser lo que no es y otro (otra), el espectador/a, finge que se lo cree”..

Es como un juego… ¿hay tablas en esta partida o uno de los dos sale más beneficiado?

Yo creo que son los dos… Cuando la función sale adelante y llega al lugar donde tiene que llegar, tanto el espectador como el actor ganan.  Precisamente una de las cosas que más me gustan del teatro es que,  tanto en el actor como en el espectador,  se produce una renovación a la hora de asistir al espectáculo o de hacer el espectáculo.  Me gusta el teatro en el que la gente entra de una manera y sale transformada.  No digo de una manera radical, pero sí con nuevas reflexiones, un estado de ánimo con el que no había entrado… Sensaciones nuevas, esto me gusta y creo que es el fin, el objetivo del teatro.

Como actriz y como espectadora… ¿te interesa el mismo tipo de teatro?

Sí.

¿Has pensado en dirigir teatro? 

¡Sí¡ (reímos porque no me ha dejado terminar la pregunta)

¿Esperas propuestas? Y si es así, ¿qué requisitos deben tener para que las aceptes?

Últimamente estoy pensado en dirigir porque he tenido una suerte tan grande de haber sido dirigida por tan grandes maestros…¡me han enseñado tanto¡ que ahora, trabajando como actriz en equipos me doy cuenta de que  – aunque esté dentro, metida dentro del proyecto – puedo ver cosas y aportar muchas cosas.

Me he preguntado alguna vez si sería capaz de dirigir y ponerme en el otro lado y ver qué pasaría.  Yo creo que es algo que tendré que hacer en algún momento, y espero que eso no sea en tiempo muy lejano.

El único requisito es que la obra o el texto que me ponga a dirigir, de alguna manera, me toque en algún lugar que me pida y me despierte la necesidad de contar eso que siento que está dentro del texto, de comunicar eso que está ahí dentro.  Si yo encuentro un texto así, buscaría a los actores adecuados y lo dirigiría.  No creo que me lo propongan, tendré que buscar yo el camino porque no creo que piense nadie que quiera dirigir.

Bueno, ya lo estás diciendo… ahora ya lo saben.  (reímos)

Me gustaría mucho hacerlo, y espero que ese momento no sea muy lejano.

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Vamos a hablar de algunos trabajos tuyos en teatro.  Quiero comenzar por una obra que me ha fascinado, y que ya forma parte de mi vida para siempre: “Cuando deje de llover”.

Tú has dicho: “Es el drama contemporáneo más poderoso en el que jamás he trabajado. La gente sale sobrecogida de la función”.  ¿Es también el que te ha hecho más feliz?

(Susi guarda un largo silencio antes de responder)

Esta es una pregunta muy difícil de responder… (sonríe) porque hay muchas funciones que me han hecho muy feliz y sobre todo no sólo las funciones, sino determinadas representaciones de esas funciones porque no todas son iguales…

Lo que sí te puedo decir que, a día de hoy, es la función con la que creo que más he aprendido a profundizar en lo que es el análisis de un texto, en lo que quiere contar el autor, dándome cuenta de la dimensión tan grande que tiene.  ¡Es una epopeya, esa función es una barbaridad¡  Y darme cuenta de la repercusión tan poderosa que tiene en el público.

Nosotros no lo hemos visto porque salimos de escena en cuanto terminamos de saludar, pero nos han contado compañeros técnicos que, a veces, se quedan dos personas abrazadas en el patio de butacas.  Quizá alguna pareja, él acurrucado en ella y ella consolándole…  Situaciones muy peculiares que no se suelen dar.  La gente va al teatro, ve la función y se va.  Esta función no es así, esta función después de haberla visto va destilando durante días y días…

En ese sentido, sí que creo que es la función más poderosa que he hecho y  lo que más feliz me hace de la función, si te digo la verdad, es poder ver a mis compañeros trabajar en ella.  En la gira que estamos haciendo en teatros con el escenario a la italiana, puedo verles porque en las Naves del Matadero era imposible ya que – si salías a verles – el público te podía ver a ti.  Verles… es que me emociono y me conmociono.  Me siento entre cajas, en el suelo a lo mejor, tapadita… viéndoles trabajar y veo la entrega tan grande, esa generosidad, ese arte, esa manera de elevar el texto que tienen… y yo me digo “esto es una gloria divina”. (se emociona)

Cuando vi la obra, el 5 de noviembre, al terminar la representación fue una de esas pocas veces que he sentido el deseo de que volviera a empezar de nuevo…  No quería que terminara, no quería irme de allí.

(reímos)

Y te voy a contar como anécdota, que inicialmente a Consuelo Trujillo le iban a dar mi papel y a mí el de ella.  De hecho, la primera lectura la hicimos así…  Yo me había hecho a la idea, pensé que quizá me veían con pinta más de inglesa por mi estatura o por ser más seca (ríe), no sé…   Consuelo es más emocional, tiene más similitud con el personaje de la australiana… y justo dos o tres días antes de arrancar los ensayos, nos llamó el director y nos dijo que al revés…  (ríe a carcajadas).

Y de repente me quedé un poco descolocada ¿no?  Era como “a ver como digiero yo todo esto…”.  Y me costaba al principio, y luego fíjate cómo finalmente lo hicimos así y salió muy bien.

Has trabajado en cuatro ocasiones con el maestro JOSÉ LUIS GÓMEZ:

(1985)  Bodas de Sangre, de Lorca

(2004)  El Rey se muerte, de Ionesco

(2008)  La paz perpetua, de Juan Mayorga

(2010)  Final de partida, de Beckett

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¡Hay más cosas¡ Está “Castillos en el aire” de Fermín Cabal, que hicimos en La Abadía, y que dirigió también él.  Y la primera vez que trabajamos juntos como compañeros, cuando yo le conocí a él, hicimos una adaptación de la “Carta al padre” de Kafka, se llamó “Juicio al padre”.  Ahí fue cuando yo empecé más a hacer teatro, fue con ese montaje.

En las tres primeras como director.  ¿Su forma de dirigir y trabajar se complementa con la tuya? ¿Qué tipo de ayuda necesitas de él?

José Luis Gómez es un hombre de teatro integral. Es un maestro.  Ha formado a muchos actores que están funcionando muy bien en este país. Yo he tenido con él un aprendizaje muy fuerte porque es un hombre muy exigente con su trabajo y con el de sus actores.  Él va muy a fondo, aprieta mucho las tuercas a los actores y entonces ahí aprendes a resistir.  Yo he aprendido muchísimo de esto con él.  Por otra parte, claro… nos conocemos desde hace muchos años y nos conocemos mucho y bien.  Yo le tengo mucho cariño y mucho respeto y siento que me ha dado fuerza para poder sostenerme en este trabajo tan difícil a veces y tan arduo.

Me ha enseñado mucho de lo que es el amor y la inquietud por conocer sobre el mundo del actor.  Siento que esto es lo que más me ha dado José Luis.

En el año 2010, llegó “Final de partida” de Beckett.

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Aquí tuviste a José Luis Gómez como compañero de reparto, dirigidos por el gran Krystian Lupa. Dijiste de tu director: “Lupa me dio seguridad y libertad y en esa búsqueda sigo hoy: en no mecanizar mi trabajo”.

¿Cómo fue tu aproximación al universo de Beckett con un texto tan complejo como el de “Final de partida”?

Básicamente fue Lupa el que nos fue desvelando el camino.  Lupa no quería dirigir una obra de Beckett, no era un autor de su gusto, no sentía inquietud por montar a Beckett.  Sin embargo, cuando empezó a trabajar la función se dio cuenta de todo lo que subyacía en el texto y fue un proceso apasionante.

Principalmente era un trabajo de mesa y después se pasaba a la escena ¡una vez¡ y se volvía a hacer trabajo de mesa.  No machacaba a los actores en escena sino que probábamos en escena todo eso que habíamos visto.  Yo creo que Lupa ha sido actor, porque de alguna forma él improvisaba, le gusta mucho la improvisación y a mí también.  Nos entendimos muy bien, a pesar de que él habla polaco y yo español (ríe), pero hubo un entendimiento como si se entendieran nuestras almas.  Él en una ocasión me dijo “no hablo español pero entiendo todo lo que dices”.  He sentido siempre con él y con su equipo polaco, una visión muy parecida de lo que nos gusta en el teatro.  Antes de que él se fuera, yo le dije a Lupa “he sentido toda mi vida que tenía algo que descubrir, que me faltaba algo, como un velo más por descorrer y ver qué había más allá.  Y he sentido que contigo he podido vivir esto”.  Él me dio ese regalo.  Y ese velo tiene que ver con esa libertad para crear, una vez que tú ya tienes ese personaje, no se trata de hacer cualquier cosa.  Él te da el camino y tú luego puedes danzar por él libremente.  Eso es un regalo para mí.

¿Conocías a Lupa antes de trabajar con él?

No.  Conocía sus montajes, “Ritter, Dene, Voss” por ejemplo… que me fascinó.  Había visto otras cosas de él y cuando me dijo José Luis Gómez la posibilidad de trabajar con Lupa, claro… me pareció que aquello era más allá de un regalo, era un milagro. (ríe)

LLUIS PASQUAL: (1987) El Público, de Lorca  para el Centro Dramático Nacional

Fue un montaje que marcó época.  Sorprende que no hayas vuelto a trabajar con Pasqual…  ¿Mantienes contacto con él?

No… no hemos vuelto a trabajar juntos.  He tenido contacto con él y lo sigo teniendo.  De hecho le llamé para que viniera a ver “Cuando deje de llover” porque pensaba simplemente que él lo tenía que ver.  Lluis Pasqual es un maestro, es otro investigador, un hombre de teatro completo.  Él vino a vernos y le entusiasmó el espectáculo.

El destino ha hecho que no haya vuelto a trabajar con él.  Él está en Barcelona y yo en Madrid, pero tengo muy buena relación con él.  Él me sigue fascinando como director y siempre estaré dispuesta y encantada de acudir a su llamada.

RAMÓN SIMÓ, es un director que me gusta especialmente. Con él hiciste en 2005 “Cara de plata” de Valle Inclán…

Sí, es un director muy interesante.  Él vino a Madrid para montar “Cara de plata”, hizo unas pruebas y me cogió para hacer el personaje de la hermana del sacristán.  La verdad es que disfruté muchísimo, es un hombre con sentido del humor, muy tranquilo trabajando.  Da la impresión de estar muy despreocupado, imagino que no lo será tanto, pero tiene ese talante con los actores y eso está muy bien.  Da esa confianza, nos reímos mucho durante ese proceso.  Además fue la obra con la que me dieron el primer premio en la Unión de Actores como mejor actriz de reparto.

DANIEL VERONESE…

¡Ay…¡

Suspiras…

Mi Veronese… (sonríe)

Hasta el momento has hecho con él dos obras: (2007)  “Mujeres soñaron caballos” y (2012) “Los hijos se han dormido”, ambos textos del propio director.

Decías de tu trabajo con él: “Me dio la varita mágica con la que improvisar y sentirme libre.  Eso es lo que he aprendido: la libertad”.

Si te fijas, tanto él como Lupa, los dos tienen un sentido parecido, aunque son muy diferentes a la hora de dirigir.

Yo le hice una vez una entrevista a él porque me lo pidieron en la Unión de Actores, que se llama “El hombre tranquilo” porque verdaderamente él es así.   Se sienta y nos pide a todos los actores que llevemos el texto aprendido pero que sobre ese texto improvisemos y él lo corrige.  Él dice “yo nunca voy a decir si algo está bien porque eso es perder el tiempo.  Yo diré lo que está mal.  Si no digo nada es que está bien, vosotros seguir de esa forma”.  Desde luego no es la mejor manera de alimentar el ego de los actores, pero sí de sacar adelante un proyecto y estar todos concentrados en contar esa historia y en avanzar.

Recuerdo que cuando montó “Mujeres soñaron caballos” ¡la montó en tres días¡  Empezamos a ensayar un lunes, martes, miércoles… y el jueves ya hicimos un pase de la función pero improvisando y cambiando movimientos.  Acomodando la función a los actores españoles porque la obra se había estrenado ya en Buenos Aires, él vino con el montaje.

Me entiendo muy bien con él.  Me ha llamado de nuevo para un proyecto para el año 2016, que ojalá pueda hacerlo.  Él me dijo “cada vez que vaya a España contaré contigo” (sonríe).  Él es también un regalo para mí.

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El año pasado estuvo en el Lliure de Montjuic con “Sonata de otoño”…

¡Cómo me gusta esa función¡

¿Qué personaje te gustaría interpretar en teatro? 

Mira… acabas de mencionar “Sonata de otoño” y me encantaría hacer la madre.  A través de Adriana Roffi, la ayudante de dirección de Veronese, le mandé recado cuando se fue a Buenos Aires, “dile a Daniel que venga a España a dirigir <Sonata de otoño>”.  A ver si se lanza… (ríe).  Es un personaje maravilloso.

Hay guiones de cine: “Persona”… hay personajes de Bergman que a mí me encantaría poder hacer en teatro.  Me gusta muchísimo Bergman.

También es mi director de cine preferido…

Tiene una hondura extraordinaria, un conocimiento de la psicología humana brutal y además es muy valiente a la hora de tratarlo.

¿Y autores de teatro?

Hay muchos autores que me llegan mucho… Es una pregunta difícil de responder.

Para mí, Lorca es también un autor excepcional.  Shakespeare me gusta muchísimo.  Yo creo mucho en el trabajo de creación.  A partir de ideas o de textos que no sean necesariamente de autores dramáticos.  Desarrollar trabajos de creación y crear obras de teatro, puestas escénicas a través de trabajo con actores, me gusta mucho esa idea.

¿Y Chejov no te gusta?

¡Me encanta, me encanta¡  No lo había dicho pero me encanta, me vuelve loca.

Le muestro a Susi un libro: “Dramaturgas latinoamericanas contemporáneas” ISBN: 84-7962-014-5 (Editorial Verbum). ¿Qué sucede? ¿Por qué no se representan autoras de teatro?

Yo quisiera saberlo también… Y estoy segura que si hubiera más dramaturgas también habría más personajes femeninos para interpretar, claramente.

¡Mira lo que ha hecho Meryl Sreep en Estados Unidos¡  Ha creado una fundación para mujeres guionistas.  Cada vez hay más autoras, pero es cierto que hay que romper una barra de acero impuesta

Los silencios, el movimiento, la acción… ¿alguna vez son más importantes que las palabras?

¡Por supuesto¡  Todo cuenta.  La expresión del actor es todo.  Los silencios a veces cuentan más que mil palabras.

¿Ha sido determinante encontrarte en el camino con Juan Carlos Corazza?

Sí.  Él piensa que yo he aprendido menos de lo que él cree.  Una vez me dijo que no había aprendido nada… (ríe)  porque él también es muy estricto con el trabajo del actor.  Tengo ganas de volver a encontrarme con él y le diré que, para bien o para mal, he aprendido más de lo que él piensa que he aprendido en su Escuela.

Tú has dicho: “En el teatro tú haces lo que tienes que hacer y el espectador elige si te quiere ver a ti o al compañero que está en el fondo del escenario.  Pero en la televisión y el cine son el director y el montador quienes deciden, y yo siento que ahí hay procesos que los actores vivimos y luego no se reflejan en el resultado final”.

¿Eso te da coraje o te irrita?

Pues si…  Sí, no puedo decir otra cosa porque siento que las prioridades en las televisiones de ahora están enfocadas en favorecer más a todo lo que tiene que ver con gente joven emergente, chicos guapos, chicas guapas… no tanto en contar una historia.  Aunque la historia esté contada igualmente por todos, sino en favorecer los planos atractivos de la gente más joven.

Imagino que es una estrategia de marketing pero siento que ahí se ve mermado parte del trabajo de los actores que no somos tan jóvenes o que no estamos en la cresta de la ola.

Es cierto que no haces demasiada televisión, pero tienes intervenciones muy bonitas.  Por ejemplo: la maestra republicada de LA SEÑORA, fueron 9 capítulos, y recientemente un papel en el que estás maravillosa: Luisa de Saboya en “Carlos Rey Emperador”, que han sido 11 capítulos.

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¿Lo que te gusta menos de la televisión es la rapidez con la que se tiene que trabajar?

Yo creo que ha habido una estandarización de la fórmula televisiva en cuanto a las series ¿no? Se hacen muchísimas series, no todas tienen la misma calidad pero sobretodo lo que yo veo es que ninguna de ellas logra atreverse para romper con temas, con historias.

Yo siento que hay una falta de riesgo muy grande, en el sentido de contar una historia (la que sea) pero la televisión tiende a edulcorar las historias precisamente quizá porque es un medio al que tiene acceso todos los públicos.  Echo de menos más osadía a la hora de meterse a fondo con los asuntos, más osadía a la hora de atreverse en la actuación, en que los actores fueran más rompedores también a la hora de actuar y de comprometerse con el trabajo.  Que todo fuera menos dulcificado.  Creo que las series de televisión, en general, excepto algunas que son más lanzadas (en España menos) les falta riesgo.

La televisión es un medio extraordinario, que llega a todo el mundo y sin embargo, en ese sentido está poco aprovechada. Está bien que haya series que estén estandarizadas, que tengan esas pautas, pero sería magnífico que hubiera otras con las que el espectador tuviera la posibilidad de decir: “¡Qué ganas tengo de que llegue tal hora para ver a fulatino o menganito en esta serie porque es la bomba lo que hacen ¿no?”.

Hay un corto tuyo que me gusta mucho: “Yo sólo miro” de Gorka Cornejo, junto a Joan Crosas e Iker Lastra.  Hace muy poco, en octubre, ganaste el premio Mejor Actriz en el Festival de Gáldar con “Tras bambalinas” (2015) de Rafa García.

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El corto es un ejercicio de precisión.  Exige una gran capacidad de síntesis. ¿La energía e ilusión que tienen los jóvenes realizadores te contagia a la hora de interpretar tus personajes?

¡Claro que sí¡  Aparte para ellos suelen ser óperas primas, pequeños aperitivos de lo que puede ser su primer largo, pero la seriedad y la responsabilidad con la que los atajan es la misma que si fuera un largo.  Y los actores igual, es verdad lo que dices que son como síntesis.  Un corto encierra una historia en muy poco tiempo y tienes que desarrollarla, pero cuando está bien escrito un corto se puede hacer perfectamente, es igual que cine.  Es elegir esos momentos que son los que van a contar los detalles que en definitiva, en la memoria del espectador, son con los que se va a quedar como el recuerdo de lo que es la historia, la suma de todos esos detalles.

A mí me gusta mucho hacer cortos, porque es un ejercicio de rapidez al mismo tiempo, pero también de poderte tirar a la piscina, de poder jugar y tiene más margen para poder interactuar con el director.  Es más rico el poder trabajar en los cortos.

Debo elegir algunos títulos de tu filmografía, no podemos hablar de todos tus trabajos por el factor tiempo…  Permíteme destacar algunos:

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LA TETA ASUSTADA (2009) de Claudia Llosa. ¿Qué sensaciones quedan de aquel rodaje y de aquella gran y exquisita interpretación?

La verdad es que yo pedí a la productora si podía estar un par de semanas antes en Perú para poder atrapar más el acento peruano, porque no es un acento al que estemos habituados.  Mi personaje es una compositora peruana y además es de la alta sociedad de Perú, que son muy pocos.  En Perú la inmensa mayoría no lo son y casi no existe la clase media.  Me estuve relacionando con ese tipo de sociedad peruana que tiene mucho que ver con la familia de Claudia Llosa.  Me llevaron a muchos sitios, estuve conociendo un poquito su idiosincrasia hasta el punto de poder empezar a improvisar también con el acento en la película.

Claudia es una mujer extraordinaria.  Hablamos mucho sobre lo que se quería contar de esta mujer en la película, compartimos pensamientos al respecto.  Hubo momentos en que ella, de repente durante el rodaje y justo antes de rodar una secuencia que ya estaba más que escrita, la cambiaba.  Veía algo, lo cambiaba y el giro que le daba le hacía cobrar todo el sentido a ese instante de la película.  Es una mujer con muchísimo talento, me gustó mucho rodar con ella, mucho.

Toca hablar de Pedro Almodóvar. (2011)  “La piel que habito”, (2013)  “Los amantes pasajeros” y, recientemente, (2015)  “Julieta”.

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Siempre hablas bien de él, del trato exquisito que te da, de que notas su respeto…

Yo digo que el papel que me ha dado en su última película, “Julieta”, es muy luminoso.  No sé cuál será el resultado final, él me dijo que quedó muy contento.  Él se ha arriesgado a darme un personaje que yo creo que, en principio, no me veía en él… (sonríe).  Me dijo un día: “Tú, hagas conmigo el personaje que hagas, de joven siempre fuiste modelo”.

(reímos)

En su imaginario él piensa que pudo ser así, aunque eso no se refleje en la película, pero siempre le gusta imaginar que en mi pasado fui modelo.  Supongo que porque no pude ser otra cosa con mi estatura (ríe).  Para mí, Pedro es un maestro.  Disfruto mucho trabajando con él, me cae genial.  Tiene mucho sentido del humor y me río mucho con él.  Es un hombre que tiene muy claro lo que quiere, él escribe sus propios guiones y si tú le das en la tecla de lo que él quiere… es maravilloso.  Yo no sé otras actrices qué experiencia habrán tenido, yo te puedo hablar por mí, y en mí yo siento que cada vez estoy más cerca comprendiendo y entendiendo más su mundo.  Comulgando más con su mundo porque me parece un mundo poético, profundo y extraordinario lo que él cuenta en sus películas.  Pronto se estrenará la película y podrás verla, yo creo que es una de sus mejores películas, es una tragedia.

En 2014 llega a tu vida Ramón Salazar, con el que ruedas “10.000 noches a ninguna parte”.  Dices que sientes que es uno de los mejores trabajos que has realizado.  Salazar te da intimidad y confianza a la hora de trabajar.  Pronto otro proyecto junto a él.  Vi vuestro coloquio en la Academia de Cine, y ahí observé mucha química entre vosotros…

Sí, sí… la hay.  (sonríe)

Cuando encuentras esto con un director, esta afinidad con un director, con un compañero de trabajo, con alguien con quien colaboras, eso no tiene precio.  Eso es una maravilla, que a veces sólo con una mirada o una sonrisa ya entiendo el giro que Ramón quiere que tenga la escena, por ejemplo…

Cuando rodamos “10.000 noches a ninguna parte”, al ser una producción con un presupuesto muy reducido, el equipo era mínimo pero también eso resultó ser una ventaja.  Al no haber tanto aparataje dentro del set de rodaje se podía crear una atmósfera de mucha intimidad y mucha concentración.  Yo sentía que él, diciéndome una palabra… él me lo decía muchas veces “yo siento contigo, Susi, que haces la escena con las indicaciones que te digo. La haces… De repente te digo no sé qué otra cosa y es que lo haces así… No hace falta estar preparando…”.  Entonces eso a él le gusta y a mí también porque nos entendemos.  Eso no es fácil, no se encuentra esto con cualquiera.  Y a mí, a veces, me dicen las cosas y no me entero, me cuesta… (sonríe).

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Cuando encuentras a una persona con esa facilidad… y además también tenemos los dos un lenguaje mágico común.

A él le gusta mucho el misterio, todo el mundo onírico, el mundo de los símbolos.  Comulgo mucho con ese tipo de imágenes, de mundos… Me gusta mucho trabajar con él.  Ahora en este otro proyecto, el personaje lo ha escrito expresamente para mí…

Susi,  él ahí ya te está indicando muchas cosas…

Sí… (sonríe)  Yo siento que es un regalo que me ha hecho por todo lo que nos ha dado “10.000 noches a ninguna parte”.  Tuvimos acceso a una nominación a los Premios Goya.

Esta sí que es una película de culto, Ramón Salazar es un director de culto, de los pocos que hay en este país.  Es un director al que verdaderamente se le puede dar esa categoría, ese nombre con toda ley.

En su nueva película ha querido hacer un personaje completamente diferente y la historia es apasionante, es emocionante.  Él ahora está trabajando más el guión, él es escritor y estamos viendo la posibilidad de que se haga en coproducción.  La película se va a llamar “La enfermedad del domingo”, hablando de ese estado de ánimo que nos ataca a las personas sensibles los domingos por la tarde.  Esa sensación que parece que te estás poniendo medio enfermo.  La historia tiene relación con eso, y el guión es muy bello, bellísimo.

Hablando de directores de culto, has tenido una colaboración en “Truman”, la última película de Cesc Gay… director que me fascina.  Me contó Javier Cámara en San Sebastián (en la rueda de prensa) que ese ramillete de actores maravillosos que tenéis escenas de un minuto, desconocíais de qué iba la historia.

¡Yo sí lo sabía¡

¿Sí?  Me dijo, por ejemplo, que Nathalie no tenía ni idea de qué iba la película, lo único que sabía es que estaba relacionada con un perro…

Jajajajaja  ¡qué graciosa¡  (reímos)

Yo sí leí el guión y me quedé impactada con él.

Y todos le dijisteis que sí a Cesc Gay, aunque eran intervenciones muy cortas…

Sí, es que ese guión estaba muy bien escrito.  Y mi personaje también es una joyita ¿sabes?  Sé la repercusión que la película tuvo en el Festival de Cine de San Sebastián.

En San Sebastián vi otro de tus últimos trabajos: “Lejos del mar” de Imanol Uribe.

Yo vi la película en un pase que hicieron en Madrid.  En esta película mi personaje tiene un arco, tenía cuatro secuencias.  Por cuestiones de montaje y de guión se eliminaron las dos del centro.  Al quedarse en la mitad el personaje, yo lo noto… Quizá el espectador no lo va a notar porque está muy bien montada la película y muy bien dirigida.

En la película apenas queda reflejada la historia que ha vivido esa familia, porque sólo se centra en la historia de la hija.  Se han querido centrar más en la historia de ellos, algo que sucede con mucha frecuencia.

Creo que en esa película, lo que cuenta más la madre es la otra parte, la parte de las víctimas que creo que ha quedado un pelín como soterrada.  Está más presente la historia de amor, aunque no sé si se puede llamar amor, es más una especie de obsesión entre ellos dos.  Creo que Eduard y Elena están espectaculares, la película es muy potente, muy poderosa pero con respecto a mi trabajo yo siento que se ha quedado a mitad del camino por el montaje.

bbbaaa

Quiero terminar esta entrevista con tus palabras: “El arte representa la belleza, la verdad y la justicia y eso son los valores eternos e indestructibles”.

¿Alguna vez te llega el desánimo ante tantas dificultades para vivir y desarrollar la cultura?  ¿En qué te apoyas para superarlo?

El desánimo viene muchas veces porque la cultura no depende de la cultura, depende de la política.  Y la política no depende de la política, depende del poder económico.  Todo es una cadena que hace que el mundo funcione como está funcionando de mal, tristemente ¿no?

Todos los errores, y los errores que estamos cometiendo como seres humanos en este mundo,  son motivos que a diario a mí me hacen preguntarme si tiene sentido y, sin embargo, pienso que precisamente por todo eso es por lo que tiene sentido.  El arte es una visión para calmar el alma, para calmar los espíritus tristes, para calmar el dolor que produce todo esto que sucede en el mundo.  Para dar una visión, a veces más contundente, pero más balsámica, más reconfortante.  Es una manera de decir al espectador, al hombre o a la mujer que se sienta a vernos “sí, todos sufrimos pero todos tenemos la capacidad de remontar también”.  Hace poco me hicieron una entrevista y decía “hay obras de teatro que yo no haré nunca porque no dejan una ventana abierta”.  Me gusta “Cuando deje de llover” – muchísimo – porque a pesar de todo el recorrido de los personajes, de todos los periplos de dolor que viven, hay una redención, hay una ventana hacia la esperanza al final.

Yo creo que el Arte, el compromiso del Arte, es darle esperanza al ser humano a pesar de todo el horror que vive.

Susi, no sé cómo expresar lo feliz que me ha hecho este encuentro contigo, esta conversación generosa y brillante por tu parte.  Te digo hasta pronto, en la esperanza de un reencuentro.

Gracias Yolanda…

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NOTAS:

Las fotografías oficiales de películas protagonizadas por SUSI SÁNCHEZ que hemos insertado en este artículo, son propiedad de sus autores.

Las tres fotografías oficiales de SUSI SÁNCHEZ, son autoría de Sergio Parra y propiedad de SUSI SÁNCHEZ.

Las cuatro fotografías de SUSI SÁNCHEZ realizadas en el Teatro Principal de Zaragoza, son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

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CONSUELO TRUJILLO (Entrevista), por Yolanda Aguas

Consuelo Trujillo: Actriz y directora de teatro. Maestra de actores e investigadora de los procesos artísticos aplicados a la  interpretación, la educación y a la psicoterapia.
Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla.
Formación en Arte Dramático en el Instituto de Teatro de Sevilla- CAT, en la Escuela de Carlos Gandolfo en Buenos Aires y en el Estudio  Corazza  para el Actor en Madrid  y durante 14 años miembro de su equipo pedagógico.

Eso dice su C.V. pero ella es mucho más.  Decía Artemisia Gentileschi: “Durante toda mi vida deseé alcanzar lo sublime, trabajé sin descanso para la inmortalidad, ¡peregrina e irrisoria ambición¡  Me soñaba adamantina. A un tiempo leona y domadora. Hormiga laboriosa, madre.  Hada. Mujer de mundo, fuego fatuo, artista reconocida. Musa. Rayo, trueno y lluvia refrescante. Estrella en el firmamento, hacendada en su chamizo.  Pintora. Viajera, amante, humilde ama de casa. Compañera.  Me habría gustado ser todo y tener todo a la vez. Y tal vez lo tuve, a ratos”.

La conversación que leerán a continuación se realizó el pasado sábado 14 de noviembre en el Espacio Mariano Cariñena del Teatro Principal de Zaragoza, donde ella representaba “Medea” con dirección de José Carlos Plaza.  Suya es la obra, y suyos los aplausos y bravos que el público le dedicó.

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Para tu maestro, Juan Carlos Corazza, “el teatro es un lugar al que hay que acudir. Un espacio y un tiempo en el que dejamos el mundo real para entrar en otro mundo” (…) “¿Hay algo más mágico?”

Totalmente de acuerdo…, pero ¿El teatro es para minorías?

Yo creo que no. El teatro es un acto humano por excelencia, como cualquier arte.  No me parece que el arte sea para minorías, lo que sí creo es que lo mismo que hay diferentes maneras de sentir la vida, hay diferentes maneras de apreciar la belleza y hay diferentes maneras de vivir el teatro.

Lo que sí creo también es que vivimos en una época y en un país en el que hay pocas posibilidades de que la gente se encuentre a sí misma en el teatro y encuentre cual es el teatro que más le llega o abra su mente a nuevas visiones, porque todo eso hay que propiciarlo.  Yo creo que el teatro es para todo, de hecho lo he comprobado muchísimas veces.

A una gran actriz – fallecida hace poco – le gustaba decir que “el teatro te permite vivir cien muertes y morir cien vidas”.  ¿Por qué eres actriz?

Me lo preguntas y me emociona…  Soy actriz por vocación.  No sé en qué momento de mi vida sentí ese pálpito, pero desde muy pequeña recuerdo ese deseo de actuar, de contar historias, de expresarme con la belleza, de comunicarme con la gente a través de textos, de poesía…  Lo sentí desde muy pequeña.  Recuerdo, así como hitos, que en el colegio hubo varios momentos en diversas representaciones en los que sentí una felicidad muy grande cuando lo podía hacer y me elegían para poder hacerlo.  Hubo un momento muy fundamental, yo tenía trece años y mi profesora de Literatura (a la que le estaré muy agradecida) me dio unos poemas de Lorca y yo los recité en el acto final de curso.  Sentí como un subidón enorme, como si aquellas palabras me elevaran a lugares que yo, una chica de trece años que estaba en plena pubertad, pues no había sentido nunca.  Desde entonces me acompañó ese deseo.

Vienes de hacer llenos absolutos con “Medea” y “Cuando deje de llover”, pero imagino que también habrás vivido la experiencia de actuar ante una sala medio llena o casi vacía…  En esos casos ¿hay una mayor motivación para el actor o no le afecta?

Yo, ante una sala muy vacía, lo primero que siento es mucho respeto hacia la gente que está allí.  Me esfuerzo mucho en realmente dar una calidad con mi trabajo.  Valoro mucho la gente que ha ido a ver un espectáculo que a lo mejor no ha tenido tanta difusión, no está  llegando tanto a los mass media o  – digamos – no está siendo tan bien recibido.  Intento, junto a mis compañeros, esforzarme al máximo y crear una energía de llegar al espectador como si la sala estuviera llena para que la gente que está allí realmente se vaya con la convicción de que ha visto el espectáculo con nosotros dándolo todo.

Con “Cuando deje de llover” habéis recibido innumerables premios:

3 Premios MAX: Mejor Dirección Escena (Julián Fuentes Reta), Mejor Espectáculo Teatral, Mejor Actriz Reparto (Susi Sánchez)

4 Premios Unión de Actores: Mejor Actor Reparto (Felipe García Vélez) y Mejor Actriz Reparto (Susi Sánchez), Mejor Actor Secundario (Jorge Muriel) y Mejor Actriz Secundaria (Consuelo Trujillo)

Sabéis que con esta obra habéis hecho historia, “Cuando deje de llover” ya es un espectáculo teatral histórico…  Los premios materiales son importantes, pero ¿el mejor premio es el público?

El texto de “Cuando deje de llover” me lo pasó Jorge Muriel, y desde que leí la obra yo vi un grandísimo texto, enorme…  Lloré mucho en la primera lectura, volví a emocionarme en la segunda lectura y me di cuenta que tenía delante una gran historia.

(Le muestro unas fotografías de las primeras lecturas)

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¡Qué bonito¡ Sí, muy bonito.

Me emocioné en esas primeras lecturas, entonces cuando luego se fue forjando la historia, nos fuimos dando cuenta que estábamos ante una cosa muy grande y ante la convicción que era muy grande y que nosotros éramos muy pequeños y que lo único que teníamos que hacer era ponernos a ese servicio.  Luego, a nosotros la historia nos atrapó, nos transformó como seres humanos, nos hizo sentir muchas cosas como equipo.  Yo creo que sacó lo mejor de nosotros mismos, y luego lo siguiente fue el público…

Ver qué pasaba con el público, porque como tú misma lo viste, no es una historia fácil de seguir, le exige al público estar activamente participando de la obra.  Un abrirse ¿no? a ese puzzle desordenado en el que todo empieza a componerse pero que no se compone de una manera racional y cronológica.  Decíamos “qué va a pasar? ¿se van a enterar que ahora estamos en Londres y luego en Australia?“ . Todo esto lo fuimos viviendo y claro… el impacto llegó cuando sentíamos que el público nos tomó, yo sentí que el público tomó la historia.

Te voy a contar, y esto no me había pasado nunca, que muchísima gente, cientos de personas, han visto la obra dos y tres veces.  Cuando ha finalizado la función me han dicho: “voy a volver con mi padre, voy a volver con mi hermano (que hace mucho que no hablo con él), voy a volver con mi pareja…”.  Se ha producido toda una serie de cosas que hemos comprendido que la historia que contamos ya no es nuestra.  La historia es de todos los que habéis estado allí con nosotros en las Naves del Matadero, y de todos los que estarán ahora en la gira que se inicia por toda España.  Ojalá podamos venir a Zaragoza, porque además nuestro director Julián Fuentes Reta es de Zaragoza, es aragonés…

Yo siento que ahora cuando salimos a contar la obra, la contamos todos juntos, esas cuatro bandas de butacas del público del Matadero y todos nosotros en el escenario estamos en ese mundo cósmico, en ese viaje desde Australia a lo largo de cuatro generaciones.  Yo creo que todos hemos vivido lo de “cuando deje de llover”, nos toca a todos.  Ahí se produce con esta obra lo que se tiene que producir con el teatro y es que la obra ya no es nuestra, de los actores y autor, la obra es de todos los que estamos participando en ese rito teatral.  El público, los actores, la música, las luces, el vestuario, el texto… y, como dice mi maestro, la magia.

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Háblanos de tu etapa en Argentina, esos años de formación junto a Carlos Gandolfo y explícanos si la responsable de la llegada a España de Juan Carlos Corazza fuiste tu… (reímos).

Sí, sí, sí… claro.  En el año 1987, yo sentí que entraba en una crisis artística (sonríe al recordarlo).  Estaba trabajando profesionalmente con una compañía de Sevilla, Esperpento, y estábamos con gira por toda España con “La marquesa Rosalinda” de Valle Inclán.  Con esa obra estuvimos en el CDN, en el Teatro María Guerrero, pero yo sentía que mi interpretación no era lo que yo quería, me faltaba algo.

Yo conocí en un curso del Instituto del Teatro a Carlos Gandolfo, me impactó mucho su profundidad a la hora de analizar los textos, de entender los personajes, de llevarnos a los actores a lugares desconocidos…  Todo eso, y también una crisis de amor, me llevó a preguntarme “¿por qué no hago un cambio en mi vida?”.  Mis compañeros no lo entendían “pero si tienes trabajo ¿cómo te vas a ir?”.  Yo soy así, cuando siento que hay algo que transcender, o que romper o que cambiar lo hago y me dejo llevar por mis instintos y por mi intuición.

Tuve la suerte de tener una beca del Ministerio de Cultura, del INAEM, era cuando todavía había esas posibilidades para los que nos queríamos formar más en el extranjero. Conté además con una beca de la Junta de Andalucía y Carlos Gandolfo me admitió en su escuela y también me becó.  Primero iba por un año, pero lo alargué a dos e hice un intensivo absoluto porque estaba todo el día en su escuela.  Allí, en Argentina,  trabajé mucho el cuerpo, me abrió mucho mi visión del trabajo con el cuerpo.  En aquella época, se hacía muchísimo teatro y yo creo que me cambió la vida también porque empecé un camino que ha ido paralelo para mí en el arte y en la vida.  Es el camino de conocerme a mí misma, de ahondar en mí, en mis trabas, en mis bloqueos, en mis zonas menos conocidas, en mi historia… y sanarla y también sentir cómo todo eso se ponía a disposición del arte.

Fue allí, cuando yo estuve en Argentina cuando me di cuenta, entre los 27 a los 29 años, el teatro que quería hacer, el tipo de actriz que quería ser y por dónde quería encaminar mi vida.  Allí conocí a Juan Carlos Corazza.  Él ya era uno de los alumnos veteranísimos de Carlos, y ya estaba colaborando como profesor en su escuela. Nos hicimos muy amigos, y ahí surgió la idea de que él viniera a España a dirigirnos a Manuel Morón y a mí.  Hicimos un proyecto que no salió para el Festival de Cádiz, pero él ya estaba a punto de venir a Madrid porque también estaba interesada Katrina Bayonas y su hija Lorena, para que hiciera un curso.  Organizamos una cosa para que él viniera a Sevilla en la que estábamos Manuel y yo, y luego Juan Carlos encaminó su vida aquí.

¿Fue ése el momento en que él te transmitió la idea para que te dedicaras también a formar a otros actores?

Sí, él siempre creyó mucho en mí para desarrollar esa faceta.  Al principio yo no estaba muy por la labor, estaba más centrada en mi trabajo como actriz, más enfocada en ese camino.  Él me impulsó mucho a dirigir, y lo hice primero con un par de cosas, pero luego me metí en la misión de la enseñanza.  Él tenía mucha fe en ese sentido mío de poder ayudar a otros actores a poner en pie obras.  Más tarde, él me propuso entrar en su equipo.  Yo tenía 33 años y la verdad es que me cambió también la vida ser maestra y formarme para ser maestra.  Durante catorce años estuve allí trabajando, formando actores.   Muchos de ellos están ahora recorriendo las pantallas de cine y los teatros de España.  Fue una satisfacción muy grande que además me aportó muchísimo como artista y como ser humano.

Corazza dice que “la formación básica sí acaba. En nuestra profesión ocurre como en la vida, tendemos a dormirnos, y la carrera siempre amenaza con devorar al artista.  El actor se hace más libre cuando se permite pedir ayuda, y también cuando es capaz de arreglárselas solo.  ¿Qué es lo primero que les dices a tus alumnos?  ¿En qué señal detectas que ese alumno/a no logrará alcanzar el sueño de convertirse en un gran actor o en una gran actriz?

Lo de convertirse en un gran actor es una cosa muy compleja, porque hay muchas cosas que pueden influir, algunas están en nuestras manos y otra no.  Lo primero que yo hago con la gente que viene a trabajar conmigo y que tiene el deseo de ponerse en mis manos, es hablarles de la entrega.  Para mí la entrega es lo que me rige en la vida y en ese caso hablo de la entrega al material, al texto que tenemos con el que estamos trabajando.  La entrega al actor, al personaje… y también les hablo de que se entreguen a mí en ese momento, como yo me voy a entregar plenamente a ellos.  Yo me entrego a la persona que tengo ante mí con sus dificultades y con sus dones, lo tomo por completo.  Le digo “te voy a acompañar en este tránsito que vamos a hacer juntos.  Te acepto como eres, con todo lo que eres.  Ahora… te pido que tú también te entregues a mí.  Habrá momentos en el que esté más acertada, momentos que menos, pero si hacemos esa danza juntos, sin estar precavidos, sin defensas, sin juicios… yo te podré dar todo lo que tengo y para eso tú tienes que estar abierto a ello”.

Eso es lo primero que yo hago con mis alumnos.  Para mí enseñar es un acto de amor, es un acto de entrega y aprender también lo es.  Ahí es donde yo me siento cómoda con los alumnos, donde doy lo mejor de mí misma, donde me siento libre, donde me permito explorar, investigar, hacer locuras…  Para mí el darse el permiso a la libertad, a la locura, a lo que no es tan apropiado, lo que es el espíritu de la experimentación, de la creación es fundamental y yo siento que además es dónde yo funciono.

Tu labor artística y profesional abarca diversos campos.  Actriz, profesora y directora.  Vamos a hablar de tu faceta en la dirección.

Hubo un proyecto pedagógico para el Auditorio Nacional: “El río de la vida” de la compositora Marisa Manchado, también:

(1989) Mujeres al vapor de Nell Dunn, para Pez Luna Teatro

(1999) Muriendo de Antonio Álamo, para Estudio de Actuación J.C. Corazza

(1999) Noche de reyes o… lo que quieras de W. Shakespeare, para Pez Luna Teatro

(2014) Criatura, co-directora, creadora e intérprete

¿Con qué piensas continuar?

Lo estoy haciendo ahora con “Criatura”.

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Ese proyecto lo empezamos codirigiendo Andrés Waksman  y yo.  Ahora ya sólo lo dirige él, porque yo me dedico a la creación y a la interpretación de la pieza.  Mi faceta como directora me gusta mucho, pero una cosa importante para mí en la dirección es el texto.  Que sea un texto o una creación que yo quiera, que yo desee mucho contar, que me mueva, que me agarre las tripas y que me mueva el deseo de ponerlo.  Soy una directora que funciona de esa manera.  Luego tengo una cosa muy mala y es que me gusta dirigir textos en los que hay muchísimos actores…

Eso es un problema a la hora de levantar el proyecto…  (reímos)

¡Totalmente¡ Eso es un problema…

No has mencionado un proyecto que hice en Barcelona con mujeres, que fue “Mara Truth” hace tres años.  Me invitaron de la Asociación Vacas (Projecte Vacas) y lo hicimos en coproducción con Criatura del Arte.  Eran diecisiete creadoras: bailarinas, actrices, músicos… hicimos una investigación maravillosa en torno a lo que han sido las mujeres que han ido abriendo brecha a lo largo de la historia ¡cómo las activistas históricas¡ ¿sabes? (sonríe).

Desde Hildegarda Von Bingen hasta Petra Kelly pasando por Tina Modotti, Janis Joplin o Artemisa Gentileschi…  entre otras muchas.  Era un proyecto muy bonito entre musica, danza, teatro…  Yo fui feliz.  (sonreímos)  

¡Diecisiete mujeres¡  Creando con la música, con la ayudante de dirección, Mónica Dorta trabajando con la voz… ¡ese equipo enorme¡ Yo lo que hago es coordinar, impulsar para que salgan los dones y que lo creemos juntas.  Eso es lo que más me gusta.  No soy una directora de sentarme en mi casa, imaginar la puesta y decirme “tengo ahora 30 ó 40 días para ponerla en pie”, que lo veo bien si los demás lo hacen así… Hay directores que eso lo hacen muy bien. Yo soy más de meterme en el equipo, de ver qué surge, aunque yo tenga mucho estudio y mucha propuesta que traer.  Me gusta moverme en esa cosa que es – como dice Peter Brook – “al principio cabe todo, entonces pongámoslo todo”, yo ahí me siento muy identificada.  Pongámoslo todo, tengamos esa etapa caótica-creativa en la que todos nos conozcamos… y luego empecemos a seleccionar, a definir, a dibujar, a precisar lo que queremos contar.  Me gusta trabajar así, y hacerlo así es difícil.

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Como decía Lorca: “Vamos a no llegar, pero vamos a ir”.  ¿Qué te ha dado Lorca y qué has intentado darle a él?

Lorca… (cierra los ojos al pronunciar su nombre).

Me lo ha dado todo.  Yo siento que es un maestro interior que tengo, una guía, un amigo, un padre.  Federico para mí es el símbolo de lo que yo quiero en el arte, y aparte es de mi tierra y siento un orgullo maravilloso que me conmociona que sea andaluz y a la vez una pena muy grande por lo que le hicimos.

Como ya te conté antes, a los trece años me encontré con Federico y desde entonces hasta ahora.  El domingo estuve en la Feria del Lector del Teatro que se celebró en Madrid, y me llevé un libro sobre Federico – ¡y tengo cincuenta mil en mi casa¡ – que habla del sentido de su obra.

Conecto con el alma de Federico, lo entiendo.  Conecto con su atmósfera poética, con su concepción del teatro.  No me cuesta ningún trabajo aprenderme sus textos, es como si me nacieran de dentro y son suyos…  No me cuesta ningún trabajo interpretar sus personajes y lo digo con humildad, de verdad, porque no lo veo como obra mía, lo veo como esta conexión, este río que hay entre él y yo.  Me siento entregada a él.  Por lo tanto, cada vez que tengo la oportunidad de participar en un proyecto en el que esté Lorca, me siento afortunada y es un motivo, una gran oportunidad que me da la vida para crecer como artista.  Cada vez que he tenido un texto de él he dado un grandísimo salto como artista.

En “Criatura” hay textos de Federico, y aparte son textos desconocidos de él.  Yo tengo en mente obras suyas.  No sé… Federico ocupa muchísimo de mí como artista, como actriz y como ser humano.

Tu trabajo en “La Novia” de Paula Ortiz es deslumbrante.  No es únicamente el texto y cómo lo dices… es tu trabajo corporal, tus movimientos, tus miradas…  Emocionan profundamente. 

¡Qué bonito¡ Gracias…

Fuiste una sorpresa maravillosa para mí.  Cuando fui a ver la película iba con el deseo principal de ver el trabajo de Luisa Gavasa.  Actriz a la que admiro desde hace mucho tiempo, ella es de Zaragoza y aquí le queremos mucho.  Me habían dicho amigos – que vieron el pase previo que se proyectó en Zaragoza antes del Festival de Cine de San Sebastián – que Luisa estaba magnífica, incluso para ganar el Goya.  Pienso que es así, pero también te digo –con total sinceridad- que si fuera por mí debería ser un ex aequo contigo.

Gracias… El personaje de Luisa es más potente como para llevarse el Goya, y yo estaría encantada de que se lo llevara porque me he hecho muy amiga de ella en la vida personal a partir de rodar “La Novia”.

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Cuando asistí en San Sebastián al primer pase con público de la película en Tabakalera, tras la proyección hubo un coloquio y allí te hice la pregunta que ahora voy a compartir con nuestros lectores:

Consuelo, tu personaje en La Novia, es el personaje “bombón”.  Todos sabemos la importancia que las criadas tienen en la obra de García Lorca (Doña Rosita la Soltera, La casa de Bernarda Alba, Bodas de sangre…).  Ellas son el alma de la casa, lo saben todo, lo escuchan todo, lo viven todo… Son y representan la sabiduría más profunda, ésa que viene directamente de la tierra…  ¿Qué pensaste cuando Paula te dijo que este personaje ibas a interpretarlo tú? Y ¿Qué has sentido al hacerlo para el cine?

Mira… voy a contarte una cosa: yo hice la madre en “Bodas de sangre” en teatro.

Sí, con José Carlos Plaza.

Y Paula vino a verlo porque le invitó Carlos Álvarez-Novoa.  Allí me conoció Paula y se quedó conmigo (sonríe).  Ella me dijo que quería contar conmigo para hacer su película, me lo dijo cuando el proyecto estaba todavía haciéndose.  Yo le dije: “bueno… cuenta conmigo, pero cuenta conmigo para lo que sea.  No te creas que yo sólo quiero hacer la madre ¡que me encantaría¡,  pero de “Bodas de sangre” lo que tú digas.  La mendiga… lo que sea”.  Yo ni había leído el guión ni sabía qué versión iba a hacer ella, pero se lo dije.  Y me llamó para hacer las pruebas para la criada y al final salió ese personaje para  mí.

Cuando Luisa y yo nos encontramos, ella estaba muy apurada porque yo había hecho la madre en las “Bodas de sangre” de José Carlos Plaza. Luisa sabía el trabajo hecho que yo ya tenía… (sonríe)  y yo le dije: “Luisa, estoy aquí para lo que tú quieras.  Yo te ayudaré en lo que quieras pero  -por favor- el personaje es tuyo.  Tómalo, estoy a tu lado”.  Y nos hicimos super amigas, cómplices, nos ayudamos mutuamente.   Con lo cual es toda una historia: Luisa y yo, la madre y la criada…  Y Luisa es muy generosa porque por todas partes va diciendo que yo hice la madre antes en teatro.

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Eso indica que existe entre vosotras un verdadero cariño, porque cuando dos actrices aspiran a un mismo personaje puede haber allí un pequeño o gran conflicto…

Yo creo que para esta novia, era Luisa la madre y yo, además, con la criada (ya lo dije cuando tú me lo preguntaste en San Sebastián) he hecho una travesía maravillosa.  Yo venía de hacer la madre, que es energía, es un carácter, es una fuerza, es una visión del mundo.  La criada es otra cosa… es pura humanidad, es empatía, es humildad, es estar al servicio y es esa sabiduría de las mujeres que no olvidamos en nuestra vida.  Las mujeres que ven, que oyen, que sienten y que no dirigen.  No están en primer término, pero están ahí.  Son las realmente importantes.   Y yo le agradeceré toda la vida a Paula, esa mirada final que me pone a mí, que me la pone a mí respecto a la novia, porque es la última que la mira porque es la que le ha mirado siempre, la que ha visto lo que se cuajaba en su corazón, los conflictos… es la que ha estado ahí.  Sin embargo, como no era su madre, no le ha dicho… “niña… esto y esto…” sino le ha tratado con un respeto, queriéndola ayudar, pero a la vez haciéndose cargo – con esta cosa que yo creo que tienen las mujeres sabias y humildes – que es que el destino es más grande que nosotros.  Que el  fatum  trágico, y esto lo siente Lorca y él conoce a estas mujeres, es más grande que nosotros, no podemos ir por delante y que cuando las cosas llegan a los centros no hay quien las arranque.

Cárlos Álvarez-Novoa falleció el mismo día que se proyectaba el pase de prensa en el pasado Festival I. de Cine de San Sebastián.  En La Novia interpreta el padre de la novia.  Vosotros ya habíais trabajado juntos en teatro, en el montaje para el CDN que dirigió José Carlos Plaza.  ¿El vacío que deja un gran actor se puede llenar alguna vez?

Para mí Carlos era un gran actor, un gran amigo.  He aprendido muchísimo con él, sobre todo de su actitud.  Su actitud en los rodajes, su actitud con los equipos.  Era un caballero en la forma de tratar a la gente, un enamorado del teatro pero, además, un hombre también de muchas facetas.  Fue profesor, director, escritor…  Era un hombre del Renacimiento, un humanista.  No estaba solamente ante un actor sino que era alguien que tenía muchas facetas, era realmente un hombre culto.

Yo creo que Carlos estaba lleno de vida, es un misterio que tuviera que  irse de pronto, es que todavía no lo hemos asumido.  Hace unos días vimos la película en Sevilla, su hija estaba sentada cerca de mí y estuvo llorando hasta el final.  Una chica maravillosa, sensible que se dedica a la producción.  Su mujer, su viuda, no pudo venir.  Me dijo que iría a ver la película cuando pueda, cuando se encuentre un poco mejor.  A mí todavía me cuesta mucho ver “La Novia” y ver a Carlos ahí porque aún no lo asumo.

Se fue lleno de vida, lleno de proyectos, lleno de ganas de hacer cosas.  Es un misterio el por qué la vida nos tronca.  Yo siempre le voy a recordar.  Le recuerdo desde que hizo “Luces de Bohemia” en Sevilla, su Max Estrella…  y hemos coincidido en muchos proyectos juntos.  No le voy a olvidar nunca.

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Y ahora, llegas a Zaragoza con “Medea” donde interpretas el personaje de la nodriza.  Estrenaste la obra en el Teatro Romano de Mérida… pero dices que te sientes igual de feliz allí que en espacios pequeños del off teatral madrileño… como “La casa de la portera” donde hiciste “El huerto de guindos” (adaptación de El jardín de los cerezos de Chejov).

¡Sí¡ Me da el mismo miedo y el mismo deseo. (sonríe)

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Sobre tu personaje de la nodriza en “Medea” decías “mi personaje es como la Madre Tierra, que siempre está allí y cuida incondicionalmente.  El conflicto es que ella ama a Medea y también a los niños.  Lo innovador del personaje es que, cuando presencia la tragedia, ella no juzga, ni castiga, ni culpa a Medea.  Ella sufre”

Y en la vida ¿estás liberada de juzgar, castigar o culpar?

No… no ¡qué va¡ En la vida me tengo que trabajar mucho mi juicio, la rabia que me dan muchas cosas.  Las ganas que me dan de cortar la cabeza a montones de gente… (reímos)

Hoy estoy destrozada con los atentados en París, estoy dolida y muy enfadada por las consecuencias que estos hechos nos van a traer.  Estoy dolida por lo que ha pasado.  Sufro por las personas, pero estoy muy enfadada también por el mundo que le estamos dejando a las personas que vienen detrás, a los niños.

Hay un texto que dice la nodriza y que hoy viene a colación con lo que está pasando en el mundo: “¿Qué culpa tienen los hijos de los desatinos de sus padres?  Terribles son las decisiones de los soberanos acostumbrados a mandar mucho y a obedecer poco.  Yo me acostumbré, ¿qué otra cosa podía hacer?  A vivir como igual de mis iguales, y pienso pasar lo que me quede de vida no entre grandezas sino en lugar sereno y apartado porque también terrible son las decisiones de los amantes”.

Allí podemos decir: también los yihadistas, los terroristas, los exaltados ¿no? Sobre todo los despechados… “¡Qué alivio es sentir agotadas las pasiones¡  La edad que declina también tiene sus encantos o quizá el encanto es no tener ya necesidad de ellas”.  ¡Eso es la nodriza¡  Está comprendiendo lo que le está pasando a Medea, y está viendo desde el principio que la fuerza del mal está naciendo en ella.  Es un mal que viene del dolor, del despecho, del maltrato, de lo que una sociedad patriarcal hace con una mujer.  Ayer vimos cómo fue asesinada otra mujer de cuarenta y cinco años en Andalucía.  Vemos cómo estos padres matan a esta niña en Galicia, que esto es una cosa incomprensiva.  Todos decimos “el mal está fuera de nosotros, nosotros no somos eso” ¡Mentira¡ El mal está dentro de nosotros, y si como civilización, como humanidad no sanamos eso, no empatizamos, no abrimos la puerta a la oscuridad, a comprenderla, a sanarla… pues pasan estas cosas.

José Carlos Plaza me dijo muchas veces: “piensa en una mujer de 200 años, no para que hagas una caracterización, sino piensa en esa mentalidad de la que ya lo ha visto todo”.  Y lo dice ella: “Ver mucho enseña mucho. Yo he sufrido cuando he amado y he visto demasiado”. ¡Ése es el asunto¡  Ella sabe a dónde va Medea, porque conoce que Medea tiene dentro de ella ese fuego de mal, que cuando ha sido amada ese fuego se ha apagado pero cuando es despechada, cuando es traicionada, cuando después de lo que ha hecho: traicionar a su familia, a sus padres, a su pueblo…  Cuando ha matado a su hermano… ¡todo eso por Jasón¡ y él le hace eso, la nodriza ya sabe que Medea es capaz de todo.  ¿Y qué hace?  No quiere que lo haga, quiere llevarla hacia la luz, hacia el bien, quiere protegerla… pero sabe de dónde viene su dolor y entonces no la juzga.

Yo no soy así, yo todavía me enfado.

Consuelo, muchas gracias por este tiempo, por estas palabras… y espero que sea hasta pronto…

¡Claro¡  Seguimos en contacto…

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NOTAS:

Las fotografías insertadas en este artículo de “Criatura” y  “Mara Truth” son propiedad de CRIATURA DEL ARTE.

Las fotografías insertadas en este artículo de “La casa de guindos”, “Medea” y “Bodas de sangre”, son propiedad de sus autores.

Las fotografías insertadas en este artículo de CONSUELO TRUJILLO en San Sebastián y Zaragoza, son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.