CARLOS MARTÍN BAZÁN (Entrevista), por Yolanda Aguas

“Primero fue  nuestro “teatro  revolucionario” con el colectivo AKRATEA  ANEMOSA, eran los años 80  y tenía  los ojos abiertos como platos. Cerré los ojos y me vi haciendo las maletas, marchaba  un año a Italia, allí creamos la compañía CALÍGULA PRODUCCIONES Cuando abrí los ojos habían pasado diez años en aquel país. De vuelta a casa formamos TEATRO DEL TEMPLE. Han pasado veinte años, desde hace dos gestionamos un teatro,  TEATRO DE LAS ESQUINAS   ¿Qué pasará si pestañeo?…”

Estas son las palabras con las que el director escénico, Carlos Martín Bazán, da la bienvenida a su magnífica página web (recomendamos que la visiten).  Aragonés y director de teatro internacional, siempre en la búsqueda de nuevas propuestas teatrales y artísticas.  Me fascinó su montaje del “Ricardo III” con el desaparecido CDA (Centro Dramático Aragonés). 

La entrevista que leerán a continuación se desarrolló en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza,  una hora antes de la representación de su último trabajo en la dirección: “Nathalie X”

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Un director que me apasiona: Krystian Lupa, dijo Desde hace algún tiempo busco textos que traten del grupo, del lenguaje específico que se desarrolla dentro de él. Pienso que el fenómeno del grupo es un enigma interesante para nosotros en estos momentos. Cada grupo es una forma hermética que crea su propia realidad”. 

Esa es su concepción actual del teatro. Carlos ¿cuál es la tuya?

¡Qué interesante¡  Sí, esto yo también lo viví de una manera muy intensa y, además, en tres ocasiones.  En los 80’s con el colectivo Akratea Anemosa, después en Italia cuando marché allí con la Escuela Paolo Grassi, que fue como un gran taller de trabajo continuo y con la compañía Calígula Producciones que fundé allí y por último con El Temple.

Han sido como tres períodos  donde esto es completamente verdad.  El trabajo con el colectivo, cuando ya conoces las ideas de todos, me gusta mucho cómo se desarrolla todo.  Esto sigue siendo así, pero ahora me siento un poco más lobo solitario, no sé por qué…   Las circunstancias te van llevando hacia aquí o hacía allá y a ver  hacia dónde me lleva esta nueva etapa.  Están los tiempos complicados para consolidar las cosas, pero siempre somos muy de inventar colectivos.  Espero que alguna otra realidad nos está esperando.

Una de las principales tareas de un director de teatro es estudiar muy bien las obras.  Analizarlas profundamente, descubrir cada capa del texto para luego poder filtrar o no todo aquello que ha descubierto de la intención primaria del autor.  ¿Es ésa la parte más compleja para ti o la más bonita de hacer o no?

La verdad es que empatizo rápido con los autores.  Creo que es algo a lo que siempre me he acostumbrado y me gusta mucho ir a la esencia, al corazón de lo que han escrito.  Quiero saber por qué lo ha escrito y entiendo un poco hacía donde lleva su idea original.  Además, me gusta mucho rodearme de dramaturgos e incluso trabajar con los propios autores con los cuales, en general, no he tenido nunca problemas si están en todo el proceso de trabajo.  Es verdad que el director puede irse por caminos que lo alejan del texto.  Otra cosa es que tú quieras alejarte de esa concepción porque quieres utilizar eso como pretexto para hacer otra cosa.  Yo empatizo rápido y en cuanto hago las lecturas me suele venir pronto el imaginario de la escena.

Hay actores que van a los ensayos con sus ideas, con su mundo interior y exterior trabajado. ¿Agradeces trabajar con actores así o prefieres partir de cero con todo lo que ello conlleva?

Yo creo que las dos fórmulas están bien.  Curiosamente, tal vez es mejor que no lo traigan muy preparado.  Por ejemplo, en estos últimos procesos que hemos ido haciendo, a mí me gusta mucho cómo todos hemos ido descubriendo el texto al mismo tiempo.  El trabajo ya sabes dónde acaba porque ya lo has leído y lo sabes, pero dejar que ocurran cosas es muy interesante.

Es muy creativo también dejar que se suelten con el texto, que inventen cosas y ver cuando hay problemas en según qué zonas recurrir también al posible trabajo de improvisación, de creación, de trabajo sobre la memoria, etc, etc, que luego a los actores y actrices les ayuda mucho tener ahí un banco de emociones que ya han trabajado.

En 2012, llega la obra Transición, un texto de Alfonso Plou y Julio Salvatierra que se desarrolla entre platós de televisión y un geriátrico. Como dijo el maestro Javier Villán de vuestro trabajo: “Expertos en la superposición de tiempos, en el manejo de espacios y en el juego entre realidad y ficción”

Por este trabajo, estáis propuestos nada más y nada menos que para el Valle Inclán de Teatro en el año 2014. En esa octava edición el resto de los doce finalistas fueron el director Ernesto Caballero por ‘Montenegro’; el actor Sergi López por ’30/40 Livingstone’; la actriz Celia Freijeiro por ‘Los Cenci’; la actriz Terele Pávez por ‘El cojo de Inishmaan’; la directora Magüi Mira por ‘Kathie y el hipopótamo’; el actor-cantante Asier Etxeandia por ‘El intérprete’ y la actriz María Hervás por ‘Confesiones a Alá’.

Finalmente fue Carlos Hipólito, por El Crédito, quien se llevó el galardón.  ¿Qué supuso ese reconocimiento para ti? Y como curiosidad ¿sabes quién te propuso al premio?

No, no lo sé…, supongo que pudo ser Luis María Ansón porque nosotros fuimos seleccionados como mejor espectáculo teatral por El Mundo, por eso intuyo que pudo ser él, pero no lo sé seguro porque no lo pregunté… (sonríe).

La experiencia de vivir esa cena de Gala fue divertida.  He tenido la oportunidad de asistir en dos ocasiones y es como una especie de cena romana…

Donde poco a poco os van eliminando hasta que sólo queda uno… (reímos)

Y sabes que serás eliminado pronto porque es muy difícil ganarlo, con lo cual vas a disfrutar de esa noche y a celebrar y agradecer estar allí porque es muy importante ese reconocimiento a tu trabajo.

Es cierto lo que dice Villán en su crítica sobre la superposición de tiempos y el manejo de espacios o el juego entre realidad y ficción.  Estamos muy entrenados en esto… yo recuerdo espectáculos como “Buñuel, Lorca y Dalí” o “Picasso adora la Mar” y otros varios que sí, es cierto que hay mucha superposición de planos, incluso muchos saltos de eje y de tiempo, y de mezcla de lo real y lo surreal.  Lo hemos trabajado mucho, por lo tanto es un terreno de trabajo en el que yo estoy muy cómodo, en ese tipo de caos ordenado.

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Has dirigido a grandes actores: Ana María Vidal, Enriqueta Carballeira, José Luis Pellicena, Sancho Gracia, Arturo López, nuestra gran Luisa Gavasa…

¿Te has encontrado con actores que van de estrellas? Ese tipo de personas que pueden estropear funciones con su comportamiento… ¿Trabajas esas situaciones con paciencia o tratando de imponer el sentido común?

En general me adapto mucho a las cosas, pero si hace falta tengo también carácter y suelo llevar el trabajo muy preparado.  Es difícil que surja conflicto.  Cuando pasan esas cosas es porque el actor tiene miedo y entonces tienes que comprenderlo.  Aparte de que puedan tener problemas personales o lo que sea…  El actor, a veces, tiene miedo por mil cosas.  Hay que cuidar mucho esos momentos porque sabes que tarde o temprano va a ocurrir que haya algún conflicto con otro compañero.  Tienes que ir cubriendo la zona para que el impacto sea lo menor posible, pero generalmente es por miedo.

¡Qué interesante¡

Sí, esa suele ser la razón.

¿Necesitas admirar a tus actores o ese verbo no tiene que ver contigo porque te guías más por tu profesionalidad?

Soy de quererlos, y cada vez más.  Nuestra relación es tanto de trabajar, de hacer entre todos las cosas y tener oficio… Es más de esto, es de compartir y de ver que hay ideas parecidas y que se puede trabajar armónicamente para crear cosas.  Soy más de esto, más de colaborar que de admirar.

¿No te has cruzado con alguien que te produjera mucho respeto?

No… he trabajado con actores muy buenos, a todos los he querido mucho y podría haber ocurrido, pero no…  Siempre he sido de querer aprender yo mismo, han sido referencias para mí que he tenido la suerte de tener a mi lado.

¿Haces el teatro que siempre quisiste hacer?

Hay varias fases en esto y el otro día reflexionaba al respecto porque los creativos tendemos a hacernos nuestros propios discursos.  Yo lo hago para aplacar los demonios y estar tranquilo dentro de lo posible.  Creo que hay tres fases, y lo pensaba el otro día…

La primera es la de tener una serie de sueños muy personales y muy de creación y entonces los pones en práctica y, en su caos, salen como verdaderas rupturas y maravillas y cosas particulares muy emocionantes.

La segunda fase es la de los sueños más elaborados, fruto de tu trabajo, de las lecturas y tienes como esas cuatro o cinco cosas que te gustan mucho, y si tienes suerte (a mí me ha ocurrido) las pones en escena, incluso muchas de ellas repetidas… (sonríe)

Luego te preguntaré por una de ellas…

Y una tercera fase, y por eso te digo que me has pillado ahora en un momento de transición, donde eres una esponja y forma parte de muchas cosas.  Pueden surgir cosas que son como un encargo pero que tú haces tuyo.  Estoy ahora en esa fase.  No es que tenga una necesidad especial de hacer algunas cosas y hay otras que directamente las aplacas porque sabes que son muy complejas a nivel de mercado. Tal y como están los tiempos es mejor no frustrarte haciendo cosas que luego cuesta mucho sacar adelante, aunque creo aparecerán en cualquier momento.

¿Cuál es el autor o autores de teatro que te llegan más y por qué?

En lugar de empezar por el super obvio… te digo que Camus.  Siempre me tocó mucho Camus, ha estado muy presente.  De Shakespeare, las tragedias… ya sabes cuáles son mis preferidas.  Y luego los contemporáneos.  Alfonso Plou siempre ha estado ahí conmigo.  Hemos hecho tantas creaciones juntos que forma parte de mi imaginario.

¿Qué tiene el “Ricardo III” de Shakespeare para que vuelvas a él?

En paralelo me pasa con dos: “Ricardo III” y “Macbeth”.  Esta especie del ser humano ante el abismo, ya en su soledad onírica, o casi onírica, y desesperada después de haber batallado contra todo y donde ya empiezan a aparecer casi los fantasmas de los onírico… esa especie de aventura humana tan llevada al límite me estimula mucho.  Me parece muy pasional, muy emotiva… me gusta este delirio (sonríe).  Es eso y toda la corte de fantasmas que lo rodean.  Supongo que es esto…

Una vez me lo preguntó Sanchís Sinisterra, “pero ¿por qué quieres hacer esta obra de ingleses que discuten?”, me dijo algo así… y le respondí “a mí me gusta mucho el ser humano ante el abismo, emocionalmente me toca”.

Te tocó vivir también la etapa del CDA (Centro Dramático de Aragón), un proyecto que cuando se creó, en 2002, despertó mucha ilusión pero que lamentablemente fracasó. Tú diriges el primer espectáculo producido por el CDA: “Ricardo III”.  ¿Cómo viviste esa etapa?

Fue todo muy curioso porque, por lo que sea,  así son los nacimientos de estas cosas en esta tierra nuestra.  La cuestión fue que me llamó Francisco Ortega y me dijo “venga, que vas a abrir tú y vas a dirigir el primer espectáculo”.  Yo encantado y además enseguida surgió la idea de montar “Ricardo III”, que fue un trabajo muy apasionante.  Trabajamos con un reparto increíble, encabezado por José Luis Esteban.

Ahí yo creo que al final se precipitaron las cosas.  Desde el principio yo le dije a Paco que si hacíamos ese esfuerzo de producción, que por favor se ocupara mucho de la distribución.  Es un poco lo que ocurrió.  Cuando el trabajo empezaba a tener posibilidades de venderse, recuerdo que fuimos al Festival Shakespeare de Santa Susana en esas primeras ediciones, empezaron a entrar otros trabajos y la distribución del Ricardo III se abandonó.  Me pareció un poco absurdo después de todo ese trabajo y de toda esa inversión porque escenográficamente era importante, y eso te da lástima.  También porque todos los actores tenían mucha ilusión en seguir adelante con la obra.  No fue una gran decepción, fue simplemente constatar que quizá el equipo o no tenía una gran preparación o no había presupuesto para que el CDA se asentara.

Luego se hicieron dos producciones más: “La vida es sueño” y “Vivir cuerdo y morir loco”…

Para gestionar las cosas hay que estar muy en el mercado.  Es algo que en realidad ocurre bastante con todas las instituciones.  Fue una pena.

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¿José Luis Esteban es el actor con el que mejor te entiendes en el trabajo?

Sí, es uno de los más cercanos.  Nos conocemos ya mucho, es un actor muy seguro y tiene los procesos muy claros.  Fue muy hermoso también cómo entramos a trabajar.  Para el “Ricardo III” yo le hice muchas pruebas, lo sometí a muchas torturas (sonríe) para desbloquear también algunos tics que entonces él tenía y fue como conducir.  Fue, además, un gran riesgo porque era un papel muy importante.  Yo confiaba en él pero sabía que iba a ser un proceso difícil.  José Luis enseguida se soltó en los ensayos y la verdad es que es muy fácil trabajar con él.

Me parece un actor maravilloso…

Sí, lo es.

¿Y el trabajo con Luisa Gavasa? Está ahora a punto de ganar el Goya (y otros premios más) por su gran trabajo en “La Novia” de Paula Ortiz…

La verdad es que tuvimos un reparto magnífico… Con Luisa el trabajo fue muy bien.  Entonces había hecho menos teatro, pero ella tiene ese porte y esa voz… ¿no?  (sonríe).

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Luego llegó el montaje que hiciste en el Teatro Español: Juan Diego, Terele Pávez, ese ángel llamado Asunción Balaguer, Ana Torrent…  ¿Facilita tu labor trabajar con actores de esta talla?

Fue casi de rebote…  Yo tenía otro espectáculo en el cajón y le dije a Juan Diego “léetelo… ¿Quieres hacerlo?”.  Él estaba muy ocupado con el cine y otras cosas de teatro, pero se leyó la obra y le encantó.  Él estaba haciendo “La lengua madre” y me dijo “espera, que se lo voy a comentar a Natalio”.  Natalio nos dijo “esto está muy bien, es bonito pero quiero hacer una cosa grande”.  Yo dije entonces “vamos a hacer el Ricardo III, yo a ti te veo de Ricardo III”.  A Juan le sorprendió porque pensaba que ya era mayor para hacerlo.  Le hice ver que eso era igual, y así fue como lo hicimos.

El “Ricardo III” en el Teatro Español significó también trabajar con uno de los hombres más sabios de este país: Carlos Álvarez-Novoa.  ¿Puedes hablarnos de tu experiencia de trabajar a su lado?

Carlos era otro ángel.  De hecho, junto al ángel Asunción Balaguer, ellos dos estaban siempre juntos trabajando, ayudándose, era fabuloso.  Tenía ganas de trabajar con él y sabía que con Carlos iba a ser así.  Él daba esa cobertura emocional a todos sus trabajos y él me ayudó mucho porque estaba muy encima de todos nosotros.  Si veía que alguna cosa costaba más ¡subía él a escena y empujaba¡

Haber podido estar con él es una de esas cosas que agradeces y lo tengo muy dentro.  Siempre que veo las fotos lo tengo muy aquí… como muchísima gente.

Ha dejado una gran huella…

Sí, era un señor estupendo.

Tras Akratea Anemosa (tu primera compañía en 1984), fundas en 1992 CALÍGULA Producciones y montas en Sevilla “Calígula” de Camus…, con el que obtuviste el Premio Joven Valor Universal en la Expo de Sevilla.  ¿Dónde nace tu interés por este texto?

De nuevo es el ser humano ante el abismo.  Ese texto para mí fue un flechazo desde jovencito.  En Italia estuve trabajando con actores que luego han sido muy conocidos, en este caso Giuseppe Battiston y Antonio Albanese.  Son actores que hacen mucho cine y son muy conocidos allí.  Hicimos una colonia italiana y luego española, una especie de hermandad porque de aquí vinieron Clara Sanchís, Balbino Lacosta y Gabriel Moreno.  Los metí a todos en el Palazzo delle Stelline en Milán, que era entonces la sede y nos la dejaron todo el verano, con lo cual estuvimos allí encerrados dos meses y medio.

Fue una obra que la llevamos de gira como dos años y guardo un recuerdo estupendo y muy buena sensación.  Es una obra a la que quiero volver. 

Has colaboradoro también con dos de nuestros artistas más importantes: Carmen París (“Carmen La Nuit”, “Savia Nueva”) y Miguel Ángel Berna (“Tierra de Dragón”, “Savia Nueva”).  ¿Es más fácil trabajar con gente de la tierra?

Yo creo que sí hacemos piña, quizá porque nos conocemos. El clima que notas, en general, con los creativos y con la gente que trabajas de aquí: actores, intérpretes, etc, es que estamos tan vapuleados, tan castigados que hay una cierta dureza, hay una cierta osquedad… amable y muy creativa.  Es verdad que la vena ésta la tenemos, esa cosa surreal… Enseguida te pillan muy rápido por dónde quieres ir.  Estamos con mucha dureza, tienes que ir como abriendo capas porque el desengaño, claro… ha sido siempre tan duro.

La diferencia con trabajos que he realizado en Madrid es que hay una cierta distancia que es muy respetuosa, y a veces viene muy bien para el trabajo.  Aquí está más empastado y entonces tiene sus cosas positivas y sus cosas menos positivas, pero supongo que es lo mínimo.

¿Ha cambiado en algo tu relación con el teatro desde tus comienzos hasta ahora? ¿Sigues tiendo la misma ilusión que cuando empezabas a formarte?

(Sonríe)  Ahora me ha tocado ser muy empresario y estoy muy encima de los procesos. Son realmente duros, desgastan mucho.  Luego tienes que hacer una autocensura, lo hablábamos antes, sabes que ya no puedes hacer algunas cosas porque si las emprendes va a ser mucho esfuerzo, mucho trabajo y a lo peor tiene poco rendimiento.  Hay que ir calculando los impactos emocionales y de resistencia en el trabajo, sea como empresa, sea como creativo, etc.

Soy muy de abrir vías y estoy un poco en ese proceso otra vez.  A ver por dónde dirijo la energía creativa y también empresarial.

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Has representado a grandes autores: Camus, Lorca, Shakespeare, Ionesco, Zorrilla, Sanchís Sinisterra, Cervantes, Valle Inclán, Calderón de la Barca, Beckett… ¿Qué obra soñada te gustaría dirigir y hasta ahora – por los motivos que sean – no has podido lograrlo?

Tengo en el disparadero “Esperando a Godot”…

¡Oh¡  Es una de mis obras preferidas…

Y hasta tendría ya las cosas muy claras para hacerla (sonríe).

Ya tienes en tu mente los actores que quieres ¿no?

Sí…  Si se hace aquí sí, y si se hiciera en coproducción cambiaría quizá algo, pero sí…  Creo además que siempre es una obra muy necesaria.  La iba a hacer pero desde Producción me dicen “Carlos, cálmate” (vuelve a reir).  Ya hicimos “Final de partida” con José Luis…

“Final de partida”, otro de mis textos preferidos…

¿A que sí?  El mío también.  “Final de partida” me parece hermosísimo, es gigante esa obra.  Además es que la disfruté muchísimo, la hicimos con José Luis Esteban y con Ricardo Joven, otro de nuestros templarios insignes.  La quisimos hacer muy sencilla, muy sobria, muy limpia.  Se puede hacer de mil maneras, que es lo que tienen los grandes autores.  Beckett tiene muchas posibilidades, es muy necesario siempre, pero al público le cuesta…

Me viene a la memoria el “Esperando a Godot” de Lluis Pasqual con Anna Lizarán, Eduard Fernández y Francesc Orella…  Aquello fue importante y el público acudió.

Sí, pero Cataluña ha desarrollado mucho ese trabajo de la intelectualidad y el público se ha acostumbrado y va.  En otros mercados es un poco más complejo.

¿Crees que el teatro puede ser como la vida, tan caprichosa que nos presenta a personas cuando aparentemente ya es demasiado tarde?

Hay algo de eso, sí…  Es una pena, está lleno de destiempos.  Yo, por ejemplo, en esto que te decía antes que he sido siempre muy autodidacta y siempre metido en los laboratorios y talleres, en mis ensayos y en mis sótanos… sea en Akratea, en la etapa italiana o en esta actual, he descubierto que hay muchas personas con las que si hubiera podido trabajar antes hubiéramos podido hacer cosas muy hermosas.

Así va la vida y a veces digo “mira esta actriz o este actor, si pudiéramos trabajar ahora en este personaje o en este otro sería chipén”, pero veo que se me escapan.  Sí, está lleno de esto, de destiempos y es una lástima.

Hay directores que piensan que no existe el teatro clásico, que existe la literatura dramática, pero que el teatro no puede ser clásico porque el teatro es un hecho vivo de hoy. Hay que estar con los ojos bien abiertos porque se aprende de todo…

¿Eres un director clásico en lo esencial? y/o ¿Estás abierto a la modernidad en los montajes?

También esto pasa mucho con el teatro, que hay directores que van a su tiempo y otros que vamos a destiempo.  Yo creo que he ido siempre a destiempo.  Yo hacía cosas muy modernas, incluso embadurnarnos con pintura, antes de La Fura, y trabajábamos con micrófonos y con proyecciones cuando todo el mundo decía “¡no se puede usar proyecciones¡”.  Y ahora estoy en una fase muy sobria, muy clásica y me lo están diciendo.  Voy a destiempo (ríe) pero me gustan las dos cosas si está bien utilizado, si es pertinente.

Siempre son lenguajes muy interesantes, pero debo decir que también lo clásico, lo super clásico, puede ser muy innovador.  En según qué momento un personaje ahí, bien plantado, diciendo el texto y no necesitas nada más.  Lo que pasa es que en estos tiempos, un poco,  está ahora otra vez esta tendencia de lo barroco, lo adornado…, que no está mal pero a veces lo clásico es muy vanguardista.

Carlos, ¿en qué te han cambiado tus experiencias y tus circunstancias en la vida? Ayer me hablabas de la madurez… que sentías que la madurez te aportaba cosas positivas.

Cada uno tiene su proceso de madurez.  Nosotros, los Martín, somos lentos, muy “peterpanianos”…  Lo digo porque todos mis hermanos lo son.  Yo sabía que iba a ser un director viejo.  Una vez que pasas estas fases de las que antes hablábamos, las primeras… que las recuerdo como una especie de volcán en erupción donde sacas el material, vas casi loco, no cuidas mucho las relaciones de las cosas y salen, claro…, hermosuras de esa especie de magma intuitivo y potente.  Luego va llegando esta otra visión y es otra manera de trabajar muy interesante.  Aprecias también más lo que haces, cómo lo haces y cuidas más los equilibrios, que son muy importantes.  Creo que, en general, los artistas – sobre todo en el teatro – es una cuestión que cuanto más tiempo pase mejor.

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¿Cuál crees que ha sido tu mayor acierto en tu carrera profesional?

Hay como ítems ¿no?  Creo que “Buñuel, Lorca y Dalì” redondeaba mucho un proceso de trabajo.  En mi colaboración con Alfonso Plou, en este cruce de lenguajes del que antes hablábamos, en la temática que era muy hermosa, esta relación entre los tres… humorística a veces y tan desgarradora otras.

La muerte de Federico encima de la barca de Dalí y todo el imaginario.  Buñuel subido después de tres filas de mesas, encima de todo,  con Franco al lado pescando y Silvia Pinal por ahí con el traje de boda…  Buñuel y Dalí tomando el cóctel después del enfrentamiento de Nueva York… Era una pieza que es otra de las cosas que habría que reponer.  Era tan recurrente y tan hermosa y nos salió tan rápida y encajaba tanto Santiago Meléndez como Buñuel, Balbino Lacosta como Dalí y Francisco Fraguas como Lorca… Era un poco la culminación de todo el colectivo de aquí y de todas las ideas que yo traía de fuera.  Uno de esos momentos en lo que todo cristaliza, como también lo fue “Calígula”, “Macbeth y Lady Macbeth” o “Ricardo III”…  Pero si tuviera que elegir sólo un momento, es posible que “Buñuel, Lorca y Dalí” resumiera mucho todo este proceso de trabajo.

¿Quién ha sido la semilla germinal de tu carrera profesional? ¿A quién consideras tu verdadero maestro?

Lo que me pasó, curiosamente, es que no tuve maestro.  No encontré el maestro y lo echaba mucho de menos.  Al ver a Carlos Álvarez-Novoa dije “este me hubiera gustado que hubiera sido mi maestro”.  Me hubiera gustado conocer a Carlos cuando yo era jovencito.  Vas aprendiendo de muchas personas, pero yo he sido muy autodidacta y los trabajos me han surgido siempre desde ese imaginario que yo tenía.  Pero no he tenido la figura del maestro.

En tus dos facetas artísticas ¿el actor reclama más espacio al director?

Ahora ya la apisonadora de la dirección y de la empresa ha aplastado al actor (sonríe) y es una lástima porque recuerdo trabajos…  El otro día vino un compañero y se acordaba de alguno de mis trabajos.  Pero ya no puedo actuar, es imposible, hay que estar muy entrenado para estar en escena y estar haciéndolo todos los días, sino… peligro.

¿Estar más lejos como actor influye para que puedas admirarles o respetarles más a ellos? Consciente o inconscientemente… ¿te pones en su piel cuando les diriges?

¡Sin duda¡  Antes hablábamos del miedo, hay que entender que el actor es una sustancia muy delicada que hay que cuidar mucho.  Es un proceso en el que estás con tu cuerpo y con tu mente.  Hay que cuidarlos porque además es la mejor manera para sacar lo mejor de ellos.  El forzar las cosas ya no tiene ningún sentido, ni volverte loco porque eso forma parte también de la inseguridad de quien lo hace.

Una vez escuché decir a un director de teatro muy importante que “El teatro es una ciencia, porque hay que saber mezclar varios colores para conseguir otros”…  ¿Estás de acuerdo?

El Teatro es la ciencia del arte escénico más complejo que existe, con diferencia.  Ya no sólo diría que es difícil sino que yo creo que es imposible.  Es imposible porque tienen que converger tantos factores para que eso sea excelente que yo con un bien me conformo porque ya es muchísimo.  Yo he trabajado espectáculos de música, danza, audiovisuales… todos son muy complejos, todos tienen una fase muy técnica.  El teatro, para acertar digo… para que sea la bomba, es muy difícil.

Es cierto que hay que conocer muchas facetas, muchas técnicas, la luz, el trabajo del actor, etc, pero eso no quiere decir que aciertes, quiere decir que te puedes aproximar mucho.  En todo proceso de trabajo, es verdad que inventas cosas, que dejas una herencia en este gran río de la Cultura, aportas tu cubo de agua.  El Teatro es un arte muy complejo, casi imposible, por eso es un pequeño milagro cada vez que se “sube el telón”. Esto es algo que mucha gente no sabe y es una lástima porque es muy de agradecer esos esfuerzos.

Con tu gran experiencia y los años ya vividos, ¿cuál es el mejor momento que te ha dado tu profesión?  ¿Cuál ha sido la mayor satisfacción?

Debo decir que ha sido un proceso muy duro.  Siempre muy duro, muy dificultoso en todos los sentidos.  Hay otras personas que a lo mejor tienen más fortuna, pero yo todo lo que he hecho lo he trabajado con triple intensidad.  Ha sido muy complejo por muchas circunstancias.  Esta tierra nuestra ha sido muy difícil y ha habido que trabajar muchísimo.  Ahora somos más productora, pero el tiempo como compañía independiente ha sido difícil: llegar a los mercados, a Madrid… cuesta y se sufren mucho las cosas.  Estar aquí donde estamos ahora, en el Teatro de las Esquinas, ha sido una gran obra maestra.  Era algo que lo tenía en mis sueños.

Antes de que ocurriera esto, estaba buscando espacios por los garajes para abrir un teatro y creo que es como el cúmulo de esfuerzos que siento ahora que está llegando después de tantos años de sembrar, de treinta y tantos años…  Yo creo que es ahora cuando entiendo, claro… con todo el desgaste que llevamos, porque se nos ha caído medio riñón, tres cuartos de estómago, varias costillas… o sea hemos dejado el cuerpo realmente en la carretera y en los escenarios, y también parte de la mente.  Es ahora cuando veo que hemos hecho muchas cosas y esa pertenencia al teatro es lo que creo que vale la pena, estar ahí.

Eres Director Artístico y Fundador del Teatro del Temple, así como Director Artístico y Gestor del Teatro de las Esquinas de Zaragoza.  ¿Qué exigencias son las más difíciles de llevar: las artísticas o rentabilizar al máximo la gestión de un teatro como Las Esquinas que cada vez más se está convirtiendo en punto de encuentro en nuestra ciudad y en referencia a nivel nacional?

Sí, es así, gracias…   Vamos siendo referencia.  La gestión es muy compleja siempre, pero también en la compañía de El Temple, resistir 21 años de trabajo no es fácil.  Nosotros nos hemos hecho muy expertos en la gestión y muy expertos en la gestión de equipos, que es fundamental.  Ya sea desde El Temple, ya sea desde Las Esquinas.  Colocar a las personas en los lugares adecuados y que además ellos vayan siendo los responsables de cada área, el supervisar todo desde arriba y ver que las cosas funcionan.

Ver que el espacio es sostenible porque lo tienes que gestionar tú para que esto siga adelante y saber que puedes pagar los créditos, es todo de una gran complejidad.  Todo este tipo de esfuerzos en coproducción con la Compañía, en cogestión de las cosas, es lo que hace posible que desarrolles todos estos proyectos gracias a gestionar bien los equipos y las personas.

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A lo largo de tu trayectoria profesional has ido formando equipos de trabajo.  En la actualidad tienes dos colaboradores principales: María López Insausti (Producción Teatro del Temple y Coordinadora del Teatro de las Esquinas) y Alfonso Plou (Dramaturgia y Dirección Técnica Teatro del Temple).  Háblanos un poco de este equipo, ¿qué aportan a tu labor? ¿Qué sientes que les debes en el éxito que has logrado?

Ramón Barea me decía hace poco, y me hacía gracia, que “nosotros siempre hablamos en plural”.  A mí también me pasa, me cuesta mucho ir a una rueda de prensa y no decir “nosotros”.  Yo me he hecho tanto a ellos que somos “la Trinidad”.

Con Alfonso ha sido una relación muy larga, de muchos años porque pertenece a los “tres mansos” porque éramos los “tres Tauros” junto a Pepe Tricas en la primera fase.  Esa era la fase mansa, la fase “toribia” de los hombres, dándonos cabezazos y abriendo mercados.  Yo venía con muchas ganas de Italia y tenía clarísimo que había que abrir el equipo y que hacer mercado grande.  Les dije “conquistaremos Berlín y después Nueva York”  (sonríe).  Dije “conquistaremos Aragón, luego España y después lo  internacional”.  Ellos me miraban así… un poco incrédulos, pero ése era mi objetivo.  Fuimos creciendo con nuestro trabajo. María llegó en el momento adecuado. Pepe ya cogía otra dirección y entonces vino la mujer escorpio y lo iluminó todo.  Ella aportó ideas nuevas, quiso arriesgar contando con más personas en el equipo, más procesos y más posibilidades.  A partir de eso hicimos este asentamiento de la compañía y esta apertura al mercado y ahora estamos mucho en la gestión.  Yo estoy ahora muy metido en la producción y en la búsqueda de abrir nuevos caminos y tengo muy bien distribuidas las tareas entre nosotros tres más el equipo de producción de El Temple y el resto.

Es una gran andadura que quedará allí todo el esfuerzo y todo lo trabajado. Creo que se recordará después esta especie de unión con Alfonso que, a pesar de que éramos tan diferentes, seguimos juntos.

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Tu último trabajo en la dirección es “Nathalie X”, el texto de Philippe Blasband que Dania Dévora ha traído a España comprando los derechos.  ¿Qué esperas de esta nueva función?

Ha sido un proceso muy hermoso y en este sentido está muy bien que ocurra porque es muy balsámico encontrar a estas personas.  Ayer decía en la rueda de prensa que he realizado otras producciones con muchos actores y que me han costado menos trabajo que ésta.  “Nathalie X” son dos actrices y la compositora e intérprete de violonchelo. ¿Cómo estará el mundo de la producción y todo lo que tienes que hacer?    Es algo tremendo lo que hay que hacer para sostener los trabajos.

Creo que “Nathalie X” es una perla especial que hay que cuidar.  Hay que lograr que el público que venga a ver la obra salga feliz y emocionado por lo que ha visto.  En Madrid ya conocen la obra y nos van llegando propuestas y estamos intentado que la obra encuentre su sitio en el mercado.  Creo que forma parte de lo que hablábamos antes y es que es una pequeña llave que va a abrir una pequeña puerta que dará con otras.  Si hubiera que contarlo por fases, ésta sería la cuarta.  Fruto de esos años de preparación están “Transición”, “Las guerras correctas” y este Teatro de las Esquinas.  Es otra forma de entender el trabajo.  “Nathalie X” me ha permitido el encuentro con personas especiales como Dania Dévora, o con Enrique Fayos, con quien ya tenía una relación.  Es una forma de coproducir que creo es el futuro.

Krystian Lupa dice: “Creo profundamente en la fuerza transformadora de la cultura”. ¿Haces tuyas sus palabras?

Sí… muy bien de nuevo (sonríe).  Estoy totalmente de acuerdo.  Cuando se dice que si el Arte y la Cultura cambia o no cambia el mundo, yo creo que sí, por supuesto, claro que sí…  Cada día, en cada persona, en cada público, en cómo observamos la existencia y en cómo reflexionamos con ella.  Estoy totalmente de acuerdo, es que es una manera de vivir y sería muy importante que la corriente humanística pudiera llegar a toda la sociedad porque daría mucho consuelo.  Yo creo que es muy importante contar con la inteligencia del público, pero tiene que haber una política cultural que entienda esto, que proteja a los creativos y a la sociedad le llegarían todas estas influencias.

Carlos, muchas gracias por este encuentro.  Hemos tardado en conversar, pero espero que sigamos haciéndolo…

¡Me encantará¡  Muchas gracias Yolanda…

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NOTAS:

Las fotografías oficiales de las obras de teatro dirigidas por CARLOS MARTÍN, son de su propiedad y del Teatro del Temple.

Las fotografías oficiales de “Ricardo III” con Juan Diego, son autoría de SERGIO PARRA y propiedad del Teatro Español.

Las fotografías de CARLOS MARTÍN posteriores a la entrevista, son autoría y propiedad de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

 

 

 

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