CÉSAR Y CLEOPATRA (Aut. Emilio Hernández), por Yolanda Aguas

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Al final de este artículo, podrán leer la “historia oficial” de Cleopatra. Emilio Hernández y Magüi Mira, han revisado esta fascinante historia universal y nos la presentan en el año 2015.  Es el reencuentro de Julio César y Cleopatra de un tiempo histórico, con los personajes inmortales que son hoy, dos mil años después, vuelven la vista atrás y se asombran indignados de la imagen que los historiadores (hombres) han dejado para la posteridad.

Emilio Hernández, el autor, presenta a los amantes y gobernantes, César Cleopatra, que se reencuentran este mismo año (2015) evocando su juventud desde la eternidad. Miran hacia atrás, recuerdan experiencias vividas tras casi 2000 años de su historia.  Analiza muchas facetas de su relación, el texto unas veces viaja al pasado y otras se detiene en el presente, con momentos divertidos cuando hace referencia a los avances tecnológicos de la actualidad.  Impagables diálogos cuando Cleopatra (encantadora Ángela Molina) habla de su tableta y se hace un selfie con Julio César (brillante, como siempre, Emilio Gutiérrez Caba). Sus diálogos “tienen mucho que ver con lo que está pasando ahora, para ellos resulta monstruoso el mundo con el que se encuentran dos mil años después y no dejan de sorprenderse”.

La obra es una propuesta muy interesante de reflexión sobre la erótica del poder o el poder de la erótica. El planteamiento escénico, con la duplicación de la pareja en etapas de madurez y de juventud da un ritmo muy adecuado a la función.

Magüi Mira, siempre interesante en su faceta como directora escénica, combina compleja y originalmente esas relaciones dominadas por la pasión. Resalta virtudes y defectos, aciertos y grandes errores, que confirman una sorprendente paradoja y reflexión en el plano intelectual.

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Me interesa especialmente cuando Cleopatra (Ángela Molina) le explica a Cleopatra joven (Lucía Jiménez) que nunca habría podido vestir así ni gobernar Egipto en el tiempo actual.  Ya lo dijo Magüi Mira cuando presentaron la obra en Mérida: “Cleopatra fue una mujer culta, instruida en las artes y las ciencias, que hablaba 9 idiomas a los 20 años, preparadísima para gobernar, y fíjate dónde está hoy Egipto. Ahora las mujeres libramos una intifada silenciosa hasta recuperar poco a poco nuestro lugar en el mundo, pero Cleopatra demuestra que en un pasado lejano, en algunos lugares como el Egipto antiguo, la situación de la mujer fue infinitamente mejor de cómo fue en los siglos posteriores”.

Sin tomar referencias de la obra de George Bernard Shaw, “César y Cleopatra”, que se estrenó en 1899, sí han tenido cierta influencia de la ópera “Julio César en Egipto” de Häendel.

Los intérpretes: Angela Molina (Cleopatra ), Emilio Gutiérrez Caba (César ), Lucía Jiménez (Cleopatra joven ) y Marcial Alvarez (César joven ) tienen sus momentos, no siempre de igual intensidad dramática.

Lucía Jiménez destaca en sus coreografías, ciertamente logradas (no son fáciles), y ofrece algunos instantes muy compenetrados con su compañero Marcial Álvarez.  El César joven no terminó de atraparme, quizá porque lo encontré excesivamente forzado en su interpretación (como en la escena de su muerte).

Mención aparte merecen los dos actores más veteranos: Ángela Molina se muestra deliciosa en toda su actuación, dotando a su Cleopatra de la eterna seducción de la mujer.  Emilio Gutiérrez Caba, ¿qué podemos decir de este magistral actor?, potente en sus diálogos y muy seguro, dando otra clase de magisterio escénico.

Agradable velada de teatro, en la que por un momento creímos estar a orillas del río Nilo.

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NOTAS:

Las fotografías oficiales de la obra CÉSAR Y CLEOPATRA son autoría del maestro DAVID RUANO.

Las fotografías que figuran al final del artículo, son autoría y propiedad de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

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HISTORIA OFICIAL:

(Cleopatra VII; Alejandría, 69 – 30 a. C.) Última reina de Egipto, perteneciente a la dinastía de los Lágidas o Ptolomeos. Hija de Ptolomeo XII, fue casada con su propio hermano Ptolomeo XIII, con quien heredó el trono en el año 51 a. C. Pronto estallaron los conflictos entre los dos hermanos y esposos, que llevaron al destronamiento de Cleopatra. Sin embargo, su suerte cambió al llegar hasta Egipto las luchas civiles de Roma: persiguiendo a su enemigo Pompeyo, Julio César fue a Egipto y tomó partido por Cleopatra en el conflicto con su hermano. Durante la llamada «Guerra Alejandrina» (48-47 a. C.) murieron tanto Pompeyo como Ptolomeo XIII y tuvo lugar el incendio de la legendaria Biblioteca de Alejandría, que se perdió para siempre.

Cleopatra fue repuesta en el trono por Julio César, que se había convertido en su amante (46 a. C.); y contrajo matrimonio de nuevo con su otro hermano, Ptolomeo XIV, a quien manejó a su antojo. Cleopatra trató de utilizar su influencia sobre César para restablecer la hegemonía de Egipto en el Mediterráneo oriental como aliada de Roma; el nacimiento de un hijo de ambos (Ptolomeo XV o Cesarión) parecía reforzar esa posibilidad. Tras el asesinato de Julio César en el 44 a. C., Cleopatra intentó repetir la maniobra seduciendo a su inmediato sucesor, el cónsul Marco Antonio, que por aquel entonces luchaba con Octavio Augusto por el poder (36 a. C.). Cleopatra y Antonio impusieron su fuerza en Oriente creando un nuevo reino helenístico capaz de conquistar Armenia en el 34.

Entonces estalló la «Guerra Ptolemaica» (32-30 a. C.), por la que Augusto llevó hasta Egipto su lucha contra Antonio. El enfrentamiento definitivo tuvo lugar en la batalla naval de Actium (31), en la que la flota de Antonio fue derrotada fácilmente al abandonarle los egipcios. Marco Antonio consiguió huir y refugiarse con Cleopatra en Alejandría; cuando las tropas de Octavio Augusto tomaron la ciudad, Antonio se suicidó. Cleopatra intentaría aún, por tercera vez, seducir al guerrero romano -en esta ocasión, Octavio Augusto- para salvar la vida y el trono; pero Augusto se mostró insensible a sus encantos y decidió llevarla a Roma como botín de guerra. Ante tal perspectiva, Cleopatra se suicidó por el procedimiento ritual egipcio de hacerse morder por un áspid. Augusto aprovechó la circunstancia para asesinar también a su hijo Cesarión, extinguiendo así la dinastía ptolemaica y anexionando Egipto al Imperio Romano.

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