QUE DIOS NOS PERDONE (Dir. Rodrigo Sorogoyen), por Yolanda Aguas

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Madrid, verano de 2011. Crisis económica, Movimiento 15-M y millón y medio de peregrinos que esperan la llegada del Papa conviven en un Madrid más caluroso, violento y caótico que nunca. En este contexto, los inspectores de policía Alfaro y Velarde deben encontrar a lo que parece ser un asesino en serie cuanto antes y sin hacer ruido. Esta caza contrarreloj les hará darse cuenta de algo que nunca habían pensado: ninguno de los dos es tan diferente del asesino.

Arriesgado proyecto el de Rodrigo Sorogoyen, quien ya nos fascinó con su magnífica “Stockholm” (2013), al llevar al cine una historia tan potente y con escenas ciertamente no aptas para todos los públicos.

El cine español suele acertar con sus thrillers y películas de género negro. No está lejana la magnífica película de Alberto Rodríguez,  La Isla Mínima (2014).  En el caso que nos ocupa, la historia gira en torno a un asesino en serie.  Al comienzo de la película nos viene a la memoria el caso de los asesinatos de ancianas en Santander.  “Que Dios nos perdone” es una película en la que los dos policías asignados al caso deben dar con el asesino lo antes posible, y para no salir del tópico, ambos policías que trabajan juntos son totalmente opuestos entre sí.

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La pareja protagonista está compuesta por Antonio de la Torre y Roberto Álamo.  Álamo, interpretando casi el mismo personaje de siempre: está encasillado en hombres con exceso de testosterona.  Antonio de la Torre, otra vez magnífico, da vida al policía intelectual, comedido y contradictorio.  Aunque su trabajo en este film no alcanza las cotas de “Caníbal” (obra maestra del reciente cine español que él protagonizó), sigue demostrando ser uno de nuestros mejores actores.

En el apartado interpretativo destacamos la presencia de la gran actriz Mónica López, que aunque muy breve es una pincelada de calidad.

Presten atención a las primeras escenas de la película que están filmadas con cámara en mano.  Más adelante, el director opta por el plano fijo logrando momentos de máxima tensión.

Una segunda película muy interesante para Rodrigo Sorogoyen, con un guión co-escrito con la aragonesa Isabel Peña.   Un buen ejemplo del cine negro que se hace en nuestro país.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

 

 

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