LAS INOCENTES (Dir. Anne Fontaine), por Yolanda Aguas

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Polonia, invierno de 1945. Mathilde Beaulieu (Lou de Laage) es una interna que trabaja en una de las ramas de la Cruz Roja francesa que tiene como misión encontrar, tratar y repatriar a los supervivientes franceses de los campos alemanes. Un día, una monja polaca llega al hospital. La religiosa le pide su ayuda aunque no le explica el verdadero motivo. Mathilde la despide con frialdad diciéndole que acuda a la Cruz Roja Polaca.

Cuando la enfermera mira por la ventana, ve a la monja de rodillas en la nieve orando intensamente y con lágrimas en los ojos.

Mathilde cede y sigue a la religiosa hasta su convento. Allí se dará cuenta de que su misión cambiará ya que en su trabajo debía encargarse de encontrar, atender y repatriar a los sobrevivientes franceses de los campos de concentración nazi. Experimentará un quiebro al encontrar que muchas de las hermanas del convento están en avanzado estado de gestación.

Entonces aparece la madre superiora que se enoja con la religiosa que salió a buscar ayuda porque tiene miedo de que los embarazos les ocasionen problemas con el Vaticano y que cierren el convento.

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Al final se le permite a Mathilde ayudar solo si ella promete guardar el secreto y no traer a otros médicos. A ella le resulta abrumador guardar un secreto que implica a siete religiosas embarazadas y seguir con su trabajo cotidiano. Sin embargo, lo hace, a pesar de ser atea.

“Las Inocentes” está basada en hechos reales que ocurrieron durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los miembros del Ejército Rojo llevaron a cabo una violación masiva de mujeres en su avance hacia Alemania. Entre las víctimas están las monjas polacas del convento que aparece en la película.

La película muestra a las religiosas bajo una luz simpática y positiva, dejando de lado a la Madre Superiora (interpretada por Agata Kulesza, quien consiguió reconocimiento internacional en el año 2013, gracias a ‘Ida’) que alberga un horrible secreto durante una buena parte del filme.

Al final, Mathilde llega a elaborar una perfecta y hermosa solución para que las monjas puedan mantener la relación con sus bebés sin vergüenzas ni represalias.

La historia llegó a su directora, Anne Fontaine, a través de dos productores franceses que conocieron al sobrino de esta joven doctora, que tenía la idea de hacer una película sobre su tía y guardaba el cuaderno de bitácora que contaba este encuentro. El documento era muy lacónico, con muy pocos detalles, así que a partir de ahí tuvieron que construir el resto de la historia y encontrar una verdad en algo imaginado.

Dos mundos muy diferentes, que al final se verán unidos por una crisis de fe. Por un lado, algunas de las religiosas cuestionan los designios de Dios al haber permitido las violaciones y, por otro, Mathilde sufre una crisis ideológica respecto al comunismo, ya que sus creencias chocan frente a las hermanas que han sufrido la violencia de los soviéticos. La fe es algo que no pertenece exclusivamente al mundo religioso. Al final es la fe en la vida la que guía a todos los personajes de ‘Las Inocentes”.

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La película aborda las diferentes reacciones a la maternidad que experimentan cada una de las religiosas embarazadas. En la película se expresan varios puntos de vista al respecto: que nada te obliga a ser madre, que puedes ser religiosa y ser madre y que también puedes no querer asumir en absoluto esta situación. Lo que ocurre en todas las mujeres, no sólo en las religiosas, para las que evidentemente el debate interno es mucho más violento. Y es un debate que se puede extender a mujeres violadas y a mujeres en general.

A destacar en este filme el trabajo pictórico y estilístico sobre los rostros. El rostro es una gran responsabilidad, sobre todo cuando al ser monjas sólo les ves la cara. Hay muchos primeros planos que son como pantallas. Tienen una fuerza de interpretación indiscutible.

La directora, Anne Fontaine, declaró que hubo un estudio previo bastante profundo sobre la pintura -también las pinturas de guerra- y trabajaron la luz con referencias del gran maestro Georges de La Tour, con una iluminación muy artesanal.

La película ganó el premio Fipresci de la pasada SEMINCI de Valladolid.

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NOTA: Todas las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

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