MÍRIAM ISCLA (Entrevista), por Yolanda Aguas

En Catalunya está considerada como la actriz que más ha crecido profesionalmente en los últimos años. Ha encadenado grandes interpretaciones, plenos absolutos de éxito en crítica y en público.  Se ha ganado el respeto y la admiración de todos.  

Nos sentamos en la primera fila del patio de butacas del Teatro Principal de Zaragoza. Está completamente vacío, quedan dos horas y media para que comience la representación de “Troyanas”.

Le entrego mi ejemplar del libro ANNA LIZARAN, editado en 2014 por Viena Edicions (Ver nota al finalizar esta entrevista).  Le pregunto si me puede leer el texto que ella escribió para el capítulo: L’Anita de tots.  Asiente y comienza a leer: “Estimada condesa de Narazil…”.  

Escucho sus palabras, son leídas serenamente pero con emoción. Me siento privilegiada…

Míriam, ¿puedes explicarme el origen de este texto?

Sí. Es un texto que escribí yo.  Cuando se proyectaba el libro nos pidieron, a distinta gente que conoció o tuvo relación con Anna, que escribiéramos alguna cosa.  Yo me escribía cartas con ella, Nazaril es Lizaran al revés y Alcsi es Iscla al revés.  Hubo una época de nuestra vida y de nuestro encuentro en que nos escribimos cartas.  Nos contábamos cosas siempre alrededor de estas figuras de condesa, duquesa… como que el teatro era un sitio fantasioso en el que podíamos hablar en este tono.  Con este texto yo le mandé mi última carta.

Un día, a la salida de una función de teatro en la que trabajabas, un periodista solicitó a varias personas su opinión sobre la obra y tu trabajo.  Una señora dijo: “Míriam Iscla cada vez está mejor… yo creo que es la nueva Anna Lizaran”.  Cuando lo escuchaste en un programa de radio dijiste: “Anna es Anna… y es Dios y un poquito más.  Yo cada vez intento hacerlo mejor, si lo consigo bien y si no… lo vuelvo a intentar”.

Decir esto es muy inteligente por tu parte.  En primer lugar, porque creo que nadie debe ocupar el lugar de Anna Lizaran. Anna era muy grande, su lugar es suyo y ella se lo ganó. 

Nadie debe ocuparlo, estoy totalmente de acuerdo. Ni debe, ni puede ocupar ese sitio.

Cada actriz tiene su espacio y su lugar en la historia.  En segundo lugar, porque te quitas presión…

Y hay otra cosa, que creo que cuando se muere alguien no deja un hueco que alguien tenga que llenar.  Queda el recuerdo de su trabajo, y eso no es un vacío, eso es algo que está lleno.  No hay nadie que tenga que llenar ese hueco porque ese hueco no existe. Eso es un espacio muy ocupado por el talento de una persona.

Cuando una joven actriz mire la obra de Anna, ¿en qué debe fijarse?

Anna era un animal del teatro. Y además de su talento, Anna tenía una cosa muy bonita: siempre estaba jugando.  El verbo jouer…  Como sabes, ella además estuvo en Francia formándose, estudió allí y ella siempre decía “jouer, jouer, jouer” (jugar, jugar, jugar). Su manera de interpretar siempre estaba basada en el juego. Eso no quiere decir que no estuviera llena de verdad.  Siempre había un punto lúdico en su creación que era muy grande.

Durante diecisiete años formas parte del grupo T de Teatre (que también fundaste junto a otras cuatro compañeras). Actualmente, una nueva generación de mujeres creadoras viene empujando con fuerza.  Víctor Catalá (seudónimo de Caterina Albert i Paradis, y a quien también has interpretado para televisión) escribió “Las mujeres somos las olvidadas de los olvidados”.

¿Tu compromiso profesional y personal para dar voz a las mujeres sigue con la misma intensidad que cuando creaste T de Teatre?

T de Teatre era una compañía que empezó hablando de mujeres con “Pequeños cuentos misóginos”.  Después habló de hombres, de criaturas, hubo ahí un viaje…

A partir de dejar T de Teatre he hecho funciones con personajes femeninos muy importantes.  Y este último año he hecho teatro denuncia, algo que nunca había hecho. Con “Sólo son mujeres” y con el monólogo “Mujer no reeducable”.  En esos dos proyectos, además de ser monólogos (porque al fin y al cabo en “Sólo son mujeres” era la única actriz), y a pesar de tener esa importancia había un plus que era poner voz a mujeres o hacer que esas mujeres no cayeran en el olvido.  Que no formaran parte de “las olvidadas de los olvidados”.  Para mí, estos dos últimos montajes que te he nombrado han sido muy importantes por el plus de valor, por el hecho de poner voz a mujeres que existieron y por reivindicar un lugar en la memoria.

Evidentemente, con todos los papeles femeninos que haces siempre intentas que aflore esa parte importante de la mujer.  En estos casos, además me lo ponían muy fácil.

Míriam, ahora estás de gira por toda España con “Troyanas” con dirección de Carme Portaceli. Defines tu personaje: “Ella conoce  el futuro y se mantiene en una postura, en lo absurdo de la guerra.  Para ella lo sensato es no ser partícipe”.

Como reflexión y postura ante la guerra es muy acertado tu análisis, pero ¿y en la vida? ¿Una persona puede vivir neutral? o ¿crees que hay que tomar partido por tus creencias y asumir las consecuencias, sean buenas o malas?

Sí, no se puede pasar sin respirar. Y es verdad que te acabas posicionando.  Evidentemente te posicionas con dudas, con errores… Con reconocimiento de esos errores, con asumir consecuencias. A veces, con no asumirlas también, porque somos humanos y no podemos con todo.

Yo creo que sí, al final acabas tomando partido porque si no… no estás aquí, realmente no estás respirando.  Entonces, si lo tomas te puedes equivocar, puedes tomarlo incluso con un 50% de dudas pero no te queda otra, incluso luego puedes cambiar.  Estamos en constante movimiento. Yo no digo que el pensamiento que tenga ahora o que tuve hace diez años sea el mismo.  No, para nada…  Y seguramente me equivoco en otras cosas que no esperaba equivocarme, pero sí, hay que tomar partido.

Has trabajado en varias ocasiones con Carme Portaceli.  Me gustaría que me hablaras de “Sólo son mujeres”. ¿Cómo llegó este proyecto a tus manos y qué motivó que te comprometieras con él?

Carme me llamó y me dijo “tengo una obra muy chula, son cinco monólogos y es sobre las mujeres durante la guerra civil”.  Yo le dije. “¡qué bien, qué bien¡ ¿Y quiénes son las otras cuatro actrices?”.  Y me respondió  (reímos…): “no, no… los cinco los haces tú”.

Ella me dijo, hay música, hay danza y hay teatro… Le dije que me parecía muy interesante, nunca había estado en un montaje “multimedia” con esta mezcla de técnicas.  Y volví a preguntarle… y volvió a responderme: “No, no… si te estoy diciendo que tú harás los cinco personajes”.  Me quedé petrificada y le dije: “Carme, tú estás loca…” (sonríe…), y ella insistió: “estoy convencida que tu puedes hacerlo”.

Cuando me pasó los textos me pregunté cómo podría hacerlo, pero Carme Portaceli tenía muy claro el espectáculo y lo que no quería en ningún momento eran transiciones. Yo pensaba en los momentos en que tendría que cambiar de vestuario cada vez que hablara, etc… Realmente le dije, “es que esto tenemos que hacerlo con cuatro cosas que se entienda que cambia el personaje,  no hace falta hacer nada más”.  Ella dijo: “no, no… es que no quiero que hagas nada más. Quiero que hagas una pirueta técnica a la vez,  que puedas ser una, en medio otra, volver a la primera, estar en la tercera… y que todo el mundo lo reconozca y que no se pierda en este tránsito”. ¡Eran cinco monólogos intercalados¡  No había ninguno que empezara y acabara seguido.

Fue un trabajo muy intenso, A nivel creativo fue muy interesante trabajar con Sol Picó, Maika Makovski y Carme Portaceli. Éramos cuatro obsesivas buscando la creatividad: cómo hacer crecer en escena a esas mujeres.

Una de las cosas que destacó la Portaceli de esta obra es que, durante los coloquios, muchos jóvenes os confesaban que se sentían impactados y enfadados porque nadie les había contado esa parte de la historia. Afirmaba “No creo que haya un solo alemán que no sepa quién era Hitler, pero aquí, quienes conocen a Franco son los nietos  de los republicanos”.

¿Cómo viviste este trabajo en “Sólo son mujeres”? ¿Eras consciente que esta obra podía calar hondo en la vida y en la formación de muchos jóvenes?

No sólo en la gente que ha venido a verlo, lo que yo he buscado y he aprendido y que no sabía.  El regalo que tiene el teatro es que en cada función haces un trabajo de investigación que te genera crecimiento. En este caso además hay un plus y es que son mujeres de mi país, es parte de nuestra historia que se puede extrapolar a todas las guerras, a las “Troyanas” también.

¡No sólo lo que ha provocado en la gente que ha venido a ver la obra, lo que ha provocado en mí, lo que ha provocado en los jóvenes¡  La catarsis que se producía en gente mayor…, la generación que vino después de esta gente mayor que vivió la guerra y que han vivido lo que sus madres no contaban, decían: “de esto mejor no vamos a hablar”.

Esos silencios que están siempre alrededor de esta Guerra Civil que tenemos nosotros y que parece que es una guerra que hay que tapar y que sólo se tiene que contar desde un lado porque desde el otro parece que no existió y no merece ser contado.  Por primera vez se cuenta y además, no sólo de la parte que no se debe contar, sino de las mujeres de esa parte que incluso tampoco… “las olvidadas de los olvidados”.

Las mujeres en la guerra civil cuando eran detenidas y metidas en la cárcel no estaban consideradas presas políticas, las trataban como prostitutas o ladronas. Y sabemos que la actividad política de las mujeres era de un 50%, como los hombres.  Somos y formamos una mitad de la historia y esa manía con borrarnos nos va fatal porque no hay manera de crecer.  Y esa manía  de no recordar una guerra desde los dos bandos, nos hace que volvamos a repetir situaciones que hoy en día tienen ecos.  Hablas con gente mayor y dicen “esto que sucede ahora es lo mismo, están consiguiendo lo mismo. Que entre nosotros no nos hablemos, que lo que pienses mejor no hablarlo…”.  Es que mientras estemos empeñados en borrar el pasado, en no leer la página…

Carme Portaceli suele decir en las entrevistas: “Sí, está muy bien pasar página, pero antes habrá que leerla”.  Esa manía de pasar página sin leer no nos permite avanzar.  No se trata de vengarse de nadie sino de que se sepa y todo el mundo podamos tirar hacia adelante.  Lo que pasa es que tiramos hacia adelante con el 100% de volver a cometer los mismos errores porque hemos decidido que eso no pasó. Si hubieran perdido la guerra los otros seguramente sería distinto.

Eres catalana y eres bilingüe.  Has interpretado “Sólo son mujeres” en catalán (TNC, Sala Petita) y “Mujer no reeducable” (Teatre Lliure) y en castellano lo hiciste en el Teatro de la Abadía y en el Teatro Español, respectivamente.  ¿Cómo te sentiste interpretando en castellano?

Realmente, al ser biligüe, siempre piensas en un idioma. Siempre hay un momento crítico cuando cambias el idioma y comienzas a ensayar. Notas que te falta… como el alma. Sin embargo, con estos dos montajes no me pasó esto para nada.  Tuve la crisis, evidentemente, y hubo un momento en que pensé “esto no va a tener esa verdad que tenía en catalán”.  Pero sí la tuvo y entonces lo que me pasó fue justo lo contrario, que no creía que pudiera haberlo hecho en otro idioma… (sonríe).  Eso es lo chulo, no digo ni mejor ni peor sino que tiene su peso, su esencia y cosas distintas porque a veces al cambiar de idioma encuentras ironías donde antes había sequedad.  El catalán es muy seco, es muy cortante…

Es muy bonito…

Sí, es muy bonito, pero corta mucho.  El castellano tiene un gusto… que puede ser más irónico.  Encuentras cosas, ese “toque” que a veces proporciona el cambio de idioma y luego te lo llevas cuando vuelves a hacer el texto en catalán y encuentras que lo ha enriquecido.  Como cuando el catalán enriqueció al castellano.

¿Qué tal te recibieron en Madrid? ¿Cómo han sido esas experiencias?

¡Muy bien¡ En los dos teatros y con los dos montajes.  Son montajes muy potentes, yo creo que la gente que vino a vernos es porque quería verlos.  Por eso el público los recibió desde un sitio muy emocional y muy directo.  Son montajes muy directos, no hay cuarta pared y te revientan el estómago.  La gente se dejó tocar y eso es para lo que yo hago teatro.

Yo te vi en el Teatro Español con “Mujer no reedudable”.  Hay casi una opinión unánime al considerar que podría ser tu mejor trabajo en teatro…

Yo no sé si es el más importante, siempre es el más importante el que haces…  (ríe).

Ahora he terminado la gira en castellano, el fin de semana pasado en Sevilla, y me da una pena… (sonríe) que pienso “’¡no puede ser, quiero hacerlo más¡”.  Sí, es verdad que es un personaje que a mí me encanta interpretarlo. Me gusta interpretarlo.

Es un texto muy interesante y creo que muy necesario, como decía Lluis Pasqual, es teatro “de urgencia necesario”.  Es urgente que no nos olvidemos de según qué cosas.

Has trabajado en cuatro ocasiones con Lluis Pasqual, “Celebración” de Harold Pinter (2010-2011), “Quitt” de Peter Hadke (2011-2012), “El rey Lear” de William Shakespeare (2014 y 2015) y “Mujer no reeducable” de Stefano Massini (2015 y 2017).

Con Lluis he trabajado en cuatro montajes y cada vez hemos ido a más. Claro… él  no me conocía y ahora “ya nos queremos” (sonríe).  Lluis es un hombre con una cultura teatral tan importante que te impresiona mucho.  Con “Mujer no reeducable”, este monólogo, me hizo un gran regalo. Si es chulo trabajar en un montaje que dirige Lluis aunque tengas un papel pequeño, sólo por verle trabajar a él…  pues cuando trabaja sólo contigo es un regalo. Imagínate, no tiene a nadie más a quien dirigir,  nada más que a ti.

Además es un hombre que se vuelve obsesivo y no te deja de la mano en ningún momento. Fueron ensayos muy largos y con muchos “no”.  Él me decía: “No, no, no…” y me decía: “Pero no te lo tomes mal”.  Yo le respondía: “¿Tomármelo mal?  ¡Si a mí me encanta. Vamos a buscar el “S픡  Él trabaja con esa sensación de decir que “no” porque está confiando plenamente en que vas a llegar a otro sitio mucho mejor.

Dos reflexiones del maestro Lluis Pasqual:

Primera: “El teatro se ha convertido en el lugar de reconocimiento de las cosas perdidas”. ¿Estás de acuerdo?

Anna, mi personaje en “Mujer no reeducable”, es un ejemplo, uno de esos sitios.

Segunda: “Cada vez las fronteras entre ficción y realidad son más débiles.  Stanislavski y Chéjov se inventan un sistema de interpretar que sirve de transición del siglo XIX al siglo XX, y hoy está pasando algo parecido.  Ahora ver a un actor a un metro de distancia no es ninguna novedad.  Puedes sentir cómo respira. La palabra personaje tiene fecha de caducidad.  Desaparecerá.  Estamos entrando en una intimidad absoluta”.

Cuando yo hice Anna, Lluis no quería que yo imitara a Anna en ningún momento…  Él me decía “quiero que ya no sepan si quien está ahí es Míriam o es Anna.  Quiero que se confundan, tienes que tener la misma indignación, el mismo terror, la misma obsesión, la misma necesidad de honestidad, el mismo miedo, el mismo “todo” que Anna para que no sepan dónde empieza una y acaba otra”.  Creo que tiene que ver con esa reflexión.

¿Te sientes cómoda teniendo al público tan cerca o prefieres que la cuarta pared sea como la de la Sala Gran del TNC (Teatre Nacional de Catalunya)?

Me gustan más los espacios pequeños, o los medios.

Me sucede lo mismo…

Los grandes te obligan a un tipo de interpretación para que llegue a todo el mundo.  Las personas que están en la Fila 20 pagan lo mismo y merecen lo mismo que las primeras filas.  Yo hice una función muy bonita que se llamaba “Barcelona” en la Sala Gran del TNC que llegaba bien a la Fila 20, pero sí que te implica una interpretación un poquito más grande y hay cosas que te gusta hacerlas también en pequeño.  No digo en pequeño de cine, sino en un teatro que se pueda ver sin tener que estirar tanto la cuerda, pero donde me pongan voy.

Sobre la intensidad en relación a cómo debe sentir una actriz o un actor, la Portaceli dice al trabajar con sus actores: “No he dejado llorar a los actores.  Ellos tienen que ser los que conmuevan y hagan llorar con sus historias a los espectadores”. Y Diderot decía que “un actor no debe sentir nada, son los espectadores los que deben sentir”. En este sentido ¿cómo es tu experiencia?

Durante el proceso de trabajo, en los ensayos y antes de los ensayos, tú haces un proceso de investigación en el que te puedes tirar dos meses buscando cosas y evidentemente dejándote tocar y emocionar para entender a dónde tienes que llegar.  Cuando llegan los ensayos todavía estás en la fase de pasar eso que tú has vivido como persona, a ese bypass en crear algo teatral y después ya viene el momento en que lo haces cada noche.

Yo cada noche no puedo estar así porque me tendría que tomar antidepresivos (sonríe), ahí se basa la técnica del teatro.  El teatro es una cosa muy “curiosa”.  Está la gente que sale de su casa porque le da la gana, paga una entrada, se sienta en un sitio a oscuras, delante tiene un cuadrado y viene a ver algo que es mentira pero está dispuesto a creérselo. Y yo, voy a hacer una cosa que es mentira pero intentando que el público se la crea.

Como decía Borges: “El teatro es un juego en el que unos, los actores, fingen ser lo que no son y otros, los espectadores, fingen que se lo creen”.

Hay un pacto ahí…  ¡Es un pacto maravilloso¡ Lúdico, por eso es lúdico, porque no nos estamos engañando.  Estamos jugando, los de abajo y los de arriba, a que eso es verdad. Hacemos un pacto muy generoso por los dos lados.  Yo te voy a hacer viajar y tú quieres viajar. Esto es muy bonito, encontrarse ahí. Cuando tú consigues que la gente se emocione, ría, se calle, se remueva… Cualquiera de las emociones que se puedan provocar en una platea, cualquiera… No digo una mejor que otra, sino que se produzca el viaje que tú querías.  Eso es teatro.

Es un juego en el que –evidentemente- hay una técnica, hay mucho trabajo detrás.  Hay muchas emociones que tú vas a buscar, con las que tú provocas, con las que desconocías, con las que te aporta el texto, con las del personaje, con las del director…  Con todo ese abanico de cosas ahí se está gestando una cosa…

Y luego yo, cuando lo hago, debo tener una técnica como para hacer el viaje cada noche, no igual, pero de la misma manera porque nace del mismo sitio y la gente tiene que viajar conmigo. Por eso, el pacto ese tiene que ser sin dolor para todo el mundo, aunque sea con mucha técnica y profesionalidad porque no tengo que llorar yo. El viaje lo tenéis que hacer vosotros, ¡yo ya lo he hecho¡

Volvemos a Pasqual, porque llegó en 2014 “El rey Lear” con la gran Nuria Espert.  Un montaje que ya es considerado mítico, y que se repuso en 2016 por aclamación popular. Interpretaste a una de las hijas de Lear, Goneril. Fue un reparto deslumbrante, que será muy difícil de repetir.

Imagino que tienes un recuerdo fantástico de este trabajo…

¡Fue maravilloso¡  Y además reunirnos dos veces… Eso sólo lo puede hacer Lluis y decía que para eso servía el teatro público, para poder meter en el escenario como a veinticinco personas. Desde gente desconocida hasta otras ante quienes tienes que ir de rodillas al ensayo, como para ver a Nuria Espert. Es una cosa maravillosa.

Eso es un regalo creo que para la población, para el espectador y para los que estamos en el escenario.  Compartir eso con un texto tan potente, con una puesta en escena tan sencilla y complicada a la vez… Con esa genialidad, con esa manera de contar un “Rey Lear” desde la tierra, no desde un sitio onírico. Realmente el Lear de Nuria Espert ¡era un hombre de verdad¡ Era un hombre con todo ese peso detrás…

Y el inolvidable bufón interpretado por Teresa Lozano…

Y el bufón…con esa sabiduría y esa ironía y ese abrirle los ojos constantemente al rey Lear…

Entonces eso es un regalo que cuando te lo ofrece Pasqual lo único que puedes decir es “¿Cuándo quieres que vaya?” (ríe…).

Si no fuera un regalo y no lo consideráramos todos igual, no se hubiera hecho dos veces.

De la mano magistral de Josep María Pou te llegó “El zoo de cristal” de Tennesse Williams, donde interpretaste el personaje de Amanda Wingfield, la omnipresente madre. El autor es especialista en tratar las temáticas subjetivas que desvelan el lado oscuro del deseo y que forman parte de lo no dicho.  Amanda, además, no admite réplicas a sus deseos…

Amanda es un personaje maravilloso y Tennesse Williams escribe siempre unas mujeres muy parecidas.  Amanda es Blanche, pero tiene hijos.  Blanche era aire porque su pasado pesaba más que su presente y entonces se fue como un globito y está ahí suspendida en un sitio desconocido.  Amanda igual…  añora su pasado, está en un sitio de fantasía pero tiene dos anclas que son sus hijos.  Eso la hace pensar desde un sitio y por eso es tan bipolar. Sueña que es posible tener otra vez una vida como la que ella tenía antes de casarse. A la vez piensa que sus hijos tienen que salir para adelante, tienen que casarse, hay que ser prácticos, no se puede ir al cine… Es madre y es Blanche a la vez.

Es un personaje muy difícil pero a la vez muy interesante de hacer porque tiene cuerdas distintas desde las que tirar.  Como en todos los personajes, si la motivación es una transitas el viaje, pero cuando ella en sí tiene una tensión… ya te hace querer hacerlo.

¿Cómo te ayudó Pou en la creación de tu personaje?

Pou es un sabio de la obra de Tennesse Williams. Es ÉL sabio de Tennesse Williams ¿no?  Vamos…¡no es él de casualidad¡ (sonríe).  Pou es otro gran hombre de teatro. Viajar con Pou es un gusto, un placer…  Es un conocedor absoluto de la obra, de los personajes, de los sentimientos.

Cada actriz tiene a su lado dos o tres personas que han sido determinantes en el desarrollo de su trayectoria profesional. 

Si te pregunto por Pere Riera, y hablamos ahora de la obra “Barcelona”, ¿me dirías que es uno de esos apoyos?

Pere Riera me dio un papel maravilloso que escribió pensando en mí.  Escribió uno para Emma Vilarasau y otro para mí. A nivel profesional yo creo que hubo un “crick”, porque me gustó mucho poder transitar por ahí.  Creo que “abrió ojos” en la gente… y eso también fue a favor de mi carrera profesional.

Con Pere Riera me une una amistad aparte de una profesión.  Evidentemente, en ese momento, fue una bisagra importante para seguir adelante.  Es, al fin y al cabo,  con quién viajas ¿no?  Lluis es una bisagra, Anna fue una bisagra…  Hay muchísima gente que es bisagra y hay otra gente sin la cual yo no concibo hacer teatro, si no estuviera con ellos.

Míriam, gracias por este encuentro que espero podamos repetir en otra ocasión.

Gracias.

Se levanta de la butaca, caminamos entre la escenografía de “Troyanas” hacia la salida…  Se mueve segura por este escenario que visitó otras veces con T de Teatre y al que no había vuelto desde su “crecimiento” hasta convertirse en la gran actriz que es. 

Pienso ahora en las actrices míticas que la han precedido y que, seguro,  la observarán dándole su aprobación.

¡Bienvenida “Comtessa d’Alcsi”…¡

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NOTAS:

(El texto completo escrito por la Sra. Míriam Iscla para el libro ANNA LIZARÁN, se encuentra en: Páginas 272-273. Reproducimos en esta entrevista sólo la primera frase, con la debida autorización de la editorial).

Todas las fotografías de la Sra. Míriam Iscla en el Teatro Principal de Zaragoza, así como la del reparto de “Rei Lear” saludando, son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

Las fotografías oficiales insertadas en esta entrevista de las obras:

“Barcelona” son autoría de David Ruano para el TNC (Teatre Nacional de Catalunya)

“Mujer no reeducable” son autoría de Ros Ribas para el Teatre Lliure

“Sólo son mujeres” son propiedad del TNC (Teatre Nacional de Catalunya)

“Rei Lear” son autoría de Ros Ribas para el Teatre Lliure

“El zoo de cristal” son propiedad del Grupo FOCUS para el Teatre Goya Cordorniu.

 

 

 

 

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