ROBERTO ENRÍQUEZ (Entrevista), por Yolanda Aguas

Hacía mucho tiempo que anhelaba conversar con él.  No sólo porque es uno de mis actores preferidos, sino también porque intuía que es un hombre muy interesante.

A lo largo de casi treinta años he entrevistado a numerosas personalidades del cine y del teatro.  De esos encuentros quedan buenas impresiones y otras que no lo son tanto. 

El encuentro que nos ocupa hoy es, sin duda alguna,  de los mejores.

Debido a tus trabajos en televisión, “Hispania, la leyenda”, “La señora”, o, más recientemente, tu magnífico  trabajo en “Vis a Vis”, eres un actor muy conocido.   ¿Te agrada ese reconocimiento? ¿O prefieres ser considerado un actor de teatro de prestigio?

No siempre, pero a veces la popularidad va acompañada con cómo te va profesionalmente. Si los trabajos que haces tienen éxito eso es lo que te da la popularidad, que llega principalmente de la televisión.  En el teatro, como mucho, igual una noche puedes llenarlo pero te ven novecientos espectadores. En la televisión te pueden ver cuatro millones y medio…  Ni siquiera el cine es comparable con el poder de la televisión.

Luego hay otra parte, ésa en la que un actor puede ser muy popular pero su trabajo no le da prestigio.  Eso también sucede.  Hacer teatro te da otro tipo de prestigio.

Sería un ingrato si me quejara o rechazara la popularidad, pero sí que tiene unos daños colaterales que no me gustan. Hay una intimidad que todos tenemos que es cuando vas por la calle y si sientes que la gente te mira hay algo que se modifica. Algo que afecta a tu comportamiento, ya no estás igual de cómodo porque te sientes observado. Tampoco que me puedan hacer una foto a escondidas y cosas de estas.  Pero bueno, sinceramente me parece un daño colateral.

De todos los personajes que has interpretado, ¿has tenido la necesidad de juzgar a alguno de ellos? O ¿tu forma de enfrentarlos ha sido siempre con comprensión?

Yo creo que la obligación de un actor es no juzgar a sus personajes. Si los juzgas yo creo que no los vas a poder encarnar al 100%.

En “El hundimiento”, ¿recuerdas esa película?, que protagonizaba ese actor…  ¿cómo se llamaba?

Bruno Ganz…

Sí, Bruno Ganz hacía de Hitler. Ese tipo es el adalid de lo que uno puede juzgar, ese tipo es reprobable, abominable y demás “ables”. Sin embargo, yo creo que si lo juzgas no lo vas a poder defender al 100%.

Hablando de este mismo tema, por ejemplo yo hice hace algunos años “Terror y miseria del Tercer Reich”, lo dirigió José Pascual en el Centro Dramático Nacional y me tocaba hacer una de las escenas más maravillosas que hay en el teatro que es “La cruz de tiza”.

(Nota: “Terror y miseria del Tercer Reich” es una obra escrita por Bertolt Brecht, construida con una sucesión de 24 cuadros o escenas independientes entre sí).

Yo interpretaba a un joven oficial de la SS, fanático y totalitario. Yo nunca lo juzgué, simplemente tienes que reforzar las razones por las que lo hace e intentar comprenderlo ¿no? Desde fuera, obviamente, al ser un oficial de la SS sabes lo que significa y puedes estar diametralmente opuesto a esa forma de actuar.  Sin embargo, cuando te metes a encarnarlo tienes que defenderlo con uñas y dientes porque nadie tiene el concepto de sí mismo de ser un monstruo y si lo tienes intentas ponerle capas, adornarlo, maquillarlo… Buscas excusas, echar balones fuera, mi padre, mi madre… En el momento en que alguien comienza a hacerse esas preguntas, cambia su comportamiento. Y la mayoría, en la vida, pues nos auto engañamos porque creo que esto es el gran tema de la humanidad, el auto engaño.

Yo creo que tú tienes que justificar tu personaje absolutamente, como hacemos en la vida.

Precisamente iba a preguntarte si en la vida estabas liberado de juzgar a los demás…

¡No¡ (ríe) No, el teatro no te santifica, lamentablemente.  (Sigue riendo)  Juzgo como todos y soy prisionero de mis gustos y de mis prejuicios. Intento desprenderme de esas cosas y tener la mente como más abierta, pero juzgo como todos.

Roberto, cuando hablo con otros compañeros y compañeras tuyos, suelen coincidir en que vuestro trabajo muchas veces les sirve como una terapia.  En este baile que todos hacemos entre nuestras luces y sombras ¿tu trabajo como actor te ayuda a transitar mejor por esas zonas?

Me ayuda muchísimo. Como tú dices, todos tenemos momentos de luz y de sombras. Lo interesante de lo nuestro y del trabajo creativo del actor es que cuando tú tienes un momento de sombras lo puedes canalizar.  De alguna manera lo puedes utilizar para algo creativo. Eso siempre es beneficioso porque haces algo con ese malestar y en cierto modo te libera. No digo que sea un bálsamo total pero sí que es algo terapéutico.

Cuando estás en el teatro ¿Utilizas algo personal con cada personaje? Algunas actrices usan un perfume diferente, otros actores llevan algún detalle en su vestuario…

Cuando te vistes, es el trabajo de otro el que ponen sobre ti. Lo que sí intento es meter mi cabeza ahí y dar mi aportación.  Siempre suelo poner algún objeto personal, objetos que no se ven pero los llevo en el bolsillo.  En cada personaje pienso en eso y suelo llevar algo diferente.

¿Cuál es tu ritual en el camerino antes de salir a escena?

Depende de la obra en la que esté trabajando. No es lo mismo prepararme para hacer “Fausto” de Goethe que para interpretar mi personaje en “Arte”.  Cada obra te pide algo diferente, es un sitio diferente el que tienes que visitar.

Unas veces necesito más tiempo de silencio, de entrar en contacto conmigo…  Y otros, es mucho más ligero en ese sentido.

Desde hace “veintitantos” años, lo que sí tengo siempre es un ritual y es hacerme una infusión con tomillo y anís. Tengo una resistencia de las que ya no se fabrican donde la preparo (ríe), y eso es muy bueno para la voz.  Caliento mi voz y estiro mi cuerpo para prepararme, eso siempre lo hago.

Has trabajado en tres ocasiones con Migue Amoedo.  En “La princesa de Éboli”, “Hispania” y “Vis a Vis”.  Yo admiro mucho su trabajo…

¡Es fantástico¡

¿Qué comunicación tiene un actor con un director de fotografía? ¿Hablas con él o esto queda exclusivamente entre él y el director de la película o la serie de tv?

Hay actores que tienen mucho en cuenta la luz, por dónde va a ir el plano, preguntan el tipo de lente que se va a utilizar… y todo este tipo de cosas.

Yo…  (sonríe), soy un completo neófito con ese tema y tampoco he puesto demasiado interés. Igual estaría bien saberlo, pero hay una cosa instintiva que a medida que vas trabajando, vas sabiendo. Conoces mejor si la iluminación que te ponen te favorecerá más o menos.

Cuando trabajo lo único que tengo en cuenta son las circunstancias de mi personaje y trabajar con mis compañeros.  Lo demás es algo que construyen sobre mí. Yo creo que debo confiar en el trabajo del director de fotografía e incluso respetarlo aunque no me guste.

Decía Jorge Luis Borges: “Siempre imaginé que el paraíso debía ser una especie de biblioteca”.  ¿Qué textos son los que más te llegan? ¿Qué autores están más cerca de ti? ¿Qué te gusta leer?

Me gusta mucho leer teatro.  Estoy siempre ávido de leer textos nuevos, autores que no conozco… Eso me seduce mucho.  Cuando leo también estoy trabajando, nunca dejas de hacerlo.

Me gusta leer teatro, ensayo y novela.  Soy muy ecléctico, me gusta desde los autores rusos clásicos hasta los americanos contemporáneos o autores españoles.  No tengo un criterio muy formado, pero me dejo aconsejar.

¿No tienes un autor de cabecera?

Gabriel García Márquez me vuelve loco, Dostoyevski, Chéjov (¡sus cuentos me parecen maravillosos¡), Paul Auster…

Tus trabajos en teatro son importantes, has sido dirigido por: José Carlos Plaza, Juan Carlos Corazza, Amelia Ochandiano, Hermann Bonnin, Tomaz Pandur, Carme Portaceli, Luis Luque y ahora, Miguel del Arco.

Cuando echas la mirada atrás  ¿qué sensaciones quedan de esas colaboraciones?

Me siento muy afortunado por haber coincidido con todos estos directores. Muchos de ellos para mí admiradísimos y, de alguna manera, cada uno me ha aportado algo diferente. Su forma de ver el teatro, su forma de trabajar… me parece una riqueza.  Una cosa que me gusta mucho cuando trabajo con un director que no conozco, es que me parece siempre una aventura, una puerta abierta. En este caso ahora con Miguel ha sido maravilloso, o en el caso anterior de “El pequeño Poni” con Luis Luque.

Afortunadamente, siempre me han quedado ganas de volver a trabajar con la mayoría, casi con el 90%.  Me resulta muy gratificante recordarles.

Roberto, cuando los espectadores seguimos la carrera de un actor que nos gusta, muchas veces decimos “¡qué bien que ha trabajado con esta actriz o con este actor¡”. Lo decimos simplemente porque nos gustan a nosotros.  Eso no quiere decir que para el actor esas colaboraciones hayan significado lo mismo.  Aunque eres joven, tu trayectoria ya es larga y te has ido encontrando por el camino con nombres muy importantes de nuestra escena.

Voy a arriesgarme, ¿qué significa para ti haber coincido con la gran Berta Riaza?  

(suspira profundamente)  Te has arriesgado y acabas de hacer pleno en la diana.  ¡Berta Riaza¡ ¡Madre mía, madre mía¡ Ella es para mí una de las actrices más grandes. Cuando llegué a Madrid tuve la bendita suerte, recién terminados mis estudios en Valladolid, de hacer unas pruebas con José Carlos Plaza y entré en el Centro Dramático Nacional.  Necesitaban un joven actor para hacer el personaje de Fortimbrás de “Hamlet” y allí entré yo con veintiún años.  Me quedé cinco años, haciendo “Hamlet”, “La Orestiada”, “Las comedias bárbaras”… En la mayoría de esas obras estaba Berta Riaza.

Antes de eso, ella había ido a Valladolid para hacer “Todos eran mis hijos” y yo tenía mi entrada en la Fila 2.  Esa mujer consiguió arrebatarme, me hizo sentir tanto… (guarda silencio recordando).  Ver su trabajo aquella noche, fue algo tan hipnótico…

Al cabo de dos meses, yo me encontraba en la Sala Jorge Juan, que era la sala de ensayos del CDN.  Ellos llevaban ya dos meses de ensayos con “Hamlet”, y me encontré en un hall escuchándola a ella hacer una escena con José Luis Gómez.  Recuerdo escucharla desde el hall, y no atreverme a abrir unas puertas (como las que tenemos aquí) para pasar dentro porque para mí era absoluta veneración.

La veía siempre prepararse entrecajas, veía siempre sus escenas…  Me llamaba poderosamente la atención que ella siempre se sentaba en una de las sillas, muy relajada, escuchando la función y cuando le tocaba hacer sus escenas se aproximaba a la caja y ¡fun¡  Yo la veía allí, en su sitio, como una especie de monje tibetano.  Y, además, en la vida era una mujer muy gamberra, muy divertida…

Tenía una fuerza como actriz…  Recuerdo una vez en “Hamlet” que tenía un texto tras la muerte de Ofelia que a mí todas las noches me hacía llorar al escucharla.  Era la belleza, la forma de tenía de decirlo, el dolor… Era como un Estradivarius.  La admiro muchísimo, y me da mucha pena que ella ya ni se acuerde de lo que fue.

Pero nosotros sí lo hacemos…

Sí…  Berta Riaza es una de las actrices más colosales que he visto nunca en un escenario.

Cuando quedé fascinada con tu forma de interpretar, ese momento en que descubres a un actor y sabes que vas seguir su carrera para siempre, fue en “La señora”.  No sé si para ti el Marqués de Castro es tu mejor personaje… o ése al que le estás más agradecido.

Desde luego que sí, aunque también hay un personaje en la película “Gordos” con el que disfruté mucho y me trajo muchas cosas buenas.  Con otros personajes igual…

Pero sí, el Marqués de Castro es un trabajo muy importante para mí. Fueron tres temporadas de una serie y eso me ofreció la  posibilidad de recorrer rincones del personaje, ir a sitios, evolucionar… que es difícil tenerla con cualquier personaje en una película o en una obra de teatro.

Recuerdo que cuando hice las pruebas para interpretarlo, ni siquiera había leído el primer capítulo.  Sólo me dieron una escena, pero yo no sabía que ese personaje iba a ser así.  Cuando comencé a leer la historia y vi los mimbres que tenía: era un falso, suplantaba una personalidad que no tenía, venía de un estrato social muy bajo…  Tenía todos los ingredientes para que yo interpretara a un actor, aunque él no lo fuera. (ríe)

Era un personaje que tenía muchas contradicciones.  Además tuve unos grandes compañeros en esa serie: directores, actores, guionistas… que hicieron muy bien su trabajo.

La verdad es que fue un personaje que creció conmigo durante aquellas tres temporadas y del que guardo un gran recuerdo.

No puedo concluir esta entrevista sin pedirte que me hables de tu colaboración con Tomaz Pandur…

Ese es otro episodio maravilloso de mi vida. Hay directores con los que trabajas que son muy buenos y es muy gratificante trabajar con ellos, pero luego hay otros que son creadores de universos.  Tomaz era ese tipo de director.  Nunca he trabajado con nadie como lo hice con él, con ese nivel.  Era como una especie de brujo (sonríe).  En los ensayos nadie iba en ropa informal o de chándal.  Siempre había un vestuario aproximado al que íbamos a tener en la función, volvía locos a los compañeros de producción. Necesita que el vestuario de los ensayos fuera teatral y sugerente.  Las luces debían crear una atmósfera y no admitía luces de fluorescentes. Traía músicas, traía propuestas… todo partía de una improvisación donde él te daba unas propuestas y tú ahí volabas.

Claro, el nivel de riesgo que él asumía te obligaba a ti, por lo menos, a intentar aproximarte.  Ocurrían cosas que tú desconocías que pudieras hacer y además pensabas que no las ibas a poder repetir al día siguiente.   Luego sentías que eso que tenías que hacer no era nada ajeno a ti porque de alguna manera eras tú el autor.

Era una forma de trabajar ¡tan creativa, tan arriesgada¡   Y luego él tenía un mundo ético y estético tan poderoso…  Y humanamente era un tipo increíble.  Generaba una sinergia y una energía en toda la compañía de buen rollo y de amor que era maravilloso.

Roberto, hemos concluido nuestra conversación, pero sólo por hoy…  (reímos).

Espero que sí, que volvamos a hablar.  Muchas gracias.

A ti…

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NOTAS:

Las fotografías oficiales de la obra de teatro “Fausto” de Goethe, dirigida por Tomaz Pandur, son autoría y propiedad de ALJOŠA REBOLJ y FELYPE DE LIMA.

El resto de fotografías de Roberto Enríquez publicadas en esta entrevista son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

 

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