WONDER WHEEL (Dir. Woody Allen), por Yolanda Aguas

A punto de cumplir los 40, Ginny sufre de terribles migrañas que mitiga dándole a la bebida y se arrepiente constantemente de haber engañado a su primer marido, un músico con el que tuvo a su único hijo, un travieso niño pelirrojo de tendencias pirómanas y apasionado del cine. “Cuando se trata del amor resultamos ser nuestro peor enemigo”, dice esta mujer de fuerte temperamento en un momento del filme.

La protagonista (Kate Winslet) sufre una profunda crisis de identidad. Pagó cara su infidelidad con un matrimonio de compromiso. Humpty la rescató cuando no tenía adónde ir y ella le agradeció el gesto dejando atrás sus sueños de convertirse en una gran actriz para desvanecerse en un circo sin escapatoria rodeada de gritos y música de feria a todas horas. 

 La vida le regala un romance inesperado con Mickey durante el verano, el atractivo salvavidas de la playa, un joven universitario con ínfulas de escritor que se enamora con facilidad y tiene tendencia al melodrama. Precisamente es el personaje de Justin Timberlake el que ejerce de hilo conductor de los hechos, el que describe esas calurosas semanas expuestas al engaño, a la pasión… y a la tragedia.

La puesta en escena es formidable fotografíada por el genial Vittorio Storaro y por una atmósfera escénica a lo Tennessee Williams, incluso lo están también algunos de sus personajes centrales, como esa pareja que componen Humpty y Ginny, un Jim Belushi con trazas decadentes de Kowalski y una inconmensurable Kate Winslet más atravesada aún de amargura que Blanche Dubois.

El drama humano que plantea tiene calado existencial, desgarro y emociones que le dan vueltas a su mundo, arriba y abajo, como la noria de Coney Island que asiste a los hechos, enrevesados, tortuosos y que le plantean al espectador dudas sobre si ha de mirarlos a través de una lente de comedia, de tragedia o de melodrama…

Es una película redonda, amarga y que husmea en las cocinillas del corazón humano donde hierven los deseos, las decepciones, pero no es una de esas películas en las que el talento de Woody Allen explosione en frases que duran años en tu cabeza, como aquel final brillante e inolvidable de “Otra mujer” acompañado por la música de Satie.

Woody Allen, presenta en esta película ese punto doloroso y áspero de ocaso, ilusión, sexo y decepción, que aquí no combate con su eficaz píldora del humor ácido, sino con una subtrama de mafia descolorida y desaprovechada, y con el único objetivo de proporcionarle la coartada moral a su relato, y un desenlace más desconcertante que genial.

La insuperable Kate Winslet nunca ha estado mejor.  Y, si no fuera por la presencia en la competición de Francesc McDormand y su trabajo en “Tres anuncios en las afueras”, me atrevería a afirmar que el Óscar será para ella.

Es una película de Woody Allen, y con eso está dicho todo.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

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