EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO (Dir. Yorgo Lanthimos), por Yolanda Aguas

Hace algunas semanas escribí un artículo dedicado a la última película de Darren Aronofsky, “Madre”.  En él, invitaba a los lectores a que vieran la película para poder participar en las conversaciones que sus amigos pudieran mantener sobre la misma.  Es importante, y aconsejable, tener opinión propia.

Antes de que sigan leyendo este artículo, vuelvo a aconsejarles lo mismo.  Vean “El sacrificio de un ciervo sagrado”, pero háganlo con la mente abierta y dispuestos a entrar en el personal mundo creativo del director griego.

El viaje que nos propone Lanthimos es una auténtica inmersión hacia territorios complejos de transitar.

Steven (Colin Farrell) es un eminente cirujano casado con Anna (Nicole Kidman), una respetada oftalmóloga. Viven felices junto a sus dos hijos, Kim (Raffey Cassidy) y Bob (Sunny Suljic). Cuando Steven entabla amistad con Martin (Barry Keoghan), un niño de dieciséis años sin padre, a quien decide proteger, los acontecimientos dan un giro siniestro y es que, el neurólogo observa desesperado cómo sus hijos contraen una enfermedad que él es incapaz de explicar. Steven tendrá que escoger entonces entre cometer un impactante sacrificio o arriesgarse a perderlo todo.

El inicio de la película es tremendamente impactante, vayan preparados, es un thriller muy singular con toques de intriga.  Una verdadera metáfora de la vida espiritual y sobrenatural. Cine fascinante, sí… pero no apto para todos los públicos.

En la Historia del Cine tenemos películas y cineastas muy personales que nos han impactado con sus propuestas.  Eso está muy bien.  Quiero citar “El ángel exterminador” de Luis Buñuel, película extraordinaria (obra maestra para mí) con uno de los finales más potentes que he visto y disfrutado.  En la película de Lanthimos, el espectador no sale indemneSufre una auténtica sacudida emocional que puede dejar a muchos muy descolocados.

Los personajes viven de forma anómala, turbia… y sin embargo no se hacen preguntas.  Seres vivos que no ven, atrapados en una ceguera por simple conformidad.

Nicole Kidman, como siempre, está maravillosa.

Una película extraña, compleja, peculiar y muy interesante.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

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