LA ENFERMEDAD DEL DOMINGO (Dir. Ramón Salazar), por Yolanda Aguas

“El niño abandonado aprende que para vivir, necesita primero construir un espacio que le fue despojado y después entender, que habitarlo significa confiar en que ese lugar le pertenece”.  (Lidia P., escritora)

Anabel (Susi Sánchez) abandonó a su hija Chiara (Bárbara Lennie) cuando ésta apenas tenía ocho años. Treinta y cinco años después Chiara regresa con una extraña petición para su madre; le pide que pasen diez días juntas. Anabel ve en ese viaje la oportunidad para recuperar a su hija, pero no sabe que Chiara tiene un propósito oculto y que tendrá que enfrentarse a la decisión más importante de su vida.

La primera aparición de Anabel ya nos indica que estamos ante una mujer que ha logrado un absoluto éxito social. Es segura, firme y tiene templanza.  Maravillosamente vestida, da instrucciones a los empleados que deberán dar servicio durante la cena.  Entre esos empleados está una mujer que, tras escuchar las instrucciones de Anabel, se acaricia el pendiente.  Es Chiara.  Al finalizar la cena, Anabel y Chiara se quedan a solas en el majestuoso comedor.  Se miran, se sienten…

Chiara le deja una nota sobre la mesa.  La cita en un lujoso hotel y Anabel acude. Han pasado más de tres décadas y sólo le pide una cosa: pasar diez días juntas. Le dice que puede pensarlo, Anabel se levanta y se va.  Pasado un tiempo (y en una de las mejores escenas de la película), Anabel, su marido y el abogado de ambos, citan a Chiara y le hacen firmar un documento por el que se compromete a no reclamar nada una vez concluya el tiempo que pasarán juntas.

Siempre solemos pensar en el abandono como algo físico, que sucede cuando una persona a la que quieres te deja. En los niños ese abandono puede convertirse en un drama imposible de superar. Es una ausencia física pero, principalmente, es emocional.  Todas las personas tenemos necesidades emocionales que están relacionadas con la presencia de los demás, con su forma de comportarse con nosotros y sus papeles en nuestras vidas. Necesitamos que nos escuchen y nos comprendan.  Sentirnos queridos, valorados, apreciados y acompañados.

Ramón Salazar ha escrito un guión muy importante. Otros directores han tratado con anterioridad las relaciones entre madre e hija.  Cada una de esas películas tiene su propia historia, sus características, su recorrido, su propósito.

Hace bastantes años, viajé a Roma para encontrarme con Marco Ferreri. Hablamos mucho, durante la entrevista y luego cuando me invitó a comer. Él dirigió varias películas que tratan la maternidad y las formas en que cada mujer la vive.  “El futuro es mujer” mostraba a dos mujeres: una de ellas (Ornella Muti) quería experimentar la maternidad en el plano físico, ver la transformación de su cuerpo y vivir el parto.  La otra (Hanna Schygulla) anhelaba tener un hijo para cuidarlo y verle crecer.

En la otra gran película que el maestro italiano dirigió, “Historia de Piera” (1983), la relación entre madre (Hanna Schygulla) e hija (Isabelle Huppert) iba mucho más allá.  Era un intercambio de roles, porque la hija hacía de madre y la madre de hija, lo que producía un intenso distanciamiento emocional entre ellas. Sólo en la preciosa escena de la playa, cuando ambas se abrazan desnudas, vuelven a asumir sus roles con aquel abrazo que no era otra cosa que la recuperación del cordón umbilical.

Recordé nítidamente aquellas sensaciones de 1983 cuando vi la escena del lago de “La enfermedad del domingo”. La madre (Susi Sánchez) y la hija (Bárbara Lennie) recuperan por un momento ese cordón que se cortó dos veces: en el nacimiento de Chiara y cuando Anabel la abandonó.

Si Ferreri contó con dos actrices sublimes del cine europeo para dar vida a Eugenia (Hanna Schygulla, la madre, un papel con el que obtuvo el Premio como Mejor Actriz en el Festival de Cannes) y Piera (Isabelle Huppert, la hija), Ramón Salazar ha encontrado en Susi Sánchez y Bárbara Lennie a las actrices soñadas para protagonizar su película.

Juntas dan vida al texto escrito por Salazar, lo hacen más hondo, más verdadero.  Un guión de mucho calado que conmueve más cuando llegan los silencios. Ahora podría relacionar muchas escenas de “La enfermedad del domingo” con escenas creadas por el gran Ingmar Bergman (y seguro que a Susi le encantaría porque alguna vez hemos hablado de nuestra admiración por él).  No lo haré, todo buen cinéfilo ya las conoce y este artículo se alargaría en exceso.

Concluyo y sugiero ya que todos los premios de interpretación que se entregarán el próximo año sean para el trabajo deslumbrante, profundo, emocionante y artesanal de la gran Susi Sánchez.  Este papel protagonista debía llegar a esta actriz española que es oro puro. Lleva años demostrándolo en el teatro, y ha dejado trabajos en cine y televisión que son auténticas muestras de magisterio interpretativo.

“La enfermedad del domingo” habla de la culpa, de la redención, de la pena, del dolor, del amor…  Lo hace con elegancia, con belleza extrema, con silencios y miradas que taladran y llegan a lo más íntimo.

Gracias por esta película y por las grandes interpretaciones que la habitan.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

 

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