MARY SHELLEY (Dir. Haifaa Al-Mansur), por Yolanda Aguas

Es un biopic sobre la autora de  Frankenstein  que narra la relación entre el poeta romántico  Percy Bysshe Shelley (Douglas Booth) y la joven Mary Wollstonecraft Godwin (Elle Fanning), que dio como resultado la escritura de una de las novelas más importantes de la literatura universal y que ahora cumple 200 años de su publicación.

La soledad, el amor, la muerte y la traición marcaron la vida de esta joven nacida en Londres en 1797. Hija del filósofo político, William Godwin y de la filósofa feminista, Mary Wollstonecraft, sufrió en primera persona cómo el simple hecho de ser mujer le impedía firmar la novela con su propio nombre

Será siempre recordada por ser la escritora que creó a Frankenstein. Criada por un filósofo de renombre (Stephen Dillane) en el Londres del siglo XVIII, Mary Wollstonecraft Godwin (Elle Fanning) es una adolescente soñadora decidida a dejar huella en el mundo. Un día conoce al brillante poeta Percy Shelley (Douglas Booth) con el que empezara una aventura amorosa marcada por la pasión y la tragedia, algo que transformará a Mary y la impulsará a escribir su obra maestra gótica.

La autora no tuvo una vida fácil, empezando por la muerte de su madre, la filósofa precursora del feminismo Mary Wollstonecraft durante el parto.  A eso hubo de sumar la pérdida de hijos y hermanas, la inestabilidad de su situación financiera y la divergencia de criterios entre su cabeza y sus vísceras en asuntos del corazón, el eterno debate. Contra la razón crítica, el sentimiento: absoluto romanticismo.

Precisamente, el movimiento intelectual al que perteneció Shelley es el ejemplo más claro de la idea que vertebra este ‘biopic’ sobre la escritora y, sobre todo, su obra cumbre, ‘Frankenstein o el moderno Prometeo’: la del reverso destructor de la creación, la del autor devorado por su obra.  Al menos así lo cuenta ‘Mary Shelley’, el segundo largometraje de ficción la directora saudí Haifaa Al-Mansur,  que debutó en 2012 con ‘Wadjda’. Desde el primer plano —se escucha una tormenta, se muestra un cementerio—, la cinta de Al-Mansur enumera todos los rasgos temáticos de la novela gótica del siglo XIX, pero se olvida del impulso, del arrebato de la creación romántica, con una propuesta demasiado contenida. Cada encuadre es un cuadro suntuoso y cautivador.

Como buen personaje del Romanticismo, la historia de Mary Shelley está llena de fantasmas. El principal, el de su difunta madre, quien había vivido fiel a sus ideas revolucionarias y que dejó tras de sí, además de una estela de admiración por el manuscrito “Vindicación de los derechos de la mujer” (1792), una reputación en la que entonces pesó más su disidencia de las convenciones sociales y maritales de la época.  La relación con Percy Shelley fue de lo más tortuosa. La concepción del amor libre que tenía el autor de ‘La reina Mab’ no era la misma que la de su esposa. Tampoco la intensidad con que interpretaban el papel de poetas decadentes. Y eso que por historial de desdichas ella tenía más meritos.

La interpretación principal corre a cargo de Elle Fanning, quizá de las mejores actrices de su generación.

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EL CINE ESPAÑOL EN #66SSIFF, por CineT Farö

La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas ha acogido hoy la presentación de diecinueve películas de producción española que podrán verse en la 66 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que se desarrollará entre el 21 y el 29 de septiembre. José Luis Rebordinos, director del Festival, y Ruth Pérez de Anucita, responsable de Comunicación, han desvelado los títulos que se presentarán en la Sección Oficial, New Directors, Zabaltegi-Tabakalera y Perlak.

Icíar Bollaín (Madrid, 1967) competirá por tercera ocasión por la Concha de Oro con Yuli, tras presentar en la Sección Oficial Te doy mis ojos (2003), que se saldó con dos Conchas de Plata para sus protagonistas, Laia Marull y Luis Tosar, y Mataharis (2007). En Yuli Bollaín aborda, con guion de Paul Laverty inspirado en el relato autobiográfico de Carlos Acosta No Way Home, la historia del bailarín negro que se convirtió en primera figura del Royal Ballet de Londres.

Para Isaki Lacuesta (Girona, 1975) también será su tercera vez en la competición por la Concha de Oro, aunque es su cuarta participación en la Sección Oficial, ya que Murieron por encima de sus posibilidades fue seleccionada fuera de concurso. Lacuesta, que ya sabe lo que es ganar el premio principal del Festival, con Los pasos dobles (2011), presenta Entre dos aguas, protagonizada por los dos hermanos gitanos que aparecían en una de las primeras películas del director, La leyenda del tiempo, cuando eran adolescentes.

Carlos Vermut (Madrid, 1980) incluye igualmente en su palmarés la Concha de Oro, que obtuvo por su segunda película, Magical Girl (2014). En Quién te cantará, que también escribe, cuenta con las actrices Najwa Nimri, Eva Llorach, Carme Elías y Natalia de Molina para contar la historia de una cantante que pierde la memoria poco antes de su regreso a los escenarios.

Para Rodrigo Sorogoyen (Madrid, 1981) es su segunda selección en la Sección Oficial. En 2016, con Que Dios nos perdone, obtuvo en San Sebastián el premio al mejor guion, escrito junto a Isabel Peña. El Reino, su último trabajo, está protagonizado por Antonio de la Torre, que encarna a un político implicado en una trama de corrupción.

Por segundo año consecutivo, una serie de televisión es seleccionada en la Sección Oficial. Tras el paso de La peste (Alberto Rodríguez), el Festival presentará la serie completa de Gigantes, dirigida por Enrique Urbizu (Bilbao, 1962) y Jorge Dorado (Madrid, 1976), que participará fuera de concurso. Urbizu, que compitió en la Sección Oficial en 2012 con su última película, No habrá paz para los malvados, dirige de nuevo a José Coronado.

En el apartado de proyecciones especiales, figura el último trabajo de Telmo Esnal, Dantza, que ganó el Premio de la Industria Glocal in Progress en la primera edición de la actividad de industria dirigida a producciones europeas en lenguas no hegemónicas. Es la primera vez que Esnal (Zarautz, Gipuzkoa, 1966) participa en la Sección Oficial después de ser seleccionado en New Directors con Aupa Etxebeste! (2005), codirigida con Asier Altuna, que ganó el Premio de la Juventud, y Urte berri on, amona! (¡Feliz año, abuela!, 2009).

También como proyección especial se inscribe la cuarta participación en la Sección Oficial de José Luis Cuerda (Albacete, 1947), que ha presentado en San Sebastián Pares y nonesEl bosque animado y La lengua de las mariposas. El director, guionista y productor estrenará Tiempo después, la secuela de una de sus películas más célebres, Amanece, que no es poco.

La participación en la Sección Oficial se suma a las producciones españolas ya anunciadas en la sección New Directors: Koldo Almandoz (San Sebastián, 1973), que presentó en Zabaltegi su primer largometraje, Sipo Phantasma (Barco fantasma), tras estrenarlo en Rotterdam y que mostrará ahora su segundo largo Oreina (Ciervo); Elías León Siminiani (Santander, España, 1971), nominado al Goya por Mapa, que presenta Apuntes para una película de atracos; la ópera prima de Celia Rico Clavellino (Sevilla, 1982), Viaje al cuarto de una madre, que cuenta con Lola Dueñas y Anna Castillo como protagonistas; y la coproducción con Argentina y Cuba Para la guerra, primer largometraje de Francisco Marise (La Plata, Argentina, 1985), en cuyo montaje y producción ha intervenido el cineasta Javier Rebollo.

Trote, de Xacio Baño, que formó parte de la primera edición del programa de residencias Ikusmira Berriak, y a la coproducción Belmonte, de Federico Veiroj, seleccionados en la programación de Zabaltegi-Tabakalera, se añade el largo Teatro de guerra, de Lola Arias (Buenos Aires, 1976), construido con las conversaciones de veteranos de guerra ingleses y argentinos de las Malvinas y dos cortometrajes, 592 metroz goiti, de Maddi Barber (Pamplona, 1988), de la cosecha de Kimuak 2018, y Los que desean, de Elena López Riera (Orihuela, Alicante, 1982), que competirá en agosto en el festival de Locarno.

Y a las presencias ya desveladas en Perlak de Un día más con vida / Another Day of Life, de Raúl de la Fuente y Damián Nenow, y El ángel, de Luis Ortega, se incorpora Petra, de Jaime Rosales (Barcelona, 1970), que se estrenó en la Quincena de Realizadores de la pasada edición de Cannes. Rosales, que en 2008 compitió por la Concha de Oro con Tiro en la cabeza y obtuvo el Premio Fipresci, cuenta con los intérpretes Bárbara Lennie y Alex Brendemühl y los guionistas Clara Roquet y Michel Gaztambide.

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NOTAS:

Todas las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

El texto de este artículo procede y es propiedad de la web oficial del #66SSIFF.

EL JEFE (Dir. Sergio Barrejón), por Yolanda Aguas

“El jefe”, ópera prima de Sergio Barrejón, es una película con un guión  casi inexistente durante todo el metraje. Por si esto fuera poco, el que se supone es personaje determinante de la película, el ¿interpretado? por Juana Acosta está ahí y pasa con más pena que gloria.  Imaginamos que está en la película simplemente porque le debe gustar al director y escribieron su papel como excusa. Es que no es relevante para la historia. Y además sus escenas son superficiales, mención aparte que Acosta es una actriz con demasiadas limitaciones como intérprete.

En fin, estamos en los meses de verano y ya sabemos que algunos títulos se ruedan para ser estrenados en estas fechas, otra cosa sería de locos.

Lo único que se salva de este film es el trabajo de uno de nuestros mejores actores secundarios: Luis Callejo.  Un actor solvente que siempre está bien en todas sus interpretaciones.  Heredero de los grandes nombres del cine español en su categoría.

En la película conoceremos a César (Luis Callejo), el jefe. El CEO de una importante compañía que se cree fantástico pero al que todos sus empleados odian en secreto, a pesar de no haber despedido a nadie durante la crisis porque considera a sus empleados como una gran familia. Además la empresa corre peligro, sus acciones se desploman y han de encontrar una salida antes de que llegue la bancarrota total. En ese proceso aparecerá en escena, Ariana (Juana Acosta), una limpiadora de sus oficinas bastante cotilla.

Sergio Barrejón (guionista el betseller La Catedral del Mar en su versión televisiva) debuta como director con su primer largo, bajo un guion de Natxo López (Acantilado).   A pesar de sus esfuerzos, la película ni funciona ni convence al espectador.

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FORMENTERA LADY (Dir. Pau Durá), por Yolanda Aguas

Samuel (José Sacristán) llegó a la Formentera hippie de los 70 y se quedó a vivir, ganándose la vida tocando el banjo en un garito. Un día recibe la visita de su hija Anna (Nora Navas) y de su nieto Marc (Sandro Ballesteros). Desempleada desde hace tiempo, ha aceptado un trabajo en Francia que la obliga a irse sola.

Tras un primer rechazo, el viejo hippie decide hacerse cargo de su nieto, emprendiendo un viaje que le hará transitar las sombras de su paraíso acompañado de otros singulares personajes; Toni (Jordi Sánchez), Greta (Pepa Juan) y Joan (Ferran Rañé). Un viaje crepuscular que será, a su vez, esperanzador e iniciático.

Esta ópera prima de Durá tiene los elementos precisos para atraer a un público mayoritario.  Es una comedia magníficamente interpretada, especialmente por el gran José Sacristán.

Es un viaje a una época cuyos habitantes siguen añorando. Y es también una mirada generacional muy completa.  Habla del pasado, sí, pero también relata el presente más real.  El encuentro de un abuelo hippie y su nieto. Diferentes mundos, diferentes ilusiones.

Al frente de esta humilde producción está un actor inmenso. Sacristán vuelve a realizar una composición impresionante.

Gran actor, hombre inteligente y película correcta..

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NOS VEMOS ALLÁ ARRIBA (Dir. Albert Dupontel), por Yolanda Aguas

Adaptación cinematográfica de la novela homónima de Pierre Lemaitre, ganadora del prestigioso Premio Goncourt.

La trama, que se mueve entre el drama y la comedia. Se ubica en la Primera Guerra Mundial, durante el 1919. Relata cómo dos supervivientes de las trincheras, un magnífico ilustrador y el otro, un modesto contable, montan una estafa sobre los monumentos a los muertos de la guerra. En la Francia de los años veinte, el proyecto se convierte en algo tan peligroso como espectacular.

Es una película en la que destaca la amistad de los dos actores protagonistas. Dos personajes que preparan una venganza contra Francia. Un país que resalta los muertos en la guerra pero se olvida de los supervivientes, según el guión-novela. Se describe en la historia a una sociedad que desprecia aquellos soldados que no murieron durante la guerra.  También es una reflexión que llega a los personajes que protagonizan la trama, desde los cuales se crea una crítica social. De hecho, a pesar de ubicarse en la Gran Guerra, el director Dupontel, quien también aparece entre los papeles protagonistas, cuando leyó el libro vio como todos los personajes eran de una modernidad desconcertante. En medio la trama aparece una pequeña minoría codiciosa y avariciosa que domina el mundo, que según el director podrían ser las multinacionales actuales.

Nos vemos allá arriba es una historia singular; comienza con una absurda y épica carga el último día de la guerra, pocas horas antes de que se firmara el armisticio. El resultado marca a tres supervivientes: el malvado teniente Henri d’Aulnay-Pradelle, que ordenó el ataque; el pobre Albert Maillard, contable, que se dio cuenta de la maniobra de su teniente; y el desgraciado Édouard Péricourt, hijo de un importante industrial, buen dibujante, que quedó desfigurado al salvar a Albert. De las trincheras a los hospitales y de allí a París, donde la vida continúa y comienza la belle époque, con sus lujos, bailes, corruptelas y patriotismo exaltado; para algunos no es tan bella. Édouard, desfigurado, se oculta, se hace pasar por muerto y concibe una divertida y singular venganza contra todos los que le hicieron mal.

Nos vemos allá arriba obtuvo 12 nominaciones a los premios César del cine francés y ganó cinco. Dentro de sus muchos méritos, destaca por la ambientación, el diseño y la fotografía. El director favorece en todo momento largos planos secuencia. Un soberbio arranque por las trincheras, uniformes, armas… da paso a unos hospitales de campaña, a unas mansiones y a unos salones en los que no hay fallo alguno.

Todos los detalles son perfectos y armonizan perfectamente. A ello hay que añadir el tratamiento del color, para destacar que se trata de una historia de época. La fotografía, el vestuario y los decorados fueron galardonados.  La historia, premio al guion adaptado, tiene un tono desenfadado que evita caer en el pesimismo y la negrura que tienen los temas tratados: las matanzas gratuitas, los heridos y mutilados, las corruptelas y los arribistas, la desmovilización, y siempre –sello de Dupontel– el tono social y el toque anticapitalista. Dupontel consigue mantener todo el tiempo ese raro equilibrio que funciona de maravilla y le valió el César al mejor director.

Del reparto cabe destacar a Nahuel Pérez –premio César por otra película–, que, embozado y mudo, tiene una extraordinaria presencia y una mirada expresiva que vale por cualquier discurso.  La historia cuenta también con una serie de personajes secundarios interesantes, que han sido muy bien trabajados: el padre de Édouard, su hermana, la criada Pauline, la niña…

Un estreno interesante en meses de verano, algo que no suele ser habitual.

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NOTA: Las fotografías oficiales insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

ROBERT CAPA (En color y con el cine), por Yolanda Aguas

Con cierto retraso desde su inauguración, visité ayer la exposición que CaixaForum Zaragoza dedica al gran fotoperiodista Robert Capa. En ella se pueden ver diferentes temáticas, todas muy interesantes, que componen la obra de este prestigioso fotógrafo.

En 1938 empezó a hacer fotos en color, en 1941 a publicarlas y en 1943 tiró la toalla ante la resistencia de los editores y las exigencias de Kodak que como sucede con la fórmula de la Coca-Cola, durante años obligó a que se le enviaran los carretes para devolverlos revelados con tal de no descubrir los secretos de su patente.

Cynthia Young, comisaria de la exposición, aseguró durante la presentación en España,  que esta selección de un centenar y medio de fotografías de los años cuarenta y cincuenta sirve para acabar con varios mitos, como el que considera un sacrilegio relacionar al mítico autor de Muerte de un miliciano con la fotografía en color.

También explicó que, en sus primeros años, el color exigía una velocidad baja de disparo y que fotografías como la de un grupo de soldados que desde un buque dejan perder su mirada ante las orillas de África, listos para marchar al frente, durante la Segunda Guerra Mundial, mientras la brisa despeina sus flequillos, tuvieron que estar muy meditadas.

Hasta ahora ninguna retrospectiva de Capa ha incluido el color y la mayor parte de las fotos reunidas en esta exposición se quedaron sin publicar en su día, de ahí que Young haya explicado que en el momento de abrir las cajas que conservaban estos negativos la sorpresa fue mayúscula por la calidad de las imágenes. Unas imágenes que confirman que el hombre que desembarcó en Normandía y perdió a su mujer en Brunete nunca fue un fotógrafo pasivo y siempre estuvo en la vanguardia; no solo en la batalla, también en la técnica.

Otro mito es que Capa no fue un fotógrafo técnico, afirmación que echa por tierra el virtuosismo de estas imágenes, o de que no fuera estético sino emocional, un intuitivo disparando para atrapar el instante -lo que desmiente que se metiera en el agua del mar junto a Picasso para inmortalizar al genio como un simple mortal, disfrutando de los chapoteos de su nieto, desnudo entre sus brazos-. “Siempre en la vanguardia” Young ha recordado que The New York Times no cedió su primera página al color hasta 1997, lo que da muestra de la visión de Capa en mostrar la guerra en toda su crudeza, para lo cual, consideró tempranamente, ayudaba el color.

El mundo del celuloide está muy presente en la exposición. Ava Gadner, H. Bogart, Orson Welles, Jeffrey Hunter, Anna Magnani, Ingrid Bergman…  Todas estas celebridades están presentes.  Truman Capote, Pablo Picasso…  genios a los que Capa también atrapó con su cámara.

Una gran exposición, no duden en ir a verla.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

HIROKAZU KORE-EDA (Premio Donostia 2018), por CineT Farö.

En la 66 edición del Festival de San Sebastián un Premio Donostia reconocerá la trayectoria de Hirokazu Kore-eda

La ceremonia de entrega, que tendrá lugar en el Teatro Victoria Eugenia, se completará con la proyección de “Manbiki kazoku / Shoplifters (Un asunto de familia)”, Palma de Oro en Cannes 2018

El director japonés, el primer cineasta asiático en recibir este reconocimiento, ha competido cuatro veces en la Sección Oficial y ha obtenido en dos ocasiones el Premio del Público.

El Premio Donostia reconocerá, en la 66 edición del Festival de San Sebastián, la contribución al mundo del cine del director japonés Hirokazu Kore-eda (Tokio, 1962). Kore-eda es el primer realizador asiático que recibe el galardón honorífico más importante del Festival. La ceremonia de entrega del premio, que tendrá lugar en el Teatro Victoria Eugenia, se completará con la proyección de Manbiki kazoku / Shoplifters (Un asunto de familia), que fue reconocida con la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes.

La programación de Un asunto de familia, como Proyección Especial Premio Donostia, supondrá la décima participación de Kore-eda en San Sebastián tras competir en la Sección Oficial con Wandafuru raifu / After Life(1998), Hana yori mo naho / Hana (2006), Aruitemo auritemo / Still Walking (2008) y Kiseki / I Wish (Milagro, 2011), que obtuvo el premio al mejor guion, la selección en la sección Zabaltegi Especiales de Nochi-no-hi / The Days After (2011) y en Perlak de Soshite chichi ni naru / Like Father, Like Son (De tal padre, tal hijo, 2013), Umimachi Diary / Our Little Sister (Nuestra hermana pequeña, 2015), Umi yori mo mada fukatu / After the Storm(Después de la tormenta, 2016) y Sandome no satsujin / The Third Murder (El tercer asesinato, 2017).

Nacido en 1962 en Tokio, Hirokazu Kore-eda se graduó en la Universidad de Waseda en 1987 e inició su carrera en el seno de la compañía de producción televisiva TV Man Union, para la que dirigió varios documentales. Debutó en el cine en 1995 con Maboroshi no hikari / Maborosi, una ópera prima que adaptaba una novela de Teru Miyamoto y en la que ya afirmaba el estilo y temas que han sido recurrentes en su obra, como las relaciones familiares y el vacío provocado por la desaparición de los seres queridos. La película obtuvo la Osella de Oro en la 52 edición del Festival de Venecia y Kore-eda fue reconocido rápidamente como uno de los más prometedores cineastas que, en la década de los 90, estaban llevando a cabo una importante renovación creativa del cine japonés. Su segunda película, Wandafuru raifu / After Life (1998), una original fusión de cine fantástico con técnicas documentales, no hizo sino confirmar su talento tras su estreno en el Festival de San Sebastián. El Festival de Cannes acogió sus siguientes trabajos: Distance (2001), una poética indagación acerca del atentado perpetrado en 1995 por la secta Aum Shinrikyo, fue seleccionada para competir en la Sección Oficial, mientras que su primera y bella incursión en el mundo de la infancia, Dare mo shiranai / Nobody Knows (Nadie sabe, 2004), le valió a uno de sus protagonistas, Yagira Yuya, el Premio al Mejor Actor.

Aunque Kore-eda es uno de los grandes cronistas de la vida en el Japón contemporáneo, con Hana yorimo naho / Hana (2006) realizó una incursión en el cine histórico y las películas de samuráis, aunque siempre desde una óptica muy personal que rompía las convenciones del género con su mensaje humanista. Esta película compitió en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, al igual que su emotivo retrato de las relaciones familiares  Aruitemo auritemo / Still Walking (2008). Kûki ningyô / Air Doll (2009), que tuvo su premiere en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, supuso otro sorprendente giro en su carrera al narrar una historia de ciencia-ficción que nunca perdía de vista la eterna preocupación del director por los sentimientos humanos. En los últimos años, Kore-eda ha seguido privilegiando su interés por la familia y la infancia, a través de una serie de sensibles dramas acerca de la memoria, la pérdida y la agridulce experiencia que supone el simple hecho de vivir, todos ellos estrenados en festivales internacionales: Kiseki / I Wish (Milagro, 2011), por la que obtuvo el Premio al Mejor Guión en el Festival de San Sebastián; Soshite chichi ni naru / Like Father, Like Son (De tal padre, tal hijo, 2013) y Umimachi Diary / Our Little Sister (Nuestra hermana pequeña, 2015)¸ que tuvieron ambas su premiere en la Sección Oficial del Festival de Cannes; Umi yori mo mada fukatu / After the Storm (Después de la tormenta, 2016), presentado en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes; y el drama judicial Sandome no satsujin / The Third Murder (El tercer asesinato, 2017), que compitió en el Festival de Venecia.

A lo largo de su trayectoria Kore-eda también ha ejercido la función de productor, apoyando los trabajos de nuevos talentos del cine japonés: Hebi ichigo  / Wild Berries (2003) de Miwa Nishikawa, Kakuto de Yusuke Iseya (presentada en el Festival de Rotterdam), Beautiful Islands (2009) de Tomoko Kana, Ending Note: Death Of A Japanese Salesman (2011) de Mami Sunada (que fue seleccionada para la sección New Directors del Festival de San Sebastián), Anohi – Fukushima ha ikiteiru / That Day – Living Fukushima (2012) de Kohei Imanaka y el film colectivo Ten Years Japan (2018).

Hirokazu Kore-eda siempre ha sido uno de los cineastas más queridos por los espectadores del Festival de San Sebastián, quienes han sabido apreciar la sensibilidad de unos relatos capaces de trascender fronteras geográficas y culturales para hablarnos de valores universales. Es por ello que tanto De tal padre, tal hijo como Nuestra hermana pequeña recibieron el Premio del Público en San Sebastián. 

El reconocimiento a Kore-eda continúa la línea de los premios del Festival de San Sebastián a grandes artistas del mundo cinematográfico cuya obra, como el caso el año pasado de Agnès Varda, merece ser remarcada.

PROYECCIÓN ESPECIAL PREMIO DONOSTIA, en el Teatro VICTORIA EUGENIA

MANBIKI KAZOKU / SHOPLIFTERS (UN ASUNTO DE FAMILIA)

HIROKAZU KORE-EDA (JAPÓN)

Después de uno de sus habituales hurtos, Osamu y su hijo encuentran a una niña en la calle aterida de frío. Al principio, la esposa de Osamu no quiere que se quede con ellos, pero acaba apiadándose de ella. A pesar de sobrevivir con dificultades gracias a pequeños robos, la familia es feliz, hasta que un incidente imprevisto revela un secreto que pone a prueba los lazos que les unen.

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NOTAS:

Las fotografías de Hirokazu Kore-eda durante su presencia en el Festival I. Cine de San Sebastián, son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

Las fotografías de Hirokazu Kore-eda “en línea” con los años de su participación, son propiedad de #SSIFF, así como el texto de este artículo que procede de la web oficial del festival.