GIRL (Dir. Lukas Dhont), por Yolanda Aguas

Lara, una adolescente, se dispone a celebrar un cumpleaños crucial. Va a marcar el principio de su transformación. Lara sueña con la danza y la ópera. Ella está dispuesta a todo para conseguir sus sueños. Su cuerpo, lo entrena, lo hace más flexible, lo maltrata y este intenta doblegarla.  Su cuerpo, ese enemigo. Lara nació como chico. Es una lucha diaria que sufre, la de bailarina y la de joven en desarrollo, a punto de empezar su tratamiento. Pero aprender a bailar ballet es un largo camino, al igual que la prueba larga y agotadora que conlleva cambiar de cuerpo.

Girl es el primer largometraje del belga Lukas Dhont, que se presentó en Un Certain Regard de la última edición del Festival de Cannes.

En este período de transición, a Lara le apoya un padre cariñoso y atento y un equipo médico la supervisa y la guía hacia su bienestar.  Ha entrado en una exigente escuela experimental de baile, donde el profesorado acepta y apoya su particular destino. Si el vestuario significa un sufrimiento es porque, para los adolescentes en conflicto con su envoltorio carnal, son un verdadero problema. Sin embargo, contra lo que más debe luchar es con su propia impaciencia.

La película se inicia con una luz suave, un marco de una vida familiar harmoniosa, donde la ambición de la joven y su futuro como bailarina es la principal preocupación de todos. Cuanto más se muestra la historia, más se endurece el entrenamiento y más sufre el cuerpo (la imagen de los pies machacados de Lara); más se oscurece la película. Ahí está uno de los puntos fuertes de la película, que le da mucha amplitud narrativa. Es el deseo tenaz de Lara por llevar al límite su cuerpo de chico joven no solo volviéndolo más femenino, sino transformándolo en un cuerpo femenino, el de una bailarina.

Precisamente, en la evolución íntima de Lara, Lukas Dhont hace una apuesta valiente y emotiva para entender los tormentos internos que  la torturan.

En el apartado de la interpretación, Lukas Dhont tuvo la inmensa suerte de encontrar a  Victor Polster. El joven, estudiante de danza, encarna a Lara con valentía y dulzura ofreciendo a la cámara su mirada radiante que se ensombrece poco a poco al final de su búsqueda, cuando deja que el sufrimiento inunde sus ojos claros.

Es el corazón vibrante de la película, de casi todos los planos, seriamente apoyado por la interpretación certera de Arieh Worthalter, en el papel de su padre, un padre cariñoso, benevolente, y que sin parar nos muestra su impotencia frente a los tormentos de su hija.

Extraordinaria película que narra el trayecto íntimo de una joven transgénero que parte al reencuentro de su cuerpo.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

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