LA CLASE DE PIANO (Dir. Ludovic Bernard)

Texto: Yolanda Aguas

La música es el secreto del joven Mathieu Malinski (Jules Benchetrit), un tema del que no se atreve a hablar en el barrio donde pasa el tiempo con sus colegas. Cuando uno de los pequeños hurtos que suele llevar a cabo con sus amigos le hace acabar en el calabozo, Pierre Geitner (Lambert Wilson), director del Conservatorio Nacional Superior de Música y que le vio tocar en una estación, consigue sacarlo a cambio de servicios sociales. Pero Pierre tiene un plan diferente para Mathieu: ve en él el futuro gran pianista en potencia que lleva dentro y, por eso, lo inscribe en el concurso nacional de piano. Mathieu entra en un nuevo mundo cuyos códigos ignora, empieza las clases con la intransigente “Contesa” (Kristin Scott Thomas) y conoce a Anna, de la que se enamora.

El joven protagonista vive en la periferia con una madre y dos hermanos que no llegan a fin de mes, y en consecuencia se busca la vida con pequeños robos. “La clase de piano”, como ya imaginarán, es un nuevo cuento de hadas.  Corren tiempos difíciles, en todos los ámbitos, y de vez en cuando viene muy bien ver películas así.  Películas que solo pretenden poner ante nuestra mirada que el triunfo y la superación pueden ser posibles.

Jules Benchetrit (1998), hijo de la malograda Marie Trintignant, está atinado como personaje en conflicto que deberá poner sentimiento y pasión adecuados cuando se sienta al teclado.

Un elemento esencial de la película, es la portentosa música del compositor ruso Serguéi Rajmáninov (1873-1943), ensamblada en la trama más allá de lo que es un recurso en la banda sonora. Resulta curioso como Ludovic Bernard, veterano ayudante de dirección, con casi tres décadas en el oficio, prefiere no aplicar a su tercera película como autor la intensidad emocional que se pide al candidato. Opta finalmente por una factura correcta y sin alardes, aunque el academicismo también sea una virtud cuando se pone al servicio de una idea tan sencilla como compleja: la de superación personal.

De la película, quizá lo más importante sea su mensaje: “Consentir los caprichos de un niño no es amarlo; amarlo es sacar lo mejor de él, enseñarle a amar lo difícil”.

Básicamente, esta película tendrá mayor interés para los muchos seguidores de la Sra. Scott Thomas.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

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