AD ASTRA (Dir. James Gray)

Texto: Francesc Mazón Camats

AD ASTRA: HIJOS Y PADRES

La aplastante sombra edípica que recorre casi toda la carrera de James Gray, desde su deslumbrante inicio en “Little Odessa“ hasta este “Ad Astra” espectacular y profundo filme, parece un tema recurrente y obsesivo.

Cerrando casi la temporada, en espera de los premios, habitualmente erróneos o discutibles, volvamos  a este film que debería ser la confirmación de su indiscutible talento y personalidad, hasta ahora ninguneada en su país y aclamada en Europa, especialmente en Francia.

Su film más caro y de acabado perfecto, gracias al apoyo de la productora de Brad Pitt (que produjo pero renunció a protagonizar su anterior maravilla “The Lost City of Z“) ofrece a este actor, un niño envejecido, su mejor trabajo hasta la fecha, lejos del histrionismo del considerado su cénit en “12 Monos”.

Peter Pan se ha hecho mayor, su rostro tan americano de eterno joven, similar al de Keir Dullea, el protagonista de 2001, ahora ligeramente ajado que expresa desde un estricto control, una profunda melancolía, algo perdido en su infancia y ya irrecuperable.

Desde la introspección, con un profundo soliloquio, la voz de su alma oculta bajo la frialdad inamovible de un astronauta. Le espera un largo viaje hacia el límite de nuestro sistema solar, amenazado por un oscuro, apocalíptico desastre, provocado por un padre desaparecido hace lustros. En realidad La Odisea cósmica, de un Telémaco que debe encontrar a su padre para destruirlo. Edipo al encuentro de Ulisses, con el fondo del Conrad del corazón de las tinieblas.

De nuevo un largo viaje al fondo de la noche, aquí dual: viaje al interior de un hombre herido, bloqueado y solitario, un autista emocional; viaje al límite de nuestro mundo conocido, a un universo oscuro, inmutable e indiferente a nuestras cuitas.

El film y su viaje planteado en cuatro Fases/etapas : el prólogo, la primera caída casi mortal del protagonista, en una base del límite exterior de nuestra atmósfera, fascinante.Un segundo viaje a una base lunar ya colonizada, donde un guía, antiguo compañero de su padre, perfecto Donald Sutherland (Dante y Virgilio en el infierno lunar ) desvelará su oculta misión, antes de ser atacados por piratas o secuestradores lunares, nueva caída en un cráter de la cara oculta de la luna. El protagonista pierde a su guía como en La Divina Comedia, tensión y ritmo impactantes.

Un nuevo y quizás definitivo viaje a los confines de nuestro sistema solar, con una primera escala en Marte, el planeta rojo de nuestras lejanas e infantiles pelis de marcianos. Ahora  presentado como un árido planeta, cercano a los desiertos míticos del cine, los westerns del maestro Ford, el terrible escenario final de Avaricia de Stroheim, lejano ya el Zabriskie Point del amor libre y plural. En una nueva base  humana, subterránea y claustrofóbica, una guía ahora figura maternal, Ruth Negga, magnífica, expresará la añoranza de una marciana por el planeta tierra que apenas conoció, en un hermoso monólogo antes de liberar a nuestro hombre/niño. A través de un angustioso alcantarillado hasta un mar subterráneo de aguas amnióticas, el héroe ahora perseguido consigue acceder a un fálico cohete que lo llevará a su destino último (los paralelismos con el viaje o caída psicodélica final de Keir Dullea, son evidentes, su significado, no.  Allí metafísica y abstracción, aquí una humanidad herida y confusa).

Más allá de Júpiter (el Zeus romano, el dios/padre) alcanzará Neptuno, el astro oscuro, el dios enloquecido que devoraba a sus hijos, todo esta parte del viaje, casi en solitario, es de una riqueza y fascinación visual impactantes.

Llegamos al final, emocionante, espléndido. El reencuentro de hijo y padre (magnífico e impecable Tommy Lee Jones), un Ulisses envejecido, casi ciego, decrépito y un Telémaco, exhausto y anhelante.

Un solo plano magistral, podría cerrar el film, padre e hijo unidos por un cordón umbilical, flotan en un espacio oscuro, hostil e indiferente.

Nos espera un final impecable, que nos lleva a las lágrimas… en mi humilde opinión, el film del año.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

 

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