COSTA-GAVRAS (Entrevista), por Yolanda Aguas

El actual presidente de la Cinemateca francesa, Costa-Gavras, es todo un caballero.  Elegante, amable, cortés, educado…  Ese tipo de hombre con el que todo ser humano se siente a gusto a su lado.

Tiene una sabiduría de la vida tan grande que con un pequeño gesto o una sola palabra simplifica y hace más fácil las cosas.

Disponíamos de muy poco tiempo para conversar a solas con él,  pero pudimos hacerlo… y desde estas líneas quiero agradecer de corazón a Jorge Puértolas (Jefe de Prensa del Festival I. Cine de Huesca) que nos concediera ese momento tan mágico al lado del maestro Costa-Gavras.

Emocionante fue comprobar que Costa-Gavras me recordaba de nuestro encuentro hace cinco  años en San Sebastián cuando presentó  en la S.O. “Le Capital”.  Sin duda tiene una memoria prodigiosa…

Maestro, ¿le molesta o le incomoda que siempre definan sus películas como políticas?

Con los años me he acostumbrado.  Pienso que es algo que yo no puedo controlar y procuro respetar las opiniones que ustedes, los periodistas especializados en cine, hacen de mi trabajo.  Pero mi opinión es más sencilla: los espectadores van al cine para disfrutar y pasar un buen rato viendo un espectáculo. No creo que esperen recibir una lección política.  Yo siempre he procurado que mis películas traten los temas que le interesan a los seres humanos.  Mis films hablan de la sociedad, de los problemas y alegrías que vivimos.  Y si luego llega la reflexión mucho mejor.  El cine es un instrumento para transmitir emociones.

Pero en los tiempos que vivimos de profunda crisis económica y desánimo emocional en tantas personas que la están sufriendo…  ¡es necesario más que nunca un cine de denuncia y compromiso como el suyo¡

Es verdad, y el problema que yo veo es que el cine cada vez es más espectáculo y menos todo lo demás.  Antes podías contar con un productor que se jugaba su dinero para hacer películas que tuvieran un mensaje importante.  Ahora sólo importan los beneficios económicos que una película pueda dar.  El interés por el dinero lo buscaba principalmente Estados Unidos, en Europa siempre quedaba la esperanza de hacer películas por el arte.  Pero Europa cada vez más está en la misma dinámica.

Usted ha sido siempre un gran director de actrices.  No le preguntan mucho por esto y no comprendo el motivo…  (él asiente…  y reímos).

Romy Schneider, Fanny Ardant, Debra Winger, Sissi Spacey, Jessica Lange, Jill Clayburg… 

Es verdad y le agradezco que lo mencione.  Me gusta mucho trabajar con las mujeres.  Ustedes son más inquietas, más creativas…  Estas maravillosas actrices que usted ha nombrado me aportaban mucho durante los rodajes y yo les escuchaba.  Unas veces les decía que sus propuestas no podían ser y otras yo las tenía muy en cuenta y trabajábamos esas ideas.  Lo mejor, y ese no era mi mérito, es que siempre había un entendimiento entre nosotros.  Eso no me sucedía con los actores (aunque también he contado con grandes actores masculinos).  Con ellos no siempre fue fácil trabajar.

Disponemos de poco tiempo pero, al menos, voy a pedirle que me hable de dos actrices: Romy Schneider y Jill Clayburg.

(Amplía sonrisa del maestro…)

Romy Schneider protagonizó “Clair de femme” (Una mujer singular) (1979) junto a Yves Montand.  En esta película narró una historia romántica entre ambos actores. ¿Cómo trabajaba Romy?

Fue maravilloso trabajar con ella. De verdad.  Debo ser sincero y le voy a contar que si yo hice esta película fue exclusivamente por trabajar con Romy.

Los dos hablábamos muchas veces que teníamos que encontrar una historia que nos permitiera trabajar juntos.  Cuando yo leí el libro de Romain Gary hablé con ella y aceptó.

Romy Schneider era una persona muy particular, muy interesante…  Ella tenía un éxito muy grande como actriz y era muy famosa… pero no siempre era feliz.  Tenía dificultades en su vida, dificultades que no se veían tampoco y que yo creo provenían de su infancia.  Algunas personas la llamaban “la tedesca”, ella les repondía “yo no soy tedesca”.  Esto le hizo sufrir en su infancia.

Romy era muy, muy sensible.  Una pequeña palabra “cosí” que le afectara… cambiaba completamente su estado de ánimo por días.

¿Era fácil dirigirla?

Muy fácil.  Ella tenía una relación muy cercana con su director. Me daba pequeñas notas o me decía “por si tú quieres hacer esto así…”.  Era muy fácil el trabajo con ella.  Era como tener un “love story”, naturalmente completamente platónico.  Ella quería esta relación para poder trabajar y jugar cómoda y libremente.

También dirigió a una actriz americana maravillosa: Jill Clayburg.  Ella había tenido tres años antes un gran éxito al protagonizar “La luna” de Bernardo Bertolucci.

Usted la dirigió en “Hanna K” (1983), una película que muestra el conflicto palestino-israelí a través de una historia de amor.  Usted manifestó cuando presentó la película que “las mujeres han ido conquistando libertades pero también he visto cómo estas libertades han traído para ellas nuevas esclavitudes”

Sí, yo afirmé eso y sigo creyéndolo.

Jill había hecho una gran interpretación con Bertolucci.  Era muy profesional y una mujer muy cercana.  La recuerdo como una gran colaboradora con la que trabajé muy bien.

Como le he dicho antes durante la rueda de prensa, mis actores son principalmente colaboradores.  Son las personas que están más cerca de mí y tengo que explicarles todo lo que quiero de ellos.

Antes le he comentado que también me gusta escuchar sus propuestas y siempre encontramos la mejor solución para todos.  Si no me gustan sus sugerencias, les digo que no pero les explico los motivos.  Así se crea una relación íntima que favorece siempre el trabajo.  Aunque debo insistir que siempre es más íntima con las señoras que con los caballeros.

Quizá sea porque le gustan más…  (reímos)

Los hombres tienden a ser demasiado autoritarios.  Con las mujeres mi relación es siempre más poética.

Sr. Gavras, me ha hecho especialmente feliz este encuentro con usted.  Muchas gracias y espero verle pronto.

Yo también lo espero… muchas gracias.

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NOTAS:

Todas las fotografías (durante la presencia de Costa-Gavras en el Festival I. Cine de Huesca en 2017)  insertadas en este artículo son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

Las fotografías de las películas “Hanna K” y “Claire de femme” son propiedad de sus autores.

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BLANCA PORTILLO (Entrevista), por Yolanda Aguas

Casi dan ganas de comenzar esta entrevista con el lema que acompañó toda la vida a Concepción Arenal:A la virtud, a una vida, a la ciencia”. Una extraordinaria mujer, a quien Blanca Portillo dio vida en 2012.

Es muy difícil presentar a una actriz, considerada por todos (espectadores y especialistas de la escena) “grande entre las más grandes”, cuando ya se ha escrito mucho y muy bien sobre ella y su trabajo.

Tenía muchas ganas de conversar con la Portillo. Esperaba encontrar a una mujer inteligente, y me encontré – no sólo con eso – sino con una persona muy amable, lo que solemos definir como una mujer “majísima”.  

Si ya la admiraba antes de conocerla, ahora lo que anhelo es un reencuentro con ella para continuar la conversación que leerán a continuación.  

Yo la considero “una primera entrega”… y me gustaría que Blanca Portillo también.

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Hace unos días pude ver “La máscara y la palabra”, programa de RTVE dedicado a José Luis Gómez.  Él decía: “Uno coge la máscara y deja que te entre.  Tiene que contemplarla mucho tiempo y dejar que te entre.  Es un proceso de imaginación y un proceso de SENTIR, sentir…  Y luego, coges la máscara y a partir de ahí la máscara te posee.  Hay gente que se pone una máscara y desaparece, y hay gente que se pone la máscara y se multiplica”.

Diderot también habla de la máscara.  Sin embargo, él afirma que el actor no debe sentir,   el que debe sentir es el espectador.

¿Con qué filosofía estás de acuerdo?

Creo que es una mezcla de las dos.  No creo que una excluya a la otra.  Yo creo que cuando Diderot habla de ese despojamiento también está hablando de esa capacidad que debe tener el actor de asumir la máscara.  Dejar los canales libres, emocionarse… no con su emoción sino con la de su personaje.  Que sea el espectador, el receptor, el que acabe de componer esa evocación y se adueñe de ella y, después, terminar quitándote la máscara y estar limpio de nuevo y volver a ser tú. Creo que es una mezcla de las dos cosas.

Yo siempre hablo de una posesión, como habla José Luis, quizá también porque he sido alumna suya, porque él me ha dirigido, he trabajado con él y le conozco.  Yo creo en eso, creo en la capacidad que un ser humano puede tener para dejar de ser uno mismo y ser otra persona.

¿La máscara es como una protección?

Yo hablo de posesiones, hablo de la sensación de que yo desaparezco detrás de esa máscara y esa máscara cobra vida y es una entidad en sí misma.  Después, cuando te la quitas, vuelves a ser tú.  Yo sí creo en eso, profundamente.

Pero también creo en lo que dice Diderot, yo creo que quien debe sentir, sobretodo, es el espectador.

Siguiendo con Diderot, él decía que la interpretación “es el arte de imitar todo”. Juliette Binoche, en una masterclass en Morelia, dijo que “La interpretación es una declaración de amor”.  ¿Qué es para ti?

Yo me quedo con la segunda.  La interpretación es un acto de amor y de generosidad.  De ser capaz de dar todo lo que tienes, ponerlo en función de un personaje y entregarlo al espectador, al receptor.  Es un acto de amor.  Yo también lo creo.

Desde tu debut en teatro con “Bodas de sangre” – dirección de José Luis Gómez- , hasta hoy…  al mirar tu impresionante trayectoria me gustaría preguntarle ¿Cómo elijes las obras de teatro que vas a representar?  Son títulos, personajes, autores y directores tan grandes…

Yo esto también lo veo con los años y especialmente cuando me decís estas cosas.  Si te fijas en mi C.V. no son tantos los personajes como las obras que he hecho.  La fortuna que he tenido en hacer determinadas obras y en manos de determinados directores.

¿Qué debe tener un personaje para que te interese interpretarlo?

Yo no elijo un texto por el personaje, nunca lo he hecho.  Yo no quiero ser Medea si detrás de esa Medea no hay un director maravilloso y unos compañeros maravillosos.  La historia puede ser muy buena, el personaje puede ser muy bueno, pero tiene que tener dos elementos más que son el director (que es un punto de vista sobre la vida) y unos compañeros en los que pueda descansar y confiar.  Nunca he tenido problema en hacer un personaje pequeño.  Me interesan las historias que se van a contar y cómo se van a mostrar.  Luego, para bien o para mal, eso ha ido derivando en que suelen darme los protagonistas de las historias.  Me hace una ilusión enorme, pero yo no hubiera tenido ningún inconveniente en hacer un secundario en cualquiera de las obras en las que he estado de protagonista.

Como decía Peggy Ashcroft “no hay papel pequeño para una gran actriz”

No, no lo hay.  Además, lo he comprobado.  Me encantan los trabajos corales.

Yo nunca he elegido las obras que hago por el personaje… Nunca.

En “El Septimo Sello” de Bergman, habla la muerte y dice:

“Hubieras gozado más de la vida despreocupándote de la eternidad. En este último instante, goza al menos del prodigio de vivir en la realidad tangible antes de caer en la nada. (…)  Al borde de la vida el miedo nos hace crear una imagen salvadora y esa imagen es lo que llamamos Dios.”

¿Crees en Dios?

No, yo no soy creyente. Creo mucho más en esto que dices, yo no tengo afán de perdurar.  Intento vivir el “aquí y ahora” lo mejor que puedo sin dejar de observar el pasado.  Intentando mejorar y lo que sí sé es que, de alguna manera, mi misión (porque yo creo que todos tenemos una misión en el mundo y en la vida), es hacer esto que hago.

Intentar mejorar la vida de la gente desde donde lo sé hacer.  Dar para que la gente salga un poquito mejor persona después de ver cualquier cosa de las que haga.  Pero no soy creyente.

¿Cuál es tu relación con la muerte?

¡La muerte es una putada¡  Sí que lo es, porque la vida es apasionante y es muy jodido pensar que se acaba y yo necesitaría 20.000 vidas para seguir haciendo esto que hago.

Josep M. Pou me hizo reír mucho cuando me contó que a él le cabrea morir, sobre todo al pensar en todos los que se quedarán aquí disfrutando de las cosas que a él más le gustan. (reímos)

¿A ti también te cabrea?

¡Sí¡ A mí me da mucho coraje… Sí, muchísimo coraje. Es una mierda morir…

¿Sigues algún ritual antes de salir a escena?

No tengo un ritual concreto.  Creo un ritual para cada uno de los personajes.  Cada uno tiene sus necesidades.  Yo no soy de talismanes ni nada de esto.  No soy supersticiosa.  De repente cada personaje te requiere cosas, unos tiempos, unas magias especiales…

Hay una cosa que sí hago siempre: intentar hacer unas cuantas respiraciones y vaciar la mente, justo antes de salir al escenario.  Y, así como es verdad que en el trabajo literario el autor está solo en su casa, parece como que el de los actores es mucho más comunal ¿no?  Pero hay una parte de soledad absoluta, en tu interior.  Nadie sabe qué está pasando y hasta dónde está pasando.  No lo sabe el director, no lo saben los espectadores, no lo sabe nadie.

Lo que yo siento justo antes de salir al escenario es… ¡pánico¡  Verdadero pánico.

Y cuando has estado en el escenario junto a otros compañeros… ¿te has sentido alguna vez más sola que cuando hiciste “El testamento de María”?

¡Sí¡

Lo imaginaba…

Y es una sensación que no quiero volver a vivir.  Lo he vivido muy pocas veces, esa es la verdad, y esa es una de las razones por las que también me he obligado a mí misma a ir eligiendo muy bien a mis compañeros.  Por eso te lo comentaba antes…  Sin unos compañeros con los que poder estar,  es muy difícil hacer teatro y es muy difícil hacer nada en la vida.  Si no tienes gente implicada igual que tú en la que confiar… porque esto es un trabajo colectivo.  Se siente uno horriblemente solo cuando no tienes buenos compañeros de viaje.  A veces, mucho más que cuando estás tú sola.

Hablando de buenas compañeras de viaje…con las que has trabajado varias veces: Susi Sánchez.  Una actriz que venero…

¡Sí¡  Hemos trabajado muchas veces. (sonríe)

En teatro hicisteis juntas:

Bodas de sangre de José Luis Gómez (1986)

Mujeres soñaron caballos, de Daniel Veronese (2007)

Hamlet de Tomaz Pandur (2009)

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¿Te gusta trabajar con ella?

¡Me encanta¡ ¿Ves?  Creo que hay actores “locos de mentes”… (Blanca ríe a carcajadas) y ¡hay muchos¡ y Susi es otra loca…  Entonces cuando me encuentro otra loca como yo pues ¡soy muy feliz¡  Lo mismo que me pasa ahora con José Luis García Pérez.

Susi Sánchez, además, es bellísima en el escenario. A pocas personas conozco a las que un escenario las convierta en una mujer tan bella…

Almodóvar le dice: “Tú, hagas conmigo lo que hagas, en el pasado siempre fuiste modelo”

¡Totalmente¡  Susi tiene una elegancia en su ser, en su forma de interpretar y una enorme hondura.  Cuando trabajas en una escena con Susi y la miras a los ojos… da vértigo.  Es maravillosa, es una gran compañera.

En el capítulo 12 de la 2ª Temporada de la serie “Acusados”, donde diste vida a la juez Rosa Ballester, hay un “momentazo” entre Susi, Mónica López y tú…

En esa serie tuve el privilegio de trabajar con mujeres absolutamente increíbles y con actores maravillosos, la verdad.

Era muy bonito, antes de que nos dijeran “acción”, repasar el texto con ellas, hablar, analizar la escena, y luego verlo convertirse en realidad.  Yo nunca me preocupo si hay una cámara o hay espectadores.  A mí no me preocupa eso.  Lo que me preocupa es si lo que me está pasando en ese momento, sea en un escenario o delante de una cámara, esté sucediendo de verdad.

Y con Mónica y con Susi era ¡imposible que no fuera verdad¡  (sonríe).  Era una sensación muy bonita porque era casi una generación de actrices.  Aunque nos separen algunos años a unas de otras, pero más o menos ahí hay tres mujeres que yo sentía (o así me sentía yo al menos) que éramos tres pesos pesados.  Algo así como “cuidadito que vienen las tres juntas” y eso es fuerte ¿no?

Para el espectador es una gozada…

Es muy bonito, un privilegio.  Esta profesión te da regalos maravillosos como ése.

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Casi no tenemos tiempo para seguir conversando.  Es “nuestra primera vez” y me voy contenta, pero lo volveré a intentar… (reímos).

No puedo dejarte ir sin pedirte que me hables de uno de tus trabajos más potentes: “Concepción Arenal, la visitadora de cárceles” con dirección de Laura Mañá.

Esa es otra de esas mujeres que a mí me han dejado huella.  No he tenido muchas ocasiones de interpretar personajes que hayan existido.  Claro, yo no podía hablar con Concepción para que me explicara cómo era ella, pero “a través de sus obras los conoceréis” ¿no?

Estudié mucho su obra, me fui a donde estaba enterrada, charlé en su tumba con ella, pero no porque yo crea que estaba allí abajo…  Me pasó una cosa muy bonita.  Cuando fui a ese cementerio pasó a mi lado un hombre joven, de unos treinta y tantos años, y su hijo de cuatro o cinco años. El padre le dijo al hijo: “¿Ves ese monumento en el cementerio?  Pues ahí está enterrada una mujer importantísima.  Fue la primera abogada de España”.

Yo me acerqué a la tumba y dije: “Estarás contenta Conchita, porque 118 años después de tu muerte, hay un padre joven que le está enseñando a su hijo quién eras”.

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Hacer ese personaje de tantísima contención, que podría haber explotado en cualquier momento o matado  con las mismas manos pero que tuvo una paciencia infinita y una gran generosidad.

Yo me siento muy orgullosa de haber interpretado a Concepción Arenal, por el legado de esta mujer y el trabajo con Laura Mañá.

Muchísimas gracias Blanca…

Un placer… y que haya más ocasiones para volver a hablar.

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NOTAS:

Todas las fotografías de la presencia de BLANCA PORTILLO en el Teatro Principal de Zaragoza, son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CineT Farö.

El resto de fotografías insertadas en este artículo, son propiedad de sus autores.

 

 

NURIA ESPERT (Entrevista), por Yolanda Aguas

La primera representación teatral que vi en directo fue la obra “Juana del amor hermoso” protagonizada por Lola Herrera.  Una vez le dije a ella “creo que usted es la responsable de que me guste tanto el teatro”.  Pero si Lola Herrera fue el “origen”, la verdad es que Nuria Espert me “atrapó” para siempre y asentó mi amor al teatro. 

La segunda vez que fui al Teatro Principal fue para ver a Nuria Espert en “La Tempestad”.

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Durante muchos años, en la década de los 80’s, la Sra. Espert venía a Zaragoza con sus montajes teatrales (siempre al Teatro Principal): “Las criadas”, “Maquillaje”…  y una vez actuó – en una inolvidable noche de verano – en el Anfiteatro del Rincón de Goya (ubicado en el actual Parque Grande José Antonio Labordeta) con “Salomé” (texto de Óscar Wilde con versión libre de su entrañable amigo Terenci Moix).

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Regresó con “El cerco de Leningrado”, junto a Maria Jesús Valdés (yo vi la obra en el María Guerrero de Madrid) pero no a Zaragoza capital, sino al Teatro Municipal Miguel Fleta del Centro Social de Utebo.

Luego pasaron muchos años sin visitar nuestra ciudad, años en los que realicé numerosos viajes a Madrid y Barcelona para ver sus trabajos.  Regresó con “La Loba”, de nuevo al Principal, y por último estuvo en el Teatro de las Esquinas con “La violación de Lucrecia”.

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Entrevistar a Nuria Espert era un deseo personal que, por diferentes razones, nunca había logrado.  Hoy, por fin, logré ese anhelado encuentro con ella. 

Cuando tuve delante a esta actriz mítica, contemplé a una mujer cercana, cariñosa,  acogedora…  Al concluir nuestra conversación, me quedó algo parecido a esa agradable sensación que sentimos cuando ha dejado de llover: el olor de la tierra mojada.

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Hace un tiempo, usted escribió el prólogo para el libro de memorias de Esteve Polls, “Cinco minutos antes que caiga el telón”:

“Todo lo que explica Esteve sobre nuestros primeros encuentros es rigurosamente cierto.  No explica, es lógico, que yo estaba totalmente deslumbrada por su talento y convencida que su ayuda y confianza en mí, me convertirían en una auténtica actriz.  Trabajé con él, una sola temporada (1953-1954) en el Orfeó Gracienc.  Inolvidable.  Fue una inmersión total, un curso acelerado, pasar de la nada a ser alguien”.

Cuando usted recibió el Premio Princesa de Asturias y emocionó a toda España con su discurso, imagino que tenía en su pensamiento al Sr. Polls y a otras personas que han sido determinantes en su vida profesional y personal.

Si le pido que nombre a tres, ¿quiénes serían?

Tienen que ser cuatro.  Esteve es uno, mi marido es otro, mi madre es otra y Víctor García es otro.  De verdad.

No en ese momento cuando yo estaba hablando en la ceremonia de los premios Princesa de Asturias, pero cuando me estaba preparando para hablar, las presencias que sentía a mi alrededor eran éstas.

Luego hay muchas más personas que me han influenciado, que me han dirigido o que me han ofrecido una oportunidad.  Muchísimas… pero el agradecimiento profundo, ése que dura toda la vida hasta que mueres, son estas cuatro personas.

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Decía Diderot en su “Paradoja del comediante”: “… los gestos, los tempos, el manejo de la voz y los sonidos, el furor…Todo forma parte de una imitación con la realidad configurada a partir de la memoria.  Al acabar la representación, el actor no padece dolor alguno ni melancolía, no está turbado, simplemente se despoja momentáneamente de todos esos recuerdos, hasta que llega un nuevo ensayo”.  Esa es, según Diderot, la paradoja del comediante: un actor no debe sentir nada, son los espectadores los que deben sentir. 

¿Está de acuerdo con esta filosofía?

No lo sé…  Es demasiada cuadriculada esta afirmación de Diderot.  Hay mucho de verdad en eso que dice, pero “el actor no debe sentir nada, es el espectador el que debe sentir”…  (guarda silencio unos largos segundos)

Parece difícil hacer sentir si no sientes…  Lo que es verdad es que tus sentimientos… (silencio de nuevo)

Es complicada esta pregunta.  La quiero contestar bien.  Vuelve a leerme el texto…

… los gestos, los tempos, el manejo de la voz y los sonidos, el furor…Todo forma parte de una imitación con la realidad configurada a partir de la memoria…”

Sí, de acuerdo.

Al acabar la representación, el actor no padece dolor alguno ni melancolía, no está turbado, simplemente se despoja momentáneamente de todos esos recuerdos, hasta que llega un nuevo ensayo…”

Sí, de acuerdo.

Esa es, según Diderot, la paradoja del comediante: un actor no debe sentir nada, son los espectadores los que deben sentir. 

¡No¡  Eso no puede ser así, es demasiado cuadriculado.  Puede ser de muchas maneras, no hay una sola manera.  Él habla como si hubiera encontrado (sonríe) la piedra Rosetta y no…

Hay grandes actores que llegan de maneras diferentes a eso.  No creo que la frialdad y la lejanía y todo lo demás inventado en la mente sea el único camino.  Es un camino, pero hay más caminos.  No se puede cerrar así.  No, eso es una teoría nada más.

Nuria, gracias por esta respuesta…

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Pienso ahora, al hilo de sus palabras, en un momento muy especial en su vida.  Su marido, Armando Moreno, había fallecido y yo viajé a Madrid para verla en el María Guerrero en “El cerco de Leningrado”.  Fui una semana después de la muerte del Sr. Moreno. 

Me pregunté cómo era posible que usted estuviera trabajando tan pronto, con la devastación interior que debía sentir por esa pérdida tan importante en su vida…

Fui a trabajar al día siguiente de morir Armando.  En ese período tremendo de mi vida, en esa pérdida tremenda…  yo quería estar en el escenario.  En el escenario era el único sitio donde yo podía respirar, en mi casa me ahogaba.  Sin poderlo evitar, me metía yo sola en un pozo y me encontraba mejor en el pozo que en la superficie.  Pero, en cambio, a las seis de la tarde me iba al teatro y empezaba a sentirme mejor, mejor…

Se levantaba el telón y hacía la función y notaba que el aire me llegaba hasta el fondo.  Todo el día y toda la noche me costaba respirar, y sólo allí los pulmones se llenaban de aire.

Mi hija Alicia se ocupaba entonces de ese espectáculo, “El cerco de Leningrado”, y me dijo “¿Quieres que cancele?  Mamá ¿cancelo?”.  Yo le dije “de ninguna manera. Ponme una función por la mañana, otra por la tarde y una por la noche”, porque era el único sitio donde podía soportar la pérdida.  Allí encima no pensaba en Armando, no pensaba en nada.  Realmente no estaba interpretando, ni estaba haciendo nada, estaba tratando de “salvar el pellejo”. (sonríe levemente)

El 14-01-2015, en el ensayo general previo al estreno oficial (15-01-2015) en la Sala Fabià Puigserver del Lliure de Montjuic, tuve la suerte de entrar la primera. No fue por nada excepcional, simplemente los invitados estábamos en una lista por orden alfabético y eso me permitió entrar la primera y estar durante toda la obra a menos de dos metros de usted.  Casi podía tocar al Rei Lear

¡Uy¡ Qué bien… (reímos)

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Cuando leo este libro (“Arte y reto en la escena: La obra de Nuria Espert” de Ana Mª Arias de Cossio, ISBN 9788494371363), recuerdo toda su carrera que ha sabido llevar tan bien. Eso es muy difícil…

¿Qué criterios ha seguido? ¿Qué debe tener un personaje para que le atraiga y quiera interpretarlo?

¡Que me de miedo¡  (ríe). Ése es un factor infalible ¿no?  Si me da miedo hay el 90% de probabilidades de que lo haga.  Si digo “¡qué buen personaje y tal…” y me deja como “eso ya lo he hecho o esto se parece a aquello que hice o no sé qué…” hay muchas posibilidades de que nunca lo interprete.

(Nuria pone su mano derecha encima del libro dedicado a su obra y lo mira en silencio unos segundos…)

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Este libro me causó una impresión extraña.  Daba la impresión de que todo había sido muy meditado, como que en mi carrera había un hilo muy claro y que yo soy una persona que ha seguido firme… así su camino.  Y yo no soy así.

Muchas de las cosas han llegado desde fuera, muchas de las cosas me han sido regaladas.  El “Rei Lear” fue una idea de Pasqual, no mía.  Nunca había pensado en eso…

“¿Quién teme a Virginia Woolf?” no quería hacerla de ninguna manera, pero al hacerla Adolfo y estar tan enfermo la acepté.

Muchas cosas que no…  Y aquí, en este libro, parezco más entera y más sabia de lo que soy.

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El trabajo que está interpretando actualmente es “Incendios” del dramaturgo canadiense de orígen libanés Wajdi MouawadUn texto universal…

Sí, parte del éxito está en que cuando se entra al teatro a ver Incendios, interpretamos un texto contemporáneo y excepcional. Hay mucha entrega y emoción por parte de los actores hacia los espectadores en el escenario y se vive un gran espectáculo.  Wajdi Mouaward es un incendiario y con la tragedia que escribe busca inflamación.  De ahí que cuando entren los espectadores, saldrán de otra manera.

Es un espectáculo maravilloso y un texto único. Enlaza con todo el gran teatro del mundo pero con un sello personal del autor, que se ha convertido en el gran autor de principios del siglo XXI. Es una obra coral y en la que todo el mundo encuentra su momento y su oportunidad, una oportunidad que no todos los textos dan de mirar hacia adentro, de buscarte y, la mayor parte de las veces, de encontrarte.

Los espectadores que me han saludado al finalizar la obra me han dado las gracias por hacerles sentir lo que habían sentido y se llevan la emoción como si se hubieran llevado del teatro un regalo.

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Cuando en 1999 usted le entregó el Premio Donostia a Vanessa Redgrave, en aquella inolvidable noche para todos, en su precioso discurso afirmó que “Vanessa Redgrave es la mejor actriz de Europa”.  ¿Sigue pensando lo mismo? ¿Han vuelto a verse alguna vez?

No, no he vuelto a verla.

Yo soy una grandísima, una loca admiradora de Vanessa.  Pero está Irene Papas, Jeanne Moreau, Glenda Jackson… pero son poquísimas ¿eh? (sonríe ampliamente)  Son siete u ocho… no más.

Y Vanessa había estado viendo “La casa de Bernarda Alba” en Londres, el montaje que hice con Glenda.  Me había halagado muchísimo.  Vanessa estaba maravillosa y contenta de que yo le entregara el Premio Donostia.

Fue una noche feliz para las dos.

Fue una noche feliz para ustedes y para todos los que vivimos en directo aquel momento…

Nuria, muchas gracias por este tiempo que me ha concedido…

Gracias a ti querida…

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NOTAS:

Las fotografías de la Sra. Espert durante su presencia en el Teatro Principal de Zaragoza, son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

Las fotografías de la Sra. Espert entregando el Premio Donostia a Vanessa Redgrave, son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

Las fotografías de la Sra. Espert saludando al finalizar la representación de “Rei Lear”, son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

El resto de fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

 

C. MARTÍNEZ-ORTS (Dir. FSO): Entrevista, por Yolanda Aguas

El próximo sábado 26 de noviembre, la FSO (Film Symphony Orchestra) llegará a la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza.  Cita ineludible con un público fiel, en colaboración con el Festival de Cine de Zaragoza.

Dieciséis bandas sonoras de todos los estilos, desde clásicos del suspense como Psicosis al western de Silverado, cine fantástico como Star Trek into the darkness o Gremlins, el gran cine bélico de La Gran Evasión.  La primicia de títulos que serán interpretados en directo por vez primera en nuestro país como Capitán América: El primer VengadorChicken Run: evasión en la granjaEl caballero oscuro o Sherlock Holmes: un juego de sombras.

La nueva entrega de una saga mítica firmada musicalmente por el maestro John WilliamsStar Wars VII: El despertar de la fuerza de la que se incluye una maravillosa suite de 10 minutos que incluye temas de la película como la Marcha de la Resistencia, el tema de Rey o el Scherzo de los Ala-X. Sin duda el plato fuerte del concierto.  Las bandas sonoras más emocionantes también tendrán cabida en el programa con la hermosísima música de La lista de Schlinder (también ganadora en su día del Oscar).

Nos hemos reunido hoy con Constantino Martínez-Orts, el director y creador de la magnífica FSO, para conversar de nuevo con él. 

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Nueva gira, nuevas ilusiones, nuevos logros…  ¿Qué nuevas sensaciones estás sintiendo en esta GIRA 2016?

Estoy especialmente satisfecho de ver que nuestro público está abierto a nuevas músicas, a nuevos planteamientos estéticos en cuanto a musicalizar una película.   No solamente vienen a escuchar esos highlights, esos grandes éxitos de los blockbuster del cine.  Es un público que está dispuesto ya a escuchar “Sherlock Holmes”, la apertura de “Gremlins” que no es tan conocida, la maravillosa música de Rachel Portman y su “Chocolat” o el preludio de “Psicosis”.

Cuando conocí el repertorio de la gira de este año me di cuenta que era más arriesgado… 

Este año hemos hecho una apuesta de repertorio más novedosa.  Estoy muy contento porque el público está disfrutando evidentemente de los temas clásicos como “Harry Potter y la piedra filosofal”, “Cinema Paradiso” o “Silverado” que son iconos en la Historia del Cine.  Veo que el público está encantado con un programa que, como dices, es más arriesgado que otros años pero lo están disfrutando muchísimo.

Llegáis a Zaragoza el próximo 26 de noviembre, para tocar de nuevo en la majestuosa Sala Mozart del Auditorio.  No pretendo ponerte en un compromiso, pero ¿es uno de los espacios donde interpretáis mejor por las condiciones de la sala?

Sí. La Sala Mozart tiene una acústica espectacular.  Tiene la particularidad de que es una sala gigante por la idiosincrasia de la construcción.  Todas las salas tienen sus reflexiones, pero esta de Zaragoza es una de las mejores de España sin ninguna duda.  Y no sólo por la acústica, el sitio es espectacular, es preciosa la Sala Mozart.  La verdad es que es una gozada tocar allí.

Contáis además con un público muy fiel.  Zaragoza es una plaza muy segura para la FSO…

Sí.  Este año vamos a agotar todas las localidades.  Eso significa que se genera una expectación, que el público nos está esperando.  Nuestro público tiene ganas de escuchar nuevas apuestas.  Noto que estamos creando un interés por la música de cine.

La presencia de la FSO en Zaragoza está asociada en los últimos años al Festival de Cine de Zaragoza.  José Luis Archelenges “Archy” (Director del festival de cine) ha sido determinante para que el compositor Bruce Broughton sea homenajeado durante el concierto con el Premio “Oficios de Cine” con la colaboración del Festival. 

¿Cómo surgió la idea de concederle este premio y de la posibilidad de que Broughton  participe en vuestro concierto en Zaragoza?

Fue entre Archy y yo, son circunstancias que se dan.  Yo tengo una relación íntima con Bruce, como la tengo con otros muchos compositores de Hollywood.  El Festival de Cine de Zaragoza (FCZ) ha sabido valorar desde siempre el trabajo honesto y sincero que hacemos en la FSO y yo se lo agradezco.  Como tú decías antes, otras orquestas se han querido “subir al carro” por oportunismo.  En cierta medida, se han querido aprovechar del camino que nosotros hemos abierto en España, pero Archy siempre ha reconocido el factor diferenciador que nos distingue por muchas razones.  Por la calidad de la orquesta, por la selección del repertorio, por la calidad de las versiones que hacemos… Todo esto, el FCZ lo ha sabido apreciar y se ha forjado como una alianza más sólida.

En esta línea, hablando un día en confianza con Archy, surgió la idea de entregar un premio a Bruce Broughton.  Yo estaba junto a él en un Jurado Internacional de un concurso de composición de Bandas Sonoras.  Pensamos que era una gran idea entregarle el Premio “Oficios del Cine” a un compositor de Bandas Sonoras.  Cuando las cosas se hacen con corazón y voluntad funcionan.  Se lo dijimos a Bruce y él aceptó.  Y no sólo eso, es que además Bruce vendrá a Zaragoza el próximo 26 de noviembre para recibir su premio y para dirigir “Silverado” ¡con la FSO en la Sala Mozart¡

¡Una gozada¡  (reímos).

Quiero preguntarte por dos compositores que destaco especialmente en el programa de la FSO Gira 2016:

ENNIO MORRICONE: Interpretar a Morricone era uno de tus deseos…  Has elegido dos grandes composiciones: “Cinema Paradiso”, que me parece perfecto, y “Los odiosos ocho”.   Comprendo que esta última haya entrado por recibir el Oscar 2016, pero siempre pensé que LA MISIÓN estaría presente la primera vez que incluyeras a Morricone en un programa de la FSO.  Él dice siempre que “La Misión” es su composición preferida.

 A ver… Morricone ¡ya era hora que estuviera en el programa¡  Este año le hemos incluido por partido doble y se podía haber hecho por partida triple o cuádruple.  ¡O haber hecho un monográfico de Morricone¡  (reímos)

O una semana de conciertos de Ennio Morricone…  Lo cierto es que esperamos que haya más giras y tendremos más conciertos para poder incluir “La Misión”, “Los intocables de Eliot Ness” o la música que compuso para  los westerns (“La muerte tenía un precio”, “El bueno, el feo y el malo”…). ¡Pues no hay música de cine de Morricone para incluir¡

Te he dicho que este año lo tenemos en el programa por partida doble, pero en realidad es por partida tripe.  Junto a “Cinema Paradiso” hemos añadido también el Tema de Amor… No son temas muy largos y son preciosos.  Los hemos enlazado.

En cuanto a “Los odiosos ocho”, no soy yo quién para decirlo pero quizá no me parece de lo mejor que ha compuesto para el western, pero es muy loable que a sus 87 años Morricone continúe utilizando la orquesta como instrumento, que no se haya tecnologizado.  Que nos devuelva a ese western fresco que nos suena a las últimas BSO que hizo hace cuarenta años antes de dejar el género.  Que volviera otra vez, junto a Tarantino, que creara esa música y que le diera por fin el Óscar ha sido estupendo.

Confieso que yo tenía mis reservas de si a nuestro público le iba a gustar porque es una partitura muy obstinada. Es un tema que se repite y se repite… pero al público le está encantado.

Constantino, me hace muy feliz que por fin hayas incluido la música de Rachel Portman:  Chocolat, Una suite.  Llevo dos años pidiéndote que la incluyeras en el repertorio porque es una compositora extraordinaria. 

 ¡Y no será la única vez que la incluyamos¡  Tiene grandes composiciones como “Las normas de la casa de la sidra” o “Emma” con la que ganó el Óscar en 1996.  Estamos hablando de joyitas…

Hemos hecho una Suite de “Chocolat” que es un recorrido de nueve minutos por toda la Banda Sonora.  No es poco, pero en esos nueve minutos no te da tiempo de incluir ni todos los temas que quieres ni como te gustaría exponerlos.  Lo que hemos hecho es exponer los temas más mágicos y todo lo que se ve en la película como la seducción, la insinuación…  Aparece todo un poco y es como una degustación de lo que es “Chocolat”

La pena es que no podamos hacer una Suite de veinte minutos donde aparecieran todos los temas íntegros, pero al público le gusta mucho porque crea una atmósfera completamente distinta en el concierto. No tiene nada que ver con “Conan” o “Harry Potter”.

Rachel Portman es todo sutileza, esas melodías tan bonitas…

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¿Cómo fueron las gestiones para obtener los derechos para interpretarla? ¿La conoces personalmente?

No la conozco personalmente, pero las gestiones con ella y con su equipo fueron muy bien.  Sus composiciones estarán en los próximos programas de la FSO.  Te aseguro que “Emma” y “Las normas de la casa de la sidra” caerán tarde o temprano.

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Cuando Fernando Trueba ganó el Óscar por “Belle Epoque”, en su discurso de agradecimiento dio las gracias a Billy Wilder tras decir que no creía en Dios y solo creía en Billy Wilder. El propio Trueba comentó que al día siguiente le llamó el propio Wilder y le dijo: “Hola Fernando, soy Dios”.

¡Yo tendría que decir que sólo creo en John Williams¡

Jajajaja  ¡ya sabías lo que te iba a preguntar¡

Sí… John Williams, pero igual, si fuéramos justos, sería como los doce Dioses del Olimpo de la mitología griega.  Zeus quizá sería John Williams, pero también podría serlo Bernard Herrmann.  En este Olimpo del cine cada cual ha dejado su legado, pero sí… yo creo para mí sería John Williams.

Parece un tópico pero es que es justo sus cincuenta nominaciones a los Óscars, pero ya no es sólo eso.  El papel comercial que ha podido tener con los blockbuster de Steven Spielberg, es que es un maestro del oficio, de musicalizar secuencias, de entrar en la psicología de los personajes, como lo ha hecho en Star Wars.   Si tú escuchas un pasaje de Star Wars, ya reconoces por la música el personaje del que se trata (Han Solo, Luke Skylwaker, la princesa Leia…) y sin ver la película.

Cada vez tienes más éxito con la FSO.  Eso también conlleva mayor responsabilidad. ¿Te preocupa no estar a la altura de las expectativas de tus fans?

Siempre. Yo tengo muy en cuenta a nuestros fans.  Nosotros somos una iniciativa privada sin ningún tipo de subvención (nacional, autonómica o local), con lo cual dependemos exclusivamente de la taquilla.   Si los conciertos van bien podremos seguir.  Soy muy consciente de las críticas (no todas son constructivas). Intentamos satisfacer, en la medida de lo posible, a nuestro público y desde luego de estar a la altura de las expectativas de todo el m mundo.

¿Cuál es el mayor sueño que tienes con la FSO?

¡Se están cumpliendo muchos¡

Ahora quizá el más deseado sea el de grabar Bandas Sonoras.  Comenzamos con la idea de desarrollar muchas dimensiones como FSO, con humildad.  Ahora estamos haciendo treinta conciertos por toda España.  Nos encantaría que la música para el cine español se grabara aquí.  Tenemos grandes compositores que trabajan aquí y en el extranjero.  La verdad es que nos encantaría que contaran con nosotros y que no se fueran a grabar a Bratislava, por ejemplo.

Ese es mi siguiente sueño a conseguir.

¿Puedes adelantarme algo de la Gira 2017?

Te adelanto que el día 21 de abril estaremos de regreso en Zaragoza.  Haremos un programa completo de John Williams.

¡No me lo creo¡  (reímos)

Sí.  Es un proyecto que hace tiempo quería desarrollar y venimos con un concierto que se va a llamar “La música de las galaxias”.  Es un monográfico de toda la música editada por John Williams para Star Wars.

Es concierto, pero he incluido un elemento nuevo y es que yo introduzco cada pieza y la contextualizo para introducir al público en el proceso de la creación.  Quiero acercar al público al proceso de la composición, en las particularidades de la música, anécdotas con la relación del director de la película y el compositor.  Todo esto creo que enriquece la experiencia y que venir a escuchar a la FSO sea algo más que escuchar un concierto.

Muchas gracias Constantino, y que siga vuestro éxito…

Gracias a ti por tu interés de siempre.

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PROGRAMA DE LA GIRA 2016 DE LA FSO:

PARTE I

Silverado – Títulos principales (B. Broughton)

Psicosis – Preludio (B. Hermann)

Cinema Paradiso – Tema (E. Morricone)

La gran evasión – Marcha (E. Bernstein)

Los odiosos 8 – La última diligencia de Red Rock (E. Morricone)

Sherlock Holmes: un juego de sombras – ¿El final? (H. Zimmer)       ’

Star Trek into darkness – Suite (M. Giacchino)

Gremlins – Suite (J. Goldsmith)

PARTE II

Suite sorpresa – 10 bandas sonoras en 100 segundos

Conan el bárbaro – El yunque de Crom (B. Poledouris)

La lista de Schindler – Recuerdos (J. Williams)

Chocolat – Suite (R. Portman)

Star Wars VII: El despertar de la fuerza – Suite (J. Williams)

  1. Marcha de la Resistencia
  2. Tema de Rey
  3. Scherzo de los Ala-X
  4. Los pasos del Jedi y Finale

Harry Potter y la piedra filosofal – Tema (J. Williams)

El caballero oscuro – Suite (H. Zimmer – J. Newton Howard)

Capitán América – Marcha (A.  Silvestri)

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NOTAS:

Las fotografías de Constantino Martínez-Orts insertadas en este artículo son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

Las fotografías de Rachel Portman insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

 

 

CONCHA VELASCO (Entrevista), por Yolanda Aguas

Manifestó recientemente que ha descubierto dos cosas: “que soy una actriz muy versátil, con una carrera estupenda, y que me quiere mucho la gente”

En el mundo de la interpretación, Concha Velasco es la mayor estrella de nuestro país. Lo afirmo, y lo hago sin ninguna duda.  Puede que otras actrices brillen tanto como ella en el mundo del teatro, o del cine, o de la música…  pero sólo brillan en una de esas disciplinas artísticas.  Concha, en cambio, brilla absolutamente en todas.

Tiene tantos premios importantes que, para que yo pudiera nombrarlos todos, debería escribir otro artículo.  Le falta uno (y se lo dije privadamente) que no tardará en llegar…

La entrevista que leerán a continuación se desarrolló, en el Teatro Principal de Zaragoza, momentos después de la rueda de prensa que ofreció para presentar “Reina Juana”.  Su Jefa de Prensa en Madrid me concedió diez minutos (que intenté respetar, como hago siempre…), pero la generosidad de Concha y su profesionalidad me permitieron prolongar un poco más nuestra conversación.

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Concha, es usted una actriz que ha trabajado con grandes directores.  Ellos, a su vez, han tenido la suerte de contar con su trabajo en las obras o películas que dirigieron: Berlanga, Olea, Marsillach, Narros…  Su director “de cabecera” en teatro es José Carlos Plaza.  Ahora la dirige en “Reina Juana” nada menos que Gerardo Vera.

¿Qué diferencias ha encontrado en él a la hora de dirigirla en relación con los anteriormente citados?

Sí, José Carlos Plaza es el director con el que más he trabajado.  Hemos hecho musicales y obras dramáticas.  Hace dos años me dirigió en “Hécuba” y el año pasado estuve aquí también con “Olivia y Eugenio”.

Yo quería trabajar con Gerardo Vera desde hace muchos años.  Te voy a contar una cosa hoy, para que sepas el motivo por el que trabajar con él ha sido tan importante para mí.  Cuándo íbamos a hacer “Carmen, Carmen”, el gran musical de Antonio Gala que dirigió José Carlos Plaza, la escenografía se le había encargado a Gerardo Vera.  El día de la presentación de la obra, a la que fui llena de alegría e ilusión porque la habíamos producido Paco Marsó y yo, dije: “Y los decorados son de Gerardo Vera…”.  Rosana Torres, la gran periodista de EL PAIS, me dijo: “No es verdad, Gerardo Vera no hace los decorados”.  “¿Ah no?” le respondí, “No, ha rechazado vuestra propuesta”.  Ay, pues ¡qué bien¡ porque hemos descubierto a un nuevo escenógrafo.  Los decorados son una maravilla”.  (sonríe al recordarlo).

Desde entonces hubo entre nosotros como un distanciamiento, porque yo soy muy vehemente, soy muy apasionada, pero fue un distanciamiento personal.  Le he seguido admirando y he continuado viendo todos sus montajes en el Centro Dramático Nacional.  He seguido pensando que es uno de los grandes, grandes… y que me tenía que dirigir a mí un día, de alguna manera.

Cuando Juanjo Seoane me propuso esta obra, me dijo que el texto era de Ernesto Caballero y que lo iba a dirigir Gerardo Vera.  ¡Yo me fui corriendo a ver el último montaje de Gerardo¡  Salí fascinada, una vez más.

Gerardo y yo nos contamos algunas cosas, hablamos de nuestras diferencias en estos años que no nos habíamos visto y no nos habíamos tratado de una manera cercana.  Trabajar con él ha sido para mí algo maravilloso.  Hemos estudiado mucho, pero en los ensayos (lo que son exactamente los ensayos), ha habido entre nosotros un acuerdo mutuo de lo que queríamos.  Yo creo que esta obra ha sido en la que menos he ensayado.  Cuando llegué al Teatro Marquina estaba todo tan preparado…  Yo había aprendido mi texto, que dura 1 hora y 40 minutos, pero no te asustes que la gente disfruta mucho durante la función.  Vengo ahora de Bilbao y no sabes lo que ha sido en el Teatro Arriaga… ¡maravilloso¡  Bilbao tiene un público muy exigente, como lo tiene el Teatro Principal de Zaragoza.  Tengo la experiencia de que la respuesta del espectador es estupenda.

¿Cómo me ha dirigido Gerardo? Mira, con José Carlos Plaza voy hasta la muerte, con Miguel Narros también lo hacía…  ¡es que me han dirigido los más grandes¡ (sonríe).

Creo que yo necesitaba ser dirigida diferente.  A mí no me gusta que me toquen, a mí me gusta que me dejen pensar.  Yo soy muy de ¿por qué?  Soy la actriz que pregunta el porqué de las cosas…  No soy un instrumento, no soy un mueble.  Soy una persona que necesita reflexionar, sentir y pensar lo que dice.

Gerardo se subía al escenario, lo hacía él y hasta hace una semana me ha puesto a corregir cosas.  Y yo, no sólo le admito que me siga corrigiendo sino que se lo pido de vez en cuando.  No me gustan los directores que montan un espectáculo y luego ya no vuelven a aparecer.  Me gusta que vengan a verme, me siento halagada.  Eso lo hacía Marsillach, lo hace Plaza y también lo hace Gerardo Vera.  Estoy muy contenta de que me haya dirigido.

Cuando Meryl Streep recibió el Premio Donostia, en su discurso de agradecimiento dijo algo muy bonito: “Quiero dedicar este premio, y todos los que tengo, a los compañeros con los que he compartido escenas en los sets de rodaje”.  Concha, no le voy a preguntar por sus compañeros (algunos de ellos extraordinarios), mi pregunta es:

¿Cómo prefiere estar en el escenario?  ¿Sola en un monólogo como ahora o con otros actores que le den y a los que pueda dar la réplica?

Bien… te voy a responder primero a tu comentario de Meryl Streep, porque ella me copia.  (reímos…).  ¡Yo he dicho eso muchas veces¡  Lo que yo soy es gracias a la gente que me he encontrado a lo largo de mi vida en los platós, en los escenarios, en los sets cinematográficos…

Siempre digo que el día que conocí a Tony Leblanc se me apareció la Virgen de Fátima, porque yo cobraba sesenta pesetas diarias.  Él me vio en el año 1958 haciendo “Las chicas de la Cruz Roja”, me llevó a su representante, Luis Escobar, y me dijo: “Vas a ganar a partir de hoy 3.500 pesetas, y vas a ir siempre delante de mí en el cartel”.  Eso hizo por mí Tony, y yo siempre se lo agradeceré a él, a su mujer y a sus hijos.  Agradezco que me sigan queriendo y hablando bien de mí siempre, y yo de ellos.

Todo lo que soy en esta vida se lo debo a mis compañeros con los que he trabajado: directores, actores, técnicos…  Soy una persona muy querida por los técnicos, “Julín”, el gran Julián Ruíz, decía: “un papelito para la Chiti”.  Así me llamaban (sonríe).  El día que se murió Fernando Guillén, creo que es el último compañero que me llamaba “Chiti”, pensé que nadie volvería a llamarme así.

Respondiendo a la segunda parte de tu pregunta, cuando hacía “Olivia y Eugenio” yo me sentía mucho más sola que ahora.  El montaje que ha hecho Gerardo es espectacular, con imágenes virtuales y yo no siento que sea un monólogo.  Me siento viva cuando abrazo a mi madre y, por ejemplo, la noche de amor con Felipe el Hermoso creo que es una de las cosas más bellas que ha montado Gerardo Vera, porque ¡le veo¡

No me siento sola, quizá sea uno de los montajes en los que estoy menos sola de todos los que he hecho últimamente.

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Decía Diderot en su “Paradoja del comediante”: “… los gestos, los tempos, el manejo de la voz y los sonidos, el furor…Todo forma parte de una imitación con la realidad configurada a partir de la memoria.  Al acabar la representación, el actor no padece dolor alguno ni melancolía, no está turbado, simplemente se despoja momentáneamente de todos esos recuerdos, hasta que llega un nuevo ensayo”.  Esa es, según Diderot, la paradoja del comediante: un actor no debe sentir nada, son los espectadores los que deben sentir. 

¿Está de acuerdo con esta filosofía?

Sí y no.  ¿Cómo que no debe sentir nada?  Debe sentir todo, pero debe sentir todo lo que sienta el personaje, no la persona.  Y el espectador, naturalmente, a través de la emoción que le transmite el actor saca sus propias conclusiones.

Esa es la grandeza del teatro: que ninguna representación es igual, pero no porque el público sea distinto en Zaragoza, Valladolid, Bilbao o Sevilla… no, es que las emociones se crean cada día.  El actor que haga una representación de una manera mecánica, estudiada o profesionalizada… para mí no es válido.  Por supuesto, yo hago el mismo texto, eso es absolutamente necesario.  Hay luces, hay otros compañeros a los que no puedes cambiar nada porque afectaría a su trabajo.  Ni siquiera en esta obra que es un monólogo, pero una representación nunca puede ser igual.  El actor que mecaniza una representación debe irse a su casa, ¡debe irse a una oficina, a unos grandes almacenes¡  O dedicarse, puesto que tenemos que estudiar textos dificilísimos durante horas de estudio, a trabajar en una notaría.  Yo digo que yo debería de haber sido notario, que es estupendo.  Una vez que estudias y consigues por fin la cátedra, con ir y firmar ¡pues ya está¡ (sonríe). Pero esto no es venir y firmar.

Como tengo muy poco tiempo para hablar con usted, voy a seguir la misma táctica que utilicé  cuando tuve la oportunidad de hablar brevemente con Meryl Streep…

Ay hija… ¡qué suerte¡ (nos reímos)

Era preciso elegir las preguntas, las escenas que más me gustaban de su carrera profesional.  En su caso, Concha, sucede lo mismo: es muy difícil elegir una sola escena de su trayectoria porque está repleta de grandes escenas.  Teniendo siempre presente en la memoria su inolvidable interpretación de Teresa de Jesús…

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Me gustaría mucho que hablemos de Carmen Orozco, de la serie de TVE “Herederos”.  Me pareció que era el papel que necesitaba en aquel momento, un personaje potente que usted hizo muy grande.

¡Cómo me gusta que destaques ese trabajo¡ Fue un trabajo que estuve a punto de abandonar el primer día que me citaron para hacer las pruebas de maquillaje y vestuario.

Esta serie de televisión  se iba a llamar “Toreros”, pero luego se llamó “Herederos” porque ya empezó a estar mal visto lo de los toros.  El día de las pruebas de maquillaje y peluquería, si no llega a ser por mi representante y por Manuel Armán, que era el Productor Ejecutivo de la serie, yo no hubiera hecho la serie.  Aquel día, él dijo: “Dejad que Concha piense cómo quiere que sea el personaje.  No seáis tan cuadriculados y tan pesados con ella.  Dejad que Concha piense”.  Estuve a punto de tirar la toalla, y como agradecimiento a Manuel yo pedí que él hiciera un programa de RTVE dedicado a mi trayectoria que se llama “Imprescindibles”.

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Y cuando hablaste con Meryl Streep, ¿qué escena elegiste?

Una escena de la película “Las horas”, ésa en la que el personaje que ella interpreta va a la floristería a comprar las flores para su amigo Richard.  Comparte su escena con una actriz que yo venero: Eileen Atkins. 

¿Ves?  Porque en el extranjero se permiten hacer cameos las grandes actrices.  Acabo de ver a Meryl Streep haciendo un cameo en la película que ha dirigido Tommy Lee Jones.  Aquí, cuando haces una cosa así, no saben valorar el que tú quieras hacer un cameo con actores, con directores o en series o trabajos con gente que admiras.

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Esa escena, inicialmente, iba a hacerla Vanessa Redgrave…

¡Otra de las mías¡  Es mi actriz favorita.

Yo también la admiro profundamente.

Vanessa no pudo hacer esa colaboración y propuso a Eileen Atkins porque ambas son grandes amigas.  Eileen es una gran especialista en la obra de Virginia Woolf. 

Uno de mis libros de cabecera es “Una habitación propia”.

Yo le hablé de esa escena a la Sra. Streep y nos llevamos una gran sorpresa cuando ella, al responderme, nos contó que ésa había sido la única vez que ella había acudido al set de rodaje sin haber memorizado su texto.  Eso molestó mucho a la Sra. Atkins y Meryl Streep me dijo: “Lo que usted ve en esa escena de la floristería en mi cara es terror porque pequé de soberbia al creer que me daría tiempo de aprender mi texto mientras me llevaban en coche al set.  El texto no era excesivamente largo, pero no lo aprendí.  Me sentí mal porque yo admiro mucho a Eileen.  Desde entonces, nunca más he ido al set sin saber muy bien mi texto”.

Concha, ¿alguna vez le ha sucedido algo similar a usted?

No…  porque yo estudio muchísimo, pero ahora mientras me hablabas contándome todo esto, estaba repasando el trabajo de Meryl Streep y lo que he aprendido de ella.

Cuando estrenó una de sus últimas películas, esa musical en la que trabajaba con su hija, hablando de “Memorias de África” ella contó que siempre ha viajado con sus hijos, con su marido… y que ha dado de mamar a los niños en el set y que luego se incorporaba enseguida al rodaje.  A mí eso me viene muy bien porque hay como una tendencia siempre a buscar paralelismos personales, históricos, políticos, etc en los personajes que interpretamos.  Y yo dije: “Mira, acabo de escuchar a Meryl Streep que no tiene nada que ver.  Y ella es una de las grandes, grandes…”.  El otro día volví a ver “Memorias de África”, y ese momento en el que ella saca la mano en la avioneta y le coge la mano Robert Redford… O ese otro en el que ella se pone de rodillas ante el Gobernador inglés…  ¡Volvió a hacerme llorar¡  Y hacerte llorar después de ver una película tantas veces quiere decir que es una gran actriz.  Yo, por ejemplo, no pude soportar “La decisión de Sophie”.  No he podido nunca verla entera.  ¡De qué grandísima actriz me estás hablando¡

Respondiendo a tu pregunta, no, eso nunca me ha pasado pero sí le pasó a Doña Mari Carrillo.  Como todo el mundo sabe, Mari Carrillo es mi ejemplo.  Fue mi ejemplo hasta que conseguí trabajar con ella.  Cuando hicimos “Más allá del jardín”, uno de los problemas que tuvo Mari en los últimos tiempos es que no memorizaba.  Y en una de las escenas más importantes de la película, yo le daba la letra a Mari así… (Concha hace el gesto de ponerse un papel delante de su cara para que la Sra. Carrillo pudiera leerlo). Y luego como Pedro Olea me había dicho los movimientos de la cámara, cuando la cámara estaba con ella yo podía enseñarle las servilletas en las que yo le escribí su texto.  Así rodamos esa escena y toda la película.

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Ahora que nombra “Más allá del jardín” me viene a la memoria que Antonio Gala quería a toda costa que la protagonista fuera una actriz francesa…

Sí, Catherine Deneuve.  Sí… ¡qué pesado¡  (ríe a carcajadas).

Fíjate, Antonio Gala que ha escrito para mí cinco obras de teatro, siempre ha sido muy tremendo conmigo.  Me ha criticado y regañado muchísimo…  Nos hemos peleado enormemente.  Una vez dijo que eso él sólo lo hacía con la gente que quería.  Y llegó un momento en que yo le dije: “Yo también me he hecho mayor, Antonio, no me trates así(Concha ha pronunciado esta frase con una ternura infinita… ojalá pudieran oírla).

Ahora me doy cuenta de la suerte que he tenido de hacer textos de Antonio Gala importantísimos.  ¿Sabes qué obra me gusta profundamente de él? “Las manzanas del viernes”, fue vapuleada por la crítica, no la quiso dirigir nadie, al director que la montó inicialmente le eché tres días antes del estreno…  Terminó dirigiéndola extraordinariamente Paco Marsó.  A mí me parece que es una belleza de texto…  Adelantado a su tiempo, basado en sonetos de Shakespeare, cuando decía:

Sucedió de repente,

no sé cómo, pero hoy espero una vida nueva,

un nuevo sol, una alegría distinta

y por primera vez, tengo un miedo horrible”.

¡Porque a mí no se me olvidan las funciones¡ Las recuerdo de por vida…  (sonríe).

Yo le valoro mucho, pero a veces se pone “tontito”.  El día del estreno de “Más allá del jardín”, cuando ese público se puso en pie aplaudiendo… ¡eso fue¡

El otro día, cuando fui a ver “Un monstruo viene a verme” en el Teatro Real, nos pusimos todos de pie cuando Sigourney Weaver y Jota Bayona pasaron por nuestro lado… yo me acordaba del estreno de “Más allá del jardín” con todo el público puesto en pie ¡incluido Antonio Gala¡ que tuvo que reconocer por fin que… ¡hombre, Catherine Denauve es maravillosa¡

Bueno… quizá no tanto.

Si era un problema de teñirse de rubia…  Si el problema era el color del pelo…  (ríe a carcajadas)

Mira, cuando yo llego a un ensayo y lo primero que me dice un director es: “ese pelo no me gusta”, pienso “mal andamos”.  Me gusta ponerme mi lunar, pintarme la boca de rojo…

Si llego a un ensayo así y el director me dice “Uy ese pelo, ¿no te pintarás la boca?”, le digo “Ay… no nos vamos a entender”.  Menos mal que Gerardo Vera se dio cuenta de que ese no era el camino.

Yo soy lo que tengo que ser en escena, pero no permito que en la vida privada nadie me diga cómo tengo que ir vestida y peinada.

En la carrera de una actriz es tan importante los papeles que hace como los que rechaza. Tengo curiosidad de saber el motivo por el que rechazó la propuesta de Vicente Aranda para hacer “Amantes”…

No trabajé en “Amantes” porque mi hijo Paco me dijo: “Si haces esa película me mato”.  En ese momento mis hijos iban al colegio.  En esos días una de las revistas de la época, Interviú o Lib, había publicado una fotografía mía de la película “Yo soy fulana de tal” en la que salgo desnuda.  Era algo que esa revista solía hacer, cada cierto tiempo volvía a publicarla como si me la acabara de hacer.   A mis hijos, oye… ¡eso les molestaba¡.

Años después, cuando volvieron a publicar esa famosa fotografía, mi hijo Paco (el que no me permitió hacer “Amantes”) dijo: “Uy sí, ¡qué guapa está mi madre¡  La tengo puesta porque es la que más me gusta de todas las señoras desnudas que conozco”, pero entonces ya tenía 18 años.   Sin embargo, cuando me ofrecieron “Amantes”, quizá por algún comentario que escuchó en su colegio, me dijo: “Como hagas esta película me mato”.  Y yo, naturalmente, rechacé la película.  Luego hice “París-Tombuctú” y ¡fíjate lo contentos que están ellos de ver a su madre en la película de Berlanga¡.

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Usted ha interpretado innumerables personajes.  Unos le habrán gustado más, otros menos… ¿Los ha mirado siempre con comprensión o en algún momento los ha juzgado? Y en la vida, Concha, ¿está liberada de juzgar a los demás?

Pues sí querida… bastante tengo con juzgarme yo a mi mí misma.  Bastante tengo con lo mío.. (sonríe).  Una vez, una compañera me regaló una camiseta que pone: “Bastante tengo con lo mío”.  Yo no quiero juzgar a nadie.  ¿Quién soy yo para juzgar a los demás? No, ni muchísimo menos.

Y en cuanto a mis personajes… Yo nunca he hecho nada que yo no quisiera hacer.  A mí nadie me ha obligado a hacer nada que no quisiera hacer.  Yo he hecho todo conscientemente de lo que hacía en cada momento.  He aprendido, he vivido muy bien de esta profesión.  Luego, como empresaria, lo he perdido… porque esto del teatro pues debe ser como la ruleta.

Yo no soy jugadora de ruleta, yo soy más bien gastadora.  Me gusta gastar y llevarlo puesto…  Me cuentan que si ganas un pleno en la ruleta, lo dejas escapar en el otro y lo pierdes.  En el teatro pasa igual.  Todo lo que he ganado como empresaria lo he perdido en otro montaje. ¡Es que ha sido mi vida¡  Y te digo que yo no me arrepiento de lo que he hecho.  Yo me arrepentiré ante Dios en su momento, si Dios me permite y me da tiempo a pedirle perdón.  Yo sí que soy creyente, Juana no… yo sí.

Hace dos años tuve la oportunidad de hablar con Josep María Pou (una de las personas que más admiro en el mundo de la interpretación).  A él también le pregunté por lo que se presenta en un libro precioso: THE HALF.

¡Me lo regaló¡  José María me lo regaló.  ¿Él te lo dijo?

No… Me dijo que lo había regalado a varias personas, pero sin especificar nombres.

Es un regalo que él me hizo…

Yo sé que antes de salir al escenario, usted se santigua.  Pero ¿qué ritual sigue en esa media hora (o incluso una hora) antes de comenzar la función? ¿Quién tiene acceso a su camerino? ¿Qué es lo que hace?

Ya que me hablas de José María Pou…

¡De rodillas¡ (reímos)

Te diré que uno de los personajes que más me han influido, porque a mí me influyen los personajes, es Madame Rosa de la obra “La vida por delante” en la que él me dirigió.  A mí me forman los personajes, no solamente los autores, la escritura, la profundidad dramática de los autores que tengo que aprender y memorizar.

Aquella Madame Rosa ha sido para mí definitiva…  Esa mujer, superviviente de Auschwitz, prostituta, que educaba a niños abandonados de prostitutas de distintas razas.  Recuerdo aquel momento en el que en el sótano le explicaba a Momo por qué defendía ella, no solo la religión de cada uno.  Cuando le preguntaba Momo: ¿Por qué Dios no es blanco? Ella le respondía: “Dios es como tú quieras que sea”.  ¡Cómo respetaba ella las tradiciones¡ Las tradiciones son muy importantes en la vida de las personas.

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Respondo a tu pregunta, mira… me gusta mucho estar sola en el camerino y escuchar música.  Lo que pasa es que, últimamente, yo no sé el motivo por el que han decidido que el camerino es un sitio al que se puede ir a pasar la tarde…

(Lo dice de un modo encantador y me hace reír)

A mí me cuesta mucho decirle a la gente que al camerino no se viene a pasar la tarde.  La última vez, en Madrid, hubo un momento en el que tuve que echar a todo el mundo que estaba en mi camerino.  Les dije: “¿Pero por qué pensáis que esto es el Café Gijón?”.

Me gustar estar sola en el camerino, escuchar música y concentrarme en mi trabajo.

¡Hay que volver a decirle a la gente que el camerino es un sitio sagrado, especial y al que no se debe venir a pasar la tarde¡

(Es encantadora incluso “echando la bronca”).

Concha, muchas gracias por esta conversación.

De nada querida…

Me despido de ella y sé que volveremos a encontrarnos, espero que muy pronto, en otro teatro o en algún festival de cine. 

En San Sebastián, quizá…  donde la adoran.  De hecho, han querido estar simbólicamente con Concha en esta entrevista. (Han enviado esta imagen del Archivo del festival: 1974, donde Concha triunfó con “Tormento” de Pedro Olea).

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Y porque todavía no hemos hablado de su actriz preferida: Vanessa Redgrave.  Seguro que nos intercambiaremos mucha información, de la “mejor actriz europea” como dijo Nuria Espert cuando le entregó el Premio Donostia en 1999.

O, simplemente, para volver a disfrutar de su maravillosa presencia.

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NOTAS:  

La fotografía de la presencia de CONCHA VELASCO en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en 1974 con “Tormento” de Pedro Olea es propiedad del citado festival.  Aparece por cortesía del Festival I. Cine de San Sebastián.

Todas las fotografías realizadas a CONCHA VELASCO durante su presencia en el Teatro Principal de Zaragoza, son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

Las fotografías oficiales de CONCHA VELASCO en las series: “Teresa de Jesús” y “Herederos” son propiedad de sus autores.

Las fotografías oficiales de CONCHA VELASCO en las películas “Más allá del jardín” y “París-Tombuctú” son propiedad de sus autores.

Las fotografías oficiales de The Hours, son propiedad de sus autores.

 

HIROKAZU KORE-EDA (Entrevista), por Yolanda Aguas

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La primera vez que vi una película de Hirokazu Kore-eda fue en el año 2004, dentro del marco del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.  Se trataba de una de las joyas cinematográficas de este magistral director japonés: “Nadie sabe”.  La película narraba la historia de un niño que era abandonado por su madre, quedando a cargo de sus tres hermanastros (de padres distintos) en un piso sin gas, sin agua y con el alquiler pendiente de pago. La presencia de la película en Sección Oficial de Cannes ya indicaba que el cineasta comenzaba a ser una de las figuras más relevantes de la cinematografía mundial.

El siguiente título que me fascinó fue “Still walking (Caminando)” (también la vi en el Festival de San Sebastián de 2008). Es una película que emana autenticidad y emoción reposada, y fue considerada como una de las grandes películas de ese año.

Después, naturalmente, han ido llegado otros títulos, como “De tal padre, tal hijo” (2013) que para mí es “la joya de la corona”  de este director y que nos cautivó a todos los que amamos el buen cine de autor.

Ayer, 23 de marzo de 2016, se estrenó “Nuestra hermana pequeña”, que también vimos en septiembre pasado en el Festival de Cine de San Sebastián.  En esta película, el director aborda de nuevo los temas que son habituales en su cine: la muerte, el abandono, las relaciones familiares, la belleza.  Es la historia de tres jóvenes mujeres que, conectan con una hermanastra cuya existencia desconocían, durante el funeral de su padre con el que hacía 15 años no tenían ninguna relación.

La entrevista que leerán a continuación se realizó el 20 de septiembre de 2015,  con motivo de la visita del maestro japonés al festival de cine.  Agradecemos desde estas líneas a Golem Distribución que nos facilitara el encuentro con Hirokazu Kore-eda.

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Mi primera pregunta es casi obligatoria: ¿Por qué le fascina tanto la infancia y de dónde nace la necesidad de hablar de ella en su cine?

Los niños tienen algo único: su naturalidad y su sinceridad.  Creo que la visión que tenemos los adultos de ellos muchas veces está equivocada.  Necesitan su espacio para desarrollarse con libertad, aunque nosotros estemos siempre pendientes de ellos para protegerlos en lo esencial.   Cuando estoy con un niño siento que él va a enseñarme muchas cosas.  Eso lo vivo plenamente con mi hija, para quien rodé hace unos años la película  Kiseki”  (Milagro).  Me gustaría que ella se sienta partícipe de esta aventura que viven esos otros siete niños. En la medida en que estoy, de alguna manera, hablándole a mi hija, el tono es obligatoriamente más alegre. Por el contrario, la alegoría que proponía en “Nadie sabe”  estaba dirigida al público adulto.

Los niños son siempre la esperanza de nuestro mundo, ellos tienen la capacidad de poder cambiarlo todo.

En su anterior película, “De tal padre, tal hijo”, trataba la figura paterna con mucha comprensión.  Presentaba dos tipos de paternidad, alejadas entre sí inicialmente, pero con puntos de conexión muy fuertes al final de la película.  La verdad es que era un mensaje de “volver a creer” en el padre. 

En “Nuestra hermana pequeña” vuelve de nuevo a reflexionar sobre la ausencia de la figura paterna  ¿Por qué?

Muchos de ustedes saben que no suelo hablar de mi vida privada.  En Japón somos muy reservados con todo esto, con mostrar públicamente nuestros sentimientos.  Pero a veces tengo que hablarles porque ustedes “saben demasiado”  (sonríe)…  Mi padre fue capturado por los rusos durante la guerra y pasó varios años en un campo de trabajo en Siberia antes de volver a Japón. Y, a su regreso, su trabajo lo obligaba a desaparecer durante semanas. Me acostumbré a no saber cuándo estaría en casa. Tuve que hacerme mayor muy rápido, y quizá por eso suelo retratar a niños obligados a hacerse adultos prematuramente.

La familia aparece siempre en sus películas como un elemento salvador.  Esos momentos en los que se reúnen para comer son como actos litúrgicos de conciliación.

Es verdad, la familia es un tema muy constante en el cine oriental. Sobre todo ahora que tengo la mía propia, resulta muy interesante rodar una película sobre la familia, ya que puedo transmitir mi visión personal describiendo un mismo personaje desde diferentes puntos de vista. Uno puede ser padre, tanto como hijo o hermano.  Yo me siento cómodo escribiendo historias y rodándolas en torno al núcleo familiar.

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Hay grandes autores, como J.L. Godard, que apenas tienen un guión antes de iniciar un rodaje. Usted, cuando comienza a rodar una película ¿trabaja con el guión completamente cerrado o está abierto a realizar algún cambio?

Yo siempre adapto el guión a mis actores, admitiendo posibles cambios según las características de cada uno y lo que pueden aportar al personaje para que no parezca que está actuando. Por supuesto que no es un documental, pero aún y siendo una ficción, siempre trato de sacar la mayor naturalidad posible en las interpretaciones. En “Milagro”, por ejemplo,  hice ciertos cambios en el guión cuando tuve claro que los hermanos Masuke protagonizarían la película, ya que quería aprovechar al máximo sus cualidades cómicas. Lo que hago es imaginarme el guión según los actores que tengo y aplicar los cambios.

¿Qué cine es el que a usted le ha interesado siempre?

Siempre me han gustado las películas de Hitchcock.  Ver sus películas era algo que yo siempre hacía al lado de mi madre.  De niño descubrí el cine americano, me gustaban mucho Vivien Leigh, Ingrid Bergman…

Esta mañana, cuando veía “Nuestra hermana pequeña” en el Teatro Victoria Eugenia, al ver cómo la muerte, la ausencia de nuestros seres queridos que ya murieron, planea todo el tiempo durante su película me vino a la mente un gran filme de Woody Allen: “Interiores”. Quizá sea porque “Interiores” es una película muy existencialista, de sentimientos exacerbados, de muerte omnipresente, de escenarios parcos, donde la naturaleza adquiere sentimientos y toma parte en los conflictos de los personajes y con una verbosidad por parte de los protagonistas que los hace hablar como si ante un confesionario estuvieran. 

Conozco muy bien esta película de Woody Allen.  También “Hanna y sus hermanas”… Pero cuando rodaba la película no pensaba ni me inspiraba en ellas.  Mi objetivo era plasmar en cine la historia que reflejaba el manga.  Creo que su autor pensaba más en “Mujercitas”.  Esa historia de las cuatro hermanas que esperan al padre y cuando él llega todas son muy felices.  En mi película el padre no vuelve, y por eso las cuatro hermanas se unen para seguir viviendo.

La presencia de la muerte es interesante para mí especialmente por cómo nos afecta a los vivos.  Es un vacío que sólo se cura con la llegada al mundo de otro ser humano.  Me sucedió así con la muerte de mi padre y el nacimiento de mi hija.  Las escenas de las cuatro hermanas, durante las comidas, simbolizan la memoria, el recuerdo de los que ya no están.  Eso, me parece, es lo que llega a los espectadores de mis películas.  Cuando me encuentro con ellos por la calle y me hablan, siempre me dicen que mis películas les conmueven porque hablan de sus propios sentimientos.  Eso es lo más importante para mí: saber que los sentimientos son universales aunque existan diferentes formas de entender la vida y la muerte en Oriente y Occidente.

“Nuestra hermana pequeña” es una película en la que usted analiza más el universo femenino, con la intensidad con la que lo han hecho Georges Cukor o Pedro Almodóvar, por ejemplo.  ¿Significa esto que podría iniciar una etapa cinematográfica en la que sus  historias aborden la psicología femenina?

Yo no creo que vaya a iniciar una investigación de la psicología femenina.  (sonríe) Tengo diferente punto de vista que Pedro Almodóvar.  Cuando yo estaba rodando esta película, me sentía como “un padre” de las protagonistas de mi película.  Me interesaba contemplar a las hijas y creo que eso indica que tengo una forma diferente a la hora de tratarlo del que lo podría tener Almodóvar (vuelve a sonreir).

¿Cómo es su relación con Japón?  Siempre dice que usted es más reconocido por su trabajo en Occidente…

Y es cierto…  En Japón predominan los directores que ruedan películas más comerciales.  El  cine de autor quizá no interesa tanto como suele pasar en Europa.  Por otra parte, y con motivo del tsunami que asoló a mi país hace unos años, fui a grabar imágenes de Fukushima con la misma cámara que rodé “Milagro” con la intención de registrarlo y poder rodar algo relacionado con el terremoto.

Pienso que aún no se puede concebir un film que esté directamente relacionado con el desastre, porque lo que nos ocurrió fue algo muy grave. Yo vivo en Tokio, tengo una hija y después de esta tragedia he de reconocer que estoy muy preocupado, antes que director soy persona y padre. Me inquieta no saber en qué condiciones exactas podré criar a mi hija por lo que me están cambiando mis sentimientos. Imagino que a partir de ahora, aunque no sea directamente, este cambio interno se reflejará en mis próximas películas.

Nos despedimos del maestro Kore-eda agradeciéndole los minutos que nos dedicó y nos emplazamos para la próxima vez que visite San Sebastián: una ciudad y un Festival de Cine donde él se siente especialmente cómodo.

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NOTAS:

Las fotografías oficiales de “Nuestra hermana pequeña” insertadas en este artículo son propiedad de su autor.

Las fotografías de Hirokazu Kore-eda son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

 

 

SUSI SÁNCHEZ (Entrevista), por Yolanda Aguas

La primera vez que intenté entrevistar a Susi Sánchez fue el 12 de noviembre de 2010.  No me permitieron ni preguntárselo y ella ni siquiera se enteró.  Lo único que logré fue que me dedicara mi ejemplar de “Final de partida” de Samuel Beckett, que esos días iba a representar en Zaragoza junto a José Luis Gómez. 

Cuando me entregó ese ejemplar con su dedicatoria, le dije: “Ojalá algún día podamos conversar tranquilamente de su trabajo. Me encantaría”.  Pues bien, cinco años después se ha cumplido ese sueño. 

Brillante y generosa en su discurso y amable en el trato.  Así es Susi Sánchez, una de nuestras mejores actrices, una de las más grandes.

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El pánico de un escritor es un folio en blanco.  ¿Qué le asusta a una actriz?

Yo imagino que la pesadilla recurrente de una actriz o un actor – y los compañeros lo comentamos de vez en cuando, porque siempre la tenemos – es salir al escenario y no saber qué tienes que contar, cual es la historia que tienes que contar, cual es la obra que tienes que hacer.

Hubo una época muy larga de mi vida, en la que a pesar de que me entusiasmaba mi trabajo, mi profesión, sentía pánico escénico…  A pesar de ese pánico trabajaba, los compañeros me decían que tener miedo es normal, y se trabaja también con el miedo ¿no?  Uno hace ejercicios, se relaja, se concentra, intenta de alguna manera estar en su eje para poder ofrecer el trabajo de una manera tranquila y ordenada, pero a veces el miedo te paraliza.  Yo creo que el mayor miedo de un actor, en general, es que se le vaya el texto, quedarse en blanco.

Eres una actriz de culto – profundamente respetada por tus compañeros y admirada por los jóvenes actores -, ¿te gusta o te incomoda esta etiqueta?

Siempre es más agradable que te respeten a que te odien ¿no?  (Sonríe)  pero nunca me he sentido referente de nada.  A lo largo de los años, simplemente he ido desarrollando una manera de trabajar y una inquietud por seguir investigando dentro del trabajo. Quizá esto es lo que les llame más la atención a la gente joven, porque es cierto que no hay demasiada gente de mi generación que se mantenga con esa inquietud.  Yo observo incluso que hay actores más jóvenes que no tienen tanta inquietud por la investigación a la hora de trabajar. Por, digamos, desarrollar más el trabajo, por crecer y desarrollar más sus capacidades como actores.  Probablemente para alguna gente joven pueda ser como un pequeño faro, como una guía, una luz que indique un poco hacia donde se puede seguir, cual es el camino en lo que son los procesos del actor.

Verdaderamente, llegados al punto donde yo he llegado ahora, siento que es inabarcable, es decir, no tiene fin.  Cuando era joven, hubo un momento que yo sentí que no sabía cómo crecer más y sufrí muchísimo.  (guarda silencio un instante)

Fue entonces cuando me metí en el Estudio de Juan Carlos Corazza.  Cuando entré tuve que salir a la semana, no podía estar… Yo tenía una conciencia clarísima de la edad que tenía (ríe), era una mujer mayor y todos los demás actores podían ser mis hijos.  Pero volví al cabo de un año, estuve haciendo terapia, estuve dirigiendo mi edad real, mi estado, mi situación real…  A partir de ahí volví y ahí sentí que se abría como una ventana hacia algo desconocido infinito.  Y lo que siento a día de hoy es que sigo en ese caminito, es decir, no sé a dónde llegaré pero la sensación que menos me agrada es sentirme que me atasco, que me puedo repetir como actriz.

¿Qué parte no te gusta o te molesta de tu profesión?

La parte más frívola, esa es la que menos me interesa.  Las alfombras rojas, los photocalls… Tener que ir a probarte ropa para todo esto, me gustaría poder ir en vaqueros y bien abrigada si hace frío o fresquita si hace calor. Punto.  Entiendo que hay toda una parafernalia en torno a esto que no es lo que más me gusta en el trabajo.

No eres la primera actriz que me confiesa esto.  Es algo que pensáis muchas, y es curioso también que todas sois grandes actrices…

(Susi sonríe…)

¿Eres una actriz que atrapa a sus personajes o en alguna ocasión ha sucedido lo contrario?

Yo me he dado cuenta que en muchos casos la energía del personaje – la energía, no el personaje entero – a veces se queda un ratito después de la función.  Se pueden hacer ejercicios para liberarte, pero puede ser gustosa, depende del personaje que hagas.  Si es una tragedia y el personaje sufre mucho no tiene sentido quedarte con ese regustillo, te puedes limpiar, pero no me ha pasado nunca quedarme atrapada por el personaje.  Además, el hecho de actuar es liberador, curiosamente…  entonces la posibilidad de quedarme atrapada por el personaje se aleja mucho con la idea que yo tengo como actuación.

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Decía Diderot en su “Paradoja del comediante”: “… los gestos, los tempos, el manejo de la voz y los sonidos, el furor…Todo forma parte de una imitación con la realidad configurada a partir de la memoria.  Al acabar la representación, el actor no padece dolor alguno ni melancolía, no está turbado, simplemente se despoja momentáneamente de todos esos recuerdos, hasta que llega un nuevo ensayo”.  Esa es, según Diderot, la paradoja del comediante: un actor no debe sentir nada, son los espectadores los que deben sentir. 

¿Estás de acuerdo con esta filosofía?

Yo creo que el actor es un transmisor, es un canal de la historia, es un canal emocional, es un canal mental, de tripas, visceral… de la historia.  Es un canal que sirve para proyectar esa historia en el espectador.

Un actor pone al servicio del personaje todo su ser, en el sentido de contar con toda su experiencia vital, todo su mundo emocional, toda su inteligencia.  Creo que el actor, una vez que acaba la función, cierra ese canal, se corta de alguna manera y entras en tu vida normal porque si no te vuelves loco.  Yo creo que el que tiene que vivir sus emociones fuertes finalmente es el espectador.

Hay tragedias que si tú las subrayas y te vuelves loca haciéndolas, el espectador se queda frío porque de alguna forma le estás quitando, le estás robando la capacidad de vivir lo que tiene que vivir como espectador.  Somos canales y yo creo que debemos tener mucha atención con no hacer un alarde de las capacidades que puede tener un actor, sino más bien ser simplemente un canal, tener una comprensión lo más precisa posible de la historia para poderla transmitir.

García Márquez decía: “en el trabajo literario uno siempre está solo. Como un náufrago en medio del mar”.   ¿Cómo te sientes momentos antes de salir a escena? ¿Cómo son tus “treinta minutos”?  Aunque ayer me decías que en tu caso es una hora…

Cuando era más joven seguía un ritual bastante fijo (sonríe), ahora ya no.  Lo que hago depende mucho del día, de cómo me encuentre ese día, depende de la función que tenga que hacer.  Aún siendo una preparación personal, en privado, después – juntos antes de salir a escena – me gusta y siento la necesidad de tomar la fuerza de los compañeros.  Tener la sensación de hacer piña, de que somos un edificio construido con todos nosotros que somos los ladrillos.  Te pongo este ejemplo porque una vez tuve un sueño que tuvo que ver con esto: que un ladrillo es importante siempre y cuando tenga al lado a otros que sujeten también.  Si falta ese ladrillo se puede caer el edificio y por eso tengo cada vez más fe en el trabajo en equipo.  Creo que todos somos “ladrillos” y que juntos organizamos la belleza del edificio que puede ofrecerse ese día.

¿No te interesan los monólogos? ¿Nunca has pensado interpretar un monólogo?

Sí, lo he pensado algunas veces, pero no…  El monólogo me parece una cosa dificilísima, creo que es muy complicado y yo prefiero trabajar con gente.  Me gusta más trabajar con compañeros, tener a alguien que me mira en escena y alguien a quien mirar yo, me gusta más.

El teatro es la columna vertebral de tu carrera como actriz.  Decía Borges: “El teatro es el arte en el que un hombre (o mujer) finge ser lo que no es y otro (otra), el espectador/a, finge que se lo cree”..

Es como un juego… ¿hay tablas en esta partida o uno de los dos sale más beneficiado?

Yo creo que son los dos… Cuando la función sale adelante y llega al lugar donde tiene que llegar, tanto el espectador como el actor ganan.  Precisamente una de las cosas que más me gustan del teatro es que,  tanto en el actor como en el espectador,  se produce una renovación a la hora de asistir al espectáculo o de hacer el espectáculo.  Me gusta el teatro en el que la gente entra de una manera y sale transformada.  No digo de una manera radical, pero sí con nuevas reflexiones, un estado de ánimo con el que no había entrado… Sensaciones nuevas, esto me gusta y creo que es el fin, el objetivo del teatro.

Como actriz y como espectadora… ¿te interesa el mismo tipo de teatro?

Sí.

¿Has pensado en dirigir teatro? 

¡Sí¡ (reímos porque no me ha dejado terminar la pregunta)

¿Esperas propuestas? Y si es así, ¿qué requisitos deben tener para que las aceptes?

Últimamente estoy pensado en dirigir porque he tenido una suerte tan grande de haber sido dirigida por tan grandes maestros…¡me han enseñado tanto¡ que ahora, trabajando como actriz en equipos me doy cuenta de que  – aunque esté dentro, metida dentro del proyecto – puedo ver cosas y aportar muchas cosas.

Me he preguntado alguna vez si sería capaz de dirigir y ponerme en el otro lado y ver qué pasaría.  Yo creo que es algo que tendré que hacer en algún momento, y espero que eso no sea en tiempo muy lejano.

El único requisito es que la obra o el texto que me ponga a dirigir, de alguna manera, me toque en algún lugar que me pida y me despierte la necesidad de contar eso que siento que está dentro del texto, de comunicar eso que está ahí dentro.  Si yo encuentro un texto así, buscaría a los actores adecuados y lo dirigiría.  No creo que me lo propongan, tendré que buscar yo el camino porque no creo que piense nadie que quiera dirigir.

Bueno, ya lo estás diciendo… ahora ya lo saben.  (reímos)

Me gustaría mucho hacerlo, y espero que ese momento no sea muy lejano.

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Vamos a hablar de algunos trabajos tuyos en teatro.  Quiero comenzar por una obra que me ha fascinado, y que ya forma parte de mi vida para siempre: “Cuando deje de llover”.

Tú has dicho: “Es el drama contemporáneo más poderoso en el que jamás he trabajado. La gente sale sobrecogida de la función”.  ¿Es también el que te ha hecho más feliz?

(Susi guarda un largo silencio antes de responder)

Esta es una pregunta muy difícil de responder… (sonríe) porque hay muchas funciones que me han hecho muy feliz y sobre todo no sólo las funciones, sino determinadas representaciones de esas funciones porque no todas son iguales…

Lo que sí te puedo decir que, a día de hoy, es la función con la que creo que más he aprendido a profundizar en lo que es el análisis de un texto, en lo que quiere contar el autor, dándome cuenta de la dimensión tan grande que tiene.  ¡Es una epopeya, esa función es una barbaridad¡  Y darme cuenta de la repercusión tan poderosa que tiene en el público.

Nosotros no lo hemos visto porque salimos de escena en cuanto terminamos de saludar, pero nos han contado compañeros técnicos que, a veces, se quedan dos personas abrazadas en el patio de butacas.  Quizá alguna pareja, él acurrucado en ella y ella consolándole…  Situaciones muy peculiares que no se suelen dar.  La gente va al teatro, ve la función y se va.  Esta función no es así, esta función después de haberla visto va destilando durante días y días…

En ese sentido, sí que creo que es la función más poderosa que he hecho y  lo que más feliz me hace de la función, si te digo la verdad, es poder ver a mis compañeros trabajar en ella.  En la gira que estamos haciendo en teatros con el escenario a la italiana, puedo verles porque en las Naves del Matadero era imposible ya que – si salías a verles – el público te podía ver a ti.  Verles… es que me emociono y me conmociono.  Me siento entre cajas, en el suelo a lo mejor, tapadita… viéndoles trabajar y veo la entrega tan grande, esa generosidad, ese arte, esa manera de elevar el texto que tienen… y yo me digo “esto es una gloria divina”. (se emociona)

Cuando vi la obra, el 5 de noviembre, al terminar la representación fue una de esas pocas veces que he sentido el deseo de que volviera a empezar de nuevo…  No quería que terminara, no quería irme de allí.

(reímos)

Y te voy a contar como anécdota, que inicialmente a Consuelo Trujillo le iban a dar mi papel y a mí el de ella.  De hecho, la primera lectura la hicimos así…  Yo me había hecho a la idea, pensé que quizá me veían con pinta más de inglesa por mi estatura o por ser más seca (ríe), no sé…   Consuelo es más emocional, tiene más similitud con el personaje de la australiana… y justo dos o tres días antes de arrancar los ensayos, nos llamó el director y nos dijo que al revés…  (ríe a carcajadas).

Y de repente me quedé un poco descolocada ¿no?  Era como “a ver como digiero yo todo esto…”.  Y me costaba al principio, y luego fíjate cómo finalmente lo hicimos así y salió muy bien.

Has trabajado en cuatro ocasiones con el maestro JOSÉ LUIS GÓMEZ:

(1985)  Bodas de Sangre, de Lorca

(2004)  El Rey se muerte, de Ionesco

(2008)  La paz perpetua, de Juan Mayorga

(2010)  Final de partida, de Beckett

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¡Hay más cosas¡ Está “Castillos en el aire” de Fermín Cabal, que hicimos en La Abadía, y que dirigió también él.  Y la primera vez que trabajamos juntos como compañeros, cuando yo le conocí a él, hicimos una adaptación de la “Carta al padre” de Kafka, se llamó “Juicio al padre”.  Ahí fue cuando yo empecé más a hacer teatro, fue con ese montaje.

En las tres primeras como director.  ¿Su forma de dirigir y trabajar se complementa con la tuya? ¿Qué tipo de ayuda necesitas de él?

José Luis Gómez es un hombre de teatro integral. Es un maestro.  Ha formado a muchos actores que están funcionando muy bien en este país. Yo he tenido con él un aprendizaje muy fuerte porque es un hombre muy exigente con su trabajo y con el de sus actores.  Él va muy a fondo, aprieta mucho las tuercas a los actores y entonces ahí aprendes a resistir.  Yo he aprendido muchísimo de esto con él.  Por otra parte, claro… nos conocemos desde hace muchos años y nos conocemos mucho y bien.  Yo le tengo mucho cariño y mucho respeto y siento que me ha dado fuerza para poder sostenerme en este trabajo tan difícil a veces y tan arduo.

Me ha enseñado mucho de lo que es el amor y la inquietud por conocer sobre el mundo del actor.  Siento que esto es lo que más me ha dado José Luis.

En el año 2010, llegó “Final de partida” de Beckett.

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Aquí tuviste a José Luis Gómez como compañero de reparto, dirigidos por el gran Krystian Lupa. Dijiste de tu director: “Lupa me dio seguridad y libertad y en esa búsqueda sigo hoy: en no mecanizar mi trabajo”.

¿Cómo fue tu aproximación al universo de Beckett con un texto tan complejo como el de “Final de partida”?

Básicamente fue Lupa el que nos fue desvelando el camino.  Lupa no quería dirigir una obra de Beckett, no era un autor de su gusto, no sentía inquietud por montar a Beckett.  Sin embargo, cuando empezó a trabajar la función se dio cuenta de todo lo que subyacía en el texto y fue un proceso apasionante.

Principalmente era un trabajo de mesa y después se pasaba a la escena ¡una vez¡ y se volvía a hacer trabajo de mesa.  No machacaba a los actores en escena sino que probábamos en escena todo eso que habíamos visto.  Yo creo que Lupa ha sido actor, porque de alguna forma él improvisaba, le gusta mucho la improvisación y a mí también.  Nos entendimos muy bien, a pesar de que él habla polaco y yo español (ríe), pero hubo un entendimiento como si se entendieran nuestras almas.  Él en una ocasión me dijo “no hablo español pero entiendo todo lo que dices”.  He sentido siempre con él y con su equipo polaco, una visión muy parecida de lo que nos gusta en el teatro.  Antes de que él se fuera, yo le dije a Lupa “he sentido toda mi vida que tenía algo que descubrir, que me faltaba algo, como un velo más por descorrer y ver qué había más allá.  Y he sentido que contigo he podido vivir esto”.  Él me dio ese regalo.  Y ese velo tiene que ver con esa libertad para crear, una vez que tú ya tienes ese personaje, no se trata de hacer cualquier cosa.  Él te da el camino y tú luego puedes danzar por él libremente.  Eso es un regalo para mí.

¿Conocías a Lupa antes de trabajar con él?

No.  Conocía sus montajes, “Ritter, Dene, Voss” por ejemplo… que me fascinó.  Había visto otras cosas de él y cuando me dijo José Luis Gómez la posibilidad de trabajar con Lupa, claro… me pareció que aquello era más allá de un regalo, era un milagro. (ríe)

LLUIS PASQUAL: (1987) El Público, de Lorca  para el Centro Dramático Nacional

Fue un montaje que marcó época.  Sorprende que no hayas vuelto a trabajar con Pasqual…  ¿Mantienes contacto con él?

No… no hemos vuelto a trabajar juntos.  He tenido contacto con él y lo sigo teniendo.  De hecho le llamé para que viniera a ver “Cuando deje de llover” porque pensaba simplemente que él lo tenía que ver.  Lluis Pasqual es un maestro, es otro investigador, un hombre de teatro completo.  Él vino a vernos y le entusiasmó el espectáculo.

El destino ha hecho que no haya vuelto a trabajar con él.  Él está en Barcelona y yo en Madrid, pero tengo muy buena relación con él.  Él me sigue fascinando como director y siempre estaré dispuesta y encantada de acudir a su llamada.

RAMÓN SIMÓ, es un director que me gusta especialmente. Con él hiciste en 2005 “Cara de plata” de Valle Inclán…

Sí, es un director muy interesante.  Él vino a Madrid para montar “Cara de plata”, hizo unas pruebas y me cogió para hacer el personaje de la hermana del sacristán.  La verdad es que disfruté muchísimo, es un hombre con sentido del humor, muy tranquilo trabajando.  Da la impresión de estar muy despreocupado, imagino que no lo será tanto, pero tiene ese talante con los actores y eso está muy bien.  Da esa confianza, nos reímos mucho durante ese proceso.  Además fue la obra con la que me dieron el primer premio en la Unión de Actores como mejor actriz de reparto.

DANIEL VERONESE…

¡Ay…¡

Suspiras…

Mi Veronese… (sonríe)

Hasta el momento has hecho con él dos obras: (2007)  “Mujeres soñaron caballos” y (2012) “Los hijos se han dormido”, ambos textos del propio director.

Decías de tu trabajo con él: “Me dio la varita mágica con la que improvisar y sentirme libre.  Eso es lo que he aprendido: la libertad”.

Si te fijas, tanto él como Lupa, los dos tienen un sentido parecido, aunque son muy diferentes a la hora de dirigir.

Yo le hice una vez una entrevista a él porque me lo pidieron en la Unión de Actores, que se llama “El hombre tranquilo” porque verdaderamente él es así.   Se sienta y nos pide a todos los actores que llevemos el texto aprendido pero que sobre ese texto improvisemos y él lo corrige.  Él dice “yo nunca voy a decir si algo está bien porque eso es perder el tiempo.  Yo diré lo que está mal.  Si no digo nada es que está bien, vosotros seguir de esa forma”.  Desde luego no es la mejor manera de alimentar el ego de los actores, pero sí de sacar adelante un proyecto y estar todos concentrados en contar esa historia y en avanzar.

Recuerdo que cuando montó “Mujeres soñaron caballos” ¡la montó en tres días¡  Empezamos a ensayar un lunes, martes, miércoles… y el jueves ya hicimos un pase de la función pero improvisando y cambiando movimientos.  Acomodando la función a los actores españoles porque la obra se había estrenado ya en Buenos Aires, él vino con el montaje.

Me entiendo muy bien con él.  Me ha llamado de nuevo para un proyecto para el año 2016, que ojalá pueda hacerlo.  Él me dijo “cada vez que vaya a España contaré contigo” (sonríe).  Él es también un regalo para mí.

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El año pasado estuvo en el Lliure de Montjuic con “Sonata de otoño”…

¡Cómo me gusta esa función¡

¿Qué personaje te gustaría interpretar en teatro? 

Mira… acabas de mencionar “Sonata de otoño” y me encantaría hacer la madre.  A través de Adriana Roffi, la ayudante de dirección de Veronese, le mandé recado cuando se fue a Buenos Aires, “dile a Daniel que venga a España a dirigir <Sonata de otoño>”.  A ver si se lanza… (ríe).  Es un personaje maravilloso.

Hay guiones de cine: “Persona”… hay personajes de Bergman que a mí me encantaría poder hacer en teatro.  Me gusta muchísimo Bergman.

También es mi director de cine preferido…

Tiene una hondura extraordinaria, un conocimiento de la psicología humana brutal y además es muy valiente a la hora de tratarlo.

¿Y autores de teatro?

Hay muchos autores que me llegan mucho… Es una pregunta difícil de responder.

Para mí, Lorca es también un autor excepcional.  Shakespeare me gusta muchísimo.  Yo creo mucho en el trabajo de creación.  A partir de ideas o de textos que no sean necesariamente de autores dramáticos.  Desarrollar trabajos de creación y crear obras de teatro, puestas escénicas a través de trabajo con actores, me gusta mucho esa idea.

¿Y Chejov no te gusta?

¡Me encanta, me encanta¡  No lo había dicho pero me encanta, me vuelve loca.

Le muestro a Susi un libro: “Dramaturgas latinoamericanas contemporáneas” ISBN: 84-7962-014-5 (Editorial Verbum). ¿Qué sucede? ¿Por qué no se representan autoras de teatro?

Yo quisiera saberlo también… Y estoy segura que si hubiera más dramaturgas también habría más personajes femeninos para interpretar, claramente.

¡Mira lo que ha hecho Meryl Sreep en Estados Unidos¡  Ha creado una fundación para mujeres guionistas.  Cada vez hay más autoras, pero es cierto que hay que romper una barra de acero impuesta

Los silencios, el movimiento, la acción… ¿alguna vez son más importantes que las palabras?

¡Por supuesto¡  Todo cuenta.  La expresión del actor es todo.  Los silencios a veces cuentan más que mil palabras.

¿Ha sido determinante encontrarte en el camino con Juan Carlos Corazza?

Sí.  Él piensa que yo he aprendido menos de lo que él cree.  Una vez me dijo que no había aprendido nada… (ríe)  porque él también es muy estricto con el trabajo del actor.  Tengo ganas de volver a encontrarme con él y le diré que, para bien o para mal, he aprendido más de lo que él piensa que he aprendido en su Escuela.

Tú has dicho: “En el teatro tú haces lo que tienes que hacer y el espectador elige si te quiere ver a ti o al compañero que está en el fondo del escenario.  Pero en la televisión y el cine son el director y el montador quienes deciden, y yo siento que ahí hay procesos que los actores vivimos y luego no se reflejan en el resultado final”.

¿Eso te da coraje o te irrita?

Pues si…  Sí, no puedo decir otra cosa porque siento que las prioridades en las televisiones de ahora están enfocadas en favorecer más a todo lo que tiene que ver con gente joven emergente, chicos guapos, chicas guapas… no tanto en contar una historia.  Aunque la historia esté contada igualmente por todos, sino en favorecer los planos atractivos de la gente más joven.

Imagino que es una estrategia de marketing pero siento que ahí se ve mermado parte del trabajo de los actores que no somos tan jóvenes o que no estamos en la cresta de la ola.

Es cierto que no haces demasiada televisión, pero tienes intervenciones muy bonitas.  Por ejemplo: la maestra republicada de LA SEÑORA, fueron 9 capítulos, y recientemente un papel en el que estás maravillosa: Luisa de Saboya en “Carlos Rey Emperador”, que han sido 11 capítulos.

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¿Lo que te gusta menos de la televisión es la rapidez con la que se tiene que trabajar?

Yo creo que ha habido una estandarización de la fórmula televisiva en cuanto a las series ¿no? Se hacen muchísimas series, no todas tienen la misma calidad pero sobretodo lo que yo veo es que ninguna de ellas logra atreverse para romper con temas, con historias.

Yo siento que hay una falta de riesgo muy grande, en el sentido de contar una historia (la que sea) pero la televisión tiende a edulcorar las historias precisamente quizá porque es un medio al que tiene acceso todos los públicos.  Echo de menos más osadía a la hora de meterse a fondo con los asuntos, más osadía a la hora de atreverse en la actuación, en que los actores fueran más rompedores también a la hora de actuar y de comprometerse con el trabajo.  Que todo fuera menos dulcificado.  Creo que las series de televisión, en general, excepto algunas que son más lanzadas (en España menos) les falta riesgo.

La televisión es un medio extraordinario, que llega a todo el mundo y sin embargo, en ese sentido está poco aprovechada. Está bien que haya series que estén estandarizadas, que tengan esas pautas, pero sería magnífico que hubiera otras con las que el espectador tuviera la posibilidad de decir: “¡Qué ganas tengo de que llegue tal hora para ver a fulatino o menganito en esta serie porque es la bomba lo que hacen ¿no?”.

Hay un corto tuyo que me gusta mucho: “Yo sólo miro” de Gorka Cornejo, junto a Joan Crosas e Iker Lastra.  Hace muy poco, en octubre, ganaste el premio Mejor Actriz en el Festival de Gáldar con “Tras bambalinas” (2015) de Rafa García.

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El corto es un ejercicio de precisión.  Exige una gran capacidad de síntesis. ¿La energía e ilusión que tienen los jóvenes realizadores te contagia a la hora de interpretar tus personajes?

¡Claro que sí¡  Aparte para ellos suelen ser óperas primas, pequeños aperitivos de lo que puede ser su primer largo, pero la seriedad y la responsabilidad con la que los atajan es la misma que si fuera un largo.  Y los actores igual, es verdad lo que dices que son como síntesis.  Un corto encierra una historia en muy poco tiempo y tienes que desarrollarla, pero cuando está bien escrito un corto se puede hacer perfectamente, es igual que cine.  Es elegir esos momentos que son los que van a contar los detalles que en definitiva, en la memoria del espectador, son con los que se va a quedar como el recuerdo de lo que es la historia, la suma de todos esos detalles.

A mí me gusta mucho hacer cortos, porque es un ejercicio de rapidez al mismo tiempo, pero también de poderte tirar a la piscina, de poder jugar y tiene más margen para poder interactuar con el director.  Es más rico el poder trabajar en los cortos.

Debo elegir algunos títulos de tu filmografía, no podemos hablar de todos tus trabajos por el factor tiempo…  Permíteme destacar algunos:

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LA TETA ASUSTADA (2009) de Claudia Llosa. ¿Qué sensaciones quedan de aquel rodaje y de aquella gran y exquisita interpretación?

La verdad es que yo pedí a la productora si podía estar un par de semanas antes en Perú para poder atrapar más el acento peruano, porque no es un acento al que estemos habituados.  Mi personaje es una compositora peruana y además es de la alta sociedad de Perú, que son muy pocos.  En Perú la inmensa mayoría no lo son y casi no existe la clase media.  Me estuve relacionando con ese tipo de sociedad peruana que tiene mucho que ver con la familia de Claudia Llosa.  Me llevaron a muchos sitios, estuve conociendo un poquito su idiosincrasia hasta el punto de poder empezar a improvisar también con el acento en la película.

Claudia es una mujer extraordinaria.  Hablamos mucho sobre lo que se quería contar de esta mujer en la película, compartimos pensamientos al respecto.  Hubo momentos en que ella, de repente durante el rodaje y justo antes de rodar una secuencia que ya estaba más que escrita, la cambiaba.  Veía algo, lo cambiaba y el giro que le daba le hacía cobrar todo el sentido a ese instante de la película.  Es una mujer con muchísimo talento, me gustó mucho rodar con ella, mucho.

Toca hablar de Pedro Almodóvar. (2011)  “La piel que habito”, (2013)  “Los amantes pasajeros” y, recientemente, (2015)  “Julieta”.

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Siempre hablas bien de él, del trato exquisito que te da, de que notas su respeto…

Yo digo que el papel que me ha dado en su última película, “Julieta”, es muy luminoso.  No sé cuál será el resultado final, él me dijo que quedó muy contento.  Él se ha arriesgado a darme un personaje que yo creo que, en principio, no me veía en él… (sonríe).  Me dijo un día: “Tú, hagas conmigo el personaje que hagas, de joven siempre fuiste modelo”.

(reímos)

En su imaginario él piensa que pudo ser así, aunque eso no se refleje en la película, pero siempre le gusta imaginar que en mi pasado fui modelo.  Supongo que porque no pude ser otra cosa con mi estatura (ríe).  Para mí, Pedro es un maestro.  Disfruto mucho trabajando con él, me cae genial.  Tiene mucho sentido del humor y me río mucho con él.  Es un hombre que tiene muy claro lo que quiere, él escribe sus propios guiones y si tú le das en la tecla de lo que él quiere… es maravilloso.  Yo no sé otras actrices qué experiencia habrán tenido, yo te puedo hablar por mí, y en mí yo siento que cada vez estoy más cerca comprendiendo y entendiendo más su mundo.  Comulgando más con su mundo porque me parece un mundo poético, profundo y extraordinario lo que él cuenta en sus películas.  Pronto se estrenará la película y podrás verla, yo creo que es una de sus mejores películas, es una tragedia.

En 2014 llega a tu vida Ramón Salazar, con el que ruedas “10.000 noches a ninguna parte”.  Dices que sientes que es uno de los mejores trabajos que has realizado.  Salazar te da intimidad y confianza a la hora de trabajar.  Pronto otro proyecto junto a él.  Vi vuestro coloquio en la Academia de Cine, y ahí observé mucha química entre vosotros…

Sí, sí… la hay.  (sonríe)

Cuando encuentras esto con un director, esta afinidad con un director, con un compañero de trabajo, con alguien con quien colaboras, eso no tiene precio.  Eso es una maravilla, que a veces sólo con una mirada o una sonrisa ya entiendo el giro que Ramón quiere que tenga la escena, por ejemplo…

Cuando rodamos “10.000 noches a ninguna parte”, al ser una producción con un presupuesto muy reducido, el equipo era mínimo pero también eso resultó ser una ventaja.  Al no haber tanto aparataje dentro del set de rodaje se podía crear una atmósfera de mucha intimidad y mucha concentración.  Yo sentía que él, diciéndome una palabra… él me lo decía muchas veces “yo siento contigo, Susi, que haces la escena con las indicaciones que te digo. La haces… De repente te digo no sé qué otra cosa y es que lo haces así… No hace falta estar preparando…”.  Entonces eso a él le gusta y a mí también porque nos entendemos.  Eso no es fácil, no se encuentra esto con cualquiera.  Y a mí, a veces, me dicen las cosas y no me entero, me cuesta… (sonríe).

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Cuando encuentras a una persona con esa facilidad… y además también tenemos los dos un lenguaje mágico común.

A él le gusta mucho el misterio, todo el mundo onírico, el mundo de los símbolos.  Comulgo mucho con ese tipo de imágenes, de mundos… Me gusta mucho trabajar con él.  Ahora en este otro proyecto, el personaje lo ha escrito expresamente para mí…

Susi,  él ahí ya te está indicando muchas cosas…

Sí… (sonríe)  Yo siento que es un regalo que me ha hecho por todo lo que nos ha dado “10.000 noches a ninguna parte”.  Tuvimos acceso a una nominación a los Premios Goya.

Esta sí que es una película de culto, Ramón Salazar es un director de culto, de los pocos que hay en este país.  Es un director al que verdaderamente se le puede dar esa categoría, ese nombre con toda ley.

En su nueva película ha querido hacer un personaje completamente diferente y la historia es apasionante, es emocionante.  Él ahora está trabajando más el guión, él es escritor y estamos viendo la posibilidad de que se haga en coproducción.  La película se va a llamar “La enfermedad del domingo”, hablando de ese estado de ánimo que nos ataca a las personas sensibles los domingos por la tarde.  Esa sensación que parece que te estás poniendo medio enfermo.  La historia tiene relación con eso, y el guión es muy bello, bellísimo.

Hablando de directores de culto, has tenido una colaboración en “Truman”, la última película de Cesc Gay… director que me fascina.  Me contó Javier Cámara en San Sebastián (en la rueda de prensa) que ese ramillete de actores maravillosos que tenéis escenas de un minuto, desconocíais de qué iba la historia.

¡Yo sí lo sabía¡

¿Sí?  Me dijo, por ejemplo, que Nathalie no tenía ni idea de qué iba la película, lo único que sabía es que estaba relacionada con un perro…

Jajajajaja  ¡qué graciosa¡  (reímos)

Yo sí leí el guión y me quedé impactada con él.

Y todos le dijisteis que sí a Cesc Gay, aunque eran intervenciones muy cortas…

Sí, es que ese guión estaba muy bien escrito.  Y mi personaje también es una joyita ¿sabes?  Sé la repercusión que la película tuvo en el Festival de Cine de San Sebastián.

En San Sebastián vi otro de tus últimos trabajos: “Lejos del mar” de Imanol Uribe.

Yo vi la película en un pase que hicieron en Madrid.  En esta película mi personaje tiene un arco, tenía cuatro secuencias.  Por cuestiones de montaje y de guión se eliminaron las dos del centro.  Al quedarse en la mitad el personaje, yo lo noto… Quizá el espectador no lo va a notar porque está muy bien montada la película y muy bien dirigida.

En la película apenas queda reflejada la historia que ha vivido esa familia, porque sólo se centra en la historia de la hija.  Se han querido centrar más en la historia de ellos, algo que sucede con mucha frecuencia.

Creo que en esa película, lo que cuenta más la madre es la otra parte, la parte de las víctimas que creo que ha quedado un pelín como soterrada.  Está más presente la historia de amor, aunque no sé si se puede llamar amor, es más una especie de obsesión entre ellos dos.  Creo que Eduard y Elena están espectaculares, la película es muy potente, muy poderosa pero con respecto a mi trabajo yo siento que se ha quedado a mitad del camino por el montaje.

bbbaaa

Quiero terminar esta entrevista con tus palabras: “El arte representa la belleza, la verdad y la justicia y eso son los valores eternos e indestructibles”.

¿Alguna vez te llega el desánimo ante tantas dificultades para vivir y desarrollar la cultura?  ¿En qué te apoyas para superarlo?

El desánimo viene muchas veces porque la cultura no depende de la cultura, depende de la política.  Y la política no depende de la política, depende del poder económico.  Todo es una cadena que hace que el mundo funcione como está funcionando de mal, tristemente ¿no?

Todos los errores, y los errores que estamos cometiendo como seres humanos en este mundo,  son motivos que a diario a mí me hacen preguntarme si tiene sentido y, sin embargo, pienso que precisamente por todo eso es por lo que tiene sentido.  El arte es una visión para calmar el alma, para calmar los espíritus tristes, para calmar el dolor que produce todo esto que sucede en el mundo.  Para dar una visión, a veces más contundente, pero más balsámica, más reconfortante.  Es una manera de decir al espectador, al hombre o a la mujer que se sienta a vernos “sí, todos sufrimos pero todos tenemos la capacidad de remontar también”.  Hace poco me hicieron una entrevista y decía “hay obras de teatro que yo no haré nunca porque no dejan una ventana abierta”.  Me gusta “Cuando deje de llover” – muchísimo – porque a pesar de todo el recorrido de los personajes, de todos los periplos de dolor que viven, hay una redención, hay una ventana hacia la esperanza al final.

Yo creo que el Arte, el compromiso del Arte, es darle esperanza al ser humano a pesar de todo el horror que vive.

Susi, no sé cómo expresar lo feliz que me ha hecho este encuentro contigo, esta conversación generosa y brillante por tu parte.  Te digo hasta pronto, en la esperanza de un reencuentro.

Gracias Yolanda…

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NOTAS:

Las fotografías oficiales de películas protagonizadas por SUSI SÁNCHEZ que hemos insertado en este artículo, son propiedad de sus autores.

Las tres fotografías oficiales de SUSI SÁNCHEZ, son autoría de Sergio Parra y propiedad de SUSI SÁNCHEZ.

Las cuatro fotografías de SUSI SÁNCHEZ realizadas en el Teatro Principal de Zaragoza, son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.