CLOUDS OF SILS MARIA (Dir. Olivier Assayas), por Yolanda Aguas

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Es conveniente disfrutar del recuerdo de la gran película “Eva al desnudo” (All About Eve) de Josep L. Mankiewicz, de sus magníficas actrices (Bette Davis y Celeste Holm) y de esos inolvidables personajes (Margo Channing y Eva Harrington – este último interpretado por Anne Baxter- ) y hacerlo sin caer en la tentación de hacer comparaciones con la película (extraordinaria también) de Olivier Assayas. Digo esto porque la tónica general en muchos de los compañeros que han escrito sus críticas dedicadas a Viaje a Sils María, ha sido caer en ella (como – por otra parte – era lógico y comprensible).

La única similitud entre ambas películas es la constatación, una vez más, de la ambición y falta de respeto que una joven actriz puede mostrar ante otra madura y ya consagrada. En la película de Olivier Assayas se tratan muchos más temas: la lealtad, la memoria afectiva, el miedo, la soledad, la humildad, la serenidad, la aceptación de la madurez, el amor…  Clouds of Sils Maria  es una película suprema.

Maria Enders es una actriz madura a la que le ofrecen un papel en una obra que protagonizó veinte años atrás. Lo hará con una joven promesa controvertida en su vida social, mientras que Enders ensaya con reparo al recordar viejos tiempos dolorosos.

Presentada en Cannes y nominada a seis premios César, Clouds of Sils Maria es una película de producción francesa con unas extraordinarias interpretaciones. En primer lugar, Juliette Binoche es la absoluta protagonista y nos ofrece un personaje que le viene como anillo al dedo al encarnar a una mujer madura, una actriz que se mueve entre lo más alto, siendo capaz de elegir papeles, realizando sesiones de fotos en hoteles y luciendo vestidos de primera marca, detalles que son creíbles por ser ella una gran actriz. La acompaña Kristen Stewart quien está magnífica en su papel, mucho mejor que en otras ocasiones. En este caso es Valentine, jefe de prensa, asistente y confidente de Enders (Binoche), una chica que lo comparte todo con ella y a la que ayuda en sus sesiones de ensayo. En tercer lugar aparece la joven estrella Jo-Ann Ellis, interpretada por Chloë Grace Moretz. Ella interpreta a una promesa de Hollywood, salida de películas de superhéroes y con una vida social bastante tumultuosa.

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Clouds of Sils Maria tiene como base la historia de una antigua obra que interpretó el personaje de Juliette Binoche veinte años atrás. Ella era Sigrid, una joven activa que le provocaba el suicidio a Helena, una mujer posesiva y pasiva. Ahora, tras la muerte del escritor amigo de la obra, un director de moda decide contar con ella para una nueva versión más actualizada pero ofreciéndole el papel de Helena, la mujer madura que se ahoga en sí misma. Ella es reticente por el cariño que le tiene a su primer papel y porque una amiga suya que interpretó a Helena falleció por suicidio en la vida real. Es ahí cuando viaja a Sils Maria, una hermosa zona de Suiza donde el escritor de la obra y amigo de María falleció contemplando la hermosa vista de la “serpiente de Maloja”, una inmensa nube que entra en el valle en ciertos momentos otorgando una vista impresionante.

En el viaje a Sils Maria, se encuentra con la viuda del escritor fallecido, interpretada por la actriz alemana Angela Winkler (inolvidable actriz del Nuevo Cine Alemán, y protagonista de obras cumbre de esa etapa cinematográfica: El honor perdido de Katharina Blum (Dir. Volker Schlöndorff y Margarethe von Trotta), El tambor de hojalata (Dir. Wolker Schlöndorff), Locura de mujer (Margarethe von Trotta)y muchas otras, y que tiene también una importante trayectoria teatral).

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El encuentro (y todas las escenas junto a Juliette Binoche) muestra una complicidad entre ambas que va más allá de sus respectivos papeles en la película.  Observo algo que emociona: el respeto que Binoche muestra ante Winkler, el reconocimiento que hace una gran actriz  a otra, y que sin duda es consecuencia de la profunda inteligencia y sensibilidad de una mujer (Binoche) que está por encima de los aspectos banales que la fama puede traer.  Si no se han fijado…  háganlo, esas miradas de Binoche a Winkler son hermosas y hacen creer que no todo está perdido.

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Olivier Assayas es un experto al ofrecernos en dos actos cómo una actriz se reinventa y trata de amoldarse a lo que toca: la edad, el paso del tiempo… el suyo.  La película es brillante precisamente porque en ella hay varias conclusiones que sacar y porque precisa de la complicad del público.

Destacamos el instante donde Valentine, que no se ve tan valorada por María, llega a entender la presión y la angustia de la actriz, por lo que decide por su cuenta hacer de Helena marchándose sin decir nada, simplemente para que María vuelva a ser Sigrid por una última vez.  Es más una despedida que un abandono… aunque podría interpretarse de muchas formas y todas, seguramente, serían acertadas.

El epílogo nos muestra un momento despiadado cuando el personaje de Binoche le comenta un detalle sobre la obra a Moretz, quien creía que a pesar de su edad y sus fiestas, parecía una persona con cierto sentido común, pero comprende que el éxito y el protagonismo le sobrepasan, por lo que acepta su nuevo rol como una muestra de madurez y aceptación del nuevo momento que le toca vivir (maravilloso y emocionante plano final de Juliette Binoche, grande entre las más grandes actrices de la Historia del Cine).

Viaje a Sils María es una de las mejores películas que he visto a lo largo de mi vida.  Es hermosa, exigente, dura, emocionante, despiadada… es, en definitiva,  un fiel reflejo de lo que es la vida.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

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JULIETTE BINOCHE e ISABEL COIXET: Rueda de prensa SEMINCI, por Yolanda Aguas

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En la tarde del sábado 31 de octubre, y durante la rueda de prensa que concedió junto a Isabel Coixet, Juliette Binoche se mostró encantadora, se dejó fotografiar y trató a todos con mucha cordialidad.  Todo el mundo quedó encantado.

La cineasta catalana Isabel Coixet cerró este sábado la 60ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid con el estreno de “Nadie quiere la noche”, su último largometraje, que narra la odisea de Josephine Peary, una mujer de la alta sociedad norteamericana que parte a la búsqueda de su marido, el controvertido explorador Robert Peary, mientras éste intenta convertirse en el primer hombre en coronar el Polo Norte.

Protagonizada por Juliette Binoche, Espiga de Honor de la SEMINCI 2015, el film arranca con la mujer llegando a la isla de Ellesmere, en Canadá, donde organiza una segunda expedición para intentar alcanzar al grupo de su esposo, y poder así compartir con él ese momento de gloria y demostrarle su amor.

Binoche encarna a un personaje altivo, distante y más frío que el propio hielo, insensible a las vidas de cuantos tiene alrededor. Para ella la vida de los demás no es sino un objeto con el que puede jugar a su antojo. Su determinación y espíritu aventurero la empujarán hacia lo desconocido en pos de un lema de su propio marido: “Si no hay camino, se abre uno”.

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La cineasta catalana presentó hoy la película acompañada por la estrella protagonista, y recordó los orígenes del proyecto “hace casi cuatro años y medio”, cuando los productores Andrés Santana y Miguel Barros le enviaron el guión. “Al leerlo pensé tres cosas: ‘esto es una locura, es una locura que merece la pena ser contada, y si Juliette Binoche no interpreta a la protagonista no sé cómo lo vamos a hacer’. Así empezó todo”.

“Ha sido muy difícil de hacer, desde la perspectiva económica, pero me parecía una película totalmente necesaria”, ha dicho Binoche. “Isabel y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo y queríamos hacer alguna película juntas. Con este proyecto, su amor por el ser humano me obligó a decir que sí”.

Según detalló la actriz, lo que más le atraía de colaborar con Coixet era que “no tiene miedo de las emociones, de entrar en lo contradictorio del ser humano”. “Siempre encuentra la forma de encontrar un ángulo diferente para contar cosas similares. Necesitamos lo femenino del ser, que está presente en cada uno de nosotros, y el hecho de que esté simbolizado en una mujer me encanta”.

Coixet ha explicado que estrenaron mundialmente la película medio acabada en el pasado Festival de Berlín, donde fue el film de apertura, y que después de su paso por aquel certamen han eliminado algunas imágenes, “nada fundamental”, e incluido una voz en off de Juliette que, para la cineasta, “redimensiona la película y la hace más compacta y mejor“.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.

 

 

DÉCALAGE HORAIRE (Jet Lag) (Dir. Danièle Thompson), por Yolanda Aguas

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Décalage horaire – Jet lag” fue la película que clausuró el Festival Internacional de Cine de San Sebastián 2002, y que se estrenó en España en abril de 2003.

Se trata de una comedia francesa dirigida por la guionista Daniele Thompson, escrita por ella misma y su hijo, y protagonizada por los magníficos actores Juliette Binoche y Jean Reno.

Rose (Juliette Binoche) es una maquilladora que pretende cambiar de vida en México y huir de un hombre (Sergi López) que la trata muy mal. Félix (Jean Reno) es un hombre de negocios con tanto éxito laboral como desastrosa vida sentimental, a punto de viajar a Munich para intentar recuperar al que cree que es el amor de su vida. No tienen nada en común, pero el caos en el aeropuerto de París (huelga de pilotos, ordenadores estropeados…) les unirá, quizá para siempre.  Ella es discreta, retraída y poco habladora. Él es conversador y extrovertido. Ella ocupa un asiento de turista. Él viaja en primera clase. Ninguno, en realidad, está preparado para conocer al otro

La historia es la típica comedia romántica de enredo, disparatada y surrealista, que recuerda mucho a las comedias norteamericanas de los años 30.

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Divertida y muy agradable de ver, “Décalage horaire”  se apoya sin lugar a dudas en su reparto, que nos da la posibilidad de ver a Reno y a Binoche en papeles que están en las antípodas de sus trabajos habituales. Una producción eminentemente comercial de uno de los productores más importantes de la cinematografía francesa, Alain Sardé.

Danièle Thompson plantea una historia dirigida exclusivamente para pasar un rato muy agradable.  Se nota que los dos actores protagonistas, Binoche-Reno, se lo pasan estupendamente trabajando a la contra de sus composiciones habituales.

En el caso de Juliette Binoche, es muy interesante verla como una mujer común, con los percances cotidianos que puede experimentar cualquier mujer.  Y Jean Reno extiende ese toque francés (acompañado por su preciosa voz) que da el contrapunto ideal a la musa del cine galo.

“Décalage horaire” es una película divertida con la sorpresa final de escuchar a Juliette Binoche hablar un poco en castellano.  Anécdota que no deja de ser agradable.

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JULIETTE BINOCHE (Medalla de Honor del FICM), por Yolanda Aguas

694742_NpAdvMainFeaBinoche y Guadalupe Ferrer

La actriz francesa Juliette Binoche recibió un homenaje en México por su trayectoria internacional, en un acto en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), en el que presentó su película “Las nubes de María”.

La intérprete recibió la Medalla de la Filmoteca, otorgada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y hecha con base en plata recuperada de rollos de películas de cine, por sus contribuciones al mundo del séptimo arte.  “El cine es memoria y tú, Juliette, eres parte ya de la memoria”, dijo la directora de la filmoteca, Guadalupe Ferrer, en la ceremonia de entrega de este premio.

En una conferencia de prensa previa a este evento, la actriz admiró al cine mexicano, que está “creciendo en el panorama cinematográfico de una forma magnífica”, y dijo que le gustaría trabajar con el cineasta Alejandro González Iñárritu.

Una de las más recientes películas de Binoche, “Los 33”, está dirigida por una directora mexicana, Patricia Riggen y en ella interpreta a una mujer chilena, como parte de la historia de los mineros chilenos que quedaron atrapados y fueron rescatados con éxito en 2010. Cuando conoció a María Segovia, la chilena que ella interpretó, “en nuestra mirada inmediatamente hubo un fulgor, como si nos hubiéramos conocido desde hace muchísimo tiempo”.

Días después y  también en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), y como parte de una charla guía para jóvenes realizadores, Juliette Binoche, invitada de honor del festival, dio un master class en el Teatro Ocampo, en el centro de la ciudad de Morelia.

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Con la presencia de actores, directores y escritores entre el público, en un teatro lleno, Binoche preguntó quiénes formaban parte de la industria y se mostró interesada en disolver las dudas de los admiradores y realizadores.

La actriz francesa compartió su experiencia y la relación que ha tenido con diversos directores a lo largo de su carrera. Dijo: “si tratan de controlarme antes de empezar a actuar reduces la posibilidad de lo que va a pasar. (…) Cuando la acción empieza es cuando el actor existe, hace, crea”.

Con un gran sentido de la espiritualidad, la energía y de los sentimientos que un actor debe tener a flor de piel, la actriz comenta que le gusta mucho quedarse en el set de filmación aunque aún estén preparando el lugar, o entre una escena y otra. “Me gusta estar en contacto con el momento que se va a hacer, con lo que voy a actuar. Yo creo en espíritus, en estar ahí, en una especie de luz que me ayuda a entrar en ese ambiente”.

Comentó además que es importante que el actor deje ir, que a ella, personalmente, no le gusta vivir en el pasado, “porque es el pasado. ¿Por qué volver al pasado, a una realidad que fue? Esas fueron creaciones reales en el momento que se hicieron. Claro que cuentan, pero no puedes sostener un momento, hay que dejarlo ir”.

Aseguró que la parte emocional y de improvisación, encaminada por el mismo sentir del actor, es una herramienta para no juzgarse y asegura que si esta parte de utilizar al personaje para transmitir una emoción no es bien entendida, el personaje comienza a juzgar al actor o el actor comienza al personaje. “Mi trabajo es estar en contacto con lo invisible. Y es como yo vivo estás ideas, desde el fondo de mi corazón y de mi cuerpo. Es un compromiso porque sin una sensación no hay una buena actuación”.

Una de las jóvenes presentes en el público preguntó a Binoche sobre algún consejo que le pudiera dar para saber qué necesita hacer, como joven emprendedora, en una carrera cinematográfica. Juliette le respondió con otra pregunta y le dijo: “¿y tú qué quieres contar? no va a importar nada si no sabes qué quieres decir tú, porque todo nace de la necesidad que tenga el realizador de decir algo”.

La actriz viajó hasta Pátzcuaro, Michoacán, para presentar “Las nubes de María” en el cine-teatro “Emperador Caltzontzin”, en donde vestida con jeans, tennis y una chamarra de cuero, se mostró amigable con el público que se tomó fotos con ella. Antes del comienzo de la función dedicó unas breves palabras y dijo: “Espero poder conocer mucho mejor este país que me ha encantado. (…) Ojalá estas historias, como muchas otras, continúen haciéndolos vibrar. Espero que el cine continúe aquí porque esta industria también es una forma de educar”.

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La belleza e inteligencia de la actriz francesa Juliette Binoche irradió todos los rincones del Centro Histórico de esta ciudad, dejando un recuerdo inolvidable entre todos los asistentes al Festival Internacional de Cine de Morelia con su cercanía a todos aquellos que querían una fotografía con ella.

En su master class, Juliette Binoche realizó las siguientes declaraciones:

Con una amplia sonrisa ella mencionó: “Los actores tenemos más duda y miedos frente a una cámara; el juego del actor es olvidarse de la cámara para actuar. Así que le doy la responsabilidad al director, al maquillista o al peinador que tengan la bondad de construirme o destruirme”.

 “Cuando estamos bien filmados hay una belleza que aparece. Cuando sentimos una mirada elevadora, una mirada que espera, una mirada amorosa que podemos sentir y en eso hay un transformación celular que te hace vibrar desde dentro de manera diferente. Por eso la mirada de cada director es determinante para que cada actor se despierte y en eso hay una belleza”.

“Por ejemplo en mi personaje de Camille Claudel (Bruno Dumont, 2014) yo no tenía ningún maquillaje, estaba completamente al desnudo, desecha, en abandono… había una necesidad de eso porque cuando uno se arroja a un personaje así hay un contrato entre el papel y uno mismo. Hay que jugar a hacer el papel. Creo que nunca he estado más bella que en esa película, pero creo que es la responsabilidad del director y yo respondí al llamado. Olvidarse de uno mismo es esencial; el juego no es más que una posibilidad para olvidarse de uno mismo”.

 “Yo no me desprendo del papel, es más entrar en contacto conmigo misma de otra forma. Nunca me salgo de un personaje, se vuelve parte de mí. Porque para mí no hay un corte. Es más como ir de una pintura a otra, vamos de un personaje a otro, pero siempre con sensibilidad. Pero como actores tenemos el ritmo de la inteligencia, seguimos teniendo nuestro cuerpo. Es la misma cosa sólo que en cada actuación la dirigimos de forma diferente”.

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En otro momento, Juliette Binoche desechó entender el significado de un personaje feo: “No sé lo que significa o lo que es feo. La película Las nubes de María, tiene momentos muy desagradables que hacen que la actriz protagónica pierda su poder por o tener más papeles en Hollywood, entonces hay una especie de enervamiento que ella comparte con el mundo, una especie de flojera en todo el papel que jugué y que atraviesa situaciones extremadamente difíciles con respecto a su marido y que la convierten en los que podríamos llamar fea, desagradable. Pero en un actor siempre hay el placer de ir hacia todas las emociones posibles… Nunca he tomado un papel porque fuera bonito, sino porque cuando hay una transformación esa es la clave”.

“La filmografía mexicana está creciendo que resulta una maravilla ver sus películas en Francia… Además trabajé en Chile con la directora mexicana Patricia Riggen en la película Los 33 sobre los mineros que quedan atrapados donde interpreto, lo siento, a una chilena, María Sergovia. Cuado ella y yo nos vimos sentimos un fulgor como si nos hubiéramos conocido de toda la vida o en una anterior… María me contó su terrible vida. Trabajó desde los seis años para sostener a sus hermanos… Lo siento no puedo seguir hablando de esto”, y no pudo seguir hablando porque sus ojos mostraban las primeras lágrimas.

Finalmente, Juliette Binoche dijo: “Nunca he elegido un papel sin saber verdaderamente saber por qué. Siempre hay algo que me hace decir que sí. Hablo de intuición, inconsciente, de algo menos consiente y más misterioso pero que siempre me permite decir sí. Aunque influye que hay un gran director, un gran escenógrafo o que el papel me permita tener una transformación. Para mí esa es la palabra clave, creo que todos estamos en la Tierra para transformarnos a través de nuestras historias, de nuestros encuentros y poder hacer una transformación es crear un vínculo, con el contrato que tenemos con nosotros mismos”.

Juliette Binoche estuvo en México invitada por el prestigioso Festival Internacional de Cine de Morelia.  ¡Enhorabuena¡

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MIL VECES BUENAS NOCHES (Dir. Erik Poppe), por Yolanda Aguas

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Pocas veces tenemos la certeza de que una película va a ser, como mínimo, interesante.  Eso sucede cuando Juliette Binoche está dentro del reparto.  La sublime actriz francesa es ya mucho más que una gran actriz, es sinónimo de calidad y excelencia.

La historia tiene un guión fantástico. La idea que da lugar al conflicto personal, familiar, profesional y ético de Rebecca es muy poderosa: ¿qué sucede cuando la profesión de riesgo la tiene la madre y esposa. Qué pasa cuando para sacar una foto o un reportaje tienes que hacer cosas repugnantes?  El eterno problema de que un buen fin no justifica cualquier medio.

Rebecca es fotógrafa. Es una de las reporteras de guerra más importantes del mundo. Su familia -marido biólogo marino y dos hijas de 14 y 10 años- vive en Irlanda. Rebecca, que se acerca a los 50, quiere enseñar al mundo occidental lo que ocurre en sitios como Afganistán, donde arranca la película, con un reportaje aberrante sobre una terrorista suicida.

Para lograr que una historia como la de esta película funcione, hay que tener un guión muy bueno, que equilibre bien el dramatismo con la credibilidad.

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El noruego Erik Poppe (54 años) fue fotógrafo y reportero de guerra antes que director de cine. Quizá si hubiera que poner un duda, el relato quizá abre demasiadas cuestiones en demasiados frentes y no sabe desarrollarlas adecuadamente. Hay momentos en los que faltan hondura, contraste, perspectiva y contención para no caer en la demagogia y en la manipulación emocional.

La película se inscribe en una larga lista de películas nórdicas que disponen situaciones de un dramatismo estremecedor, con una naturalidad que nace de una tradición teatral formidable. La actual reina de la función es la directora danesa Susanne Bier (Hermanos, Después de la bodaEn un mundo mejorAmor es todo lo que necesitas).

Poppe es un director popular en Noruega y su intenso trabajo como realizador publicitario se le nota.

Y ese personaje atormentado, encadenado a su cámara, lo encarna Juliette Binoche, una actriz maravillosa, que convierte en belleza suprema cada plano en el que aparece.

Película muy interesante, para caer rendidos – una vez más – a la inacabable dimensión como actriz de la gran Binoche.

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CAMILLE CLAUDEL 1915: JULIETTE BINOCHE a la HOGUERA, por Francesc Mazón Camats

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Bruno Dumont escoge tres días en la vida de Camille Claudel, notoria escultora en la cincuentena, encerrada en un asilo psiquiátrico de Montdevergues cerca de Avignon por su familia (su madre). Lejos de Paris, de su fama, de su arte, de su vida bohemia y desordenada (discípula, modelo y amante de August Rodin) a causa del estallido de la guerra.

Encerrada, aislada por sus transtornos paranoicos, pero que en sus momentos de lucidez escribe a su familia, suplica a sus amigos, a sus médicos la dejen libre, le permitan volver a su estudio (según ella saqueado por emisarios de Rodin, a quien no ve desde hace veinte años). Solo tres días para mostrar al espectador (paciente) como el abandono, la soledad, el tedio y la nada van anulando la voluntad de esta mujer apasionada e inestable reduciéndola a una pasiva alienada de mirada perdida. Tan solo la anunciada visita de su hermano menor, el célebre poeta, dramaturgo y místico iluminado Paul Claudel le proporciona la esperanza de la posible libertad.

El ascético silencio del film, concede solo la palabra a estos dos ilustres extraviados (palabras recogidas de sus cartas y escritos) en la forma de cuatro o cinco monólogos, donde la belleza de la  forma presenta la terrible, insoportable verdad de su locura. Rodeados por el opresivo silencio, o los gritos, las risas de las pacientes- reclusas y las escasas y sigilosas voces de las monjas- cuidadoras (todas interpretadas por las propias pacientes, las enfermeras y los doctores del hospital  Saint-Rémy-de-Provence donde se rodó el film).

Film de un realismo extremo, una austeridad casi insoportable y prueba de fuego para una actriz superdotada, en la cima de sus recursos y su propio arte: Juliette Binoche. “La Binoche“ resiste sin ningún artificio, sin maquillaje, desmejorada, despojada de cualquier glamour, desde la primera secuencia donde la desnudez de su cuerpo, parece querer librarla para el resto del film de  falsas adherencias.

En primeros planos sostenidos, admiramos sus dos largos monólogos, donde un imperceptible travelling llegará a un close-up de su rostro casi desencajado, como una nueva Falconetti, en su particular martirio. A su alrededor sin dejarla nunca sola  el resto de pacientes nos parecen al principio figuras monstruosas y terribles, salidas de las pinturas negras de Goya (inspiradas según el director en los primitivos maestros flamencos) para lentamente humanizarse y ofrecernos la más cercana a Camille, una sonrisa profundamente humana.

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Dos ascensiones puntúan estos duros, poco accesibles viacrucis: el de Camille-Binoche junto a un pequeño, oscuro grupo de enfermas y monjas que conduce a la cumbre de una colina, desde donde contempla un paisaje hermoso y desolado. Donde ruge el Mistral y la soledad.

El otro de Paul Claudel (magnífico Jean-Luc Vicent, en su primer papel en el cine) donde acompañado por un monje de sonrisa permanente y beatífica, entre el budismo y la idiocia, siguen el pedregoso camino hacia un pequeño promontorio. Allí el discurso cada vez más exaltado del primero lo llevará a una revelación mística, frente las torres del monasterio, acompañados por el vuelo incesante de un moscardón.

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Algunas rupturas de tono relajan esta opresiva atmósfera, la cómica secuencia del ensayo de una obra de teatro “Don Juan” por enfermos desmemoriados  o la muy extraña secuencia del poeta escribiendo en su celda monástica, el torso desnudo (por lo visto Claudel acostumbraba a escribir así o bien totalmente desnudo) ejercitando un ritual onanista con sus músculos. Mi preferida es la maravillosa primera aparición del poeta, en un paisaje solitario, al anochecer, donde pronuncia de rodillas, su primera invocación, una secuencia casi mágica.

El plano final de Juliette- Claudel, sentada  de nuevo al tibio sol contemplando un paisaje que ya no veremos, nos lleva a una especie de disolución, de abandono en el vacío. Camille Claudel nunca saldrá de esta cárcel-sanatorio, donde morirá treinta años después y será enterrada en una anónima fosa común.

Los caminos de Dreyer y Bresson son insondables, como el silencio de Dios de Bergman. Es un film difícil pero fascinante y la mejor interpretación de una actriz única por su capacidad de riesgo.

Anímense solo dura 93 minutos.

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