LUCHINO VISCONTI, por Yolanda Aguas

Como mencioné en mi artículo “LA LUNA (Dir. Bernardo Bertolucci)”,  dedicamos ahora un artículo al genial director italiano LUCHINO VISCONTI.

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Éste no será “el artículo” que le dedicaremos, ya que pensamos debe ser muy exhaustivo y riguroso en el análisis de su genial obra cinematográfica.  Nuestra intención ahora es simplemente acercar su figura a las nuevas generaciones que quizá no han tenido ocasión de ver sus maravillosas películas: Senso, Noches blancas, La terra trema, Rocco y sus hermanos, Confidencias, El Inocente, El Gatopardo, Ludwig, Muerte en Venecia o La caída de los dioses.

Queremos recomendar la lectura de varios libros publicados en España entre los años 1983 y 1984.  Ambos son muy interesantes y están muy bien escritos.

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El primero de ellos, LUCHINO VISCONTI de Gaia Servadio, fue publicado por ULTRAMAR con ISBN: 84-7386-3369-4 en julio de 1983.  Es una biografía en la que la autora contó con la colaboración de la familia Visconti, sus amigos y colegas para realizar un retrato vivo y autorizado de este hombre “brillante y complejo”.

La autora hace un repaso a la vida de Luchino Visconti.  Él que vivió un período excepcionalmente interesante y tumultuoso de la historia cultural y política europea.  En 1930, él dejó su aristocrático hogar milanés para irse a vivir a París.  Allí su vida y sus ideas cambiaron dramáticamente.  Vivió tertulias de café con Cocteau, Chanel, Misia Sert y Salvador Dalí.  Cambiaron incluso sus preferencias sexuales, de ser en su juventud un gran mujeriego, a finales de sus años 30 se convirtió en homosexual.  Políticamente sucedió algo similar, pasó de coquetear con el fascismo y el nazismo, se convirtió al socialismo y finalmente se unió al Partido Comunista italiano y llegó a ser un héroe de La Resistencia en tiempo de guerra.

En el plano profesional, trabajó como ayudante de Jean Renoir y fue entonces cuando pudo desarrollar la gran pasión de su vida:  el cine.  Cultivó sus dotes de director en otros campos artísticos como la ópera, el ballet y el teatro.  Y dio a conocer a grandes talentos: MARÍA CALLAS (que se enamoró de él), Marcelo Mastroianni, Franco Zefirelli y Michelangelo Antonioni.

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El segundo libro, LUCHINO VISCONTI, la razón y la pasión, pertenece a la colección de Dirigido por…  publicado por EDICIONES FABREGAT, S. A. con ISBN: 84-85999-02-9 en marzo de 1984.  Su autor, Rafael Miret Jorba – realiza un deslumbrante trabajo.  Es a mi juicio mucho mejor que el anterior porque el análisis que realiza de la obra del director milanés me parece sensacional.   Escrito magníficamente, respeta la cronología creativa del director y cuenta –algo que siempre es de agradecer – con una exhaustiva relación de la filmografía, seguida por su teatrografía, discografía de las bandas sonoras de sus películas y una amplia bibliografía.

Ambos libros quizá estén ya descatalogados, pero sin duda podrán encontrarlos en bibliotecas de su ciudad.  Con toda seguridad están en ese santuario para los amantes del cine que es la Biblioteca y Archivo de la Filmoteca de Catalunya.  Gran biblioteca y grandes profesionales que les ayudarán y guiarán en aquellas consultas que puedan formularles.

Vida y obra de un genial director de cine: LUCHINO VISCONTI.

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NOTA:  Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.

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ROMY SCHNEIDER, la fascinación y el dolor

(Viena, 23 de septiembre de 1938 – París, 29 de mayo de 1982)

Hoy se cumplen 31 años de su fallecimiento, pero ROMY SCHNEIDER llevaba más de diez meses muerta en vida por el dolor insoportable que le causó la pérdida de su joven hijo David.

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Fue enterrada en el cementerio de Boissy Sans Avoir, a 50 kilómetros de París. Lugar del que ella afirmaba: “En París soy la mujer más feliz del mundo. No existe una ciudad como ésta para vivir la vida”. Dos meses después del entierro su tumba fue profanada y su diario íntimo desapareció. Algunos sostuvieron que los escritos eran muy comprometedores para los traficantes de drogas y podían esclarecer el asesinato de Stefan Markovic, el secretario personal de Alain Delon, asesinado en 1968.

Así se fue una de las más grandes actrices de la Historia del Cine, poseedora  de una belleza natural inconfundible.

En su vida la desgracia nunca conoció el ocaso. Devastada por el amor, la pasión, el éxito y la tragedia, un día se apagó, como una vela encendida por los dos lados.

Solo cenizas quedaron de aquella primera Sissi: irreal, cursi, que bailaba vals del brazo de un príncipe de cuento. Si el arte imita a la vida, la de Romy Schneider fue tan triste y solitaria como la de Sissi, la emperatriz austríaca que ella inmortalizó en tres películas, entre 1956 y 1957.  Aunque años más tarde (en 1972), el maestro italiano LUCHINO VISCONTI –que la adoraba- la rescató para siempre de aquella condena y le ofreció la posibilidad de redimirse interpretando de nuevo el mismo personaje, el mismo… pero no de la misma forma.  Romy Schneider realizó una de sus mejores interpretaciones en LUDWIG, la historia del Rey Loco alemán, cuando estaba en la plenitud de su talento y de su belleza.

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Romy era un espíritu libre: “Siempre me lo juego todo, llevo las cosas hasta las últimas consecuencias. Me entrego y amo con toda mi alma”, dijo en una entrevista.

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A pesar de que le ofrecieron hasta un millón de dólares por seguir con la saga de Sissi, optó por buscar papeles más exigentes, con directores tan connotados como Luchino Visconti y Orson Wells, además de los más prestigiosos cineastas franceses. En total filmó más de 60 películas.

Tuvo una tormentosa relación con el actor francés Alain Delon, que la abandonó de un modo cruel y despiadado.

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De ese agujero la sacó Harry Meyen, con quien realizó algunos proyectos profesionales; la amistad se convirtió en afecto y Romy pagó una fortuna para que él se divorciara. En 1966 se casaron en Saint-Tropez y un año después nació David Christopher, en Berlín, el niño que un día atravesaría su corazón al intentar saltar la verja de su casa.

Pronto el matrimonio se colapsó porque Meyen sufría extraños dolores de cabeza y nervios incontrolables. Se divorciaron en 1968 y, para obtener la custodia legal del niño, tuvo que pagarle a Harry un millón y medio de marcos. Este se hundió en el alcohol y los analgésicos y en 1979 se ahorcó en su castillo de Hamburgo.

Con el director Claude Sautet tuvo un affaire secreto mientras filmaba Una vida de mujer; ahí conoció a Daniel Biasini con quien se casó en 1975 y tuvo a Sarah Magdalena.

Las cosas tampoco funcionaron con él y este se fue a Estados Unidos para tomar aire. Romy cayó de nuevo en la botella; se volvió irascible, complicada, se veía vieja y fea, aunque solo contaba con 41 años.

El golpe final estaba por llegar. David, su hijo de 14 años, era además de su amigo, la tabla de flotación en ese mar de angustias. La tarde del 5 de julio de 1981, el muchacho subió al enrejado de la casa de Biasini. Resbaló. Las verjas le atravesaron los intestinos y quedó clavado.

Varios paparazzis se metieron a la morgue y tomaron fotos del cadáver del joven. La prensa francesa rechazó su publicación, por ética y respeto a la actriz; pero los diarios alemanes sensacionalistas sí lo hicieron. La revista española Hola abrió su portada del mes de julio de 1981 con este titular: “Romy Schneider: sumida como nunca en el dolor”.

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ROMY hablaba así de su hijo:

Quería traer al mundo a mi hijo sano, y cuidar yo misma de él. Los primeros meses de vida de un hijo son tan maravillosos…

¿Por qué un hijo? Eso significa la vida que para mi encarna paz, familia, refugio… El embarazo fue hermoso. Me pasé los dos años siguientes sin trabajar, vivimos en nuestra casa de cuatro habitaciones de Grunewald, me fue bien. Por fin tengo un hombre que me amará hasta el fin de mis días.”

No puedo vivir lejos de mi hijo. Hace siete años yo era una muchacha mimada que no se decidía a crecer. Fue la maternidad lo que me dió una nueva dimensión de la existencia. Con el nacimiento de David, llegó para mi la capacidad de ver, de comprender, de sufrir. Y debo al milagro de este hijo el haberme convertido en una buena actriz. De ahí que yo viva aterrorizada por la idea de perderlo.

“Mi hijo David -que tiene catorce años- y yo tenemos una relación muy estrecha y muy cariñosa. Es un maravilloso compañero para mí. Le entusiasma mi trabajo, y no teme darme consejos o corregir mi pronunciación, si tropiezo con una vocal en el ardor de la batalla, es posible que también quiera ser actor o director.”

Sonrisa ausente

Romy, la de la sonrisa eterna, que tenía el encanto de las ninfas y la regia altivez de las diosas griegas, se volvió ausente y hablaba con David como si estuviera vivo. Mezclaba sedantes con licor, vagaba por la casa presa del insomnio, repetía el nombre de su hijo, le escribía cartas y las leía a sus amigos. Michel Piccoli, su compañero en la película Testimonio de Mujer, aseguró que Romy no salía a ningún sitio preocupada porque: “¿Y si vuelve David y no me encuentra?, ya sabes que no hace nada sin mí.”

Todo se juntó en su cabeza: la muerte de Meyen y la de su hijo, el divorcio de Biasini y el desplome de su carrera. Así la encontró Laurent Pétin, su nuevo novio, quien le escondía los fármacos y la cuidaba. Michelle Morgan, gran amiga de Romy, la acompañó en los años más difíciles para una actriz (ésos en que ya no puede ser la joven ni tampoco la mujer madura -y Romy estaba en ese momento cuando le llegó la muerte-)  y dijo: “aquella no era mi querida niña de siempre, había en ella como una sombra antinatural, hablaba de forma incoherente, de cosas que no venían a cuento, y su risa era lo que más daño me hacía.”

El 28 de mayo de 1982 Romy y Laurent llegaron a la medianoche a su casa. Como acostumbraba se quedó sola en la habitación, para hablar con David, tomar una copa de vino, ver sus fotos y escribirle cartas.

Al amanecer Pétin empujó la puerta, las ventanas estaban cerradas y Romy yacía yerta, gélida, pálida, desparramada sobre un enorme sillón. De inmediato llamó a Alain y este llegó en un suspiro. “Se arrodilló ante el cadáver, le dio un beso y se echó a llorar”, recordó el productor Alain Terzian.

El diario Le Fígaro publicó, el 30 de mayo de 1982, que la actriz murió a causa de un paro cardíaco y que el forense no le practicó ninguna autopsia, por lo cual era imposible determinar si Romy falleció por una sobredosis de barbitúricos.

Con motivo del estreno de su última película, “La Passante de Sans Souci” (es España la titularon Testimonio de mujer) Romy Schneider concedió una entrevista –la última- a Paris Match.   El periodista que la hizo era de su total confianza y ello propició que Romy accediera a hablar de cosas íntimas y dolorosas.

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No es posible, por razones de derechos de autor, reproducirla íntegramente, pero intentaremos hacer un breve resumen de las palabras pronunciadas por Romy aquella tarde:

Su última entrevista

ROMY: Prefiero decir “la vida debe continuar”.  Por supuesto que hay momentos en los que me gustaría bajar la cortina y no seguir con mi trabajo, pero tengo responsabilidades.  No estoy sola, así que la vida debe continuar.  Voy a continuar mi trabajo lo mejor posible, no se puede detener.  Podemos reflexionar un tiempo, pero no es posible para mí detenerme.

(…) Tengo a mi hija Sara, que ahora tiene 4 años y medio.  Ella es demasiado pequeña para que yo la lleva conmigo al set.

(…) Vivo ahora en un hotel porque no puedo volver a mi apartamento.  No puedo vivir en un ambiente que me recuerda todo el tiempo a mi hijo, donde éramos felices.  Estoy buscando una casa para vivir mi vida y tratar de superar mi dolor.

-El periodista le pregunta: ¿Es un dolor que se puede olvidar?

Romy responde: Es un dolor que nunca quiero olvidar.

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Para conocerla un poco mejor, a continuación facilitamos algunos detalles de su personalidad y sus preferencias:

Actores:  Charles Chaplin, Laurence Olivier, Peter O´Toole, Marlon Brando y Pierre Fresnay.

Actrices: Greta Garbo, Katherine Hepburn y Simone Signoret.

Directores: Orson Welles, Luchino Visconti, Ernst Lubitsch, Alfred Hitchcock, Ingmar Bergman, Claude Sautet, René Clément, Henri-Georges Clouzot.

Colores: Blanco y verde Esmeralda.

Escritores:  Proust, Goethe y Faulker.

Pintores: Picasso, El Greco y Renoir.

Música clásica: Mozart, Beethoven y Strauss.

Época favorita: los violentos años veinte (1920-25)

Modistos:  Coco Chanel, Yves Saint Laurent.

Perfume: Chanel nº 5

Deporte: Esquí

Comida: Ostras y champagne

Su momento del día: Medianoche

Su día: Viernes

Su mes: Septiembre

Le gustaba: la ingeniería y la perfección.

Odiaba: la indiscreción y la estupidez.

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Este ha sido el homenaje que CINET-FARÖ ha querido rendirle.  

Naturalmente, una personalidad tan singular como la suya y una carrera profesional tan importante merecen muchos más análisis.

Poco a poco iremos hablando de alguna de sus mejores películas.  

ROMY SCHNEIDER se fue demasiado joven, pero nunca lo ha hecho de la memoria de todos aquellos que la conocimos, admiramos y respetamos en vida.  

Descanse en paz.

Por YOLANDA AGUAS, 29-05-2013

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NOTA:  Las fotografías insertadas en este post son propiedad de sus autores.