LA VIDA ERA ESO (Dir. David Martín de los Santos)

Dos mujeres españolas de distintas generaciones coinciden en la habitación de un hospital en Bélgica. María (Petra Martínez) vive allí desde hace décadas tras emigrar en su juventud, y Verónica (Anna Castillo) es una joven recién llegada en busca de las oportunidades que nunca encontró en España. Entre ellas se forja una peculiar amistad que llevará a María a emprender un viaje de vuelta al sur de España con una insólita misión. Lo que comienza como un viaje en busca de las raíces de Verónica, se convertirá en una oportunidad para cuestionarse ciertos principios en los que basó su vida.

El principal atractivo de esta película radica en el ritmo pausado y casi contemplativo que imprime su director: David Martín de los Santos. Ritmo anclado en la bellísima mirada y sutiles silencios una actriz inmensa: Petra Martínez. Es de nuevo, una interpretación sublime de una de las mejores actrices de nuestro cine y nuestra escena.

Este encuentro fortuito entre dos emigrantes españolas en París (con una brevísima participación de Anna Castillo, breve pero muy bien interpretada) cambia la vida de una anciana, que decide salir de la monotonía para volver a esa tierra que la vio partir.

No se trata solo de una relación entre dos mujeres, la película habla de un tema doloroso: la migración, más concretamente a los temporeros en un filme que también incide de forma serena sobre el valor de la memoria. La película viene a decirnos que la memoria es el único paraíso del que nunca seremos expulsados, el único lugar donde el amor sobrevive cuando el amor yace herido de muerte. Luego están las tradiciones y la necesidad de evolucionar, en sintonía con el inexorable paso del tiempo y el cambio del contorno.

En el momento de escribir estas líneas desconozco el recorrido que tendrá en la temporada de premios que ya se aproxima. Pero si de algo estoy segura es que PETRA MARTÍNEZ debería conseguir el reconocimiento por una muy deslumbrante interpretación.

EL PODER DEL PERRO (Dir. Jane Campion)

Montana, 1925. Los acaudalados hermanos Phil (Cumberbatch) y George Burbank (Plemons) son las dos caras de la misma moneda. Phil es impetuoso y cruel, mientras George es impasible y amable. Juntos son copropietarios de un enorme rancho donde tienen ganado. Cuando George se casa con una viuda del pueblo, Rose (Dunst), Phil comienza a despreciar a su nueva cuñada, que se instala en el rancho junto a su hijo, el sensible Peter (Smit-McPhee).
La película arranca bajo la forma de una épica con feudo familiar de por medio ampliamente reconocible. El choque entre dos hermanos con personalidades opuestas como las dos caras de una moneda tras la aparición de una mujer y su hijo en el núcleo del hogar, da pie a un reflejo visceral de la violencia intrínseca del género que no necesita mostrar un sólo revólver en pantalla; valiéndose únicamente de personajes recluidos en sus propias psiques, virilidades tóxicas, y de unas sensaciones de angustia y desasosiego sutiles e incisivas.

Campion se toma su tiempo en cocinar a fuego muy lento la historia, y se ve obligada a tomar ciertas decisiones un tanto peculiares en lo que respecta al tiempo en pantalla de algunos personajes principales, pero el conjunto no deja de ser tan impecable como el uso del subtexto. Gracias a él, frases sueltas, interacciones y reacciones sustituyen al siempre nefasto exceso de exposición, reivindicando la fuerza de la narrativa cinematográfica en su máxima expresión.

Si a todo esto sumamos un anticlímax capaz de rediemsionar en cuestión de minutos todo lo visto hasta el momento, y una factura técnica y artística impresionante coronadas por la fotografía de Ari Wegner y por la banda sonora de un Jonny Greenwood tan lúcido como de costumbre, la sensación de estar ante una de las mejores películas de 2021 no hace más que confirmarse.
Una muestra de gran cine en su máximo exponente, incómodo, duro y, al mismo tiempo, delicado, que hace justicia a un género histórico repleto de clásicos imperecederos.
Advierto, eso sí, que esta película desconcertará a los más fieles seguidores del cine de Jane Campion.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

LA HIJA (Dir. Manuel Martín Cuenca)

Irene tiene quince años y vive en un centro para menores infractores. Se acaba de quedar embarazada y está decidida a cambiar de vida gracias a Javier, uno de los educadores del centro. Javier le ofrece vivir con él y su mujer Adela en la casa que tienen en un paraje aislado y agreste de la sierra para que pueda llevar a buen término su embarazo. La única condición a cambio es que acepte entregarles al bebé que lleva en sus entrañas. Este débil pacto puede verse comprometido cuando Irene empiece a sentir como suya esa vida que lleva en su interior.

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El reparto es todo un lujo. Javier Gutiérrez, Patricia López Arnaiz y la rabiosa irrupción de Irene Virgüez Filippidis (tras un largo casting por toda España), se convierten una vez más en los elementos de un director que tiene muy claro que lo mejor para llegar a los extremos es a través de la contención. Puede que ahí esté el gran secreto del director, contener las emociones de sus actores mientras los deja volar libres. Esta película consagra a su director como uno de los maestros del suspense sostenido del último cine europeo, recuerden su obra maestra CANIBAL.

La película está contada de una manera austera, seca y algo fría. La relación entre las dos mujeres es complicada desde el comienzo; la desconfianza mutua crea aún más tensión en este thriller gris, que se intuye que no acabará bien para alguna de las dos partes.

Estamos ante un fin que no parece que justifique demasiado los medios, aunque el meollo de la cuestión es precisamente cuestionarse quién es realmente el bueno y quién el malo en esta historia. Ese es, sin duda, otro de los logros de Martín Cuenca, al hacer cómplice en grado máximo al espectador, que por momentos vive en carne propia y hace suyo todo lo que sucede en la pantalla, aunque la coherencia esté ausente y algunas de las circunstancias que se irán dando lleguen a resultar desmesuradas.

Siendo una película muy interesante y con maravillosas interpretaciones, la película no ha tenido un recibimiento unánimamente favorable. No obstante, considero que es de obligado visionado.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

LIBERTAD (Dir. Clara Roquet)

La familia Vidal pasa en su casa de verano las últimas vacaciones de la abuela Ángela, que sufre Alzheimer avanzado. Por primera vez en su vida, Nora, de 14 años, siente que no encuentra su lugar. Los juegos de niños le parecen ridículos y las conversaciones de los adultos todavía le van grandes. Pero todo cambia con la llegada de Libertad, de 15 años e hija de Rosana, la mujer colombiana que cuida a Ángela. Rebelde y magnética, Libertad se convierte en la puerta de entrada a un verano distinto para Nora, y las dos chicas rápidamente forjan una amistad intensa y desigual. Juntas salen de la burbuja de protección y confort que supone la casa familiar, descubriendo un mundo nuevo en el que Nora se siente más libre que nunca.

No alcalzo a comprender las buenas críticas, en general, que ha tenido esta película. Durante todo su desarrollo apenas encontré nada de interés, salvo la interpretación de la veterana Vicky Peña. El resto de intérpretes se pierden en sus papeles.

Este filme quiere tratar las diferencias de clase, y las consecuencias que tiene haber nacido en una determinada familia y país. Siendo una ópera prima, no se puede exigir demasiado a su guionista y directora, pero espero que en los próximos trabajos acierte en sus propuestas como, lamentablemente, no ha logrado hacer aquí.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

PAN DE LIMÓN CON SEMILLAS DE AMAPOLA (Dir. Benito Zambrano)

En Valldemossa, un pequeño pueblo del interior de Mallorca, Anna (Eva Martín) y Marina (Elia Galera), dos hermanas que fueron separadas en su adolescencia, se encuentran de nuevo para vender una panadería que han heredado de una misteriosa mujer a la que creen no conocer. Las hermanas son dos mujeres con vidas muy diferentes. Anna apenas ha salido de la isla y sigue casada con un hombre al que ya no ama. Marina viaja por el mundo trabajando como doctora para una ONG. Mientras intentan descubrir los secretos que encierra su enigmática herencia, Anna y Marina tendrán que hacer frente a viejos conflictos familiares e intentar recuperar los años perdidos.

La propia autora del libro en el que se basa esta película, Campos (que tiene bastantes conocimientos cinematográficos), colabora con Benito Zambrano, su director (‘Solas’, ‘La voz dormida’, ‘Intemperie’), en la elaboración del guion. Ambos logran atraer y mantener el interés hacia este relato intimista en el que todos los personajes evolucionan en función de los acontecimientos.

La vida abriéndose paso entre la muerte. Una hija en edad rebelde. Trapicheos financieros y la hucha vacía. El despertar del instinto maternal. El reencuentro de dos hermanas perdidas. Y una panadería en un lugar detenido en el tiempo. Elia Galera, haciendo de hermana todoterreno, y Eva Martín, como la exquisita, están fabulosas y magníficamente creíbles, soportando estoicamente la dureza de la trama. Claudia Fazi, entrañable como panadera introvertida, recelosa y con carácter. Mariona Pagès, esa joven que aprende a ser hija. Marilú Marini, simpatía argentina y punto de contacto con la realidad. Tommy Schlesser y Pere Arquillué, dos versiones tan distantes de lo que puede ser el apoyo de una pareja. Formidables todos ellos en sus roles, aportando interpretaciones especialmente naturales. En ‘Pan de limón con semillas de amapola’, como se dice en algún momento, “la vida es un cambalache”. Te da media vuelta y todo cambia. Habla de mundos distantes y de elecciones para seguir adelante.

Una película amable, aunque trate temas muy duros como la enfermedad y la muerte. Deja momentos para recordar.

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EL ESPÍA INGLÉS (Dir. Dominic Cooke)

Durante la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, el ingeniero Greville Wynne (Benedict Cumberbatch) se infiltra como espía en el MI6, servicio de inteligencia británico. Cuando la crisis de los misiles cubanos promete inclinar la balanza a favor del país soviético, Wynne comenzará a trabajar con la CIA para filtrar información sobre el plan que tienen en marcha los rusos y así evitar una catástrofe.
La trama de la película de Cooke comienza en la conflictiva década de los años sesenta, cuando la Guerra Fría estaba en unos niveles alarmantes, en cuanto a la posibilidad de un enfrentamiento nuclear entre la U.R.S.S. y USA. En medio semejante clima de tensiones internacionales, un hombre de negocios llamado Greville Wynne (Benedict Cumberbatc) es contactado por el MI6 británico, para que se reúna en Moscú con un supuesto y misterioso disidente del politburó. Wynne se resiste a participar en primera instancia, ya que no sabe nada sobre operaciones de este tipo; pero al final accede a la propuesta. Una vez en la capital soviética, el protagonista toma contacto con el general Oleg Penkovsky (Merab Ninidze), el individuo encargado de proporcionarle documentos relativos a las actividades del gobierno presidido por Nikita Krushchev. Tras conocerse, los dos inician una amistad que acabará drásticamente.

Dominic Cooke desarrolla una historia que posee la fuerza de estar basada en hechos reales, y la cual se alimenta de la potente actuación de Benedict Cumberbatch; pero es incapaz de desarrollar una atmósfera lo suficientemente inquietante, como para reproducir con credibilidad el clima de terror latente que se vivía en el universo de secretos mortales de la época de los bloques capitalista y comunista. Parte de la culpa de ese error a la hora de construir un escenario convincente la tiene el hecho de que la mayoría de los personajes que deambulan por la película carecen de entidad propia, y solo se mueven por cauces demasiado tópicos o desdibujados. De la desconcertante y fría Emily Donovan (Rachel Brosnaham) al caricaturizado Krushchev, el resto de los roles quedan como simples sombras, en una obra que únicamente centra su atención en la capacidad dramática de Cumberbatch.

El espía inglés hace echar de menos los títulos clásicos de ese tiempo dominado por secretos oficiales embutidos en maletines oscuros; y de agentes con gabardina y sombrero, intercambiando informaciones sorprendentes y demoledoras. Un género que Dominic Cooke únicamente toca de manera tangencial.

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EL ÚLTIMO DUELO (Dir. Ridley Scott)

Francia, 1386. Cuenta el enfrentamiento entre el caballero Jean de Carrouges (Matt Damon) y el escudero Jacques LeGris (Adam Driver), al acusar el primero al segundo de abusar de su esposa, Marguerite de Carrouges (Jodie Comer). El Rey Carlos VI decide que la mejor forma de solucionar el conflicto es un duelo a muerte. El que venza será el ganador, sin embargo, si lo hace el escudero, la esposa del caballero será quemada como castigo por falsas acusaciones.
El director vuelve a componer una de las mejores películas de su filmografía, no solo por ser una historia bien armada sino por ser capaz, además, de abordar algunos de los temas más candentes de la actualidad recurriendo a algo ocurrido en el siglo XIV. Pasado y presente se dan la mano. Sirve de base a este relato el libro escrito por Eric Jager en 2004 titulado «El último duelo: una historia real de crimen, escándalo y juicio por combate en la Francia medieval» que narra el último duelo a muerte documentado en Europa.

Sucedió en 1386 en un monasterio de París contando con el rey de Francia Carlos VI, su esposa y un buen número miembros destacados de la corte como espectadores. Los contendientes eran el caballero noble sir Jean de Carrouges y el escudero Jacques Le Gris, mano derecha de su señor, el conde Pierre d’Alençon. La afrenta, cuya resolución quedaba «en manos de Dios» no era otra que la violación de Marguerite de Thibouville, la esposa de Carrouges, por parte de Le Gris, si bien en verdad de lo que se trataba era de limpiar el honor de los dos hombres, antiguos compañeros de batalla y con intereses cruzados. La forma de dictar justicia era simple: quien sobreviviera al combate, tendría la razón. La disputa fue uno de los grandes eventos de la época, congregando a multitudes deseosas por conocer el resultado del lance.
En manos de un director como Ridley Scott, amante de la Historia y con una increíble capacidad para desarrollar un drama humano de este calado, todo ese trabajo ha sabido cobrar vida de una forma verosímil con un diseño de producción despampanante y resonar con fuerza gracias al guión escrito a tres bandas por Nicole Holofcener, Ben Affleck y Matt Damon. La estructura de la película es circular y se articula en bloques: tenemos una introducción en la que vemos el duelo inminente y a continuación se nos narra la perspectiva de Jean de Carrouges, la de Jacques Le Gris y finalmente la de la propia Marguerite antes de asistir al desenlace, en el que regresamos a esa secuencia inicial para completarla y conocer su final.

Del conjunto destaca especialmente Jodie Comer, una actriz versátil y magnífica a la que hemos visto en La princesa blanca, Killing Eve o más recientemente en Free Guy. Aborda el papel más complicado de El último duelo en el que son muy importantes los matices.
Acompañada por un adusto Matt Damon, un brutal Adam Driver o un transformado Ben Affleck le dan la réplica de maravilla. En resumidas cuentas, El último duelo es de obligatorio visionado. Una película con un fuerte discurso, muy actual y pertinente en los tiempos que vivimos, que recrea además con extremado gusto y detalle los usos y costumbres de una época que parece lejana.

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UN ESPÍRITU BURLÓN (Dir. Edward Hall)

Un espíritu burlón, una nueva versión del clásico basado en la obra teatral de Noël Coward estrenada en 1941. Fue llevada a la gran pantalla en 1945 por David Lean (Lawrence de Arabia), y ahora, es el director televisivo Edward Hall (Downton Abbey) quien nos ofrece esta nueva versión.

Charles (Dan Stevens) es un escritor de renombre que sufre un bloqueo mental. Su mujer Ruth (Isla Fisher) trata de ayudarlo para que encuentre la inspiración y organiza una velada con la médium Madame Arcati (Judi Dench). Accidentalmente, esta invoca a la fallecida mujer de Charles, Elvira (Leslie Mann), que solía ser su musa. Viendo que su marido se ha vuelto a casar, la celosa Elvira se encargará de hacerle la vida imposible. Si hay algo que resalte de Un espíritu burlón, es lo bien que están los actores en sus papeles. Destacando por supuesto a Dan Stevens (The guest), magnífico en cada una de sus escenas.
El humor británico que desprende toda la película con sus gags y chistes está siempre en buenas manos gracias a un reparto que cumple a la perfección el tono buscado. Quedan en tablas unas sensacionales Isla Fischer y Leslie Mann, y a la gran Judi Dench se le reserva el único primerísimo primer plano porque ella puede con todo. Sin embargo, la película no logra alcanzar un nivel alto. Lo más destacable es su magnífica banda sonora, será una joya tener ese cd.

Hay cosas que en pantalla grande no funcionan. La obra de teatro de Un espíritu burlón funciona a las mil maravillas. De hecho, ha sido representada infinidad de veces con gran éxito. Pero las herramientas de las que dispone una película son totalmente diferentes a las del teatro.

El director Edward Hall le insufla poca vida a sus imágenes, haciendo que los chistes funcionen por el corte en montaje de la escena o por la constante música de fondo que nos indica que nos debemos reír, dejando así todo el peso cómico en las teatrales actuaciones (exageradamente justificadas) de sus actores.

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EL SUSTITUTO (Dir. Óscar Albar)

Año 1982. Un joven policía curtido en los barrios más duros de Madrid acepta un destino en un pueblo de mar con la esperanza de curar a su hija y, de paso, ganar algo de tranquilidad. Una vez allí, se ve envuelto en la investigación del extraño asesinato del inspector al que ha de sustituir. Las pesquisas le llevarán hasta un hotel playero donde una comunidad de ancianos nazis, reclamados por muchos países por crímenes contra la humanidad, vive un retiro paradisiaco y feliz.

Mientras se mueve por el terreno policial, ‘El sustituto’ se luce gracias a una narración ágil y a la buena recreación de la época, acotada sobre todo entre el Mundial de Fútbol y el ‘cambio’ que llegó con la victoria del PSOE en las elecciones. Menos redondo es el guion que firman Óscar Aibar y María Luisa Calderón. A medida que se internacionaliza y se adentra en las oscuridades del pasado, la narración se desorienta un poco, el ritmo se trastabilla y las grandes revelaciones se vuelven más ambiciosas que eficaces. Por suerte, no hay demasiadas escenas de acción, al menos las del cuerpo a cuerpo. Chirrían menos las carreras sobre ruedas.

Lo ideal sería no saber nada de la parte nazi de la historia, que también pillara por sorpresa al espectador, pero el cartel y el tráiler son los primeros en descubrir el pastel. Los actores alemanes, falsos o verdaderos, dan el pego, pero los villanos españoles de ‘El sustituto’ son grotescos y esquemáticos. Si hay alguno más interesante, tiene escaso recorrido. Todo ello hace que a medida que nos acercamos a la resolución de la historia, empiece a importar menos el lugar exacto de aterrizaje.

Lo mejor de la película radica en las interpretaciones de Vicky Luengo y Susi Sánchez , no necesitan más que su talento para ser la misma persona, nada menos que los ojos de la historia.

Ellas son lo mejor de la película.

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ENTRE ROSAS (Dir. Pierre Pinaud)

Eve (Catherine Frot) creaba las rosas más famosas del mundo, pero ahora está pasada de moda, un poco amargada y con una empresa al borde de la bancarrota. Vera, su fiel asistente, no puede dejar que lo que lleva defendiendo toda la vida desaparezca sin más y “contrata” a tres personas que provienen de un programa de inserción social para evitar caer en las garras de un codicioso empresario del sector. Con todas las ganas del mundo y muy pocas habilidades en jardinería, ponen en marcha un plan loco, pero brillante, para cambiar el destino del negocio familiar.

Esta amable pelícujla cuenta la historia de la señora Vernet, marcada por el legado de su padre en el negocio, pasa dificultades económicas mientras un poderoso empresario la presiona. No esperen un retrato agresivo y tirano del empresario. Es un hombre que quiere seguir contando con el talento de la señora Vernet y que ella lidere la parte creativa del negocio. Esta historia con un guion coherente podría haber sido una buena película, pero el guion no acompaña. El empeño del director por incluir tantas buenas obras lastran la historia. Entre rosas aglutina una cantidad de clichés y lugares comunes que es difícil creértela en algún momento. Abre tantas líneas argumentales que cuando las cierra quedan sin peso y con un recorrido escaso.

Un desarrollo más sencillo con menos frentes abiertos y un desarrollo más profundo y creíble hubiesen beneficiado a la película. Podría haber optado por realizarla como película de encargo, sin estridencias y sin arriesgar o bien llevarla a un punto mas intimista y personal arriesgando algo más y que ese riesgo lo amortigüe la parte más personal del director.
Hacer una película sencilla no es nada fácil, hacer que lo complejo no tenga esfuerzo a ojos del espectador tiene un grandísimo mérito.


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