EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO (Dir. Yorgo Lanthimos), por Yolanda Aguas

Hace algunas semanas escribí un artículo dedicado a la última película de Darren Aronofsky, “Madre”.  En él, invitaba a los lectores a que vieran la película para poder participar en las conversaciones que sus amigos pudieran mantener sobre la misma.  Es importante, y aconsejable, tener opinión propia.

Antes de que sigan leyendo este artículo, vuelvo a aconsejarles lo mismo.  Vean “El sacrificio de un ciervo sagrado”, pero háganlo con la mente abierta y dispuestos a entrar en el personal mundo creativo del director griego.

El viaje que nos propone Lanthimos es una auténtica inmersión hacia territorios complejos de transitar.

Steven (Colin Farrell) es un eminente cirujano casado con Anna (Nicole Kidman), una respetada oftalmóloga. Viven felices junto a sus dos hijos, Kim (Raffey Cassidy) y Bob (Sunny Suljic). Cuando Steven entabla amistad con Martin (Barry Keoghan), un niño de dieciséis años sin padre, a quien decide proteger, los acontecimientos dan un giro siniestro y es que, el neurólogo observa desesperado cómo sus hijos contraen una enfermedad que él es incapaz de explicar. Steven tendrá que escoger entonces entre cometer un impactante sacrificio o arriesgarse a perderlo todo.

El inicio de la película es tremendamente impactante, vayan preparados, es un thriller muy singular con toques de intriga.  Una verdadera metáfora de la vida espiritual y sobrenatural. Cine fascinante, sí… pero no apto para todos los públicos.

En la Historia del Cine tenemos películas y cineastas muy personales que nos han impactado con sus propuestas.  Eso está muy bien.  Quiero citar “El ángel exterminador” de Luis Buñuel, película extraordinaria (obra maestra para mí) con uno de los finales más potentes que he visto y disfrutado.  En la película de Lanthimos, el espectador no sale indemneSufre una auténtica sacudida emocional que puede dejar a muchos muy descolocados.

Los personajes viven de forma anómala, turbia… y sin embargo no se hacen preguntas.  Seres vivos que no ven, atrapados en una ceguera por simple conformidad.

Nicole Kidman, como siempre, está maravillosa.

Una película extraña, compleja, peculiar y muy interesante.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

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III ed. Premios FUNDACIÓN JOSÉ A. LABORDETA, por Yolanda Aguas

El legado artístico y humano de nuestro querido e inolvidable José Antonio Labordeta permanece en la memoria de todos ¡y de qué manera¡

En una emotiva ceremonia de entrega de premios, III edición, organizada por la Fundación Labordeta, al frente de la cual está su esposa Doña Juana de Grandes, se volvió a demostrar que su presencia sigue viva y con gran fuerza en el corazón de las personas a quienes él conmovió con su trabajo y su amistad.

Víctor Ullate, Ignacio Martínez de Pisón, Kase.O, Luisa Gavasa, Miguel Mena y la Coordinadora de Organizaciones Feministas de Zaragoza fueron las personalidades merecedoras de los III Premios José Antonio Labordeta.

La ceremonia fue presentada por la periodista Pepa Fernández, que recibió el premio José Antonio Labordeta de Comunicación en 2015.  El dibujante Luis Grañena realizó un dibujo-caricatura para la presentación de cada uno de los galardonados. La música en directo corrió a cargo del dúo Vegetal Jam (Miguel Guallar y David Aznar) y la cantante Ana Rossi, con temas de Labordeta, como el tema “¿Quién te cerrará los ojos?” (uno de los más hermosos compuestos por el cantautor aragonés).

A los premiados se les entregó un busto de José Antonio Labordeta, realizado en acero corten e inspirado en las esculturas de Pablo GargalloLos  Premios, de ámbito nacional, que reconocen y distinguen  a personas, organizaciones e instituciones que han destacado por su labor profesional, por su trabajo, esfuerzo y perseverancia en cada uno de sus ámbitos.

El bailarín y coreógrafo Víctor Ullate, creador y director de la compañía que lleva su nombre, maestro de diversas generaciones de bailarines que actúan por todo el mundo, recibió el premio a Toda una Carrera. 

El Premio Aragón se entregó al músico Kase.O, un icono del rap, por su importante labor musical y su humanidad vertidas en unos versos hechos canción.

El premio de Comunicación lo recibió el periodista y escritor Miguel Mena, locutor durante treinta años de Radio Zaragoza (Cadena SER) en diferentes programas, desde los cuales siempre ha apostado por los temas culturales y se ha hecho eco de todos los problemas y proyectos que conciernen a esta Comunidad.

El premio a los Valores humanos lo recibió la Coordinadora de Organizaciones Feministas de Zaragoza, que agrupa a 19 asociaciones de mujeres y que desde 1982 lucha por la igualdad, contra la opresión patriarcal y la erradicación de la violencia machista. Josefina Musulén, portavoz de la Coordinadora de Asociaciones Feministas fue quien recibió el premio en nombre de todas las mujeres la componen.

La actriz Luisa Gavasa recibió el premio de las Artes. Reciente premio Goya a la mejor actriz de reparto por “La novia” y con una intensa carrera teatral, cinematográfica y televisiva, recogió el premio visiblemente emocionada y rememoró la relación de la familia Labordeta con la suya, resaltando de Labordeta: “lo he visto luchar, pelear por sus ideas, lo he escuchado, he cantado sus canciones”. En su discurso de agradecimiento expresó: “siento por él una admiración absoluta, de siempre y para siempre”.

Todos y cada uno de los premiados, coincidieron al recordar a José Antonio Labordeta, polifacético artista y político aragonés, como un hombre “libre, recto, bueno y generoso”.

Víctor Ullate, aragonés universal, añadió que este premio era muy importante para él: “José Antonio era admirable, valiente, artista, lo tenía todo y que en su Fundación hayan pensado en mí es un lujo y un elogio muy grande; me halaga muchísimo que en mi tierra me valoren”.

La portavoz de la Coordinadora de Organizaciones Feministas de Zaragoza, Josefina Musulén, dijo que es “un honor impresionante” que se reconozca con el premio ‘Valores Humanos’ el trabajo de las mujeres que conforman estas organizaciones desde 1982: “Nos une el feminismo y acabar con la sociedad patriarcal, con la justicia patriarcal, con la violencia machista, los techos de cristal, las brechas salariales, ese es nuestro campo de batalla cada día para alcanzar una igualdad real”.

Por último, el periodista Miguel Mena (Madrid, 1959), locutor de Cadena SER en Aragón desde 1983, sostuvo que es “muy emotivo” recoger este premio de ‘Comunicación’. Tuvo “la suerte de conocer a José Antonio”, quien le pidió que presentara un acto solidario en el Principal en los años 90 y al que también contempló en sus trabajos literarios.

Subrayó que “Labordeta ha sido la persona que a su fallecimiento ha desatado una ola de mayor cariño en España en los últimos 50 años, no ha habido un caso como el suyo en toda España, era una persona muy querida y está muy presente en la vida de las personas”.

FUNDACIÓN JOSÉ ANTONIO LABORDETA

José Antonio Labordeta falleció en septiembre del 2010 y dejó una perdurable huella en muchos campos, desde la canción a la política, pasando por la literatura y la enseñanza. La fundación que lleva su nombre se encuentra ubicada en la calle Mariano Barbasán, en Zaragoza, un espacio expositivo permanente en el que se muestran todas las vertientes de un hombre polifacético que se caracterizó por su militante amor a Aragón.

Doña Juana de Grandes, viuda de José Antonio Labordeta, reconoció que se sintió “sobrepasada” cuando, a la muerte de su esposo, miles de personas desfilaron ante su féretro en el Palacio de La Aljafería. “Fue un momento decisivo para mí y vi que había que devolver a la gente el cariño que nos había dado”.

Un cariño que crece día a día, como comprobamos ayer en la preciosa y emotiva velada en el Teatro Principal de Zaragoza, y que tantas veces le acogió con sus canciones.

Tal vez se sorprendan a leer este artículo en una web dedicada al cine y al teatro.  En la familia Labordeta también son cineastas…  Además, su nieta, interpretó a “la novia” de joven en “La novia” de Paula Ortiz.  Pero, aunque ésto no fuera así, José Antonio Labordeta y su legado no necesitan justificación alguna para merecer nuestra atención porque ¡no le olvidaremos nunca¡

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NOTA:  Todas las fotografías insertadas en este artículo son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

 

RdP Presentación 23 ed. PREMIOS J.M.FORQUÉ, por Cinet Farö

El director, guionista y productor aragonés Carlos Saura recibirá en la XXIII edición de los Premios José María Forqué, que organiza la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales (EGEDA), la Medalla de Oro en la gala que se celebrará el próximo 13 de enero en Zaragoza.

El galardón homenajea su “extensa carrera y exitosa trayectoria, que abarca la dirección, el guión y la producción”, con títulos tan relevantes para la historia del cine como “Cría cuervos”, “¡Ay, Carmela!”, “La prima Angélica”, “Tango” o “Bodas de sangre”, y que comenzó con “Los Golfos”.

Carlos Saura (Huesca, 1932) es uno de los nombres con mayúsculas del cine mundial, un arte al que llegó de la mano de su otra pasión, la fotografía.

Sus inicios en el mundo del cortometraje desembocaron en “Los golfos”, su opera prima -donde colaboraba en el guión con Mario Camus-, película que le valdría su primera participación en el Festival de Cannes.

Tras su debut llegarían títulos como “La caza” o “Peppermint Frappé”, dos obras por las que obtendría el Oso de Plata al mejor director en el Festival de Berlín de manera consecutiva.

Más tarde llegarían cintas tan recordadas como “Cría Cuervos”, con la que optó al Globo de Oro como mejor película extranjera o “Mamá cumple 100 años”, candidata a los Oscar.

En 1983 estrenó “Carmen”, premiada en los BAFTA y aspirante al Globo de Oro y al Oscar. El largometraje “¡Ay, Carmela!” (1990) fue en su momento la película con más premios Goya de la historia, con 13, y sólo ha sido superada por “Mar Adentro”, de Alejandro Amenábar (14).

Con la llegada del nuevo siglo, su acercamiento al mundo de la danza ha sido una constante con obras como “Salomé”, “Iberia”, “Fados” o “Flamenco, Flamenco”, hasta su trabajo más reciente detrás de las cámaras, “Jota de Saura”, candidato a mejor documental en la pasada edición de los Forqué.

El presidente de Egeda, Enrique Cerezo, ha dado a conocer hoy esta distinción que concede el consejo de administración que preside en un acto celebrado en el Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos Pablo Serrano de la capital aragonesa.

Con esta distinción, Carlos Saura sucede en el palmarés de la medalla de oro a cineastas como Pedro Masó, el primero en recibirla en 2003; Elías Querejeta, Luis Méndez Amago, Andrés Vicente Gómez, José Antonio Sainz de Vicuña, José Luis Borau, Eduardo Ducay, Julio Fernández, Luis Megino, Fernando Trueba, Gerardo Herrero, Agustín Almodóvar, Santiago Segura y Antonio Pérez, que fue el último en recibirla.

De Carlos Saura se ha valorado no solo su dilata trayectoria cinematográfica, que comenzó en 1957, sino también por “su lucha y tesón para conseguir llevar a cabo proyectos en los que la implicación personal no se puede separar de la empresarial”, según ha explicado Cerezo.

También ha recordado que el aragonés lleva más de cinco décadas produciendo y dirigiendo películas, además de que en su última obra “se ha convertido en actor y protagonista”.

“Es, por encima de todo, un creador que necesita expresarse a través de diferentes disciplinas artísticas y se siente cómodo con todas ellas: dibujo, fotografía música y cine”, ha manifestado Cerezo.

El poeta y músico Gabriel Sopeña ha sido el encargado de dirigir un acto que ha cerrado la consejera de Educación, Cultura y Deporte de Aragón, Mayte Pérez, quien se ha mostrado “emocionada” por la concesión de esta medalla de oro a Carlos Saura, “este aragonés por excelencia”.

Pérez ha subrayado la importancia de deslocalizar galas como estos Premios José María Forqué, que por segunda vez en su historia salen de Madrid tras la celebración este mismo año de la fiesta en Sevilla, algo que permite a Aragón mostrarse como una Comunidad “dinámica que apuesta por el cine”.

Ha destacado la apuesta del Gobierno de Aragón para atraer al sector audiovisual, el compromiso claro con una política que “construya y contribuya a que la cultura sea un valor añadido al PIB”, y la creencia firme “en la cultura y en el sector audiovisual.

“Aragón inspira y, de hecho, los dos grandes premios que reconocen la labor del cine español llevan nombre aragonés: Goya y Forqué”.

En el evento también estaban presentes Ignacio Calderón, director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, y Pepe Quílez, director de Televisión Española en Aragón, ya que TVE transmite la gala de Los Forqué desde el año 2000. También han participado la actriz Elena Rivera y el director de cine Gaizka Urresti.

Entre los asistentes al acto se encontraban: el actor catalán Sergi Mateu, la actriz aragonesa María José Moreno, Fernando Gracia y José Laporta de la Tertulia Cinematográfica Perdiguer de Zaragoza, Yolanda Aguas (Redactora Jefe de http://www.cinetfaro.com) y Jesús Marco (Presidente de la ACA).

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NOTA: Todas las fotografías insertadas en este artículo son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

 

EL AUTOR (Dir. Manuel Martín Cuenca), por Yolanda Aguas

Álvaro (Javier Gutiérrez) se separa de su mujer, Amanda (María León), una exultante escritora de best‐sellers, y decide afrontar su sueño: escribir una gran novela. Pero es incapaz; no tiene talento ni imaginación… Guiado por su profesor de escritura (Antonio de la Torre), indaga en los pilares de la novela, hasta que un día descubre que la ficción se escribe con la realidad. Álvaro comienza a manipular a sus vecinos y amistades para crear una historia, una historia real que supera a la ficción.

Todavía en nuestro recuerdo su magnífica película “Caníbal” que debió tener mucho más reconocimiento en materia de premios, llega ahora a las pantallas “El autor”.  Film interesante en algunos aspectos formales, pero que no llega a ser tan acertada como títulos anteriores de quien considero uno de nuestros más brillantes cineastas.

A “Caníbal” quiero añadir una película maravillosa, “Malas temporadas”, que son un claro ejemplo del mundo creativo de Manuel Martín Cuenca.

Durante su participación en la Sección Oficial del pasado Festival Internacional de Cine de San Sebastián acaparó diversas y controvertidas opiniones. Es cierto que gusta, pero no de forma contundente.  Dice el director que ésta quizá sea la película de su filmografía que ha sido mejor aceptada por el público.  Tal vez, no lo dudamos…  pero insisto al afirmar que no alcanza la total brillantez que se espera de un director tan importante como él.

No pasa nada, como digo siempre, es imposible agradar y contentar a todo el mundo…

Una novela corta de Javier Cercas (El móvil) le sirve esta vez como punto de partida al director de La flaqueza del bolchevique (2003).

Como en ellas, aquí de nuevo la soledad que camina por el borde del abismo –y que finalmente se adentra en lo más oscuro de sus profundidades y presenta un retrato revulsivo, una radiografía implacable de un personaje que se busca a sí mismo –y que cree encontrarse– en las aristas más perturbadoras de un universo que el espectador no termina nunca por saber, en este caso, si existe únicamente en el imaginario mental del protagonista o si realmente es aquel que el personaje se empeña en construir con los materiales que le proporcionan las vidas, los anhelos y las necesidades de sus propios vecinos.

Todo parte del deseo de escribir una gran novela que alimenta las fantasías de un mediocre pasante de notarías espoleado por el éxito comercial de la literatura de consumo que escribe su propia esposa.

A pesar de no ser la esperada “gran película” de Martín Cuenca, tiene, momentos muy interesantes: ésos en los que aparece la pareja mexicana, cuyas conversaciones “el autor” (Javier Gutiérrez) escucha a través de la ventana interior.  Preciosas imágenes (“marca de la casa”) donde sólo se ven las siluetas/sombras reflejadas en la pared.  Un guiño “al teatro de sombras” que otros maestros (como Bergman) también han utilizado en sus películas.

Atentos a la presencia de la joven y brillante actriz mexicana, Adriana Paz, ganadora de tres premios Ariel consecutivos como mejor actriz del año.

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NOTA:

Las fotografías oficiales de “El autor” insertas en este artículo son propiedad de sus autores.

Las fotografías de Javier Gutiérrez y Adriana Paz en el Hotel María Cristina de San Sebastián son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

 

LA LIBRERÍA (Dir. Isabel Coixet), por Yolanda Aguas

“Si alguien me regala un libro que no conozco, y eso es difícil -presume-, si me abre esa ventana, empiezo a ver a quien me lo ha regalado de otra manera”. (Isabel Coixet, 2017)

“La librería”, basada en la novela homónima de Penelope Fitzgerald, cuenta cómo Florence Green (Emily Mortimer), viuda de un soldado de la Segunda Guerra Mundial, consigue abrir una librería en un viejo edificio de Hardborourgh (Inglaterra), en contra de la opinión de la reputada y caprichosa Violet Garmart (Patricia Clarkson), que quiere abrir allí un centro de arte.

Lo que parece una decisión sencilla y casi poética de la mujer se convierte en misión imposible; a Florence sólo le ampara un ilustrado vecino (Bill Nighy) con el que mantiene una deliciosa relación casi platónica.

Todos sabemos que Isabel Coixet es una gran lectora. Esas lecturas preferidas han estado presentes en su obra a lo largo de los años. De imborrable recuerdo para mi, su trabajo en la dirección de la obra teatral: “84 Charing Cross Road”, que se estrenó el 1 de octubre de 2004 en el Teatre de Salt de Girona, dentro del Festival Temporada Alta, para luego ir al Teatre Romea de Barcelona, antes de una larga gira en castellano por muchas ciudades de España. La protagonizaron, la gran Carme Elias y Josep Minguell.  Era la adaptación teatral del libro escrito por Helene Hanff.  Mientras escribo estas líneas, tengo a mi lado un ejemplar de la novela, dedicado por la Elias y la Coixet.

Precisamente, en “La librería”, hay una evidente conexión con la novela de Hanff, en esas secuencias cuando Florence Green le envía los libros al ilustrado vecino.  De igual manera, pero al revés, el empleado de la librería situada en 84, Charing Cross Road le enviaba los libros a la escritora americana, naciendo entre ellos una entrañable amistad.

Otro ejemplo de su amor a los libros fue la exposición que Coixet creó hace unos años. Rendía homenaje a su gran amigo John Berger (a quién dedica su película “La librería”). Se inauguró en abril de 2009 en Arts Santa Mònica de Barcelona. Una exposición basada en el texto “De A para X” de John Berger en homenaje al autor. En el recorrido de la muestra, diseñado por Benedetta Tagliabue, se escuchaban las cartas seleccionadas de forma totalmente emocional. El proyecto titulado “De I para J” como guiño al artista, era una experiencia sensorial del texto sobre Aida, una mujer que escribe cartas a un hombre que está en la cárcel y que tiene prohibido responder.

Pusieron sus voces grandes actrices: Mónica Bellucci, Patricia Clarkson, Sarah Polley, Leonor Watling, Julie Delpy, Isabelle Huppert, Sophie Calle, Penélope Cruz y Tilda Swinton. “Un mosaico de Aidas que conforman a una sola”, como lo definió la directora.  En la versión en catalán, todas las cartas fueron leídas por Carme Elias.

Regresando a la película, un protagonista más de “La librería” es el escritor Ray Bardbury, autor de “Farenheit 451” que el cineasta francés Francois Truffaut llevó al cine, protagonizada por Julie Christie. Quienes vean la película en VOSE, tienen el “regalo extra” de escucharla como la narradora de la historia (sí, ella es la voz en off).  Recordarán que ya colaboró con la Coixet en su gran película “La vida secreta de las palabras”.

La película es un canto al coraje de una mujer, a su valentía, a sus creencias, a sus ilusiones, a su bondad…  Unas ganas de vivir en paz que se ven frenadas por la frustración y envidia de unos seres mezquinos.  Esa clase de personas que todos reconocemos por ser habituales: nada hay peor que la falta de empatía (o sea, la presencia de la maldad).

Patricia Clarkson, magnífica actriz, interpreta a la odiosa Violet Garmart.  Tiene una escena memorable con Bill Nighy: no se pierdan la ira en su rostro (apenas perceptible). Es insuperable.

Bill Nighy y Emily Mortimer crean juntos unas escenas plenas de sensibilidad, de complicidad, de amor.

La fotografía, delicada y preciosa, de Jean-Claude Larrieu y la bella música compuesta por Alfonso de Vilallonga completan el milagro de esta obra maestra.

Leerán en casi todas las críticas definiciones de “La librería” como: pulcra, meticulosa, delicada, muy humana, hermosa, vibrante, cargada de razón y de esperanza, de libros y soledades, acertados matices y tono, magistral…

Todas son ciertas, y yo sólo puedo añadir ante su mejor película: ¡Moltes gràcies Coixet¡

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NOTA: Las fotografías oficiales de “La librería” insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

NUESTRA VIDA EN LA BORGOÑA (Dir. Cédric Klapisch), por Yolanda Aguas

Jean dejó la mansión familiar hace diez años para dar la vuelta al mundo. Asentado finalmente en Australia, decide regresar cuando su padre, un reputado viticultor con quien no se ha llevado bien, está a punto de morir. Tras el deceso del patriarca tendrá que acordar con sus hermanos el reparto de la herencia, que incluye varias hectáreas de viñedos; una cuestión difícil de resolver.

Un estreno que resulta ser el trabajo más logrado del director Cédric Klapisch (“Una casa de locos” y  “Las muñecas rusas”), pero que no me entusiasma.

Sin embargo, este film es otro ejemplo de la autocomplacencia que tanto abunda en el cine francés… Klapisch, despliega aquí una serie de anécdotas en torno al relevo generacional en una familia de vinateros de la Borgoña: al morir el padre, sus tres hijos deben aprender a cuidar del negocio.

Lo único que me resulta interesante de este film son la música, las imágenes y la puesta en escena desplegada por Klapisch luchando para marcar el terreno y las estaciones que se suceden.

Pio Marmaï, Ana Girardot y François Civil consiguen hacer real la fuerza de los lazos que les unen, a quienes se suma, muy convincente, María Valverde.

Los personajes se pasan la vida de catas, con el consiguiente aburrimiento para el espectador.

No sé…  pienso qué podría contarles para salvar esta película, pero no se me ocurre nada. Lo mejor que pueden hacer es coger una película de su colección privada, tal vez…  “Días de vino y rosas” (por aquello del alcohol, ya me entienden).  Aprovecharán mejor su tiempo.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

EL CASTILLO DE CRISTAL (Dir. Destin Daniel Cretton), por Yolanda Aguas

A finales de los 60 un matrimonio y su prole van moviéndose por el interior de Estados Unidos, cambiando de hogar continuamente e intentando salir adelante. La vida de bohemios que llevan está condicionada por la afición del padre a la bebida, capaz de lo mejor y de lo peor con los suyos. Los recuerdos de la hija mediana, afincada en Nueva York y prometida con un joven de buena posición, sirven para introducir los flashbacks de una infancia difícil y contrastarla con la situación familiar veinte años después.

“El castillo de cristal” se inspira en la realidad, pero también se basa en las memorias de Jeannette Walls, el personaje protagonista. Quizá por ello se haya visto más limitado a la hora de abordar la historia, contando para ello con la ayuda de los guionistas Andrew Lanham y Marti Noxon.

Por desgracia, el resultado es bastante desigual al dotar a la película de una estructura episódica que limita nuestra capacidad para sentir empatía hacia lo que sucede en pantalla. Los saltos en el tiempo son constantes para intentar así ilustrar cómo el personaje de Brie Larson se ha convertido en la mujer que es en la actualidad, pero lo que se consigue es que “El castillo de cristal” nunca tenga un ritmo cinematográfico estable.

Destaco el gran trabajo de Woody Harrelson (aunque es un actor que nunca me ha entusiasmado), encarnando a la perfección a un espíritu libre e ingenioso, pero que se deja vencer por la adicción al alcohol. En esa representación del sueño americano frustrado, de la rebelión frente al sistema y del contacto con la naturaleza, le acompaña Naomi Watts (inolvidable protagonista de esa joya cinematográfica que es “Mulholland Drivede David Lych), con otra actuación magnífica.

Brie Larson (‘La habitación’) defiende su papel con solvencia.

Película que se queda en la “tabla media”, que no es poco para lo que se produce en nuestros días.

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