PAULA ORTIZ (Conversaciones en Zaragoza), por Yolanda Aguas

Estaba en casa, en su ciudad, y quizá por eso se le notaba relajada.  Ha sido un encuentro cálido con el público que casi llenaba la sala Goya del Palacio de La Aljafería.

Paula Órtiz (Zaragoza, 1979) ha participado este martes en “Conversaciones en la Aljafería”, en un encuentro con público, co-dirigido por la gestora cultural y directora de documentales Vicky Calavia y el historiador de Arte Alberto Castán.

La directora aragonesa ha repasado su trayectoria cinematográfica desde sus comienzos, con cortometrajes como ‘Saldría a pasear todas las noches’, que hizo sin ningún presupuesto ni padrinos, y ha reconocido que sin becas no habría podido hacer cine.

“Las becas son imprescindibles para apoyar los comienzos de gente que no venimos de familias de cine, porque muchos de los que se dedican a esta actividad son hijos de gente del cine y gente con muchísimo dinero”.

Ha recordado sus comienzos, con cortometrajes amateurs que hacía en casa de sus tíos, en Perdiguera (Zaragoza), sin ningún tipo de presupuesto, producción o logística, hasta el punto de que la iluminación se hacía con flexos.

Después de sus dos primeros cortos, Paula Órtiz, con 21 años, rodó ‘El rostro de Ido’, “un trabajo que fue durísimo y con el que aprendí el largo proceso administrativo y de búsqueda de financiación que supone hacer un cortometraje profesional”.  “El cine cuesta muchísimo dinero y por ello las becas son imprescindibles para apoyar los comienzos de gente como yo. Yo no tenía padrinos”.

Llegaron después dos cortometrajes más: “Fotos de familia” (2005) y “El hueco de Tristán Boj” (2008).  Con éste último ya se adivinaba el estilo poético personalísimo de esta gran cineasta.

Después, dio el salto al largometraje con ‘De tu ventana a la mía’, un guión con muchos desequilibrios que representa un tapiz de la historia del siglo XX, desde la mirada de tres mujeres silenciadas”.

A pesar de la respuesta tan bonita del público hacia ‘De tu ventana a la mía’, Ortiz ha reconocido que para ella “este trabajo fue absolutamente devastador, hasta el punto de que pasé una época horrible y pensé que nunca más iba a hacer otra película, a no ser que fuera un guión sobre ‘Bodas de Sangre’, de Federico García Lorca”.

Y así fue, porque Paula Ortiz llevó a la gran pantalla “el mundo poético” de Lorca con su segundo largometraje ‘La novia’, una joya cinematográfica que fue nominada en 12 categorías en los Premios Goya de 2016 y obtuvo dos: Mejor Actriz Secundaria para Luisa Gavasa y Mejor Fotografía para Migue Amoedo.

“Siempre me dicen que soy pretenciosa como directora en tono peyorativo”, ha apuntado Órtiz hablando de ‘La novia’, a lo que Castán ha añadido: “Es que si no pretendes, para qué hacerlo”

En respuesta a la pregunta de si hará alguna vez comedia, ha afirmado que “honestamente no me siento capaz, porque considero que para ello hay que tener otra impronta de la que yo carezco. La comedia buena es tan radical y profunda como una tragedia y es muy difícil; mostrar la dimensión ridícula del ser humano y hacerlo con ritmo, es muy difícil”.

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NOTA: Todas las fotografías insertadas en este artículo son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

LADY MACBETH (Dir. William Oldroyd), por Yolanda Aguas

Fue una de las grandes sorpresas de la pasada Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián: “Lady Macbeth”Un gran filme del realizador inglés – proveniente del teatro – que no se basa en el texto de William Shakespeare sino en la novela rusa “Lady Macbeth en Mtsensk” y cuenta la historia de una mujer oprimida que toma las riendas de su vida en el siglo XIX.

A veces oscura y dura, otras apasionante, “Lady Macbeth” es una gran combinación de drama psicológico con película de suspenso que no cae jamás en las trampas del denominado cine de época.

El título no es casual, aunque no esperen encontrar una adaptación de la obra de Shakespeare, sino de una novela de Nikolai Leskov, protagonizada por una chica que, de ahí la referencia, sí que tiene más de un punto en común con el personaje creado por el inmortal genio inglés, sobre todo en cuanto a su forma de enfocar la vida.

“Lady Macbeth” cuenta la historia de Katherine, una chica del siglo XIX a la que no le han tocado precisamente las mejores cartas en la vida. Primero es comprada para convertirse en la esposa de un hombre de buena posición social que no está interesado en acostarse con ella. Su suegro la desprecia, tiene prohibido salir de la propiedad e incluso el servicio tampoco está muy por la labor de tratarla como a la nueva señora de la casa.

Cuando a ella se le pone todo en contra, decide tirar de ingenio para ir progresando. Lo hace con tesón y fuerza de voluntad. En ese proceso, naturalmente, pierde toda su inocencia y se convierte en un personaje de dudosa moralidad al llevarse por delante a todo aquel que interfiere en su camino.

Su actriz protagonista, la excelente Florence Pugh, lejos de despertar rechazo en el espectador por sus acciones, lo atrae a su terreo por su memorable creación.

En realidad su Katherine, más que un monstruo, es una superviviente. Una mujer que si se trata de elegir, se elegirá siempre a sí misma.

El director, William Oldroy, ha creado una pequeña joya impecable, tanto en el aspecto formal como en el ritmo que es capaz de conferirle.  Añade, además, pequeños toques de humor negro que llegan magníficamente al espectador.

“Lady Macbeth” es una historia de pasiones, amores prohibidos, mentiras, traiciones y todo tipo de crímenes. Un drama de los de toda la vida brillantemente interpretado por todos sus actores.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

 

 

ROSALIE BLUM (Dir. Julien Rappeneau), por Yolanda Aguas

Julien Rappeneau, hijo del gran cineasta Jean-Paul Rappeneau, nos presenta esta película que adapta el exitoso cómic de Camille Jourdy.

Vincent (Kyan Khojandi) es un hombre de mediana edad sin historia. La vida se le pasa casi sin sentir en una ciudad de provincias francesa. Es peluquero, cuida de su gato y de su madre que lo tiraniza, tiene un buen amigo, Laurent, y una novia que reside en París con la que cada vez tiene menos lazos y que se está transformado en una especie de figura irreal. Su existencia discurre en un pantano de aburrimiento y depresión. Pero, de repente, se cruza con Rosalie Blum (Noemie Lvovsky), una mujer tan solitaria como él.

Cree haberla visto en otra ocasión, no recuerda exactamente donde, pero está seguro de que la conoce. En parte por hastío vital, en parte por curiosidad, decide investigar un poco. La sigue, y a medida que va descubriendo más sobre el mundo que la rodea, se va sintiendo más enganchado. Lo que no sabe es que Aude (Alice Isaaz),  la joven y desorientada sobrina de Rosalie, se dará cuenta de que un desconocido está siguiendo a su tía. Y el perseguidor se convertirá, inadvertidamente, en perseguido.

Rosalie Blum, con sus personajes desubicados, un tanto patéticas y sin rumbo, pretende reflexionar desde esas bases sobre algunos grandes temas -el amor, la mistad, las relaciones familiares-, y en algunos momentos aislados lo consigue. La idea es que el curioso triángulo de los protagonistas forma una especie de cadena destinada a ayudarse los unos a los otros. Son personas que, simplemente, necesitan conectar con otros seres humanos, una segunda oportunidad para reconducir sus vidas.

Con amabilidad, se narra la melancolía y soledad de sus personajes, mostrando cierto halo de alegría en sus vidas.   Tiene unos giros bastante sorprendentes que animan la trama haciendo de esta película una pequeña joya que cuida al máximo todos sus detalles.

Película valiente y singular.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

UNA HISTORIA DE LOCOS (Dir. Robert Guédiguian), por Yolanda Aguas

Años 80. El joven Aram, un marsellés de origen armenio, hace explotar el coche del embajador de Turquía en París. En ese momento, un ciclista que pasaba por allí es herido de gravedad. La madre del terrorista se siente culpable y siente la necesidad de ir a la habitación del hospital del herido para pedirle perdón, algo que éste no entiende. Por otra parte, Aram, en contra de la opinión de sus compañeros, decide ir a conocer a su víctima.

La película se remonta a los años 20 en Berlín, donde reconstruye en un bellísimo blanco y negro el juicio a un activista, absuelto de ejecutar a un político turco relacionado directamente con el genocidio, y después a los 80, en París, Marsella y Beirut, para reencontrar a un nuevo grupo armado y a una de las víctimas accidentales de un atentado, empeñado en conocer a los culpables de su desgracia y en comprender sus razones.

El genocidio armenio sigue siendo una asignatura pendiente para la historia, la justicia y también para el cine. Robert Guédiguian, de ascendencia armenia él mismo, hace un planteamiento muy ambicioso para hablar sobre ello en dos tiempos y en varios planos de comprensión, poniendo en perspectiva las reapariciones periódicas de movimientos reivindicativos que han puesto en práctica la lucha armada y reflexionando sobre su legitimidad y sobre las víctimas inocentes ocasionales.

Inspirada su ficción en hechos reales y sobre todo, libremente, en el libro autobiográfico del periodista español José Antonio Gurriarán, que fue víctima de un atentado del Ejército Secreto Armenio de Liberación en Madrid a principios de los años 80. Durante su rehabilitación, se documentó profundamente en todo lo relacionado con el Holocasuto Armenio y posteriormente se desplazó a Beirut para conocer a los responsables del crimen.

Los hechos fueron narrados en el libro La bomba, un no rotundo a la destrucción y la muerte y un viva la vida, escrito por el propio Gurriarán.

Como he comentado, la película francesa comienza con una recreación histórica en blanco y negro del juicio llevado a cabo en Berlín contra Soghomon Tehlirian por el asesinato de Talat Pashá (dirigente turco y uno de los responsables del genocidio llevado a cabo contra el pueblo armenio). El prólogo constituye una total muestra de drama judicial histórico.

Su fotografía y elaborada puesta en escena recrean con exactitud y realismo un cosmos europeo de resurgimiento tras el final de la Primera Guerra Mundial. Y esta recreación se logra porque todos los elementos de la puesta en escena se distribuyen ordenadamente en esa sala de juicio que puede ser asimilada como el marco en el que Europa se va a asentar de nuevo tras la depuración sangrienta que han supuesto las trincheras de la guerra.

Una elipsis nos transporta a los años ochenta en medio del conflicto turco-armenio. La narración pasa a ser una sucesión de hechos demasiado explicativos. Aunque son perfectamente representadas las dudas morales sobre la lucha armada en esas diversas facciones que componen la guerrilla terrorista armenia, el relato de la víctima del atentado de París avanza sin parada en un viaje hasta Beirut, con escala previa en Marsella, donde vive la familia del terrorista responsable del ataque.

A destacar, como es habitual en sus mejores películas, la presencia de su musa y esposa: Ariane Ascaride.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

LOCAS DE ALEGRÍA (Dir. Paolo Virzi), por Yolanda Aguas

Dos pacientes psiquiátricas comparten una amistad quijotesca y una fuga al más puro estilo ‘Thelma y Louise’ en ‘Locas de alegría’ (‘La pazza gioia’), una comedia dramática dirigida por el italiano Paolo Virzì que obtuvo un gran éxito en la Sección Oficial de la 61 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).

En otros tiempos, Beatrice (Valeria Bruni Tedeschi) gozó como condesa de un gran esplendor económico y social. Ahora, vive internada en Villa Biondi, una institución mental donde tratan su esquizofrenia. Al centro llega una nueva interna, Donatella (Micaela Ramazzotti), una mujer con un duro pasado y una situación mental muy delicada. Aunque con personalidades completamente opuestas, entre las dos mujeres surge una relación muy especial, que les llevará por caminos insospechados. Y es que, cuando los responsables de la institución les concedan una salida transitoria para trabajar en una feria de productos naturales, ambas aprovecharán la ocasión para fugarse e iniciar toda una aventura.


Paolo Virzi (El capital humano, La prima cosa bella, My Name Is Tanino) dirige esta comedia dramática que ha co-escrito junto a Francesca Archibugi (El nombre del bambino). Sus protagonistas son las actrices Valeria Bruni Tedeschi (La comunidad de los corazones rotos, Mi familia italiana) y Micaela Ramazzotti (La tentazione di essere felice, El nombre del bambino).

La película arranca en Villa Biondi, centro psiquiátrico italiano ubicado al norte de la Toscana y que focaliza buena parte del metraje de Locas de alegría (La pazza gioia. En esta institución de mujeres, el personaje más carismático no es otro que el de Beatrice, mujer que dice ser una rica y famosa condesa y que, pese a su internamiento, no duda en comportarse según los estándares de su título. Todos parecen mantener una distancia con ella, al menos hasta que Villa Biondi recibe la llegada de Donatella, una joven de apariencia física salvaje pero con un comportamiento austero que refleja cierto misterio acerca del motivo de su ingreso.

Locas de alegría es la historia de la relación entre estas dos mujeres. Sin eludir un necesario alegato acerca de que las personas a priori locas están, a veces, más cuerdas que las teóricamente normales.

Locas de alegría es un “drama cómico” que cuenta la historia de dos almas libres que desean volar lejos de Villa Biondi para encontrar una felicidad que se les niega.  Ambas fueron engañadas por los hombres, un delincuente de poca monta y un chulo dueño de discoteca que estando casado le dejó embarazada. El odio que sienten hacía ellos se focaliza en otras personas del mismo género que en algunas ocasiones está justificado, como el hombre que pretende aprovecharse de ellas conduciéndolas a un motel de carretera y en otras no, como ocurre con el taxista que lleva a Beatrice a ver a su antiguo novio.

Son dos extrañas que separadas no encajan en ninguno de estos sitios pero que juntas son más fuertes y pueden hacer frente a las hostilidades.

Locas de alegría  está arropada por los más bellos paisajes italianos, como la zona de la Toscana, y una banda sonora deliciosa que tiene su momento culminante cuando se oye el gran clásico y conocido éxito de Gino Paoli de los sesenta Senza fine que emociona profundamente.

Fue una merecida Espiga de Oro, así como el reconocimiento a sus dos actrices en la pasada SEMINCI.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

EL OTRO LADO DE LA ESPERANZA (Dir. Aki Kaurismäki), por Yolanda Aguas

La última película del director finlandés Aki Kaurismäki acaba de llegar a nuestros cines. Es el trabajo por el que fue galardonado con el Oso de Plata al Mejor Director en el Festival de Berlín 2017, donde se estrenó la película a nivel internacional. Con el humor y estilo característico de Kaurismäki, El otro lado de la esperanza obtuvo una aceptación favorable de la crítica con una historia que narra las experiencias de un refugiado sirio en Helsinki.

El otro lado de la esperanza nos traslada a Helsinki para contarnos la historia de dos personas. Por un lado Wikhström, un hombre que a sus 50 años decide abandonar su vida para cumplir su sueño de abrir un restaurante. Por el otro, la de Khaled, un refugiado sirio que cruzó la frontera en busca de una vida mejor. Dos personas completamente distintas, que verán como un día sus caminos se cruzarán.

La de estas personas se trata de una historia tan actual como necesaria. Contada con enorme habilidad y sin trampas emocionales. Simplemente nos expone una situación que, pese a ser ficticia, podría estar ocurriendo realmente. Con la justa medida de comedia, drama y denuncia para asegurarse de que el mensaje llegue plenamente al espectador.

Las autoridades finlandesas deciden repatriar a Khaled a una Alepo en ruinas. Como tantos otros refugiados, opta por quedarse ilegalmente y desaparecer en las calles de Helsinki. Allí se enfrenta al racismo en sus diversas modalidades, pero también descubre la bondad en su estado más puro.

Wikström acaba por descubrir a Khaled al lado del basurero del restaurante y le contrata para limpiar el local. Durante un tiempo, el sol brilla en la vida de Khaled, pero el destino no tarda en intervenir dejando un final abierto que puede llevarle a un prometedor futuro o al cementerio. Claro que para una persona acorralada, ambas posibilidades tienen sentido.

El otro lado de la esperanza nos trae una historia sobre lo cotidiano. Sobre el día a día de nuestra sociedad. Tan simple, en apariencia, como humana. Capaz de invitarnos tanto a reír como a reflexionar.

Podría considerarse una fábula de nuestro tiempo si la realidad que impera no fuera tan atroz y tan real.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

IN THE SAME BOAT (Dir. Rudy Gnutti), por Yolanda Aguas

La X edición del Festival Internacional de Cine y Medio Ambiente de Zaragoza (ECOZINE) que se celebrará del 3 al 21 de mayo en la capital aragonesa, contará con un gran documental que se proyectará al finalizar su Gala de Inauguración:  In the Same Boat de Rudy Gnutti.

Es un documental producido por Pere Portabella sobre los efectos de la globalización y de qué manera no se rentabilizan en positivo los avances tecnológicos.

Sinopsis:

Como metáfora de nuestra civilización, este barco tiene ante sí una oportunidad única: aprovechar los numerosos avances de la tecnología para intentar conseguir un mundo mucho mejor y más justo. Sin embargo, las mismas herramientas que pueden servir para ello, pueden dirigirlo hacia un futuro amenazador si no son bien administradas, si el timón del barco no es reorientado para llegar a buen puerto. Expertos y personas de a pie de todo el mundo reflexionan sobre ello en este documental español.

Compositor, productor, guionista y director de documentales para televisión, Rudy Gnutti aborda su primera experiencia en la gran pantalla de la mano de In the Same Boat, documental que reflexiona sobre el concepto de humanidad y su relación con los desarrollos tecnológicos, omnipresentes en casi todas las facetas de la vida, cuyo uso equivocado desemboca en problemas como el daño al medio ambiente o la producción de productos de mala calidad y comida basura.

Sin embargo, la crítica que alberga la película es constructiva, y propone alternativas al modelo actual de la mano de expertos como el filósofo Zygmunt Bauman, el ex presidente uruguayo José Mújica e importantes economistas como: Serge Latouche o Mauro Gallegati, entre otros.

El gran actor Álex Brendemühl es el narrador del texto que está acompañado por imágenes de archivo de una utopía mejor.

“Atenas digital” es un término acuñado por Erik Brynjolfsson (MIT) como un deseo de futuro en el que las máquinas (tal como ocurría con los esclavos en la Grecia Clásica) realizarían la mayoría de los trabajos, lo que permitiría al hombre libre ocuparse de causas más elevadas.

En este documental In the same boat se afrontan, de forma clara y directa, todos los temas anteriormente descritos, a través del testimonio de pensadores, filósofos y economistas de primer nivel y de tendencias ideológicas dispares.

Una gran producción de Pere Portabella, que este año será el Embajador de la X edición del Festival Internacional de Cine y Medio Ambiente de Zaragoza (ECOZINE).

Y un consejo, si me lo permiten, esperen a que terminen los títulos de crédito… hay una pequeña sorpresa final.

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NOTA: Todas las fotografías insertadas en este artículo son “capturas” del documental y son propiedad de:  Films 59, Ancora Música y Nao Cinematográfica.