BERLINALE 2017: PALMARÉS, por Yolanda Aguas

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La película española “Verano 1993” de Carla Simón, ganó ayer el Premio del Público de la Berlinale, un galardón que sabe a poco para el excelente trabajo de la catalana, que ha estado llenando las salas de Berlín durante todos estos días y ha dejado encantado al público que ha visto la película.

El filme trata de una niña de seis años que, tras el fallecimiento de su madre, afronta el primer verano con su familia adoptiva. Simón creó su obra a partir de un guión escrito y desarrollado por ella misma durante el III Laboratorio de Escritura de Guión Cinematográfico de la Fundación SGAE, en el año 2015.

La película ha obtenido también el premio Mejor Ópera Prima de la Berlinale 2017.  Todo un éxito para esta joven realizadora.

El director Alberto Rodríguez ejerció de protector de Simón en una historia en la que la cineasta decidió contar su infancia en un proceso que, según ha confesado ella misma, fue tan doloroso como gratificante. Simón se encargó de todo el trabajo e hizo tanto la labor de guionista como de directora, lo que consideró mucho más complicado que su escritura.

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El resto del palmarés de la Berlinale fue el siguiente: el Oso de Oro lo ganó «On body and soul», de Ildikó Enyedi (Hungría);el Oso de Plata a la mejor dirección fue para Aki Kaurismäki, por «The Other Side of Hope»; el gran premio del Jurado fue para «Felicity»; el de mejor actor fue para Georg Friedrich, por «Bright nights»; el de mejor actriz para Kim Minhee, por la película de Hong Sangsoo «On the beach at night alone»; el mejor guión se lo llevaron Sebastián Lelio y Gonzalo Maza, por la película chilena «Una mujer fantástica».

«Istiyad Ashbah», sobre las torturas a los palestinos en Israel, se llevó el galardón al mejor documental. Dirigido por Raed Andoni, rememora los sufrimientos padecidos en el centro de interrogatorio israelí de Moskobiya, en Jerusalén, por el que durante décadas han pasado centenares de palestinos, incluido el propio Andoni.

Por último, el Oso de Plata a la mejor contribución artística fue para Dana Bunescu, montadora de «Ana, mon Amour!», mientras que el Premio Alfred Bauer fue para «Pokot», de Agnieszka Holland.

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PALMARÉS BERLINALE 2017:

Oso de Oro. Mejor película:  ‘On Body and Soul’, de Ildikó Enyedi.

Gran Premio del Jurado:  ‘Félicité’, de Alain Gomi.

Oso de Plata. Mejor dirección:  Aki Kaurismäki, por ‘The Other Side of Hope’

Oso de Plata. Mejor actor:  Georg Friedrich, en ‘Bright Nights’, de Thomas Arslan

Oso de Plata. Mejor actriz: Kim Minhee, por ‘On the Beach at Night Alone’, de Hong Sangsoo.

Oso de Plata. Mejor guión: Sebastián Lelio y Gonzalo Maza, por ‘Una mujer fantástica’, de Sebastián Lelio.

Oso de Plata. Mejor contribución artística:  Dana Bunescu, por la edición de ‘Ana, mon amour’, de Călin Peter Netzer.

Premio Alred Bauer: ‘Spoor’, de Agnieszka Holland.

Mejor ópera prima: ‘Estiu 1993’, de Clara Simón

Premio al mejor documental: ‘Ghost hunting’, de Raed Andoni.

Oso de Oro mejor cortometraje:  ‘Cidade Pequena’, de Diogo Costa Amarante.

Oso de Plata mejor cortometraje. Premio del jurado: ‘Ensueño en la Pradera’, de Esteban Arrangoiz Julien.

Premio especial cortometraje:  ‘Street of Death’, de Karam Ghossein.

Premio especial del jurado en la sección Generation Kplus: (ex aequo) ‘Estiu 1993’, de Clara Simón, y ‘Becoming who I was”, de Chang-Yong Moon.

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Una de las películas que no han obtenido reconocimiento en el Palmarés ha sido “The Party” de la directora Sally Potter.  Nos habían llegado noticias de amigos que han cubierto la información este año del certamen alemán, afirmaban que Kristin Scott-Thomas era una seria candidata para obtener el premio Mejor Actriz.

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NOTA: Todas las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

 

LA LA LAND (Dir. Damien Chazelle), por Yolanda Aguas

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Me daba mucho miedo ver esta película por todos los panegíricos que había leído y escuchado semanas atrás.

Me sucedió lo mismo cuando el gran Clint Eastwood dirigió “Sin perdón”.  Quizá porque el musical y el wéstern estaban entonces y ahora bastante olvidados en el cine.

Sin embargo, me fascinó “Sin perdón” y me ha gustado bastante “La La Land”.

No creo que Damien Chazelle haya pretendido hacer nada nuevo en el género del musical.  La película no presenta novedades relevantes al respecto.  La historia es tan normal como cualquier otra: mil veces repetida

Mia (Emma Stone) es una aspirante a actriz que lucha por conseguir su sueño: ser una estrella de cine como las de la época dorada de Hollywood. Sebastian (Ryan Gosling) es un pianista que intenta reabrir un local mítico de jazz:  quiere triunfar en el mundo del jazz tocando como el mítico John Coltrane.  Se conocen, se enamoran y juntos quieren alcanzar sus sueños.

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Chazelle, inspirado por los musicales de Jacques Demy, crea una fábula musical que pienso marcará a toda una generación como antes lo hicieron otros musicales.

Pero la importancia de esta película radica, estamos casi todos de acuerdo, en que hay que luchar siempre por cumplir nuestros sueños.  Esa es la idea.  Luchar por ellos porque pueden cumplirse.

“La La Land” no sepulta el amor romántico sino que le aporta una lectura casi mitificadora.  Estamos viviendo en una era plena de virtualidad, quizá por ello cuando suena la música que se repite a lo largo de toda la película, se despierta en los espectadores esa pasión y añoranza por las películas románticas norteamericanas.  Mia y Sebastian cantan a la felicidad que se plasma en cada enamorado que abandona las injusticias del mundo cotidiano para escapar mediante el rapto amoroso.

El director juega con ventaja porque ha podido hacer el mejor conglomerado intertextual que se haya articulado jamás, apoyándose de los grandes musicales: Grease (1978), Sweet Charity (1969), Cantando bajo la lluvia (1952), Shall We Dance (2004), West Side Story (1961)…

Ésa era su gran baza, y bien que la ha aprovechado.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

UNA GATA SOBRE UN TEJADO DE ZINC CALIENTE (Aut. Tennesse Williams), por Yolanda Aguas

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La obra del genial dramaturgo Tennesse Williams ha sido magníficamente llevada al cine.  Recordemos grandes adaptaciones como: Un tranvía llamado deseo (1951), dirigida por Elia Kazan, Dulce pájaro de juventud (1961), dirigida por Richard Brooks, De repente el último verano (1959), dirigida por Joseph L. Mankiewic, La noche de la iguana (1964), dirigida por John Houston y, por supuesto, La gata sobre el tejado de zinc (1958) dirigida por Richard Brooks.   Ver, una y otra vez, cada una de estas películas es una absoluta delicia.

La gata sobre el tejado de zinc, se encuadra dentro de sus grandes temáticas, inspiradas mayormente por experiencias ligadas a su propia vida: la constante oposición entre la hipocresía y falsedad de los convencionalismos sociales, así como de sus personajes dominantes y agresivos.

La obra se concentra en su inicio en la tensa relación entre Brick y Maggie. Maggie en su profunda sensualidad con la que pretende atraer a su marido y exigir sus derechos como esposa.  Brick muestra una tremenda sequedad amargada y se refugia en el alcohol. Se intuye que un suceso ha sido la causa de tal perturbación. También se define la tensión entre los dos hermanos siempre manifestadas por sus parejas respectivas, Maggie y Mae, quienes constantemente están manifestando su preocupación por la herencia del Imperio Pollitt. Y, finalmente, no tarda en manifestarse una mentira con la que el médico de la familia – quien se la desvela a Brick – oculta la realidad de la enfermedad del abuelo Pollitt y su desahucio.

Esta mentira no hace más que seguir desvelando otras falsedades y frustraciones que acompañan a nuestros personajes. Entre medio nos enteramos de que la tensión entre Brick y Maggie se debe a algo relacionado con un íntimo amigo de Brick, Skiper. El primer desvelamiento le sucede a la abuela Pollitt, quien convencida de que el abuelo está fuera de peligro persiste en una alegría desbordada y sofocante.

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En la versión que vi ayer, Maggie Civantos encarna a Maggie.  Cierto que tiene una misión extremadamente difícil, porque en España su personaje ha sido interpretado por grandes actrices: Aurora Bautista, Carme Elias y Aitana Sánchez-Gijón. Civantos intenta defender su personaje pero, y lamento decirlo, no logra su objetivo.  Para dar vida a este personaje atormentado no basta con salir en ropa interior mostrando su belleza, son necesarias muchas más cosas.  Para empezar algo tan esencial en una actriz de teatro (también de cine y televisión) como una buena dicción.  Apenas pude seguir el texto, hubo demasiados momentos en que era incapaz de entenderle.  La noté “acelerada” y algo insegura.  Seguramente, y con la ayuda de la magnífica directora Amelia Ochandiano, será capaz de pulir y mejorar su interpretación conforme pasen más funciones.  Maggie (el personaje creado por Williams) es fuego, por dentro y por fuera, es energía vital y todo esto no lo vi anoche en su trabajo.

Brick está interpretado por Eloy Azorín al que da vida con más acierto que su compañera.  Muy seguro todo el tiempo, creando junto a Juan Diego la que me parece la mejor escena de esta propuesta teatral de Ochandiano.  El padre, en cierto modo, asume su responsabilidad ante su hijo preocupándose por él. Quiere saber…

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Marta Molina como Mae y José Luis Patiño como Gooper interpretan sus personajes con corrección. Gooper, el hermano mayor, junto a su esposa Mae haciendo méritos para hacerse con la posible herencia del patriarca.  Los dos llenos de ambición.

Dejo para el final a los dos grandes veteranos de la función: Juan Diego como Padre y Ana Marzoa como Madre. Actores que no necesitan presentación porque su prestigio les precede.  Verles de nuevo en un escenario ha sido maravilloso.

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Pienso que siempre es complicado interpretar personajes que los espectadores conocemos tanto.  Sin querer, nos viene el recuerdo de sus antecesores.  Especialmente Burl Ivers, como Big Daddy (que también lo interpretó en la versión teatral de Broadway dirigida por Elia Kazan, con Barbara Bel Geddes y Ben Gazzara en los papeles protagonistas).y Judith Anderson (inolvidable ama de llaves en “Rebeca”), como Mae.  No puedo negar que me encantó ese “reencuentro” con Diego y Marzoa porque les he admirado desde siempre.

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Este nuevo montaje, producción de José Velasco (Zebra Producciones) y dirección de Amelia Ochandiano necesita “más rodaje”.  Como dije anteriormente, las obras están vivas y van evolucionando conforme se hacen más representaciones.  Su directora lo sabe muy bien, y estoy segura que con su toque maestro hará lo necesario para hacer más grande el hermoso texto de Tennesse Williams: “que emula la tragedia griega en el sur de Estados Unidos, un cruce de pasiones y emociones, de odios, asco, ambición, dominio y pasión” como dijo hace años el gran Eduardo Haro Tecglen.

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NOTA:

Todas las fotografías oficiales de “Una gata sobre un tejado de zinc caliente” insertadas en este artículo son propiedad de Zebra Producciones.

Las fotografías de todo el reparto saludando al finalizar la representación, son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

Las fotografías de Juan Diego y Ana Marzoa en el Teatro Principal de Zaragoza , son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

MOONLIGHT (Dir. Barry Jenkins), por Yolanda Aguas

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Chiron es un joven afroamericano con una difícil infancia, adolescencia y madurez que crece en una zona conflictiva de Miami. A medida que pasan los años, el joven se descubre a sí mismo y encuentra el amor en lugares inesperados. Al mismo tiempo, tiene que hacer frente a la incomprensión de su familia y a la violencia de los chicos del barrio.

La película está estructurada en tres actos bien definidos: niñez, adolescencia y juventud.

Chiron está interpretado por  Alex R. Hibert, que hace de niño, Ashton Sanders, el adolescente y Trevante Rhodes en su juventud. Dividida en tres secciones, según el nombre (‘Little’, ‘Chiron’ y ‘Black’) con el que el protagonista es identificado a lo largo de su vida, la dinámica cámara de Jenkins acompaña a Chiron desde una niñez marcada por la adicción al crack de su madre y los abusos de sus compañeros de colegio, pasando por una juventud de acercamiento hacia su propia identidad hasta llegar a su madurez, ya convertido en un físicamente imponente jefe de la droga que sigue luchando contra su introversión y sus traumas.

“Moonlight” es una historia que habla de homofobia, racismo y violencia.  Se mueve en un ritmo lento que sabe jugar sus bazas por las buenas interpretaciones que encierra. Alguna escena memorable como la que marca un punto de inflexión en la historia cuando los dos adolescentes están frente al mar hablando de la brisa y como hablan de ella, como si la ciudad se detuviese cuando esta corre por las calles. Es el momento más poético y cuyo sentimiento vertebra las emociones contenidas para el resto del metraje.

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La película analiza también los diferentes modelos de masculinidad y lo hace con una función social. De ahí creemos el origen de las ocho nominaciones a los Oscar y los numerosos premios que ya ha obtenido.

En muchos momentos esta película es más lírica que narrativa, requiere la colaboración del espectador para comprender sus numerosos símbolos. 

En el apartado de las interpretaciones, merece especial atención el joven debutante Alex R. Hibbert, cuya actuación serena y contenida, en ocasiones llega a transmitir mucho más que las de sus compañeros adultos.

Moonlight  es una muy buena película.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

 

MANCHESTER FRENTE AL MAR (Dir. Kenneth Lonergan), por Yolanda Aguas

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Casi me da pena hablar de esta película si quienes están leyendo este artículo no la han visto. Si aceptan mi consejo corran a verla y después, si es de su interés, asómense a estas líneas.

“Manchester frente al mar” es la tercera película de Kenneth Lonergan.  Este cineasta ya ha explorado historias que muestran personajes con miedos, manías y aflicciones. “Puedes contar conmigo” (2000), era la muerte de los padres y su efecto sobre dos hermanos que sufren la pérdida.  En el caso de  “Margaret” (2011), en la que una estudiante que luego de sufrir un accidente y bajo la encrucijada de continuar con su vida y sanar o poner a prueba sus propios principios morales y éticos, se ve enfrentada a una situación de crisis.

Kenneth Lonergan crea con esta película un misterio que atrapa al público por completo. Antes de descubrir el pasado de cada uno de los personajes, nace una empatía con cada uno de ellos.  Todos han pasado por malos momentos.  El protagonista, Lee, busca una razón para seguir adelante y la encuentra en la relación con su sobrino.  Afortunadamente, este drama cuenta también con momentos divertidos (que ayudan a sobrellevar la pena).

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Lee Chandler (Casey Affleck) está obligado a regresar a su pequeño pueblo natal tras enterarse de que su hermano ha fallecido. Allí se encuentra con su sobrino adolescente (Lucas Hedges), de quien tendrá que hacerse cargo, mientras que al mismo tiempo Lee se siente destrozado interiormente debido a una tragedia de su pasado que ha mantenido en secreto durante todo este tiempo. Además, tiene que lidiar tanto con su exesposa Randi (Michelle Williams) como con la comunidad a la que regresará.

Chandler es un hombre completamente devastado y la historia le ofrece poca esperanza de recuperación. Conmocionan sus silencios, es un hombre que ha fabricado todos los muros posibles para poder vivir dignamente tras la pérdida, consumido tras complicadísimos combates.  Su encuentro con Randi, sus gestos (compartidos e incompletos) ilustran muchas cosas.  No hacen faltan los diálogos para que las lágrimas lleguen a los espectadores.

El joven actor Lucas Hedges interpreta el papel del sobrino adolescente. Actor al que ya vimos en “El gran hotel Budapest” (Wes Anderson), está dotado de un don especial.  Tiene talento y sensibilidad.  El papel que interpreta, difícil por su tremenda carga emocional, lo ha defendido brillantemente.  Patrick ha pasado por muy malos momentos en su corta vida, pero nada ha podido con su energía.

Gran película, con una potente secuencia central que no queremos desvelar. “Manchester frente al mar” es un filme que oscila entre la tragedia y el melodrama, pero que recorre, mediante una serie de escenas en retrospectiva y flashbacks, las graves heridas que los accidentes de la vida le han infligido al protagonista y que aún no han cicatrizado.

Casey Affleck, en el papel de su carrera, podría ganar el Oscar.

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NOTA: Todas las fotografías oficiales insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

UNA GATA SOBRE UN TEJADO DE ZINC CALIENTE: RdP en Teatro Principal de Zaragoza, por Yolanda Aguas

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Me ha hecho especial ilusión poder saludar hoy al actor Juan Diego.  Disfruté de su trabajo en el montaje que dirigió Carlos Martín, “Ricardo III” para el Teatro Español de Madrid, pero no había tenido la oportunidad de hablar con él desde nuestro primer encuentro.

Fue en Valencia, en octubre de 1990, cuando la desaparecida Mostra de Cine del Mediterráneo dedicó un homenaje al director italiano Marco Ferreri.  Esta mañana, durante la rueda de prensa, le recordé a Juan que fue precisamente él quien me presentó al maestro italiano.

Aquella tarde-noche en Valencia les aseguro que es difícil de olvidar para mí,  porque conocí a Marco Ferreri, Juan Diego, Annie Girardot y Hanna Schygulla.

Anécdota aparte, el magnífico actor andaluz está en Zaragoza porque protagoniza ‘Una gata sobre un tejado de zinc caliente’ que este fin de semana se representa en el Teatro Principal con la dirección de Amelia Ochandiano.

Le acompañan en el escenario los actores Eloy Azorín, Maggie Civantos, José Luis Patiño, Marta Molina y Ana Marzoa (estupenda actriz a quien estos días podemos ver en la serie “Pulsaciones” junto a Pablo Derqui).

Una gata sobre un tejado de zinc caliente es uno de los grandes clásicos del siglo XX, un intenso drama familiar, profundo, honesto, divertido y sensual. Conflictos universales y eternos (la muerte, la mentira, el sexo, la represión, la homosexualidad, la ambición, la frustración) en una de las tormentas familiares más famosas del teatro clásico contemporáneo.

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La tormenta se aproxima y la tensión va subiendo en esta obra maestra de Tennessee Williams, crispando aún más las difíciles relaciones entre todos los miembros de la familia.

La obra maestra de Tennessee Williams  (Cat on a Hot Tin Roof), Premio de la Crítica y por la cual ganó su segundo premio Pulitzer, fue estrenada en 1955 en Broadway con dirección de Elia Kazan. Además es la favorita del autor.

Según nos ha explicado su directora, Amelia Ochandiano, “el objetivo de esta versión es mostrar las facetas más ocultas de cada uno de los personajes, mediante temas actuales como la familia, la pasión, la adicción o el desamor.  Se trata de un grandísimo texto teatral de Tennesse Williams que, así de primeras, apetece.  Es una función muy exigente y muy difícil.  Los personajes pasan por un ejercicio emocional muy elevado porque el autor lo pone al límite.  Viven constantemente al borde de la crisis y estallan una por una”.

 En concreto, surge de una última versión de su clásico que hace en unas conversaciones con el cineasta Elia Kazan, en el que le da una vuelta a la trama y le da más protagonismo a ese abuelo al que da vida Juan Diego, que atraviesa la función de principio a fin y que ha servido para que ambos puedan trabajar juntos por primera vez, algo que ya habían intentado en el pasado.  Tanto Juan Diego como Amelia Ochandiano, han recalcado que esta versión de la obra busca “hablar de asuntos cotidianos de la vida, como la muerte, la vida o la homosexualidad, y todo ello genera una gran crisis dentro de los personajes que forman el núcleo familiar.

Sobre el trabajo que Ochandiano ha realizado con el resto de los actores, ha manifestado que “El reparto es muy diferente, cada uno trabaja con su método, pero el proceso ha sido maravilloso y las crisis han sido todas creativas y no personales”.

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Juan Diego decidió protagonizar esta obra porque su personaje cuenta “una historia que consigue traspasar la barrera entre ficción y realidad, lo que consigue calar en los espectadores.  Este tipo de personajes son imprescindibles para el teatro y la cultura porque consiguen que la gente ría, llore, reflexione… en definitiva, que sienta. Esta es la razón por la que el teatro es necesario en esta sociedad.  Debemos cuidar la cultura.  Es una obligación que va desde nosotros, los actores, hasta los gobernantes, que son los principales responsables”.

En respuesta a la pregunta que le formulé: “¿Qué debe tener un personaje para que usted decida interpretarlo?, el gran actor nos dijo: “La historia ha de servir de algo, que la gente sienta, reflexione, ría y que cumpla así el cometido para el que se hicieron las nobles y bellas artes.  Pido que mi personaje sea verdad, que tenga sus razones, porque de lo contrario es muy difícil estar bien en un texto en el que estás mintiendo”.

La directora, Amelia Ochandiano, está encantada con el trabajo con Juan Diego:

Juan Diego y su personaje aportan la verdad y la defensa de un pensamiento y, al final, es el espectador el que se lleva los puntos de vista y los sentimientos de todos. Al tratar al personaje desde las tripas y la verdad, han aparecido toques distintos, como ciertos puntos de sentido del humor. 

Trabajar con él es un ejemplo, por su dedicación, su entrega, su disciplina y su generosidad.  Juan es un toro de Miura, pero yo también soy tremenda y lo que podría haber acabado como un choque de trenes ha culminado en una relación de confianza desde el primer momento”.

La compañía realizará tres únicas funciones de “Una gata sobre un tejado de zinc caliente” en la capital aragonesa.

La primera será esta tarde a las 20.30 horas, la segunda, sábado 11, a las 20.30 horas y, por último, se representará domingo 12, a las 18.30 horas.

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NOTA: Todas las fotografías insertadas en este artículo son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CineT Farö.

 

JOSEPH LOSEY, Retrospectiva en el 65SSIFF, por CineT Farö

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La Filmoteca Española y el Festival de Cine de San Sebastián dedicarán dentro de la 65° edición del certamen internacional una retrospectiva al director estadounidense establecido en Inglaterra Joseph Losey (La Crosse, Winsconsin; 1909 – Londres, 1984). Tras su proyección en San Sebastián, la retrospectiva se programará en la Filmoteca Española, en Madrid, durante los meses de octubre y noviembre.

Joseph Losey representó en los años sesenta la máxima expresión del denominado cine de autor (o de arte y ensayo) con obras como El sirviente (1963), Rey y patria (1964), Accidente (1967) y El mensajero (1971), todas, menos la segunda, escritas por el dramaturgo Harold Pinter. Pero antes de convertirse en una figura preeminente del cine de autor europeo, vivió la compleja situación que afectó a tantos represaliados en la caza de brujas emprendida en Hollywood a partir de 1947. Su obra se divide en tres periodos, el inicial en el cine estadounidense hasta principios de los años cincuenta, el prestigio alcanzado en Inglaterra en los sesenta y setenta y una última etapa más itinerante que le llevó a trabajar bajo producción italiana, francesa y española.

Nacido en La Crosse, Wisconsin, en 1909. Losey orientó sus pasos hacia el periodismo escrito y radiofónico, para pasar después al medio teatral. Su abierta orientación de izquierdas le llevó a poner en pie montajes de obras de Bertold Brecht y a residir una temporada en la antigua Unión Soviética para estudiar nuevos conceptos teatrales. A finales de los treinta empezó a dirigir cortometrajes en el seno de la Metro Goldwyn Mayer y debutó en formato largo en 1948 con El niño de los cabellos verdes, una alegoría contra las guerras, los totalitarismos y la intransigencia ante la diferencia, producida por RKO.

Aunque pudo realizar varias películas de cine negro de bajo coste y con un indisimulado componente social –El forajido (1950), El merodeador (1951) y The Big Night (1951), las tres escritas por guionistas represaliados por el Comité de Actividades Antiamericanas, Daniel Mainwaring, Dalton Trumbo y Ring Lardner Jr.-, e incluso un ‘remake’ de la célebre M de Fritz Lang en 1951, su nombre apareció en las listas negras debido a la orientación de sus primeros filmes y fue acusado de pertenecer al Partido Comunista norteamericano.

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Cuando es llamado a declarar, se encuentra en Italia rodando Imbarco a mezzanotte / Stranger on the Prowl (1952). Decide no regresar a los Estados Unidos e instalarse en Inglaterra. Estrena este filme con el seudónimo de Andrea Forzano y los dos primeros que realiza en su país de adopción no llevan su nombre por cuestiones sindicales: El tigre dormido (1954), primera colaboración con uno de sus actores fetiche, Dirk Bogarde, aparece acreditada a Victor Hanbury, y Intimidad con un extraño (1956), la firma como Joseph Walton.
Losey se asienta en el cine británico en un momento de transformación. Es el auge del Free Cinema, tendencia de la que no participa aunque algunas de sus primeras películas de los sesenta tengan un cierto aire realista y social, pero también de la productora de cine fantástico Hammer Film, para la que Losey empezó X The Unknown (1956), de cuyo rodaje sería apartado y substituido por Leslie Norman, y dirigió después Estos son los condenados (1962); ambas son las únicas incursiones de Losey en los dominios de la ciencia ficción.
Tras un amago de integración en la gran industria cinematográfica británica con The Gypsy and the Gentleman (1958), producción de la compañía Rank protagonizada por Melina Mercouri, su obra alcanza un notable interés a partir del filme de intriga La clave del enigma (1959) y el drama carcelario El criminal (1961), en el que inicia su colaboración con el otro actor con el que mejor se entendería, Stanley Baker. Hasta mediados de los setenta, Losey combina películas muy personales en las que reflexiona sobre las relaciones de poder (entre hombres y entre instituciones) a partir de una puesta en escena repleta de símbolos (su particular utilización de las imágenes especulares), con títulos de apariencia en principio más comercial servidos por las grandes estrellas del momento e inspirados en obras muy populares o de indudable prestigio literario.

Al primer grupo pertenecen la película que mejor define su obra, El sirviente, con la incisiva escritura de Pinter y el duelo actoral entre Dirk Bogarde y James Fox, además de Accidente (Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes), El mensajero (Palma de Oro en Cannes) y el alegato antibélico Rey y Patría, cuya acción acontece en las trincheras británicas durante la celebración de un juicio sumarísimo por deserción, en la Primera Guerra Mundial.

En el segundo grupo se integran obras como Eva (1962), adaptación de una novela de James Hadley Chase, protagonizada por Jeanne Moreau y primera de las muchas películas que Losey consagrará a personajes femeninos que irradian una extraña fascinación; Modesty Blaise (1966), iconoclasta versión del cómic de espionaje de Peter O’Donnell y Jim Holdaway interpretada por Monica Vitti; La mujer maldita (1968), una pieza de Tennessee Williams servida por la explosiva pareja Elizabeth Taylor-Richard Burton; Ceremonia secreta (1968), drama sicológico y claustrofóbico interpretado de nuevo por Elizabeth Taylor, junto a Robert Mitchum y Mia Farrow; Chantaje contra una esposa (1973), según la pieza de Henrik Ibsen y con Jane Fonda, David Warner y Trevor Howard, y  Una inglesa romántica (1975), otro de sus filmes definitorios, un juego triangular intenso y malévolo escrito por Tom Stoppard e interpretado por Glenda Jackson, Michael Caine y Helmut Berger.
En este fecundo periodo, Losey realizará obras muy abstractas como Caza humana (1970), en la que narra la huida de dos presos perseguidos por un misterioso helicóptero -el guion está escrito por el actor Robert Shaw, protagonista junto a Malcolm McDowell, y el filme compitió en San Sebastián-, y El otro señor Klein (1976), con Alain Delon en el papel de un hombre sin principios durante la ocupación nazi en Francia que es acusado de ser judío (ganadora del César a la mejor película). Pero rodaría también filmes de transparente acento político como El asesinato de Trotsky (1972), con Delon como Ramón Mercader y Burton en el papel de León Trotsky, y Las rutas del sur (1978), continuación de La guerra ha terminado (1966) de Alain Resnais, escrita nuevamente por Jorge Semprún y con Yves Montand repitiendo su papel de exiliado español en permanente conflicto ideológico.

Losey volvió a Brecht muchos años después con una adaptación al cine de Galileo (1974), según la traducción al inglés que había realizado Charles Laughton y con Topol, muy popular entonces gracias a El violinista en el tejado (1971), en el papel principal. Hizo también ópera filmada –Don Juan (1979), con Ruggero Raimondi- y realizó en Francia La Truite (1982), con Isabelle Huppert en otro de los complejos personajes femeninos del cine del director.

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Su última película es Steaming (1985), inédita en España como la anterior. Se trata de una obra de raíz teatral protagonizada por Vanessa Redgrave y Sarah Miles y ambientada en un baño turco londinense el día de su cierre, reservado solo a clientes femeninas. Losey no pudo ver el montaje definitivo de la película, ya que falleció en junio de 1984, casi un año antes de que se presentara en Cannes.

La relación de Losey con el Festival de San Sebastián resultó siempre complicada a causa del régimen franquista. Además de Caza humana, se presentaron en el certamen El tigre dormidoLa mujer maldita y, en sección informativa, El mensajeroUna inglesa romántica también estuvo seleccionada, pero el director y Glenda Jackson no acudieron al Festival en señal de protesta por las últimas sentencias de muerte firmadas por Franco.

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NOTA:  Fuente de la noticia:  web oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.