LA ÚLTIMA TRAVESÍA (Dir. Brandt Andersen)

Dividida en cinco apartados: La doctora, El soldado, El traficante, El poeta y El capitán, la película entrelaza las historias de cinco desconocidos para ofrecer, dentro de la tragedia, un poderoso retrato que trasciende fronteras y habla de empatía, sacrificio, esperanza y supervivencia.

La película muestra la ciudad siria de Alepo, devastada por un interminable conflicto. Ante esa situación, una médica se ve obligada a huir de la guerra con su hija pequeña, una decisión desesperada que cambiará para siempre su destino y el de otros cuatro desconocidos, unidos más allá de las fronteras.

En su camino se cruzarán un contrabandista dispuesto a todo por salvar a su hijo; un soldado dividido entre el deber y la conciencia; un poeta en busca de un lugar al que llamar hogar, y un capitán de la guardia costera atrapado entre la ley, el deber y la compasión.

Inspirada en el cortometraje nominado al Óscar Refugee, del director, guionista y productor Brandt Andersen, La última travesía tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde recibió el Premio Amnistía Internacional.

Andersen dirige un reparto encabezado por Omar Sy, al que acompañan Yasmine Al Massri, Yahya Mahayni, Ziad Bakri, Constantine Markoulakis y Jason Beghe.

Este reparto coral da vida y credibilidad a unos personajes cuyas existencias acabarán cruzándose durante una noche decisiva en el Mediterráneo para dejarnos ante una propuesta conmovedora: un ejercicio cinematográfico contundente con un corolario que invita a la reflexión.

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NOTA: Las fotografías publicadas en este artículo son propiedad de sus autores.

DIGGER (Dir. Alejandro González Iñárritu)

El hombre más poderoso del mundo se embarca en una misión frenética para demostrar que es el salvador de la humanidad antes de que el desastre que ha desatado lo destruya todo.

Digger, la película, es eso: un instructivo sobre el “deber ser” del mundo y la identificación correcta del villano. Pero eso no es lo único que lo hace una mala película. Tampoco su abuso grandilocuente y pedante del plano, casi nunca pertinente.

Lo que hace a Digger un ejercicio fallido es porque la película pretende disciplinar el humor. Un manual sobre de quiénes, cómo y de qué manera es lícito y correcto reírse hoy. A esta altura del siglo, que nos moleste el didacticismo de Iñárritu, un cineasta viejo con ideas de 1970 a lo sumo, es como una anécdota demasiado repetida. Lo nuevo es que además pretende imponernos el reglamento de la risa.

Tom Cruise hace todo lo que el director le pide y lo hace bien. Es cierto que quería hacer un film centrado en Les Grossman; casi seguro que hay alguna idea de allí en esta película. Sin embargo, hay una diferencia grande entre ser directo hasta la grosería y declamar. Les putea, amenaza, dice cosas terribles de un modo orgánico y nunca se define a sí mismo o a su -digamos- “ideología”. Digger, en cambio, dice qué piensa, por qué lo piensa, y cómo es el mundo.

Da una lección de cómo piensa el mundo y con ello, por el absurdo, los realizadores indican cómo debe serlo.

En fin, esta película producida por el propio Tom Cruise está claro que fue porque sigue buscando un prestigio que la Academia de Cine Americano quizá le debe.

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CINCO SEGUNDOS (Dir. Paolo Virzi)

Adriano Sereni (Valerio Mastandrea) es un hombre rudo y solitario que vive en los establos restaurados de una antigua mansión en ruinas. Un día, descubre que la villa vecina ha sido ocupada por una comunidad de jóvenes estudiantes, que se dedican a revitalizar el campo y los viñedos abandonados. La llegada de estos intrusos le molesta, y pronto considera ahuyentarlos por todos los medios. Pero entre esos jóvenes se encuentra Matilde (Galatea Bellugi), la nieta del último conde Guelfi, quien creció allí y trabajó con su abuelo en los viñedos.

Matilde siente curiosidad por Adriano y su pasado, y comienza a observarlo con atención, preguntándose por qué un hombre como él vive allí solo y rechaza toda forma de interacción social, casi como si guardara un secreto. Con la llegada de la primavera, el conflicto entre Adriano y los jóvenes se transforma en una cohabitación forzada que, inesperadamente, se convierte en una alianza sorprendente.

El guion no renuncia a ciertas pinceladas de humor que atraviesan el drama y resultan perfectamente reconocibles en la elección de un actor cuya mayor virtud es encarnar los sentimientos humanos con autenticidad y desenfado. El afecto de Adriano hacia la joven, que se prepara para dar vida a un nuevo ser, se convierte en un apego obsesivo, revelando con excesiva transparencia un deseo desgarrador de expiar su culpa.

En sus últimos minutos, la película plantea una cuestión moral —los “cinco segundos” a los que alude el título— que deja sin respuesta, invitando al espectador a reflexionar sobre el dilema de aceptar la muerte en casos de enfermedades terminales, el instinto de dejar ir, de acompañar la voluntad de quien ya no encuentra sentido en seguir viviendo.

El público apreciará la franqueza del protagonista ante su propio conflicto interior y las dificultades de las relaciones humanas y familiares en situaciones tan dramáticas, de modo que establecerá una estrecha conexión emocional con la historia.

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TIEMPO DE VICTORIA (Dir. Anthony Maras)

Quedan 72 horas para el Día D y todo está listo salvo un elemento clave: el tiempo. El capitán James Stagg (Andrew Scott), jefe del servicio meteorológico británico, recibe el encargo de elaborar el pronóstico más trascendental de la historia. Unas condiciones climáticas adversas podrían arruinar la mayor invasión marítima de la historia, mientras que cualquier retraso podría suponer que los servicios de inteligencia alemanes descubran sus intenciones. El general Dwight D. Eisenhower (Brendan Fraser) deberá tomar la decisión que determine el destino de la Segunda Guerra Mundial.

Esta película nos traslada a todo lo que ocurrió en las 72 horas extremadamente tensas previas al Día D y logra la impresionante hazaña de hacer que una película sobre la meteorología resulte de lo más interesante.

Para que el ambicioso asalto anfibio tuviera éxito, se necesitaba el elemento vital de la sorpresa, dado que los alemanes habían fortificado toda la costa occidental de Europa. Pero también necesitaba imperiosamente buen tiempo, para poder desembarcar el enorme número de hombres y suministros necesarios para liberar Francia y llevar la lucha hasta los mismísimos bigotes de Hitler en Berlín.

Es entonces cuando el jefe del servicio meteorológico británico, James Stagg (Andrew Scott), recibe el encargo de elaborar la previsión meteorológica más trascendental de la historia. Con solo su fiel ayudante, la capitana Kay Summersby (Kerry Condon), en quien confiar, y atormentado por un catastrófico ensayo del Día D, la decisión final recaerá en el comandante supremo aliado, Dwight D. Eisenhower (Brendan Fraser).

La película está adaptada de una obra de teatro de David Haig, al que en 2014 se le encargó la tarea de encontrar un héroe escocés desconocido. Así fue como se topó con James Stagg, el hijo de un fontanero que vivía en un pueblo a las afueras de Edimburgo. Para dotar a Stagg de ese sentido de humanidad tan importante, más allá de su enfoque pragmático de la meteorología, Haig se aseguró de que la película incluyera momentos entre él y su mujer, que está a punto de dar a luz a su primer hijo. Pero el carácter ultrasecreto de su misión le impedía estar con ella durante esas 72 horas críticas.

Si Eisenhower hubiera pospuesto el desembarco, la siguiente ventana viable, en función de las mareas y la luna, no se habría abierto hasta el 17-19 de junio. Precisamente los días en que una enorme tormenta azotó el Canal de la Mancha y destruyó los puertos artificiales de los que dependían los aliados para el abastecimiento. En otras palabras: la tensión en Tiempo de victoria no es fruto de la ficción para crear dramatismo. El margen real entre el éxito y la catástrofe se redujo tan solo al buen hacer de un hombre del tiempo.

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EN LA ZONA GRIS (Dir. Guy Ritchie)

Un equipo oculto de agentes de élite viven en la sombra, muy cómodos manejando el poder y la influencia como armas automáticas y explosivos de gran potencia. Cuando un déspota roba una fortuna de mil millones de dólares, son enviados a recuperarla en lo que para cualquier otro sería una misión suicida. Lo que comienza como un atraco imposible empeora aún más y se convierte en una guerra total de estrategia, engaño y supervivencia.

El título original, «In the Grey», anuncia el territorio moral que la película habita con deliberada comodidad. Sus protagonistas no son héroes ni villanos: son expertos altamente entrenados que operan en el espacio difuso entre la legalidad y el crimen, y que no se engañan a sí mismos respecto a dónde viven.

Rachel (Eiza González) se dedica a recuperar dinero de quienes no deberían tenerlo.  Cuando una ejecutiva bancaria llamada Bobby (Rosamund Pike) le encarga recuperar mil millones de dólares prestados al dictador criminal Manny Salazar (Carlos Bardem), la maquinaria narrativa de Ritchie se pone en marcha con la precisión habitual.

Lo que distingue a En la zona gris de la mayoría del cine de acción contemporáneo es que sus personajes tienen una relación adulta con la violencia: es una herramienta más en su kit, junto a las órdenes judiciales y las confiscaciones de activos.

No hay euforia en el combate, ni tampoco agonía existencial. Hay pericia. Esa frialdad profesional, lejos de distanciar al espectador, genera una forma peculiar de credibilidad.

Es una película de acción con gusto, con ritmo, con actores que saben exactamente dónde están parados y un director que domina su propio lenguaje con la fluidez de alguien que ya no necesita demostrarse nada. Tiene defectos, fundamentalmente una trama tan densa como inocua, y algún personaje secundario que no recibe el espacio que su presentación promete.

Como propio título ya indica, es una película demasiado gris.

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EL SUEÑO AMERICANO (Dir. Anthony Marciano)

Jérémy y Bouna se conocen en una cancha de baloncesto: ambos son jugadores retirados y tienen una pasión común por el deporte, así que pronto empiezan a pensar cómo poner eso al servicio de sus carreras.

La idea es convertirse en agentes de deportistas incipientes pero en cuanto uno de ellos despunta, se lo llevan otros con más experiencia y tablas en la NBA. En pocas palabras, son dos desconocidos aunque pueden ofrecer dos factores diferenciales: un trato mucho mucho más cercano y una lengua común.

Estamos ante una película con mensajes positivos sobre la resiliencia, la amistad, la perseverancia y el trabajo duro. El sueño americano es una película de las que tienen mucho más calado que otras que se estrenan con fuerte campaña de promoción y además están ancladas en la realidad.

Está tras ella el cineasta Anthony Marciano que hace honor a su apellido y a veces no parece de este planeta, simplemente por la forma tan humana de componer a unos personajes entrañables de los que te enamoras desde un primer instante porque son falibles, tridimensionales y derrochan una simpatía singular. Es fácil empatizar con ellos e incluso identificarse con lo que les ocurre.

Una de las razones es que tienen referentes reales sólidos: Bouna Ndiaye y Jérémy Medjana, dos soñadores que pelearon con uñas y dientes para convertirse en los agentes franceses más influyentes de la NBA después de un larguísimo periplo tratando de hacer su negocio viable y de endeudarse hasta las cejas para lograrlo, poniendo en jaque incluso sus relaciones personales.

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NOTA: Las fotografías publicadas en este artículo son propiedad de sus autores.

DREAMS (Dir. Michel Franco)

Fernando (Isaac Hernández), un joven bailarín de ballet mexicano, sueña con el reconocimiento internacional y una vida en Estados Unidos. Creyendo que le apoyará su amante Jennifer (Jessica Chastain), una filántropa de la alta sociedad, lo deja todo atrás. Sin embargo, ella hará lo que sea para proteger el futuro de ambos y la vida que ha construido.

Los McCarthy, el patriarca Michael, y sus dos hijos Jennifer y Jack, están al frente de una fundación de mecenazgo de las bellas artes, todas las disciplinas encuentran su respaldo. Así, una academia de ballet e México cuenta con su padrinazgo. Precisamente el talentoso bailarín Fernando Rodríguez se forma allí, y ha iniciado una tórrida relación con Jennifer. Cuando intenta hacer realidad su sueño americano y cruza ilegalmente la frontera, continúa la relación, pero en secreto, Jennifer cree que su familia no lo entendería, y que dañaría irremediablemente su imagen. Esto hiere al sensible Fernando, que la abandona, pero ella se empeña en seguir con él.

El obvio propósito de Franco consiste en denunciar las trabas que encuentran los foráneos que tratan de afincarse en Estados Unidos, y las diferencias de clase, xenofobia y discriminación que padecen los hispanoamericanos por parte de los ricos y pudientes blancos.

En el film hay escenas de danza y ballet, los duros ensayos, pero en realidad aquello parece más bien una metáfora de los talentos y el valor de una persona, poseídos independientemente de su raza, que poco tienen que hacer frente a la azarosa situación de haber nacido en una cuna privilegiada, es más, pueden quedar hechos fosfatina, si algún desaprensivo se pone a ello.

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UN TAXI EN TOKIO (Dir. Yoji Yamada y Yuzo Asahara)

Koji, un taxista de Tokio con problemas económicos, acepta el encargo de llevar a Sumire, una mujer japonesa de 85 años, a la residencia donde vivirá a partir de ahora. Durante el trayecto, el conductor la acompaña por distintos lugares de la ciudad marcados por los recuerdos de la anciana. A medida que avanzan por Tokio, ambos compartirán confesiones, heridas y momentos de vida que les llevarán a crear un vínculo inesperado.

La película es un remake de Driving Madeleine (Christian Carion, 2022), en la que un taxista parisino y una anciana recorrían París antes de que ella ingresara en una residencia. Yamada traslada la historia a Tokio pero lo esencial permanece: la ciudad que archiva y desencadena las memorias; la necesidad de la anciana de reafirmar su identidad compartiendo su historia, buscando distracciones y excusas porque se dirige a un sitio donde no quiere ir. Ella se aferra a la vida que tuvo, reforzando su identidad y sus recuerdos, mientras se dirige hacia una residencia que la convertirá en una anciana más. Se mira en su pasado porque su futuro se estrecha.

En Un taxi en Tokio no parece que los planes de la pasajera estén demasiado definidos, en consecuencia, los recuerdos van naciendo a medida que la ciudad los provoca. Es curioso ver cómo la cortesía y la distancia propias del trato entre desconocidos en Japón se van disolviendo kilómetro a kilómetro. La señora distinguida y férreamente correcta del principio se va convirtiendo en una persona con una historia única y casi improbable, con una identidad fuerte que asoma, arrolladora, entre las rendijas de su control y su elegancia.

Tokio, sus encantos y sus secretos, se van desplegando ante nuestros ojos en un remedo de la vida, comenzando por un cálido mediodía y va entrando en un melancólico atardecer y, al final, una noche cerrada. Los paisajes se van cerrando, desde una ciudad llena de posibilidades hasta un lugar del que no es posible escapar. En el último acto, el director nos indica con delicadeza cuándo Un taxi en Tokio pasa a ser un cuento, con un sutil cambio de luz que nos señala que ha llegado el momento de aceptar algo un poco mágico.

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EL LADRÓN DE PERROS (Dir. Vinko Tomicic)

Martín, un joven limpiabotas huérfano que sobrevive en las calles de La Paz, Bolivia, sueña con escapar de la pobreza y encontrar un lugar al que pertenecer. Su rutina cambia cuando empieza a trabajar cerca de un sastre acomodado, y Martín comienza a imaginar que ese hombre podría estar conectado con su pasado. Impulsado por la necesidad de saber quién es y de construir una identidad propia, el chico toma decisiones cada vez más arriesgadas, que lo enfrentan a dilemas morales y a la dura realidad que lo rodea.

El ladrón de perros tiene muchos paralelismos y una inspiración clara en los clásicos del neorrealismo italiano, trasladando la acción de aquellas obras a la capital boliviana en la actualidad, pero manteniendo los elementos de manera casi exacta.

Como en ese tipo de cine, se fundamenta en actuaciones no profesionales, con un enfoque en la pobreza, el abandono social y la falta de oportunidades, y el adolescente protagonista es una reencarnación del clásico niño de esas películas que debe recurrir al trabajo en la calle para sobrevivir en una ciudad que le mira por encima del hombro.

Naturalmente, la raíz de esta marginalidad cambia. Martín ya no es una víctima de una guerra reciente en un entorno que está todavía resurgiendo de sus ruinas. Su situación ya no es generacional, común a una ciudad o un país que ha vivido un trauma reciente, sino más bien el resultado colateral de un desarrollo acelerado y desigual, en una ciudad que crece rápido pero que no atiende las dinámicas de racismo y clasismo que brotan de esta, aumentando las brechas entre el protagonista y la sociedad.

Frente al retrato de los niños del neorrealismo como un símbolo de la situación de pobreza y falta de oportunidades que afecta a toda la población, la de Martín es una marginalidad condicionada por la diferencia: por su etnia, por su acento fuerte y por su situación familiar complicada.

Vinko Tomičić (Chile, 1987) es un guionista, director y productor chileno formado en la Universidad de Buenos Aires. En 2014 fundó la productora Calamar Cine, con la que produjo y codirigió con Francisco Hevia su primer largometraje, El fumigador (2016). Ha dirigido varios cortometrajes. El ladrón de perros es su primer largometraje en solitario.

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EN MAR ABIERTO (Dir. Renny Harlin)

Un variado grupo de pasajeros internacionales viaja desde Los Ángeles a Shanghái cuando su avión tiene que realizar un aterrizaje de emergencia en unas aguas llenas de tiburones. Atrapados entre el océano y los tiburones, atraídos por los restos del avión, tienen que superar el pánico, las rivalidades y sus diferencias personales para sobrevivir.

Mientras luchan contra la corriente, la confusión y los ataques de los tiburones, cada uno se enfrenta a decisiones críticas que pondrán a prueba su capacidad de colaborar en circunstancias extremas.

Quiere ser una película razonablemente realista, con una puesta en escena cuidada, imágenes de alto impacto e historias humanas de superación.

Sin embargo, tiene algunos problemas esenciales: sus personajes son demasiado estereotipados y muy explotados, escasa credibilidad de los acontecimientos, una fotografía extrañamente luminosa que delata el rodaje en tanques de agua… Y, por encima de todo lo anterior, muy poca originalidad.

Concluyendo, una película más de tiburones sin ningún tipo de emoción ni aliciente.

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