El jurado de la Sección Oficial de la 74ª edición del Festival de San Sebastián estará presidido por el cineasta estadounidense Ira Sachs, que este año participa en Perlak con la película The Man I Love, estrenada a concurso en el último Festival de Cannes, y que antes ha estado en esa misma sección con Love Is Strange (2014) y Little Men (2016). Le acompañarán como integrantes del jurado el director y guionista japonés Genki Kawamura, autor de obras como A Hundred Flowers (Sección Oficial, 2022) o Exit 8 (2025) y productor, entre otros filmes, de Your Name (2016) y Monster (Perlak, 2023); la guionista francesa Catherine Paillé, autora de los guiones de películas como Le Sixième enfant (2022), Les Magnétiques (2021) o Shéhérazade (2018), la actriz y productora brasileña Alice Braga, protagonista de largometrajes como Cidade de Deus (Ciudad de Dios, Perlak, 2002) o I Am Legend (Soy leyenda, 2007) y series como Queen of the South o We Are Who We Are (Sección Oficial, Proyección Especial , 2020); y la intérprete vasca Patricia López Arnaiz, que tras obtener la Concha de Plata a la mejor interpretación por Los destellos / Glimmers (2024), protagonizó el filme ganador de la Concha de Oro, Los domingos / Sundays (2025) y este año vuelve fuera de concurso en la Sección Oficial con Sacamantecas / The Harvester. Completan el jurado el actor sueco Bill Skarsgård, protagonista, entre otros títulos, de It (2017), Nosferatu (2024), Dead Man’s Wire (2025) y la serie Hemlock Grove, y el productor británico Mike Goodridge, que ha participado en trabajos como Club Zero (Club cero, 2023), Touch (2024), Orphan (2025) y Ballad of a Small Player (Maldita suerte, Sección Oficial, 2025).
Los demás Jurados de las diferentes secciones del festival son los siguientes:
Una amplia representación de cineastas, intérpretes, productores y guionistas de todo el mundo acudirá a la 74ª edición del Festival de San Sebastián, que ofrecerá un total de 263 títulos procedentes de 47 países.
En una rueda de prensa celebrada hoy en Tabakalera, el director del Festival, José Luis Rebordinos, y la subdirectora Maialen Beloki han dado a conocer un listado de nombres en el que figuran, entre otras personalidades, Orlando Bloom, Marion Cotillard, Penélope Cruz, Ricardo Darín, Virginie Efira, Lali Espósito, Eduard Fernández, Dolores Fonzi, Jeremy Irons, Denis Lavant, Vincent Lindon, Rami Malek, Noémie Merlant, Mercedes Morán, Lena Olin, Nahuel Pérez Biscayart, Brad Pitt, Tom Sturridge y Marcelo Subiotto.
También acudirán a San Sebastián a presentar sus películas directoras y directores como Fatih Akin, Beth de Araujo, Lukas Dhont, Jesse Eisenberg, Nicole Garcia, Pablo Larraín, Diego Luna, Valentina Maurel, Martin McDonagh, Tsai Ming-Liang, Cristian Mungiu, Hans Peter Moland, Olivier Nakache y Eric Toledano, Pawel Pawlikowski, Ira Sachs y Andrey Zvyagintsev. Además, recibirán el Premio Donostia el cineasta alemán Werner Herzog, que presentará junto al actor Orlando Bloom su nuevo largometraje, Bucking Fastard, y la actriz Naomi Watts, protagonista de la película The Housewife (La esposa perfecta) dirigida por Ben Shirinian, a quien también acompañará la intérprete Lena Olin. Bloom entregará el Premio Donostia a Herzog y el cineasta J.A. Bayona, a Naomi Watts.
En la Sección Oficial a concurso, el listado de presencias internacionales lo abrirá Fatih Akin, director de Geister / Ghost Song, y sus protagonistas Mariam Dawoud y Eren M. Güvercin. Jesse Eisenberg presentará su tercera película tras la cámara (The Debut / El debut); la actriz Marion Cotillard acompañará a la directora Nicole Garcia (7h40 ce matin-là /Milo); el realizador Fréderic Cavayé acudirá con Vincent Lindon, Tahar Rahim, Noémie Merlant, Camille Cottin y Benjamin Lavernhe (Les Miserábles / Los miserables); Marion Bailey, Paul Jesson y Alice Bailey Johnson representarán a Mike Leigh, director de Tender Loving Care, y Hans Peter Moland, vendrá con Herbert Nordrum y Asta Kamma August (Markens grøde / Growth of the Soil). También mostrarán sus películas en la competición Amanda Kernell (Garrat du váimmu / Brace Your Heart) y Yeşim Ustaoğlu (Artakalan / What Remains), además de tres debutantes: la directora alemana Tony Vahl (Krux), la japonesa Maha Harada (My Father’s Room) y el chino Ah Biao (Bian jing / Border). Fuera de concurso, el actor y productor Brad Pitt respaldará el estreno de The Heart of the Beast (En el corazón de la bestia), dirigida por David Ayer, y el cineasta belga Michaël R. Roskam clausurará el Festival con Le Faux Soir, cuyo reparto encabeza Arieh Worthalter.
El actor Denis Lavant volverá a New Directors como uno de los intérpretes de Bloques erráticos, de Thomas Woodroffe, y el cineasta Tsai Ming-Liang participará en Zabaltegi-Tabakalera con Weichen (Dust / La deriva), aunque es la sección Perlak la que concentra un mayor número de nombres propios. Martin McDonagh presentará Wild HorseNine, mientras que el cineasta Ira Sachs, además de presidir el Jurado Oficial de esta edición, viajará a San Sebastián con Rami Malek y Tom Sturridge, protagonistas de The Man I Love. En la sección que reúne las principales perlas de otros festivales estarán también cineastas como Lukas Dhont (Coward / Cobarde), Pawel Pawlikowski (Fatherland), Cristian Mungiu (Fjord), Beth de Araujo (Josephine), Andrey Zvyagintsev (Minotaur / Minotauro), Nanni Moretti (Succederà questa notte / It Will Happen Tonight / Sucederá esta noche), Leah Nelson (Tangles) y Olivier Nakache y Eric Toledano (Juste une illusion / Tiempos de ilusión). Además, Virginie Efira, premiada protagonista de Soudain / All of a Sudden (De repente), asistirá en representación del director Ryusuke Hamaguchi.
Asimismo, dentro del apartado Otras Actividades, la proyección de The Mission (La misión) en el 40º aniversario de su estreno contará con la presencia del director Roland Joffé, el actor Jeremy Irons y el productor David Puttnam.
Cine latinoamericano
La habitual presencia de cine latinoamericano en el Festival comprende presencias prácticamente en todos sus apartados. En la Sección Oficial, la actriz Lali Espósito y el actor Marcelo Subiotto participarán en el estreno de Glaxo, del argentino Benjamín Naishtat, mientras que Mercedes Morán y Dolores Fonzi, además de la escritora Mariana Enriquez, respaldarán la participación de Mis muertos tristes, del chileno Pablo Larraín, en la Sección Oficial, que también acogerá el estreno de Vicentina pede disculpas / On Behalf of my Son, del brasileño Gabriel Martins.
En Horizontes Latinos, la directora costarricense Valentina Maurel estará acompañada de las actrices Daniela Marín y Marina de Tavira (Siempre soy tu animal materno), mientras que el mexicano Diego Luna contará con Adriana Paz, Anna Díaz y Teresa Lozano (Ceniza en la boca) y el paraguayo Marcelo Martinessi (Narciso) con Diro Romero, Mona Martínez y Nahuel Pérez Biscayart. Además, presentarán sus películas cineastas como la chilena Manuela Marteli (El deshielo), los mexicanos Fernando Eimbcke (Moscas), Bruno Santamaría (Seis meses en el edificio rosa con azul) y Fernanda Tovar (Chicas tristes); los argentinos Lorenzo Ferro (El tren fluvial) y Alessandra Sanguinetti (La ilusión de un verano sin fin); el brasileño Ricardo Alves Jr. (A Professora de Francés) y los colombianos Esteban Hoyos y Juan Miguel Gelacio (Cinco años, cuatro meses).
Habrá igualmente presencia latinoamericana en secciones como Zabaltegi-Tabakalera, en la que coincidirán María Alché y Benjamín Naishtat, directores de Pedro en el país, además de la también argentina Albertina Carri, que mostrará fuera de concurso su performance Cine vivo, un artefacto. Además, la sección Otras Actividades incluirá la proyección de Lo dejamos acá, una película de Hernán Goldfrid con la que vendrá el actor Ricardo Darín, imagen del cartel oficial de la 74ª edición del Festival de San Sebastián.
Cine español
El cine español contará con una generosa presencia, que en la Sección Oficial incluirá a Eduard Fernández como protagonista de El mal padre, de Roberto Bueso. El cineasta Mikel Gurrea competirá con Sants, en cuyo elenco destacan Victoria Luengo, Ariadna Gil y Eulàlia Ramón, mientras que Javier Ruiz Caldera lo hará con 5 minutos más en compañía de Javier Cámara, Berto Romero, quien además de actuar firma el guion, y Belén Cuesta. Fuera de concurso mostrarán sus trabajos Koldo Almandoz (Azken agurra, con Iñigo Azpitarte e Izaro Nieto) y el tándem compuesto por Elena Martín Gimeno y Sandra Romero, directoras de El castillo, serie creada por Isabel Peña y Eduardo Villanueva que cuenta en su elenco con Raúl Arévalo, Valentina Vidal, Omar Ayuso y Laia Marull. Además, Zoe Bonafonte, Manuela Calle y Adelfa Calvo acompañarán al director Daniel Monzón (Ruega por nosotras) y Antonio de la Torre y Patricia López Arnaiz harán lo propio con David Pérez Sañudo (Sacamantecas). Fernando Trueba mostrará Bajañi con Niño Josele y Más allá de la sociedad estará representada por sus cocreadores, el director Carlos Torres y el productor J.A. Bayona, además del actor Enzo Vogrincic.
En New Directors Oriol Pla y Marina Salas acompañarán a Javier Giner en su debut en el largometraje, Esta soledad, mientras que Jaime Lorente, director de El mal hijo, acudirá con Miguel Ángel Puro, Susi Sánchez y Hugo Arbués. Zabaltegi-Tabakalera contará con la presencia de la directora Meritxel Colell Aparicio (Lejos de los árboles); Isaki Lacuesta (Jaleos), a quien acompañará la cantante Soleá Morente, y Oskar Alegría (HAMALAU gau). La bola negra, la película de Javier Calvo y Javier Ambrossi programada en Perlak, contará con las presencias de Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau, Carlos González, Milo Quifes, Lola Dueñas y Penélope Cruz, que también actúa en The Invite, mientras que Andrea Ros y Patrick Criado estarán en el Velódromo con Aritz Moreno, director de Karateka.
El director Albert Serra regresará a San Sebastián para inaugurar Made in Spain con Seize moments de ma vie / Sixteen Moments of My Life. En la sección también participarán la directora Laura García Alonso y la actriz Alba Sáez (Corredora); la intérprete y directora Aina Clotet (Viva); Carolina Yuste y Afioco Gnecco, que han dirigido y protagonizado Este cuerpo mío; cineastas como Bárbara Farré (Mala bestia), Marta Matute (Yo no moriré de amor) e Ian de la Rosa (Iván & Hadoum), además de Carlo Padial (Pizza Movies), que contará con Berto Romero y Judit Martín; Cristina Diz y Stefan Butzmühlen (Die gäste / The Guests), con Greta Fernández, Jan Bülow y Eduard Fernández; y Víctor García León (Altas capacidades), con Marian Álvarez. Además, Isabel Coixet presentará Tre ciotole / Tres adioses y Júlia de Paz, La buena hija.
En Klasikoak, el cineasta Jaime Chávarri acompañará el pase de El desencanto (1976), 50 años después de que la película se retirase de la programación del Festival. Las Galas RTVE contarán, entre otros, con José Mota, director y protagonista de Arriba tutto, en la que también actúan Karra Elejalde y Olivia Molina; José Corbacho, autor de Burundanga, con Adriana Torrebejano, Carol Rovira y Marcel Borras, entre otros intérpretes; y Manuel Menchon Romero, director de La voz quebrada, una no ficción que cuenta con las voces de Álvaro Morte y Pedro Casablanc. Además, la actriz Carmen Machi recibirá el Premio Nacional de Cinematografía.
En Zinemira, la inauguración correrá a cargo de Inurri itsuak (Las ciegas hormigas), a cuyo director, Igor Legarreta, acompañarán Urko Olazabal, Itziar Ituño y Josean Bengoetxea. En la sección también participarán cineastas como Nitya López (Simulacro), respaldado por Iraia Elias y Miguel Garcés; Arantxa Aguirre (Un tal Karlos), que contará con el chef y presentador Karlos Arguiñano, y Jabi Elortegi (Gatibu, agur esan barik), a quien acompañará el líder del grupo Gatibu Alex Sardui y el batería Gaizka Salazar.
La música volverá a adueñarse del Velódromo, donde Ander Merino Etxebeste y Fermin Muguruza presentarán Muguruza FM 40 Tour, mientras que Klasikoak proyectará la copia restaurada de Ander eta Yul, dirigida por Ana Díez.
Taylor está a punto de salir de prisión en libertad condicional tras pasar más de diez años encerrado. Lo único que tiene que hacer para lograrlo es no meterse en problemas durante una semana. Sin embargo, cuando le asignan como compañero de celda a un problemático preso llamado Dee, su oportunidad de ser libre corre peligro.
El director Cal McMau nos lleva al brutal mundo carcelario de Inglaterra a través de la visión de los guionistas Hunter Andrews y Eoin Doran. Se trata de un ambiente hostil al que se añade un nuevo elemento: la tecnología.
Mediante el uso de dos relaciones de aspecto distintas, tenemos dos puntos de vista dentro de la historia: el nuestro como espectadores y el de los propios presos, gracias al papel tan importante que la película concede a los teléfonos inteligentes. Esta alternancia se convierte en una herramienta narrativa bastante curiosa. El recurso aporta a la película una visión única y muestra cómo prácticamente todos los presos están completamente insensibilizados ante la violencia. Incluso se regodean en ella.
El personaje de Taylor, interpretado por David Jonsson, es el centro sobre el que gira toda la película. Taylor lleva una década en prisión y se le presenta la oportunidad de salir por fin en libertad condicional. Jonsson interpreta a un personaje muy perjudicado y cohibido, que se deja amedrentar y carece de esperanza hasta el momento en el que recibe la noticia. Salir significa poder ver por fin a su hijo, que ha crecido sin él.
Hombres de acero ofrece una nueva mirada al mundo carcelario y presenta una visión única mediante el uso de la tecnología como elemento narrativo.
Tras la trágica muerte de su esposo, Alice viaja a una casa aislada para reunirse con su familia política en una comida en su memoria. Lo que debía ser un encuentro de duelo se transforma en una pesadilla claustrofóbica cuando tensiones no resueltas desatan una fuerza demoníaca que posee a los presentes, convirtiendo la vivienda en una trampa sin salida.
La situación parece la típica dinámica que el cine de posesiones ha repetido durante décadas. Un grupo de personas atrapadas en una localización aislada defendiéndose de una infección sobrenatural. Sin embargo, Vaniček utiliza precisamente esa estructura de reencuentro fallido para darle la vuelta poco a poco.
Todo cambia cuando nos damos cuenta de que el verdadero peligro no son solo las entidades que gritan desde las sombras, sino los propios lazos de sangre corrompidos.
La película utiliza el elemento sobrenatural y la mitología de la saga para acercarse a algo bastante más incómodo. Poco a poco queda claro que el centro de la historia no es la magia negra ni la aparición de reliquias antiguas. Es el miedo al dolor familiar y a la toxicidad heredada. Cuando las puertas de la casa se cierran y la locura se contagia entre los comensales, la vivienda deja de sentirse como un espacio de recogimiento para convertirse en una ratonera emocional.
Al final, la película funciona como una mirada bastante clara a nuestra propia fragilidad ante la pérdida. Sugiere de forma muy inteligente que los peores monstruos a menudo se alimentan de los secretos que intentamos esconder a quienes se supone que más nos quieren.
A medida que la posesión avanza y las mutaciones se extienden, las decisiones desesperadas que toman para intentar sobrevivir los unos a los otros terminan convirtiéndose en uno de los motores principales y más dramáticos de la cinta.
Aunque estemos ante una maldición demoníaca, el verdadero terror aparece en algo mucho más cercano. La idea de que la familia que debería protegerte tras una tragedia pueda convertirse en tu peor pesadilla. Ahí es donde la película encuentra gran parte de su fuerza. Porque detrás del festival de sangre y de los elementos clásicos de la franquicia, Sébastien Vaniček construye algo que funciona sorprendentemente bien.
Jérémy y Bouna se conocen en una cancha de baloncesto: ambos son jugadores retirados y tienen una pasión común por el deporte, así que pronto empiezan a pensar cómo poner eso al servicio de sus carreras.
La idea es convertirse en agentes de deportistas incipientes pero en cuanto uno de ellos despunta, se lo llevan otros con más experiencia y tablas en la NBA. En pocas palabras, son dos desconocidos aunque pueden ofrecer dos factores diferenciales: un trato mucho mucho más cercano y una lengua común.
Estamos ante una película con mensajes positivos sobre la resiliencia, la amistad, la perseverancia y el trabajo duro. El sueño americano es una película de las que tienen mucho más calado que otras que se estrenan con fuerte campaña de promoción y además están ancladas en la realidad.
Está tras ella el cineasta Anthony Marciano que hace honor a su apellido y a veces no parece de este planeta, simplemente por la forma tan humana de componer a unos personajes entrañables de los que te enamoras desde un primer instante porque son falibles, tridimensionales y derrochan una simpatía singular. Es fácil empatizar con ellos e incluso identificarse con lo que les ocurre.
Una de las razones es que tienen referentes reales sólidos: Bouna Ndiaye y Jérémy Medjana, dos soñadores que pelearon con uñas y dientes para convertirse en los agentes franceses más influyentes de la NBA después de un larguísimo periplo tratando de hacer su negocio viable y de endeudarse hasta las cejas para lograrlo, poniendo en jaque incluso sus relaciones personales.
Tras una tragedia familiar, los hermanos Ella y Charlie parten junto a su padre en un viaje que los lleva a descubrir paisajes desconocidos y nuevas experiencias. A medida que avanzan, enfrentan desafíos que ponen a prueba su vínculo familiar y su capacidad de adaptación.
Ella empieza a percibir que la realidad no siempre coincide con las apariencias y que detrás de cada encuentro y cada lugar se esconden secretos y lecciones inesperadas. La aventura se convierte así en un camino de crecimiento, comprensión y descubrimiento personal para toda la familia.
Sorprende la fuerza de este duro film en que apenas pasa nada, pero pasa todo. Webley, director de cortos y reportajes publicitarios, exhibe una gran sensibilidad al sugerir los sentimientos de los tres personajes principales, el padre con su cruz a cuestas, la niña, más madura, que intuye algo, y el niño despreocupado, para el que ese viaje es nada más ni nada menos que una aventura.
La película tiene trazos impresionistas, se compone el viaje de pequeñas experiencias gozosas pasadas juntos en familia, donde los tristes ojos de Martin lo dicen todo, está tratando de arrebatar al tiempo ratos de dicha que pronto serán, quizá, sólo un recuerdo.
El cineasta atrapa sensaciones inefables con el modo en que une los planos o según transcurren las conversaciones, unos fuegos artificiales en el cielo o la devolución de un artículo en el supermercado, los tickets de beneficencia se están agotando, dicen mucho, aunque no lo parezca. No se puede hablar mejor del desgarro interior con tanta sobriedad.
Fernando (Isaac Hernández), un joven bailarín de ballet mexicano, sueña con el reconocimiento internacional y una vida en Estados Unidos. Creyendo que le apoyará su amante Jennifer (Jessica Chastain), una filántropa de la alta sociedad, lo deja todo atrás. Sin embargo, ella hará lo que sea para proteger el futuro de ambos y la vida que ha construido.
Los McCarthy, el patriarca Michael, y sus dos hijos Jennifer y Jack, están al frente de una fundación de mecenazgo de las bellas artes, todas las disciplinas encuentran su respaldo. Así, una academia de ballet e México cuenta con su padrinazgo. Precisamente el talentoso bailarín Fernando Rodríguez se forma allí, y ha iniciado una tórrida relación con Jennifer. Cuando intenta hacer realidad su sueño americano y cruza ilegalmente la frontera, continúa la relación, pero en secreto, Jennifer cree que su familia no lo entendería, y que dañaría irremediablemente su imagen. Esto hiere al sensible Fernando, que la abandona, pero ella se empeña en seguir con él.
El obvio propósito de Franco consiste en denunciar las trabas que encuentran los foráneos que tratan de afincarse en Estados Unidos, y las diferencias de clase, xenofobia y discriminación que padecen los hispanoamericanos por parte de los ricos y pudientes blancos.
En el film hay escenas de danza y ballet, los duros ensayos, pero en realidad aquello parece más bien una metáfora de los talentos y el valor de una persona, poseídos independientemente de su raza, que poco tienen que hacer frente a la azarosa situación de haber nacido en una cuna privilegiada, es más, pueden quedar hechos fosfatina, si algún desaprensivo se pone a ello.
Astrid Thompson está a punto de alcanzar lo imposible y hacer realidad el gran sueño de la vida de su padre: reunir cuatro legendarios violines Stradivarius para un único e histórico concierto que mantiene en vilo a los amantes de la música de todo el mundo. Sin embargo, la magia de los instrumentos se topa de frente con la cruda realidad humana. Lise, George, Peter y Apolline, los cuatro virtuosos de renombre internacional contratados para la ocasión, resultan ser una combinación explosiva.
Incapaces de tocar una sola nota en sintonía, las partituras vuelan y los ensayos se convierten en un campo de batalla donde los choques de ego, las excentricidades y las rivalidades del pasado amenazan con arruinar el evento antes de que empiece.
Con el tiempo en contra, la prensa encima y el prestigio de su familia pendiendo de un hilo, Astrid se ve obligada a tomar una decisión desesperada. Deberá localizar y convencer al único hombre capaz de poner orden en ese caos: Charlie Beaumont, el brillante pero huraño compositor de la partitura. El problema es que Charlie lleva años retirado del mundo, y obligarlo a lidiar con cuatro divos de la música clásica será una hazaña casi tan difícil como afinar los propios Stradivarius.
Lo que comienza como un ambicioso proyecto musical acaba convirtiéndose, sobre todo, en una historia sobre las dificultades de convivir, escuchar y trabajar con los demás. De este modo, la película construye un relato que trasciende el ámbito de la música clásica para hablar de las relaciones humanas. Todos los artistas poseen unas cualidades musicales extraordinarias, pero pronto queda claro que la excelencia individual no basta cuando el objetivo exige colaboración. El principal obstáculo no es la falta de capacidad, sino el peso del ego, las diferencias de carácter y la dificultad de comprender al otro.
Los músicos ofrece una reflexión sencilla, pero valiosa, sobre la cooperación, la escucha y la necesidad de dejar a un lado el ego para construir algo verdaderamente bello. Sin grandes sorpresas narrativas, encuentra precisamente en esa humanidad cotidiana su principal virtud y recuerda que algunas de las mejores obras solo pueden surgir cuando el talento individual se une al de los demás.
Koji, un taxista de Tokio con problemas económicos, acepta el encargo de llevar a Sumire, una mujer japonesa de 85 años, a la residencia donde vivirá a partir de ahora. Durante el trayecto, el conductor la acompaña por distintos lugares de la ciudad marcados por los recuerdos de la anciana. A medida que avanzan por Tokio, ambos compartirán confesiones, heridas y momentos de vida que les llevarán a crear un vínculo inesperado.
La película es un remake de Driving Madeleine (Christian Carion, 2022), en la que un taxista parisino y una anciana recorrían París antes de que ella ingresara en una residencia. Yamada traslada la historia a Tokio pero lo esencial permanece: la ciudad que archiva y desencadena las memorias; la necesidad de la anciana de reafirmar su identidad compartiendo su historia, buscando distracciones y excusas porque se dirige a un sitio donde no quiere ir. Ella se aferra a la vida que tuvo, reforzando su identidad y sus recuerdos, mientras se dirige hacia una residencia que la convertirá en una anciana más. Se mira en su pasado porque su futuro se estrecha.
En Un taxi en Tokio no parece que los planes de la pasajera estén demasiado definidos, en consecuencia, los recuerdos van naciendo a medida que la ciudad los provoca. Es curioso ver cómo la cortesía y la distancia propias del trato entre desconocidos en Japón se van disolviendo kilómetro a kilómetro. La señora distinguida y férreamente correcta del principio se va convirtiendo en una persona con una historia única y casi improbable, con una identidad fuerte que asoma, arrolladora, entre las rendijas de su control y su elegancia.
Tokio, sus encantos y sus secretos, se van desplegando ante nuestros ojos en un remedo de la vida, comenzando por un cálido mediodía y va entrando en un melancólico atardecer y, al final, una noche cerrada. Los paisajes se van cerrando, desde una ciudad llena de posibilidades hasta un lugar del que no es posible escapar. En el último acto, el director nos indica con delicadeza cuándo Un taxi en Tokio pasa a ser un cuento, con un sutil cambio de luz que nos señala que ha llegado el momento de aceptar algo un poco mágico.
Dividida en cinco apartados: La doctora, El soldado, El traficante, El poeta y El capitán, la película entrelaza las historias de cinco desconocidos para ofrecer, dentro de la tragedia, un poderoso retrato que trasciende fronteras y habla de empatía, sacrificio, esperanza y supervivencia.
La película muestra la ciudad siria de Alepo, devastada por un interminable conflicto. Ante esa situación, una médica se ve obligada a huir de la guerra con su hija pequeña, una decisión desesperada que cambiará para siempre su destino y el de otros cuatro desconocidos, unidos más allá de las fronteras.
En su camino se cruzarán un contrabandista dispuesto a todo por salvar a su hijo; un soldado dividido entre el deber y la conciencia; un poeta en busca de un lugar al que llamar hogar, y un capitán de la guardia costera atrapado entre la ley, el deber y la compasión.
Inspirada en el cortometraje nominado al Óscar Refugee, del director, guionista y productor Brandt Andersen, La última travesía tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde recibió el Premio Amnistía Internacional.
Andersen dirige un reparto encabezado por Omar Sy, al que acompañan Yasmine Al Massri, Yahya Mahayni, Ziad Bakri, Constantine Markoulakis y Jason Beghe.
Este reparto coral da vida y credibilidad a unos personajes cuyas existencias acabarán cruzándose durante una noche decisiva en el Mediterráneo para dejarnos ante una propuesta conmovedora: un ejercicio cinematográfico contundente con un corolario que invita a la reflexión.