FORMENTERA LADY (Dir. Pau Durá), por Yolanda Aguas

Samuel (José Sacristán) llegó a la Formentera hippie de los 70 y se quedó a vivir, ganándose la vida tocando el banjo en un garito. Un día recibe la visita de su hija Anna (Nora Navas) y de su nieto Marc (Sandro Ballesteros). Desempleada desde hace tiempo, ha aceptado un trabajo en Francia que la obliga a irse sola.

Tras un primer rechazo, el viejo hippie decide hacerse cargo de su nieto, emprendiendo un viaje que le hará transitar las sombras de su paraíso acompañado de otros singulares personajes; Toni (Jordi Sánchez), Greta (Pepa Juan) y Joan (Ferran Rañé). Un viaje crepuscular que será, a su vez, esperanzador e iniciático.

Esta ópera prima de Durá tiene los elementos precisos para atraer a un público mayoritario.  Es una comedia magníficamente interpretada, especialmente por el gran José Sacristán.

Es un viaje a una época cuyos habitantes siguen añorando. Y es también una mirada generacional muy completa.  Habla del pasado, sí, pero también relata el presente más real.  El encuentro de un abuelo hippie y su nieto. Diferentes mundos, diferentes ilusiones.

Al frente de esta humilde producción está un actor inmenso. Sacristán vuelve a realizar una composición impresionante.

Gran actor, hombre inteligente y película correcta..

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NOTA: Las fotografías insertadas son propiedad de sus autores.

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NOS VEMOS ALLÁ ARRIBA (Dir. Albert Dupontel), por Yolanda Aguas

Adaptación cinematográfica de la novela homónima de Pierre Lemaitre, ganadora del prestigioso Premio Goncourt.

La trama, que se mueve entre el drama y la comedia. Se ubica en la Primera Guerra Mundial, durante el 1919. Relata cómo dos supervivientes de las trincheras, un magnífico ilustrador y el otro, un modesto contable, montan una estafa sobre los monumentos a los muertos de la guerra. En la Francia de los años veinte, el proyecto se convierte en algo tan peligroso como espectacular.

Es una película en la que destaca la amistad de los dos actores protagonistas. Dos personajes que preparan una venganza contra Francia. Un país que resalta los muertos en la guerra pero se olvida de los supervivientes, según el guión-novela. Se describe en la historia a una sociedad que desprecia aquellos soldados que no murieron durante la guerra.  También es una reflexión que llega a los personajes que protagonizan la trama, desde los cuales se crea una crítica social. De hecho, a pesar de ubicarse en la Gran Guerra, el director Dupontel, quien también aparece entre los papeles protagonistas, cuando leyó el libro vio como todos los personajes eran de una modernidad desconcertante. En medio la trama aparece una pequeña minoría codiciosa y avariciosa que domina el mundo, que según el director podrían ser las multinacionales actuales.

Nos vemos allá arriba es una historia singular; comienza con una absurda y épica carga el último día de la guerra, pocas horas antes de que se firmara el armisticio. El resultado marca a tres supervivientes: el malvado teniente Henri d’Aulnay-Pradelle, que ordenó el ataque; el pobre Albert Maillard, contable, que se dio cuenta de la maniobra de su teniente; y el desgraciado Édouard Péricourt, hijo de un importante industrial, buen dibujante, que quedó desfigurado al salvar a Albert. De las trincheras a los hospitales y de allí a París, donde la vida continúa y comienza la belle époque, con sus lujos, bailes, corruptelas y patriotismo exaltado; para algunos no es tan bella. Édouard, desfigurado, se oculta, se hace pasar por muerto y concibe una divertida y singular venganza contra todos los que le hicieron mal.

Nos vemos allá arriba obtuvo 12 nominaciones a los premios César del cine francés y ganó cinco. Dentro de sus muchos méritos, destaca por la ambientación, el diseño y la fotografía. El director favorece en todo momento largos planos secuencia. Un soberbio arranque por las trincheras, uniformes, armas… da paso a unos hospitales de campaña, a unas mansiones y a unos salones en los que no hay fallo alguno.

Todos los detalles son perfectos y armonizan perfectamente. A ello hay que añadir el tratamiento del color, para destacar que se trata de una historia de época. La fotografía, el vestuario y los decorados fueron galardonados.  La historia, premio al guion adaptado, tiene un tono desenfadado que evita caer en el pesimismo y la negrura que tienen los temas tratados: las matanzas gratuitas, los heridos y mutilados, las corruptelas y los arribistas, la desmovilización, y siempre –sello de Dupontel– el tono social y el toque anticapitalista. Dupontel consigue mantener todo el tiempo ese raro equilibrio que funciona de maravilla y le valió el César al mejor director.

Del reparto cabe destacar a Nahuel Pérez –premio César por otra película–, que, embozado y mudo, tiene una extraordinaria presencia y una mirada expresiva que vale por cualquier discurso.  La historia cuenta también con una serie de personajes secundarios interesantes, que han sido muy bien trabajados: el padre de Édouard, su hermana, la criada Pauline, la niña…

Un estreno interesante en meses de verano, algo que no suele ser habitual.

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NOTA: Las fotografías oficiales insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

ROBERT CAPA (En color y con el cine), por Yolanda Aguas

Con cierto retraso desde su inauguración, visité ayer la exposición que CaixaForum Zaragoza dedica al gran fotoperiodista Robert Capa. En ella se pueden ver diferentes temáticas, todas muy interesantes, que componen la obra de este prestigioso fotógrafo.

En 1938 empezó a hacer fotos en color, en 1941 a publicarlas y en 1943 tiró la toalla ante la resistencia de los editores y las exigencias de Kodak que como sucede con la fórmula de la Coca-Cola, durante años obligó a que se le enviaran los carretes para devolverlos revelados con tal de no descubrir los secretos de su patente.

Cynthia Young, comisaria de la exposición, aseguró durante la presentación en España,  que esta selección de un centenar y medio de fotografías de los años cuarenta y cincuenta sirve para acabar con varios mitos, como el que considera un sacrilegio relacionar al mítico autor de Muerte de un miliciano con la fotografía en color.

También explicó que, en sus primeros años, el color exigía una velocidad baja de disparo y que fotografías como la de un grupo de soldados que desde un buque dejan perder su mirada ante las orillas de África, listos para marchar al frente, durante la Segunda Guerra Mundial, mientras la brisa despeina sus flequillos, tuvieron que estar muy meditadas.

Hasta ahora ninguna retrospectiva de Capa ha incluido el color y la mayor parte de las fotos reunidas en esta exposición se quedaron sin publicar en su día, de ahí que Young haya explicado que en el momento de abrir las cajas que conservaban estos negativos la sorpresa fue mayúscula por la calidad de las imágenes. Unas imágenes que confirman que el hombre que desembarcó en Normandía y perdió a su mujer en Brunete nunca fue un fotógrafo pasivo y siempre estuvo en la vanguardia; no solo en la batalla, también en la técnica.

Otro mito es que Capa no fue un fotógrafo técnico, afirmación que echa por tierra el virtuosismo de estas imágenes, o de que no fuera estético sino emocional, un intuitivo disparando para atrapar el instante -lo que desmiente que se metiera en el agua del mar junto a Picasso para inmortalizar al genio como un simple mortal, disfrutando de los chapoteos de su nieto, desnudo entre sus brazos-. “Siempre en la vanguardia” Young ha recordado que The New York Times no cedió su primera página al color hasta 1997, lo que da muestra de la visión de Capa en mostrar la guerra en toda su crudeza, para lo cual, consideró tempranamente, ayudaba el color.

El mundo del celuloide está muy presente en la exposición. Ava Gadner, H. Bogart, Orson Welles, Jeffrey Hunter, Anna Magnani, Ingrid Bergman…  Todas estas celebridades están presentes.  Truman Capote, Pablo Picasso…  genios a los que Capa también atrapó con su cámara.

Una gran exposición, no duden en ir a verla.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

HIROKAZU KORE-EDA (Premio Donostia 2018), por CineT Farö.

En la 66 edición del Festival de San Sebastián un Premio Donostia reconocerá la trayectoria de Hirokazu Kore-eda

La ceremonia de entrega, que tendrá lugar en el Teatro Victoria Eugenia, se completará con la proyección de “Manbiki kazoku / Shoplifters (Un asunto de familia)”, Palma de Oro en Cannes 2018

El director japonés, el primer cineasta asiático en recibir este reconocimiento, ha competido cuatro veces en la Sección Oficial y ha obtenido en dos ocasiones el Premio del Público.

El Premio Donostia reconocerá, en la 66 edición del Festival de San Sebastián, la contribución al mundo del cine del director japonés Hirokazu Kore-eda (Tokio, 1962). Kore-eda es el primer realizador asiático que recibe el galardón honorífico más importante del Festival. La ceremonia de entrega del premio, que tendrá lugar en el Teatro Victoria Eugenia, se completará con la proyección de Manbiki kazoku / Shoplifters (Un asunto de familia), que fue reconocida con la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes.

La programación de Un asunto de familia, como Proyección Especial Premio Donostia, supondrá la décima participación de Kore-eda en San Sebastián tras competir en la Sección Oficial con Wandafuru raifu / After Life(1998), Hana yori mo naho / Hana (2006), Aruitemo auritemo / Still Walking (2008) y Kiseki / I Wish (Milagro, 2011), que obtuvo el premio al mejor guion, la selección en la sección Zabaltegi Especiales de Nochi-no-hi / The Days After (2011) y en Perlak de Soshite chichi ni naru / Like Father, Like Son (De tal padre, tal hijo, 2013), Umimachi Diary / Our Little Sister (Nuestra hermana pequeña, 2015), Umi yori mo mada fukatu / After the Storm(Después de la tormenta, 2016) y Sandome no satsujin / The Third Murder (El tercer asesinato, 2017).

Nacido en 1962 en Tokio, Hirokazu Kore-eda se graduó en la Universidad de Waseda en 1987 e inició su carrera en el seno de la compañía de producción televisiva TV Man Union, para la que dirigió varios documentales. Debutó en el cine en 1995 con Maboroshi no hikari / Maborosi, una ópera prima que adaptaba una novela de Teru Miyamoto y en la que ya afirmaba el estilo y temas que han sido recurrentes en su obra, como las relaciones familiares y el vacío provocado por la desaparición de los seres queridos. La película obtuvo la Osella de Oro en la 52 edición del Festival de Venecia y Kore-eda fue reconocido rápidamente como uno de los más prometedores cineastas que, en la década de los 90, estaban llevando a cabo una importante renovación creativa del cine japonés. Su segunda película, Wandafuru raifu / After Life (1998), una original fusión de cine fantástico con técnicas documentales, no hizo sino confirmar su talento tras su estreno en el Festival de San Sebastián. El Festival de Cannes acogió sus siguientes trabajos: Distance (2001), una poética indagación acerca del atentado perpetrado en 1995 por la secta Aum Shinrikyo, fue seleccionada para competir en la Sección Oficial, mientras que su primera y bella incursión en el mundo de la infancia, Dare mo shiranai / Nobody Knows (Nadie sabe, 2004), le valió a uno de sus protagonistas, Yagira Yuya, el Premio al Mejor Actor.

Aunque Kore-eda es uno de los grandes cronistas de la vida en el Japón contemporáneo, con Hana yorimo naho / Hana (2006) realizó una incursión en el cine histórico y las películas de samuráis, aunque siempre desde una óptica muy personal que rompía las convenciones del género con su mensaje humanista. Esta película compitió en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, al igual que su emotivo retrato de las relaciones familiares  Aruitemo auritemo / Still Walking (2008). Kûki ningyô / Air Doll (2009), que tuvo su premiere en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, supuso otro sorprendente giro en su carrera al narrar una historia de ciencia-ficción que nunca perdía de vista la eterna preocupación del director por los sentimientos humanos. En los últimos años, Kore-eda ha seguido privilegiando su interés por la familia y la infancia, a través de una serie de sensibles dramas acerca de la memoria, la pérdida y la agridulce experiencia que supone el simple hecho de vivir, todos ellos estrenados en festivales internacionales: Kiseki / I Wish (Milagro, 2011), por la que obtuvo el Premio al Mejor Guión en el Festival de San Sebastián; Soshite chichi ni naru / Like Father, Like Son (De tal padre, tal hijo, 2013) y Umimachi Diary / Our Little Sister (Nuestra hermana pequeña, 2015)¸ que tuvieron ambas su premiere en la Sección Oficial del Festival de Cannes; Umi yori mo mada fukatu / After the Storm (Después de la tormenta, 2016), presentado en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes; y el drama judicial Sandome no satsujin / The Third Murder (El tercer asesinato, 2017), que compitió en el Festival de Venecia.

A lo largo de su trayectoria Kore-eda también ha ejercido la función de productor, apoyando los trabajos de nuevos talentos del cine japonés: Hebi ichigo  / Wild Berries (2003) de Miwa Nishikawa, Kakuto de Yusuke Iseya (presentada en el Festival de Rotterdam), Beautiful Islands (2009) de Tomoko Kana, Ending Note: Death Of A Japanese Salesman (2011) de Mami Sunada (que fue seleccionada para la sección New Directors del Festival de San Sebastián), Anohi – Fukushima ha ikiteiru / That Day – Living Fukushima (2012) de Kohei Imanaka y el film colectivo Ten Years Japan (2018).

Hirokazu Kore-eda siempre ha sido uno de los cineastas más queridos por los espectadores del Festival de San Sebastián, quienes han sabido apreciar la sensibilidad de unos relatos capaces de trascender fronteras geográficas y culturales para hablarnos de valores universales. Es por ello que tanto De tal padre, tal hijo como Nuestra hermana pequeña recibieron el Premio del Público en San Sebastián. 

El reconocimiento a Kore-eda continúa la línea de los premios del Festival de San Sebastián a grandes artistas del mundo cinematográfico cuya obra, como el caso el año pasado de Agnès Varda, merece ser remarcada.

PROYECCIÓN ESPECIAL PREMIO DONOSTIA, en el Teatro VICTORIA EUGENIA

MANBIKI KAZOKU / SHOPLIFTERS (UN ASUNTO DE FAMILIA)

HIROKAZU KORE-EDA (JAPÓN)

Después de uno de sus habituales hurtos, Osamu y su hijo encuentran a una niña en la calle aterida de frío. Al principio, la esposa de Osamu no quiere que se quede con ellos, pero acaba apiadándose de ella. A pesar de sobrevivir con dificultades gracias a pequeños robos, la familia es feliz, hasta que un incidente imprevisto revela un secreto que pone a prueba los lazos que les unen.

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NOTAS:

Las fotografías de Hirokazu Kore-eda durante su presencia en el Festival I. Cine de San Sebastián, son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

Las fotografías de Hirokazu Kore-eda “en línea” con los años de su participación, son propiedad de #SSIFF, así como el texto de este artículo que procede de la web oficial del festival.

EN TRÁNSITO (Dir. Christian Petzold), por Yolanda Aguas

El prestigioso director alemán Christian Petzold, conocido por títulos magníficos como  “Phoenix” o “Bárbara”, adapta la novela de Anna Seghers escrita en 1942 en Marsella.

Segunda Guerra Mundial. En Marsella, refugiados de toda Europa embarcan rumbo a América, huyendo de la ocupación nazi. Entre ellos, el joven alemán Georg, suplanta la identidad de un escritor muerto para utilizar su visado, que le garantiza refugio en México. En Marsella se enamora de Marie, una joven que busca desesperadamente al hombre a quien ama, sin el que no está dispuesta a irse…  La película está protagonizada por Franz Rogowski (“Shooting Star” 2017) y Paula Beer (Premio Marcello Mastroianni a Mejor Actriz Emergente del Festival de Venecia y nominada a los Premios del Cine Europeo como protagonista de Frantz, dirigida por François Ozon).

El film comienza con una dedicatoria para el cineasta Harun Farocki, fallecido en 2014, coguionista en varios largos de Petzold. Esa pérdida de un colaborador tan importante en varios de sus films, parece impregnar de melancolía el tono emotivo de una historia que ya tenía suficiente tristeza desde su novela de origen.  El director no renuncia a sus inconfundibles señas de identidad. Un conflicto que en este caso directamente es comparado con la crisis de refugiados que en la actualidad asola a Europa“En tránsito” nos traslada a un futuro cercano y distópico  que bien podría volver a ser real teniendo en cuenta como está el mundo a día de hoy.

“En tránsito” también es un thriller romántico y político situado en Marsella que se articula a través de una doble capa: la historia nos es contada por la propio voz en off del protagonista, quien precisamente vive aquello que nos lee en una novela que el mismo lleva en la propia película.   En este filme emergen también los mismos ecos de “Vértigo” que encontrábamos en “Phoenix“, volviendo así al drama de tintes hitchcockianos marcado por la obsesión hacia la figura fantasmagórica de una musa y su desdoblamiento.   Christian Petzold realiza una obra que no termina siendo tan redonda como las dos citadas anteriormente. Sin embargo es un film que progresa en la memoria, a pesar de tener un ritmo que decrece en acción mientras gana en sugerencia.

El estribillo de la canción Road to nowhere del grupo norteamericano Talking Heads, es el tema musical con el que termina la película.   Escuchando los versos de la estrofa, nos deja perdidos en una carretera hacia ninguna parte, a la que nos invita a ir, para seguir caminando sin destino, solo para pasear o esperar. Los personajes quedan también en ese tránsito que se asemeja a un limbo terrenal en el que vagan actualmente los exiliados y refugiados que nadie quiere acoger.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

BASADA EN HECHOS REALES (Dir. Roman Polanski), por Yolanda Aguas

Roman Polanski es uno de esos directores que nada más pronunciar su nombre (o leerlo) arrastra consigo demasiados sentimientos encontrados.  Su categoría como cineasta (aunque irregular en los últimos años) choca frontalmente con su reputación personal por los motivos que todos conocemos.

Con todo, y dejando a un lado el tema personal, Polanski ha firmado numerosos films de indudable atractivo y que son de mención obligada: “El pianista”, “La semilla del diablo” o “La muerte y la doncella”.

Ahora se estrena su última película, “Basada en hechos reales”, adaptación de la novela de la escritora Delphine de Vigan.  La autora está interpretada en la película por Emmanuelle Seigner, y juega (a veces hábilmente) con los límites entre la ficción y la realidad como fuente de la creación literaria.

Delphine es una escritora de éxito (vender muchos libros y ser popular) que sumida en el clásico bloqueo del folio en blanco ante el inicio de su nueva obra, debe afrontar la extenuante promoción (firmas de libros, entrevistas, charlas en colegios) de la que acaba de publicar.

En una de estas firmas de libros conocerá a Elle (Eva Green), una joven escritora  fantasma (los que están detrás de algunos de esos presentadores de televisión, políticos o deportistas que de repente  firman una novela de 600 páginas o una autobiografía que arrasa en las ferias del libro) que no tardará en ganarse la confianza de Delphine y acceder a su vulnerable inseguridad.

A priori, este argumento podría haber sido interesante cinematográficamente hablando, pero no lo es.  La película está magníficamente presentada en el plano estético, pero no logra el propósito de presentarla como un thriller inquietante.  Es una película sumamente previsible.

Lo único que se salva es la maravillosa música del gran Alexandre Desplat que envuelve magníficamente cada secuencia del film.

No le acompañan al maestro Desplat ni las intérpretes (muy limitadas ambas) ni el gran oficio de Polanski.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.

 

 

EL REPOSTERO DE BERLÍN (Dir. Ofir Raul Grazier), por Yolanda Aguas

Sin duda recordarán esa magnífica película de Sidney Pollack, “Caprichos del destino”, que protagonizaron en 1999 los actores Harrison Ford y Kristin Scott-Thomas.  Es una película que suelo ver con cierta frecuencia, de ahí que su recuerdo me llegara inmediatamente cuando vi “El repostero de Berlín”.  Ambas películas tratan la ausencia del ser querido a consecuencia de su muerte trágica por un accidente.  Ambas, también, nos plantean la necesidad del consuelo entre aquello/as que le amaron al mismo tiempo.

Este filme no se queda en la mera anécdota de una relación amorosa entre dos hombres.  La verdadera historia radica en dos seres humanos (hombre y mujer) enamorados del mismo hombre  y que irremediablemente están destinados a amarse por ese lazo invisible del ser ausente.

Thomas, un talentoso pastelero de Berlín, mantiene un romance con Oren, un joven israelí que visita con frecuencia la ciudad por negocios. Cuando Oren muere en un accidente de tráfico en Israel, Thomas viaja a Jerusalén en busca de respuestas. Bajo una identidad falsa, se cuela en la vida de Anat, la viuda de su amante, que regenta una pequeña cafeteria en el centro de la ciudad.

Thomas empieza a trabajar para ella haciendo tartas y otros dulces que devuelven la vida al aburrido local, pero pronto se verá involucrado en la vida de Anat de una manera muy distinta a la prevista, por lo que, para proteger la verdad, tendrá que alargar la mentira hasta un punto de no retorno.

Lo más interesante de esta película se presenta en el contraste entre la actitud más cerrada e intolerante de los judíos que choca de manera evidente con la más abierta y liberada de prejuicios de los que no lo son.

De lo más interesante me parece observar la relación que nos presenta entre la sociedad alemana y judía.  Los protagonistas saltan por encima de esa separación histórica para vivir plenamente quiénes son y lo que quieren.

“El repostero de Berlín” es una película sobre personas que buscan llenar su vida de amor y vivirlo a pesar de todos los problemas que puedan surgir en ese propósito.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad de sus autores.