POSESIÓN INFERNAL: EN LLAMAS (Dir. Sébastien Vaniček)

Tras la trágica muerte de su esposo, Alice viaja a una casa aislada para reunirse con su familia política en una comida en su memoria. Lo que debía ser un encuentro de duelo se transforma en una pesadilla claustrofóbica cuando tensiones no resueltas desatan una fuerza demoníaca que posee a los presentes, convirtiendo la vivienda en una trampa sin salida.

La situación parece la típica dinámica que el cine de posesiones ha repetido durante décadas. Un grupo de personas atrapadas en una localización aislada defendiéndose de una infección sobrenatural. Sin embargo, Vaniček utiliza precisamente esa estructura de reencuentro fallido para darle la vuelta poco a poco.

Todo cambia cuando nos damos cuenta de que el verdadero peligro no son solo las entidades que gritan desde las sombras, sino los propios lazos de sangre corrompidos.

La película utiliza el elemento sobrenatural y la mitología de la saga para acercarse a algo bastante más incómodo. Poco a poco queda claro que el centro de la historia no es la magia negra ni la aparición de reliquias antiguas. Es el miedo al dolor familiar y a la toxicidad heredada. Cuando las puertas de la casa se cierran y la locura se contagia entre los comensales, la vivienda deja de sentirse como un espacio de recogimiento para convertirse en una ratonera emocional.

Al final, la película funciona como una mirada bastante clara a nuestra propia fragilidad ante la pérdida. Sugiere de forma muy inteligente que los peores monstruos a menudo se alimentan de los secretos que intentamos esconder a quienes se supone que más nos quieren.

A medida que la posesión avanza y las mutaciones se extienden, las decisiones desesperadas que toman para intentar sobrevivir los unos a los otros terminan convirtiéndose en uno de los motores principales y más dramáticos de la cinta.

Aunque estemos ante una maldición demoníaca, el verdadero terror aparece en algo mucho más cercano. La idea de que la familia que debería protegerte tras una tragedia pueda convertirse en tu peor pesadilla. Ahí es donde la película encuentra gran parte de su fuerza. Porque detrás del festival de sangre y de los elementos clásicos de la franquicia, Sébastien Vaniček construye algo que funciona sorprendentemente bien.

Una película APTA para los amantes del género.

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NOTA: La fotografía publicada en este artículo es propiedad de sus autores.

DREAMS (Dir. Michel Franco)

Fernando (Isaac Hernández), un joven bailarín de ballet mexicano, sueña con el reconocimiento internacional y una vida en Estados Unidos. Creyendo que le apoyará su amante Jennifer (Jessica Chastain), una filántropa de la alta sociedad, lo deja todo atrás. Sin embargo, ella hará lo que sea para proteger el futuro de ambos y la vida que ha construido.

Los McCarthy, el patriarca Michael, y sus dos hijos Jennifer y Jack, están al frente de una fundación de mecenazgo de las bellas artes, todas las disciplinas encuentran su respaldo. Así, una academia de ballet e México cuenta con su padrinazgo. Precisamente el talentoso bailarín Fernando Rodríguez se forma allí, y ha iniciado una tórrida relación con Jennifer. Cuando intenta hacer realidad su sueño americano y cruza ilegalmente la frontera, continúa la relación, pero en secreto, Jennifer cree que su familia no lo entendería, y que dañaría irremediablemente su imagen. Esto hiere al sensible Fernando, que la abandona, pero ella se empeña en seguir con él.

El obvio propósito de Franco consiste en denunciar las trabas que encuentran los foráneos que tratan de afincarse en Estados Unidos, y las diferencias de clase, xenofobia y discriminación que padecen los hispanoamericanos por parte de los ricos y pudientes blancos.

En el film hay escenas de danza y ballet, los duros ensayos, pero en realidad aquello parece más bien una metáfora de los talentos y el valor de una persona, poseídos independientemente de su raza, que poco tienen que hacer frente a la azarosa situación de haber nacido en una cuna privilegiada, es más, pueden quedar hechos fosfatina, si algún desaprensivo se pone a ello.

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LA ÚLTIMA TRAVESÍA (Dir. Brandt Andersen)

Dividida en cinco apartados: La doctora, El soldado, El traficante, El poeta y El capitán, la película entrelaza las historias de cinco desconocidos para ofrecer, dentro de la tragedia, un poderoso retrato que trasciende fronteras y habla de empatía, sacrificio, esperanza y supervivencia.

La película muestra la ciudad siria de Alepo, devastada por un interminable conflicto. Ante esa situación, una médica se ve obligada a huir de la guerra con su hija pequeña, una decisión desesperada que cambiará para siempre su destino y el de otros cuatro desconocidos, unidos más allá de las fronteras.

En su camino se cruzarán un contrabandista dispuesto a todo por salvar a su hijo; un soldado dividido entre el deber y la conciencia; un poeta en busca de un lugar al que llamar hogar, y un capitán de la guardia costera atrapado entre la ley, el deber y la compasión.

Inspirada en el cortometraje nominado al Óscar Refugee, del director, guionista y productor Brandt Andersen, La última travesía tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde recibió el Premio Amnistía Internacional.

Andersen dirige un reparto encabezado por Omar Sy, al que acompañan Yasmine Al Massri, Yahya Mahayni, Ziad Bakri, Constantine Markoulakis y Jason Beghe.

Este reparto coral da vida y credibilidad a unos personajes cuyas existencias acabarán cruzándose durante una noche decisiva en el Mediterráneo para dejarnos ante una propuesta conmovedora: un ejercicio cinematográfico contundente con un corolario que invita a la reflexión.

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OMAHA (Dir. Cole Webley)

Tras una tragedia familiar, los hermanos Ella y Charlie parten junto a su padre en un viaje que los lleva a descubrir paisajes desconocidos y nuevas experiencias. A medida que avanzan, enfrentan desafíos que ponen a prueba su vínculo familiar y su capacidad de adaptación.

Ella empieza a percibir que la realidad no siempre coincide con las apariencias y que detrás de cada encuentro y cada lugar se esconden secretos y lecciones inesperadas. La aventura se convierte así en un camino de crecimiento, comprensión y descubrimiento personal para toda la familia.

Sorprende la fuerza de este duro film en que apenas pasa nada, pero pasa todo. Webley, director de cortos y reportajes publicitarios, exhibe una gran sensibilidad al sugerir los sentimientos de los tres personajes principales, el padre con su cruz a cuestas, la niña, más madura, que intuye algo, y el niño despreocupado, para el que ese viaje es nada más ni nada menos que una aventura.

La película tiene trazos impresionistas, se compone el viaje de pequeñas experiencias gozosas pasadas juntos en familia, donde los tristes ojos de Martin lo dicen todo, está tratando de arrebatar al tiempo ratos de dicha que pronto serán, quizá, sólo un recuerdo.

El cineasta atrapa sensaciones inefables con el modo en que une los planos o según transcurren las conversaciones, unos fuegos artificiales en el cielo o la devolución de un artículo en el supermercado, los tickets de beneficencia se están agotando, dicen mucho, aunque no lo parezca. No se puede hablar mejor del desgarro interior con tanta sobriedad.

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LA SONRISA DEL MAL (Dir. Paolo Strippoli)

Remis es un pequeño pueblo enclavado en un valle aislado en las montañas. Sus habitantes son excepcionalmente felices. Parece el destino perfecto para el nuevo profesor de educación física Sergio Rossetti, atormentado por un pasado misterioso. Al poco tiempo de llegar, el profesor descubre que tras esta aparente serenidad se esconde un ritual inquietante: una noche a la semana, los aldeanos se reúnen para abrazar a Matteo Corbin, un adolescente capaz de absorber el dolor ajeno. El intento de Sergio por salvar al joven despertará el lado oscuro de la comunidad.

El desarrollo de esta película es más cercano al cine dramático independiente que a otra cosa, pero consigue ser benevolente con el género y terminar plasmando su idea sumergiéndote en un relato que no se aleja en exceso del terror clásico y sobre todo con un marcado aire de pesadilla.

Son más que claros los componentes que remiten a la literatura de Stephen King, ya no solo por la naturaleza sobrenatural que maneja, sino por el entramado de personajes y la ubicación donde se desarrolla la trama.

El filme es técnicamente potente, ya que experimenta en no pocas ocasiones con planos aberrantes, tomas en holandés o desenfoques locos que le aportan dinamismo visualmente y sienta las bases definitivas para acabar de transformar un drama familiar en una oscura propuesta de terror encubierto. 

Su duración de dos horas parecerte demasiado, sobre todo hacia el tramo del desenlace, donde todo parece enmarañarse en exceso. Con todo, no pierde el ritmo y cierra de forma sorprendente un relato que debemos dejar reposar durante varias horas o días para comenzar a sacar conclusiones sobre la intriga que plantea.

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MOVIDA CELESTIAL (Dir. Aziz Ansari)

Gabriel (Keanu Reeves), un ángel bienintencionado, pero bastante inepto, baja a la Tierra con el propósito de ayudar a Arj (Aziz Ansari), un organizador de conciertos en apuros y Jeff (Seth Rogen), un rico inversor de capital riesgo. Aunque las intenciones del angelical Gabriel son buenas, las consecuencias de sus actos no serán las esperadas… 

El actor y director explora no solo las diferencias entre clases en la América moderna, sino también el amor en una sociedad en colapso, el disfrute de las pequeñas cosas y las amistades inesperadas. Todo ello, tapizado con el toque surrealista de un ángel torpe que, queriendo hacer el bien, la lía sin remedio. El resultado es amable y arriesgado a su manera, sí, pero también inevitablemente errado en su discurso.

El de Ansari es el guion escrito por alguien que quiere poner su granito de arena para ayudar a que la sociedad sea más igualitaria, pero que hace mucho tiempo que vive en situación de privilegio. Tiene muy buenas intenciones al retratar las desgracias de su protagonista, un rider cuya vida no merece la pena ser vivida, pero entre la comedia no se cuela la sinceridad: cree saber de lo que está hablando, pero realmente es un discurso simple y bonachón de quien nunca ha vivido nada similar y vende soluciones simples a problemas complejos.

Ansari peca de ingenuidad, especialmente en su tramo final, pero pese al mensaje naíf es siempre divertido y afable gracias al fantástico timing cómico de Seth Rogen y, sobre todo, de un sorprendente Keanu Reeves que lleva la película sobre sus hombros.

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COUTURE (Alta costura) (Dir. Alice Winocour)

En plena vorágine de la Semana de la Moda de París, se entrecruzan los caminos de tres mujeres, que lidian con las tragedias del mundo y los interrogantes de sus vidas: a Maxime, una directora de cine estadounidense en la cuarentena, le diagnostican cáncer; Ada, una joven modelo de Sudán del Sur, escapa de un futuro marcado para terminar en un entorno frívolo, y Angèle, maquilladora francesa que trabaja entre bambalinas en los desfiles, sueña con cambiar de vida.

Maxime (Angelina Jolie), directora de cine de terror independiente, Ada (Anyier Anei), aspirante a modelo, y Angèle (Ella Rumpf), maquilladora freelance con aspiraciones a escribir. La película está dirigida y escrita por Alice Winocour  y tuvo su premiere española en el pasado Festival Internacional de Cine de San Sebastián. 

Coproducción entre Francia y EE.UU donde Winocour filma la moda no como mero decorado, sino como un ecosistema humano: talleres, pasarelas, jerarquías, cuerpos, miradas y silencios.

Angelina Jolie encarna a una directora de cine de terror que colabora con una firma de alta costura encargándose del apartado visual de su desfile durante la Semana de la Moda de París. Maxine, el personaje de Jolie, viaja desde Los Ángeles hasta la capital francesa para ponerse tras las cámaras de un vídeo que apenas le ocupará tiempo. Acepta el encargo porque necesita el dinero. En pleno proceso de divorcio y con poca atención hacia su hija, recibe en París una noticia complicada: los resultados de una biopsia confirman que padece cáncer de mama.

Ada (Anvier Anei), una joven estudiante de Farmacia que ha dejado Nigeria para convertirse en modelo. Ada es el nuevo rostro de la marca para la que trabaja Maxine -el vídeo que dirige está protagonizado por ella- y se siente completamente fuera de lugar: no sabe desfilar, nunca ha llevado tacones y duda de si ese mundo es para ella.

A Maxine y Ada se suma Angèle (Ella Rumpf), una maquilladora que sueña con ser escritora. Ha presentado a una editorial la idea de un libro basado en las historias que las modelos le cuentan mientras las maquilla, pero los primeros textos no han tenido una respuesta positiva.

Por último, aparece una joven costurera (Garance Marillier), que está confeccionando su primer vestido, el que abrirá el desfile de la marca y que llevará Ada.

La película de Winocour no aporta grandes novedades. Hay demasiados protagonistas y poco espacio para cada uno. El resultado es un conjunto frío, sin grandes momentos de impacto.

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CASO 137 (Dir. Dóminik Moll)

Stéphanie, agente de policía de Asuntos Internos, es asignada a un caso relacionado con un joven gravemente herido durante una tensa y caótica manifestación en París. Si bien no encuentra pruebas de violencia policial ilegítima, el caso adquiere un cariz personal al descubrir que la víctima es de su ciudad natal y transformará el caso 137 en algo más que un simple número.

Bajo el liderazgo de una soberbia Léa Drucker, la nueva película de Dóminik Moll, Caso 137 (2025), configura otro interesante thriller burocrático sobre los caminos sin salida de un sistema diseñado desde su corrupción.

En una concatenación de rostros y entrevistas, la sospecha que sugiere el director de títulos como Harry, un amigo que os quiere (2000) o Solo las bestias (2019) vuelve a reivindicarse mediante una observación más amplia sobre el paisaje terrible de la inoperancia policial y las distintas formas de opresión, desentrañando una trama que se retuerce a través de una estimulante y lograda superposición de puntos de vista enfrentados.

Basada en hechos reales. Stéphanie (Drucker), responsable de asuntos internos, será la encargada de llevar a cabo la investigación de lo ocurrido, construyendo el relato desde la amplitud de versiones colindantes al mismo.

A su vez, la ética profesional de su labor será cuestionada por sus compañeros de profesión que, ante la evidencia de su imagen perjudicada, creen sentirse impunes para actuar a sus anchas. Este dilema se verá acentuado desde la postura de su ex-marido (Stanislas Merhar), también policía, que pone en duda la validez del cometido de la que fuera su pareja.

La trama explora el conflicto entre el deber institucional y la responsabilidad individual al descubrir que la víctima es de su ciudad natal, enfrentándola al encubrimiento y la impunidad dentro del sistema policial.

La película le valió a su protagonista el Premio César a la mejor actriz.

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CONOCE A LOS BÁRBAROS (Dir. Julie Delpy)

El tranquilo pueblo bretón de Paimpont ha decidido por unanimidad acoger refugiados ucranianos a cambio de subvenciones del gobierno. Sin embargo, en lugar de ucranianos, ven llegar migrantes sirios, lo que desencadena reacciones que oscilan entre la hospitalidad forzada y el rechazo, revelando los prejuicios de una comunidad que se considera ejemplar.

En su última propuesta como realizadora, Julie Delpy ha decidido retornar a los mimbres expresivos y narrativos de la comedia aparentemente ligera para abordar una incisiva radiografía social del racismo y la xenofobia, absolutamente extrapolable al escenario global —ella misma reflexionaba sobre sus razones en la elección del género, “después de investigar y hablar con decenas de refugiados, me di cuenta de lo absurdo de la situación.

Los problemas surgen cuando la gente se siente rechazada y no querida”—. De hecho, el humor negro y abrasivo se cuela con inteligencia y contundencia en unas cuantas ocasiones durante estos días en un pequeño pueblo de la Bretaña francesa.

Conoce a los bárbaros comienza con un divertido parlamento filmado del señor alcalde anunciando la acogida de una familia de refugiados del país en guerra. Delpy se afana en mostrarnos las pequeñas miserias del marketing político, la ridiculez del líder municipal que está especialmente preocupado por su aspecto en pantalla, por la bonanza de la corbata azul que le ha recomendado ponerse su mujer.

La votación en el seno del Consejo local consiguió la mayoría suficiente con dificultades, gracias al voto del empresario fontanero, que pronto se descubrirá muy cercano a los postulados de esas nuevas alianzas nacionales tan pujantes. Y va y resulta que finalmente la familia que se van a tener que contentar con acoger han escapado de Siria. Hay que destacar que se reserva Delpy el papel de Joëlle, la maestra de escuela progresista que abanderó el proyecto, y no dudó en falsificar determinados requisitos administrativos para que los exiliados árabes pudiesen llegar al pueblo.

En la crítica descarnada que desarrolla el film, no renuncia de ninguna manera al optimismo, a la confianza en el ser humano como ciudadano consciente y empático. Tampoco, en definitiva, a proporcionarnos esperanza entre tanta podredumbre moral, y con el más contagioso sentido del humor. 

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REBUILDING (Dir. Max Walker-Silverman)

Después de que un incendio forestal arrasara su granja, Dusty (Josh O’Connor), un padre divorciado, se ve obligado a comenzar de nuevo en un campamento de casas rodantes habilitado por el gobierno. En medio del dolor, encuentra una inesperada red de apoyo en sus nuevos vecinos, mientras intenta recomponer los lazos rotos con su exesposa Ruby (Meghann Fahy) y su hija Callie-Rose (Lily LaTorre).

Josh O’Connor (La quimera, Rivales) encarna a un hombre en proceso de reconstrucción emocional, cuya presencia vulnerable se consagra como un nuevo icono del western contemporáneo, alejándose del arquetipo del vaquero rudo para ofrecer una masculinidad abierta a la ternura.

En su segundo largometraje estrenado en el Festival de Sundance, Max Walker-Silverman radiografía el oeste con una vigencia insólita, evocando esa melancolía del paisaje norteamericano que obras como Malas tierras o Nomadland han fijado en nuestra memoria colectiva, y ahondando con la misma delicadeza en el componente humano de aquellos que han perdido su hogar, para recordarnos que la redención también puede encontrarse en el cariño y la mirada de una hija.

Al final, Rebuilding habla de lo que realmente es importante: la vida, la muerte, el amor, la familia, la comunidad, la supervivencia, el lugar en el mundo. Y lo hace sin miedo y sin caer en simples citas nostálgicas al relato clásico.

Una gran película.

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