EL DRAMA (Dir. Kristoffer Borgli)

Una pareja, en los días previos a su boda, se enfrenta a una importante crisis cuando una inesperada revelación desbarata lo que uno de ellos creía saber sobre el otro.

“El drama”, anclada en la realidad, intenta pervertir el modelo de la comedia romántica y solo lo consigue a medias. Su propuesta formal nos recuerda, en su inicio, al clásico “Dos en la carretera” de Stanley Donen, en la que la crisis de la pareja protagonista, era diseccionada en constantes idas y venidas temporales que fragmentaban el relato.

Aquí, Borgli, también co-montador de la película, parece evocarla en la presentación de los personajes, pero, a diferencia de Donen, ofrece la descomposición de la pareja en presente durante los días previos a la boda y en la misma ceremonia.

El detonante de la crisis nos lleva a comedias teatrales como “El nombre” en la que un hecho, revelado en conversación amistosa y etílica, dinamita las relaciones establecidas: aquí, un secreto del pasado de uno de los consortes se antoja insoportable para el otro, como sucedía en “Los perros dormidos mienten” en la que se la novia confesaba un desliz sexual con un can.

La presunta provocación de “El drama” radica en la confidencia, aquí relacionada con una de las tragedias perpetuas de la sociedad americana. Borgli, guionista en solitario del film, desaprovecha la ocasión para ahondar en ese drama de base y se decanta, como cortina de humo, por burlarse del personaje de Pattinson.

Quizá lo más interesante de la película sea su atriz protagonista, Zendaya, muy creíble en todos los registros de su personaje.

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MOVIDA CELESTIAL (Dir. Aziz Ansari)

Gabriel (Keanu Reeves), un ángel bienintencionado, pero bastante inepto, baja a la Tierra con el propósito de ayudar a Arj (Aziz Ansari), un organizador de conciertos en apuros y Jeff (Seth Rogen), un rico inversor de capital riesgo. Aunque las intenciones del angelical Gabriel son buenas, las consecuencias de sus actos no serán las esperadas… 

El actor y director explora no solo las diferencias entre clases en la América moderna, sino también el amor en una sociedad en colapso, el disfrute de las pequeñas cosas y las amistades inesperadas. Todo ello, tapizado con el toque surrealista de un ángel torpe que, queriendo hacer el bien, la lía sin remedio. El resultado es amable y arriesgado a su manera, sí, pero también inevitablemente errado en su discurso.

El de Ansari es el guion escrito por alguien que quiere poner su granito de arena para ayudar a que la sociedad sea más igualitaria, pero que hace mucho tiempo que vive en situación de privilegio. Tiene muy buenas intenciones al retratar las desgracias de su protagonista, un rider cuya vida no merece la pena ser vivida, pero entre la comedia no se cuela la sinceridad: cree saber de lo que está hablando, pero realmente es un discurso simple y bonachón de quien nunca ha vivido nada similar y vende soluciones simples a problemas complejos.

Ansari peca de ingenuidad, especialmente en su tramo final, pero pese al mensaje naíf es siempre divertido y afable gracias al fantástico timing cómico de Seth Rogen y, sobre todo, de un sorprendente Keanu Reeves que lleva la película sobre sus hombros.

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COUTURE (Alta costura) (Dir. Alice Winocour)

En plena vorágine de la Semana de la Moda de París, se entrecruzan los caminos de tres mujeres, que lidian con las tragedias del mundo y los interrogantes de sus vidas: a Maxime, una directora de cine estadounidense en la cuarentena, le diagnostican cáncer; Ada, una joven modelo de Sudán del Sur, escapa de un futuro marcado para terminar en un entorno frívolo, y Angèle, maquilladora francesa que trabaja entre bambalinas en los desfiles, sueña con cambiar de vida.

Maxime (Angelina Jolie), directora de cine de terror independiente, Ada (Anyier Anei), aspirante a modelo, y Angèle (Ella Rumpf), maquilladora freelance con aspiraciones a escribir. La película está dirigida y escrita por Alice Winocour  y tuvo su premiere española en el pasado Festival Internacional de Cine de San Sebastián. 

Coproducción entre Francia y EE.UU donde Winocour filma la moda no como mero decorado, sino como un ecosistema humano: talleres, pasarelas, jerarquías, cuerpos, miradas y silencios.

Angelina Jolie encarna a una directora de cine de terror que colabora con una firma de alta costura encargándose del apartado visual de su desfile durante la Semana de la Moda de París. Maxine, el personaje de Jolie, viaja desde Los Ángeles hasta la capital francesa para ponerse tras las cámaras de un vídeo que apenas le ocupará tiempo. Acepta el encargo porque necesita el dinero. En pleno proceso de divorcio y con poca atención hacia su hija, recibe en París una noticia complicada: los resultados de una biopsia confirman que padece cáncer de mama.

Ada (Anvier Anei), una joven estudiante de Farmacia que ha dejado Nigeria para convertirse en modelo. Ada es el nuevo rostro de la marca para la que trabaja Maxine -el vídeo que dirige está protagonizado por ella- y se siente completamente fuera de lugar: no sabe desfilar, nunca ha llevado tacones y duda de si ese mundo es para ella.

A Maxine y Ada se suma Angèle (Ella Rumpf), una maquilladora que sueña con ser escritora. Ha presentado a una editorial la idea de un libro basado en las historias que las modelos le cuentan mientras las maquilla, pero los primeros textos no han tenido una respuesta positiva.

Por último, aparece una joven costurera (Garance Marillier), que está confeccionando su primer vestido, el que abrirá el desfile de la marca y que llevará Ada.

La película de Winocour no aporta grandes novedades. Hay demasiados protagonistas y poco espacio para cada uno. El resultado es un conjunto frío, sin grandes momentos de impacto.

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HANGAR ROJO (Dir. Juan Pablo Sallato)

Santiago de Chile, 11 de septiembre de 1973. Mientras el golpe militar se despliega por todo el país, el capitán Jorge Silva, exjefe de Inteligencia de la Fuerza Aérea, recibe una orden que cambiará su vida para siempre: debe transformar la Escuela de Aviación, donde actualmente forma a jóvenes cadetes, en un centro de detención y tortura. Convencido de que el horror durará poco, Silva intenta mantenerse al margen. Pero la llegada del coronel Jahn, un viejo rival que regresa con un poder desmedido y asuntos pendientes, obliga a Silva a enfrentarse no solo a su pasado, sino también a sus creencias más profundas. A medida que los camiones comienzan a llenar el hangar de prisioneros y el ejercicio del poder se vuelve cada vez más despiadado, Silva se encuentra atrapado en una encrucijada imposible: la desobediencia podría costarle la vida, pero obedecer, también.

Hangar Rojo (2026), la opera prima del director chileno Juan Pablo Sallato. Tras su première mundial en la 76ª edición de la Berlinale (a competición en ‘Perspectives’), el largometraje tuvo su estreno español en la Sección Oficial del Festival de Málaga.

El largometraje está basado en el libro Disparen a la bandada, de Fernando Villagrán. La historia narra un capítulo largamente silenciado de la historia chilena, la de los oficiales y suboficiales de la Fuerza Aérea que se opusieron al golpe militar y que fueron violentamente reprimidos por sus propios compañeros. Entre ellos se encontraba el propio capitán, Jorge Silva. Villagrán, quien fue encarcelado durante la dictadura, reconstruye un relato inédito de resistencia interna dentro de la Fuerza Aérea de Chile, una historia mantenida en secreto y en el olvido durante décadas. Villagrán y el capitán Jorge Silva estuvieron presos en el mismo centro de detención, recluidos a pocas celdas de distancia.

Coproducida entre Chile, Argentina e Italia, Hangar Rojo es la primera película latinoamericana que explora el funcionamiento interno del mundo militar durante las dictaduras de los años setenta. El film se construye como un thriller político centrado en los personajes, retratando a hombres atrapados dentro de la maquinaria del poder militar en el preciso instante en que la historia los obliga a tomar partido.

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CASO 137 (Dir. Dóminik Moll)

Stéphanie, agente de policía de Asuntos Internos, es asignada a un caso relacionado con un joven gravemente herido durante una tensa y caótica manifestación en París. Si bien no encuentra pruebas de violencia policial ilegítima, el caso adquiere un cariz personal al descubrir que la víctima es de su ciudad natal y transformará el caso 137 en algo más que un simple número.

Bajo el liderazgo de una soberbia Léa Drucker, la nueva película de Dóminik Moll, Caso 137 (2025), configura otro interesante thriller burocrático sobre los caminos sin salida de un sistema diseñado desde su corrupción.

En una concatenación de rostros y entrevistas, la sospecha que sugiere el director de títulos como Harry, un amigo que os quiere (2000) o Solo las bestias (2019) vuelve a reivindicarse mediante una observación más amplia sobre el paisaje terrible de la inoperancia policial y las distintas formas de opresión, desentrañando una trama que se retuerce a través de una estimulante y lograda superposición de puntos de vista enfrentados.

Basada en hechos reales. Stéphanie (Drucker), responsable de asuntos internos, será la encargada de llevar a cabo la investigación de lo ocurrido, construyendo el relato desde la amplitud de versiones colindantes al mismo.

A su vez, la ética profesional de su labor será cuestionada por sus compañeros de profesión que, ante la evidencia de su imagen perjudicada, creen sentirse impunes para actuar a sus anchas. Este dilema se verá acentuado desde la postura de su ex-marido (Stanislas Merhar), también policía, que pone en duda la validez del cometido de la que fuera su pareja.

La trama explora el conflicto entre el deber institucional y la responsabilidad individual al descubrir que la víctima es de su ciudad natal, enfrentándola al encubrimiento y la impunidad dentro del sistema policial.

La película le valió a su protagonista el Premio César a la mejor actriz.

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CONOCE A LOS BÁRBAROS (Dir. Julie Delpy)

El tranquilo pueblo bretón de Paimpont ha decidido por unanimidad acoger refugiados ucranianos a cambio de subvenciones del gobierno. Sin embargo, en lugar de ucranianos, ven llegar migrantes sirios, lo que desencadena reacciones que oscilan entre la hospitalidad forzada y el rechazo, revelando los prejuicios de una comunidad que se considera ejemplar.

En su última propuesta como realizadora, Julie Delpy ha decidido retornar a los mimbres expresivos y narrativos de la comedia aparentemente ligera para abordar una incisiva radiografía social del racismo y la xenofobia, absolutamente extrapolable al escenario global —ella misma reflexionaba sobre sus razones en la elección del género, “después de investigar y hablar con decenas de refugiados, me di cuenta de lo absurdo de la situación.

Los problemas surgen cuando la gente se siente rechazada y no querida”—. De hecho, el humor negro y abrasivo se cuela con inteligencia y contundencia en unas cuantas ocasiones durante estos días en un pequeño pueblo de la Bretaña francesa.

Conoce a los bárbaros comienza con un divertido parlamento filmado del señor alcalde anunciando la acogida de una familia de refugiados del país en guerra. Delpy se afana en mostrarnos las pequeñas miserias del marketing político, la ridiculez del líder municipal que está especialmente preocupado por su aspecto en pantalla, por la bonanza de la corbata azul que le ha recomendado ponerse su mujer.

La votación en el seno del Consejo local consiguió la mayoría suficiente con dificultades, gracias al voto del empresario fontanero, que pronto se descubrirá muy cercano a los postulados de esas nuevas alianzas nacionales tan pujantes. Y va y resulta que finalmente la familia que se van a tener que contentar con acoger han escapado de Siria. Hay que destacar que se reserva Delpy el papel de Joëlle, la maestra de escuela progresista que abanderó el proyecto, y no dudó en falsificar determinados requisitos administrativos para que los exiliados árabes pudiesen llegar al pueblo.

En la crítica descarnada que desarrolla el film, no renuncia de ninguna manera al optimismo, a la confianza en el ser humano como ciudadano consciente y empático. Tampoco, en definitiva, a proporcionarnos esperanza entre tanta podredumbre moral, y con el más contagioso sentido del humor. 

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REBUILDING (Dir. Max Walker-Silverman)

Después de que un incendio forestal arrasara su granja, Dusty (Josh O’Connor), un padre divorciado, se ve obligado a comenzar de nuevo en un campamento de casas rodantes habilitado por el gobierno. En medio del dolor, encuentra una inesperada red de apoyo en sus nuevos vecinos, mientras intenta recomponer los lazos rotos con su exesposa Ruby (Meghann Fahy) y su hija Callie-Rose (Lily LaTorre).

Josh O’Connor (La quimera, Rivales) encarna a un hombre en proceso de reconstrucción emocional, cuya presencia vulnerable se consagra como un nuevo icono del western contemporáneo, alejándose del arquetipo del vaquero rudo para ofrecer una masculinidad abierta a la ternura.

En su segundo largometraje estrenado en el Festival de Sundance, Max Walker-Silverman radiografía el oeste con una vigencia insólita, evocando esa melancolía del paisaje norteamericano que obras como Malas tierras o Nomadland han fijado en nuestra memoria colectiva, y ahondando con la misma delicadeza en el componente humano de aquellos que han perdido su hogar, para recordarnos que la redención también puede encontrarse en el cariño y la mirada de una hija.

Al final, Rebuilding habla de lo que realmente es importante: la vida, la muerte, el amor, la familia, la comunidad, la supervivencia, el lugar en el mundo. Y lo hace sin miedo y sin caer en simples citas nostálgicas al relato clásico.

Una gran película.

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LETRAS ROBADAS (Dir. John Carney)

Rick, un cantante de bodas venido a menos, y Danny, una estrella de una ‘boy band’ en decadencia, forjan una amistad gracias a la música y a una improvisada sesión nocturna. Cuando Danny convierte la canción de Rick en un éxito, Rick se propone recuperar el reconocimiento que cree merecer.

En “Letras robadas”, el director exprime las posibilidades y acomete una verdadera anatomía de ese “How to write a song”, desde su composición hasta su publicación, desde las intenciones ocultas a las aparentes, desde cómo la interpreta uno hasta cómo la canta el otro. La cinta contrasta el destino de dos cantantes –el líder anónimo y maduro de una banda de bodas (Paul Rudd, atinado como ese Power tan al borde del éxito como de la desesperación) y un popular exmiembro de una boy band en busca de un gran éxito en solitario (Nick Jonas, en una amable variación de sí mismo)– y teje un sentido relato sobre la medida del éxito y del fracaso y cómo la industria discográfica pervierte la naturaleza de los artistas. Ahí el filme hace un retrato comprensivo de las debilidades del personaje de Jonas y se permite el trazo grueso, sin matices, en el del representante de la discográfica, encarnación del mal.

Como si fuera un éxito pop pegadizo, la película abusa de sus buenas y fáciles intenciones de agradar al espectador.

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HOKUM (Dir. Damian McCarthy)

Un escritor de terror viaja a una posada irlandesa para esparcir las cenizas de sus padres y cerrar un capítulo triste de su vida. Lo que empieza como una escapada íntima pronto se transforma en una experiencia inquietante cuando descubre que el lugar en el que se aloja esconde una oscura leyenda: la presencia de una bruja que aún reclama su propiedad. Entre noches con susurros, visiones horribles y recuerdos que se mezclan con la realidad, el autor se enfrenta a una pesadilla que va más allá de su imaginación y lo obliga a cuestionar si algunas historias no solo se escriben, sino que despiertan.

El cine de terror está cambiando su lenguaje. Desde hace unos años —impulsado en gran parte por las producciones de A24—, el género ha encontrado nuevas formas de perturbar al espectador. Midsommar (2019) ya nos mostró una inquietud distinta, más incómoda y persistente, algo que quizá solo habíamos visto antes en Hereditary (2018), también de Ari Aster. El año pasado, Devuélvemela llevó aún más lejos los límites del horror.

Y Backrooms, dirigida por Kane Parsons, recientemente estrenada en cines para seguir abriendo puertas a pesadillas que hasta ahora parecían desconocidas.

En plena ola del llamado “terror elevado” —como se ha bautizado a este tipo de propuestas— llega un título que juega precisamente en la dirección contraria. Hokum, dirigida por Damian McCarthy, funciona como el reverso de ese nuevo lenguaje. Mientras muchas de las películas mencionadas rehúyen el jump scare y prefieren instalar al espectador en una angustia sostenida, McCarthy apuesta por los mecanismos más clásicos del género y demuestra que sabe manejarlos con precisión.

En definitiva, Hokum mira hacia los códigos más clásicos del terror, pero los utiliza con la suficiente inteligencia y personalidad como para que se sientan frescos.

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LAS CATADORAS DE HITLER (Dir. Silvio Soldini)

La película, hablada en alemán y dirigida por el cineasta italiano Silvio Soldini, está basada en la novela «Le assaggiatrici«, de Rosella Postorino, traducida a más de 30 idiomas.

La novela se inspiró en el testimonio de Margot Wölk, quien rompió su silencio en 2012, a los 95 años. Recordó que desde 1942, durante unos dos años y medio, fue una de las 15 mujeres obligadas a probar la comida destinada a Hitler en la Guarida del Lobo.

El film refleja fielmente el proceso de reclutamiento y la rutina diaria, como ella lo describió. Según Wölk, sobrevivió gracias a un teniente que la envió en tren a Berlín en 1944, al saber que el Ejército Rojo estaba cerca. Más tarde, él le reveló que las demás catadoras fueron ejecutadas por soldados soviéticos.

Las catadoras de Hitler comienza con la llegada de Rosa (Elisa Schlott) a la casa de sus suegros en el pueblo de Gross-Partsch, en Prusia Oriental, actualmente Parcz, en Polonia. Estamos en noviembre de 1943, el Ejército Rojo avanza y la aviación británica ha lanzado las primeras bombas sobre Berlín. Rosa ha escapado de la capital en busca de un lugar más seguro, mientras que su marido Gregor se encuentra en el frente ruso. En el pueblo, todo el mundo sabe que a menos de tres kilómetros, en el espeso bosque rodeado de alambre de espino, está la Wolfsschanze (la Guarida del Lobo), el cuartel general de Hitler en el frente oriental.

Pocos días después, las SS llevan a Rosa y a otras seis jóvenes alemanas a Krausendorf (hoy Kruszewiec), donde los cocineros preparan la comida para la Guarida del Lobo. Al principio, Rose “la berlinesa” recibe miradas de recelo, pero luego es aceptada gracias a un destino compartido con las otras chicas, aterrorizadas por la tarea que se les ha asignado. A lo largo de la película, la protagonista se hace amiga de la tímida y distante Elfriede (Alma Hasun).

La imagen recurrente que se graba en la mente del espectador es la de las siete mujeres sentadas alrededor de la mesa, controladas por los soldados de las SS y el cocinero (Boris Aljinović), que presenta los platos y comparte algunos detalles sobre las preferencias del Führer (“le encanta el chocolate”).

El director de fotografía Renato Berta confiere a las imágenes una tonalidad marrón que recuerda a los clásicos bélicos de los años setenta. Cuando llega la noticia de que Gregor está desaparecido en Ucrania, Rosa pierde todo interés por su futuro y, para ahuyentar la idea de la muerte, se entrega a una relación secreta con el teniente de las SS Ziegler (Max Riemelt).

La joven toma conciencia de los horrores de la guerra a través del oficial, atormentado por la brutalidad con la que ha seguido las órdenes de sus superiores. Lamentablemente, apenas se utilizan unas pocas frases para llegar a un cambio de conciencia que merecía más espacio y profundidad. 

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