

La película, hablada en alemán y dirigida por el cineasta italiano Silvio Soldini, está basada en la novela «Le assaggiatrici«, de Rosella Postorino, traducida a más de 30 idiomas.
La novela se inspiró en el testimonio de Margot Wölk, quien rompió su silencio en 2012, a los 95 años. Recordó que desde 1942, durante unos dos años y medio, fue una de las 15 mujeres obligadas a probar la comida destinada a Hitler en la Guarida del Lobo.
El film refleja fielmente el proceso de reclutamiento y la rutina diaria, como ella lo describió. Según Wölk, sobrevivió gracias a un teniente que la envió en tren a Berlín en 1944, al saber que el Ejército Rojo estaba cerca. Más tarde, él le reveló que las demás catadoras fueron ejecutadas por soldados soviéticos.
Las catadoras de Hitler comienza con la llegada de Rosa (Elisa Schlott) a la casa de sus suegros en el pueblo de Gross-Partsch, en Prusia Oriental, actualmente Parcz, en Polonia. Estamos en noviembre de 1943, el Ejército Rojo avanza y la aviación británica ha lanzado las primeras bombas sobre Berlín. Rosa ha escapado de la capital en busca de un lugar más seguro, mientras que su marido Gregor se encuentra en el frente ruso. En el pueblo, todo el mundo sabe que a menos de tres kilómetros, en el espeso bosque rodeado de alambre de espino, está la Wolfsschanze (la Guarida del Lobo), el cuartel general de Hitler en el frente oriental.
Pocos días después, las SS llevan a Rosa y a otras seis jóvenes alemanas a Krausendorf (hoy Kruszewiec), donde los cocineros preparan la comida para la Guarida del Lobo. Al principio, Rose “la berlinesa” recibe miradas de recelo, pero luego es aceptada gracias a un destino compartido con las otras chicas, aterrorizadas por la tarea que se les ha asignado. A lo largo de la película, la protagonista se hace amiga de la tímida y distante Elfriede (Alma Hasun).
La imagen recurrente que se graba en la mente del espectador es la de las siete mujeres sentadas alrededor de la mesa, controladas por los soldados de las SS y el cocinero (Boris Aljinović), que presenta los platos y comparte algunos detalles sobre las preferencias del Führer (“le encanta el chocolate”).
El director de fotografía Renato Berta confiere a las imágenes una tonalidad marrón que recuerda a los clásicos bélicos de los años setenta. Cuando llega la noticia de que Gregor está desaparecido en Ucrania, Rosa pierde todo interés por su futuro y, para ahuyentar la idea de la muerte, se entrega a una relación secreta con el teniente de las SS Ziegler (Max Riemelt).
La joven toma conciencia de los horrores de la guerra a través del oficial, atormentado por la brutalidad con la que ha seguido las órdenes de sus superiores. Lamentablemente, apenas se utilizan unas pocas frases para llegar a un cambio de conciencia que merecía más espacio y profundidad.
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