SÓCRATES (Aut. Alberto Iglesias y Mario Gas), por Yolanda Aguas

JOSEP MARIA POU:  EL ARTE DE “CREAR LA REALIDAD”.

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A partir de textos de Platón, Jenofonte, Diógenes, Laercio y Aristófanes, Mario Gas y Alberto Iglesias han escrito un bello texto que nos trae a la actualidad la figura de Sócrates, uno de los grandes nombres de la historia de la filosofía.

Nació, vivió y murió en Atenas en el siglo V a. C. Fue maestro de Platón, que a su vez lo fue de Aristóteles. Pronunció -aunque se cuestiona y se recuerda varias veces en la obra- la célebre frase “Solo sé que no sé nada”.

La obra “Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano” está protagonizada por el maestro Josep Maria POU a quien acompañan los actores: Carles Canut, Amparo Pamplona  (que tiene un brillante monólogo como Jantipa, la mujer de Sócrates), Pep Molina, Borja Espinosa, Ramón Pujol y Guillem Motos.

Fue Aristóteles, en “La Poética”, quien ya definió la tragedia, la primera manifestación histórica del género dramático.  El objetivo era la reproducción imitativa de las acciones de los hombres, en el sentido más real y que continuó hasta el teatro “realista” de finales del siglo XIX para la representación en escena de “trozos de vida”.  Mario Gas, especialista en la obra de Bertolt Brecht, ha plasmado toda la esencia del autor alemán (que, como Sócrates, también fue un hombre comprometido con su tiempo) para “crear la realidad” del filósofo atenienseDe ahí que incluya al espectador en la acción escénica.  El público es parte activa de la obra ya que, desde el inicio,  se convierte en los espectadores reales del juicio de Sócrates.

Como director de escena que también es, Gas se apoya admirablemente en la escenografía de Paco Azorín, el vestuario de Antonio Belart y la iluminación (magnífica) de Txema Orriols.

El texto, en el que se critican “la corrupción, la ocultación, la partitocracia“ se adorna constantemente de frases potentes, sentencias que hemos leído y escuchado en más de una ocasión.  Me gusta especialmente el modo en que se presenta a Sócrates como ciudadano, más que como filósofo (que también).  El hombre que hay detrás del mito y que vive comprometido con las leyes de la democracia.  Fue condenado a muerte para silenciar su libertad de pensamiento y aceptó la condena por defender el valor de la democracia. Quiso ser coherente consigo mismo: si le habían condenado a muerte por las leyes de una democracia en la que creía y que respetaba, no podía burlarse de esas mismas leyes escapándose.

Como el propio Josep Maria Pou definió, la función es, fundamentalmente (y ahí radica su peso), teatro de ideas.   Sería extraordinario que los actuales políticos se aplicaran el poso intelectual y moral que esta obra, este texto y este personaje deja muy adentro de quienes han asistido a alguna de sus (muchas) representaciones.

Ya termino, pero dejo para el final la mención especial al trabajo de Josep Maria Pou (¡de rodillas¡)En la cumbre más absoluta de su maestría escénica, logra con su interpretación eso que un día me dijo Andrej Wajda (y que es tan difícil de lograr para un actor): “crear la realidad” y emocionarnos con ella una vez más.

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NOTAS:

Las fotografías del reparto de “Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano” saludando al final de la función en el Teatro Principal de Zaragoza, son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

Las fotografías oficiales de la obra son autoría de DAVID RUANO.

 

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JOSEP MARIA POU (Rueda de prensa: SÓCRATES), por Yolanda Aguas

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El montaje teatral “Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano”  llega al Teatro Principal de Zaragoza  avalado por el éxito obtenido en el Festival de Mérida el pasado verano. El director y actor catalán José María Pou interpreta al filósofo en un guión escrito entre Mario Gas y Alberto Iglesias y dirigido por el propio Gas.

Pou representa a Sócrates que será juzgado y condenado por sus conciudadanos tras haber denunciado la corrupción en Atenas y haber advertido sobre el papel supersticioso y manipulador de la religión oficial. Acusado de despreciar a los dioses y corromper a la juventud, se negó a huir, como le proponían sus discípulos, cuando fue condenado a ingerir una copa de cicuta. Y su muerte acabó convertida en una de las más famosas de la historia.

Junto a Pou, la obra teatral completa su reparto con Amparo Pamplona, Carles Canut, Pep Molina, Borja Espinosa, Ramón Pujol y Guillem Motos. 

Hoy jueves, 28 de abril de 2016, se ha celebrado la rueda de prensa en la que han estado presentes Josep Maria Pou y el Gerente del Teatro Principal de Zaragoza, Víctor López Carbajales,  para hablar de Sócrates que es una “figura fundamental del pensamiento occidental.  Un pensador que indagaba, mediante el diálogo, sobre la moral, la honestidad, la justicia y el conocimiento del hombre”.

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La obra es una reivindicación del pensamiento Socrático sobre la democracia con muchas conexiones con el momento actual.  “Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano” lleva a los escenarios la versión dramatizada de la muerte de Sócrates en el año 339 antes de Cristo y “cuenta al público lo que Atenas hizo con el primer filósofo de la historia condenado a muerte mediante la ingesta de cicuta”.

El gran actor y director catalán ha hecho especial hincapié en las tres primeras palabras de la obra que pronuncia sobre el escenario: “Corrupción, ocultación, partitocracia”. “Sócrates fue un demócrata masacrado por la propia democracia, un tema muy atractivo para reflexionar sobre lo que está ocurriendo en la actualidad”. “Sócrates era un ser que buscaba la verdad y la democracia y que veía que a esa democracia solo quedaba el nombre. Es una reflexión sobre este periodo del pasado que se puede trasladar al presente perfectamente”.  “La lucha insobornable de un hombre honesto en su vida pública y privada, la amistad, la ética, la moral, la vida y la muerte”, son algunos de los ingredientes con los que se topará el espectador en una obra nada pesada que está dirigida e interpretada por dos grandes figuras del teatro español.

La crítica ha dicho que este es uno de los mejores papeles de Pou y él está de acuerdo; aunque señala que el mejor fue quizá  El rey Lear, aunque desde aquel  “no he disfrutado tanto en escena” con un personaje, que estrenó el año pasado, con la misma edad con la que murió Sócrates, a los 70 años. El actor se siente muy identificado, con la edad y “con las cosas que dice Sócrates sobre el escenario, porque lo que dice refiriéndose a sus conciudadanos, yo lo hago ahora a los míos”.

Josep Maria Pou, ante la pregunta que le formulé, manifestó por primera en vez en una rueda de prensa que su equipo y él ya están trabajando en el nuevo personaje que piensa interpretar en los escenarios: El capitán Ahab de Moby Dick.

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NOTA:  Las fotografías insertadas en este artículo son propiedad y autoría de Yolanda Aguas para CINET FARÖ.

El ZOO DE CRISTAL: Figuretes de Vidre, por Francesc Mazón Camats

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Cuando el 31 de Marzo de 1945, el telón del Playhouse Theater de Broadway / New York se alzó 24 veces ante un público emocionado y exaltado, los críticos presentes sabían que habían presenciado el nacimiento de un clásico contemporáneo “The Glass Menagerie”, habitualmente estrenada como El Zoo de Cristal, aunque hay traducciones al catalán con el título de Figuretes de Vidre.

El autor un joven sureño, nacido en Columbus / Mississippi, un 26 de Marzo de 1911, respondía al literario nombre de Tennessee Williams (Thomas Lainer Williams III) recibió dos semanas más tarde el prestigioso premio New York Drama Critics Circle, además de otros posteriores, que lo llevaron  a una larga y prestigiosa carrera teatral. Esta obra consiguió el record de 563 representaciones en Broadway y se ha convertido en la más célebre y apreciada del autor. Tenn atribuyó siempre un mérito especial a la extraordinaria actuación de la mítica actriz Laurette Taylor en el papel de Amanda Wingfield, la madre. Considerada La Duse de la escena americana, llevaba ya un tiempo retirada de los escenarios, la obra supuso su consagración y su testamento, murió un año más tarde.

Escrita en torno a 1944 (a partir del proyecto original: un guión cinematográfico llamado “The Gentleman Caller” – El Pretendiente -, rechazado por la MGM) enmarcada en los últimos años 30s, de la terrible Depresión, es sin duda la más autobiográfica de las obras de Tom/Tennessee. En un oscuro y marginal barrio de St. Louis, el protagonista un desesperanzado Tom, marinero y poeta frustrado, evoca a sus fantasmas familiares. Extraordinaria escena de apertura de la obra: Tom ha vuelto después de unos años a la que fue su casa y también su prisión, condenado a trabajar en una fábrica de zapatos (como el propio autor) para poder mantener los restos del naufragio familiar: su madre, una antigua “bella del sur”, fantasiosa, desesperada y castradora; su frágil hermana Laura, introvertida, tímida, levemente coja y a un paso de la ruptura mental (la propia hermana del autor, Rose, fue sometida muy joven a una lobotomía) el padre los abandonó hace tiempo…

Haciendo surgir de la nada, en un abandonado apartamento, oscuro, triste y desvencijado (magníficas, minimalistas, escenografía e iluminación de Sebastià Brosa y Albert Faura) aparecen como dos espectros del pasado, la madre convocada, en el espejo de un armario, y la hermana que emerge literalmente del sofá , donde permaneció reclinada tanto tiempo, escuchando los viejos discos de una gramola. No hace falta más, con mano maestra, el gran director teatral Josep Maria Pou ha creado y mantiene hasta el final una atmósfera lírica y deprimente a la vez (puro Tennessee!) nos conmueve, nos hace reír, nos toca el corazón… sin olvidar nunca a sus criaturas, protagonistas/actores, todo pautado por un perfecto espacio sonoro de Àlex Polls.

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Pou ha conseguido obtener y llevar a buen puerto un cuidado y equilibradísimo reparto:  Tom, el narrador, auténtico protagonista de la obra, Dafnis Balduz (curiosamente parecido al joven Tenn), magnífico en su contenida exasperación,  hasta su poético y emocionante monólogo final. Justamente excesiva, Miriam Iscla (en su mejor momento) es Amanda Wingfield, a la vez extrovertida y patética, viviendo en sus sueños imposibles, exasperante  y casi ridícula (espléndido, pero peligrosísimo personaje, a un paso del exceso o la caricatura) todo resuelto de forma extraordinaria por la actriz.

El director ofrece en el último acto de la obra, la esperada visita del posible pretendiente, su momento de gloria a los otros dos protagonistas del inolvidable cuarteto: Meritxell Calvo / Laura, la sensible y quebradiza hermana y Peter Vives, un dorado y optimista Jim O’Connor. En la mágica escena del baile y el unicornio, a la luz de las velas de un candelabro y bajo un inmenso cielo estrellado, ambos protagonizan ese momento mítico (muy parecido al que siempre evoca Blanche DuBois) que redimensiona estos personajes como las auténticas Figuretes de Vidre, tan frágiles en sus imposibles sueños devastados.

El espectáculo se estrenó el 14 de Mayo y estará en cartel hasta primeros de Agosto en el Teatre Goya de Barcelona, espero que gire y se represente en Madrid, no se lo pierdan. Es uno de los mejores montajes de una obra tan actual, que aun nos sigue emocionando.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad de FOCUS.

JOSEP MARIA POU (Entrevista. Parte 3 de 3), por Yolanda Aguas

(Esta entrevista es continuación de: JOSEP MARIA POU – Entrevista. Parte 2 de 3 –)

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Siempre le he escuchado hablar con mucha pasión de su trabajo ¿nunca ha tenido una crisis ni ha querido parar?

Ahora… (ríe)

¿Ahora?

Sí, pero no por crisis.  Soy un ser absolutamente apasionado, no entiendo que se pueda hacer algo sin pasión.  Lo he sido siempre, es una virtud y un defecto, pero ya ves cómo me expreso, es mi forma de ser.  Yo le pongo pasión a todo porque no sé hacerlo de otra manera, y si hay algo que no me apasiona, no me meto en ello, no lo hago.

Tengo la suerte de poder elegir y hago aquello que me apasiona.  Todos los momentos de mi vida dedicados al teatro y a mi trabajo, que no son sólo aquellos de las horas de trabajo.  Es decir, yo tengo la suerte inmensa de que mi trabajo no está ceñido a ninguna hora.  La función comienza a las 19 h de la tarde y termina a las 21:30 h de la noche, pero yo sigo trabajando porque llego a mi casa y leo funciones, leo textos nuevos…  O viajo para ver funciones que se hacen en Londres, en Nueva York, en Berlín.  A veces voy únicamente para ver la función.  Todo eso es trabajo, vivo inmerso en el trabajo.

Sí, es verdad que ahora, en este momento, cuando he llegado a esa edad, a esos 70 años para los cuales todavía me faltan cuatro meses, cuando uno empieza a cumplir años y empieza a pasar de los 65, que es una línea oficial del retiro, cuando dices “coño, la gente a los 65 años se está retirando”, yo llevo a mi alrededor gente, industriales, gente de la abogacía y de la universidad, que tienen mi misma edad y que yo les conozco porque hemos crecido juntos, que se tomaron su retiro a sus 65 años, y ahora están viajando por el mundo y tomándoselo con calma.

Yo voy corriendo como un loco, estoy ensayando en Barcelona, dirigiendo “El Zoo de Cristal” de Tennessee Williams para estrenar en mayo en el Teatro Goya, estoy haciendo la gira de “A cielo abierto” con lo cual estoy en Barcelona de lunes a miércoles dirigiendo, como sólo puedo estar tres días, lo hago desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche –prácticamente-, con un tiempo para comer algo rápido y luego me vengo aquí a Zaragoza como hoy a hacer la promoción, lo siguientes tres días hacemos la función, a la semana siguiente vamos a Valencia.

Yo no lo necesito para vivir, podría prescindir de todo ello, para vivir no lo necesitaría, lo hago porque me gusta.  Pero es verdad que creo, lo he empezado a ver ahora, pasando de los 65, 66, 67, 68 y los 69 que tengo ahora, que debo rebajar mi actividad, que de alguna manera ya he hecho muchas cosas, muchas…

Echo la vista atrás y digo “ya he hecho muchas cosas”.  No solamente en el teatro, sino en la radio… y ahora escribiendo artículos en El Periódico de Cataluña desde hace unos años, también haciendo traducciones y más cosas que no se saben.

Por ejemplo…

Yo he facilitado información a compañeros.  En mi profesión paso por ser algo así como un “banco de datos”, un señor que sabe todo de lo que se estrena en el mundo.  A mí, por ejemplo, me llaman (y desde hace muchos años, ¡eh¡) desde el principio hace cuarenta años, me llamaban directores, productores o actores y me decían “José María, tú que eres el que más sabe del teatro que se hace en el mundo, dime alguna función que yo pueda hacer”.  Yo les decía “pues mira, lee esa función que yo creo que es muy importante que la hagas tú”, y la han hecho.

Estoy muy satisfecho de esa parte, que no se sabe, que nadie conoce, pero yo sé que hay muchas funciones que se han hecho y que han gustado mucho al público.  Se han hecho porque en algún momento yo le dije a algún actor o algún director “lee esa función”.   Eso me satisface, es decir, creo que ya he hecho muchas cosas y que debo dedicarme un poco a mí mismo.

Como he dicho, yo soy un gran espectador de teatro y yo creo que he aprendido mucho más de teatro viendo teatro que haciéndolo.  Y ver el teatro me produce un placer inaudito, o sea ir al teatro como espectador casi me gusta más que ir al teatro por la puerta de atrás y salir al escenario.

Quiero dedicar gran parte del resto de mi vida a premiarme a mí mismo (ríe) yendo por el mundo o simplemente viendo el teatro que se hace en mi país, que hacen mis compañeros y que normalmente no puedo ver porque coincidimos en horas.  Quiero poner un orden, quiero bajar el ritmo, eso es verdad, ahora pero no porque esté en crisis sino porque me lo merezco.

¿Es usted un hombre miedoso?  ¿le teme a algo?

Sí, a algunas cosas soy terriblemente miedoso.  Le temo a la enfermedad, lógicamente.  Le temo al deterioro físico y mental.  Le temo al hecho de que pueda perder facultades, no solamente facultades artísticas, sino facultades.  Sí, le tengo terror a eso, pero a nada más.

En el teatro aprendes, sales cada día a enfrentarte con el público y para eso se necesita un valor y un coraje para salir a escena.  Inconscientemente cada día, aunque no lo pienses, eso te curte muchísimo.  No le tengo miedo a la muerte, soy muy egoísta y yo lo cuento a veces en plan simpático o gracioso pero es verdad, quiero decir no le tengo miedo a la muerte, le tengo miedo al dolor físico o a las enfermedades degenerativas que pudiese llegar a tener, o problemas de ese tipo, pero soy un egoísta ¡no quiero morirme¡  Es decir, mentira, no es que no quiera morirme, llegará un día que me moriré pero me jode mucho, con perdón, pensar que yo voy a morirme y otra gente vaya a continuar viviendo…  (reímos) ¡y eso no lo puedo soportar¡ me jode muchísimo que yo vaya a desaparecer y otra gente vaya a continuar viviendo, yendo al cine, yendo al teatro…

En eso estamos totalmente de acuerdo… (risas)

Yo digo “si a mí me dicen que el próximo domingo nos vamos a morir todos, pero todos a la misma hora, me parece fantástico, ¡ningún miedo a la muerte¡ De aquí al domingo diré “pues oye que desaparecemos todos…” y me parecería fantástico.

Vamos que le da rabia todo lo que se va a perder cuando muera (risas)

¡Claro¡  porque soy de espíritu curioso y apasionado.

Hay un libro (que usted tiene) “The HALF” que es de fotografías de actores preparándose para salir al escenario.

¡Ah, sí¡  The Half, lo que aquí llamamos “los treinta minutos” que es de fotografías maravillosas hechas en los camerinos.  ¡Uy¡, no solamente lo tengo sino que ese libro desde que salió, hace unos siete u ocho años, he regalado más de treinta ejemplares de este libro a gente que quiero.

¿Cuál es su ritual en el camerino antes de salir a escena?

The Half, como sabes, es el “aviso” de que faltan treinta minutos para salir a escena y es ése toque de alerta que a los actores nos pone como “¡ya¡”.

Justamente se lo contaba al señor con el que estaba hablando antes,  cuando tú has llegado, y me ha encantado.  Es un neurocirujano que dirige el Departamento de Psiquiatría de un hospital, sigue mi carrera desde hace años y él tenía mucho interés en hablar conmigo para conocer, desde el punto del vista de la Psiquiatría, cómo preparo mis personajes.  Me ha parecido fantástico ese enfoque a mi trabajo.

Sí tengo un ritual, y cada actor tiene el suyo y sus manías.  El mío es llegar al teatro dos horas antes. ¿Por qué?  Mi ritual consiste en separar, en poner una cosa que yo llamo “tierra de nadie”, una franja de dos horas entre el mundo real y el mundo de la función, el mundo en el que me voy a meter.  Yo no puedo, como algunos actores hacen, llegar al teatro media hora antes de empezar la función, corriendo y corriendo… vestirse deprisa y entrar en escena.  Sería incapaz, no puedo y, además, no me gusta aunque lo haga gente a la que quiero.  No me gusta, creo que no es bueno.  Creo que hay que poner tierra, lo que yo llamo “tierra de nadie” y curiosamente he hecho ahora una función que se llama así.

Sí, la obra de Harold Pinter…

Eso es, fantástico texto.  Hay que poner tierra, hay que poner en medio una franja que no pertenece ni a un mundo ni a otro.  De modo que llego dos horas antes y entro en mi camerino.  El camerino siempre es la prolongación de la casa de uno, notas como si estuvieras en casa.  Entro en mi camerino, me pongo cómodo, me suelo poner un albornoz o una bata y me siento o me tumbo en un sofá que tengo, a nada.  No a prepararme para el personaje, no a concentrarme, no a realizar ejercicios de concentración y a machacarme con eso…no, no… al contrario, a relajarme.  A seguir con mi vida diaria pero ya en el espacio del teatro.

Me pongo a leer prensa o sigo con el libro que esté leyendo en ese momento, el mismo que ya leía por la mañana, pero lo hago ya en mi camerino donde estoy relajado.  ¿Por qué?  Porque en las paredes está colgado el vestuario de mi personaje y porque encima de la mesa están los útiles:  el reloj, la corbata o los gemelos de mi personaje y, sin querer, sin darme cuenta, estoy ya en esas dos horas que estoy en mi camerino, estoy impregnándome del personaje aunque esté haciendo otras cosas.

¿Alguien tiene acceso para poder entrar en su camerino en esas dos horas previas?

Sí.  Digamos que en la primera hora y media sí, pero más allá de eso no.  A mí me gusta incluso la convivencia, es decir, me gusta que los compañeros que van llegando al teatro pasen por mi camerino y comentamos algunas cosas, pero nunca haciendo grandes tertulias.  Los actores cada uno va llegando y se va a su camerino.  Ahí sí, y no me importa que me llamen a la puerta y venga alguien a hablar conmigo cinco minutos o algo así.

Lo que sí es sagrado, donde no permito que venga absolutamente nadie son los treinta minutos.  Cuando el regidor viene y me dice “treinta minutos”, esos minutos que son cuando yo empiezo a vestirme, cuando empiezo una ceremonia que es ponerme la ropa del personaje, que puede ser un ropaje maravilloso cuando es de época o puede ser un simple pantalón y una camisa, pero ya son del personaje, esos treinta minutos son para absolutamente para mí.  Ahí sí que nadie puede molestarme, y si llama alguien a la puerta no le dejo entrar ni nada de eso.

Y cuando me dicen “Señor Pou, vamos a empezar”, ese momento previo a la función, salgo de mi camerino y entro en el escenario de un modo natural, relajadísimo porque llevo ya dos horas en ese mundo – no acabo de llegar – y estoy ya absolutamente impregnado.  Eso es lo que yo necesito.

Montserrat Roig me escribió una vez…

Oh¡ Montserrat, ¡cómo la quería yo a Montserrat¡

Yo también…, ella me dijo que “la literatura es eso: momentos mágicos en que dos soledades se encuentran.  El que lee y el que escribe son complementarios”. 

Sí, claro… totalmente de acuerdo. Uy ¡qué maravilla de definición, qué maravilla¡

Usted que lee con pasión las autobiografías de los grandes actores… ¿publicará la suya?   ¿Nos regalará “momentos mágicos” a su lado, de una forma más íntima?

Mira, me lo han propuesto dos o tres veces en los últimos cinco años.  Siempre he dicho que no.  Digo siempre que no porque me da un pudor enorme y porque pienso –y lo digo muy sinceramente, no con falsa modestia- “¿a quién puede interesarle, quién puede tener interés en leer mi biografía, es decir, mi vida?”.  He dicho que no, y he dicho “bueno, dejemos la puerta abierta para algún momento”.  Me propusieron, incluso, un libro de conversaciones, me dijeron “no escribas tú tus memorias, hacemos un libro de conversaciones, es decir hacemos una larga entrevista durante varios días o meses”, y dije que tampoco.  Ya llegará el momento, todavía no.

Ahora, por ejemplo, me acaban de proponer una editorial catalana una cosa que me ha gustado muchísimo.  Eso es posible que lo haga, pero te voy a decepcionar porque no tiene nada que ver con un libro de memorias que abarque toda la época de mi trabajo.  Hay una editorial catalana que ha creado una colección preciosa que consiste en que personajes de la vida política, social y cultural con una cierta proyección pública, escriban sus memorias de infancia.  Sus memorias desde el primer recuerdo hasta los catorce años.  Me lo propusieron y eso sí lo he aceptado, no sé cuando lo voy a hacer, me han dado un plazo de tiempo.  Lo acepté porque de repente me apetece revivir y obligarme a reconstruir mi infancia que de alguna manera también puede tener interés porque es como una zona lejana y no me compromete tanto.

Ahora bien, te digo una cosa, yo he heredado de mi padre una afición enorme que es a guardarlo todo.  Mi padre tenía una vocación enorme de bibliotecario, de archivero.  No pudo serlo, digamos oficialmente, por circunstancias familiares, de la guerra…etc.  No pudo terminar la carrera ni pudo estudiar para ello, pero lo era.  En casa él guardaba todo y tenía unos archivos inmensos de todo lo que se refería al mundo del teatro y a la cultura.  Todo eso, lógicamente, lo he heredado yo.  Como había visto a mi padre siempre guardando y clasificándolo todo, yo tengo guardado absolutamente todo, todo de mi carrera, todo el material: programas, críticas, cosas que no tiene nadie, que son las notas de los ensayos que yo he ido tomando de trabajos con grandes directores, etc.

¡Fantástico¡

Todo eso, sí es verdad, que yo lo tengo guardado y eso no lo voy a tirar nunca.  Yo creo que he ido guardando todo eso para algún día reunirlo y ofrecerlo.  Estoy convencido.  Hace unos años se publicó una página web mía que sigue pero que no está vigente.  Ya está dado el encargo a una nueva empresa para fabricar una página web nueva y supongo que en tres o cuatro meses estará terminada.  La anterior la hizo una empresa que empezó con muchas ganas pero las relaciones fueron muy difíciles, la empresa también tuvo crisis y la página se quedó como congelada.  A mí eso me da mucha vergüenza, pero yo tampoco tengo tiempo para ocuparme de ello.  Por ese motivo ya contacté, hace medio año, con otra empresa que está confeccionando la nueva y quieren que sea especialmente maravillosa.  Como yo decía en aquella página web, yo quiero volcar en esa web ¡todos¡, todos los documentos y toda la información que yo tengo de todos los espectáculos.

Yo he realizado cuarenta y tantos espectáculos a lo largo de cuarenta y cinco años.  He vivido cuarenta y cinco años del teatro español último y puedo contar muchas cosas y tengo muchos documentos que no son de alcance público y que a la gente que le llega el teatro puede ayudarles a entender cómo ha sido y como es nuestro teatro.

Y eso, por supuesto, que lo voy a volcar en esa nueva página web, con tiempo, requiere mucho tiempo.  Pero sí es verdad que ronda por mi cabeza desde hace tiempo la idea de hacer un libro que no tiene nada que ver con eso que se llama autobiografía o memorias.   A mí me gustaría hacer un libro – y lo voy a hacer – y esa es una de las razones por las que estoy diciendo “quiero rebajar m ritmo de trabajo para dedicarme a mí”.  Dedicarme a mí quiere decir dedicarme tiempo para hacer eso y ahora no lo tengo.  Hacer un libro en el que yo simplemente hablara, no de mi vida, sino que hablara cronológicamente desde el “Marat Sade” que yo estrené…

En el 68…

En el 68 ó 70…

En el 68 fue “Marat Sade” con Marsillach, y en el 70 hizo “Romance de Lobos” con José Luis Alonso.

Sí, eso…, en el 68 y que fue mi primer espectáculo profesional, “Marat Sade”, hasta el último que es éste de “A cielo abierto”.  Bueno, aunque hay otros posteriores en la creación, o “El Zoo de Cristal” que estoy dirigiendo ahora.  Contar la historia de cada espectáculo, es decir, desde que me ofrecieron el personaje o el trabajo, el proceso de ensayos, hasta la noche del estreno, las críticas, etc.  Y recoger de cada espectáculo todo el material que yo tengo.

Serán una especie de memorias porque es contar qué me pasaba a mí y qué pasaba a mi alrededor mientras estaba haciendo ese espectáculo.

¡Eso será precioso¡ Será precioso…

Esa es la fórmula del libro, donde cada capítulo sería un título de obra.  Estaría el capítulo de “Marat Sade”, el de “A cielo abierto”, el de “La Cabra”…, ceñido a eso.  Esa fórmula me está gustando, estoy empezando a pensar en ello y cuando pienso mucho en algo quiere decir que lo voy a hacer (ríe).  Pero para poder hacerlo necesito tiempo.  Necesito dejar de trabajar tanto – cara al público – como lo estoy haciendo ahora.  ¡Y lo voy a hacer, seguro¡

Por último, ha trabajado en varias ocasiones con la sublime Carme Elías… 

¿Para cuándo la próxima vez?

Ví a Carme, precisamente, el domingo pasado haciendo “Doña Rosita la soltera” en el TNC (Teatre Nacional de Cataluña), en Barcelona.  No la había podido ver antes y fui el domingo nada más llegar de Avilés.  Me gustó muchísimo, por supuesto.   Yo quiero a Carme mucho porque me sentí muy unido a ella en un momento determinado de mi vida.  Era cuando ella y yo hicimos con Josep María Flotats el “Lorenzaccio”, en el Poliorama de Barcelona.  Ella hacía el personaje de la Marquesa  y yo el Cardenal Cibo y teníamos dos grandes escenas juntos y aquello nos unió enormemente, nos entendimos muy bien y nos quisimos muchísimo.  Yo sé que ella me aprecia mucho.  A mí me hubiera gustado infinitamente seguir trabajando con Carme.  Creo que es una grandísima actriz, creo que es, aparte de bellísima que ya es un tópico decirlo, es una actriz inteligentísima y eso se nota.  La inteligencia se nota mucho, y es una actriz con una sensibilidad increíble.  Su sensibilidad creo que es lo que más me llama la atención de Carme como actriz.

Me hubiera gustado trabajar muchísimo más con ella y las circunstancias nos han llevado a no volver a trabajar juntos desde entonces.  Coincidimos en la película “Sevigné”, en un par de secuencias que me gustaron especialmente.  Nos vemos a menudo, pero…, ella y yo lo comentamos muchas veces.  Ella me dice “¿Pou?”, y yo le digo “Carme ¿qué pasa, por qué no trabajamos juntos?” pues no lo sé.  No ha habido nunca la posibilidad.

Tengo una espina clavada con Carme.  Ella, no creo que desvele ningún secreto y no quisiera molestar a nadie con ello y si es así pido perdón, me ofreció y me pidió que yo fuera su compañero de reparto en “84 Charing Cross Road”, en aquella magnífica función.  Cenamos una noche, Carme y yo, y me dijo: “me gustaría hacer esa función y me gustaría mucho que tú la hicieras conmigo”.  ¡Y yo la hubiera hecho encantado¡ pero no podía…  Tenía ya otros contratos que me ocupaban un año y medio por delante y ella quería hacerla ya enseguida y no podía esperarse.  Me sentí muy mal por no poder hacerla, o sea, me halagó muchísimo que Carme quisiera hacer conmigo esa función y me dolió mucho, en el alma, tener que decirle  “Carme, no puedo”.   Sé que ella lo entendió, eran compromisos que yo tenía anteriores y que tenía que cumplir, pero a pesar de ello me siento mal.  Sé que me hubiera gustado mucho hacer esa función con Carme y sé que hubiéramos disfrutado mucho los dos porque además es una función que me gusta mucho, mucho, mucho…

Y luego, pues no ha habido ocasiones.  Más tarde, siendo yo Director del Teatro Goya de Barcelona, aún cuando no íbamos a trabajar juntos en el escenario pero era algo que yo generaba, le ofrecí a Carme que hiciera la protagonista de “Un marido ideal” de Oscar Wilde.  Ella hace Wilde ¡como nadie¡  Recuerdo que me reuní con ella y se lo ofrecí, pero ella no pudo hacerlo.

Me parece una actriz grande, de las grandes de este país, de las cuatro o cinco grandes de este país.  Creo que ha madurado y está madurando de una manera excepcional y estoy deseando volver a trabajar con ella.

El domingo viéndola hacer ese personaje en “Doña Rosita la soltera”, además ya de primera actriz con una cierta edad, recordaba a Carmen Bernardos, yo me acordaba de ella que lo había hecho con Nuria Espert y Encarna Paso en el María Guerrero, la última vez que se montó “Doña Rosita” y dirigida por Lavelli.  Me emocionaba viendo a Carme ahí, haciéndolo con ese peso, con esa solidez, con esa serenidad con la que hace, sobretodo, el tercer acto…

Y que es puro Chejov…

¡Puro¡ es como el final de “El jardín de los cerezos”, es maravilloso.  Esa es Carme, una actriz y una persona que yo quiero muchísimo.

Ojalá encuentren el texto, la obra y el momento que les permita volver a trabajar juntos.

¡Ojalá encontremos el momento¡ pero esta profesión tiene eso, que a veces nos lleva por direcciones diferentes y no es fácil.  Carme y yo somos grandes amigos, nos vemos muchísimo y sería un placer enorme para mí.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

JOSEP MARIA POU (Entrevista. Parte 2 de 3), por Yolanda Aguas

(Esta entrevista es continuación de: JOSEP MARIA POU – Entrevista. Parte 1 de 3 –)

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De todos los personajes que ha interpretado… ¿ha tenido la necesidad de juzgar a alguno de ellos, o su forma de enfrentarlos ha sido siempre con comprensión?

Uy…¡  (ríe), por supuesto que cuando decides hacer un personaje ya le has juzgado.  Es decir, a ti te llega un guión o un texto de teatro y lo lees y aquel personaje te gusta o no te gusta y si tomas la decisión de hacerlo ya le has juzgado, y significa que le aceptas.

Lo que puede pasar luego es que ese personaje no tenga nada que ver contigo, o sea un asesino en serie y tú no lo eres, etc.  Se produce una paradoja enorme en el arte del actor, es que para poder dar credibilidad al personaje, que en eso consiste el oficio, que el público se crea que no es al actor al que está viendo sino al personaje y tú tienes que darle la verdad, tienes que darle tu verdad, entonces tienes que entender el personaje, tienes que querer al personaje.  No puedes interpretar un personaje del cual estés en contra.  Y ahí es donde hay que rebuscar, y a veces pasar por caminos muy tortuosos en tu mente y hasta en tus entrañas, en tus emociones, en tus sentimientos.

Caminos para entender, comprender y llegar a querer a personajes que, en tu vida real, si no fueras actor, despreciarías su comportamiento.  A eso hay que llegar ¿no?  Ese es un mecanismo que forma parte del oficio.  Alguna vez me ha tocado hacer personajes con los que no compartía absolutamente nada, pero con los que no compartes nada o que te dan un cierto repelús, es verdad que esos personajes estaban escritos, conformados y formaban parte de una obra tan maravillosamente bien escrita por un autor, que decías “bueno, me compensa estar haciendo esta función”.  La parte que yo aporto es una parte de un personaje que no me gusta, pero qué bien que haciendo yo esa parte que no me gusta y que no quiero y me estoy obligando a querer, hace posible todo el resto de la función.  No sé si me explico…

Y en la vida… ¿está liberado de juzgar a los demás?

Bueno…, uno no puede evitarlo.  Cada día tienes que estar emitiendo juicios.  Yo soy mucho de “vive y deja vivir”, procuro hacerlo precisamente porque reclamo muchísima libertad, la he reclamado siempre para mí, reclamo una enorme libertad para mí y respeto muchísimo la libertad de los demás.  Creo que el ser humano está sujeto a tantas y tantas contradicciones y condicionantes que nunca se debe juzgar a nadie por lo que veas o pueda hacer en un momento determinado.  Las circunstancias cambian tan rápidamente y obligan a las personas tan rápidamente… No, no, no… No me gusta, y sobre todo, puede que exprese opiniones pero no soy de juicios condenatorios.

El teatro siempre ha sido una prioridad para usted… “Ser actor era ser actor de teatro.  Hay dos carreras: de actor y de estrella.  Las dos son lícitas pero tienes que elegir”.

¿No encuentra a nadie que reúna ambas cosas?

Sí, por supuesto… (sonríe), lo que pasa es que eso lo decía hablando sobre todo de la gente joven, la gente joven de los últimos años.  Ahora cuando hablas con la gente joven que quiere ser actor, no quieren ser actor, quieren ser “actor de series de televisión”, lo cual quiere decir que quieren ser estrellas, quieren ser muy populares, que la gente les pida autógrafos, quieren hacer las alfombras rojas de los festivales, quieren salir en las portadas de las revistas y además ganar muchísimo dinero.  Eso es lo que les importa más que el hecho de incorporar personajes, hacer grandes textos, todo eso de lo que venimos hablando en esta conversación, Yolanda, que yo entiendo que es mi oficio.  A eso me refería.

Es lícito que alguien decida ser una estrella en este aspecto, pero creo que eso se acaba muy pronto, es muy difícil luego mantener eso sin tener una base de actor.  Hay quien por ese camino descubre el placer de ser actor de la otra manera y se funden las dos cosas.  Me refería con eso que yo creo que cuando uno decide ser actor y se mete en eso, está tan absorbido con su trabajo también (por lo que le gusta su trabajo, por el hecho de ensayar, de encontrar el personaje, de hacer una función por otra) que uno no se preocupa de las consecuencias.

Realmente los buenos actores son los que están continuamente luchando por hacer el personaje lo mejor posible, por conseguir textos mejores que los anteriores.  Todo el empeño y las ganas, casi como una mula con las orejeras, están puestas en el trabajo y no nos preocupamos, permíteme que me incluya en ese grupo, al menos yo no lo he hecho nunca, de la repercusión de mi trabajo o nunca he sido realmente consciente.

Luego dicen “te has convertido en un personaje importante, la gente habla maravillas de ti…”.  No soy demasiado consciente. ¿Por qué? Porque he empleado el 100% de mis capacidades únicamente en preocuparme de mi trabajo, no en preocuparme de los efectos secundarios de mi trabajo.  Como yo, muchísima gente.  Lo cual me lleva a pensar que los actores que se dedican con intensidad a su trabajo y a intentar mejorar día a día, llegan a convertirse en estrellas, si ser estrella es algo, si ser estrella significa que hay una cantidad de gente que es capaz de moverse para ir a ver tu trabajo.

Ser estrella no significa más que eso.  Si es así, bienvenidas sean esas estrellas.  Ser estrella se consigue con el trabajo bien hecho de cada día.  Como efecto secundario me parece estupendo, lo que me parece mal, y a eso me refería, es esa gente que ya de entrada sólo quieren ser estrellas.

Permítame nombrarle a los actores que marcaron la vida de muchas personas, entre ellas la suya:  José Bódalo…

¡Oh¡ ¡El más grande actor¡,  Yo creo el mejor actor que ha habido nunca en este país, por lo menos desde que yo estoy vivo y he podido ver actores, incluso en filmaciones anteriores.  El más grande actor con el que tuve la suerte de trabajar a su lado en el escenario varias veces.

Luisa Sala, José Mª Prada, Irene Gutiérrez Caba, Mayrata O’Wisiedo, , José María Rodero, Pablo Sanz, Ana María Vidal, Amelia de la Torre, Encarna Paso…

¡Oh, oh…¡  Todos esos son mis maestros, ¡todos¡

Nómbreme usted a los que actualmente considera que pueden ser los  “actores-guía-modelo-maestros” para los jóvenes actores que comienzan…

Hombre… (sonríe) Me obligas a algo que es dar nombres…

Le obligo, le obligo… (reímos)

Te diré nombres, pocos… y siempre pensando que hay más.  Es decir, me estás diciendo en definitiva, con un circunloquio que te de los nombres de los que yo creo que son los grandes actores del momento.

(no puedo evitar reír…¡me ha pillado¡)

Con un circunloquio, pero me estás pidiendo esto…

Sí…

Yo creo que son dos grandísimos actores, grandísimos, completísimos actores: José Luis Gómez y Josep María Flotats.  Ellos deben ser dos modelos imprescindibles.

Bien es cierto que estoy citando a actores de una determinada edad.  A lo mejor me faltaría tiempo para reflexionar, pero hablamos sólo de actores, de hombres.  Yo creo que es un grandísimo actor también: Miguel Rellán.  Me parece un enorme actor.

Hay muchos actores que me gustan y que pueden ser modelo.

Me gustaría poderte dar nombres de actores más jóvenes, pero es que creo que los actores más jóvenes, que los hay muy buenos y pueden llegar a ser maestros, pues van a llegar a ser maestros.  De todas maneras me atrevo a darte el nombre de un actor joven (de las últimas generaciones) que hace mucho teatro, ha hecho algo de televisión, no es demasiado conocido quizá todavía y que yo creo que es un actor sublime:  Pablo Derqui.  No sé si le has visto en la serie “Isabel la Católica”, él hacía el personaje del rey Enrique IV.  Es un actor que en Barcelona ha hecho unos trabajos brutales, es un actor que a mí, cada vez que le veo, me pone la piel de gallina y eso para mí significa algo, me indica que es un grandísimo actor.

Quizá habría más, pero me comprometo a decirte éstos.

Con la certeza de que todos tenemos luces y sombras, ¿su faceta como actor le ha permitido vehicular su oscuridad?

Sí, ¡seguro, seguro¡ (ríe)

Sí, la mayor parte de actores lo somos para escondernos debajo de los personajes.  Somos actores para disimular nuestra parte oscura.  A lo mejor no somos capaces de enfrentarnos al mundo tal como somos y queremos desaparecer debajo de otros, por eso nos disfrazamos de otros y nos hacemos pasar por otros.  Los psiquiatras y psicólogos saben mucho de eso porque también han estudiado mucho a los actores.

Y hay una cosa, que es muy positiva,: los actores tenemos la suerte inmensa de poder vivir tantas vidas distintas que siempre llega el momento de que un personaje te obliga a explorar tus zonas más oscuras, y a sacar la luz, aunque sea dentro de la ficción verdades tuyas muy oscuras que al saber que están metidas dentro de la ficción tú las sacas sin ningún pudor, pero tú sabes que son verdades oscuras pero se las prestas a otro personaje para que él las haga.  Y las enseñas sin que el público sepa que son tuyas, son del personaje….Es complicado, pero creo que mi explicación se comprende.

Perfectamente…

A sus 70 años, en plenitud de su infinito talento ¿le cuesta más adentrarse en determinados territorios como actor?  ¿Es más sutil el margen entre el personaje que finge ser y la persona que realmente es?

No, no, no… al contrario.  Con los años, en este oficio vas perdiendo el miedo y el pudor.  Al principio de tu carrera te da mucho miedo meterte de lleno en los personajes o asumir los personajes y entregarte de lleno.  Luego, poco a poco, te lleva a ello el oficio.  La fusión entre tú y el personaje, cuando coges uno que te gusta, por ejemplo el personaje de “A cielo abierto” es uno que yo adoro, de lo mejor que me ha pasado en la vida, ese ser atormentado y muerto de amor que es Tom, yo le entiendo perfectamente, le conozco muchísimo, me identifico mucho con él, no digo que yo viva lo mismo que él, pero le entiendo y me identifico y le quiero muchísimo, es un ser loco de amor y es un ser además muy inteligente, que sabe que su tiempo se está acabando, que eso de ser un multimillonario que va por el mundo arrasando, y ese capitalismo salvaje en el que él vive no tiene sitio en un mundo futuro más justo, y entiende perfectamente que el camino de Kyra es el ideal, el de colaborar con los demás y comprometerse con los más desfavorecidos, y entiende que ya no tiene sitio en este mundo, y él es lúcido y lo entiende pero por amor está dispuesto a hacer lo que haga falta y hasta suplicar, como suplica al final…

Yo a ese hombre le entiendo de maravilla y me hace feliz hacer cada día a este hombre en escena, pero lo quiero decir es que hace unos años, quizá a mí me hubiera dado pudor y me hubiera costado hacer un personaje como éste.  O entregarle toda mi verdad a un personaje como éste.

Ahora no.  A medida que pasan los años has perdido todo el pudor a enseñar tus miserias.  Sacas tus miserias y se las prestas al personaje ya sin ningún pudor porque has llegado a la conclusión de que tú vives a través de tus personajes.  Yo estoy convencido de que yo soy el que soy en este momento, hoy jueves 3 de abril de 2014, a mis casi 70 años y en Zaragoza, estoy convencido de que soy el que soy porque he ido creciendo y formándome a través de los personajes que he interpretado, más que de lo que yo he aprendido en la vida real.  Seguro.

(Esta entrevista sigue en: JOSEP MARIA POU – Entrevista. Parte 3 de 3 –)

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

JOSEP MARIA POU (Entrevista. Parte 1 de 3), por Yolanda Aguas

Zaragoza, 3 de Abril de 2014.

A veces los sueños se cumplen y nos hacen creer que todo es posible en la vida.  Para nosotros, conversar tranquilamente con Josep María Pou, era uno de esos sueños.   Él vino a Zaragoza, tras veinte incomprensibles años de ausencia en los escenarios de la ciudad, para representar la obra “A cielo abierto”, y nos concedió la entrevista que leerán a continuación.

A pesar del cansancio -llevaba todo el día de promoción- , fue muy generoso y nos regaló mucho más tiempo del solicitado.

Es un hombre culto, de conversación fluida y brillante, y descubrimos gratamente que – además – es muy divertido.

Nos hubiera encantado hablar con él de todos sus trabajos, uno por uno, pero las entrevistas no lo permiten por razón de tiempo.  Sin embargo, nos quedamos con la satisfacción de saber que en sus planes futuros está la idea de escribir un libro donde hablará precisamente de eso, de todo lo vivido en cada una de sus funciones teatrales.

Es un maestro, no descubrimos nada al decirlo, de la interpretación y de la dirección teatral. A veces parece un mago porque todo lo que pasa por sus manos lo convierte en éxito de público y crítica.

Josep Maria Pou, nos concedió esta entrevista que bien podría definirse como una master class, otra ¿y van?…

POU e Irene al fondoPOZA y POU

David Hare, el autor del texto, fue a verles a Barcelona cuando estrenaron la versión catalana.  ¿Puede compartir con nosotros lo que le expresó al ver la obra?

Sí, cuando estrené la obra en el 2003, él vino a Barcelona a ver el montaje que hice con Marta Calvó y dirigido por Ferran Madico.  David estuvo cuatro días enteros con nosotros.  Le invitamos no sólo a que viniera a ver la función, sino a que él interpretara en el Teatro Romea (con el mismo decorado de “Celobert”) un texto que él había escrito que se llamaba “Vía Dolorosa”, donde él publicó su experiencia de un viaje a Israel.  Es un texto muy famoso que él interpretó por todos los teatros del mundo y que luego lo han hecho también otros actores.  Yo tuve la suerte inmensa de que él vino a Barcelona, estuvo allí cuatro días con nosotros, vio la función un par de veces y le gustó muchísimo.

Cenando una noche en un restaurante de Barcelona, me cogió aparte para decirme que le había sorprendido y que le había encantado mi trabajo.  En Inglaterra, esta función ya la habían interpretado 3 ó 4 actores porque allí se estrenó en el año 1995.  Le habíamos contado que yo iba a hacer otra obra suya que se llama “El beso de Judas” (The Judas Kiss), maravillosa obra, donde el protagonista es Oscar Wilde y yo iba a hacer de Wilde.  A él le entusiasmó porque pensó que yo podría hacer un Oscar Wilde perfecto.  Luego, junto a Calixto Bieito – Director Artístico del Romea – , en otra cena donde él se enamoró de Barcelona, era la época en la que él estaba nominado al Oscar por el mejor guión adaptado de “Las Horas”…

Maravillosa película, de mis preferidas…

Sí, y maravilloso guión…, y eso impidió que él se quedara más días en la ciudad porque tenía que irse directamente a Los Ángeles para asistir a la ceremonia, sino él se habría quedado más horas con nosotros.  Y conseguimos, no sé si por el éxito de “Celobert” y de la reacción del público, que él se ofreciera a escribir una obra para que la estrenara yo, para que se estrenara en Barcelona y ¡localizada en la ciudad de Barcelona¡  Nos despedimos con su promesa, pero luego nunca más supimos nada.  Calisto mantuvo contacto con él durante un tiempo y él seguía diciendo que lo haría… pero ninguno de nosotros insistió, eso es verdad, para reclamarle nada.  Lo cierto es que sí, tuve la suerte de conocerlo y al poco tiempo fui a Londres para el estreno en el National de una función suya que se llama “The Permanent Way”, que era una diatriba contra la privatización de las líneas de trenes en Inglaterra. Fue un éxito muy grande del Nacional y también tuve la suerte de cenar con él en el National.  Pero sí, él vio el trabajo que hicimos en Barcelona y lo alabó mucho.

El año pasado retoma la obra, esta vez en castellano, y elige a la gran Nathalie Poza para acompañarle en esta nueva aventura.  Fue compañera suya en la serie de televisión “Policías”, en “Lex”…  y tras “A cielo abierto”, el verano pasado la dirigió de nuevo en “Fuego” de Duras en el Festival de Teatro de Mérida.   ¿Qué destaca en Nathalie por encima de todo? 

POU y POZASaludando POU y POZA

Esta mañana, en la rueda de prensa celebrada en el Teatro Principal de Zaragoza, afirmó que Nathalie es actualmente una de las tres mejores actrices españolas.

Sí, Nathalie es una de las dos o tres mejores actrices en este momento.  Seguro, segurísimo…  Es una actriz ¡como la copa de un pino¡  Es increíble y no sólo por sus cualidades de actriz, que las tiene, sino por la manera como entiende el teatro.  Me siento muy identificado con Nathalie porque es una persona que entiende el teatro y el oficio de actor como lo he entendido yo toda mi vida y no es fácil encontrarse compañeros que entiendan el teatro de esa manera.  Es casi como una especie de sacerdocio que requiere tu dedicación y tu compromiso.  Compromiso con los textos que eliges, compromiso con el beneficio o el daño que le puedes hacer al público interpretando un texto determinado o no.   Yo siempre he estado muy preocupado por eso.

Yo sabía, desde hace muchos años, desde que conocí a Nathalie en “Policías” que cuando yo hiciera esta función en castellano tenía que hacerla Nathalie.  Cuando yo decidí montarla el año pasado, lo primero que hice fue llamarla y le dije “guárdame las fechas porque quiero hacer esa obra en español contigo”.  Ella me dijo sí ¡de inmediato y entusiasmada¡  Ella, como ya has visto, está genial en esta obra.  Tan genial está que ella ha conseguido que yo haga mi personaje mejor de lo que he venido haciéndolo en los últimos trece años.

¡Están los dos magníficos¡ hay momentos en que me caen las lágrimas…

¡Y a nosotros¡

Carme Elias piensa que el teatro es una respiración conjunta entre actores y público, en la que la aportación del espectador es “esencial”, pues se genera una combinación de emociones que determina el resultado final, lo que define como un “estado emocional maravilloso” y que cada función de teatro es una experiencia irrepetible, un acto que nace y muere y que puede terminar de manera muy diferente en función del público que crea esa “respiración conjunta” junto a los actores. 

¿Está de acuerdo?

¡Totalmente¡ De acuerdo 100% y 1000%o , esa es una teoría, es una opinión que yo vengo defendiendo desde hace años y años.  Yo lo expreso de esta manera: Si el público fuera consciente, que no lo es, de hasta qué punto su actitud en el momento de la función condiciona que la representación de ese día sea buena o mala, o mejor o peor, se asustaría.  El público es el auténtico responsable de que aquella función de aquel día en el que él está dentro del teatro sea buena o sea mala con su actitud.  Nosotros salimos a escena y nos alimentamos de la energía que manda el público.  A veces es una energía absolutamente a favor, es decir, con ganas de ver el espectáculo, con predisposición para parar su vida durante dos horas y meterse en la vida que nosotros le ofrecemos.  Otras veces te encuentras con un público que está más despistado, que se ha metido en el teatro quizá no con las ganas que debiera porque alguien le ha llevado… y nosotros para eso tenemos una hipersensibilidad y esto lo notamos enseguida.  Cuando te encuentras con un público, sin necesidad de mirarles, porque no les ves, sin necesidad de hablar con ellos, simplemente por su respiración o por su aliento, allí se crea una atmósfera –como una especia de burbuja- en la que te encuentras metido con el público en la misma burbuja.  Cuando notas eso, sabes que la función va a ser genial y eres absolutamente feliz.  Esa felicidad que propicia el público hace que tú hagas una función genial, que tú seas mejor actor que nunca.  Eso, por suerte, se da muy a menudo, bastante a menudo…

Y también, se da el caso contrario y notas que no hay una burbuja, que hay dos burbujas: la tuya y la del público.  En ese caso yo les digo a mis compañeros “no hay que abandonar”.  Lo peor que puede pasar, y es lo que hacen algunos actores y eso es malo, es que cuando se dan cuenta de que ellos están en una burbuja y el público está en otra no hay manera de que esas dos burbujas se fusionen para hacer una sola, los actores abandonan, dicen “hacemos la función para nosotros y allá ellos y que entiendan lo que quieran, que cojan lo que quieran o que disfruten lo que quieran”.   Eso es lo peor que le puede pasar a un actor.  Lo que tiene que hacer el actor es luchar para que la burbuja de afuera empuje con la máxima fuerza posible para que se fusione con la otra, y si lo haces, lo consigues, seguro.  O tener el magnetismo para conseguir quela burbuja de abajo suba hasta el escenario para fusionarse con la nuestra, eso es un placer.  Yo he vivido días en los que “el público estaba frío” (como se suele decir), con una cierta lejanía.  Notas que a los diez o veinte minutos ya los has hecho tuyos, ya respiramos conjuntamente y eso es uno de los mayores placeres de estar encima de un escenario.  Sin público no hay teatro, no hay oficio nuestro y nosotros no somos nada.  El público es fundamental.

“El Teatro de los niños” que le regalaron en su infancia ¿marcó su niñez y definió su personalidad?

Yo no sé si definió mi personalidad, no lo sé… no me atrevo a decir eso, pero sí es verdad que me marcó.  Lo sigo conservando en mi casa y de vez en cuando lo desenvuelvo y lo coloco encima de un mueble y lo vuelvo a guardar para que no se estropee porque es una joya.  La verdad es que está muy estropeado y está muy viejo porque jugué mucho con él.  Y, atención, porque ya había jugado mi padre muchísimo con él.   Me lo regaló mi padre y a él se lo regalaron de niño.  Es la primera edición de un teatrito de los que hizo Seix Barral, una auténtica joya, algunos se venden en tiendas de anticuarios a precios elevadísimos, y te digo una cosa, es de principios de siglo…

Exactamente, de 1915…

Pues eso… (sonríe), mira… estaba calculando ahora, mi padre nació en 1911 y a él se lo regalaron de pequeño.  Lo tuvo toda su vida y él me lo regaló a mí.  Una vez, un anticuario lo vio y me ofrecía el oro y el moro por él.  En cualquier caso, eso me marcó, no me atrevo a decir que el teatrito, pero sí jugué muchísimo con ese teatro que tenía sus decorados, sus personajes que yo cambiaba y ellos entraban y salían.  Puso en marcha mi imaginación y mi capacidad de fabulación y eso quizá me llevó a lo de ser actor.  Yo he tenido la suerte inmensa, brutal de haber nacido en una familia que iba mucho al teatro, que le gustaba el teatro.  A mis padres les gustaba el teatro y todos los domingos iban al teatro, y a veces otros días más por semana.  Eran grandes espectadores de teatro.

Por otra parte, en mi casa se leía muchísimo y había una enorme biblioteca, lo que no era habitual en una familia de clase media.  Había una habitación grande dedicada a biblioteca con libros hasta el techo y de ellos un altísimo porcentaje, yo diría que un 50%, era teatro.  Eran colecciones enormes, aquellas como “La Farsa” y “La Escena”, se publicaba mucho teatro en los años 30 y 40.  Todo eso estaba en mi casa, yo desde pequeño respiré teatro sin haber nacido en una familia de teatro.  Mis padres eran espectadores de teatro y a mí me parecía normal que los domingos por la tarde fuéramos al teatro y creía que todo el mundo hacía lo mismo.  Mi madre nos ponía la ropa del domingo y era fascinante.  Yo creía que todo el mundo hacía lo mismo, que eso era lo normal y  luego descubrí que no.  No era solamente eso, luego entre semana, mis padres iban al teatro y cuando volvían, al día siguiente nos contaban la obra que habían visto.  Yo creo que mi vocación nace de ahí, forzosamente nace de ahí, de la suerte inmensa que tuve de nacer en esa familia con ese interés y el teatrito también forma parte de eso.

Siempre he pensado que usted es un actor-director tan respetado (y muy querido)…

Me consta (sonríe), me siento querido, sí…

porque a lo largo de su carrera ha tratado de igual forma a su público. Yo lo veo como un hombre que con sus propuestas teatrales ha intentado ayudar y educar al público que siempre le ha seguido. ¿Cree en el principio de la reciprocidad?

Total sí, ¡claro que creo¡.

Cuando eres educado son educados contigo, cuando eres generoso son generosos.  Creo que este mundo se basa mucho en eso y para la convivencia es imprescindible la reciprocidad o la comunión entre la gente.  A parte de eso, has dicho una cosa que me satisface muchísimo, dices que he sido un actor/director que ha procurado siempre educar a su público.  No tanto en educar, pero sí es verdad que yo le tengo un respeto brutal al público, y ya desde el principio de mi carrera, desde muy al principio, yo me hacía un ejercicio y me decía “vamos a ver, si hay una gente a la que yo no conozco de nada, que deciden salir de su casa, gastarse un dinero y comprar una entrada…”

Viajar para verle trabajar en el Teatro de otra ciudad diferente a la de ellos…

Viajar para ir a ver lo que yo hago…, yo no puedo de ninguna manera, a esas personas que hacen ese ejercicio de enorme generosidad, defraudarles haciendo funciones estúpidas, funciones tontas que les hagan perder el tiempo.  Y ese ha sido siempre, y sigue siéndolo, mi gran compromiso con el público.  Que esas dos horas que cada uno de los espectadores, si añadimos viajes son muchas más, dedican a ir a ver lo que yo hago, yo tengo que corresponder a todo eso ofreciéndoles algo de muchísima calidad que les sirva a ellos para sus vidas.  Que no solamente les sirva para esas dos horas, sino que cuando salgan de esa función el recuerdo de ese espectáculo o las reflexiones que les genere ese espectáculo les sirvan para muchísimo más o les sirvan para encontrar respuestas para su vida.

Esa ha sido, y sigue siendo, mi obsesión en el momento de decidir qué función hago.  Me hago siempre esa reflexión.  Y si analizas todas las funciones que he hecho, todas ellas hacen reflexionar al público porque ofrecen temas de reflexión.  A veces con mucho humor, a veces como “Los chicos de historia”, con un espectáculo casi musical.  Hablo sobretodo, atención, y ahí debo establecer una diferencia, cuando digo eso hablo de mí como actor.

Sí es verdad que en los últimos años, en los diez últimos años, donde yo tengo también una carrera paralela como director que empezó con “La Cabra”, he dirigido algunas funciones que quizá alguna de ellas no respondía a eso, pero no me alejaba mucho de ello.  Lo hice conscientemente porque sabía que esas funciones estaban de la mano de alguien, estaban colgadas de la percha de alguien, de la mano de alguna actriz que iba a conectar muy bien con el público y que iba a conseguir esa comunión.   Me refiero, por ejemplo, a las funciones que he hecho con Concha Velasco, que para mí ha sido ¡increíble y fantástico¡ poder contactar con Concha, convivir con Concha en el momento de la creación.

No hablo de “La vida por delante” que era un texto fantástico de Romain Gary, maravilloso y que fue un gran éxito.  Luego, Concha y yo nos permitimos el lujo de hacer “Lo que yo quiero es bailar”, que quizá era un espectáculo más frívolo pero que era una fórmula de función no muy habitual en España.  Que una gran estrella como Concha Velasco saliera al escenario a reflexionar sobre su vida y a pedirle al público que lo hiciera también sobre su vida, eso no era muy habitual.  Mientras ensayábamos “La vida por delante”, Concha me decía “tenemos que pensar otro espectáculo, quiero hacer otro espectáculo contigo” y yo también quería y queremos hacer muchos más juntos.  Ahora nos hemos dado un respiro.  Cuando Concha me decía eso, yo recordé un espectáculo que había visto en Londres y en Nueva York a cargo de una actriz espléndida a la que adoro, Elaine Stritch, donde ella hacía un espectáculo más o menos igual.  Siguiendo ese modelo construí ese espectáculo de Concha que es magnífico.

¿Es más feliz por lo que usted hace por el teatro o por lo que el teatro hace por usted?

Es una pregunta muy difícil de contestar porque las dos cosas son ciertas, las dos cosas me dan el mismo tipo de felicidad.

Por supuesto, el hecho de que yo vea, compruebe, note que lo que hago llega al público y al público le sirve, lo disfruta y lo aprecia y me lo hace saber con sus aplausos de manera inmediata, y con sus comentarios después y con lo que comentan unos con otros con lo que escriben, me hace muy feliz, por supuesto…  Si mi trabajo cayera en tierra baldía pues me sentiría muy mal.

Al hilo de sus palabras, ¿me permite citarle textualmente?

Sí, por favor…

“Quienes te conocen del teatro, se acercan respetuosamente y te saludan o hacen algo, que es de lo que más me gusta del mundo y que también hacen algunos telespectadores, no dicen nada pero te sonríen y, ese gesto, esa mirada, esa medio sonrisa de complicidad es para mí la mejor prueba de que tu trabajo llega…”  ¿Esa es la muestra de amor que usted más valora de su público?

(sonríe)… Por supuesto, por supuesto… ¡y eso ocurre todos los días¡  Yo me siento afortunadísimo por ese respeto, y eso sigue siendo vigente.  Y, es verdad, soy muy sincero.

Me acuerdo de cuando dije eso.  Es un privilegio, el hecho de que llegues a la ciudad que llegues, en un sitio donde no conoces quizá a nadie, donde no has vivido nunca, pero has trabajado en el teatro y la gente te ha visto o te conoce por la televisión o el cine y vas por la calle y la gente, simplemente, te ve…y de repente se queda un poco asombrada de verte allí y se queda parada o simplemente te hace una sonrisa de complicidad en la que te está diciendo “sé quién es usted, le reconozco y hasta me gusta su trabajo”, pero no quieren molestarte.  Yo siempre digo “no me molestan nunca”.  Cuando alguien te para en la calle o donde sea y te viene a decir “señor Pou, su trabajo me gusta mucho”, pero ¿cómo va a molestar? ¡No molesta en absoluto¡ (sonríe) ¡yo me lo comería a besos¡, sea hombre o mujer o lo que sea… (ríe) la persona que se acerca a decirme eso.

Ahora bien, la otra parte de la pregunta “¿soy feliz por lo que yo hago para el teatro?”: Yo no creo que esté “haciendo algo por el teatro” en términos generales…  Pero sí es cierto que en la parcela que me corresponde tener, el espacio que yo tengo dentro del teatro en España en estos momentos, llevo cuarenta años en el teatro y digamos que de esos cuarenta años, en los últimos veinte yo he tenido ya un cierto poder.   Lógicamente, uno va confeccionando su carrera y cuando llega a un punto, uno tiene un cierto poder para decidir qué espectáculos quiere hacer o no.  En razón de eso, sí que siento que he hecho algo por el teatro, en el sentido de que por ejemplo las últimas quince obras de teatro que yo he hecho, ha sido así porque las he elegido yo, he decidido yo hacerlas y han resultado muy bien, al público les han gustado mucho.  A mí me hace muy feliz haber, de alguna manera, propiciado que el público pueda disfrutar con aquellos textos que a lo mejor, si no los hubiera hecho yo, no los hubiera hecho nadie y el público no hubiera podido disfrutar de ellos.

(Esta entrevista sigue en: JOSEP MARIA POU – (Entrevista. Parte 2 de 3 –)

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NOTA:  Las fotografías insertadas en este post son propiedad y autoría de YOLANDA AGUAS para CINET FARÖ.

“TIERRA DE NADIE” de HAROLD PINTER en el TNC, por Yolanda Aguas

pouhomar

Es una de las obras que nadie puede perderse de la programación 2013-2014 del TNC (Teatre Nacional de Catalunya). 

Al frente de este proyecto, el nuevo director del TNCXavier Albertí – y dos actores legendarios: Josep María Pou y Lluis Homar.

A petición expresa del propio Harold Pinter, fallecido en 2008, el funeral de este hombre imprescindible del teatro contemporáneo empezó con la lectura de un fragmento de su obra maestra, Tierra de nadie.

Dos antiguos amigos, que han olvidado todos los lazos que los unían antes de la Segunda Guerra Mundial, se reencuentran en una noche cargada de alcohol, la cual volverá a despertar las heridas de un pasado que necesita ser ordenado para no verse condenado eternamente a una esterilidad insalvable.

En este personal descenso a los infiernos contemporáneos, Pinter nos ofrece una de las reflexiones más lúcidas que ha dado últimamente el teatro sobre la función necesaria de la poesía en un mundo devastado que ya no puede permitirse creer en relatos simplificadores.

Si Dante toma a Virgilio como guía para su monumental travesía poética, Harold Pinter se adentra en el particular descenso a los infiernos contemporáneos que es Tierra de nadie acompañado de la mano silenciosa de su admirado T.S. Eliot.

Podría incluso mostrarle mi álbum de fotografías. Podría incluso suceder que viera en él algún rostro que le recordara el suyo, lo que antes había sido. Podría ocurrir que viera rostros de otros, en la sombra, o mejillas de otros, dándose la vuelta, o mandíbulas, o nucas. U ojos, oscuros bajo sombreros, que podrían recordarle a otras personas que había conocido, que creía habían fallecido hace mucho tiempo. Pero de las cuales aún recibirá una mirada de reojo, si sabe enfrentarse al fantasma bueno. Acepte el amor del fantasma bueno. Ellos poseen toda aquella emoción… atrapada. Quítese el sombrero ante ellos. No le quepa la menor duda de que eso no los liberará, pero quién sabe… qué alivio… les dé quizás… quién sabe cómo pueden reanimarse… en sus cadenas, en sus jarrones de cristal. ¿Le parece cruel… apremiarlos cuando están sujetos, encarcelados? No… no. Profundamente, profundamente, desean responder a su tacto, a su mirada, y cuando usted sonríe, su alegría… es ilimitada. Y por eso le digo: tratemos a los muertos con la misma ternura con la que querríamos ser tratados, ahora mismo, en lo que describiríamos como nuestra vida.

(Tierra de nadie. Fragmento leído en el funeral de Harold Pinter.)

Como decíamos al inicio de este artículo, el protagonismo de la pieza, que cuenta con la dirección de Xavier Albertí, recae en Josep Maria Pou, quien recientemente también ha estrenado el montaje ‘Los hijos de Kennedy’, en este caso como director. El reparto se completa con la presencia de Lluís Homar, Ramon Pujol y David Selvas, que acompañarán a Pou sobre las tablas del escenario de la Sala Petita del TNC.

La traducción al catalán del texto original ha sido realizada por Joan Sellent, la escenografía ha sido diseñada por Lluc Castells, el vestuario lleva la firma de María Araujo y la iluminación corre a cargo de David Bofarull y el propio Xavier Albertí.

Terra de ningú” es una producción del Teatre Nacional de Catalunya que se instala en la Sala Petita desde el 17 de octubre hasta el 24 de noviembre. Después de su paso por Barcelona, está prevista la realización de una versión en español que comenzará una gira por distintos escenarios nacionales.

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NOTA: Las fotografías insertadas en este post son propiedad del TNC.