MISERICORDIA (Dir. Alain Guiraudie)

Jérémie regresa a su pueblo natal para asistir al funeral de Jean-Pierre, antiguo jefe suyo. Ha decidido quedarse unos días en casa de Martine, su viuda. Pero una misteriosa desaparición, un vecino amenazante y un extraño sacerdote van a hacer que su breve y tranquila estancia tome un giro inesperado.

Tras este envoltorio de agradable cine rural se esconde una juguetona historia de acusaciones, violencia, muertes y sexo prohibido. Jerémie no quiere hacer ningún mal en ese pueblo, en realidad quiere ser una fuerza del bienestar que viene desde fuera, pero acaba descubriendo que cada una de sus acciones, de manera concatenada y como si fueran fichas de dominó, aumentan la desesperación y el dolor de todos los que le rodean, hasta que todo explota y la onda expansiva se hace imposible de controlar.

El filme francés empieza de una manera sorprendentemente arquetípica: un joven va en coche al pueblo donde pasó su niñez y su adolescencia porque el dueño de la boulangerie donde trabajó durante un tiempo acaba de fallecer. Para ayudar a pasar el mal trago a la viuda, decide quedarse unos días más mientras decide qué va a hacer con su vida.

Hasta aquí sería un melodrama normal y corriente, pero Alain Guiraudie solo quiere que te acomodes y te relajes mientras, poco a poco, te va inoculando su veneno.

Es una película sexual y profundamente queer, en la que Jerémie acaba queriendo tener relaciones con todo el mundo. Y aunque para él, que viene de la ciudad -un mundo totalmente externo al fin y al cabo- es un simple juego, para los habitantes del pueblo es un desgarro en todo su sistema de valores, en el que, dentro de sus rutinas y su brutalidad mal entendida, se cuela un poso de ternura y pasión que nunca se habían siquiera planteado.

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