
Marty Mauser, un joven buscavidas que juega al ping pong con una ambición desmesurada, está dispuesto a todo para cumplir su sueño. Con ayuda, entre otros, de la estrella de cine Carol Dunne, demostrará al mundo entero su grandeza.
El esquema básico de las películas Safdie es sencillo y ni siquiera lo inventaron ellos, pero lo han aplicado con precisión y coherencia exquisitas: una carrera contrarreloj de un personaje central poco ejemplar rodeado de secundarios que van a sembrar obstáculos en su camino. La buena noticia es que este esquema puede ser inagotable con debidas variaciones.
Aquí, toma forma a partir de un insolente embaucador (Timothée Chalamet) que va a tener ambiguos aliados, como su atrevida amante (descarada Odessa A’zion), un peligroso mafioso (¡terrorífico Abel Ferrara!) y una elegante mujer madura (maravillosa Gwyneth Paltrow), en su oscuro periplo en pos de una revancha deportiva.
Hay dos elementos imprescindibles en el acabado final del estilo Safdie: el montaje y el guion. El primero otorga ese ritmo endiablado, asfixiante, inextinguible que nos arrolla y el segundo ofrece giros sorpresivos, a veces brutales, que nos deja con la boca abierta. Eso está en “Marty Supreme” y nos pone sobre aviso: tal vez estuviéramos equivocados y el foco no estaba en la unión fraternal. No es Josh Safdie el único eslabón que conecta “Marty Supreme” con las anteriores películas ya que Ronald Bronstein firma tanto el co-montaje como la co-escritura del guion (como ya hiciera en los mencionados filmes de los dos hermanos).
Por lo demás, nuevo trabajo de Timothée Chalamet, actor que siempre he considerado demasiado sobrevalorado.
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