

En el Iraq de Sadam Husein, donde la vida cotidiana está marcada por la escasez y el miedo, Lamia, una niña de nueve años, se enfrenta a una tarea imposible: conseguir los ingredientes para una tarta de cumpleaños obligatoria en honor al dictador.
Bajo las duras sanciones internacionales y la vigilancia constante del régimen, Lamia recorre una ciudad desolada, usando su ingenio y valentía para cumplir con el mandato. Cada paso la acerca al riesgo de ser castigada con prisión o incluso la muerte. El itinerario, compartido con un inseparable amigo, se convierte en un perfil asfixiante de la vida bajo un poder que invade lo cotidiano y lo íntimo.
El iraquí Hasan Hadi debuta con una película de gran hondura, a pesar de su apariencia mínima. Hadi, que creció en Irak en los noventa, construye el relato desde la memoria y lo sostiene con una puesta en escena muy plástica, donde la luz y los encuadres contrastan con la violencia soterrada del contexto.
Los jóvenes intérpretes, naturalísimos, combinan fragilidad y determinación sin recurrir al sentimentalismo. La película sugiere, de un modo sobrio, cómo la tiranía erosiona la verdad y deforma las relaciones humanas. En ese paisaje opresivo, la imaginación de los niños y su amistad abren resquicios de esperanza y otorgan a la historia una resonancia universal.
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