LA SUSTANCIA (Dir. Coralie Fargeat)

Elisabeth Sparkle (Demi Moore) es una actriz cuyos mejores años de carrera ya pasaron. Tras ser despedida por un productor sexista y no poder conseguir más papeles por su edad, cae en una espiral de desesperación. Un día, sufre un fatídico accidente de coche que la lleva a una misteriosa empresa donde le ofrecen una sustancia que supuestamente te convierte en una mejor versión de ti misma.

Decidida a recuperar la juventud que anhela, se inyecta este tratamiento experimental con el resultado del nacimiento de una versión renovada y joven llamada Sue (Margaret Qualley). Obligadas a intercalar una semana de conciencia, deberán aprender a vivir en equilibrio.

Una de las primeras escenas de la película resume de cierta forma el conflicto central de la misma: la estrella de Elisabeth en el paseo de la fama se va deteriorando con el paso del tiempo. Esa estrella es un reflejo de lo que se ha convertido la vida de la protagonista. Una fantástica y arriesgada Demi Moore se ve encerrada en su apartamento de lujo, abrumada por su despido de un programa de ejercicios debido a su edad. Sola, como una Norma Desmond postmoderna filmada con un filtro pop propio de películas como Barbie o Pobres Criaturas, se enfrenta al ocaso de su estrellato. La película está construida como una sátira sobre los cánones de belleza a las que son sometidas las mujeres en el mundo del espectáculo, principalmente en lo audiovisual.

En esto ejerce un rol brillante Dennis Quaid como el productor a cargo de la cadena televisiva en la que trabaja Elisabeth gracias a una actuación que raya en lo desagradable, mientras encarna una serie de elementos machistas y sexistas asociados a diversos magnates corporativos, tanto de la ficción como reales, llevados a los límites de lo paródico. Hacia el final, lo que podría haber sido una audaz crítica en clave de body horror acerca de los cánones de belleza busca aumentar aún más su propia apuesta y termina alargando diversos momentos que pudieron haber cerrado de buena manera la cinta.

Fargeat quiere generar aún más impacto, ser aún más efectista y decide pisar el acelerador a fondo para llevar sus cuotas de sangre y mutaciones a nuevos límites, aunque bien es cierto que la cinta no se toma demasiado en serio a sí misma.

Tal vez es ese el mismo tono que busca la película: el de lo incómodo y la parodia. El de los cultistas y los detractores. El de la fascinación y el escándalo. Y en medio de ese festival de gore histriónico y estilizado, la polémica es algo que definitivamente logra.

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EL CLUB DE LOS MILAGROS (Dir. Thaddeus O’Sullivan)

Ballyfermot, Irlanda, 1960. Una dura comunidad de las afueras de Dublín sigue su propio ritmo, arraigado en tradiciones de lealtad, fe y unión. Las mujeres de Ballyfermot sólo tienen un sueño tentador para saborear la libertad y escapar de la vida doméstica: peregrinar a la sagrada ciudad francesa de Lourdes. Y con un poco de interferencia benévola de su descarado y rebelde sacerdote, las íntimas amigas Lily, Eileen, Dolly y Sheila son las ‘afortunadas’ en ganar el billete de su vida en la alborotada noche de la rifa local.

Todo se complica cuando aparece Chrissie Ahearn (Laura Linney), hija de Maureen, que llevaba años sin aparecer por el pueblo. La situación se les va a todos de las manos cuando empiezan a aflorar hechos enquistados por el rencor.

Sobre un guion de Jimmy Smallhorne, Joshua D. Maurer y Timothy Prager, profundamente conmovedor, sobre la fe, la reconciliación, el perdón y la esperanza, el irlandés Thaddeus O’Sullivan nos ofrece una curiosa película, divertida a veces, dramática otras, que da pie a muchas interpretaciones hasta el punto de que a veces desconcierta un poco al espectador. Sin duda lo más destacable es el reparto, especialmente las cuatro protagonistas, que están inconmensurables y muy bien secundadas por el resto del elenco: Maggie Smith (Lily Fox), Laura Linney (Chrissie Ahearn), Kathy Bates (Eileen Dunne), Agnes O’Casey (Dolly Hennessy), Stephen Rea (Frank Dunne), Mark O’Halloran (Father Dermot Byrne), Eric D. Smith (Daniel Hennessy), Mark McKenna (George Hennessy), Niall Buggy (Tommy Fox), Hazel Doupe (Cathy Dunne)

La puesta en escena es muy correcta, aunque algunos temas parecen estar solo rozados de puntillas. La acción se desarrolla en su mayor parte en el Santuario de Lourdes y sin embargo es evidente que la película no tiene un sentido netamente religioso.
En todo el conjunto, El club de los milagros, es una película muy amable, que se ve con la sonrisa en los labios.

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NOTA: Las fotografías publicadas en este artículo son propiedad de sus autores.

LA GRAN ESCAPADA (Dir. Oliver Parker)

La película de Oliver Parker es un drama biográfico británico escrito por William Ivory. Está basado en la historia real de Bernard Jordan, un veterano jubilado que participó en la Segunda Guerra Mundial y, a sus 89 años, se escapó de la residencia en la que se encontraba para viajar hasta Franciaa, a las celebraciones del 70 aniversario del Día D.

Está protagonizado por Michael Caine y Glenda Jackson, en la que es la última película de la actriz antes de morir.

Bernard Jordan (Caine) e Irene (Jackson) llevan casados sesenta años y ahora residen juntos en un hogar. Cuando Jordan descubre que va a celebrarse el 70 aniversario del día D de la Segunda Guerra Mundial, abandona su residencia y viaja él solo hasta Normandía. ‘The Great Escaper’ no solo narra las aventuras de un hombre de 90 años, sino la necesidad de éste de afrontar sus duraderos traumas tras haber participado en una Guerra así como celebrar toda una vida al lado de la misma mujer.

El reparto se completa con Will Fletcher y Laura Marcus como los jóvenes Bernard e Irene, así como John Standing, Jackie Clune, Danielle Vitalis, Brennan Reece y Wolf Kahler.

La película es una reflexión sobre la vida, el matrimonio y la lealtad.

La película aborda temas profundos, desde la conexión entre generaciones hasta la manera en que los pequeños gestos cotidianos construyen una relación duradera. Pero también toca con sensibilidad la soledad, el alcoholismo y el sentido del deber hacia el país. Todo esto se presenta de manera tan orgánica que nunca parece impostado, ni forzado, además de estar aderezado con algunos toques de humor.

La actuación de Caine, llena de dignidad y vulnerabilidad, es el corazón de la película, mientras que Jackson, fallecida poco después de este trabajo, brilla con una calidez y un realismo conmovedores.

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NOTA: Las fotografías publicadas en este artículo son propiedad de sus autores.

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SOY NEVENKA (Dir. Iciar Bollain)

En el año 2000, Nevenka Fernández, de 24 años, concejala de Hacienda en el Ayuntamiento de Ponferrada, sufre una persecución implacable, tanto sentimental como profesional, por parte del alcalde, un hombre acostumbrado a hacer su voluntad en lo político y en lo personal. Nevenka decide denunciar, aunque sabe que deberá pagar un precio muy alto: su entorno no la apoya, la sociedad de Ponferrada le da la espalda y los medios la someten a un juicio público. Su caso inicia en España el movimiento #metoo mucho antes de que se invente el término. Una historia basada en hechos reales que convierte a su protagonista en una pionera al llevar por primera vez a un político influyente y popular ante los tribunales por acoso sexual y laboral.

Unos años después de dirigir Maixabel (2021), la directora Icíar Bollaín regresa a cines con Soy Nevenka (2024). La ganadora de un premio Goya dirige esta película presentada en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y que retrata cómo un juicio por acoso laboral en Ponferrada revolucionó España.
La película original de Movistar Plus+ está protagonizada por Mireia Orol y está distribuida por Buenavista International (Disney). Icíar Bollaín ha tomado como referencia el libro de Juan José Millás.
En septiembre del año 2000, Nevenka Fernández coge una baja por depresión y se muda a Madrid, dejando atrás su puesto como concejala de Hacienda en el Ayuntamiento de Ponferrada. ¿El motivo? El acoso sexual, laboral y psicológico al que estaba siendo sometida por parte del alcalde de la ciudad, Ismael Álvarez, con quien había mantenido una relación meses atrás. En marzo de 2001, hizo pública su denuncia.

El mundo se apresuró a echarse encima de Nevenka: ni su entorno, ni su partido político, ni la sociedad se puso del lado de la concejala, sino que en su lugar se posicionaron con el alcalde; de hecho, hasta la Asociación para la Defensa de la Mujer Acosada dejó de apoyarla, y los medios de comunicación la sometieron a un juicio público sin precedentes.

Con la película de Bollaín, esta terrible historia de humillación y desprecio social sufrida por una mujer llegará a las nuevas generaciones. Quizá sirva para que recuerden siempre que los derechos adquiridos hay que seguir defendiéndolos para no perderlos.

Magníficas interpretaciones de Mireia Orol y Urko Olazabal.

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UN SILENCIO (Dir. Joachim Lafosse)

Película dramática que nos adentra en la vida de Astrid (Emmanuelle Devos), la esposa de un famoso y prestigioso abogado (interpretado por el gran actor francés Daniel Auteuil). Su voz apagada siempre en un mundo de apariencias.

La repentina fisura en la aparente estabilidad familiar se manifiesta cuando sus hijos, movidos por un ardiente deseo de justicia, se lanzan en una búsqueda que amenaza con desvelar oscuros secretos y desafiar las bases mismas de su vida y la de su esposo.

La nueva película de Joachim Lafosse se centra en este silencio maternal, en este caso el que mantiene a la esposa de un abogado de prestigio respecto a los actos criminales no explicitados que cometió su marido en el pasado, y que resuenan en el presente de sus hijos.

Experto en dramas psicológicos de altos vuelos como Después de nosotros o Un amor intranquilo, Joachim Lafosse quiere levantar aquí un filme sobre cómo afectan a los silencios sobre el abuso. Pero la estructura que plantea, basada también en los fuera de campo, el distanciamiento emocional y lo que no se dice, genera más confusión que complejidad dramática.

La película se sostiene sobre todo en la interpretación de la siempre magnífica Emmanuelle Devos, que logra otorgar solidez a la evolución de un personaje no del todo bien perfilado. Sobre la película de Lafosse pesa desde el pasado mes de junio otro desajuste, lo que genera saber que el director fue denunciado por numerosas colaboradoras justamente por su comportamiento tóxico en los rodajes.

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Nota: Las fotografias publicadas en este artículo son propiedad de sus autores.

ISLA PERDIDA (Dir. Fernando Trueba)

Álex es una española que comienza un nuevo trabajo como camarera en un restaurante de una isla perdida. A pesar de ganarse rápidamente el corazón del brasileño Enrico, Alex se enamora de Max, el gerente norteamericano del establecimiento. Mientras su amor florece, se empiezan a descubrir inquietantes pistas sobre el oscuro y misterioso pasado de Max.

La última película estrenada de Fernando Trueba recuerda a otras coproducciones del director como El sueño del mono loco o Two Much. Pero a diferencia de éstas, rodadas en inglés y con actores estadounidenses, todo en ella es algo fallido; una mezcla de géneros combinados con las inquietudes propias de Trueba, hace sufrir demasiado a la película.

Ambientada en Grecia en el año 2001, la película narra el romance de una camarera española con el propietario del idílico restaurante donde trabaja. Pero este hombre tiene un pasado y Trueba va tiñendo de thriller oscuro y violento lo que podría calificarse un romance melancólico.
El director se apoya en dos magníficos intérpretes, Matt Dillon y Aida Folch. Trueba inyecta una interesante tristeza en esa primera parte de la historia, donde el norteamericano aprovecha para componer uno de sus habituales personajes enigmáticos en un ambiente perturbador, bello y sí, tan simbólico como el título del film.

El problema es que incluso en esos momentos la película se siente como una naturaleza muerta; un amor carente de sensualidad y sexo apoyado en conflictos simples y sin un adecuado plantel de secundarios que sujete el enjuague. Cuando llega la hora de cambiar de marcha y descender a las profundidades del abismo, Isla Perdida no puede evitar convertirse en un vulgar psycho-thriller carente de tensión que ni siquiera el fantástico dúo protagonista puede defender.

La habitual maestría del cine de Trueba no se ve reflejado en esta película ya que el misterio no funciona, la paranoia no cunde y la historia se alarga demasiado en busca de sentido, sin que la propuesta de Trueba justifique su poca verosimilitud.

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SOLO PARA MI (Dir. Valérie Donzelli)

Cuando Blanche Renard conoce a Greg Lamoureux, cree haber encontrado al hombre indicado. Los lazos que los unen crecen rápidamente; están atrapados en una gran pasión. Ignorando sus miedos, Blanche abandona a su familia y a su hermana gemela, Rose, con sueños de reinventarse a sí misma, y poco a poco se encuentra atrapada en las garras de un hombre profundamente posesivo y peligroso. Un hombre al que no se atreve a denunciar por vergüenza, por miedo. Porque la influencia tiene sólo dos resultados posibles. O la víctima se derrumba o se libera…

En esta adaptación de la novela homónima de Eric Reinhardt, asistimos al acoso insoportable al que es sometido a una mujer por parte de un marido enfermizamente celoso, que le hará la vida imposible.
No cabe duda que la historia de Sólo para mí quiere ser un toque de atención a la sociedad y un aviso especialmente dirigido a las mujeres, un modelo-ejemplo que les proporcionen alarmas a la hora de detectar relaciones insatisfactorias y situaciones de acoso.

El guión muestra así como la relación entre el matrimonio se agrava a lo largo de los años, por detalles continuos. El amor y la atracción sexual –un tanto insistente en pantalla– nublan de alguna manera unas pistas iniciales bastante inquietantes y al cabo del tiempo –con niños de por medio y varios años de unión– llegará la catástrofe y los daños serán ya irreparables.

Aunque la película es razonablemente predecible y cuente una temática poco estimulante, el desarrollo narrativo es correcto y ofrece convincentes interpretaciones.

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Nota: Las fotografías publicadas en este artículo son propiedad de sus autores.

EL TEOREMA DE MARGUERITE (Dir. Anne Novion)

Presentada a concurso en el Festival de Cannes de 2023, ‘El teorema de Marguerite’ nos presenta a una extraordinaria estudiante en su último año de doctorado en la Escuela Normal Superior de Lyon (ENS), una de las más prestigiosas de Europa en el campo de las matemáticas. Marguerite (Ella Rumpf, Premio César a la actriz revelación) es la niña prodigio del campus y a la vez el bicho raro. En el día clave, un pequeño error pone su situación al borde del abismo. Marguerite entonces decide hacer borrón y cuenta nueva, y empezar de cero.

Una friqui que va en pantuflas, objeto de envidia y burla de sus compañeros, siempre abstraída tratando de resolver la Conjetura de Goldbach, uno de los problemas abiertos más antiguos en matemáticas, conocido ya por Descartes.

Marguerite se irá a vivir con una bailarina que le llevará a discotecas, experimentará su primer orgasmo y descubrirá que su genio para los números le puede resultar muy rentable jugando al mahjong.
El humor dará paso a una predecible historia de amor en esta entretenida fábula sobre el despertar a la vida, la necesidad del trabajo en equipo y la magia de los números.

«Todo matemático tiene una historia que contar sobre un colega que enloqueció, se volvió esquizofrénico, nunca se recuperó de un error o se suicidó» (Anna Novion).
«Es un campo que requiere tanto trabajo que el cerebro puede implosionar».

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EL 47 (Dir. Marcel Barrena)

EL 47 es una historia basada en hechos reales, dirigida por Marcel Barrena, y que gira en torno a un conductor de autobús que en 1978 secuestró una línea de Barcelona para demostrar que el transporte público podía llegar hasta su –según las autoridades– inaccesible barrio.
En la película, Eduard Fernández brilla protagonizando el personaje Manolo Vital, que al volante de su autobús derribó barreras físicas y mentales en su lucha por la dignidad de un barrio obrero.
Marcel Barrena (Barcelona, 1981), director de películas como ‘100 metros’ (2016) o ‘Mediterráneo’ (2021), se lanza ahora, con un guion escrito a cuatro manos con Alberto Marini, a contar una historia real que encontró por casualidad en un blog sobre transporte metropolitano.

Completan el reparto secundarios de lujo como David Verdaguer, Carlos Cuevas, Salva Reina y la debutante Zoe Bonafonte como la hija de Manolo Vital, además de toda una figuración formada por auténticos vecinos del barrio.

Durante todo el siglo XX y, en especial, unos años 60 marcados por el éxodo rural, las afueras de Barcelona adoptaron el asentamiento de población inmigrante que llegó a la ciudad de todas partes de España buscando una vida mejor. En concreto, la periférica zona de Torre Baró se convirtió en una comunidad donde miles de recién llegados, procedentes de Extremadura –como el propio Vital– o Andalucía construyeron sus casas con sus propias manos. Teniendo en cuenta la ley que estipulaba que no se podía derruir una construcción que tuviera ya el techo puesto, los nuevos vecinos levantaron sus chamizos lo más rápido que pudieron, para poder techarlos antes de que llegasen las autoridades para derribarlos.

A base de lucha vecinal, el progreso fue llegando con cuentagotas. Pero lo que no llegaba, ni siquiera con el fin de la dictadura, era el transporte. En concreto, los autobuses. Según las autoridades, porque los vehículos de la época no podían pasar debido a los desniveles. Un razonamiento que Manolo Vital logró desmentir cuando secuestró el propio autobús que conducía, de la línea 47, y lo llevó hasta aquel barrio tachado de «inaccesible». La gesta del personaje interpretado en la película por un inmenso Eduard Fernández no sólo supuso una victoria contra el aburguesamiento de las autoridades, sino también un logro colectivo que cambió para siempre el barrio, y que provocó que el transporte público fuera llegando a todo el extrarradio barcelonés.

Una película que emociona, no dejen de verla.

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JUSTICIA ARTIFICIAL (Dir. Simón Casal)

El gobierno español anuncia un referéndum para aprobar un sistema de Inteligencia Artificial en la Administración de Justicia que promete automatizar y despolitizar la justicia sustituyendo, en la práctica, a los jueces y juezas en todos los tribunales del país. Carmen Costa, una reconocida jueza, es invitada a trabajar en el desarrollo del proyecto, pero la repentina desaparición de Alicia Kóvack, creadora del sistema, provoca una gran desconfianza en ella, hasta el punto de entender que está descubriendo la punta del iceberg de una conspiración que pretende controlar, desde la justicia, a todo un país.
Imaginemos que los algoritmos son capaces de valorar aspectos biográficos, psicológicos y sociales del acusado, o que son capaces de estimar con precisión las probabilidades de que un condenado vaya a reincidir.

Este es el tema de la película de Simón Casal, con guion suyo y de Víctor Sierra.

La actriz Verónica Echegui encarna a la magistrada Carmen Costa, que alcanzó gran renombre porque se enfrentó a las multinacionales eléctricas. La presidenta del Gobierno español acaba de convocar un referéndum. El tema de la consulta es la incorporación de la IA a los procesos judiciales. De ganar el “sí”, el futuro de los jueces está en serio peligro, ya que el programa Thente es capaz de dictar sentencia con gran precisión jurídica y moral.

La asociación mayoritaria de jueces aboga por el “no”, al contrario que la multinacional que ha patentado el software. En la Unión Europea todos los ojos están puestos en referéndum, pues los resultados pueden influir en el resto de los países miembros. Los partidarios de cada postura tratan de poner de su lado a Carmen Costa, que se enfrenta a un dilema moral de hondo calado. La muerte en extrañas circunstancias de la ingeniera autora de Thente pondrá en marcha una intensa trama.

Película concebida para la reflexión que, aunque no llega a conclusiones novedosas o clarividentes, pone sobre la mesa cuestiones éticas de primer orden y de gran actualidad.

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