Veinte años después de que el mediático romance entre Gracie Atherton-Yu (Julianne Moore) y su joven marido Joe (Charles Melton) escandalizara al país, con sus hijos a punto de graduarse en el instituto, se va a rodar una película sobre su historia. La actriz Elizabeth Berry (Natalie Portman) pasará un tiempo con la familia para intentar entender mejor a Gracie, a la que va a interpretar, provocando que la dinámica familiar se deshaga bajo la presión de la mirada exterior.
Origen de la historia: En 1996, Mary Kay Letourneau, una profesora de secundaria en una tranquila comunidad de Seattle, abusó de Vili Fualaau, uno de sus estudiantes. El caso acaparó los titulares de prensa, no solo por la noticia como tal, sino porque Letorneau concibió dos hijos con su víctima mientras cumplía su condena en prisión. Se casaron en 2005, un año después de su liberación, y tras la lucha de Fualaau contra las órdenes judiciales que les impedían mantenerse en contacto, en ese entonces ya tenía 21 años, pero la conoció cuando tenía solo 13.
Esta es la historia real en la que se basa la última película de Todd Haynes, May December (Secretos de un escándalo).
May December supone la quinta colaboración entre Todd Haynes y Julianne Moore tras ‘Safe’, ‘Lejos del cielo’, ‘I’m Not There’ y ‘Wonderstruck: El museo de las maravillas’.
No es extraño que ambos se compenetren tan bien y nos entreguen en cada película que hacen juntos momentos brillantes y conmovedores. Son el director y la actriz perfectos.
A este equipo se une ahora una actriz, Natalie Portman, que quizá no ha tenido nunca la aceptación de actriz “de prestigio”, aunque sí haya obtenido el favor de un público mayoritario y popular. Atentos a su interpretación en esta película: su monólogo es insuperable…
Todd Haynes ha escrito un guion, junto a Samy Burch, lleno de tensión y buenas dosis de misterio y sensualidad. Es un film melodramático, al estilo del viejo Hollywood. Nada nuevo, tratándose de Haynes.
Importantísima la fotografía que firma Christopher Blauvelt. Tomas con magníficos momentos en los que vemos a los personajes ocultar sus secretos.
De sobresaliente las dos interpretaciones protagonistas femeninas: Julianne Moore y Natalie Portman. Sus escenas juntas (y por separado) son cautivadoras. Nos dejan sin pestañear contemplando la pantalla.
De nuevo, una gran película de un director que enamora con cada uno de sus trabajos.
Augusto Góngora, veterano periodista chileno y destacado cronista de los crímenes del régimen de Pinochet, y Paulina Urrutia, actriz, activista y política, son una pareja de enamorados desde hace más de 20 años. Augusto fue diagnosticado con alzheimer hace ocho años y, ahora, ambos se enfrentan juntos al inexorable y acelerado descenso de sus poderes físicos y mentales. La historia de la dedicación cálida e intransigente de Paulina y la feroz lucha de Augusto para aferrarse a su identidad es un testimonio profundamente conmovedor de su amor.
“La memoria infinita” es tanto una indagación sobre la dignidad humana en la vejez y la adversidad como sobre los mecanismos de la memoria individual y colectiva. ¿Qué y a quién recordamos de nuestro pasado? ¿Por qué olvidamos o suprimimos ciertos recuerdos y qué efecto tiene esto, tanto en una persona como en un país entero?
Esta conmovedora historia de amor muestra el alzheimer desde la intimidad del matrimonio. Los cuidados cotidianos, el tener que recordarle a alguien lo que hizo en su vida y quien fue, además de las crisis propias de una enfermedad que hoy afecta a millones de personas.
El filme coincide con el 50 aniversario del golpe de estado en Chile, que significó una dictadura de 17 años y donde hubo violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos. La película también reflexiona en torno a esto, pues en los últimos años han aparecido grupos de extrema derecha que han buscado relativizar los crímenes, y que reivindican la figura de Pinochet.
Aunque el tema es durísimo, vale la pena ver este gran documental.
De la mano de Diamond Films, tuve un encuentro con el gran director americano Todd Haynes en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. La entrevista se realizó en una de las habitaciones del Hotel María Cristina; antes de la entrevista Haynes y su productora, la magnífica Christine Vachon, me concedieron una inolvidable sesión fotográfica.
Preguntado por el origen de esta nueva película, May December, el director nos explicó cómo se comprometió para dirigirla:
Un tiempo antes de comprometerme para dirigir esta película, llevábamos un tiempo trabajando en otra que hablaba de la vida de Peggy Lee. Por diferentes motivos, ese proyecto se fue retrasando…
La actriz Natalie Portman me había enviado este guión durante Covid en 2020 y estaba realmente interesado en él. Tuve excelentes conversaciones con ella al respecto en ese momento. Estaba muy interesada en las zonas grises y la incertidumbre que circulaba en el guión, y en la forma en que el público podría proyectarse sobre su personaje.
Los dos personajes femeninos eran muy atractivos, el más joven lo iba a interpretar Natalie, pero yo me di cuenta que el papel de la mujer de 59 o 60 años era muy importante elegir bien a la actriz protagonista. Inmediatamente pensé en proponer el personaje de Julie a una actriz con la que he trabajado muchas veces y con la que me entiendo genial: Julianne Moore. Ella me dijo que sí, que se había emocionado mucho al saber que de nuevo yo quería dirigirla.
¿Costó mucho conseguir la financiación para levantar este proyecto?
Lo primero que tuvimos que concretar fueron las fechas para rodar. No es fácil cuadrar fechas de dos actrices tan importantes; que ellas y yo estuviéramos libres de otros compromisos profesionales al mismo tiempo fue un pequeño milagro. Pero sucedió… Vimos que contábamos con unas semanas para hacer la película. Este trabajo supuso mucho esfuerzo ya que teníamos muy poco dinero y, por lo tanto, un horario muy reducido. El rodaje duró tan solo 23 días.
Después llegó el proceso de reuniones con algunas empresas de ventas mundiales. Hubo una oferta muy buena, con algunas ventas en el extranjero y preventas confirmadas. No era fácil sacar adelante este proyecto, pero contar con la presencia de dos actrices tan importantes ayudó mucho.
Háblamos del guion, de la historia que cuenta tu película…
Gracie Atherton-Yoo (Julianne Moore) y su marido Joe Yoo (Charles Melton) están a punto de asistir a la graduación de secundaria de sus hijos menores. Pronto el nido estará vacío y la pareja estará sola por primera vez desde que comenzaron una aventura cuando Joe tenía 13 años y Gracie 36. Gracie, embarazada de su primer hijo, fue enviada a prisión. Cuando fue liberada, ella y Joe se casaron y continuaron viviendo en la ciudad de clase media que habían escandalizado.
Esta historia de fondo se revela a través de las investigaciones de Elizabeth Berry (Natalie Portman), una actriz que ha sido elegida para interpretar a Gracie en una película para televisión basada en el escándalo. Elizabeth quiere retratar a la verdadera Gracie en lugar de la versión sensacionalista.
La película se basa muy libremente en una aventura de mediados de los años 1990 entre una profesora de 34 años y un estudiante de 12 años que apareció en los titulares de los periódicos, probablemente más de los que habría aparecido si los géneros se hubieran invertido. Pero Elizabeth no es una observadora neutral y niega tanto la dinámica de esta familia como Gracie.
Todd, eres un gran director de actrices. En tu filmografía destaca esta faceta de tu trabajo. No es casual que actrices tan extraordinarias como Julianne Moore, Cate Blanchett y, recientemente, Natalie Portman confíen tanto en ti.
Me gustaría preguntarte por su forma de trabajar, de abordar la interpretación de sus personajes…
He trabajado varias veces con Cate y Julianne. Ambas son asombrosas. Verlas trabajar es algo… uff difícil de explicar para mí. No me resulta fácil porque en ambos casos me vencería la admiración tan profunda que siento por ellas. También cuentan factores personales: en el caso de Julianne es una amiga muy cercana desde hace ya muchos años. Junto a Christine Vachon somos una familia artística muy unida.
Cate es una actriz muy potente. Segura, sensible, exquisita en toda la dimensión de la palabra. Para ella rodar “Carol” fue un antes y un después en su carrera. Es un personaje y una película con la que siente una especial vinculación. Solo tienes que escuchar cuando ella habla de esa película. Para cualquier director o directora, filmar a Cate Blanchett es ver realizado uno de los mayores sueños de su vida.
Volviendo a May December, háblanos del personaje masculino protagonista. No tuvo que ser fácil tampoco encontrarlo, entre otras cosas porque debía dar la réplica a estas dos actrices tan poderosas…
¿Cómo encontraste a Charles Melton?
Vimos algunos grandes actores coreano-americanos para el papel. Vi una foto de Charles y pensé: «No, es demasiado glamoroso». Y luego vi su lectura. No recibió ninguna dirección de mi parte, solo leyó un par de escenas y yo seguí mirándolas una y otra vez.
Mi directora de casting Laura Rosenthal y yo dijimos: «Sabe mostrar la esencia del personaje». Aunque los otros actores eran más parecidos a lo que me imaginaba cuando leí el guion, pude ver el pasado y el presente del personaje en Charles. Fue un gran milagro que lo encontráramos.
Terminamos nuestro encuentro con Todd Haynes. Nos sentimos privilegiados al compartir con él parte de su apretada agenda de trabajo durante su presencia en San Sebastián.
No es solo un gran director, es también un hombre educado y muy amable.
La novela publicada por Alejandro Dumas en 1844 tiene un signo fundacional para la cultura de Francia, tanto por su carácter historicista como por la proyección popular de sus personajes, que sin embargo no tardó en ser adoptada tanto por Estados Unidos como por, irónicamente, Reino Unido: la nación contra la que D’Artagnan y sus compañeros se hallaban en conflicto durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).
Las películas más famosas de Los tres mosqueteros han estado, en efecto, habladas en inglés, lo que quizá favorece el actual impacto de la adaptación de Martin Bourboulon.
Dicha adaptación se ha dividido en dos entregas, D’Artagnan y Milady, de cara a adaptar con holgura la historia original pero también concienciada con que ha de ofrecer algo nuevo.
Francia ha tardado tanto tiempo en reapropiarse de su criatura que una vez ha podido darle un enfoque particular, todos los responsables eran conscientes de que la fidelidad al material de partida no podía ser el único reclamo. Había que jugar con la fuente, actualizar discursos, ensayar nuevos acercamientos. Puede que lo más notorio de entrada sea, a este respecto, que la nueva versión de Porthos (Pio Marmaï) sea bisexual, como D’Artagnan descubría al poco de conocerle en la primera entrega, estrenada en España a mediados de 2023.
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La segunda entrega se titula Milady en referencia al personaje homónimo, esa espía al servicio del Cardenal Richelieu que con su encanto magnético manipula tanto a D’Artganan como a su amigo Athos (con quien había contraído matrimonio en el pasado).
Es Milady, en efecto, quien centra la narración de la película, y lo hace en función a una reescritura que ha tratado de desafiar la misoginia con la que fue concebido el personaje para otorgarle una mayor complejidad, acaso una tragedia. Eva Green, encargada de interpretarla, tiene mucho que decir al respecto.
Green no disimula su entusiasmo por haber interpretado a este personaje. La euforia le traiciona, especialmente, cuando recuerda a otras actrices que han sido Milady antes que ella: Milla Jovovich en la (muy reivindicable) versión de Paul W.S. Anderson, Faye Dunaway en las películas de los 70 dirigidas por Richard Lester —que dividieron la adaptación de forma similar a este díptico— y Rebecca De Mornay en una efectiva producción de Disney de los 90.
Pero ella se queda con Lana Turner: “Siempre he sido una gran fan de esa Milady, con todo su toque hollywoodiense”, asegura Green en referencia al clásico Technicolor que protagonizó Gene Kelly como D’Artagnan en 1948.
Esta entrega que se estrena ahora en España, tiene su mayor interés en todo lo que ocurre con Milady: personaje que gana presencia y profundidad, y ya no se limita a ser una escurridiza villana con la que D’Artagnan y Athos (aquí interpretado por Vincent Cassel) se van encontrando de forma recurrente. Green achaca parte de estos cambios a la descripción que el libreto realiza de las circunstancias históricas. “En aquella época ser mujer era muy duro. Apenas se nos consideraba seres humanos”.
Una película que entretiene, con una impresionante producción y unas interpretaciones, especialmente la de Eva Green, que están a gran altura.
Elena imparte clases de baile, mientras que Dovydas trabaja como intérprete de lenguaje de signos. En el momento en que se conocen, se establece un hermoso vínculo entre ellos. Sin embargo, su relación será puesta a prueba cuando Dovydas confiesa a Elena que tiene sentimientos románticos por ella, pero es asexual, es decir, no siente y nunca ha sentido deseo sexual por otra persona.
Con su segundo largometraje, Marija Kavtaradze confirma las promesas de Summer Survivors y consigue imponer su personalidad como cineasta tratando un tema muy común (el amor, la pureza de los sentimientos, una forma de espiritualidad)
Todo ello bajo la envoltura de la asexualidad)- Resalta el estilo sensorial, alimentado por un excelente sentido del diálogo, apostando por un ritmo tranquilo (tal y como ya indica el título de esta interesante película). ¿Se puede amar a alguien sin sexo? Slow se mueve lentamente a lo largo de varias estaciones en torno a su motivo melódico sentimental. Observamos a dos seres que se relacionan entre sí con sensaciones, miradas, sinceridad e intercambios emocionales muy intensos.
Un encaje preciso de variaciones íntimas que profundiza progresivamente en el corazón de un guion(escrito por la propia directora).
La película se apoya en sus dos intérpretes principales y en la delicada y bellísima fotografía de Laurynas Bareiša.
En 1755, el empobrecido capitán Ludvig Kahlen se dispone a conquistar los duros e inhóspitos páramos daneses con un objetivo aparentemente imposible: crear una colonia en nombre del rey. A cambio, recibirá un nombre real que anhela con desesperación. Sin embargo, el único gobernante de la zona, el despiadado Frederik de Schinkel, cree arrogantemente que esa tierra le pertenece. Cuando de Schinkel se percata de que su criada Ann Barbara y su servil marido han escapado para refugiarse con Kahlen, el privilegiado y rencoroso gobernante jura venganza y promete hacer todo lo que esté a su alcance para ahuyentar al capitán. Pero Kahlen no se deja intimidar y emprende una batalla tan desigual que pondrá en riesgo no solo su vida, sino también a la familia de personas marginadas que se ha formado a su alrededor.
La tierra prometida es un duro drama histórico sobre la tenacidad, también sobre la tozudez, cuando al objetivo inicial (aquí ingresar en la nobleza y, de esta forma, dignificar su condición de hijo natural fuera del matrimonio) se le añade la promesa de casar con la mujer a la que ama contra toda esperanza. Esa resiliencia se mostrará finalmente también como una cualidad no precisamente positiva, cuando por el camino, en pos de esa meta casi inalcanzable, pero a la que tiende indesmayable el capitán, tenga que dejarse jirones de su propia esencia, tenga que desprenderse de lo más parecido a los afectos, a la familia, a los amigos, que ha tenido nunca en su vida.
El director Nikolaj Arcel vuelve a rodar en su Dinamarca natal, tras una fallida experiencia en Estados Unidos. El resultado para él es óptimo, al lograr realizar una vibrante y lograda película histórica. El trabajo en la interpretación del actor Mads Mikkelsen es muy relevante, el resto del reparto cumplen con acierto su trabajo. Destacamos a Simon Bennebjerg, que compone un villano de los que se recuerdan…
Cuando pensamos en el Holocausto, en los terrores que albergaron campos de concentración como Auschwitz, nos vienen a la cabeza las imágenes de todos aquellos que sufrieron las calumnias dentro de las cámaras de gas. Sin embargo, ellos no fueron solo los protagonistas. Día tras día, los soldados que militaban en estas localizaciones miraban impasibles como cientos de personas morían. Algunos, incluso, disfrutaban con este hecho.
El director Jonathan Glazer (Under the Skin, Sexy Beast) comanda un proyecto que trata sobre uno de los sucesos más oscuros de la Segunda Guerra Mundial desde un punto de vista diferente: el de los captores. En la novela de Amis la INTERESSENGEBIET o zona de interés, eufemismo con el que los nazis designaron un área infranqueable de cuarenta kilómetros cuadrados donde situaron la maquinaria de exterminio de Auschwitz amén de talleres, explotaciones agrícolas y las residencias de los encargados del campo, pasaba a definir una zona donde todo era posible, es decir, interesante; porque hasta los ejecutores de las atrocidades máximas aprenden a disociarse de ellas, y a aburrirse con la burocracia y la rutina que implican, y también sienten deseos, insatisfacciones y anhelos mundanos. Amis ponía voz sin embargo a un asomo de conciencia en algunos personajes, dubitativos ante el sentido moral último del exterminio emprendido.
La zona de interés no es una película que contraste a lo que ocurre en el encuadre lo que sucede fuera de campo. Es una película filmada desde el fuera de campo, desde lo inexplicable, lo indecible; algo muy diferente, que la cámara subrayará una y otra vez a lo largo del metraje con su ubicación en posiciones distantes, desiertas, en tinieblas.
La cámara de Glazer arroja escena a escena un manto de oscuridad sobre el mundo atrincherado de los Höss, hasta que los miembros de la familia empiezan a expresar su malestar; pero no desde la palabra, desde lo intelectual, sino desde la falta de apetito, la pesadilla, el insomnio, la desaparición o el vómito. Glazer somete la obscenidad de lo mundano a un proceso de sustracción que, en los últimos minutos, vuelve a interpelar a nuestro presente, al presente de cada cual.
Coincidiendo con la despedida fúnebre del rico banquero Marcel Péricourt, el nieto del difunto se lanza por la ventana a la vista de amigos y familiares. Madeleine Péricourt, madre del chico e hija también del millonario fallecido, queda destrozada. El niño quedará impedido en una silla de ruedas y con el tiempo lo único que le aportará ilusión de vivir es la voz de la diva Solange Gallinato, con quien establecerá una apasionada relación epistolar que más tarde se convertirá en amistad y admiración mutua. Por su parte, el socio del difunto pretende la mano de la hija, pero al ser rechazado pergeña malévolamente, junto con el holgazán tío de la heredera y un corrompido periodista, el modo de quedarse con el banco del fallecido y dejar en la ruina a su hija. Consumado su abyecto plan, Madeleine será despojada de todo y será abandonada sin recursos con su hijo parapléjico.
El director Clovis Cornillac fue abordado por el productor originalmente para adaptar otra novela de Pierre Lemaitre, pero el proyecto no llegó a buen puerto. Meses más tarde, volvieron a ponerse en contacto para adaptar Los colores del incendio.
Estamos ante una película con un amplio elenco de personajes, todos ellos interpretados con esmero por un reparto con su peso específico. Destacan, claro, los principales oponentes, una calculadora Léa Drucker y un Benoît Poelvoorde en un inusual papel de tipo antipático y sin escrúpulos.
Y hay que referirse también a la importante participación de la gran actriz francesa Fanny Ardant, quien brilla sobre el escenario en el potente y catártico cántico del coro de Nabucco de Verdi, aunque la voz corresponda en realidad a la de Sandrine Piau.
Ansa es soltera y vive en Helsinki. Trabaja con un contrato de cero horas en un supermercado, abasteciendo los estantes; luego clasifica el plástico reciclable. Una noche se encuentra accidentalmente con el igualmente solitario trabajador Holappa, un alcohólico. Contra todo pronóstico y malentendidos, intentan construir una relación. Como resultado, Holappa logra controlar su adicción al alcohol. Pasan los años y sus películas, pero lo que vemos en pantalla vuelve a ser lo de siempre, porque el cine de Kaurismäki sigue emocionando película a película, gracias a su fe en el poder sanador y en la magia de la gran pantalla.
Aunque la pareja protagonista de ‘Fallen Leaves’ se conoce en un karaoke, es justamente en una sala de cine donde se fragua el enamoramiento. Ella encadena trabajos precarios y poco cualificados; él ha sido despedido por su adicción a la bebida. Son dos espíritus errantes y desclasados cuyo horizonte estaría marcado para siempre por la desgracia si no fuera porque viven en una película de Kaurismäki.
En ‘Fallen Leaves’ se recupera esa soledad urbana retratada por Edward Hopper, una de las influencias pictóricas más claras del finlandés, capaz de traducir la melancolía de la protagonista en estampas verdaderamente hermosas.
En paralelo, la película invoca asimismo pasajes de la propia filmografía del finlandés, de ‘Nubes pasajeras’ (1996) a ‘Un hombre sin pasado’ (2002).
Una película maravillosa. Tienen que verla; serán felices.
Cuando Vera (Lola Dueñas) era joven, no pudo hacerse cargo de su hijo y tuvo que darlo en adopción. Cuando Cora (Ana Torrent) era joven, su médico le dijo que no podría tener hijos y que sólo adoptando podría formar una familia. Ambas comparten esa experiencia de haber sido madres de un niño llamado Egoz (Manuel Egozkue). Ahora, ambas mujeres se reencuentran en Portugal para repasar la historia de sus vidas y reescribir sus destinos.
Víctor Iriarte (Bilbao, 1976) siempre ha estado vinculado al cine: es seleccionador del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, forma parte del consejo académico en la escuela Elías Querejeta y es director del programa audiovisual del Centro de Cultura Contemporánea Tabakalera, todo ello en la ciudad vasca. Además, realizó el máster de documental creativo en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, en 2001 trabajó como ayudante de Isaki Lacuesta en el debut de éste, Cravan versus Cravan, y posteriormente ejerció como director de fotografía en Buenas noches, España, del filipino Raya Martin, que se presentó en Locarno 2011.
En 2007 dirigió el cortometraje Decir adiós y en 2019 publicó la novela Geometría, con prólogo del propio Lacuesta.
Con un lenguaje fresco e innovador y profundamente emocional, la película invita a abrir un diálogo que busca un camino para la curación de heridas. Con una fuerza poética arrolladora y una dirección intuitiva, explora provocativamente los entramados políticos repletos de dolor a través de una historia de sutiles conexiones entre sus protagonistas.
La película juega narrativamente con las numerosas posibilidades que ofrece el arte, convirtiéndose así, no solo en una potente historia que necesita ser contada, sino también, creando una envolvente atmósfera, emocional y psicológica, en un alegato a la ruptura del silencio que todavía pesa sobre la sociedad española.